20 de abril de 2010


Iván Rodrigo García Palacios

Enamoramiento,
filósofos, poetas
y Zaratustra enamorado



Ponencia presentada en el II Congreso Internacional de Filosofía: Amor, Cuerpo y Deseo. Fundación Universitaria Luis Amigó. Medellín, Colombia, 23 de abril de 2010.


"(...) serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado".
(Francisco de Quevedo y Villegas, Amor constante más allá de la muerte).

"Cuando el pensamiento yace sepultado en cavernas, mostrará el enamoramiento su raíz desde el más profundo de los infiernos".
("When Thought is clos's in Caves Then love shall shew its toot in deepest Hell").
William Blake, The Four Zoas.


Porque sólo soy un Lector Ludi (1), las lecturas que les voy a proponer son una provocación a explorar "más allá" sobre el enamoramiento y sus consecuencias y a ocuparse de ello del mismo modo que lo hacía Nietzsche:
"No sé otra forma de ocuparme de las grandes tareas que el juego" (Ecce homo, Por qué soy tan inteligente, 10).

Cuenta la leyenda que Aristóteles, ilustre predecesor de la filosofía occidental, víctima de "los furores" perversos del enamoramiento y para dar una lección a su alumno Alejandro, se sometió y fue cabalgado, desnudo y en cuatro patas, por la hetaira ateniense Herpyllis, desnuda y látigo en mano.
Así sólo se sea una leyenda, algo de verdad persiste en ella.
Muchos siglos después, la xilografía de Hans Baldung Grien, La Belleza hostiga con su fusta a la sabiduría, o una de las tantas representaciones de ese motivo realizadas por artistas de la Alta Edad Media y la modernidad temprana (2), recuerdan ese bochornoso suceso:


Suceso que por extravagante y extraño amerita una explicación como la que escribió Peter Sloterdijk en su Critica de la razón cínica:
"El sentido quínico de la historia significa: la belleza hace vibrar su fusta sobre la sabiduría, el cuerpo vence a la razón; la pasión hace dócil al espíritu, la mujer desnuda triunfa sobre el intelecto masculino; la razón no tiene nada que oponer a la fuerza de convicción que poseen los pechos y caderas. Por supuesto que aquí están presentes los clichés femeninos de moda, pero el punto clave no está, sin embargo, en ellos, sino en el hecho de que describen una oportunidad del "poder" femenino. En el cuadro de Baldung Grien, el momento reflexivo del filósofo ha pasado a la hetaira. Efectivamente, también ella es "sólo una puta" y, sin embargo, en absoluto es una "pena que sea una puta". Ésta echa mano de una posibilidad de soberanía propia. Puede ser que quien cabalga sobre Aristóteles sea una mujer peligrosa, pero lo que es cierto es que quedará por encima del desprecio. El que una Herpyllis pretenda cabalgar sobre el inteligente hombre puede servir a éste, por un lado, de aviso, pero, al mismo tiempo, también le permitirá la experiencia de saber a dónde lleva esto. Ella, con su cabeza reflexivamente inclinada hacia un lado, ve venir lo que él ahí abajo parece temer todavía: ella tiene más claro que todo esto es sólo el comienzo y que Aristóteles, a la larga, no va a seguir siendo tan tonto. Cierto que para él la cosa empieza a cuatro patas, pero si él es tan inteligente como se dice, terminará a la espalda" (3).
Pero la historia de esa leyenda no concluye ahí para los filósofos enamorados.
En Lucerna, a mediados de mayo de 1882, Friedrich Nietzsche se inspira en ella para coreografiar y plasmar, en la célebre fotografía de Jules Bonet, "los furores" de su enamoramiento por la joven y bella rusa, Lou Andreas Salomé:


Por asombroso que pueda parecer, la interpretación que hace Peter Sloterdijk de la xilografía de Hans Baldung Grien, se puede aplicar, palabra más palabra menos, a la fotografía coreografiada por Nietzsche para él, Lou y Paul Rée.
El enamoramiento de Nietzsche es un caso excepcional por su conexión con Así habló Zaratustra y porque en ese poema, también, es posible explorar y descubrir los misterios del enamoramiento.
Sobre el tema del enamoramiento de Nietzsche por Lou hablaré más adelante (4). Antes voy a contar algunas historias de los enamoramientos de otros filósofos y otros poetas.
Los enamoramientos de Aristóteles y Nietzsche no son ni los primeros ni los únicos ni los últimos; las historias de filósofos y poetas preñados por "los furores" del enamoramiento, tienen "mucha tela por contar".
Para empezar, hay que decir que el enamoramiento es un imperativo natural, un mecanismo evolutivo para el Homo-Humano, necesario, temporal, repetitivo e incontrolable, mediante el cual el cuerpo y la mente se trasforman.
Pero también, el enamoramiento, para la imaginación, es un ideal, un anhelo de unidad y perfección, el "conatus" spinoziano.
Porque el enamoramiento, como fenómeno neurobiológico, es instinto, apetito, emoción, deseo, sentimiento, anhelo, y como evento existencial, biográfico y cultural, se corresponde como un asunto sagrado, erótico, heroico, trágico y cómico:
Sagrado, porque es una experiencia de lo divino.
Erótico, porque es la fuerza caótica que forma y transforma el cuerpo y la mente de los amantes.
Heroico, porque hace que los enamorados desplieguen la totalidad de unas energías, fuerzas y poderes de los que no se sabían poseedores.
Trágico, porque su fin es ineludible e ineluctable.
Cómico, porque el pícaro Eros siempre se sale con la suya (5).

En el ámbito de esas concepciones del enamoramiento de la carne y del espíritu, en ese estro amoroso y creativo, es donde se producen las reacciones y manifestaciones que los poetas y los filósofos expresan en sus obras. Estéticas las de los poetas y herméticas las de los filósofos.
Ello se explica porque, en los estados extremos: éxtasis y agonías del enamoramiento, cada persona, acorde con su naturaleza y con la visión de sí mismo, reacciona y se expresa de manera extrema, una especie de terapia para recuperar la armonía emocional y corporal (6). La escritura es remedio para filósofos y poetas.
La necesidad de concebir y realizar una obra es, en sí misma, un estado de enamoramiento. Tal, un caso excepcional: Arquímedes y su “¡Heureka! ¡Heureka!”. Arquímedes, enamorado, enajenado y en el perpetuo éxtasis de su ciencia, del que cuenta Plutarco:
"A menudo los criados de Arquímedes le llevaban a los baños contra su voluntad, para lavarle y ungirle, y aun estando allí, siempre estaba dibujando figuras geométricas, incluso en las mismas cenizas de la chimenea. Y mientras lo estaban ungiendo con aceites y dulces perfumes, con sus dedos dibujaba líneas sobre su cuerpo desnudo, hasta tal punto estaba fuera de sí, y llevado de un éxtasis o trance, con el deleite que tenía en el estudio de la geometría".

Son bien conocidos los casos de filósofos y poetas que han realizado grandes obras y poemas motivados por el enamoramiento o en la postrer agonía de los fracasos amorosos que los sumieron en agudas crisis existenciales.
Más conocidos y documentados unos casos que otros, las historias de la filosofía y de literatura ilustran de manera evidente esa conexión sublime y trágica del enamoramiento con la vida y la obra de sus autores.
De manera breve, presento algunos para ilustración y estímulo que provoque una Lectura Lúdica.
Para comenzar por algún lugar en el tiempo: de la Grecia antigua son conocidos los casos, entre muchos, el del enamoramiento no correspondido de Safo por Faonte, inspiración de doloridos versos o el de Sócrates por Alcibíades, motivo de serias reflexiones sobre el amor, la amistad y el desvelo por sí mismo.
De allí a Roma, también entre muchos, la locura de Lucrecio, debida, se cuenta, a una pócima amorosa de Lucilia, o el fantasmagórico enamoramiento de Virgilio por su mujer Plocia, el que bien recrea Hermann Broch en La muerte de Virgilio.
De Roma hasta los inicios del Renacimiento y a esa hermética sublimación del enamoramiento en la Amada y en la Sabiduría.
Petrarca y su trasformación ante la belleza de Laura.
El enamoramiento sublimado y nunca consumado de Dante por Beatriz. El enamoramiento de Dante es provocado por la imagen de una bella niña a cuya adoración y exaltación dedicará el resto de su existencia y obra, pero, como luego explicará en su Incipit vita nova (Comienza la vida nueva), y con mayor amplitud en El convivio, en esa imagen también se encarnará la idea de la Sabiduría.
Después de Dante, será Giordano Bruno quien inspirará la idea y el tono de lo que será el poder trasformador del enamoramiento y el estro amoroso y creativo. Idea de antigua tradición convertida en "furor":
"CICADA: Entiendo: porque el amor transforma y convierte en la cosa amada" (Giordano Bruno, Los Heroicos Furores, I, 4).

Luego, en la España inquisitorial del 1500-1600, el enamoramiento es ideal místico y su poder transformador será, o locura de poetas: Tirso de Molina, Quevedo, Lope de Vega, o visión mística: Fray Luis de León, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz:
"¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el amado transformada!"
(San Juan de la Cruz, La noche oscura).

Ya en los inicios de la Ilustración y en contra de tan luminoso racionalismo, el enamoramiento hará de las suyas, tal es el caso de la trasformación del filósofo del Sentir, Jean-Jacques Rousseau, como lo muestra Ernst Cassirer:
“Rousseau ha descrito en las Confesiones cómo su enamoramiento por la Señora d'Houdedot hizo que el filósofo, el crítico social, el apóstol de la libertad se transformara de nuevo en el “pastor extravagante”: “El grave ciudadano de Ginebra -exclama dolorosamente- volvió a ser de repente el pastor extravagante” (7).

Será Goethe, perpetuo enamorado de la poesía, la filosofía, las ciencias y de tantas mujeres, quien mejor comprenda que los "furores" del enamoramiento enajenan la carne y el espíritu del enamorado con sus tinieblas y luces, agonías y éxtasis, locura y sabiduría.
El joven Goethe, en el primer Fausto, es quien mejor describe el previo desasosiego del enamoramiento:
"¿Y aún te preguntas por qué tu corazón se para, temeroso, en el pecho? ¿Por qué un dolor inexplicable inhibe tus impulsos vitales? En lugar de la naturaleza viva, en medio de la que Dios puso al hombre, lo que te rodea son osamentas de animales y esqueletos humanos humeantes y mohosos" (Johann W. Goethe, Fausto, I, Noche).

Para, de inmediato y ante la visión cósmica, ser poseído por la radiante felicidad:
"(Abre el libro y observa el signo del Macrocosmos).
¡Ah!, qué deleite corre de súbito, al mirarlo, por todos mis sentidos. Siento cómo la joven y santa felicidad vital me fluye por músculos y venas con renovado ardor. ¿Fue acaso un Dios el que escribió estos signos que calman el furor de mi interior, llenan mi pobre corazón de gozo y, con un impulso secreto, me desvelan las fuerzas naturales? ¿Soy acaso, un dios? Todo se llena de claridad. En estos trazos puros se evidencia ante mi espíritu la activa naturaleza. Ahora sí que entiendo lo que dice el sabio: «No está cerrado el mundo espiritual; son tus sentidos los que están cerrados, es tu corazón el que está muerto; discípulo, levanta, y baña infatigablemente tu pecho terrenal en la aurora» (Johann W. Goethe, Fausto, I, Noche).
Será el viejo Goethe, al final de su vida y de la segunda parte de Fausto, quien comprenda la naturaleza del enamoramiento y su misterioso propósito. El viejo Fausto entona su postrer canto:
"Todo lo que ha ocurrido
es sólo una parábola.
Lo inalcanzable
Se torna evento.
Lo indescriptible
Se cumple.
Lo eterno-femenino
Nos atrae a las alturas.
(Johann W. Goethe, Fausto, II, Barrancos).

Contra el racionalismo y de retorno a las tinieblas del espíritu, en los inicios del Romanticismo y no propiamente un romántico él, Friedrich Hölderlin y su enamoramiento por Susette Gontard, su Diótima, es causa de la transformación de su poesía, según lo escribió Hans-Georg Gadamer:
"Para Hölderlin, el encuentro de lo superior tuvo lugar en la separación de Diótima, en la despedida que vino a destruir una felicidad real. Fue la experiencia de lo divino, que aparece precisamente en su privación, lo que otorgó a la poesía de Hölderlin su nuevo tono, ante el cual nuestro siglo reaccionó como ante algo totalmente nuevo. Es importante que haya sido la experiencia de una pérdida lo que revelara al poeta el ser divino. A partir de la "divinidad" del amor, que Hölderlin experimentó, su tono poético registró una transformación radical" (8).

Luego, ya sí el romántico de los románticos, Novalis, Friedrich von Hardenberg, enamorado:
"A finales de este año, 1794, Novalis se encuentra con Sophie von Kühn. Queda subyugado. Será el gran amor de su vida. Lo que ahora sucede es un Romanticismo como forma de vida, algo que en el fondo sólo está en los libros" (9).

Sophie von Kühn es por y a quien Novalis escribe su novela Enrique de Ofterdingen, sus Himnos a la noche y su anhelo de ver la Flor Azul.
Del enamoramiento expresado como poesía al enamoramiento como asunto en la reflexión filosófica:
Soren Kierkegard, tras la crisis amorosa con Regina Olsen, escribió sus obras más inquietantes y herméticamente autobiográficas: Temor y temblor, La repetición, Tres discursos edificantes, Diario de un seductor y ¿Culpable? ¿No culpable?, publicadas en 1843. Sobre esta crisis escribió en su Diario de 1849:
"Si quisiera saberse cómo -aparte de la relación con Dios- he sido impulsado a ser el escritor que soy, respondería: ello ha dependido de un anciano, que es el hombre a quien más debo -y de una joven, con la que he contraído la más grande deuda- y también de lo que por inclinación debe haberme sido dado como una posibilidad, a saber, unidad de vejez y de juventud, del rigor del invierno y de la dulzura de la primavera; el uno me educó con su noble saber, la otra con su agradable superficialidad".

Si algún caso es asombroso, ese es el del enamoramiento que se expresa en una gran obra filosófica: Martín Heidegger y Hannah Arendt.
Heidegger escribió Ser y tiempo en los días de su enamoramiento por Hannah Arendt, "la pasión de su vida", a la que reconoció el haber sido la musa que le hizo posible escribir la obra, como lo anota Rüdiger Safranski:
"Para Heidegger se abrió en Marburgo una sorprendente oportunidad, lo que los teólogos de allí llamaban "Kairos", la gran oportunidad de un tipo especial de "propiedad". Tuvo allí un encuentro del que, según confesará más tarde su mujer Elfride, surgió "la pasión de su vida".
A principios de 1924 había llegado a Marburgo una estudiante judía de dieciocho años, deseosa de estudiar con Bultmann y Heidegger. Era Hannah Arendt.
(...)
"(Heidegger) En las cartas (a Hannah Arendt) insiste una y otra vez en que nadie lo comprende como ella, también y precisamente en asuntos filosóficos. Y de hecho Hannah Arendt demostrará todavía lo bien que ha entendido a Heidegger. Lo entenderá mejor de lo que él se ha entendido a sí mismo. Como acostumbra suceder entre los amantes, ella responderá complementariamente a su filosofía, y le dará aquella mundanidad que todavía le falta. Al "precursar la muerte" responderá con una filosofía de la natividad; al solipsismo existencial de "mi singularidad" (Jemeingkeit) responderá con una filosofía de la pluralidad; a la crítica de la "caída" en el mundo del "uno" replicará con el "amor mundi". Al "claro" (Lishtung) de Heidegger responderá ennobleciendo filosóficamente la "esfera pública". Sólo así surgirá de la filosofía de Heidegger un todo completo; pero este hombre no lo notará. Él no leerá los libros de Hannah Arendt, o lo hará muy de pasada, y lo que lee allí le ofende.
Heidegger ama a Hannah y la amará por mucho tiempo; la toma en serio, como mujer que lo comprende, y ella se convertirá en su musa de Ser y tiempo; él le confesará que sin ella no habría podido escribir la obra. Pero en ningún momento se persuadirá de que puede aprender de ella" (10).
Hannah escribió para ser amada.
Y, para cerrar la lista, señalo: Eros actúa en la oscuridad; no hace distinción de género.
Thomas Mann, a quien sus enamoramientos por muchachos le provocaron la necesidad de escribir algunas de las más emocionales y herméticas páginas de sus obras y de la historia de la literatura y del enamoramiento homosexual.
Tal el caso del enamoramiento de Thomas Mann por Armin Martens, según lo crítica Marcel Reich-Ranicki:
"Armin Martens (el modelo de Hans Hansen en Tonio Kröger), de quien se dice que no había tenido otra misión que la de inspirar un sentimiento destinado a convertirse en un poema perdurable. ¿Ninguna otra misión? Me pregunto si se trata sólo de una observación fría y egoísta o quizás incluso cruel" (11).

Y, ¿qué decir, entonces, de Muerte en Venecia, La montaña mágica, José y sus hermanos?
En fin, la lista de filósofos y poetas trasformados por el enamoramiento, como un río heraclitiano, continúa fluyendo, viejas y nuevas aguas, siempre otras, siempre las mismas.

Zaratustra enamorado


Nietzsche y Lou Andreas-Salomé, por Grau Santos

Ahora voy a contar algo de la historia del enamoramiento de Friedrich Nietzsche por Lou Andreas Salomé y sus conexiones con Así habló Zaratustra.
Así habló Zaratustra es un poema enamorado, "una confesión" (12), nunca un duelo. Una lectura apasionada descubrirá los enigmas del enamoramiento que Nietzsche explora en sí mismo e iluminará, para todos, ese misterio de ser y estar enamorados (13).
Eso fue lo que encontré en un juego de lecturas lúdicas, abductivas (14), por medio de las cuales quería averiguar las consecuencias y efectos que, el enamoramiento de Nietzsche por Lou, en el verano de 1882, pudo significar para su vida y su obra, máxime tratándose de un hombre que siempre se supo y se manifestó: "humano, demasiado humano" y sabiendo que fue a ella, la única, a quien quiso regalar y con quien compartió y discutió su pensamiento del "eterno retorno" y su "filosofía del futuro":
"Decidí en Orta darle a conocer a usted, la primera, toda mi filosofía. ¡Ah! no tiene idea de que decisión fue aquella: creía que no se podía hacer mayor regalo a alguien".
"[...]
Estuve inclinado a considerarla como la visión y aparición de un ideal sobre la tierra. ¿Lo notó? veo muy mal" (15).

En esas averiguaciones descubrí una serie de datos, sucesos y elementos de las vidas y de los escritos de Nietzsche y Lou que se conectaban, se correspondían y se relacionaban, para converger, trasponerse y culminar, de forma primordial, proteica y necesaria, en la escritura de Así habló Zaratustra (16), así como de Ecce homo y otras de sus obras.
Esto me llevó a concluir que, de no haber sido por ese enamoramiento, toda esta historia sí hubiera resultado ser un chisme, frívolo, pueril e irrelevante en la vida y para la obra de Nietzsche.
O que pudo haber sucedido cualquier otra cosa, como lo sugiere su biógrafo Curt Paul Janz:
"Un éxito en la relación amorosa con Lou hubiera significado para Nietzsche la última oportunidad para volver a encontrar el camino hacia las personas; como le fue negado, ello lo volvió a encerrar definitivamente ya en su desesperanzada y amarga soledad" (17).

O no haber sido, si se lo interpreta con una mujer filósofa: María Zambrano. Ella que creía en el poder "aquietador" del amor doméstico y en que la mujer es "estrella fija", "creadora de orden", para la vida del hombre, en contraposición al "furor" profético del enamoramiento:
"(...) Nietzsche destruyó su vida al no haber podido alcanzar forma: Dionisios perdido en el mundo occidental que no supo, como la antigua Grecia, desnudarle, poner de manifiesto su figura.
Esto aclara el gesto oscuro del destino, poniendo frente a Nietzsche, en sus treinta y ocho años de varón que ya no puede seguir esperando, una mujer. Una mujer, única fuerza capaz de encantar su espíritu y encerrarlo en los límites de la forma. Nietzsche, ímpetu sin fin de vida, necesitaba de la gracia luminosa que detuviera su desesperada carrera, que encantara su ambición demoníaca, que hiciera al fin descansar al judío errante. Mas, es entonces ella, Lou Andreas Salomé, la que no puede detenerse. ¡Tremendo destino es para una mujer no poder detenerse, no aceptar a elevar su feminidad a norma luminosa, aquietadora y alentadora de la vida de un hombre!
Pero entonces, al no poder detenerse, debió alejarse. Quizás sólo el amor lejano, no gozado, inasequible, sea el único que sabe.
(...)
(Lou) Pasó tangente a la vida de Nietzsche, como estrella errante en la noche de aquel agosto, preludio de un otoño inexorable, la que pudo ser, con sólo lejanía, la estrella fija de su vivir. Si es algo la mujer en la vida de un hombre como Nietzsche -quizás, de todo hombre- es creadora de orden. Ordenar graciosamente la barbarie de los instintos, la selva del sentimiento, la contradicción de los anhelos, fue la misión que declinó Lou Andreas Salomé frente al Dionisios germánico. Sin generosidad para penetrar en el círculo de su vida, y sin vocación para colocarse de un salto arriba, alta, quieta, lejana" (18).
Por ello y por trágica fortuna, es necesario agradecer al dios del enamoramiento, porque de lo contrario ni Zaratustra ni lo que le siguió, hubieran existido tal y como son.
Así habló Zaratustra es esa obra "a imagen y semejanza" de lo que era Nietzsche al momento de su enamoramiento: un hombre, un "ser en verdad mejor que los hombres ordinarios", según la definición de Giordano Bruno para el "furioso heroico" (19).
Los enamoramientos y renacimientos de Nietzsche son una y la misma cosa: supremos, cósmicos y cataclísmicos y, su enamoramiento por Lou, fue la aurora que anuncia a Zaratustra.
Quien de verdad haya leído Así habló Zaratustra, debió sentir que en ese poema, junto con los asuntos filosóficos, también subsiste un trágico lamento enamorado que brota en el canto de las fuentes romanas y el que no soy el único en conectar con el enamoramiento de Nietzsche por Lou:
"Es de noche: ahora hablan más fuerte todos los surtidores. Y también mi alma es un surtidor.
Es de noche: ahora se despiertan todas las canciones de los amantes. Y también mi alma es la canción de un amante" (Así habló Zaratustra, II, La canción de la noche).

Lo que después, al explicar Así habló Zaratustra en Ecce Homo, es ya un enigma:
"Nada igual se ha compuesto nunca, ni sentido nunca, ni sufrido nunca: así sufre un dios, un Dionisios. La respuesta a este ditirambo del aislamiento solar en la luz sería Ariadna... ¡Quién sabe, excepto yo, qué es Ariadna! De todos estos enigmas nadie tuvo hasta ahora la solución, dudo que alguien viera siquiera aquí nunca enigmas. - Zaratustra define en una ocasión su tarea –es también la mía con tal rigor que no podemos equivocarnos sobre el sentido: dice sí hasta llegar a la justificación, hasta llegar incluso a la redención de todo lo pasado" (Ecce Homo, Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie, 7-8.).

Nietzsche intuyó con clarividencia y certidumbre que el enamoramiento era un proceso natural de transformación, de resurrección: "la redención de todo lo pasado". Eso es lo que con hermetismo desvela en Así habló Zaratustra.
El enamoramiento a Nietzsche se le reveló al contemplar a Lou, tal y como se revela todo enamoramiento, en una hierofanía (20), en un destello cósmico:
"¿De qué estrellas venimos y hemos caído para encontrarnos aquí?" (Lou Andreas Salomé, Mirada retrospectiva, D. pp.76-77).

Destello del que nace el solar y luminoso Zaratustra del aforismo 342 de la Gaya ciencia y el que, como todo evento cósmico, es momento de destrucción y construcción. Así dice Zaratustra:
"¡Bendíceme, pues, ojo impasible, capaz de contemplar sin envidia incluso una felicidad excesiva! ¡Bendice esta copa ansiosa de desbordarse y de derramar su dorada agua para que lleve por doquier el reflejo de tus delicias! ¡Mira esta copa que anhela volver a vaciarse; mira a Zaratustra, que quiere volver a ser hombre!". (Gaya ciencia, aforismo 342).

De ese instante en adelante, el enamoramiento de Nietzsche debe explorarse y descubrirse en sus palabras herméticas, esas con las que se cuenta, se conecta y se ahonda en lo oculto de una historia contada, pero no desvelada. Su "confesión".
Nietzsche emplea, entre otras, la expresión blando césped y su trasposición como verde prado, para referirse a los ambiguos y herméticos aspectos de su enamoramiento. Siguiendo las claves, será ese verde prado el escenario sagrado en el que el héroe agonizará lo erótico, lo heroico, lo trágico y lo cómico, de su enamoramiento.
Esa expresión es utilizada en los discursos de Así habló Zaratustra: De las cátedras de la virtud, I; La canción del baile, II; De los apóstatas, III; y La otra canción del baile, III. Que citaré a continuación con la respectiva conexión a cada uno de los aspectos que ya atribuí al enamoramiento.
En el desasosiego, previo al estallido del enamoramiento, el futuro enamorado busca un verde prado:
"Un atardecer caminaba Zaratustra con sus discípulos por el bosque; y estando buscando una fuente he aquí que llegó a un verde prado a quien árboles y malezas silenciosamente rodeaban: en él bailaban, unas con otras, unas muchachas" (Z, II, La canción del baile).

La primera vez y ya en la plenitud de su enamoramiento por Lou, ese verde prado es erótico en el último aforismo de la Gaya ciencia:
"¿No estamos en medio de una esplendorosa mañana y sobre un verde prado y tierno que invita a bailar sobre él? ¿Hubo alguna vez un momento más favorable para estar alegres? ¿Quién nos cantará una canción tan soleada, liviana y delicada que no espante a las cigarras, sino que las invite a cantar y a bailar con nosotros?" (Gaya ciencia, aforismo 383).

Ya, en De las cátedras de la virtud, traspuesto en sagrado, ese verde prado se corresponde con el islote de San Giulio y Monte Sacro (21) -o, ¿"montaña de Venus"?-. Aquel primer paseo a solas en el que Lou no recuerda si se besaron. Es indudable que si se besaron. Esa es la conexión romántica. Ese beso debió tener el "poder mágico" de los besos de los habitantes de "la montaña de Venus" que enajenan a quienes ellos besan, tal lo ocurrido a Nietzsche (22).
Verde prado sagrado que también se conecta y corresponde con aquellos "crepúsculos" de los días sagrados, heroicos y felices del "idilio de Tautenburg" y de El libro del nido de Stibbe (23):
"Para mí el mejor pastor será siempre aquel que lleva sus ovejas al prado más verde esto se aviene con el buen dormir" (Z, I, De las cátedras de la virtud).

Luego, de verde prado sagrado, se traspone en trágico:
"Ay, ¿ya está marchito y gris todo lo que hace un momento estaba aún verde y multicolor en este prado? ¡Y cuánta miel de esperanza he extraído yo de ahí para llevarla a mis colmenas!" (Z, III, De los apóstatas, 1).

Es trágico porque ese es el verde prado de mieles y colmenas que va a corresponderse con la pradera intacta, el prado virgen y la abeja primaveral del trágico enamoramiento de Fedra por Hipólito:
"HIPÓLITO: - A ti, oh diosa, te traigo, después de haberla adornado, esta corona trenzada con flores de una pradera intacta, en la cual ni el pastor tiene por digno apacentar sus rebaños, ni nunca penetró el hierro; sólo la abeja primaveral recorre este prado virgen. La diosa del Pudor lo cultiva con rocío de los ríos" (Eurípides , Hipólito, v. 75 y 76) (24) .

Hipólito, hijastro de Fedra, enajenado de Artemisa, es extraño a los asuntos de Amor y Eros. Fedra, enamorada y rechazada, lo acusa de intentar violarla. Hipólito es castigado con la muerte y Fedra, arrepentida y para recuperar el honor real, se quita la vida.
Y del motivo trágico, al motivo cómico y erótico, el cuerpo y la sexualidad domesticados: la llanura y el verde prado y el poleo de la beocia en Lisístrata de Aristófanes (v. 87 y 88):
"LISÍSTRATA. Sí, por Zeus, muy de Beocia: ¡menuda llanura tiene!
CLEONICE. Sí, por Zeus, y se ha depilado muy elegantemente el poleo".

Beocia se conocía como una llanura de gran fertilidad. Se utiliza aquí edíon con un doble significado de «llanura» y del «sexo de la mujer». Y, también, el "prado"(tò pedíon) es la parte externa del sexo femenino.
El poleo, entendido como mala hierba en la llanura, alude al vello púbico de la beocia. El "poleo" (blēchō) también alude al monte de Venus; la depilación del pubis era común entre las atenienses de la época.
En escena, dioses, Eros, héroe, tragedia y comedia. Nietzsche dijo, con frase de Lou que en aquella comunidad que integrarían, junto con Paul Rée, ellos estarían:
"Más allá del bien y del mal hemos encontrado nuestro islote y nuestro verde prado - ¡nosotros dos solos! ¡Ya por ello tenemos que ser buenos el uno para el otro!" (Z, III, p. 316).

En ese verde prado se presiente, además de la desnuda beocia de Aristófanes en Lisístrata, a aquella otra beocia: Corina, la poeta (25):
"Y nos miramos uno a otro y contemplamos el verde prado, sobre el cual empezaba a correr el fresco atardecer, y lloramos juntos. - Entonces, sin embargo, me fue la vida más querida que lo que nunca me lo ha sido toda mi sabiduría" (Z, III, p. 317).

Así como he conectado ese verde prado con el trágico Hipólito de Eurípides y así como otros estudiosos lo han referido a muchas otras fuentes, sagradas y profanas, me parece necesaria esta conexión erótico-cómica con Lisístrata de Aristófanes, porque, en algunos de los ambiguos contextos en los cuales Nietzsche emplea la expresión verde prado, estas se prestan para ser entendidas como las específicas referencias sexualizadas y de domesticidad sexual que, igual que Aristófanes, Nietzsche hace, unas veces con emoción erótica y otras con ironía burlesca y satírica, lo cual se corresponde, como anillo al dedo, con el contexto de los estados anímicos de gozo e ira que le provocan el enamoramiento y el posterior rompimiento con Lou.
Y, por supuesto, como cualquier enamorado rechazado, Nietzsche, irónicamente, desahoga su despecho con el misógino Eurípides en Aristófanes:
"EL CORIFEO. No hay poeta más sabio que Eurípides, pues ninguna criatura es tan desvergonzada como las mujeres" (Lisístrata, v. 369).

Que Zaratustra asume:
«¿Vas con mujeres? ¡No olvides el látigo!» (Z., I, De viejecillas y de jovencillas) .

Años después, en la desazón y el olvido: lo trágico y lo cómico del enamoramiento, Nietzsche satirizará con ironía, en Más allá del bien y el mal, a aquellos que buscan en aquel verde prado el poder "aquietador" y el orden del amor doméstico que receta María Zambrano:
Aforismo 44
"A lo que ellos (los filósofos nuevos) querrían aspirar con todas sus fuerzas es a la universal y verde felicidad-prado del rebaño, llena de seguridad, libre de peligro, repleta de bienestar y de facilidad de vivir para todo el mundo" (Más allá del bien y el mal).
Aforismo 206
"(...) el hombre científico tiene laboriosidad, paciencia para ocupar su sitio en la fila, regularidad y mesura en sus capacidades y necesidades, tiene el instinto para reconocer cuáles son sus iguales y qué es lo que sus iguales necesitan, por ejemplo aquella dosis de independencia y de prado verde sin la cual no hay tranquilidad en el trabajo" (Más allá del bien y el mal).

Es el mismo poder "aquietador", cuerpo y sexualidad domesticados, que Nietzsche ya se había prescrito en el aforismo 363 de la Gaya ciencia.
Porque, al igual que para Nietzsche, Aristóteles y todos los filósofos y poetas, el enamoramiento, la verdad y la mujer, continúan siendo un enigma:
"Suponiendo que la verdad sea una mujer -, ¿cómo?, ¿no está justificada la sospecha de que todos los filósofos, en la medida en que han sido dogmáticos, han entendido poco de mujeres?, ¿de que la estremecedora seriedad, la torpe insistencia con que hasta ahora han solido acercarse a la verdad eran medios inhábiles e ineptos para conquistar los favores precisamente de una hembra? Lo cierto es que la verdad no se ha dejado conquistar..." (Más allá del bien y el mal, Prólogo).

En fin, conocer del enamoramiento es gozo para el Lector Ludi que juega a revelar el indevelable misterio de sus verdes prados.
Ese jugar del que escribió Friedrich Schiller:
"Expresado con toda brevedad, el hombre sólo juega cuando es hombre en el pleno sentido de la palabra, y sólo es enteramente hombre cuando juega" (26).
Porque, cuando "los furores" del enamoramiento encienden la carne, el espíritu es atraído a las alturas.

NOTAS

(1) Iván Rodrigo García Palacios, Sin la lectura... ¿Quién soy yo?:
http://alegrialectura.blogspot.com/
(2) Ver: marinni.livejournal.com/435140.html
El tema de Aristóteles sometido y cabalgado por la hetaira ateniense Herpyllis, fue motivo para un buen número de artistas de la Alta Edad Media y la temprana modernidad, entre ellos Hans Baldung Grien, Lucas van Leyden, Alberto Durero, Lucas Cranach El viejo (1472-1553), Jan de Beer (1450-1536), Hans Burgkmair El viejo (1519), Hans Holbein El joven (1522), Hans Brosamer (1520-1551), Wenzel von Olmütz (1485-1500).
También existe una versión de ese motivo realizada por Oskar Kokoschka en 1913 y titulada Aristóteles y Herpyllis.
(3) Peter Sloterdijk, Critica de la razón cínica, Siruela, 2003, ps. 380 a 382.
(4) Iván Rodrigo García Palacios, Lector Ludi: http://lectorludi.blogspot.com
Iván Rodrigo García Palacios, Ensayos de un lector ludi: Nietzsche enamorado:
http://ivanrodrigogarciapalacios.blogspot.com/
---- Iván Rodrigo García Palacios, Zaratustra, mi hijo:
http://nietzsche-louandreas.blogspot.com/
(5) Iván Rodrigo García, El enamoramiento:
http://enamoramientoyevolucion.blogspot.com/
(6) Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobilogía de la emoción y los sentimientos, Crítica, Drakontos, Barcelona, 2009, p. 34.
(7) Ernst Cassirer, Rouseau, Kant, Goethe. Filosofía y cultura en la Europa del Siglo de las Luces. Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2007, p. 178.
(8) Hans-Georg Gadamer, Poema y diálogo. Ensayos sobre los poetas alemanes más significativos del siglo XX, Gedisa, Barcelona, 1993, p. 41.
(9) Rúdiger Safranski, Romanticismo, Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, 2009, p. 104.
(10) Rüdiger Safranski, Un maestro de Alemania. Martín Heidegger y su tiempo, Tusquets, Barcelona, 1997, pp. 170 y 174.
Ver también:
-- Elzbieta Ettinger, Hannah Arendt y Martín Heidegger, Tusquets, Barcelona, 1996.
-- Alois Prinz, La filosofía como profesión o el amor al mundo. La vida de Hannah Arendt, Herder. Barcelona, 2001.
(11) Marcel Reich-Ranicki, Siete precursores. Escritores del siglo XX, Thomas Mann..., Galaxia Guttenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, p. 102.
(12) Los biógrafos han sido prolijos en sus informaciones sobre estos y otros enamoramientos de Nietzsche, aunque cautos al momento de atribuirles los profundos efectos que ellos tuvieron sobre su existencia, su pensamiento y su obra, contraviniendo la propia recomendación de Nietzsche al considerar la vida y la obra del filósofo.
Nietzsche así se lo escribió a Lou Andreas Salomé, en su carta de Leipzig, posiblemente, el 16 de septiembre 1882, meses antes de escribir Así habló Zaratustra:
"Mi querida Lou: su idea de reducir los sistemas filosóficos a los actos personales de sus autores es precisamente una idea de su "cerebro hermano" (otros traducen: "alma gemela"). En este sentido yo mismo enseñé historia de la filosofía antigua en Basilea y me agradaba decir a mis oyentes "este sistema está refutado y muerto pero la persona que se esconde tras él es irrefutable, a la persona no es posible matarla" - por ejemplo Platón" (D, p. 163) (1).
Y volvió a reafirmarlo después de escribir Así habló Zaratustra, en Más allá del bien y el mal:
"Poco a poco me he dado cuenta de lo que ha sido hasta el presente toda gran filosofía: una confesión de su autor, y una especie de memorias involuntarias y desapercibidas" (Más allá del bien y el mal, Sección primera. De los prejuicios de los filósofos).
(13) Iván Rodrigo García, El enamoramiento:
http://enamoramientoyevolucion.blogspot.com/
(14) Carlos Rincón, García Márquez, Hawthorne, Shakespeare, De la Vega & Co. Unltd., Serie La Granada Entreabierta, 86, Instituto Caro y Cuervo, Santa Fe de Bogotá, 1999, pp. 66-67.
(15) Friedrich Nietzsche, Lou van Salome, Paul Rée, Documentos de un encuentro, Laertes, Barcelona, 1982, p. 185-186.
Todas las citas a la correspondencia y notas de Nietzsche y Lou Andreas-Salomé, han sido tomadas de: Friedrich Nietzsche, Lou Andreas-Salomé, Paul Rée, Documentos de un encuentro, y se identifican con (D y número de página) en el texto.
Algunas de las cartas de Nietzsche a Lou y Rée, fueron destruidas por ellos y las que Lou envió a Nietzsche, fueron destruidas por su hermana Elizabeth. Las únicas que se conservan son estas copias del archivo personal de Lou.
(16) La primera parte entre el 1 y el 10 de febrero de 1883. Otras dos partes del poema fueron escritas, la segunda, en Sils-María, entre el 26 de junio y el 6 de julio de 1883. Y, la tercera, entre el 8 y el 20 enero de 1884, en Niza.
Aun cuando las tres partes fueron publicadas por separado, se considera el año de 1884 como el de la conclusión y publicación. Una cuarta y última parte fue escrita en 1885, como primera parte de una nueva obra de tres partes, titulada Melodía y eternidad, cuyas otras dos partes nunca escribió.
Podría ser coincidencia que la escritura de la segunda y la tercera parte de Así habló Zaratustra se correspondiera con la campaña de venganza que contra Lou y Paul Rée desataron Nietzsche y su hermana. La escritura de la cuarta parte se corresponde con la lectura de Nietzsche al primer libro de Lou, la semi-novela, En la lucha por Dios, publicado en 1884.
(17) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche. 3. Los diez años del filósofo errante (Primavera de 1879 hasta diciembre de 1888), Alianza, Madrid, 1985, p. 120.
(18) María Zambrano, Hacia un saber sobre el alma, Alianza, Madrid, 1987, pp. 157-158.
(19) Giordano Bruno, Los heroicos furores, Tecnos, Madrid, 1987, pp. 56-57.
"TANSILLO: Se suponen, y de hecho existen, varias especies de furores, todas las cuales se reducen a dos géneros: los unos manifiestan únicamente ceguera, estupidez e ímpetu irracional, tendiendo a la insensatez ferina; consisten los otros en cierta divina abstracción por la cual algunos alcanzan a ser en verdad mejores que los hombres ordinarios. Y estos son a su vez de dos especies, pues ciertos individuos, al haberse convertido en habitáculo de dioses o espíritus divinos, dicen y obran cosas admirables de las que ni ellos mismos ni otros entienden la razón (...). Otros, por estar avezados o ser más capaces para la contemplación y por estar naturalmente dotados de un espíritu lúcido e intelectivo, a partir de un estímulo interno y del natural fervor suscitado por el amor a la divinidad, a la justicia, a la verdad, a la gloria, agudizan los sentidos por medio del fuego del deseo y el hálito de la intención y, con el aliento de la cogitativa facultad, encienden la luz racional, con la cual ven más allá de lo ordinario; y estos no vienen al fin a hablar y obrar como receptáculos e instrumentos, sino como principales artífices y eficientes".
(20) Mircea Eliade, El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, Fondo de Cultura Económica, México, 1986.
(21) La versión, más amplia y detallada de los eventos que rodean "El secreto de Monte Sacro", la ofrece el esposo de Lou, H. F. Peters, en la biografía titulada: Mi hermana, mi esposa, la vida de Lou Andreas-Salomé, Plaza & Janés, Barcelona, 1980, pp. 94, 95, 96.
(22) Aquí, indudablemente, se conectan y corresponden los mitos de los primitivos románticos: Ludwig Tieck, Tannhäuser y, con posterioridad, de Wagner, Tannhäuser, Nibelungos, como puede abducirse de lo que escribe Rüdiger Safranski, Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, Barcelona, 2009, p. 94:
"El relato de Tieck sobre los atractivos de la montaña de Venus se convirtió en una cantera para posteriores elaboraciones, sobre todo la de Wagner. Pero ante todo, Tieck ha continuado un motivo presente en El rubio Eckbert, a saber, la experiencia de que hay secretos que es mejor dejar "perdidos en la noche". En Tannhäuser el secreto se refiere al embrujo peligroso cuando se unen el arte y el erotismo. Hay instantes extáticos a los que no se sobrevive porque después la vida cotidiana se hace ya insoportable. A este respecto Nietzsche usará la expresión "cumbres de arrobamiento". Tannhäuser, según la redacción de Tieck, intenta contar este asunto a su amigo Friedrich. Hace una pausa y besa al amigo. A la mañana siguiente su mujer está muerta y Tannhäuser ha desaparecido. Pero aquel beso ha dejado a Friedrich fuera de sí:
"Corrió a escapar con incomprensible prisa, para buscar la montaña mágica y a Tannhäuser, y desde entonces no lo volvieron a ver. La gente decía que quien recibe un beso de alguien de la montaña es presa de una atracción irresistible, que con poder mágico lo arrastra los abismos subterráneos".
(23) Friedrich Nietzsche, Lou van Salome, Paul Rée, Documentos de un encuentro..., pp. 130 y 298.
(24) Eurípides, Hipólito, Gredos, Madird, 1991, v. 75 y 76, p. 328.
(25) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche. 2. Los diez años de Basilea, (1869-1879), Alianza, Madrid, 1981, p. 98 a 100:
"En el fragmento sobre Empédocles, Nietzsche, cita muy especialmente las leyendas sobre la autodivinización de Empédocles y su muerte en el Etna, leyendas que ya el tiempo ilustrado de Diógenes Laercio narra sólo como curiosidad. Separándose completamente de la tradición y yendo mucho más allá de los límites de la elaboración del tema, tal como se encuentra en el fragmento de Hölderlin (en relación a cuyo Empédocles, extrañamente, no puede encontrarse referencia alguna), da por compañera a su Empédocles, junto a su amado Pausanias, que también le reconocen Diógenes Laercio y Hölderlin, a una tal "Corina". Existe una Corina histórica, fue una poetisa beocia que vino a Tesalia y según la leyenda habría sido maestra de Píndaro y le habría vencido en una competición poética. En cualquier caso se trataba de una mujer altamente intelectual.
Y con ello comienza la simbólica personal que habría de acompañar a Nietzsche toda la vida, incluso hasta en la locura. Empédocles se convierte más tarde en Dionisos, Corina en Ariadna. Empédocles es un disfraz de sí mismo, y bajo Corina / Ariadna habría que suponer ya ahora, en el otoño de 1870, a Cósima".
(26) Friedrich Schiller, Cartas sobre la educación estética del hombre, carta decimoquinta. Citado por Rüdiger Safranski, El Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, Barcelona, 2009, p. 42.
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