16 de enero de 2006

CUADERNO DE CITAS-6

Unas cuantas citas sobre la importancia
del "mundus imaginalis"


Por Iván Rodrigo García Palacios

Para aquellos que se han interesado en el tema sobre la importancia de los sueños en la salud mental, física y espiritual, he aquí algunas citas que les darán algunas razones para pensarlo mejor, igualmente, para demostrar su importancia, y lo que es más sorprendente, el papel que juegan en ese asunto tan superlativizado en nuestra cultura racional como es aquello del desarrollo intelectual, mejor dicho, lo que la filosofía positiva denomina Ser y Conocer.

Con esta insistencia quiero, además, manifestar los asombros que este juego me han deparado y continuar pensando en voz alta sobre un asunto al que sólo ahora le he dedicado algo más que el tiempo de la curiosidad y el deleite.

Las citas la he tomado del libro de Henry Corbin, Cuerpo espiritual y tierra celeste, Ediciones Siruela, Madrid, 1996 (345 p.). Para los interesados, el autor es un estudioso francés de la filosofía y la mística persa, que se hizo famoso en los célebres Círculos de Estudio Eranos, en la primera mitad del siglo XX y de sus conferencias, así como de las de Mircea Eliade, fue más de una la "inspiración" que tomó, sin apenas mencionarlos, C. G. Jung, para tratar de demostrar su "inconsciente colectivo". En fin, a los interesados les ofrezco mayor información cuando lo deseen.

Llamo la atención sobre la tercera cita que muestra las diferencias de los filósofos al enfrentar estos asuntos y como al hablar de un cierto tipo de filósofos, pareciera que estuvieran hablando de Fernando González (para que vean que estos temas siguen girando alrededor de un mismo punto).

Los dejo con las citas:

PRIMERA CITA

"Hace mucho tiempo que la filosofía occidental, la filosofía "oficial", digamos, arrastrada al campo de las ciencias positivas, no admite más que dos fuentes de Conocimiento. Por un lado, existe la percepción sensible, que aporta los datos llamados empíricos, y por otro lado están los conceptos del entendimiento, el mundo de las leyes que rigen estos datos empíricos. Es evidente que la fenomenología ha modificado y superado esta gnoseología simplificadora. Pero también es cierto que, entre las percepciones sensibles y las intuiciones o las categorías del intelecto quedaba un vacío. Se dejó a los poetas lo que hubiera podido situarse entre unas y otras, y que por otra parte ocupaba ya este lugar intermedio, es decir, la Imaginación activa". (p. 20)

SEGUNDA CITA

"En cuanto a la función del "mundus imaginalis" y de las Formas "imaginales", ésta se define por su situación mediana y mediadora entre el mundo intelegible y el mundo sensible. Por una parte, inmaterializa las Formas sensible, y por otra parte "imaginaliza" las Formas intangibles a las que otorga figura y dimensión. El mundo imaginal se corresponde por un lado con las Formas sensibles y por otro lado con las Formas inteligibles. Esta situación mediana es la que impone de entrada al poder imaginativo una disciplina inconocible allí donde se la ha degradado a simple "fantasía", que produce sólo lo imaginario, lo irreal, y es capaz de todos los excesos. Ésta es también la diferencia que ha comprendió y señaló perfectamente Paracelso entre la "Imaginatio vera" (la verdadera Imaginación, la Imaginación en su verdadero sentido) y la "Phantasey".

Para que la primera no degenere en la segunda, es necesaria precisamente esta disciplina, que sigue siendo inconcebible si el poder imaginativo, la Imaginación activa, se aleja del esquema del SER y del CONOCER. Esta disciplina no podría ocuparse de una Imaginación reducida al papel de "loca de la casa", pues es inherente a una facultad mediana y mediadora cuya ambigüedad consiste en que puede ponerse al servicio de lo estimativo, es decir, de las percepciones y de los juicios empíricos o bien, por el contrario, ponerse al servicio de este intelecto cuyo supremo grado nuestros filósofos (se refiere a los filósofos persas) denominan "intellectus sanctus", iluminado por la Inteligencia agente que es el Ángel Espíritu-Santo. La importancia del papel de la Imaginación la señalan estos filósofos cuando dicen que pueden ser "el Árbol bendito" o "el Árbol maldito" del que nos habla el Corán, lo que quiere decir Ángel en potencia o Demonio en potencia. Lo "imaginario" puede ser inofensivo; lo "imaginal" nunca lo es". (ps. 22 y 23)

TERCERA CITA

"La pérdida de la "Imaginatio vera" y del "mundus imaginalis" trae el nihilismo y el agnosticismo. Por eso hace algunas líneas decíamos que es conveniente olvidar aquí todo lo que los aristotélicos y filósofos de la misma tendencia hayan podido decir acerca de la Imaginación, al considerarla una facultad corporal. Eso mismo es lo que hace patéticos los esfuerzos de algunos filósofos judíos e islámicos cuando intentan construir una teoría filosófica de la profecía. La verdad es que no se aclaran porque o bien se asimila al profeta con el filósofo o bien el filósofo no sabe qué hacer con la profecía. Por el contrario, aquellos de nuestros filósofos que están convencidos de que también el elevado conocimiento de sus predecesores, considerando tanto a los antiguos Sabios griegos como a los Sabios de la antigua Persia, procede del Nicho-de-la-luz de la profecía, éstos llevan a cabo dicha síntesis con toda facilidad. En ese caso el filósofo y el profeta se funden en una misma vocación.

El profeta no es un adivino del futuro, sino el portavoz de lo invisible y de los Invisibles, y eso es lo que da sentido a una "filosofía profética". La filosofía profética es entonces una "filosofía narrativa", liberada del dilema obsesivo de quienes se preguntan: ¿es mito o es historia? Dicho de otro modo: ¿es real o irreal? ¿Es ficción o realidad? La filosofía profética supone la liberación de este falso dilema. Los acontecimientos que describe no son mito ni historia en el sentido más vulgar de la palabra. Es la historia del "Malakût", lo que nosotros denominaremos "historia imaginal", igual que los países y los lugares de esta historia crean una "geografía imaginal", la de la "Tierra celeste". (ps. 24 y 25)

Y un asunto lleva al otro, y así sucesivamente...

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