31 de diciembre de 2005

LECTOR LUDI-10

Las obras literarias como iniciación
para futuros científicos


La primera gran obra de la literatura occidental en la que la ciencia actúa como motivo central: De la naturaleza (De rerum Natura), de Lucrecio

Por qué la lectura de obras literarias no significa peligro alguno y, por el contrario, es el mejor camino hacia la iniciación de una vocación en el conocimiento científico.

Por Iván Rodrigo García Palacios

Las buenas obras literarias son, además de trascendentales logros estéticos, depósitos y fuentes de conocimiento y sabiduría. Toda buena obra literaria, en la medida que crea o cumple un ideal estético, es, también, la que explora y desvela los misterios y realidades de la existencia humana, generando y conservando un conocimiento que se pone al servicio de la humanidad.

Si bien, en todas las buenas obras literarias se encuentran conocimientos sobre los misterios y realidades de la existencia humana, en algunas de ellas los motivos y temas sobre el conocimiento científico y las ciencias puramente dichas, es más evidente y primordial.

Para algunos investigadores, por ejemplo, las grandes obras literarias desde la antigüedad, son fuente fundamental y casi única para el conocimiento filosófico, antropológico, político, social, histórico, en fin, de los seres humanos y comunidades en las cuales se crearon. Las homéricas Iliada y Odisea, hablan más allá de la belleza de sus versos, de los griegos primitivos del siglo VIII a. C., cuando los dioses regían el destino de los hombres. Las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides o las comedias de Aristófanes, permiten conocer de los griegos de los siglos V y IV a. C., cuando reivindican la inteligencia y la razón como determinantes de su presente y su futuro. La Eneida, de Virgilio, expone las virtudes de los romanos en el nacimiento del imperio augusto. La Divina comedia, de Dante y el Decamerón, de Boccaccio, son magníficas visiones sobre los hombres y sociedades prerenacentistas italianas y el nacimiento de Europa. Por supuesto, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Cervantes, desnuda el alma española en lucha entre la ilusión sobrenatural y la razón. La lista se haría inmensa, pero no podrían faltar Gargantúa y Pantagruel, de Rabelais y la naciente Francia; Shakespeare y sus tragedias que se anticipan a toda sicología; Balzac, Stendhal y Flaubert, que profundizan sobre los franceses posrevolucionarios; Melville, Hawthorne y Poe, y la formación de los Estados Unidos. En fin, Thomas Mann, James Joyce, Franz Kafka, William Faulkner, y tantos otros que en el siglo XX se aventuraron por las angustiosas tinieblas interiores y exteriores de las gentes que enfrentaban un mundo que se hacía rápidamente más complejo y trágico, precisamente, por el violento impacto de la ciencia y la tecnología.

Esta brevísima lista por la literatura universal y los aportes que allí se hace al conocimiento del hombre y el desarrollo de su inteligencia y las ciencias, sirve de introducción para comentar sobre algunas obras literarias en las que la ciencia y la tecnología son el motivo central de la narrativa, así como otras en las que las ciencias figuran como elemento importante.

Pero, antes, es necesario hacer una exclusión. No tendré en cuenta la literatura de ciencia ficción, que si bien, ha tenido y tiene excelentes escritores y obras, de hecho ya es lugar común que los motivos y materias de su narrativa están estrechamente ligados con las ciencias y la anticipación de sus futuras manifestaciones. Entre los mejores: Julio Verne, H. G. Wells, Karel Capek (el primero en utilizar la palabra robot con el significado que hoy se le da), Arthur C. Clarke, Stanislaw Lem, Philip K. Dick y, finalmente, el más popular pero escritor menor, Isaac Asimov.

LA CIENCIA COMO MATERIA LITERARIA
Ahora sí, un viaje rápido por algunas de las obras y autores de la literatura universal en las que las ciencias juegan papel importante. Desde los orígenes mismos de la literatura, oral y escrita, los cuentos, relatos, poemas y otras formas literarias, ya incluían y hasta describían materias científicas y tecnológicas, pero no eran su motivo central. Tal el caso de los cuentos egipcios La historia del náufrago, La historia de Sinué, de dos mil años antes de nuestra era, y El cuento de los dos hermanos, de mil trescientos años antes de nuestra era, en los que se describen procedimientos para embalsamar cadáveres, movimientos astronómicos, el control de las inundaciones del Nilo, técnicas de construcción, entre otras. Así mismo, antes del surgimiento de la cultura occidental en Grecia y Roma, se sabe que en muchos relatos son temas frecuentes el manejo del fuego, la trasformación de la materia, el trabajo de forjadores y herreros, la manipulación de la vida y la muerte por la medicina primitiva, la construcción de grandes obras de ingeniería.

Sin embargo, no es hasta el nacimiento de la literatura griega y romana, cuando la inclusión de temas científicos y tecnológicos se convierten en motivos importantes para la trama, como la construcción del caballo en la Iliada y la descripción de algunos artificios, también, en la Odisea.

Pero, es el motivo bíblico de la creación de un hombre a partir de materiales de la naturaleza, el más asombroso y común de la literatura occidental y que, si se mira con imaginación, anticipa los avances a los que ya ha llegado la ingeniería genética y la robótica. Aparece en la Iliada y, luego, en la Metamorfosis, de Ovidio, convirtiéndose en motivo importante de la literatura posterior y, desde la Edad Media, inspira una serie de criaturas mecánicas a las que se les quiere infundir vida, hasta el romanticismo, cuando Frankenstein, o el moderno Prometeo, de la inglesa Mary W. Shelley (1797-1851), la más conocida y popular de las novelas sobre el tema, narra la creación de una criatura construida con partes de cadáveres a la que, por medio de procedimientos físicos y químicos, se le infunde vida y, como dice el propio creador de la criatura, el doctor Víctor Frankenstein: “Tres jornadas enteras de inimaginable trabajo, había logrado, al precio de una fatiga insoportable, penetrar en los secretos de la generación y de la vida. ¡Qué digo! ¡Mucho más todavía! Era ya posible para mí dar vida a una materia inerte”. Y, ya en el siglo XX, el judío austriaco Gustav Meyrink (Viena 1868-1932), escribe en 1915 la novela El Golem, y algunas otras, por las que los lectores podrán indagar por su propia cuenta.

DE RERUM NATURA
Si bien, en Grecia y Roma fueron notables los tratados científicos y sobre las ciencias de la naturaleza, las matemáticas y la lógica, es sólo hasta finales del siglo I antes de nuestra era que aparece la primera gran obra literaria cuyo motivo y materia total son las ciencias: De la naturaleza (De rerum Natura), del romano Lucrecio (aproximadamente 94 a.C.-51 a. C.). Lo que Lucrecio ofrece en su poema, al lector de hoy, es la exposición crítica de la filosofía y la historia de las ciencias desde Grecia hasta su tiempo, sin perder su calidad poética (* )

(Para los lectores curiosos, al pie de página transcribo lo que dice el filósofo estadounidense-español, George Santayana, en su libro: Tres poetas filósofos, Lucrecio, Dante, Goethe).

Desde el nacimiento de la literatura moderna, la lista de obras con contenido científico sería amplia y variada, así que en una selección rápida, habría que empezar por mencionar:

Gargantúa y Pantagruel, las dos novelas del francés François Rabelais (1494-1553) que, a la vez que narran las aventuras de los dos gigantes, padre e hijo respectivamente, en medio de asombrosos artificios y la inclusión de numerosas digresiones y explicaciones sobre diversas ciencias y tecnologías de su época, cuentan las aventuras que vive y los conocimientos que adquiere Pantagruel cuando va a estudiar en París.

El Coloquio de los perros, Cipión y Berganza, una de las novelas ejemplares del español Miguel de Cervantes (1547-1616), y la que, no es conjetura, sirvió de inspiración a S. Freud en su invento, al deducir como en su trama se trenzan los temas de las brujas, los traumas secretos y la fantasía, básicamente los fundamentos del psicoanálisis. El lector interesado en el asunto podrá leer el libro de Jeffrey Moussaieff Masson, El asalto a la verdad, La renuncia de Freud a la teoría de la seducción (Seix Barral, Barcelona, 1985).

Dando un salto hasta el siglo XVIII, época en que se dio el auge de la novela, es Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán, a quien habría que destacar y en especial por su obra Fausto, que es la culminación de la temática literaria medieval del pacto con el diablo que, desde la antigüedad, casi siempre estuvo asociado con la obtención de infinitos conocimientos y poderes sobre la naturaleza y a los que el Fausto goethiano agrega el amor y la eterna juventud. Más que una obra literaria con contenidos científicos, es una reflexión sobre los peligros que amenazan al hombre al manipular los poderes de la ciencia, tendencia, esta última, en la literatura que toma el conocimiento y la ciencia como motivos centrales.

En el siglo XIX y para hacer un homenaje a la literatura latinoamericana, quiero destacar al escritor brasileño, Joaquim Maria Machado de Assis (1839-1908), y su cuento, El alienista, publicado en 1882, en el que con sarcástico humor, parece que se anticipa, no sólo a las extrañas relaciones de los psicoanalistas modernos con la locura, sino a los estereotipos que en siglo XX representaron los fundadores del psicoanálisis y la infinidad de sectarios que les siguieron como gregarios de un culto secreto y misterioso que finalmente terminó por ser develado.

La novela científica por excelencia en el siglo XX: Un mundo feliz, publicada en 1932 y causante de una gran polémica, del inglés Aldous Huxley (1894-1953), en la que presenta una la visión irónica sobre una civilización altamente desarrollada tecnológicamente y, en la cual, sus individuos han sido genética y sicológicamente programados y reproducidos, para el hedonismo total y la ausencia de sentimientos amorosos o de filiación sentimental con los demás, considerados como las causas de la violencia y el caos que conducen a la destrucción de la humanidad. Irónicamente, los grandes maestros en que se inspira esta civilización son “Nuestro Ford –o nuestro Freud, como, por alguna razón inescrutable, decidió llamarse él mismo cuando hablaba de cuestiones sicológicas”.

DE ARGENTINA Y COLOMBIA
Quizás el personaje más trágico y alucinado por la invención científica de la literatura universal, sea Remo Erdosain. Protagonista en las novelas Los siete locos (1930) y Los lanzallamas (1931), del argentino Roberto Arlt (Buenos Aires, Argentina, abril 2 de 1900-julio 26 de 1942).

La relación entre Arlt, el escritor y Erdosain, el personaje, no es casual, pues Arlt, descendiente, en primera generación, de emigrantes alemanes, llegados ya adultos a la Argentina, fue un inventor fracasado que al momento de su muerte trabajaba en su laboratorio casero en un procedimiento para evitar que las medias de nylón femeninas de aquella época se corrieran al romperse, una especie de mini tragedia para las mujeres, como lo cita Julio Cortázar en su prefacio a las obras completas de Roberto Arlt publicadas por Ediciones Carlos Lohlé en 1981, del cual citaré el aparte dedicado a la obsesión científica de Arlt:

“Por su parte, Remo Erdosain también es un inventor, cuyo sueño inicial es la creación de la rosa de cobre y algunos otros inventos, a cual de ellos más alucinado, pero que termina por convertirse en el inventor de una sociedad secreta cuya revolución pretende destruir la civilización con las armas inventadas por Erdosain, entre ellas con el fosgeno, un gas tóxico, para el cual desarrolla todo su proceso de fabricación.

Pero Erdosain no es un alter ego de Arlt, más bien, se podría decir que es el personaje por medio del cual él actúa su rabia existencial, esa que le calienta la sangre: ver lo que el resto de intelectuales, periodistas y escritores, todos aburguesados, no ven ni quieren ver: el lado oscuro de una Buenos Aires en decadencia en plena época de florecimiento económico, o sería mejor decir, la perdida de la dignidad humana en la emergencia de los nuevos poderes económicos y políticos de la primera mitad del siglo XX en Argentina, y por supuesto, en el resto del mundo”.

En fin, Erdosain es uno de los personajes más asombrosos de la literatura latinoamericana por su belleza, lucidez y tragedia. Un autor que bien vale la pena leer, además, por la enorme influencia que ha tenido sobre la actual literatura argentina, más allá del mismo Borges y el mismo Cortázar.

(Arlt, Roberto, Los siete locos, Los lanzallamas, -Ediciones que conozco: Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1978 (456 p.). Obra completa, Ediciones Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1981, dos tomos. Los siete locos, Los lanzallamas, Edición crítica coordinada por Mario Goloboff, Galaxia Gutemberg-Círculo de Lectores, Madrid, 2000 (875 p.)

Y para cerrar con broche de oro y en Colombia, la novela Cien años de soledad, del colombiano y Premio Nobel, Gabriel García Márquez (1928- ), presenta, con los inventos y procedimientos asombrosos del gitano Melquíades y con los talleres oscuros y polvorientos de José Arcadio y Aureliano Buendía, una historia novelada de las formas cómo ingresaron y se desarrollaron las ciencias y las tecnologías en estos remotos territorios del tercer mundo, más cercanos a la magia que a la ciencia, aislados de la civilización e ignorados por la historia de los grandes imperios occidentales.

En fin, dejo a la curiosidad y gusto de los lectores el continuar la búsqueda de otros autores y títulos, en este juego delicioso que ofrece la literatura como materia de conocimiento e inspiración para ser mejores personas.

UNA CITA PARA PENSAR
Así que paso a transcribir el texto de George Santayana sobre De la naturaleza, de Lucrecio:

(*) “Lucrecio adopta el más radical de todos los sistemas cosmológicos bosquejados por el genio de la antigua Grecia. Considera el universo como un gran edificio, como una gran máquina cuyas partes se hallan todas en acción recíproca, originándose unas de otras de acuerdo con un profundo proceso general de la vida. Su poema describe la naturaleza, esto es, el nacimiento y composición de todas las cosas. Muestra que todas están compuestas de elementos, y que estos elementos, que supone son átomos en perpetuo movimiento, experimentan una redistribución constante, de tal suerte que perecen cosas viejas y surgen otras nuevas. En el seno de esta concepción del universo inserta una concepción de la vida humana como una cosa sometida a las mismas condiciones que rigen para todas las demás. Su materialismo queda complementado mediante una aspiración a la libertad y al sosiego y paz del espíritu. Como nos es permitido contemplar una sola vez el maravilloso espectáculo que se repetirá eternamente, debemos mirar y admirar para morir mañana. Debemos comer, beber y estar contentos, pero con moderación y habilidad, a menos que no queramos morir miserablemente y morir hoy mismo”.

“Se trata de un sistema completo de filosofía: el materialismo en la ciencia natural, el humanismo en la ética. Tal fue la sustancia de toda la filosofía griega anterior a Sócrates, de aquella filosofía que era verdaderamente helénica y correspondía al movimiento que produjo las costumbres griegas, el poder griego, el arte griego, un movimiento que tendía a la simplicidad, a la autonomía y a la moderación en todas las cosas, desde el modo de vestir hasta le religión. Tal es también la sustancia de lo que puede llamarse la filosofía del Renacimiento, la reafirmación de la ciencia y la libertad en el mundo moderno realizada por Bacon, por Spinoza, por toda la corriente contemporánea que estima la ciencia por su examen de los hechos y que concibe como su ideal la felicidad del hombre sobre la tierra. Este sistema es llamado naturalismo. Es el sistema de Lucrecio, su poeta sin igual”.

George Santayana, en su libro: Tres poetas filósofos, Lucrecio, Dante, Goethe, Editorial Tecnos, Madrid, 1995 (164 p.), traducción de José Ferrater Mora.

30 de diciembre de 2005

LECTOR LUDI-9

Por la lectura:
Del infierno de la mediocridad al jardín de las delicias

Por qué los buenos lectores tienen mejores oportunidades en la vida y la literatura es el mejor camino al conocimiento.

Por Iván Rodrigo García Palacios

La lectura puede ser una condena al infierno de dolorosos trabajos forzados y a la mediocridad eterna, o un camino al jardín de las delicias y a las fuentes del conocimiento. En un sentido trágico, ese sería el dilema shakesperiano al que debieran enfrentarse los padres y maestros frente a su responsabilidad de, además de enseñarles la mecánica del leer, infundirles a los niños el don de la buena lectura, con la condición indispensable de que los buenos libros no son malucos ni aburridores ni pesados, ni pérdida de tiempo, si no mal ofrecidos y peor leídos.

CONDENA INFERNAL
A todos aquellos que piensan que la lectura y la literatura son actividades aburridoras y pérdidas de tiempo, les doy la razón, pues ellos mismos son condenados del infierno, en primer lugar por el tradicional prejuicio de que la lectura enajena y crea mentes soñadoras ajenas a la realidad, lo que es completamente falso. Pero, es que ellos no llegaron a esa situación gratuitamente, también fueron víctimas de aquellos infiernos de trabajos forzados en los que, de niños, fueron obligados a leer sin ninguna ayuda o estímulo, al mismo tiempo que fueron amenazados con el terror de los peores castigos: padres que nunca tuvieron el más mínimo tiempo para compartir la lectura de un cuento infantil, o profesores, también ellos pésimos lectores, que mediocremente cumplen su función obligando a los estudiantes a leer los libros estipulados y a presentar la respectiva tarea con la amenaza de sacar una mala nota. Como puede verse, ese es un camino al infierno de los trabajos forzados.
Pero, peores son las consecuencias. Al impedir que los niños desarrollen ese don natural de la curiosidad por los buenos cuentos, de los que la lectura es la puerta ancha y dichosa, lo único que se está logrando es formar personas con serias limitaciones para adquirir conocimientos y desarrollar su propia sabiduría, pues, bien se sabe, por una parte, que de la lectura que se haga de la realidad, depende la supervivencia y, por la otra, gústenos o no, la memoria del conocimiento de la humanidad está escrita, trátese de libros impresos en papel o en cualquiera otro sistema por avanzado que sea: los conocimientos científicos o la historia o los simples cuentos, hay que leerlos.
Así pues que, a los niños que se les ha negado la oportunidad de ser buenos lectores, se les ha condenado, en primer lugar, a leer con dificultad y aburrición, por más esfuerzos que realicen para leer cualquier texto del que necesiten aprender, así sea éste materia de formación o trabajo profesional. Y en segundo lugar, a esos niños se les ha condenado a la peor de penas: ser mediocres, consigo mismos y ante los demás, pues quien carece de las habilidades para conocerse a sí mismo a través de los demás, así como las de saber conocer, aprehender y comprender la memoria de la humanidad, es prisionero de su propia ignorancia y los prejuicios... el peor de los infiernos.

EL JARDÍN DE LAS DELICIAS
En confrontación, si leer es una actividad mecánica que apenas ocupa y usa una mínima parte del cerebro y sólo para actos inmediatos y con mínimas huellas para su utilización futura, la lectura es un don que, a partir del acto mecánico de leer, compromete la totalidad del cerebro y crea un estado mental de infinitas potencialidades y perspectivas para la vida inmediata y futura. (*)
Leer es saber identificar, recordar y repetir, los signos idiomáticos escritos de acuerdo a las reglas del idioma, así como a sus meros significados y apenas establece un pensamiento rutinario y repetitivo.
Ahora, la lectura es el salto al infinito que se sigue después de leer, pues una vez que la mente ha sido estimulada adecuadamente para ver que más allá, en los signos y palabras escritos, existen ideas e imágenes dinámicas, significados y significantes que se disuelven y mezclan para crear unos nuevos, en fin, imaginación y creatividad desatadas y cuyo límite es el universo, se ha alcanzado el don de la lectura, esa que va creando en la mente una visión totalizante del asunto que se lee, trátese de puras matemáticas, ciencias físicas o químicas, sociales, humanidades, o esos deliciosos cuentos en que la literatura explora las tinieblas interiores del corazón humano para hacer que nos conozcamos mejor a nosotros mismos, y como condición indispensable, podamos conocer mejor a los demás.
Ese don de la lectura que utiliza todo el cerebro y toda la mente para asociar y sintetizar los conocimientos por los que se indaga, y que lleva, indisociablemente, a la creación de nuevas ideas, imágenes y, en consecuencia, un nuevo conocimiento, sea este filosófico o científico, pues la lectura es un juego con la mente en la que se desata una reacción en cadena, mucho más poderosa que una reacción en cadena atómica, en la que cerebro y mente actúan en su totalidad para comprender el pasado, estar bien parado en el presente y anticipar el futuro, a partir de la información que se adquiere, como quien dice las condiciones fundamentales de la supervivencia humana y de la definición de lo qué se espera sea la verdadera condición de ser humano.

LITERATURA Y CIENCIA
Podría agregar algunas otras cosas sobre el don y los beneficios de la lectura, pero lo dejo para que cada lector se las imagine. Así que para terminar, quería decir algo para aquellos que piensan que la literatura es una actividad sin consecuencias para el desarrollo en la mente del pensamiento científico y, al mismo tiempo, como estimulante para que los niños y muchachos se orienten por una vocación científica, esto como complemento a la serie de reseñas que he venido escribiendo sobre novelas con temas referidos a la ciencia y a personajes que son científicos, al mismo tiempo que como anticipación a otro texto sobre la literatura y la ciencia que tengo pendiente.
Pues bien, la buena literatura tiene el poder de estimular las emociones de la mente, tanto para querer alcanzar un mayor conocimiento, como para juzgar, a través de los asuntos sobre los que se narra, la naturaleza de las ideologías y las actuaciones de los seres humanos aplicados tanto a la ciencia como a sus demás actividades. Una buena novela, como por ejemplo, Un mundo feliz, de Aldous Huxley, al tiempo que entretiene al lector, le mostrará la ironía que significaría un mundo utópico regido por una ideología progresista de gobierno filosófico y científico de la humanidad, contrastado contra el aparente caos en que las sociedades libres, como las nuestras, viven.
Pero de este asunto hablaremos después.

(*) Para los interesados en el tema de cerebro y mente, sugiero la lectura de libros de divulgación sobre neurociencias, neurobiología, neurolingüística, neuropsicología, etc. Por ejemplo, un título bien informativo: El error de Descartes, de Antonio R. Damasio, Editorial Crítica, Barcelona, 2003 (275 p.), Colección Biblioteca de Bolsillo (el precio es más económico).
LECTOR LUDI-8

A los sesenta años de la bomba atómica
Una lectura para reflexionar sobre la ciencia y sus consecuencias

(Segundo agregado a la lista de obras literarias en las que las ciencias son materia narrativa y posible influjo para desarrollar el gusto por el estudio de disciplinas científicas).

Por Iván Rodrigo García Palacios

Factor detonante
Autores: Arthur C. Clarke y Michael Kube-McDowell

El sueño del hombre por dominar la materia casi llegó a su fatal culminación cuando en los grandes laboratorios se pudieron manipular las partículas del átomo, de lo que resultó el descubrimiento del inmenso poder de la energía atómica, cuyos usos todavía son materia polémica hoy, sesenta años después de haber sido lanzadas las primeras bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, ya que, así como puede ser utilizada para la destrucción, igualmente, puede ser utilizada como ilimitada fuente de energía.
El estudio de la física atómica sigue siendo un campo de infinitas posibilidades, así como su uso en incalculables aplicaciones tanto para beneficio como perjuicio de la vida en el planeta, razón por la cual, la reflexión sobre esos asuntos es materia de vital importancia.
En ese sentido, la novela, Factor detonante, Arthur C. Clarke y Michael Kube-McDowell, sería una interesante lectura para profesores y jóvenes, pues en ella, al mismo tiempo que las ciencias aplicadas al desarrollo de armas, se plantea la posibilidad de desarrollar un método que neutralice todas las armas sin producir daño alguno.

Sin embargo, el logro de tal objetivo, que trae paz a la humanidad y disminuye el nivel de criminalidad, no es sencillo, pues existen intereses creados para evitar que una revolución de esta naturaleza dure para siembre. La industria militar, el crimen organizado, el terrorismo y las ambiciones desbordadas de poder, hace que se trate de impedir que tal estado paradisíaco de paz sea posible. Como quien dice, en el lado oscuro de la humanidad perdura la paranoia y la traición, entre otros condicionamientos biológicos y culturales que dominan el comportamiento humano.

En fin, una novela que al tiempo que revela las tinieblas interiores del corazón humano, también entretendrá de manera apasionada a los lectores.

29 de diciembre de 2005

CUADERNO DE CITAS-2

Citas de Harold Bloom, tomadas de ¿Dónde se encuentra la sabiduría?

Amigos:
Entretenido como ando haciendo algunas de las cosas que siempre "dejé para cuando me jubilara", había descuidado mi CUADERNO DE CITAS. Pues bien, me he encontrado el último libro de Harold Bloom, ¿Dónde se encuentra la sabiduría? (Taurus, Buenos Aires, 2005 (259 p.), en el que, al cabo de la vejez, examina toda su erudición con el fin de buscar la fuente de la sabiduría, y como él es uno de los críticos literarios más famosos de la actualidad, entonces, "genio y figura", ofrece un interesante análisis sobre la literatura sapiencial, que quienes lean el libro, disfrutarán con gran gusto.
Pero, asunto a parte, para mi propio gusto, antes que al Bloom que expresa sus propias reflexiones filosóficas y morales, prefiero al Bloom "magnífico lector" que tiene la extraordinaria habilidad de seleccionar las mejores y deliciosas citas de sus autores preferidos, y de las cuales transcribiré algunas para que ustedes se entretengan pensando sobre esa particular y a veces extraña cualidad humana del saber vivir.
Con un cordial saludo,
Iván Rodrigo

PRIMERA CITA
"Somos grandes locos:
"- Se me ha pasado la vida ocioso, -decimos-; no he hecho nada hoy.
- ¿Cómo? ¿Es que no habéis vivido? Es ésa no sólo la fundamental, sino la más ilustre de vuestras ocupaciones.
- Si me hubiera enfrentado a grandes empresas, habría mostrado lo que sabía hacer.
- ¿Habéis sabido meditar y dirigir vuestra vida? Habéis hecho el trabajo mayor de todos".
Para mostrarse y lucirse, para nada necesita la naturaleza de la fortuna, muéstrase igualmente en todos los niveles, y detrás, como sin telón. Componer nuestra conducta es nuestro oficio, no componer libros, y ganar, no batallas ni provincias, sino el orden y la tranquilidad de nuestro proceder. Nuestra obra de arte grande y gloriosa, es vivir convenientemente. Todas las demás cosas, reinar, atesorar, construir, no son sino apéndices y adminículos como mucho".
"(...) Nada hay tan hermoso y legítimo como actuar bien y debidamente como hombre, ni ciencia tan ardua como saber vivir esta vida bien y naturalmente; y de nuestras enfermedades, la más salvaje es despreciar nuestro ser".

Michel de Monttaigne, Ensayos completos.

SEGUNDA CITA
"La sabiduría de Montaigne, como hemos visto en este mismo capítulo, trata toda ella de cómo deberíamos vivir: el conocimiento de uno mismo lleva a la propia aceptación, a trazarse unas expectativas correctas y a mostrar bondad hacia uno mismo y hacia los demás".
(...)
"La sabiduría se basa en el "conocimiento del corazón".
Harold Bloom, ¿Dónde se encuentra la sabiduría? (ps. 142 y 160)

TERCERA CITA
"Señor, un hombre no está obligado a hacer todo lo que puede"
Respuesta de Samuel Johnson a Boswell que lo interrogaba sobre un libro que no había empezado.

CUARTA CITA
"Si no sabéis morir, no os importe, la naturaleza os informará en el momento mismo, plena y suficientemente; hará exactamente ese trabajo por vos, no os toméis la molestia de cuidaros de ello"

Michel de Monttaigne, Ensayos completos.
LECTOR LUDI-7

Remo Erdosain, el alucinado inventor de Roberto Arlt

(Primer agregado a la lista de obras literarias en las que las ciencias son materia narrativa y posible influjo para desarrollar el gusto por el estudio de disciplinas científicas).

Por Iván Rodrigo García Palacios

Los siete locos
Los lanzallamas
Autor: Roberto Arlt
Ediciones que conozco: Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1978 (456 p.). Obra completa, Ediciones Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1981 (dos tomos)

Quizás el personaje más trágico y alucinado por la invención científica de la literatura universal, sea Remo Erdosain. Protagonista en las novelas Los siete locos (1930) y Los lanzallamas (1931), del argentino Roberto Arlt (Buenos Aires, Argentina, abril 2 de 1900-julio 26 de 1942).

La relación entre Arlt, el escritor y Erdosain, el personaje, no es casual, pues Arlt, descendiente, en primera generación, de emigrantes alemanes, llegados ya adultos a la Argentina, fue un inventor fracasado que al momento de su muerte trabajaba en su laboratorio casero en un procedimiento para evitar que las medias de nylón femeninas de aquella época se corrieran al romperse, una especie de mini tragedia para las mujeres, como lo cita Julio Cortázar en su prefacio a las obras completas de Roberto Arlt publicadas por Ediciones Carlos Lohlé en 1981, del cual citaré el aparte dedicado a la obsesión científica de Arlt.

Por su parte, Remo Erdosain también es un inventor, cuyo sueño inicial es la creación de la rosa de cobre y algunos otros inventos, a cual de ellos más alucinado, pero que termina por convertirse en el inventor de una sociedad secreta cuya revolución pretende destruir la civilización con las armas inventadas por Erdosain, entre ellas con el fosgeno, un gas tóxico, para el cual desarrolla todo su proceso de fabricación.

Pero Erdosain no es un alter ego de Arlt, más bien, se podría decir que es el personaje por medio del cual él actúa su rabia existencial, esa que le calienta la sangre: ver lo que el resto de intelectuales, periodistas y escritores, todos aburguesados, no ven ni quieren ver: el lado oscuro de una Buenos Aires en decadencia en plena época de florecimiento económico, o sería mejor decir, la perdida de la dignidad humana en la emergencia de los nuevos poderes económicos y políticos de la primera mitad del siglo XX en Argentina, y por supuesto, en el resto del mundo.

En fin, Erdosain es uno de los personajes más asombrosos de la literatura latinoamericana por su belleza, lucidez y tragedia. Un autor que bien vale la pena leer, además, por la enorme influencia que ha tenido sobre la actual literatura argentina, más allá del mismo Borges y el mismo Cortázar.

LO QUE DIJO CORTÁZAR
Luego de contar sus experiencias en sus primeras lecturas de la obra de Roberto Arlt y compararlas con la relectura que hace para escribir el prefacio a sus obras completas, Julio Cortázar dijo:
“Hoy, claro, lo releo con un poco más de distanciamiento intelectual, de embriones de análisis, de territorios descuidados en la primera lectura y que ahora adquieren un relieve diferente. La obsesión científica de Arlt, por ejemplo, que entonces me había dejado indiferente. ¿Influencias familiares, primeros oficios, atavismos germánicos en una época en que la química, la balística y la farmacopea parecían tener su amenazante capital en Berlín? Se sabe que Arlt murió mientras trabajaba en su improvisado laboratorio, a punto de lograr un procedimiento que hubiera evitado un drama de la época que hoy resulta inconcebible: el corrimiento de las mallas en las medias de las mujeres. Múltiples temas y episodios de sus cuentos y novelas vuelven explicable y casi fatal esta vocación paralela de inventor; ya en su primer libro, el adolescente Silvio Astier ha fabricado una culebrina capaz de atraer a toda la policía del barrio, y da consejos a un amigo sobre la manera de hacer volar un aeroplano. El día en que explica ante oficiales del ejército sus ideas sobre un señalador automático de estrellas y una máquina capaz de imprimir lo que se le dicta oralmente, Silvio logra su primer empleo como mecánico de aviación, e irónicamente lo pierde cuando un teniente coronel lo da de baja con una explicación que sigue explicando tantas cosas: “Vea amigo... su puesto está en una escuela industrial. Aquí no necesitamos personas inteligentes, sino brutos para el trabajo”.

Era obligado que Remo Erdosain buscara en los inventos una de las posibles salidas del laberinto donde voluntariamente se había encerrado. Siendo quien es, la maravillosa rosa de cobre que debía hacer la fortuna de los Espila y de él mismo, se deshoja entre sus manos indiferentes, de la misma manera que los planos y dibujos de la fábrica de fosgeno no son más que una manera de llenar con trabajo el horror de otra noche al borde del crimen. Arlt era un adolescente en el período de la Primera Guerra Mundial, y el infierno que Henri Barbusse y Remarque describían en Europa le llegó a través de los libros y periódicos y se reflejó intensamente en sus novelas mayores. Un cuento como La luna roja condensa esas obsesiones, y también las repetidas y a veces extensas citas sobre las propiedades de los gases asfixiantes y sus técnicas de aplicación; pero el punto máximo de su fascinación y su horror frente a un arma que anuncia ya las bombas atómicas que caerían apenas tres años después de su muerte, se da en ese capítulo de Los lanzallamas titulado El enigmático visitante. Ya antes su imaginación había visto lo que luego veríamos en los noticiosos sobre la explosión en Hiroshima: las víctimas tratando de escapar de la ciudad, con los cabellos erizados verticalmente. Vaya a saber qué posición tomarán nuestros cabellos cuando caigan las bombas de neutrones, tan entusiastamente aprobadas por los Estados Unidos, Francia y otros países democráticos”.

28 de diciembre de 2005

CUADERNO DE CITAS-1

Tres citas tomadas del libro de Fernando Bayón,
La prohibición del amor


Por Iván Rodrigo García Palacios

Como bien recordarán los nacidos antes de 1960, existía la costumbre, entre muchas otras y que no me atrevo a calificar, de transcribir en un cuaderno las citas, frases y poemas que nos parecían importantes o que tocaban las fibras más sensibles o que parecían ofrecer gotas de sabiduría para aliviar las angustias y ansiedades de la existencia, o a veces, hasta guías para dirigirla. De ello se llegó hasta hacer mercado editorial con los libros de máximas, refranes y dichos, que todavía tienen alguna popularidad.

O, por otra parte, como para ponerle la nota cínica, muchos intelectuales de la época y de la actualidad, lo convirtieron en su bagaje de erudición y descreste de ingenuos, al mismo tiempo que en método epistemológico (cuando esa palabra no estaba de moda) con el cual destajar las obras de sus escritores favoritos en pequeños fragmentos, la mayor parte de las veces, descontextualizados, a los que agregaban alguno que otro comentario retórico decimonónico, con lo cual dejaban al pobre escritor convertido en una carnicería de pequeños trozos, muy saboriados para el sancocho o los fritos, pero completamente ajenos a la sustancia vital de la obra original. Para la muestra, la obra de Fernando González, víctima de la buena voluntad de sus admiradores y de la bilis negra de sus detractores.

En fin, lo anterior a manera de presentación de un cuaderno de citas, cuya intención, lejos de ser erudita, quiere ser el aperitivo a la curiosidad y deseos desenfrenados de aquellos que se morirán de las ganas por buscar y leer el libro o los libros de las que las he extractado.

Para empezar, tres citas tomadas del libro de Fernando Bayón, La prohibición del amor, sujeto, cultura y forma artística en Thomas Mann, Anthropos, Barcelona, 2004 (414 p.), ps. 240, 241 y 243. La primera del autor y las dos siguientes citadas por él.

LA PRIMERA
“La tragedia de la cultura nos pone tras la pista de aquellos procesos que han derivado, en los casos de sociedades tardías, bien en una ociosa “cultura de la salvación puramente subjetiva”, montada sobre una exacerbación de los psíquico, a la que resulta en exceso perturbador el contenido específico de los elementos objetivos de cuya integración depende, sin embargo, que se cumpla el concepto de una cultura concreta; bien en una “cultura de la extinción del sujeto” y de la exacerbación de lo objetivo, muy propia de épocas maduras que depositan la confianza de su salvación en el ensimismado perfeccionismo de productos cuyo valor real, autocontenido, suprapersonal, se olvida de su sentido cultural. Esto es lo que ocurre cundo se pierde la continuidad metafísica entre las energías subjetivas-psíquicas y sus plasmaciones o formas objetivas, obstruyéndose o desviándose infinitamente la corriente que traía de vuelta los objetos materiales hacia los procesos vitales creativos en que habrían de reintegrarse con vistas a la promoción cultural de sus interpretes”.

LA SEGUNDA
“Mundo del idioma y mundo de las cosas siguen separados, doble la patria de la palabra, doble la patria del hombre, doble el abismo de la esencialidad, pero doble también la castidad del ser y con ello duplicado en impudicia, que impregna como un renacimiento sin nacimiento todo presentimiento lo mismo que toda belleza y lleva en sí el germen del estallido de los mundos, la impudicia primigenia del ser, temida por la madre; impúdico es el manto de la poesía y nunca jamás se transforma la poesía en fundación, nunca jamás despierta la poesía de su juego de presentimientos, nunca jamás se torna oración la poesía, oración de la verdad con validez de sacrificio, tan profundamente insertada en el genuino nombre de las cosas, que para el orante, encerrado por la palabra del sacrificio, vuelve a cerrarse la duplicación del mundo, que para él y sólo para él cosa y palabra logran nuevamente la unidad... Oh castidad de la oración, inasequible para la poesía y sin embargo, oh, sin embargo accesible a ella, en tanto en cuanto ella misma es sacrificada, superada y aniquilada”.
Hermann Broch, La muerte de Virgilio, Alianza, Madrid, 1989 (489 p.), p. 188.

LA TERCERA
“Ésta es la verdadera tragedia de la cultura, porque decimos de un designio que es trágico –a diferencia del que es triste o destructivo desde fuera- cuando las fuerzas destructivas dirigidas contra un ser brotan de las capas más profundas de ese ser mismo; cuando con su destrucción se consuma un destino, radicado en él mismo, que es el desarrollo lógico de la estructura con la que el ser en cuestión ha erigido su propia positividad. Pertenece al concepto de toda cultura que el espíritu crea algo objetivo independiente, a través de lo cual transcurre la evolución del sujeto desde sí mismo a sí mismo; pero con ello aquel elemento integrador, condicionante de cultura, está predeterminado para un desarrollo propio, que utiliza las fuerzas de los sujetos, los atrae a su órbita, sin por ello alzarlos a la altura de sí mismos: la evolución de los sujetos ya no puede seguir el camino que toma la de los objetos; al tomarlo, a pesar de todo, entra en un callejón sin salida o en el vaciamiento de su vida más íntima y propia”.
Georg Simmel, El concepto y la tragedia de la cultura.

COMENTARIO
Leyendo estas citas se piensa sobre Colombia y, lo peor, más que sobre la tragedia de la cultura, la tragicomedia de los intelectuales colombianos. He dicho.
LECTOR LUDI-6

La imaginación es el origen de todas las ciencias

Para iniciar la elaboración de una lista de obras y autores literarios que podrían estimular a los niños y a los jóvenes a querer ser científicos creativos y dignos.

Por Iván Rodrigo García Palacios

Sí el refrán: La necesidad es la madre de la industria, podría decirse con igual acierto que La imaginación es el origen de todas las ciencias.

Bien se sabe ya que los niños aprenden más y mejor, jugando y que la imaginación es la sustancia esencial del juego.
Ahora bien, el lenguaje hace al hombre y, además de todas las consideraciones sobre el poder de la palabra, habría que agregar que la imaginación y la literatura (entiéndase como el arte de contar cuentos) son el primer paso del niño hacia la persona que será.
De ahí que la lectura, la que se hace a los niños o la que estos hacen por su propia cuenta, mucho antes que la escritura, es la ventana por la cual los niños comienzan a ver y tratar de comprender el complejo mundo al que han llegado.

Las anteriores afirmaciones, hechas para suscitar reflexiones, son la introducción a la propuesta de un juego sobre literatura y lecturas que pudieran estimular en los niños el gusto por el conocimiento científico.

Para ello, ofrezco algunos títulos de la literatura universal que he seleccionado rápidamente, para, si es del caso, en forma colectiva se elabore una lista más amplia que pueda servir de fuente de información para padres y maestros a la hora de estimular el gusto por la lectura, a la vez que por el conocimiento de las ciencias (similares listas se podrán emprender sobre temas tan variados como la filosofía, la biología, la medicina, la geografía, la historia y un largo etcétera.)

He excluido deliberadamente de esta lista los libros de ensayo y los propiamente científicos, pues la idea es estimular la lectura únicamente a partir de obras de la literatura narrativa o ficticia, así sus temas, situaciones y personajes se inspiren en la realidad histórica.

Por supuesto, para estimular la lectura gozosa de un buen libro es condición necesaria que quien lo recomienda debe hacerle al lector una presentación tan estimulante como el entusiasmo que a él le ha producido su lectura.

Como podrán darse cuenta, si bien la selección ha sido mínima y arbitraria, en cierto sentido, las obras y autores escogidos, al tiempo que se interesan por el desarrollo científico y tecnológico, su mayor preocupación se concentra en los sentidos y consecuencias que estos puedan tener para la humanidad, lo que demuestra que la imaginación sin sentido, es vana, estéril y peligrosa. Y espero que esto no se tome en sentido moralista, la idea es mostrar que aquello que se hace contra la vida, está muerto, por más éxito, fama y fortuna que atraigan a sus autores.

PRIMERA LISTA
La lista es la siguiente y sus respectivas reseñas a continuación:
- El incendio de Alejandría, de Jean-Pierre Luminet
- El Quinteto de Cambridge, de John L. Casti
- Criptonomicón,Tomo uno: El Código Enigma, Tomo dos: El Código Pontifex, Tomo tres: El Código Aretusa, de Neal Stephenson
- Robinson Crusoe, de Daniel Defoe
- Frankenstein, o el moderno Prometeo, de Mary W. Shelley
- La máquina del tiempo, La isla del doctor Moreau, de H. G. Wells
- Un mundo feliz, de Aldous Huxley
- Un yankee en la corte del Rey Arturo, de Mark Twain
- Los pilares de la tierra, de Ken Follett
- El viaje del profesor Caritat, de: Steven Lukes
- De la naturaleza (De rerum Natura), de Lucrecio

LITERATURA Y CIENCIA
El primero de esos títulos es El incendio de Alejandría, de Jean-Pierre Luminet, lo destaco especialmente por ser un compendio inicíatico de historia de la ciencia antigua en el que además de una deliciosa narración, como la de las novelas de aventuras, de las intrigas y desafíos que implica el conocimiento y el ejercicio de la ciencia.
Puede ser una lectura para muchachos que se están iniciando en sus estudios.

El incendio de Alejandría
Autor: Jean-Pierre Luminet
Ediciones B (también en la Colección Byblos), Barcelona (300 p.)
La primera emoción que me despertó la lectura de esta novela del astrofísico francés Jean-Pierre Luminet, fue el pensar qué hubiera sido de mi gusto por el estudio de las ciencias, si en lugar de someterme al represivo sistema educativo que me obligaba a memorizar definiciones, fórmulas y explicaciones sin aparente relación ni uso, mi ingreso al conocimiento científico hubiera sido por las aventuras y cuentos como los de esta novela que me remontaban a los primeros momentos de la historia de la ciencia occidental por medio de la vida y obra de sus creadores y pioneros, contada a partir de su presencia y trabajos en ese monumento legendario que fue la Biblioteca de Alejandría, destruida veintitrés años antes de celebrar el milenio de su construcción y existencia
Pero además, ese viaje imaginario a la antigüedad científica, es complementado por Luminet con una visión de conjunto de la situación política, religiosa y social, así como las luchas y vicisitudes en que se desenvolvió aquel período histórico, en el que, al igual que hoy, las intrigas políticas, los fundamentalismos religiosos y las envidias humanas, pretenden adueñarse del poder del conocimiento para dominar a los hombres y sus comunidades.
En la parte final, esta novela ofrece a los lectores unos anexos que le darán información adicional sobre los personajes citados, el período histórico tratado y unas breves notas sobre los desarrollos científicos alcanzados.
Para no abundar en demasía, tengo que decir que la lectura de esta novela es apasionante y, me atrevo a asegurar que otra sería la experiencia educativa si luego de su lectura, por ejemplo, en las cátedras de matemáticas, física y astronomía, se tratase sobre los aportes y desarrollos en la ciencia moderna de los trabajos de Euclides, Arquímedes, Aristarco de Samos, Hiparco de Nicea, para sólo citar unos pocos de los personajes antiguos a partir de los cuales se puede hablar de ciencia. Vuelvo e insisto, el aprendizaje del conocimiento científico sería algo maravillosamente lúdico y de consecuencias extraordinarias tanto para el joven aprendiz como para la comunidad en la que vivirá.

LITERATURA Y CIBERNÉTICA
Para dar un salto desde la ciencia antigua a los tiempos modernos, el segundo título: El Quinteto de Cambridge, de John L. Casti, es una aventura, pero esta vez en el territorio de las ideas que dieron origen a todo el desarrollo de la informática, ese ámbito en el que se desarrollan casi todas las actividades de la humanidad de hoy.
Es una lectura para jóvenes más avanzados en sus estudios.

El Quinteto de Cambridge
Autor: John L. Casti
Taurus, Madrid, 1998 (229 p.)
Como sucede muy ocasionalmente, la nota de presentación de esta novela por parte del editor es mucho mejor de la que yo podría hacer, así que para no tratar de inventar lo ya inventado, la reproduzco:
“Imagine una tormentosa noche de verano en la que el novelista, físico y asesor científico C. P. Snow (el inglés Charles Percy Snow (1905-1980), fue autor de una serie de once novelas en las que analiza la vida inglesa y en las que implica a científicos, académicos, políticos y funcionarios públicos reales), invita a cuatro de las mentes más notables de la época a una suntuosa cena en sus habitaciones del Christ’s College para discutir uno de los temas científicos más novedosos del momento: ¿Es posible construir una máquina que pueda reproducir los procesos cognitivos humanos? Los distinguidos invitados de Snow son el físico quántico Erwin Schrödinger, el filósofo Ludwing Wittgenstein, el genetista John Burdon Sanderson Haldane y el matemático Alan Turing.
Con la precisión, sutiliza y brillantez narrativa que caracterizan sus obras John L. Casti recrea un momento único y emocionante en la gran historia de las ideas científicas y reconstruye lo que cada uno de estos grandes hombres podría haber dicho si realmente se hubieran reunido a cenar esa noche.
La discusión del quinteto anticipa todas las cuestiones básicas que se han planteado en torno a la inteligencia artificial durante los cincuenta años que han transcurrido desde entonces. ¿Puede una máquina pensar o simplemente procesar información? ¿Es el cerebro meramente una máquina procesadora de símbolos, como insinúa Turing? ¿Es posible que no exista, como propone Wittgenstein, pensamiento sin lenguaje, ni lenguaje sin la interacción de los seres humanos?
John L. Casti ha creado un libro fascinante, una novela de ideas accesible que explora la naturaleza esencial de la mente y la máquina, combinando el debate filosófico y científico, los pormenores de una época y la viva representación de unos personajes extraordinarios”.
Y para hacer mi propia recomendación. Cuando leo sobre la vida y la obra de las grandes figuras del desarrollo informático actual, como Bill Gates, el de Microsoft, o Steve Jobs, el de Apple, y muchos otros, tan exitosos como ellos, que antes que genios informáticos fueron estudiantes de otras especialidades más por el lado de las ciencias sociales y humanas, o matemáticas, pienso que sus estudios filosóficos, históricos, etc., les sirvieron mucho más para la formulación de sus ideas y la creación de los productos que los hicieron ricos y famosos.
Ojalá los jóvenes lectores con inspiración por la informática le gastaran un poco más de tiempo a lecturas que les expandieran la imaginación como complemento esencial para la ciencia y el éxito en los productos tecnológicos.

LITERATURA Y CRIPTOGRAFÍA
Y, haciéndome eco en el comentario y novela anterior, en eso de estimular la imaginación de los futuros científicos y creadores informáticos, presento la novela Criptonomicón, de Neal Stephenson, publicada en español en tres tomos:

Criptonomicón
Tomo uno: El Código Enigma
Tomo dos: El Código Pontifex
Tomo tres: El Código Aretusa
Autor: Neal Stephenson
Byblos, Barcelona
Esta si que es una lectura para aquellos muchachos que se están iniciando en sus estudios medios, pues además de la interesante historia del desarrollo de la informática en los últimos sesenta años, narra deliciosamente un par de tramas simultáneas, aunque de dos tiempos históricos distantes entre sí, sobre las aventuras de dos grupos de personajes que se enfrentan a los mayores retos, las intrigas más sorprendentes y las aventuras más espectaculares, mientras desarrollan y descubren los conocimientos y técnicas sobre las que se basará la cibernética y la informática de hoy.
Los dos tiempos históricos son: El primero: la II Guerra Mundial, tiempo durante el cual y dadas las urgencias bélicas de los países en conflicto, estos concentraron todos sus esfuerzos en desarrollar ciencias, tecnologías y técnicas aplicadas a derrotar a sus enemigos. De ahí, que del afán por codificar y cifrar, al igual que descodificar y descifrar, las ordenes para las unidades militares, así como la información de inteligencia sobre el enemigo, fue el punto de partida para que se produjera un extraordinario desarrollo en las ciencias, tecnologías y técnicas de las comunicaciones y la información, hasta el punto de que, una vez terminada la guerra, se crearan y utilizaran los primeros grandes computadores y se iniciara un proceso vertiginoso que llevó de los transistores a los superpoderosos microcircuitos y demás elementos que hacen parte de la casi totalidad de los aparatos que hoy se usan.
En ese primer tiempo y con ese tema, Criptonomicón narra la historia de cuatro personajes, entre ficticios y reales, tal el caso de los matemáticos, el inglés Alan Turing, personaje real, o los matemáticos, el estadounidense, Lawrence Pritchard Waterhouse y el alemán Rudolf von Hacklheber, y el soldado estadounidense, Bobby Shaftoe, personajes ficticios, que con sus aventuras, durante la guerra, cuentan cómo se desarrolló la primitiva informática y se crearon los fabulosos algoritmos de codificación criptográfica, los mismos que hoy son el alma del software que hace funcionar las más increíbles aplicaciones computacionales.
El segundo tiempo corresponde a la actualidad de finales del siglo XX, cuando otro grupo de personajes, entre ellos Randy y Amy, nietos de Lawrence Pritchard Waterhouse y Bobby Shaftoe, respectivamente, se embarcan en la aventura de crear un paraíso de datos y el mayor exponente de la libertad informática: La Cripta. En esta aventura se encuentran con las herencias históricas de sus abuelos que los llevarán a descubrir el gran tesoro que los alemanes y los japoneses escondieron en la II Guerra Mundial, pero para llegar a él, tendrán que derrotar todas las intrigas y obstáculos, oficiales y privados, a las que, en la realidad histórica, han tenido que enfrentarse todos aquellos que de una manera u otra han contribuido al asombroso desarrollo de las ciencias informáticas, y que han hecho ricos y famosos a los cripto-hackers, ciber y cipher-punks, que hoy conocemos en ciberfarándula.
Una larga y apasionante novela, que al tiempo que entretiene, estimula la imaginación del lector hacia el desarrollo de su propio entusiasmo por el conocimiento científico.
En fin, una novela mejor que ese otro Código que se convirtió en best-seller y que poco más aporta a la historia de la humanidad.

Y, BREVES RESEÑAS
Para finalizar, a continuación ofrezco breves reseñas de algunos títulos de la literatura universal cuya lectura bien podrían servir para estimular, más que la misma lectura, el gusto por el conocimiento científico en los niños y los jóvenes lectores. Hago la advertencia previa de que he excluido las obras de Julio Verne, por obvias razones). Así que mis propuestas para el inicio de una lista mayor, son:

Robinson Crusoe
Autor: Daniel Defoe
Para regresar a aquel refrán que cité al principio: La necesidad es la madre de la industria, la novela que mejor lo ilustraría, sería Robinson Crusoe, del inglés Daniel Defoe, pues al tiempo que el lector se enfrenta a las posturas existenciales del protagonista, podrá seguir, casi en minuciosa descripción, las formas y técnicas que desarrolla para su supervivencia, a partir de los pocos objetos y materiales que logra rescatar del barco náufrago.
La narración de las peripecias de Robinson Crusoe por sobrevivir son la mejor demostración literaria de cómo un ser humano es capaz de crear un lugar para vivir, así sea con las mínimas comodidades, en medio de las más adversas circunstancias y con esas aventuras, demostrar que La necesidad es la madre de la industria.
Y, por supuesto, la lectura de esta novela es otra apasionante aventura.

Frankenstein, o el moderno Prometeo
Autora: Mary W. Shelley
Las leyendas sobre esta novela son muchas y muy agradables, pero la que ahora quiero destacar es aquella en la que se combinan sus dos grandes asuntos: el primero, la posibilidad del propio hombre por crear una criatura viva a su imagen y semejanza, idea sobre la cual son incontables los desarrollos que se han alcanzado en la historia de la ciencia y que hoy por hoy se enfrentan tanto a la posibilidad de la clonación genética, como a la creación de vida en los laboratorios.
El otro gran asunto, es el que corresponde al enfrentamiento y al reconocimiento que una criatura de esta naturaleza tendría por parte de las personas comunes y corrientes, o el uso que de ella harían los sistemas de poder. Algo así como ética y moral frente al desarrollo científico.

La máquina del tiempo
La isla del doctor Moreau
Autor: H. G. Wells
Más que el sueño del hombre por viajar a través del tiempo, o el crear criaturas vivas, las dos novelas del inglés H. G. Wells (1866, 1946, La máquina del tiempo y La isla del doctor Moreau, invitan a reflexionar sobre las posibilidades de la ciencia por crear nuevos mundos o transformar en el que vivimos, dotando al hombre de un poder ilimitado sobre sí mismo o su destino, pero, al mismo tiempo, a pensar que tal poder implica consecuencias por las que es necesario responder, pues de ello dependerá que el futuro de la humanidad sea más claro o más oscuro, según la orientación que se dé a la realización de los productos de la imaginación, para no tener que decir con Goya: “El sueño de la razón produce monstruos”.

Un mundo feliz
Autor: Aldous Huxley
Esta breve novela del inglés Aldous Huxley, causó, al momento de su publicación en 1932, una amplia polémica, al igual que casi toda la obra literaria y ensayística del autor, pues para su tiempo y todavía hoy, sus ideas sobre la vida humana y las sociedades, no sólo anticipaban el mundo futuro, que ha confirmado sus visiones, sino que pareciera comportarse tal y como él lo predijo: la incapacidad del ser humano por superar sus limitaciones existenciales.
En Un mundo feliz, Aldous Huxley ofrece la visión irónica de una civilización genéticamente programada y reproducida, tanto en sus comportamientos como en sus jerarquías, hasta que la curiosidad de Lenina Crowne, Bernard Marx y Helmholtz Watson, tres miembros privilegiados de esa sociedad, los lleva a confrontar el sentido de sus existencias y a encontrarse con John El Salvaje, en una reserva marginal con aquellos grupos de personas que todavía conservan la caótica anarquía de los seres humanos del pasado, saliendo de aquella confrontación con una crítica posición frente a ambas sociedades incapaces de superar sus contradicciones y discrepancias.
La novela, que se inicia con una colorida descripción de los métodos de reproducción artificial y la disposición final de los cuerpos que mueren, va adentrándose en una confrontación de ideas filosóficas y científicas sobre la vida, la muerte, el placer, la sociedad, etc., y concluye con el encuentro de los protagonistas con el llamado mundo salvaje de aquella humanidad primitiva que todavía se reproduce por el método natural, cree en dioses y que considera el progreso científico como la expresión del mal.
Una lectura inquietante para pensar sobre las consecuencias del desarrollo científico y tecnológico sobre la vida y la civilización.

Un yankee en la corte del Rey Arturo
Autor: Mark Twain
Esta novela, sin ser de las más populares del escritor estadounidense Mark Twain (seudónimo de Samuel Langhorne Clemens, 1835-1910), si es de las más divertidas, pues al tiempo que satiriza a la Inglaterra feudal, la confronta con la mentalidad progresista e imperialista de los Estados Unidos. Es en este último sentido que el lector se encontrará con la confrontación de dos mundos, el primero, primitivo y atrasado científica y tecnológicamente, contra el segundo, una civilización de la modernidad deslumbrada por los avances tecnológicos que le ofrecen la posibilidad de conquistar la naturaleza y al mundo, pero que en su fondo ideológico el segundo es la evolución del primero.
Como ya dije, una novela divertida de leer, pero al mismo tiempo una estimulante fábula sobre las consecuencias del desarrollo o el atraso científico.

Los pilares de la tierra
Autor: Ken Follett
Este escritor inglés contemporáneo, ofrece en esta extensa novela una visión panorámica sobre la vida en la Edad Media a partir del desarrollo de quizás la más representativa de las tecnologías medievales: la construcción de las inmensas catedrales, algunas de las cuales todavía asombran por su magnitud y belleza y sobreviven como patrimonio de la humanidad.
La novela explica con minucia de detalles las ideas y técnicas que utilizaron aquellos primitivos arquitectos-ingenieros para el diseño y construcción de aquellos gigantescos edificios que pretendían ser los lugares sagrados en los que dios se relacionaba con sus criaturas.
Una novela fascinante, entretenida e informativa.

El viaje del profesor Caritat
Autor: Steven Lukes
Tusquets Editores, Barcelona, 1997 (282 p.)
Este escritor inglés y profesor de teoría política y social, muestra de manera sencilla y narrativamente atractiva la clase de mundos que las ideas, las ciencias y las tecnologías producen y que en formas más complicadas y variadas ya existen en nuestro tiempo e historia. Esta es la trama de su viaje, presentada por el propio editor:
El profesor Nicholas Caritat, especializado en la Ilustración, cree, por su propia condición, no tener función alguna en Militaria, estado autocrático en el que vive. Pero, tras alguna peripecia, se le encomienda una curiosa misión: encontrar el mejor de los mundos posibles. Emprende, pues, un viaje por distintas comunidades en las que sus ideas de Razón, libertad y tolerancia entran en conflicto con las de nuestros tiempos. Mientras visita Utilitaria, Comunitaria y Libertas, a Caritat se le van planteando cuestiones que él ya creía resueltas: ¿En qué consisten los derechos del individuo cuando, en el país de los seguidores de Venta regido por el Ordenador, este concepto ha sido abolido? ¿Cuál es el papel de la libertad de expresión en una sociedad multicultural políticamente correcta que no admite la crítica ni el debate? ¿Cuál es el valor de la Historia allí donde se ha instalado el olvido? ¿Qué hacer con los desposeídos en una comunidad donde impera el liberalismo radical?
Una novela para confrontar civilización e ideología.

De la naturaleza (De rerum Natura)
Autor: Lucrecio
La leyenda de la locura del escritor romano Lucrecio (aproximadamente 94 a.C.-51 a. C.), ha contribuido más a enriquecer que a perjudicar la belleza de su monumental poema De la naturaleza (De rerum Natura).
Seguidor de las ideas filosóficas de Epicuro, en el poema, Lucrecio, hace una amplia exposición de las posturas del griego sobre la vida y la muerte, así como sus demás posturas existenciales, políticas y religiosas. Pero ellas no son el motivo de esta selección y recomendación de lectura para quienes se interesan en el estudio de las ciencias.
Los aspectos del poema que se quieren sugerir, son aquellos relacionados con la historia de las ciencias griegas y en especial la física y la teoría de los átomos que Epicuro tomó e hizo su propia interpretación de Demócrito, pero debilitándola. Por su parte, Lucrecio, no sólo rescata las teorías físicas de Demócrito, sino que las profundiza y embellece hasta la máxima altura poética y filosófica, resultando de ello una más profunda y asombrosa visión de la naturaleza y los poderes que encarna.
Como esta es una lectura para lectores ludi o mayores, recomiendo como lectura adicional, el ensayo del español-estadounidense George Santayana, Tres poetas filósofos, Lucrecio, Dante, Goethe.
Estas son lecturas para el asombro y la sabiduría.
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