20 de julio de 2018

Lectura lúdica a la escritura de Cien años de soledad-4 La conexión romántica



Luis Rivera, El matrimonio del coronel Aureliano Buendía con Remedios Moscote.
https://airenuestro.com/2017/06/13/cien-anos-de-soledad-apuntes-del-club-de-lectura/


Lectura lúdica a la escritura de Cien años de soledad-4


La conexión romántica


"Decir de alguien que es un pensador romántico o un héroe romántico NO significa NO decir nada".
Isaiah Belin.
Por Iván Rodrigo García Palacios


Con una evidente transposición de Novalis, el amante, y de Michael Kohlhaas, el guerrero humillado y ofendido de la novela de Heinrich von Kleist, en el coronel Aureliano Buendía, Gabriel García Márquez realiza una serie de asombrosas operaciones literarias por medio de las cuales es posible establecer la conexión romántica en Cien años de soledad.


El espíritu romántico


El coronel Aureliano Buendía adquiere su encarnación del más puro espíritu romántico cuando Gabriel García Márquez traspone en él, de manera simétrica, el enamoramiento por Sophie von Kühn de Novalis y la tragedia que desata su muerte. Novalis es el nombre artístico de Friedrich von Hardenberg, el más representativo de los promotores del Romanticismo alemán. Como es bien conocido, en Novalis se encarnaron las cualidades personales que identificaban a los románticos: la íntima conexión de vida y obra, simetría que también será traspuesta a la vida y obra del coronel Aureliano Buendía.
Esta transposición de Novalis en el coronel Aureliano Buendía se realiza de manera evidente por la simetría de sus enamoramientos, la que se establece por las mujeres-niñas de las que se enamoraron y con las que contrajeron un excepcional matrimonio, por la posterior tragedia de sus matrimonios, por las biografías de ambos personajes y por las trasformaciones existenciales que sus tragedias les provocaron. Ambos se enamoran, se casan y sufren la trágica muerte temprana de sus amadas y sus tragedias los transforman en lo más profundo de su ser para el resto de sus existencias y en las consecuencias que marcarán sus actos. Ambos desean vehementemente reunirse cuanto antes con sus amadas, pero no buscando la muerte por mano propia.
La vida y obra la de Novalis será afectada en lo más profundo de su ser y estar, lo que se manifiesta en la forma de su existencia y en las obras que escribió después de la tragedia y que se explica cuando reflexiona sobre lo que él denomina "idealismo mágico", una fórmula mágica para ir tras los pasos de su amada, una forma de realizar la transición de esta vida a la otra por medio de la voluntad.
La vida y obra, la del coronel Aureliano Buendía, que se manifiesta, antes de la tragedia, "en versos que no tenían principio ni fin" y, después de la tragedia, en una escritura desenfrenada y en la épica de sus treinta y dos guerras perdidas. Esas son su forma de alcanzar a su amada a través de una muerte heroica o misteriosa, porque el coronel, al igual que Novalis, no intentará quitarse la vida por propia mano, pero, ambos, si se plantean un hipotético plazo para alcanzar su final terrenal, plazo que para cada uno de ellos se cumplirá de manera diferente a cómo se lo habían propuesto.
A ese espíritu romántico del coronel Aureliano Buendía, Gabriel García Márquez, contrapone, en Pietro Crespi, esa otra actitud romántica del romanticismo tardío, la del amante desolado, julioflorezco, en la que el personaje termina suicidándose por amor.


Las fuentes documentales


Citando la síntesis biográfica que hace Rúdiger Safranski de ese momento en la vida de Novalis y comparándola con el mismo momento de la vida del coronel Aureliano Buendía, narrado por Gabriel García Márquez, es posible reconocer las conexiones, correspondencias, simetrías y distinguir las transposiciones que de manera patente se establecen entre ambos personajes y de los eventos que los hacen románticos.


Sophie, la amada de Novalis


La amada de Novalis es Sophie von Kühn:
"A finales de este año, 1794, Novalis se encuentra con Sophie von Kühn. Queda subyugado. Será el gran amor de su vida. Lo que ahora sucede es un Romanticismo como forma de vida, algo que en el fondo sólo está en los libros.
La muchacha sólo tiene trece años; procede de buena familia. Por tanto, no hay impedimentos para el matrimonio, al que Novalis está decidido de inmediato; el inconveniente es quizás la tierna edad de la novia. Pero el padre se inclina por hacer la vista gorda, pues también él ha cogido cariño a la muchacha. En cambio, los amigos no podían comprender lo que fascinaba a Novalis, ya que no encontraban a Sophie especialmente atractiva. Sólo Tieck reacciona con arrebato. Ninguna descripción podría expresar, escribe, "con qué gracia y celeste encanto se mueve este ser supraterrestre, y qué belleza la rodea de resplandor y la ha revestido de emoción y majestad".
A pesar de su encantamiento, Novalis era capaz de emitir un juicio distanciado sobre la amada. Así, confía a su diario, en el verano de 1796, la siguiente caraterística:
"Su temprana madurez. Desea agradar a todos. Su firmeza y su flexibilidad frente a las personas que estima o que teme (...) No le importa en exceso la poesía (...) No parece que haya llegado a un estadio de auténtica reflexión (...) Su fumar tabaco (...) Su atrevimiento frente al padre (...) Su anhelo de educarse (...) Su amor a los niños. Espíritu de orden. Espíritu dominador. Su preocupación y pasión por el decoro. Procura conseguir que yo agrade en todas partes (...) No quiere avergonzarse por mi amor. Con frecuencia mi amor la agobia. Tremendo don de simulación, don de ocultamiento de las mujeres en general" 1.
Tras la muerte de Sophie, la reacción de Novalis se conoce por lo que cuenta Caroline von Kühn:
"Después de la muerte de Sophie, con frecuencia permanecía durante días encerrado en la habitación de ella. Y vivía solamente para su dolor. A los suyos les preocupaba cómo soportaba esta larga soledad; eso hizo que un día su hermana entrara a verlo y, al entrar por la puerta, se quedó rígida de pavor, pues vio a la difunta tal como el día de su muerte yacía en su cama. La explicación era que Novalis había extendido en la cama el largo vestido azul que llevaba cuando murió. Puso encima su toca y dejó abierto un libro de bolsillo que había leído últimamente, a fin de evocar y retener el aspecto de su figura en el acto de leer" 2.
Sophie von Kühn es a quien Novalis dedica su novela Enrique de Ofterdingen y su anhelo de ver la Flor Azul 3, al igual que sus Himnos a la noche. Será a partir de esa novela y de esos poemas por los que se puede establecer el carácter romántico del coronel Aureliano Buendía y, por contraposición, será Pietro Crespi la encarnación de ese otro romanticismo, el tardío, en el que los amantes mueren o se suicidan por amor.


Remedios Moscote,
la amada del coronel Aureliano Buendía


La amada del coronel Aureliano Buendía: Remedios Moscote, es presentada así en Cien años de soledad:
"Remedios, de apenas nueve años, una preciosa niña con piel de lirio y ojos verdes" 4.
(¿Lirio y ojos verdes? ¿La flor azul?).
El enamoramiento del coronel Aureliano Buendía:
"Todo el mundo quedó en paz, menos Aureliano. La imagen de Remedios, la hija menor del corregidor, que por su edad hubiera podido ser hija suya, le quedó doliendo en alguna parte del cuerpo. Era una sensación física que casi le molestaba para caminar, como una piedrecita en el zapato" 5.
El inconveniente para el matrimonio:
"Media hora después regresó con la noticia de que Remedios era impúber. Aureliano no lo consideró como un tropiezo grave. Había esperado tanto, que podía esperar cuanto fuera necesario, hasta que la novia estuviera en edad de concebir" 6.
La seducción y la educación sentimental y práctica de la amada:
"Aureliano, por su parte, había descuidado el taller para enseñar a leer y escribir a la pequeña Remedios. Al principio, la niña prefería sus muñecas al hombre que llegaba todas las tardes, y que era el culpable de que la separaran de sus juegos para bañarla y vestirla y sentarla en la sala a recibir la visita. Pero la paciencia y la devoción de Aureliano terminaron par seducirla, hasta el punto de que pasaba muchas horas con él estudiando el sentido de las letras y dibujando en un cuaderno con lápices de colores casitas con vacas en los corrales y soles redondos con rayas amarillas que se ocultaban detrás de las lomas" 7.
Las virtudes de la amada:
"Remedios había llevado a la casa un soplo de alegría. Se había instalado con su esposo en una alcoba cercana al taller, que decoró con las muñecas y juguetes de su infancia reciente, y su alegre vitalidad desbordaba las cuatro paredes de la alcoba y pasaba como un ventarrón de buena salud por el corredor de las begonias. Cantaba desde el amanecer. Fue ella la única persona que se atrevió a mediar en las disputas de Rebeca y Amaranta. Se echó encima la dispendiosa tarea de atender a José Arcadio Buendía. Le llevaba los alimentos, lo asistía en sus necesidades cotidianas, lo lavaba con jabón y estropajo, le mantenía limpio de piojos y liendres los cabellos y la barba, conservaba en buen estado el cobertizo de palma y lo reforzaba con lonas impermeables en tiempos de tormenta. En sus últimos meses había logrado comunicarse con él en frases de latín rudimentario. Cuando nació el hijo de Aureliano y Pilar Ternera y fue llevado a la casa y bautizado en ceremonia íntima con el nombre de Aureliano José, Remedios decidió que fuera considerado como su hijo mayor. Su instinto maternal sorprendió a Úrsula. Aureliano, por su parte, encontró en ella la justificación que le hacía falta para vivir. Trabajaba todo el día en el taller y Remedios le llevaba a media mañana un tazón de café sin azúcar. Ambos visitaban todas las noches a los Moscote. Aureliano jugaba con el suegro interminables partidos de dominó, mientras Remedios conversaba con sus hermanas o trataba con su madre asuntos de gente mayor" 8.
La trágica muerte de Remedios Moscote provocaron en Cien años de soledad y en el coronel Aureliano Buendía, similares reacciones a las descritas atrás para Novalis tras la muerte de Sophie:
"Úrsula dispuso un duelo de puertas y ventanas cerradas, sin entrada ni salida para nadie como no fuera para asuntos indispensables; prohibió hablar en voz alta durante un año, y puso el daguerrotipo de Remedios en el lugar en que se veló el cadáver, con una cinta negra terciada y una lámpara de aceite encendida para siempre. Las generaciones futuras, que nunca dejaron extinguir la lámpara, habían de desconcertarse ante aquella niña de faldas rizadas, botitas blancas y lazo de organdí en la cabeza, que no lograban hacer coincidir con la imagen académica de una bisabuela" 9.
La reacción del coronel:
"La muerte de Remedios no le produjo la conmoción que temía. Fue más bien un sordo sentimiento de rabia que paulatinamente se disolvió en una frustración solitaria y pasiva, semejante a la que experimentó en los tiempos en que estaba resignado a vivir sin mujer" 10.
Después de la trágica muerte de Remedios Moscote, el coronel Aureliano Buendía se va a la guerra y a su regreso a Macondo y en la convalecencia del envenenamiento por el que pretendieron matarlo, emprende, él también, una escritura como la que ya había realizado Novalis:
"Sólo entonces supo que no habían quemado sus versos. «No me quise precipitar -le explicó Úrsula-. Aquella noche, cuando iba a prender el horno, me dije que era mejor esperar que trajeran el cadáver.» En la neblina de la convalecencia, rodeado de las polvorientas muñecas de Remedios, el coronel Aureliano Buendia evocó en la lectura de sus versos los instantes decisivos de su existencia. Volvió a escribir. Durante muchas horas, al margen de los sobresaltos de una guerra sin futuro, resolvió en versos rimados sus experiencias a la orilla de la muerte. Entonces sus pensamientos se hicieron tan claros, que pudo examinarlos al derecho y al revés" 11.
Como Novalis, él también escribió su Enrique Ofterdingen y sus Himnos a la noche. Y eso no es todo, en una comparación más detallada de estos sucesos de las biografías de Novalis del coronel Aureliano Buendía, se encontrarán otras similitudes tanto o más asombrosas. Pero ese será un juego para los lectores lúdicos.


Las asombrosas guerras
del coronel Aureliano Buendía


La otra conexión, la que determina el marco épico-romántico de Cien años de soledad, se establece a partir de la novela de Heinrich von Kleist, La asombrosa guerra de Michael Kohlhaas, en la cual se inspiran las guerras y el destino del coronel Aureliano Buendía puesto que de ella se traspone el marco épico-romántico de Cien años de soledad.
Ambos, Michael Kohlhaas y el coronel Aureliano Buendía, son héroes románticos y trágicos que se sacrifican por la restitución de una justicia que consideran sagrada en el plano trascendental pero imposible en la realidad. Y como héroes románticos, el sentido de sus existencias de guerreros, son simétricamente los mismos.
Esta es la pregunta que se hace Heinrich von Kleist:
"¿Qué está en juego en esta guerra?" 12.
Y esta es su irónica respuesta:
"Está en juego una comunidad que los salvajes de los mares del sur, si la conocieran, acudirían en masa a defenderla; una comunidad (...) que sólo puede ser llevada al sepulcro con sangre, ante la que el sol se oscurece" 13.
Por su parte, el coronel Aureliano Buendía le pregunta a su amigo el coronel Gerineldo Márquez:
"- Dime una cosa, compadre: ¡por qué estás peleando?
- Por qué ha de ser, compadre -contestó el coronel Gerineldo Márquez-: por el gran partido liberal.
- Dichoso tú que lo sabes -contestó él-. Yo, por mi parte, apenas ahora me doy cuenta que estoy peleando por orgullo.
- Eso es malo -dijo el coronel Gerineldo Márquez.
Al coronel Aureliano Buendía le divirtió su alarma.
"Naturalmente", dijo. "Pero en todo caso, es mejor eso, que no saber por qué se pelea". Lo miró a los ojos, y agregó sonriendo:
- O que pelear como tú por algo que no significa nada para nadie" 14.


La escritura de Novalis
y la de Gabriel García Márquez


En Cien años de soledad no es posible hacer la lectura de lo escrito por el coronel Aureliano Buendía, sin embargo, si es posible establecer las conexiones y correspondencias entre Cien años de soledad y la novela inconclusa de Novalis, Enrique Ofterdingen.
Véase lo que escribe Rúdiger Safranski al respecto:
"En esta época, entre 1799 y 1801, Novalis vivía en una verdadera embriaguez creadora. Enrique Ofterdingen debía ser la primera de una serie de por lo menos seis novelas. Su plan era escribir un ciclo entero. "Me gustaría", escribe el 27 de febrero de 1799 a Caroline Schlegel, "dedicar toda mi vida a una novela, que llenaría por sí sola una biblioteca entera, y que quizás habría de contener los años de aprendizaje de una nación" 15.
Esto escribe Gabriel García Márquez a su amigo Carlos Fuentes:
«Jamás he trabajado en soledad comparable —me dice—, no siento más punto de referencia que, quizás, Rabelais, sufro como un condenado poniendo a raya la retórica, buscando tanto las leyes como los límites de lo arbitrario, sorprendiendo a la poesía cuando la poesía se distrae, peleándome con las palabras. A veces —me escribe Gabriel— me asalta el pánico de no haber dicho nada a lo largo de quinientas páginas; a veces, quisiera seguir escribiendo el libro el resto de mi vida, en cien volúmenes, para no tener más vida que esta...» 16.


"Idealismo mágico" y "realismo mágico"


¿Es posible establecer una conexión directa entre “el idealismo mágico” propuesto por Novalis y “el realismo mágico” teorizado a partir de Cien años de soledad.
Así explica Novalis la romantización:
El mundo debe ser romantizado para reencontrar su sentido originario. Romantizar no es otra cosa que una potenciación cualitativa. Cuando a lo que es vulgar le doy un sentido superior, a lo usual una apariencia misteriosa, a lo conocido la dignidad de lo desconocido, a lo finito la apariencia de lo infinito, lo romantizo” (Nuevos fragmentos).
Teniendo en cuenta eso, se podría explicar el que, en Cien años de soledad, Gabriel García Márquez se apropió del marco épico-romántico que se propuso Novalis para Enrique Ofterdingen, al igual que de sus ideas sobre el "idealismo mágico" y, desde allí, la posterior fundamentación del "realismo mágico" 17.
La interpretación y transposición del "idealismo mágico" de Novalis en el "realismo mágico" al que aspiran Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, se puede establecer en la comparación que propongo a continuación.
Eustaquio Barjau hace la siguiente explicación:
"Este es el sentido del adjetivo "mágico" que acompaña al rótulo del idealismo de Novalis: la magia es el arte de actuar sobre las cosas, a voluntad del mago, de transformar la realidad; a la actuación del alma individual sobre el cuerpo no la consideramos mágica, sí en cambio a la actuación del hombre sobre las cosas; pues bien, ésta es la vocación del hombre -concretamente, del poeta-, imponer la idea, el espíritu sobre la materia, convertir lo involuntario y azaroso en voluntario y planeado, espiritualizar el cosmos; en el postulado del "idealismo mágico" de "hacer de las cosas ideas y de las ideas cosas" se expresan de un modo pregnante los dos términos que definen este esbozo de sistema" 18.
Por su parte, Carlos Fuentes dice lo siguiente sobre Cien años de soledad:
"Acabo de leer Cien años de soledad: una crónica exaltante y triste, una prosa sin desmayo, una imaginación liberadora. Me siento nuevo después de leer este libro, como si les hubiese dado la mano a todos mis amigos. He leído el Quijote americano, un Quijote capturado entre las montañas y la selva, privado de llanuras, un Quijote enclaustrado que por eso debe inventar al mundo a partir de cuatro paredes derrumbadas. ¡Qué maravillosa recreación del universo inventado y re-inventado! ¡Qué prodigiosa imagen cervantina de la existencia convertida en discurso literario, en pasaje continuo e imperceptible de lo real a lo divino y a lo imaginario!"
[...]
Pero en algún rincón debe haber un Aureliano con su cruz de cenizas en la frente que venga a protestar contra la crónica del biznieto del coronel Gerineldo Márquez, corrija los inevitables errores y proponga una nueva lectura, radical e inédita, de los pergaminos de Melquíades. Un día, querido Julio, me hablaste de la novela como mutación. Eso es Cien años de soledad: una generación y una re-generación infinita de las figuras que nos propone el autor, mago iniciático de un exorcismo sin fin" 19.
Y claro, también es necesario agradecer a don Ramón María del Valle Inclán por su estética de esperpentos y fantoches, tan barroca como romántica.
Muchos años después de la escritura de Cien años de soledad, su amigo, Juan Rulfo, le advirtió a Gabriel García Márquez sobre los peligros de vivir, como los románticos, en y por la literatura.


Notas


1Rúdiger Safranski, Romanticismo, Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, 2009, p. 104. Además, todas las citas de los románticos citados han sido tomadas de esta obra.
2Rúdiger Safranski, Romanticismo, Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, 2009, p. 109.
3Penelope Fitzgerald, La flor azul, Impedimenta, Madrid, 2014. “Si rebuscamos en las enciclopedias sobre el significado de La Flor azul nos dirán que es un símbolo central del romanticismo. Representa el anhelo, el amor y el afán metafísico por lo infinito. En La flor azul no solamente se unen la naturaleza, el hombre y el espíritu humano; simboliza además el afán por el conocimiento de la naturaleza y consecuentemente, de uno mismo” (Comentario de Guillermo Lorén González, publicado en Las lecturas de Guillermo).
4Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 6 de marzo de 2007, p. 72. Todas las citas corresponden a tal edición.
5Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 6 de marzo de 2007, p. 73.
6Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 6 de marzo de 2007, p. 87.
7Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 6 de marzo de 2007, p. 92.
8Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 6 de marzo de 2007, p. 107.
9Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 6 de marzo de 2007, pp. 108-109.
10Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 6 de marzo de 2007, p. 116.
11Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 6 de marzo de 2007, p. 161.
12Rúdiger Safranski, Romanticismo, Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, 2009, p. 172.
13Rúdiger Safranski, Romanticismo, Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, 2009, p. 172-173.
14Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 6 de marzo de 2007, p. 161.
15Rúdiger Safranski, Romanticismo, Una odisea del espíritu alemán..., p. 101.
16Carta citada en el texto de Carlos Fuentes, Para darle nombre a América. Homenaje, leído en Cartagena con motivo de la conmemoración de los 80 años de Gabriel García Márquez y los 40 años de la publicación de Cien años de soledad.
17Novalis, Himnos a la noche, Enrique Ofterdingen, Cátedra, Madrid, 1992, pp. 106-107: “Antiguamente toda la Naturaleza debió de estar más llena de vida y de sentido que ahora. Fuerzas que hoy en día los animales apenas parecen advertir y que sólo el hombre es capaz de sentir y gozar, movían entonces cuerpos sin vida; y así era posible que hubiera hombres hábiles que, por sí solos, realizaran hazañas y provocaran fenómenos que actualmente se nos antojan totalmente inimaginables y fabulosos *. De este modo, según nos cuentan viajeros que todavía han oído estas leyendas de boca de la gente del pueblo, en tiempos muy remotos, en las tierras que ocupa ahora el imperio griego, debió de haber poetas, que, con el extraño son de maravillosos instrumentos, despertaban la secreta vida de los bosques y los espíritus que se escondían en las ramas de los árboles; hacían revivir las simientes y convertían regiones yermas y desérticas en frondosos jardines; domesticaban animales feroces y educaban a hombres salvajes, despertando en ellos amables instintos y artes de paz, convertían ríos impetuosos en tranquilas corrientes, y hasta llegaban a arrancar a las piedras de su inmovilidad para hacerlas mover al ritmo de sus cantos. Estos hombres debieron de ser al mismo tiempo oráculos y sacerdotes, legisladores y médicos, porque su arte mágico era capaz de penetrar la más profunda esencia de la realidad; conocían los secretos del futuro, las proporciones y la estructura natural de todas las .cosas, y hasta las fuerzas interiores y las virtudes curativas de los números, de las plantas y de todas las criaturas. A partir de entonces la Naturaleza, que hasta aquel momento había sido una selva en la que reinaba la confusión y la discordia, se llenó de múltiples y variados sonidos y de extrañas simpatías y proporciones. Y lo raro es que a pesar de que nos han quedado estas hermosas huellas que nos recuerdan la presencia en el mundo de aquellos hombres bienhechores, su arte o su delicada sensibilidad ante la Naturaleza se hayan perdido”.
18Novalis, Himnos a la noche. Enrique Ofterdingen, Edición de Eustaquio Barjau, Cátedra, Madrid, 1992, p. 19.
19Carlos Fuentes, Para darle nombre a América. Homenaje.





13 de julio de 2018

Lectura lúdica a la escritura de Cien años de soledad-3 Otros palimpsestos



Alberto Gironella, ilustración para Tirano Banderas
https://www.google.com/search?client=ubuntu&hs=hKu&channel=fs&biw=1216&bih=877&tbm=isch&sa=1&ei=kiUUW-bTKs-G5wLD9ouwBA&q=alberto+gironella+tirano+banderas&oq=alberto+gironella+tirano+banderas&gs_l=img.12...109312.111774.0.114745.0.0.0.0.0.0.0.0..0.0....0...1c.1.64.img..0.0.0....0.WHg9okDfk4Y#imgrc=ZsvP_rq6NrIkPM:


Lectura lúdica a la escritura de Cien años de soledad-3
Otros palimpsestos


"En el que deben traslucirse los rastros -tenues pero no indescifrables- de la "previa" escritura de nuestro amigo" (Jorge Luis Borges, Ficciones).


"La literatura es inagotable por la razón suficiente de que un solo libro lo es" (J. L. Borges, Enquetes). Este libro no basta sólo con releerlo, sino que hay que reescribirlo, aunque sea como Ménard, literalmente. Así se cumple la utopía borgiana de una Literatura en transfusión perpetua -perfusión transtextual- constantemente presente a sí misma en su totalidad y como Totalidad, en la que todos los autores no son más que uno, y en la que todos los libros son un vasto Libro, un solo Libro infinito" 1.


Iván Rodrigo García Palacios


Si alguien ocultó con singular malicia el origen de sus referentes literarios, la mayor parte de las veces tras una cortina de humo de referentes culturales y anécdotas folclóricas, ese fue Gabriel García Márquez. Para hacerlo, unas veces destacaba unos autores y obras más de la cuenta. Otras, apenas mencionándolos, como quien no quiere la cosa y así disimular el tamaño de su deuda, Pero, los más importantes nunca son mencionados con el claro propósito de ocultarlos, pues son tan determinantes que cualquier consideración podría tomarse como falta de originalidad o de genialidad. O, simplemente, para generar un misterio que desafiara a los lectores y a los académicos.
Sin embargo, nada de eso importa ya, pues todo ese bagaje literario, cultural y folclórico en la composición de las obras de Gabriel García Márquez es una mina de “otros” sentidos que enriquecen las lecturas y las insertan en ese libro infinito del que hablaba Jorge Luis Borges. Además y según las nuevas ciencias de la teoría literaria, también es original y genial el manejo de las fuentes y los referentes. Y todo ello, porque no existe ninguna obra literaria absolutamente original, es decir, en la que en su escritura no haya incidido la influencia y la presencia de las obras de otros autores, así como de los elementos de la memoria, de los recuerdos, del ámbito cultural, social, político, etc. y, por supuesto, la decisión deliberada de trasponer elementos de otras obras y de la realidad a la escritura por parte del autor.
Lo que hace a una obra literaria una obra original, es aquel “toque genial”, indefinible e indescriptible que su autor logra al escribir con la materiales de su memoria, de sus sentimientos, de sus recuerdos, de su imaginación, de su pensamiento, para con todo ello realizar una obra maestra de arte.
Una de las actividades más placenteras que puede realizarse con la literatura, además de la lectura, es la de jugar con ella. Un juego delicioso es tratar de encontrar las referencias e influencias incluidas en las obras, hasta el punto de que se han inventado ciencias literarias con ese propósito. Pero a diferencia de esas ciencias, la Lectura lúdica es un juego y como juego sus métodos son los mismos del arte, es decir, pasión e imaginación. El juego que ahora propongo es el de buscar algunos de los palimpsestos de Cien años de soledad, unos más conocidos y reconocidos que otros.
Para proponer algún tipo de piso teórico, me remito a las propuestas de Gerard Genette, ya citadas en el epígrafe, y a esta cita que él hace de Michael Riffaterre:
«La intertextualidad es [... ] el mecanismo propio de la lectura literaria. En efecto, sólo ella produce la significancia, mientras que la lectura lineal, común a los textos literarios y no literarios, no produce más que el sentido» 2.
Sin embargo, mi propósito no es encontrar ni lo uno ni lo otro, lo que hago es solo por el placer de jugar por jugar a ese juego de buscar algo que se nos oculta, deliberadamente o no, por el desafío y por el placer creciente de encontrarlo mientras más esfuerzos nos exige una lectura atenta, pero lúdica.
Pues bien, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, es una de las más ricas y misteriosas novelas, en cuanto a referencias literarias, de las cuales, unas ya han sido reconocidas desde su publicación y se las ha relacionado con múltiples fuentes y motivos, para el caso, las oficialmente reconocidas y enumeradas por Gerard Martin, de quien se puede decir fue el biógrafo oficial de Gabriel García Máquez:
[…] los ingredientes latinoamericanos de su bagage literario —Borges, Asturias, Carpentier, Rulfo— con la Biblia, Rabelais, las crónicas de la conquista española y las novelas europeas de caballería, e incorporaba también a Defoe, Woolf, Faulkner, Hemingway. No es de extrañar que se sintiera un alquimista, ni provoca sorpresa que fusionara a Nostradamus y Borges —y a sí mismo”,
[...]
He ahí el secreto, pues. un hombre que escribe acerca de un pueblo, de una nación y del mundo sirviéndose de los descubrimientos de los grandes mitos occidentales (Grecia, Roma, la Biblia, Las Mil y una Noches importadas de Oriente), de los grandes clásicos de Occidente (Rabelais, Cervantes, Joyce) y de los grandes precursores de su propio continente (Borges, Asturias, Carpentier, Rulfo), cuya obra es un espejo en el cual el continente se reconoce al fin, y funda con ella una tradición” 3.
Sin olvidar la formación clásica en la literatura griega y latina que recibiera en su juventud como periodista del el diario El Universal en Cartagena de Indias, por allá en 1948, bajo la tutela de Clemente Manuel Zabala y Gustavo Ibarra Merlano 4,
Pero, además de los autores y obras conocidos y reconocidos, hay en Cien años de soledad otras referencias y fuentes no tan conocidas ni reconocidas u otras que no se conocen ni reconocen como incluidas en una de sus obras, pero si para otra, tal el caso de Cien años de soledad y El otoño del patriarca. La historia del origen y escritura de estas dos novelas es una novela ella misma con una trama asombrosa, porque la escritura de un primer El otoño se frustró para dar origen a Cien años de soledad y permaneció congelada por diez años.
Pero volviendo al cuento de los referentes conocidos o no reconocidos. Ese es el caso con Tirano Banderas de Ramón María del Valle Inclán, de la que Gabriel García Márquez niega toda relación con El otoño del patriarca. Igual sucede con Nostromo, de Joseph Conrad. Pero hay que descubrir que ambas novelas y sus autores fueron tanto o más importantes para la escritura de Cien años de soledad, algo que Gabriel García Márquez simplemente calló o apenas negó. Y es cierto, poco más tienen que ver con el El otoño del patriarca, pero con el publicado en 1975, salvo por ese detalle de su origen.
Ese es el punto de partida de este juego de Lectura Lúdica. Había que buscar y descubrir las lecturas que Gabriel García Márquez había hecho para aquella versión primera, fracasada y perdida -o, ¿reciclada en Cien años de soledad?-, de aquel El otoño del patriarca, esa novela "de dictador" que él estaba escribiendo antes de ser atrapado por la escritura de Cien años de soledad.
Hay que aceptar que Gabriel García Márquez toma, tanto de Tirano Banderas como de Nostromo, materias literarias y políticas con la fuerza capaz de trascender y servir de modelo geográfico e histórico para Macondo y sus habitantes. Pero, además, que la biografía de Joseph Conrad también hace sus aportes en este cuento, como voy a mostrar. Queda a curiosidad del lector buscar entre las páginas de Cien años de soledad a un marinero con una biografía de leyenda como la del propio Joseph Conrad.
Pero, antes de continuar, quisiera hacer una mención a una de esas ciencias de las que buscan las referencias y contextos, muy en especial de los asuntos geopolíticos y geoculturales, de las obras literarias y de sus autores. Y lo voy a hacer con un ejemplo.
Por allá en los años 90 era tendencia lo que se llamaba estudios culturales o crítica cultural y teoría literaria, un par de disciplinas que buscaban mostrar los contenidos más ocultos y trascendentes en las obras literarias y la presencia de los autores y su ámbito sociocultal en ello. Pues bien, de 1995 y 1999, respectivamente, son dos estudios del catedrático y originario de Pereira, Carlos Rincón, quien se desempeña como profesor de asuntos culturales en una universidad en Berlín, Alemania, el primero de ellos sobre El amor en los tiempos del cólera y el segundo, Del amor y otros demonios 5, los que recomiendo leer, tanto por su importancia como por los placeres que su lectura proporciona. Ah, y también para mostrar y destacar que, desde la escritura de Cien años de soledad, el manejo de referencias por parte de Gabriel García Márquez se hizo cada vez más sofisticado, como puede deducirse de los trabajos del profesor Carlos Rincón.
Ahora si, volvamos al cuento que estaba contando.


Joseph Conrad, Nostromo


¿En qué se parecen Sulaco y Macondo? En que tienen una geografía, una política y una historia en común.
Sulaco y Macondo son las ciudades de Nostromo, de Joseph Conrad y de Cien años de soledad. La primera, situada en “la República de Costaguana” y, la segunda, en una nunca mencionada por su nombre, República de Colombia.
Geográficamente, Sulaco está asentada en la cara norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, frente al mar y cercana a un desierto. Macondo fue fundada en la cara sur de esa misma sierra y está cercada y separada del resto del mundo por una ciénaga, por un territorio desconocido y por una selva virgen.
Desierto, ciénaga y selva virgen, son territorios de leyenda, misterio y superstición en los que, en ambas novelas, se ocultan tesoros y galeones encallados y en donde se pierden los osados exploradores que en ellos se aventuran.
Son muchos otros los elementos, motivos, figuras, etc., de la geografía e historia de "La ciudad de Sulaco" y de "la República de Costaguana", que se trasponen, yuxtaponen, conectan y corresponden, en los escenarios de Macondo y de la República de Colombia.
Nostromo fue para Gabriel García Márquez una fuente inagotable de motivos, figuras e imágenes, etc., los que, junto con los recuerdos de su vida, los de los cuentos de los abuelos, los de la gente y los de la ingente literatura contenida en su memoria, fueron traspuestos por su imaginación para emerger en el momento de la escritura de Cien años de soledad.
Se podría deducir que tales conexiones y correspondencias son, además de un acto deliberado de Gabriel García Márquez, la correspondencia con un evento histórico: hacen parte de la misma información que Joseph Conrad utilizó para la escritura de Nostromo a raíz de su visita a Santa Marta y Cartagena en 1876, cuando era el joven marinero polaco Josef Conrad Korzenlowski (1857-1924), visita que tenía por motivo entregar un cargamento clandestino de armas para el ejército rebelde de los conservadores en plena época de las guerras civiles entre liberales y conservadores.
La historia de "la República de Costaguana", es la que Joseph Conrad utiliza para conectar a Nostromo con el ámbito ficticio de una hipotética república suramericana de finales del siglo XIX y a sus historias de inestabilidad política, de guerras civiles, del colonialismo e intervencionismo por parte de las potencias europeas y de Estados Unidos y que se corresponde con la historia de lo que en ese entonces se llamaban los Estados Unidos de Colombia, según las historias que Santiago Pérez Triana, el hijo del presidente liberal Santiago Pérez, le contó a Joseph Conrad 6 y que él utilizó para el contexto histórico de Nostromo y de "la República de Costaguana".
Algo similar a lo que después hizo don Ramón María Valle-Inclán en Tirano Banderas, en 1926, pero desde el ámbito de la historia de México y su reciente revolución.
Aquella historia de Colombia es la que también Gabriel García Márquez emplea para armar el contexto político e histórico de Cien años de soledad: colonialismo, guerras, revueltas, rebeliones, revoluciones, masacres, y los ejércitos, generales, coroneles, soldados: los idealistas fracasados y nostálgicos contra los oportunistas y pragmáticos; partidos políticos y políticos y funcionarios estatales, venales, retóricos, pomposos y corruptos; imperios y compañías multinacionales que explotan ambiciones y recursos; injerencias extranjeras y un extenso etcétera. Como también lo son los intereses económicos: La mina, "la Compañía Oceánica de Navegación a Vapor (La O. S. N., como corrientemente se decía)" y la construcción de los ferrocarriles, traspuestos como los espejos en los que se pueden contemplar a la compañía bananera y al ferrocarril de Macondo.
Pero no sólo es por el ámbito geográfico, histórico, político, económico, de "Sulaco" y de "la República de Costaguana", por los que se conectan Nostromo y Cien años de soledad, también se trasponen, conectan y corresponden, personajes, circunstancias, condiciones, eventos, etc., de la vida social de "Sulaco" a Macondo… Damas y caballeros de rancia y anacrónica aristocracia que persisten en sus amanerados modales en medio de un mundo salvaje y exuberante que los devora sin remedio. Y seres del común que parecen brotados de la misma tierra. Mercenarios y rebeldes garibaldinos, envejecidos y nostálgicos de viejas guerras de independencia.
En fin ...


Ramón María del Valle Inclán, Tirano Banderas.


Si algo le debe Cien años de soledad a don Ramón María del Valle Inclán, su obra y su estética, es el haber sido motivo de inspiración para lo del tono, así como para el coronel Aureliano Buendía, de Melquíades y de algo más.
Antes de aquel inicio súbito de la escritura de Cien años de soledad, Gabriel García Márquez estaba bregando con la escritura de una novela sobre un dictador, que por lo que se sabe, se titulaba El otoño del patriarca y que es, posiblemente, el primitivo antecedente de ese otro Otoño escrito diez años después y en la que ni reconoce ni acepta “los rastros de la “previa” escritura” de don Ramón María del Valle Inclán, de su Tirano Banderas y de su estética de esperpentos y fantoches 7:
"Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el esperpento. El sentido de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada".
Y lo que después agregó en el prólogo de Los cuernos de don Friolera:
"Mi estética es una superación del dolor y de la risa, como deben ser las conversaciones de los muertos, al contarse historias de los vivos".
En la estética de don Ramón María del Valle Inclán se inspira, además del dictador de El otoño del patriarca, Juan Rulfo y su Pedro Páramo.
Eso se explica por que, parte de su trabajo como guionista para los productores españoles refugiados en México, estos le habían encargado a Gabriel García Márquez adaptar algunas de las obra del escritor español, eal que tanto admiraba Luis Buñuel, las mismas de las que se puede abducir que emerge el tono de Los funerales de la Mama Grande y, por consecuencia, de Cien años de soledad.
¿Antecedentes? Que los hubo, los hubo. Para ello hay que buscar en el El ruedo ibérico, obra que fuera publicada con el título: La corte de los milagros, en especial en el Libro Segundo: La Rosa de Oro. Las semblanzas y resonancias comunes en el cuento y en la novela de Gabriel García Márquez, son, más que posibles coincidencias, asombrosas correspondencias. Para "muestra, un botón". Esto escribió Ramón María del Valle-Inclán en el Libro Segundo: La Rosa de Oro:
"La Majestad de Isabel II, pomposa, frondosa, bombona, campaneando sobre los erguidos chapines, pasó del camarín a la vecina saleta. La dama de servicio, con el aire maquinal de los sacristanes viejos cuando mascullan sacros latines, le prendió en los hombros el manto de armiño. Los regios ojos, los claros ojos parleros, el labio popular y amable, agradecieron con una sonrisa a la cotorrona de Casa y Boca" 8.
Pareciera que se está hablando de La Mama Grande.
Ahora bien, cuando Gabriel García Márquez estaba terminando de escribir los cuentos de Los funerales de la Mama Grande, publicados en 1962, comenzó la escritura de una novela titulada El otoño del patriarca, cuyo título es casi lo único que tiene en común con la novela publicada en 1975, pero esa escritura que fue desechada cuando irrumpió "el tono" de Cien años de soledad, según se lo contó a Plinio Apuleyo Mendoza, información que algunos biógrafos han pretendido desvirtuar y contradecir, lo cual es inaceptable dada la íntima amistad que los unía todavía en esa época:
"PAM: - Sé que llevabas bastante tiempo trabajando El otoño del patriarca, cuando lo interrumpiste para escribir Cien años de soledad. ¿Por qué lo hiciste? No es frecuente interrumpir un libro para escribir otro.
GGM: - La interrupción se debió a que estaba escribiendo El otoño sin saber muy bien cómo era, y por consiguiente no lograba meterme a fondo. En cambio, Cien años, que era un proyecto más antiguo y muchas veces intentado, volvió a irrumpir de pronto con la única solución que me faltaba: el tono. En todo caso, no era la primera vez que me pasaba. También interrumpí La mala hora, en París, en 1955, para escribir El coronel no tiene quien le escriba, que era un libro distinto incrustado dentro, y que no me dejaba avanzar. Como escritor, tengo la misma norma que como lector: cuando un libro deja de interesarme, lo dejo. Siempre, en ambos casos, hay un momento mejor para enfrentarlo" 9.
En ese primer intento de escritura de El otoño del patriarca sí que debió rondar la presencia de Tirano Banderas y su personaje, el Coronelito Domiciano de la Gándara, el mismo que escapó al fusilamiento y triunfó en su revolución, pero esto es algo ya imposible de probar, pues ese manuscrito de 300 páginas desapareció al concluir la escritura de Cien años de soledad.
Lo que si es cierto, es que, por la época de 1963, Gabriel García Márquez conoció a Carlos Fuentes 10, quien había acabado de publicar su novela sobre la revolución y los dictadores: La muerte de Artemio Cruz, con gran éxito editorial y de la crítica, lo que, ciertamente, fue un aliciente para que Gabriel García Márquez se animara a escribir su propia novela de dictadores y revoluciones.
Lo que sí se puede abducir, tal y como Gabriel García Márquez se lo contó, también, a Plinio Apuleyo Mendoza, es que, en aquella versión de El otoño del patriarca, el protagonista era un coronel Aureliano Buendía que se había convertido en dictador luego de ganar una guerra civil y dar un golpe de estado:
"PAM: - Y las treinta y dos guerras perdidas del coronel pueden expresar nuestras frustraciones políticas. ¿Qué hubiese ocurrido, a propósito, si el coronel Aureliano Buendía hubiese triunfado?
GGM: -Se habría parecido enormemente al patriarca. En un momento dado, escribiendo la novela, tuve la tentación de que el coronel se tomara el poder. De haber sido así, en vez de Cien años de soledad habría escrito El otoño del patriarca" 11.
Ese coronel Aureliano Buendía del primer El otoño del patriarca, es el mismo que, transpuesto a Cien años de soledad, se transforma en el guerrero romántico que es derrotado en las treinta y dos guerras civiles que emprendió y que, por esa tragedia, determinó la escritura de la novela. Algo así como una conexión romántica que voy a contar en las próximas Lecturas lúdicas.
Gabriel García Márquez dijo que El otoño del patriarca no tiene ninguna relación con el Tirano Banderas de don Ramón María del Valle-Inclán, lo cual, en términos generales, es cierto, pero lo que no es cierto es que Tirano Banderas no tenga nada que ver con Cien años de soledad como lo estoy mostrado.
Es más que probable que el Coronelito Domiciano de la Gándara, el mismo que escapó al fusilamiento y triunfó en su revolución, en Tirano Banderas, sea la conexión primaria del coronel Aureliano Buendía y Cien años de soledad con Tirano Banderas y con don Ramón María del Valle-Inclán. Y esta si que es una conexión rica en posibilidades, porque permite desgranar una serie de otras conexiones, correspondencias y relaciones.
Así como en el Coronel Domiciano de la Gándara en Tirano Banderas, se inspira, en parte, el coronel Aureliano Buendía, también es en otro de los personajes de Tirano Banderas donde se inspira el otro de los grandes personajes de Cien años de soldead: Melquíades. Y ese es el Doctor Polaco, "un descendiente venido a menos de José Balsamo" 12, que es el mismo Joseph Balsamo de Mémoires d'un médecin, de Alejandro Dumas, padre, quien, a su vez, se inspiró en el Conde Alessandro di Cagliostro y Nostradamus 13.
Con José Balsamo y su referente, el Conde Alessandro di Cagliostro, curandero, mago, alquimista, entramos en los territorios de Alejandro Dumas, padre, y en un folletín titulado: Joseph Balsamo: Mémoires d'un médecin.
Porque, además del José Balsamo, personaje del folletín y quien pretende provocar una revolución social con su poderes, al que se refiere Don Santos Banderas en Tirano Banderas en satírica comparación es al Doctor Polaco, quien también está dotado de poderes y es amigo de la revolución social. Y es así como, entre José Balsamo y el Doctor Polaco, se prefigura el Melquíades y otra más de las conexiones de Tirano Banderas con Cien años de soledad y, por supuesto, con "el genial mulato":
"El Doctor Polaco, alto, patilludo, gran frente, melena de sabio, vestía de fraque con dos bandas al pecho y una roseta en la solapa" (TB, Libro segundo: La terraza del club, III) 14.
[...]
Con antelación, esta niña había estado sometida a los pases magnéticos de un cierto Doctor Polaco. ¡Estamos en un folletín de Alejandro Dumas! Ese Doctor, que magnetiza y desenvuelve la visión profética en las niñas de los congales, es un descendiente venido a menos de José Bálsamo. ¿Se recuerdan ustedes la novela? Un folletín muy interesante. ¡Lo estamos viviendo! ¡El Licenciadito Veguillas, observen no más, emulo del genial mulato! 15 Merito va a decirnos adónde emigraba en compañía del rebelde Coronel Domiciano de la Gándara”.
Y, por supuesto, por lo que quiere interrogar Santos Banderas al Doctor Polaco, es por sus relaciones con los rebeldes y con el Coronel Domiciano de la Gándara, el comandante de las tropas revolucionarias, quien, al fin, termina por derrocar a Santos Banderas.
O sea, un coronel Aureliano Buendía al que Gabriel García Márquez no le cuadraba como personaje en Cien años de soledad.


Edgar Allan Poe, El hundimiento de la casa Usher


Quizás sólo sean un par de motivos, el incesto y la destrucción cataclísmica de la casa en cumplimiento de una especie de maldición. Esos son los motivos que Edgar Allan Poe trata en el cuento, El hundimiento de la casa Usher, los mismos que, como si hubieran sido escritos por Melquíades en sus míticos manuscritos, se trasponen en Cien años de soledad.
Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra” 16.
Y de igual manera, motivos y figuras de muchas otras de las lecturas de Gabriel García Márquez son utilizadas en la escritura de Cien años de soledad. Será juego del Lector Ludi disfrutar del placer de encontrarlas. Buen apetito.


Notas


1Gérard Genette, Palimpsestos. La literatura en segundo grado, Taurus, Madrid, 1989, p. 497.
2Gérard Genette, Palimpsestos. La literatura en segundo grado, Taurus, Madrid, 1989, p. 11.
3 Gerald Martin, Gabriel García Márquez, Una vida, Debate, Bogotá, 2009, pp. 341 y 344.
4Gustavo Arango, Un ramo de no me olvides. García Márquez en El Universal,
5Carlos Rincón, La no simultaneidad de lo simultáneo. Posmodernidad, globalización y culturas en América Latina: El amor en los tiempos del cólera y la cuestión del posmodernismo, Editorial Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1995, pp. 52 y ss.
- Carlos Rincón, García Márquez, Hawthorne, Shakespeare, De la Vega & co. Unltd., Instituto Caro y Cuervo, Santafé de Bogotá, 1999.
6Alejandro Gaviria U, Del romanticismo al realismo social y otros ensayos, Norma, Bogotá, 2005, p. 81.
Alejandro Gaviria, De Un Posible Joseph Conrad en Colombia:
http://www.elmalpensante.com/articulo/2802/de_un_posible_joseph_conrad_en_colombia
7Ramón María del Valle Inclán, Luces de bohemia, escena XII.
8Ramón María del Valle-Inclán, La corte de los milagros: Segundo libro: La Rosa de Oro, Biblioteca Júcar, Madrid, 1976, p. 36.
9Plinio Apuleyo Mendoza, El olor de la guayaba, conversaciones con Gabriel García Márquez, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 1998, p. 122.
10 Gerald Martin, Gabriel García Márquez, Una vida, Debate, Bogotá, 2009, p. 328.
11Plinio Apuleyo Mendoza, El olor de la guayaba, conversaciones con Gabriel García Márquez, p. 106.
12Ramón María del Valle Inclán, Tirano Banderas, VII, Libro tercero.
13 Este personaje fue usado por Alejandro Dumas, padre, en varias de sus novelas y folletines: Conde Alessandro di Cagliostro (Palermo, Sicilia, 2 de junio de 1743 – 26 de agosto de 1795) es un título nobiliario falso con el que Giuseppe Balsamo, médico, alquimista, ocultista y alto masón, recorrió las cortes europeas del siglo XVIII.
Nació en el seno de una familia pobre en Palermo, Sicilia. Su delito más famoso fue estafar a un hombre todo su dinero, aduciendo que poseía aptitudes para la alquimia. La identificación de Cagliostro con Giuseppe no es del todo segura, ya que se basa principalmente en el testimonio no fidedigno de Theveneau de Morande, espía francés y chantajista, y más tarde en su confesión a la Inquisición, obtenida a través de la tortura.
Cagliostro afirmaba haber nacido en una familia cristiana de noble cuna, pero ser abandonado al poco de nacer en la isla de Malta. También aseguraba que siendo niño viajó a Medina, La Meca y el Cairo, y al regresar a Malta, ser iniciado en la Soberana Orden Militar de los Guerreros de Malta, donde estudió alquimia, la Kabala y magia. Fundó el Rito Egipcio de la Francmasonería en La Haya, donde (al igual que sigue ocurriendo en las logias masónicas en la actualidad) se iniciaba a hombres y mujeres en logias separadas, y tuvo influencia en la fundación del Rito Masónico de Misraim. http://es.wikipedia.org/wiki/Cagliostro.
http://es.wikipedia.org/wiki/Cagliostro.
14Las citas corresponden a: Ramón María del Valle Inclán, Tirano Banderas, edición, introducción y notas de Juán Rodríguez, 1o. De enero 2017. http://www.tiranobanderas.es/indice.html
15 Joseph Balsamo (1849), editado primero como Mémoires d'un médecin, es un folletín pseudo-histórico de Alejandro Dumas, padre (1802-1870) —el genial mulato— que cuenta las intrigas de ese misterioso personaje dotado de extraordinario poder hipnótico. Balsamo, a diferencia del Doctor Polaco, pretende, mediante el recurso de favorecer la corrupción en la corte, provocar una gran revolución social. En uno de los episodios de la novela —al que sin duda alude Santos Banderas—, el doctor hipnotiza a la joven Andrée de Taverney para que ésta le comunique noticias de acontecimientos lejanos.
16Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, RAE, 2007, p. 471.





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Lector Ludi por Iván Rodrigo García Palacios se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.