19 de enero de 2006

LECTOR LUDI-22

¿Hay una misteriosa clave erótica en la obra de Fernando González?


* Segunda carta descabellada y dos apéndices (al final)

* ¿Qué tenía Fernando González para ocultar? Y, ¿Por qué? Él, que siempre había escrito y hablado sin tapujos.

* ¿Qué tienen que ver Laura y Beatriz, las de Petrarca y Dante, con mademoiselle Tony, Martina la Velera y las otras vitales muchachas de Fernando González?

* Amor-Eros, un asunto como para enloquecerse de la dicha.

Por Iván Rodrigo García Palacios

Amigo Ernesto

Porque sé que eres un fiel admirador y lector de la obra y vida de Fernando González y eres amigo de otros que como tú hacen los mismo, te quiero pedir apoyo y compañía en la aventura de LECTOR LUDI en el que me veo embarcado como consecuencia de un juego que casi empezó inocentemente y que de un momento para otro se fue convirtiendo en un laberinto minóico en el que ya no sé si soy el minotauro, o Teseo, o la doncella. Los antecedentes de esta situación ya los habrás leído en mi LECTOR LUDI-12 y, luego, en mis LECTOR LUDI-19 y 20. Te voy a contar algo más y desde el principio.

Resulta que, desde que empecé a leer las obras de Fernando González, por allá en los años de Upa, su lectura siempre me provocaba un estupor extático que me situaba ante un territorio encantado tras el cual yo presentía un misterio que se percibía y sentía, pero que era necesario desvelar y explicar, lo que sólo hasta ahora empiezo a vislumbrar, como lo verás. Pero, también, desde esos tiempos, cuando buscaba entender un poco más y leía los comentarios y análisis de aquellos que se fueron apropiado de su obra para exaltarla o vituperarla, me producían una gran desilusión, salvo una que otra excepción, pues, los primeros, la habían convertido en objetos decorativos de inocua autosuperación que exhibían como accesorios de moda; los segundos, la calificaban de panfletos pestilentes, revolucionarios y pornográficos, carentes de valor, convirtiéndolas así en lecturas prohibidas que, como sabes, atraen como la miel a las moscas. Pero, pienso yo, en ellas los jóvenes, posiblemente, también se sienten igual que yo.

Así, durante muchos años, mantuve el suspenso de querer descubrir el tesoro de aquel territorio encantado, hasta que te conocí y despertaste de nuevo la esperanza y la necesidad de leer con mejor sentido crítico aquella obra rica en significados y malas interpretaciones. Y fue, ya por estos días del lúdico ocio productivo de mi jubilación, cuando continuando con el juego de las hipótesis descabelladas que sobre Fernando González ya había aventurado en el Literario Dominical de El Colombiano, se me ocurrió otra hipótesis descabellada y herética: que era posible leer su obra desde un punto de vista pagano, como él mismo ya se había había autodefinido: "El autor desea ejercer de crítico respecto de su obra: es libro cristiano, muy tentado. Se trata de cristiano que ama al paganismo, que a veces desea adquirir la inocencia de los grandes falos que ponían en las casas de Pompeya, pero que, al mismo tiempo, vive en el sentimiento de pecado" (R: 189, 190) (1). Y que esa sería una forma de descontaminarlo de tanta beatería, permitiendo restituirle su inmenso valor literario, al mismo tiempo que desinstitucionalizar su propuesta mística del exceso de interpretaciones religiosas. Ese fue el propósito de mi LECTOR LUDI-19. Parece que con ello hubiera desatado algunas fuerzas misteriosas.

Pero, como yo no creo en las casualidades, mi juego me condujo a tratar de trazar un nuevo tipo de mapa para explorar los tesoros ocultos en la gran literatura y, como novelería, neo-científica, literaria, se me ocurrió utilizar elementos teóricos de la ciencia de moda, la genética, como principio para un modelo de juego, el mismo que las circunstancias, como lo explico en mi LECTOR LUDI-20, me vi obligado a precisar y a ampliar. Y, por las mismas reglas de ese juego, llegué a la idea del ADN mitocondrial, su transmisión femenina y, obvio, lo femenino como código fundamental en el genoma literario de las grandes obras y los grandes autores, así fuera como una mera insinuación para la continuación del juego de "abalorios" en el que me estaba sumergiendo.

Creo que fue una consecuencia lógica el que me invadieran esas presencias que me dejaban estupefacto en mi juventud y me asaltara una primera pregunta: ¿Qué significan esas vitales muchachas de Fernando González: mademosille Tony, la muchacha alsaciana, y Martina la Velera? Y, por supuesto, el enigma que incluía para atraer tu curiosidad sobre mi juego, la segunda: ¿qué pretendía, o qué oculta, nuestro Fernando González sobre el mismo asunto en La tragicomedia del padre Elias y Martina la Velera?: "Sospecho que vuestra merced era el que daría la versión andina de la tragicomedia de Calixto y Melibea de que hoy tiene necesidad la gente" (T: 10). Además, aquello de los "sabios judíos, sefarditas cristianos, entre los que vive hace tiempos Lucas de Ochoa" (T: 9)(2), otro misterio que sería bueno desvelar.

Y ahí fue Troya, literalmente Amor-Eros hizo su aparición en los sueños de la vigilia de mi juego. Me fui en busca del origen de la presencia femenina en la literatura y miré hacia atrás y hacia adelante, desde ese momento, en que se puede suponer, nace la literatura occidental: los poemas homéricos.

Atrás de Homero habían quedado los orígenes: las religiones primitivas en las que los chamanes realizaban matrimonios sobrenaturales con seres superiores de género femenino que, al mismo tiempo, los poseía y fecundaba de sabiduría y armonía, los sumía en éxtasis místicos-eróticos, los trasportaba en viajes extraordinarios a regiones misteriosas y les otorgaba poderes para predecir, curar y hasta dirigir a sus pueblos, pero, por sobre todo, les confería el poder sobre los sueños, propios, individuales o colectivos, "en un trasfondo eróticamente religioso, los amores y los matrimonios sobrenaturales son sólo sueños recurrentes y significativos de relaciones eróticas con las divinidades", escribe Elémire Zolla (3)

Pero, en Homero pervive el poder de los sueños a través del mito. Y es por esos sueños, tan poderosos como para hacer depender de ellos la entera existencia de individuos y pueblos, que la mujer, el eterno femenino y sus poderes sobrenaturales, es conducida a través de las épocas, hasta instalarse en la literatura homérica, en la cual, como novedad, se incluye la mediación de Amor-Eros, tal y como ha continuado hasta ahora, precisamente, cuando ya esos cultos y mitos han perdido gran parte de su densidad, pero que, como ya, desde Petrarca y Dante, han llegado al punto de convocar logias secretas que reconocen los poderes de la Dama Celeste como ordenadora de los sueños en su esencia primitiva y más allá de las simplificaciones científicas de la modernidad. Todo ello como como razón suficiente para propiciar su preservación, invocación e interpretación, de manera clandestina, máxime en épocas de oscuridad. Pero ese no es el tema aquí y sugiero a los interesados investigar sobre el asunto.

En Homero, son dos los extremos de la presencia femenina. En el uno, las diosas, semidiosas y heroínas inmortales, con papeles trascendentes tanto al lado de los dioses, semidioses y héroes inmortales como frente a los humanos. En el otro, las mujeres mortales, que al igual que la civilización griega, se van transformando desde la superstición a la razón, preservando el misterio de los poderes oníricos aparentemente irracionales que se manifiestan en los mitos y que al permear la realidad la trasforman y ordenan, haciendo que, de esta salud de los sueños, dependa la salud del espíritu, la mente y el cuerpo. Se podría pensar, ¿ese es el gran poder femenino? ¿Son esas mujeres y su eterno femenino, en sus múltiples manifestaciones y variaciones, quienes pueblan como personajes las grandes tragedias, las novelas y los poemas, que desde la antigüedad y dando un gran salto en el tiempo, conducen hasta el siglo XIII d. C., la época de Petrarca, Dante (y que no vaya a decirse que ambos no se les considera devotos cristianos y que en sus obras exaltaron a Cristo hasta lo sublime) y el Dolce Stil Novo, tras de quienes se oculta un extraño culto hermético a la Dama Celeste y, con ella, a los sueños, Laura y Beatriz? Es este un tema sobre la cual se han publicado algunos estudios que hablan de la existencia de una verdadera logia clandestina en la que, de manera esotérica, compartían y escribían sobre el secreto, el mismo secreto que por el norte de Europa se manifiesta, más adelante, en Shakespeare, Milton, Blake y muchos otros, y que por España, parece, llega hasta Fernando de Rojas y su Libro de Calixto y Melibea y de la puta vieja Celestina, para, probablemente, alcanzar a Fernando González y León de Greiff, en estos lares tan alejados en el espacio y el tiempo.

Y aquí es donde el asunto retorna al sendero original. Resulta que la pregunta que me había hecho a partir de la relación de La tragicomedia del padre Elias y Martina la Velera y la insinuación de Fernando González sobre el Libro de Calixto y Melibea y de la puta vieja Celestina, me llevó a encontrar que Fernando de Rojas era también uno de los inspirados de la Dama Celeste. Y a partir de este punto, me quedó el pasmo de las preguntas imposibles, de las hipótesis descabelladas, de la búsqueda de posibles claves para ingresar a un territorio hermético y encantado del que apenas tenía vagos recuerdos y un estupor juvenil que todavía me extasiaba, pero nada concreto, sólo la certeza de que allí había un misterio que tenía que desentrañar si quería encontrar el mapa que conducía al gran tesoro: el lado pagano, el misterio de Amor-Eros, de la obra de Fernando González.

Empecé, como los criptógrafos, por buscar pistas por inducción, deducción, eliminación, ensayo y error. El primer paso fue releer La tragicomedia del padre Elias y Martina la Velera y, aparte del par de elementos de los que ya había hablado, me encontré esta afirmación tajante: "Esta Tragicomedia será, eso sí, entendida solamente en los lugares humanos sagrados en donde se amamanta al que vendrá: Al Águila, al de Ojos Redondos" (T: 240) (*), así como las otras afirmaciones que la antecedían y precedían, que en su conjunto sugerían que todo ello era una escritura hermética que ocultaba más de lo que revelaba, como cuando decía, unos renglones más adelante: "La Tragicomedia es Entremontes, y los personajes es lo que se manifiesta en estos pueblos y gentes, pero como los dobles, que los obligan a vivir y a trabajar y que los ojos terrenos no pueden ver; ellos son los reales, y estos entremontesinos son las apariencias" (T: 240). ¿Me confirmaba esto que existía ese territorio encantado y oculto? Si, y era entonces obligatorio empezar a buscar la clave que lo abriera.

El segundo paso del criptógrafo: buscar coincidencias, y la primera, que ya se me había ocurrido y que fue la que me metió en este laberinto, fue la de preguntarme: ¿Qué tenían en común Martina la Velera y mademosille Tony, la de El remordimiento, las dos muchachas cargadas de un sublime erotismo? En principio, todo.

Y, de nuevo, a las preguntas, a las hipótesis descabelladas, a las insinuaciones...

De lo que me está sucediendo, ya te he comentado algo con exaltado pasmo, telefónicamente, como aquello de las coincidencias con La Vida Nueva (**)(4) y la Divina Comedia, de Dante. Así como la posibilidad de que al titular Salomé, el diario y la novela que dieran origen a El remordimiento, fuera parte de un anagrama de LEO, ¿acaso, Leo Le Gris?, o ¿con "Sal-me, que en sumerio designa a la hieródula que podía casarse con la condición de no tener hijos"? (5) y, con él, ¿otra fuente de poesía esotérica?, ¿vasos comunicantes?... ¿Fernando González y León de Greiff, amigos y Panidas, iniciados en la logia del culto a la Dama Celeste, la Amante Invisible? Es necesario buscar también otras relaciones a partir de Petrarca, sus sonetos como expresión esotérica y Laura, así como lo que los estudiosos han encontrado sobre lo que se oculta en el Dolce Stil Novo.

Ahora y por otra parte, como simple especulación inicial: ¿Qué significan las tres experiencias eróticas frustradas que enumera en El remordimiento: la criada Margarita, en la niñez; Teanós (también nombre de una población en la Campania italiana), de Atenas, y Tony, de Alsacia?, ¿acaso los tres pasos de la elección, la anunciación y el suceso del matrimonio sobrenatural con la Dama Celeste, en las que, por obligación, el elegido debe renunciar castamente al sexo, pero nunca al erotismo, so pena de ser rechazado?.

Pero hay mucho, mucho más. Para confirmarte mi presunción sobre las coincidencias entre El remordimiento y La Vida Nueva, de Dante: dos preguntas y un par de ejemplos:

Las preguntas:

¿Es La Vida Nueva un tratado de iniciados a los sueños del matrimonio sobrenatural con la Dama Celeste, del cual participaban los cofrades del Dolce Stil Novo, como ya se ha afirmado y que una buena lectura sugiere de inmediato, y no la narración de un amor frustrado? Creo en lo primero, pues su belleza y sus consecuencias posteriores en la Divina Comedia, son del más allá.

¿Existe más que una estrecha relación entre El remordimiento y La Vida Nueva, como lo sugieren los ejemplos que te cito a continuación, o son meras coincidencias aparentes? Lo dejo a tu juicio lúdico.

Ahora, los ejemplos:

El primero, describe las circunstancias del primer encuentro de los personajes. En primer lugar, el de Dante que narra y Beatriz, y enseguida, el de Fernando González, personaje-narrador, con mademoiselle Tony. Puedes comparar y sacar tus propias conclusiones:

De La Vida Nueva:

"Apareció vestida de un muy noble color, humilde y honesto, purpúreo, ceñida y adornada a la manera que convenía a su jovencísima edad. Digo en verdad que, en aquel momento, el espíritu de la vida (Nota del texto que se cita: Aparece aquí una división clásica de las actividades espirituales: vital, animal, natural.), que habita en la secretísima cámara del corazón, comenzó a latir tan fuertemente, que se advertía de forma violenta en las menores pulsaciones; y temblando dijo estas palabras: "Ecce deus forttior me, qui veniens dominabitur michi" (He aquí un dios más fuerte que yo, que viene a dominarme) En aquel punto, el espíritu animal, que habita en la elevada cámara a la cual todos los espíritus sensitivos envían sus percepciones, comenzó a maravillarse en demasía, y hablando especialmente a los espíritus de la vista, dijo estas palabras: Apparuit iam beatitudo vestra (Se ha mostrado vuestra felicidad). Entonces, el espíritu natural, que habita en aquella parte donde se regula nuestra nutrición, rompió a llorar, y llorando, dijo estas palabras: Heu miser, quia frequenter impeditus ero deinceps (Ay de mí, que en adelante seré entorpecido a menudo). Confieso que desde entonces Amor fue el dueño de mi alma, que se desposó con él muy pronto, y comenzó a tomar sobre mí tanta seguridad y dominio, por el poder que mi imaginación le daba, que me veía obligado a cumplir todos sus deseos enteramente. Muchas veces me ordenaba que intentase ver a esta angelical joven: ; por lo que muchas veces en mi infancia la estuve buscando, y la veía de un porte tan noble y laudable, que ciertamente se podían decir de ella las palabras del poeta Homero: "No parecía hija de un mortal, sino de un dios". (VN: 3 y 5)

De El remordimiento:

"Esta muchacha, mademoiselle Tony, era un poderoso animal" (R: 31) (...) Fue una mañana invernal cuando llegó a casa, en tranvía, mademoiselle Tony. Llego afanada, con el periódico en la mano, el mismo día en que salió el anuncio. Quería ser la primera. Vestía con abrigo azul, desabrochado, y pude contemplar la forma general de su cuerpo. Bajo el brazo, su paragüitas que parecía un cigarro. Subió las escaleras apresuradamente. Olor a juventud, rostro encendido, un poderoso animal. Así llegó y entró en casa el remordimiento, es decir, la mujer que había de amarme y a quien yo diría NO, con pena y alegría. Lo primero, porque renunciar a las cosas buenas entristece siempre, y lo segundo, porque me había creado en el curso de la vida una motivación nueva, la cual quedó satisfecha. Desde la infancia he vivido meditando, parado en los rincones o al pie de los árboles. Una mañana, durante mi niñez, amaneció una rosa en la punta de una vara alta y joven, en el patio de la casa; el sol la acariciaba". (R: 102)

Y los segundos ejemplos, describen esos primeros contactos entre cada uno de los narradores y sus respectivas Damas:

De La Vida Nueva:

"(...) sucedió que esta dama admirable se me apareció vestida de un color blanquísimo, en medio de dos gentiles damas de más avanzada edad; y al pasar por una calle, volvió sus ojos hacia donde yo estaba, lleno de temor, y por su inefable cortesía, recompensada hoy en el cielo, me saludó muy virtuosamente, de modo que me pareció ver entonces todos los extremos de la beatitud. La hora en que recibí su dulce saludo era exactamente la de nona de aquel día, y como aquélla fue la primera vez que sus palabras fueron dichas para mis oídos, sentí tanta dulzura, que como embriagado me aparté de la gente, y corrí al solitario retiro de mi estancia, y me puse a pensar en dama tan cortés. Y pensando en ella, me alcanzó un agradable sueño en el que tuve una visión maravillosa: me parecía ver en mi cámara una nubecilla color de fuego, en cuyo interior descubría la figura de un varón de aspecto terrible para quien la mirase; y me parecía tan congraciado consigo mismo, que resultaba algo admirable; y hablaba de muchas cosas, de las cuales yo entendía sólo unas pocas, y entre esas pocas, éstas: Ego dominus tuus (Yo soy tu señor). En sus brazos me parecía ver una persona que dormía desnuda, apenas arropada ligeramente por un paño color sangre; después que la miré muy atentamente, supe que era la mujer de mi salud, la que el día anterior se había dignado saludarme" (VN: 5, 7)

De El remordimiento:

"Tony se instaló en noviembre, en invierno, cuando ya las casas están cerradas, hace frío y la vida íntima, al lado de la caldera de calefacción... Recuerdo que cuando llegó, yo estaba triste, abatido, con la conciencia de haber renunciado a ella en absoluto. Vino con su tía, a quien prometí, a solas, en el balcón del baño, velar por la joven.
La verdad es que mi carne chillaba de dolor y mi espíritu escalaba el cielo, cuando hice tal promesa. Quedé anonadado dentro de mi bata de baño.
Una vez bajé al jardín; estaba sola y corrió asustada. Fue la primera vez que se asustó... ¿Por qué, si no la miré y si nada dije? ¿Por qué temía?
Era pequeña, dura, rubia.
Recuerdo que fue una tarde cuando, paseándome por el vestíbulo, la vi por primera vez salir de su habitación con su pijama rojo. Otro día se fue de paseo, y abrí su cómoda y me parecieron bellos sus calzoncitos y camisas.
¿Por qué nos gustan estas cosas de las mujeres desconocidas? Con miedo de profanar el sentimiento que tuve, diré que quizás sea porque las mujeres con quienes no hemos conversado son el depósito imaginario de la felicidad y hermosura que anhelamos" (R: 105, 106)

Las preguntas son de nunca acabar. Y, de los ejemplos, apenas una pequeña muestra de mis primeras búsquedas. Habría que analizar los significados herméticos de las medidas de tiempo y las localizaciones y descripciones espaciales, todo ello tan cargado de ocultos sentidos, sacralizaciones y ritos. En fin.

Sin embargo, antes de empezar a ordenar este desbarajuste, te tengo dos preguntas en cuya interpretación te pido me ayudes a pensar, con toda la colaboración que te sea posible encontrar, pues son algo así como el "cherche la femme" de la policía francesa para encontrar al asesino o la piedra de Rosetta. Ellas son:

¿Qué tenía Fernando González para ocultar? Y, ¿Por qué? Él, que siempre había escrito y hablado sin tapujos. Ahí te dejo esa no pequeña tarea. Gracias de antemano.

Ahora, por las razones mismas de cómo se inició el juego, me he dedicado sólo a tres obras de Fernando González: El remordimiento, Salomé y La tragicomedia del padre Elias y Martina la Velera, en las que, a pesar de su distancia cronológica, las relaciones secretas parecen estar muy definidas, sólo que será necesario desentrañar todas sus claves y códigos, pues con ellos también será posible abrir las puertas del misterio de todas las demás novelas y poemas. Como por ejemplo: ¿Qué proceso iniciático: infierno, purgatorio y paraíso, se desarrolla en las novelas que Fernando González escribe después de 1935, incluso el largo período de silencio que va desde 1941 a 1959? ¿Qué relaciones se establecen entre estas y las novelas y poemas anteriores a 1935? Que las hay las hay, pues toda su obra casi que puede leerse como un proceso de búsqueda en progreso. Como quien dice, preguntas y más preguntas para empezar a trabajar o, a dulcemente enloquecer de pasión.

Y, finalmente, porque toda gran obra estética siempre contiene mucho más de lo que una lectura literal y simple parace suponer, sugiero que la obra de Fernando González sea leída desde otros puntos de vista, así estos sean heréticos, pues, con toda seguridad, le aportarán otras visiones menos acartonadas a los LECTORES LUDI.

Un abrazo y saludo en la logia,
Iván Rodrigo.

(*). Águila: logos, sabiduría, es un símbolo con alto contenido esotérico en todas las culturas y épocas. Ejemplo: El Águila en el San Juan del Apocalipsis. Al igual que el Ojo.

(**) Como un mero ejemplo, para empezar a establecer relaciones entre La Vida Nueva, El remordimiento y La Tragicomedia: el poema XV, del cual te reproduzco la versión española, pero también la tengo en el italiano original, por si te interesa:

"Lo que se me opone muere en la mente,
hermosa alegría, cuando voy a veros; y
cuando estoy cerca de vos, oigo que amor
dice: "Escapa, si te asusta morir". El
semblante muestra el color del corazón, que,
desfallecido, se apoya donde puede; y por la
ebriedad del gran temblor parece que las
piedras gritaran: Muere, muere. Peca quien
entonces me ve y no consuela mi alma
afligida, demostrando solamente que de mí se
duele, por la piedad, que vuestra burla mata,
la cual se crea en la vida muerta de los ojos,
que desean su propia muerte". (VN: 37)

Yo por mi parte, te pregunto: ¿se te parece en algo a lo que sucede con mademosille Tony, o con Martina la Velera?

NOTAS:

(1). Todas las citas en adelante se identificarán así (R: número de página) y se refieren a: Fernando González, El remordimiento, Editorial Universidad de Antioquia, Medellín, 1994 (208 p.)
(2). Todas las citas en adelante se identificarán así: (T: número de página) y se refieren a: Fernando González,
La tragicomedia del padre Elias y Martina la Velera, Editorial Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín, 1995 (252 p.)
(3). Elémire Zolla, La amante invisible, Paidós, Barcelona, 1994 (154 p.), p. 27
(4). Todas las citas en adelante se identificarán así: (VN: número de página) y se refieren a: Dante Alighieri, La Vida Nueva, Siruela, Barcelona, 1985 (124 p.)
(5). Elémire Zolla, p. 69

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PRIMER APÉNDICE LECTOR LUDI-22

Por Iván Rodrigo García Palacios

Amigo Ernesto

¿Se podría llamar a esto una especie de locura lúcida y lúdica, o sólo el conectar ocioso de un niño-viejo con sus juguetes? No lo sé. Lo cierto del caso es que una cosa lleva a la otra y entre todas se va formando una danza de esferas luminosas que trazan un mapa, posible o imposible, en el que, si cada clave es un tesoro, ¿cómo será el Paraíso?

En fin, sólo una breve nota para anticiparte un par de nuevas conexiones que se me aparecieron y que complementan lo anterior.

Si ya leíste, en el CUADERNO DE CITAS-5, pude mostrar que existe una relación Dante-Bruno y, probablemente, a Shakespeare y la época isabelina inglesa.

Pues bien, un nuevo bucle. De regreso a Fernando González. Te acuerdas que en el LECTOR LUDI-22, mencioné que Teanós, la bella griega a la que remplaza mademoiselle Tony, y de la que él dice: "Indudablemente que Teanós fue interesante, pero hay que limitarse para la obra de arte" (R: 32)(1), era también el nombre de un pueblo de la Campania italiana... ¿Te suena?. Giordano Bruno.

Fernando González renuncia a Bruno, a pesar de que Teanós le ha escrito en un papelito: "Je t'ai donné tout et pour toi c'etait l'ombre d'un caprice...". ¿Da por terminada su relación con Bruno? No lo creo, El Nolano lo acompañará con su rebeldía, su lucha por la verdad y su actitud de prudente esoterismo.

Pero lo que sí es cierto es que a su casa llega mademoiselle Tony, la alsaciana, y allí sucede algo que estoy buscando: "Tony me fecundó, me enseño muchas cosas" (R: 83). Más adelante: "Recuerdo que todos los días iba a pedir belleza a la iglesia de la calle Paraíso" (R: 83). Luego: "La mujer bella, al lograr objetivarla, me había mostrado el significado de la oración: "...estás en los cielos... dame belleza interior..." (R: 83-84). Y, para rematar: "No hay sensualidad vil en esto. Afirmo una noble verdad: que el hombre, sujeto a los sentidos, entiende mejor las cosas del espíritu, en forma materializada" (R: 84).

Casi siglo y medio antes de que Bruno (1548-1600) naciera en Campania, nació, en 1401, a orillas del río Mosela, cerca de Alsacia, Nicolás de Cusa, y para abreviar, sólo te cito lo que dice Kurt Flasch, entre muchas otras cosas:

"Nicolás de Cusa subraya que los sentidos humanos no son únicamente sentidos, sino que participan de la luz del entendimiento. Las cosas sensibles son en cierto modo los libros de los sentidos" (2).

A la Sabiduría se le ha dado nombre de mujeres.

Un Abrazo,

Iván Rodrigo.


(1) Utilizo para las referencias: Fernando González, El remordimiento, Editorial Universidad de Antioquia, Medellín, 1994 (208 p.)
(2) Kurt Flasch, Nicolás de Cusa, Herder, Barcelona, 2003 (254 p.), p. 99

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SEGUNDO APÉNDICE LECTOR LUDI-22

Los pedantes, ignorantes y asnos,
de Bruno y de Fernando González


Por Iván Rodrigo García Palacios

Amigo Ernesto

Al amanecer de cada uno de estos días, brumosos y fríos, pero de noches de brillantes sueños, se me aparecen nuevas ideas y relaciones. Tus palabras caen en tierra fértil: "Fernando González siempre fue bruniano". "(...) procede de una TRADICIÓN (*) más profunda, diferente a la de la beatería en que lo han convertido".

Como te lo había comentado en el anterior Apéndice, se va conformando una galaxia copernicana de una TRADICIÓN en la que también gira Fernando González, Nicolás de Cusa, ya anotado; con toda seguridad, Erasmo, y faltaría por echarle un vistazo a otros, pero ese será asunto que se irá haciendo y te iré comunicando.

Ahora resulta que pensando en eso y al comprobar que, si bien Los negroides fue publicado en 1936, su escritura fue de 1932, en plena época europea, se me ocurrió empatar una cosa con otra y plantearme la hipótesis descabellada de que existen conexiones y correspondencias entre los libros de aquella época: Los negroides, El Hermafrodita Dormido, El remordimiento, Salomé y, una posterior pero muy significativa, Don Benjamín, jesuita predicador, con las más heréticas y herméticas obras de El Nolano en su temporada inglesa: La cena de las cenizas, Del infinito: el universo y los mundos, Expulsión de la bestia triunfante, La cábala del Caballo Pegaso y Los heroicos furores.

Creo, que de establecerse una comparación más profunda de ambos cuerpos de sus obras, esas relaciones y conexiones serían más estrechas que mi simple hipótesis de que, tanto el uno como el otro, además de denunciar las miserias e injusticias de sus respectivas épocas, proponían un nuevo y subversivo sistema de pensar que desenmascaraba las hipocrecías del poder y los poderosos, que dominan por el poder de las supersticiones y las vanidades. Ya sabes a quienes se refería Bruno con: los pedantes, los ignorantes, la asnidad... Me falta todavía ver lo de los Silenos.

Para establecer las relaciones y conexiones de esas órbitas, he aquí un par de citas:

Escribe Fernando González en el epílogo de Los negroides:

"... sus nombres, sus opiniones, el sonido de sus voces parecía que me asesinaban con puñales de asco. ¡Qué asquerosa es hoy mi patria! ¡Entre qué gente tan sucia me correspondió existir! Verdad es que gente así hay en todas partes, pero no son tan descarados. Estos animales parecidos al hombre, que habitan hoy en América, carecen de pudor. Estos animales parecidos al hombre únicamente en la perversidad, son un castigo para la tierra".

Escribió Giordano Bruno en Expulsión de la bestia triunfante:

"... esos personajes píos que hacen tan poca estima de las obras realizadas y que se estiman reyes del cielo e hijos de los dioses tan sólo en virtud de una enojosa, vil, y necia fantasía y que creen y atribuyen más a una vana, bovina y asnal confianza que a una acción útil, real y magnánima".

Pero, si se sigue esculcando, la cosa no tiene fin.

No sobra reiterar que estos juegos míos no son otra cosa que provocaciones, semillas, búsquedas que desearía hacer con "ojos redondos de Águila".

(*) Asumo TRADICIÓN, con mayúsculas, en su sentido más amplio y esotérico.

De nuevo, un saludo y un abrazo en fervor,
Iván Rodrigo.

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