28 de febrero de 2008

LECTOR LUDI-57

El enamoramiento perpetuo de Friedrich Nietzsche.

Las claves: Eros, sexualidad y sensualidad

- Zaratustra, Dionisios, Ariadna

Por Iván Rodrigo García Palacios

La concepción erótica y sexual que Friedrich Nietzsche tenía de sí mismo, de los hombres y de las mujeres, salvo porque era rígida y extrema, poco más difiere del modelo idealista y romántico de su época perpetuado por la moral cristiana.

Para él, el sexo y la lujuria, eran asuntos de burdeles y prostitutas; denigrantes y degradantes formas de satisfacer las obligantes necesidades biológicas. La sexualidad era asunto para la reproducción institucionalizada, sobre la que expresó paradójicas posturas.

El Eros nietzscheano tiene más conexiones con el mito platónico y, en las relaciones que establecía con los hombres y las mujeres que admiraba, se expresaba por el deseo de integrar con ellos comunidades de amistad pasional en las cuales convivir, al mismo tiempo que crear un sistema existencial compartido, pero, la mayor parte de las veces, sus deseos eran los de imponer su propia visión.

Otra muy distinta y revolucionaria, con relación a esa moral cristiana, fue su concepción de la sensualidad: un combate vital por el disfrute de sí mismo, del que hablé en el LECTOR LUDI-56 (1).

Aunque en varias ocasiones quiso, sin lograrlo, fundar comunidades de alumnos a imagen y semejanza del Jardín de Epicuro, su idea de estas comunidades se regía por su propia interpretación del modelo erótico, sensual o hedonista y sexual epicúreo y coincidía con su deseo de compartir con ellos los logros de su pensamiento y en convertirlos en divulgadores de su obra.

Uno de esos jardines epicúreos fue el que Nietzsche le ofreció a Lou Andreas Salomé, en el segundo semestre de 1882, como parte de sus propuestas de matrimonio, las que ella rechazó y que ella, para evitar el rompimiento violento de la amistad, le propuso realizar, a cambio, como la formación de una comunidad filosófica en la que participarían Nietzsche como "Maestro", ella y sólo algunos otros, selectos y privilegiados.

Ese proyecto comunitario alternativo fracasó dadas las aspiraciones divergentes de ambos. Sin embargo, en el breve lapso de los seis meses del segundo semestre de 1882 y enero de 1883, generó las condiciones favorables para la gestación y nacimiento del Zaratustra que Nietzsche había concebido un año antes en Sils María y frente a "la roca de Surlei" (2) y que, al parecer, requería de una madre de una naturaleza tal como la de Lou (3).

Cuando propuse mi hipótesis descabellada sobre la maternidad inmanente que Lou Andreas Salomé significó para Zaratustra, lo hice a partir de las abducciones obtenidas de la lectura de la correspondencia de aquella época entre Friedrich Nietzsche, Lou Andreas Salomé, Paul Rée y otros (4). De la parte dedicada a la relación con Nietzsche de la biografía de Lou Andreas Salomé, de H. F. Peters (5). Y de Así habló Zaratustra, de Friedrich Nietzsche, con la introducción y traducción de Andrés Sánchez Pascual (6).

Me extrañó, eso sí, el hecho de que los biógrafos y estudiosos de la vida y la obra de Nietzsche consideraran insignificante esta situación y los eventos que la rodearon, cuando no era que los descalificaban despectivamente como la aventura de una joven y hermosa aristócrata rusa en busca de fama y notoriedad que coleccionaba hombres famosos.

En ese momento también desconfié de la información autobiográfica suministrada por el mismo Nietzsche, específicamente, en Ecce Homo, su obra autobiográfica y explicativa de su pensamiento, escrita en los últimos meses de su lucidez, así que no la tuve en cuenta para sustentar mi hipótesis descabellada.

Estaba equivocado. Era necesario volver a aprender a leer esa y las demás obras de Nietzsche, si se quería desentrañar o, mejor, descifrar y desvelar los misterios y enigmas que se escondían tras el extraordinario estilo de su escritura y los, aparentemente, complejos procesos de su mente. Complejos si se les estudia con los pedantes modelos académicos de los historiadores de la filosofía y de los profesionales de los estudios críticos, los exegetas prejuzgantes y los biógrafos utilitaristas.

La luz de esa verdad se hizo patente en el momento en que descubrí que era necesario considerar, en primer lugar, la mitomanía y la necesidad enfermiza de mentir que Nietzsche compartía de manera entrañable con su hermana Elizabeth.

Y, en segundo lugar, quizás conectado con lo anterior, la profundidad y originalidad creativa que alcanza Nietzsche al crear una propia mitología a partir de las experiencias de su propia vida, mezcladas, fusionadas y sintetizadas, con los elementos obtenidos de todos sus estudios y lecturas, hasta crear, así sea con los mismos nombres y situaciones, figuras, personajes y motivos mitológicos, propios e intercambiables, pero herméticos.

Era necesario entonces encontrar las claves encriptadas en los mismos escritos de Nietzsche, tal y como él mismo lo sugiere muchas veces y como lo haré más adelante, después de transcribir una amplia cita de la biografía de Nietzsche que escribió la inglesa Lesley Chamberlain (7), en la que, con un propósito parecido al mío, expone algunas de las claves de la mitología nietzscheana relacionadas con las dos versiones de Dionisios que Nietzsche utilizaba como representaciones o máscaras, entre otras cosas, de la "alegría de vivir", las transfiguración, la sensualidad, Eros o la sexualidad y la reproducción o fecundidad (el primer Dionisios, es el clásico y el segundo, es Dionisios Zagreo).

Dice Lesley Chamberlain:

"Ciertamente [Nietzsche], concebía este libro [Así habló Zaratustra] en conjunción con Ecce Homo, cuando le dijo a Deussen que Ecce Homo iluminaría Así habló Zaratustra dando un paso más adelante: "Este libro se refiere solamente a mí; en él por fin yo aparezco con mi misión histórica universal" (carta desde Turín, el 26 de noviembre de 1888). El "yo" que aparece aquí establece claramente la diferencia: Nietzsche asume él mismo los rasgos de Zaratustra, así ese Dionisios (el primero) se metamorfosea en piedra, en agua y en cielo y está enamorado de la eternidad. Nietzsche se pintaría así mismo en el paisaje".

[...]

"La concepción de Dionisios Zagreo (el segundo) por obra de Zeus y Perséfona puede compararse particularmente con una de las más oscuras y más feroces imágenes de Así habló Zaratustra; al comenzar el libro III, una serpiente se desliza dentro de la boca de un pastor dormido. Zaratustra encuentra al atormentado pastor y le pide que arranque con los dientes la cabeza de la serpiente; cuando el pastor así lo hace queda transfigurado en una figura sobrehumana cuya risa excita en Zaratustra el anhelo de la eternidad. La sonrisa y la risa son instrumentos dionisiacos. Así el pastor aparece transformado por Dionisios en un penoso, pero extraordinariamente fértil, acto de unión. El pastor se hace "übermenschlich" y dionisiaco. Nietzsche llama a este capítulo "Visión y enigma". La transformación del pastor explica "la visión". En cuanto al "enigma", evidentemente tiene algo que ver con el marco que suministra Nietzsche a su historia, que refleja la muerte de su propio padre. Zaratustra en cuenta a un hombre tendido en el suelo y en mortal peligro y a un perro que ladra. ¿Se trataba del propio Nietzsche nacido, como Dionisios, de esa visión de agonizar que es al mismo tiempo una imagen de copulación? Zaratustra es reacio a la sexualidad y su gran interés en la "fecundidad" es irremisiblemente frío y cósmico. Zaratustra habla enfáticamente de quienes fecundo en "Los siete sellos", la sección que termina el libro III. El placer de la reproducción impulsa a Zaratustra a ser fecundo con el resplandeciente futuro. Este es un pasaje difícil de interpretar, pero tiene un importante contenido psicológico. Nietzsche encontró una fórmula para expresar la procreación sin un elemento femenino. En efecto, Zaratustra continúa cantando: "Nunca conocí a una mujer con la que quisiera tener hijos, salvo a ti, oh, Eternidad". En la imagen de la serpiente que penetra en el pastor, el elemento femenino está desplazado hacia el progenitor mortal. La parodia cristiana es aquí evidente. Dios entra en la boca del amoroso pastor y engendra un hijo. El "enigma" es el propio renacimiento de Nietzsche como Dionisios Zagreo".

Un poco más adelante, Lesley Chamberlain, anota, además, una de las figuras mitológicas que Nietzsche, entre otras figuras, personajes y situaciones, asociaba con Lou Andreas Salomé:

"Nietzsche se imaginaba a Lou como una serpiente, una serpiente que llegó a ser amiga de Zaratustra cuando éste resistió su mordedura" (8).

Es necesario buscar e interpretar las numerosas ocasiones en que aparece en sus escritos y la importancia que Nietzsche le da al motivo de la serpiente.

Por ejemplo y específicamente relacionado con los asuntos que trato de explicar, la serpiente y el águila, dice Zaratustra, en La canción del noctámbulo, son sus dos animales heráldicos, los cuales aparecen en las primeras líneas del prólogo de Nietzsche a Así habló Zaratustra y sobre los que anota Andrés Sánchez Pascual:

"Los dos animales heráldicos de Zaratustra representan, respectivamente, su voluntad y su inteligencia. Le harán compañía en numerosas ocasiones y actuarán incluso como interlocutores suyos, sobre todo en el importantísimo capítulo de la tercera parte titulado El convaleciente" (9).

La serpiente es para Nietzsche una figura de su mitología con muchos más sentidos y usos de los que pretendo aquí desentrañar.

Lo que me interesa ahora es descifrar su conexión con Lou, a quien Nietzsche encripta como un enigma, no sólo en Así habló Zaratustra, sino también, en Ecce Homo, obra en la que, se supone, están las claves para que tal enigma sea descifrando, sólo que, estas claves, han sido tratadas también de manera enigmática, hermética, porque Nietzsche conecta a Lou con otras figuras de su mitología, dándole un nombre propio, tal el caso de Ariadna, al igual que la conecta con información propiamente autobiográfica.

Pero también hay que establecer otras conexiones como la de "el laberinto", que establece las correspondencias entre Zaratustra, Ariadna, Teseo y junto con ellos, Bruno y Dostoievski, para no mencionar a Spinoza que no está tan claramente relacionado en estos puntos.

Es necesario anotar que en algunos de sus escritos de finales de 1888 y enero de 1889, cuando su mente entraba en estados alternados de lucidez y delirio, también atribuyó a Cósima Wagner la figura de Ariadna y hasta quiso desposarla como el Dionisios "renacido" que creía ser. Es el juego de su delirio en el cual, Lou y Cósima, como sus dos grandes amores pasionales, en su mente las asume como la mujer ideal que él mismo se creó y describió.

Esto demuestra la libre o arbitraria utilización que Nietzsche hacia de su propia mitología. Pero lo que ahora me interesa en establecer las conexiones y correspondencias de Lou con Ariadna y establecer que el mismo Nietzsche reconoció y sintetizó en su mitología la importancia que para su vida y obra significó su enamoramiento por Lou.

Comienzo por Ecce Homo y en el aparte donde narra el nacimiento de Así habló Zaratustra, titulado, Un libro para todos y para nadie y en donde explica la concepción y gestación de Zaratustra. Allí Nietzsche hace una anotación incidental sobre Lou:

"Asimismo corresponde a este período intermedio aquel Himno a la vida (para coro mixto y orquesta) cuya partitura ha aparecido hace dos años en E. W Fritzsch, de Leipzig, síntoma no insignificante tal vez de la situación de ese año (*), en el cual el pathos afirmativo par excellence, llamado por mí el pathos trágico, moraba dentro de mí en grado sumo. Alguna vez en el futuro se cantará ese himno en memoria mía. El texto, lo anoto expresamente, pues circula sobre esto un malentendido, no es mío: es la asombrosa inspiración de una joven rusa con quien entonces mantenía amistad, la señorita Lou von Salomé. Quien sepa extraer un sentido a las últimas palabras del poema adivinará la razón por la que yo lo preferí y admiré: esas palabras poseen grandeza. El dolor no es considerado como una objeción contra la vida: «Si ya no te queda ninguna felicidad que darme, ¡bien!, aún tienes tu sufrimiento.»

(*) Anoto de mi parte que corresponde a 1882, año de su enamoramiento por Lou.

Tomada literalmente la referencia que Nietzsche hace de Lou, pareciera apenas el reconocimiento a una amiga, una joven a la que admiraba, pero sin establecer relación alguna, aparente o real, con Zaratustra.

Pero en la mente y en la escritura de Nietzsche nada es literal.

Así que, sí se continúa leyendo el mismo aparte de Ecce Homo, un poco más adelante, Nietzsche transcribe un extenso poema, el mismo que en Así habló Zaratustra se titula: La canción de la noche y en cuyo último verso y en la explicación que le sigue, adquiere pleno sentido la historia del enamoramiento por Lou, su conexión con el Himno a la vida y hasta el anhelo de redención y reconciliación:

"Es de noche: ahora se despiertan todas las canciones de los amantes. Y también mi alma es la canción de un amante".

8

"Nada igual se ha compuesto nunca, ni sentido nunca, ni sufrido nunca: así sufre un dios, un Dionisos. La respuesta a este ditirambo del aislamiento solar en la luz sería Ariadna... ¡Quién sabe, excepto yo, qué es Ariadna! De todos estos enigmas nadie tuvo hasta ahora la solución, dudo que alguien viera siquiera aquí nunca enigmas. - Zaratustra define en una ocasión su tarea –es también la mía con tal rigor que no podemos equivocarnos sobre el sentido: dice sí hasta llegar a la justificación, hasta llegar incluso a la redención de todo lo pasado".

Evidente, las claves comienzan a tener sentido y es posible empezar a decodificar el enigma, labor para la que el mismo Nietzsche lanza una provocación y un desafío a que sea desvelado, pero con notorio escepticismo y pretensión de que este pueda ser descifrado, razón por la cual él mismo ofrece una evidente pista que remite a la historia original.

El enigma debe ser desvelado en las páginas de Así habló Zaratustra, que es donde Nietzsche ha encriptado la historia de su exploración íntima de su enamoramiento por Lou, así como de las consecuencias de lo que tal enamoramiento significó para él y su pensamiento.

Retornando a la lectura de Así habló Zaratustra, es ya posible empezar a guiarse por el laberinto con el hilo de Ariadna, porque es a ella la que inspira y a quien Nietzsche dirige sus versos, sus quejas y reclamos amorosos.

La siguiente conexión se encuentra en el apartado titulado El mago, compuesto inicialmente con otros títulos y que además de ser insertado en Así habló Zaratustra, también fue incorporado a los Ditirambos de Dionisos, bajo el título de Lamento de Ariadna, donde dice:

"Pero al fin, tras muchos temblores, convulsiones y contorsiones, comenzó a lamentarse de este modo (470):

«Quién me calienta, quién me ama todavía?».

Nota de Andrés Sánchez Pascual:

“(470) El largo «lamento» de El mago que viene a continuación fue compuesto por Nietzsche en el otoño de 1884 y llevaba entonces el título de El poeta, El tormento del creador. En otra copia manuscrita le puso estos dos títulos: De la séptima soledad, luego borrado, y El pensamiento. De hecho este poema no se hallaba destinado originalmente a Así habló Zaratustra, pero Nietzsche lo insertó en él al componer la cuarta parte. De la importancia que este poema tenía para Nietzsche da idea el hecho de que más tarde lo incorporase a los Ditirambos de Dionisos, bajo el título de Lamento de Ariadna. Allí lleva al final una «respuesta» de Dionisos, quien, tras un rayo, «se hace visible con una belleza de esmeralda». La citada respuesta dice así:

"¡Sé inteligente, Ariadna!...

Tienes oídos pequeños, tienes mis oídos:

¡Introduce en ellos una palabra inteligente! –

¿No tenemos que odiarnos primero a nosotros mismos cuando

debemos amarnos a nosotros mismos?...

Yo soy tu laberinto...".

(Esta y las citas siguientes han sido tomada de la edición de Así habló Zaratustra, traducida y comentada por Andrés Sánchez Pascual y al citar mantengo la numeración de sus notas de pie de página)

El hilo de Ariadna salva a Teseo del laberinto, en este caso, a Dionisios/Nietzsche, para conducirlo de nuevo hasta ella, la Ariadna de Nietzsche que no puede ser otra que Lou.

Nietzsche, en el apartado titulado Del gran anhelo, encripta este retorno, que se inicia con el siguiente verso:

"Oh alma mía, yo te he enseñado a decir «Hoy» como se dice «Alguna vez» y «En otro tiempo» y a bailar tu ronda por encima de todo Aquí y Ahí y Allá".

Véase lo que anota Andrés Sánchez Pascual en su nota (425), sobre el título Del gran anhelo, que conecta la intimidad de Zaratustra y Ariadna:

"(425) Otro título anotado por Nietzsche en sus manuscritos para este apartado era el de Ariadna, al que correspondía más adelante otro apartado titulado Dionisos (que ahora es Los siete sellos)".

Esa intimidad se establece más específicamente en un verso más adelante Del gran anhelo:

"- hacia el áureo prodigio, hacia la barca voluntaria y su dueño: pero éste es el vendimiador, que aguarda con una podadera de diamante" (428).

A lo que anota Andrés Sánchez Pascual:

"(428) De manera encubierta hay en estas palabras una alusión a Dionisos. Este, en efecto, es representado en ocasiones como un viñador que viene en barco con una podadera en la mano para podar sus vides (así está representado en la copa de Exekias, del siglo VI, que se conserva en Munich). La vid, cargada de racimos, que anhela la llegada del viñador, es Ariadna (alma de Zaratustra). El viñador con la podadera es imagen que aparece también en el Apocalipsis. Véase Apocalipsis, 14, 18: «¡Echa tu afilada podadera y vendimia los racimos de la viña de la tierra, pues llegaron a sazón sus uvas!» Es posible que en el ánimo de Nietzsche se fundiesen ambas evocaciones".

Con lo anterior he mostrado las conexiones que Nietzsche establece, en su propia mitología, entre él, bien como Dionisios o como Zaratustra, y con la presencia que Lou, como Ariadna, tuvo en la gestación y nacimiento de Así habló Zaratustra.

Voy a mostrar ahora, quizás la conexión más concreta y evidente entre Nietzsche, Zaratustra y Lou, porque esta vez se trata de un evento real y biográfico. Se trata de una fotografía tomada en algún momento de ese verano de 1882 cuando se conocieron.

Esta fotografía, que forma parte de la leyenda de Nietzsche y Lou, fue evidentemente coreografiada en un escenario diseñado. En ella aparecen Paul Rée y Nietzsche jalando de un pequeño carro de tiro como de juguete, sobre el que se encuentra Lou con un látigo en la mano en la posición de estar fustigando a los dos hombres.

Es necesario anotar, además, que la historia de esta fotografía tiene mayores significados, porque fue unas de las causas de gran disgusto para la madre de Nietzsche y su hermana Elizabeth y de los graves conflictos de Nietzsche y Lou con ellas dos por sus relaciones.

Lo que quiero enfatizar es la presencia de ese látigo que aparecerá como importante motivo en los apartados de Así habló Zaratustra titulados: De viejecillas y de jovencillas y La otra canción del baile, como a continuación mostraré.

En las dos últimas líneas del apartado De viejecillas y de jovencillas, Zaratustra pregunta:

«¡Dame, mujer, tu pequeña verdad!», dije yo. Y así habló la viejecilla:

«¿Vas con mujeres? ¡No olvides el látigo!» (109).

A lo que también anota Andrés Sánchez Pascual:

“109 En la tercera parte, La otra canción del baile, Zaratustra usará este látigo para hacer que la vida -«una mujer»- baile”.

Lo que aquí quiere implicar Nietzsche, es con toda seguridad tanto el disgusto que tuvieron su madre y su hermana por la fotografía como a los conflictos que se sucedieron durante la visita de Lou a las dos mujeres.

El motivo del látigo se complementa y hace más específico en los dos primeros apartados de La otra canción del baile.

En la primera, Nietzsche hace referencia específica a la fotografía:

"1

¡Al compás de mi látigo debes bailar y gritar para mí! «Acaso he olvidado el látigo? - ¡No!» (430).

Y no sobra citar también la anotación de Andrés Sánchez Pascual:

“430 Aquí reaparece el «látigo» al que se alude en la primera parte, al final del capítulo De viejecillas y jovencillas”.

Es en la segunda parte de La otra canción del baile en donde Nietzsche incluye numerosas claves sobre su enamoramiento por Lou, al establecer las conexiones autobiográficas con sus días felices con ella en Tautenburg, como mostraré más adelante.

Transcribo a continuación esa segunda parte de La otra canción del baile:

"2

Entonces la vida me respondió así, y al hacerlo se tapaba los graciosos oídos:

«¡Oh Zaratustra! ¡No chasquees tan horriblemente el látigo! Tú lo sabes bien: el ruido asesina los pensamientos - y ahora precisamente me vienen pensamientos tan gráciles.

Nosotros somos, ambos, dos haraganes que no hacemos ni bien ni mal. Más allá del bien y del mal hemos encontrado nuestro islote y nuestro verde prado - ¡nosotros dos solos! ¡Ya por ello tenemos que ser buenos el uno para el otro! (*).

Y aunque no nos amemos a fondo -, ¿es necesario guardarse rencor si no se ama a fondo?

Y que yo soy buena contigo, y a menudo demasiado buena, eso lo sabes tú: y la razón es que estoy celosa de tu sabiduría. ¡Ay, esa loca y vieja necia de la sabiduría!

Si alguna vez se apartase de ti tu sabiduría, ¡ay!, entonces se apartaría de ti rápidamente también mi amor.» -

"En este punto la vida miró pensativa detrás de sí y en torno a sí y dijo en voz baja: «¡Oh Zaratustra, tú no me eres bastante fiel!

No me amas ni mucho menos tanto como dices, yo lo sé, tú piensas que pronto vas a abandonarme."

"Hay una vieja, pesada, pesada campana retumbante (431): ella retumba por la noche y su sonido asciende hasta tu caverna:

- cuando a medianoche oyes dar la hora a esa campana, tú piensas en esto entre la una y las doce -

- tú piensas en esto, oh Zaratustra, yo lo sé, ¡en que pronto vas a abandonarme!"

«Sí, contesté yo titubeante, pero tú sabes también esto.» - Y le dije algo al oído, por entre los alborotados, amarillos, insensatos mechones de su cabello.

«¿Tú sabes eso, oh Zaratustra? Eso no lo sabe nadie.»

"Y nos miramos uno a otro y contemplamos el verde prado, sobre el cual empezaba a correr el fresco atardecer, y lloramos juntos. - Entonces, sin embargo, me fue la vida más querida que lo que nunca me lo ha sido toda mi sabiduría".

(*) Me pregunto si Nietzsche podría estar refiriéndose aquí a la isla de San Guiulio, lugar en donde se dio origen a la leyenda de "El secreto de Monte Sacro”, por lo que sucedió cuando Nietzsche y Lou dieron un paseo a solas, para referirse a continuación a los conflictos suscitados por su enamoramiento, con las palabras de la vida sobre el amor.

La clave que conecta el enigma con la autobiografía está en la palabra "campana", la cual, según Andrés Sánchez Pascual, remite:

"(431) Esta campana de medianoche reaparecerá en la cuarta parte, La canción del noctámbulo".

Aun cuando la palabra "noctámbulo" aparece varias veces en Así habló Zaratustra con especiales significados y motivaciones, sólo me interesa aquí para conectarla con los recuerdos de los días felices que Nietzsche vivió en Tautenburg con Lou, sólo ensombrecidos por la presencia y los conflictos que su hermana Elizabeth significó para Lou y que terminaron por precipitar el distanciamiento entre ellos.

Véase la conexión que establece Andrés Sánchez Pascual con la palabra "campana", en la siguiente cita de la segunda parte de La canción del noctámbulo y lo autobiográfico de Nietzsche.

Así dice La canción del noctámbulo:

"Y al punto se hizo el silencio y la calma en derredor; de la profundidad, en cambio, subía lentamente el sonido de una campana. Zaratustra se puso a escuchar, lo mismo que los hombres superiores; luego volvió a llevarse el dedo a la boca y volvió a decir: «¡Venid! ¡Venid! ¡Se acerca la medianoche!» - y su voz estaba cambiada. Pero continuaba sin moverse del sitio: entonces se hizo un silencio más grande y una mayor calma, y todos escucharon, también el asno, y los dos animales heráldicos de Zaratustra, el águila y la serpiente, y asimismo la caverna de Zaratustra y la luna redonda y fría y hasta la propia noche. Zaratustra se llevó por tercera vez el dedo a la boca y dijo:

¡Venid! ¡Venid! ¡Caminemos ya! Es la hora: ¡caminemos en la noche!"

Sobre la conexión de La canción del noctámbulo, con los tiempos felices, evocados aquí por Nietzsche, véase ahora lo que escribe Curt Paul Janz (10), sobre las interminables y noctámbulas conversaciones de Nietzsche con Lou en Tautenburg:

"A pesar de ello fue un tiempo, para ambos, filosóficamente fructífero. Elizabeth, naturalmente, no significaba nada al respecto. Se la trató como si no existiera. La mayoría de las veces hubo de dar sola sus paseos, y si se llegaba a una conversación, o bien le resultaba incomprensible o bien se horrorizaba por los juicios morales, críticos y provocativos. Nietzsche y Lou, por el contrario, vagaban horas y horas por los bosques, continuando sus conversaciones, a menudo, hasta bien entrada la noche. En su diario, que escribió en Tautenburg para Paul Rée, Lou escribe al respecto: «En estas tres semanas hemos conversado hasta el agotamiento; curiosamente él aguanta ahora cerca de diez horas diarias de charla. En nuestras veladas, cuando la lámpara, vendada como un inválido con un paño rojo para que no dañe sus pobres ojos, arroja sólo un débil resplandor por el cuarto, siempre llegamos a hablar de trabajos en común... Sorprendente que en nuestras conversaciones aboquemos involuntariamente al borde de abismos, a aquellos lugares de vértigo adonde alguna vez se ha subido en solitario para mirar desde allí a lo profundo. Siempre hemos elegido los caminos de gamuzas, y si alguien nos hubiera escuchado, habría creído que eran dos diablos los que conversaban.» Compusieron juntos aforismos que Lou inventaba y Nietzsche corregía o completaba. El 14 de agosto Lou escribe a Rée: «Nietzsche, en general de una consecuencia férrea, es en lo particular una persona tremendamente versátil. Yo sabía que cuando admitiéramos lo que, en principio, en la tormenta del sentimiento, ambos evitábamos, rápidamente nos habríamos de encontrar en nuestras naturalezas profundamente semejantes, más allá de todo charloteo pedante... Él subía hasta aquí de continuo, y por la noche tomó mi mano y la besó dos veces y comenzó a decir algo que no terminó. Los días siguientes estuve en cama, él me metía cartas en la habitación y me hablaba a través de la puerta. Ahora ya amainó mi vieja fiebre catarral y me he levantado. Ayer pasamos juntos todo el día... Elizabeth estuvo en el Dornburg con personas conocidas. En la pensión... se nos considera tan emparejados como a ti y a mí, cuando llego con mi gorro y con Nietzsche, sin Elizabeth... Un estímulo especial resulta de la coincidencia en pensamientos, sentimientos e ideas; nos podemos entender casi con medias palabras. El dijo una vez, impresionado por ello: 'creo que la única diferencia entre nosotros es la edad. Hemos vivido y pensado lo mismo'.»

El 14 de agosto, Nietzsche escribe a Kösselitz: : «'lo mejor posible para mí', he tenido que superar una dura prueba, y la he superado. -Lou se queda aquí 14 días todavía: en el otoño volveremos a encontramos (¿en Munich?) -Tengo mi ojo para las personas; lo que veo existe, aunque otros no lo vean. Lou y yo somos demasiado semejantes, 'consanguíneos' (¡por eso ni siquiera se la puedo alabar a Usted!).»

Para cerrar esta historia, se me ocurre una última hipótesis descabellada.

Nietzsche escribía como los verdaderos filósofos, los médicos del alma, en quienes el sistema y el método son la vida misma, la autobiografía y la obra son la descripción de sus exploraciones y la exposición de sus descubrimientos de manera propia y original.

Y, como la vida misma, cambiante con cada gran revelación, la obra de Nietzsche da testimonio de todo ello, así como de las no menos importantes transfiguraciones que le significaron los enamoramientos que sufrió y lo hicieron lo qué fue:

Primero, Richard y Cósima Wagner que le representaron el descubrimiento de Dionisios y lo dionisiaco, lo que daría paso, tras su rompimiento, a su transformación en Humano, demasiado humano y las obras que antecedieron a Zaratustra. Pasión amorosa que lo marcará hasta sus últimos días y que él hizo pública en libros dedicados a ellos y en muchos de sus escritos, incluida su correspondencia

Segundo, el enamoramiento por Lou Andreas Salomé, a quien considero como madre inmanente de Zaratustra y como motivo de un intrincado laberinto de conexiones y referencias, enigmas y claves encriptadas en Así habló Zaratustra, como he tratado de mostrar, porque este fue un enamoramiento condenado al silencio y al misterio, no sé si por decisión del propio Nietzsche o por mediación de la censura de la mano oscura y la mitomanía de su hermana Elizabeth.

El enamoramiento por Lou se salvó de ser borrado de la historia gracias a los testimonios de muchas personas y a la abundante correspondencia tanto entre los testigos como en muchas de las cartas entre Nietzsche y Lou, en las que se tratan o con admiración o con rabia y, a veces, con ternura, porque en sus libros sólo le dedica una formal mención en Ecce Homo, como ya cité antes.

Sin embargo, el fruto de ese enamoramiento y de la más aguda exploración sobre la naturaleza del enamoramiento, fue lo que logró Nietzsche en Así habló Zaratustra (11), así como las consecuencias de lo que de allí surgió para su propia existencia y el resto de la obra que escribiría. Lo anterior, independiente de haber creado una obra maestra de la literatura y fundamental para la filosofía.

Nietzsche escribió en 1883 las dos primeras partes de Así habló Zaratustra, la primera, entre el 1 y el 10 de febrero y la segunda entre el 26 de junio y el 6 de julio. En ellas inicia su propia e íntima exploración a sus estados del enamoramiento (12).

Estas dos primeras partes las escribe aun con el dolor y la rabia de su rompimiento con Lou, lo cual pesa y marca el estilo, tono y contenido del poema.

La otras dos partes las escribió Nietzsche en 1884 y 1885, respectivamente, lejos ya de aquellas primarias emociones, lo cual le permite tratar en perspectiva no sólo a Lou y su relación con ella, sino también para explorar la transfiguración que el enamoramiento le había generado.

Son de tal magnitud tales trasfiguraciones que para 1886 ha escrito Más allá del bien y el mal, la primera obra con la que pretende explicar y profundizar el impacto de Zaratustra tanto en él mismo como en su pensamiento.

En este mismo sentido escribirá otras obras fundamentales: La genealogía de la moral (1887), El caso Wagner (1888), El crepúsculo de los ídolos y El anticristo (ambas de 1889), Nietzsche contra Wagner (1889). Cada una de estas obras están destinadas a explicar y profundizar la misión que Zaratustra propone a los hombres y a la humanidad.

Publicada póstumamente, Ecce Homo, escrita durante el segundo semestre de 1888 y hasta poco antes de caer en su delirio y silencio, fue la obra en la cual se propuso exponer los motivos y aspiraciones vitales, existenciales y filosóficas de su misión y obra.

Pero y más importante para los exploradores de misterios, en Ecce Homo ocultó las claves y el hilo de Ariadna que permitiría resolver sus misterios y enigmas y acceder a su laberinto y, al mismo tiempo, con la finalidad de ofrecerles a sus lectores la posibilidad de retornar al mundo ya iluminados y vencedores en el combate amoroso por el disfrute de sí mismos. Esa misión que Nietzsche supone deben emprender, con esfuerzo, sufrimiento y gozo, sus verdaderos lectores y discípulos.

Creo que hasta aquí he dado suficiente ilustración sobre el asunto y, aun cuando sé que es apenas una mirada a los laberintos de Friedrich Nietzsche, su vida y su obra, reconozco que ya ese negocio es asunto para los especialistas y a ellos se los dejo.

Al fin y al cabo, mi propósito de LECTOR LUDI siempre es provocar la alegría de vivir y de leer de los LECTORES LUDI y espero haberlo cumplido.

NOTAS

() Iván Rodrigo García Palacios, LECTOR LUDI-56. Puede leerse en el blog:

http://lectorludi.blogspot.com/

(2) Friedrich Nietzsche, Ecce Homo.

(3) Iván Rodrigo García Palacios, LECTOR LUDI. Manual de iniciación a la alquimia de la lectura, capítulo 1: Nietzsche: La vida como literatura. Así nació Zaratustra en los tiempos del amor. Puede leerse en el blog:

http://lectorludi.blogspot.com/

(4) Friedrich Nietzsche, Lou Andreas Salomé, Paul Rée, Documentos de un encuentro, Laertes, Barcelona, 1982, p. 71.

(5) H. F. Peters, Mi hermana, mi esposa. La vida de Lou Andreas Salomé, Plaza & Janés, Barcelona, 1980, pp. 77 y ss.

(6) Friedrich Nietzsche, Así hablo Zaratustra, Alianza, Madrid, 1998.

(7) Lesley Chamberlain, Una biografía íntima. Nietzsche en Turín, Gedisa, Barcelona, 1998, pp. 230 a 232.

(8) Lesley Chamberlain, Una biografía íntima. Nietzsche en Turín..., pp. 244-245.

(9) Friedrich Nietzsche, Así hablo Zaratustra..., p. 444.

(10) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Biografía, 3. Los diez años del filósofo errante (1879-1888), Alianza, Madrid, 1985, pp. 118-119.

(11) Iván Rodrigo García Palacios, LECTOR LUDI. Manual de iniciación a la alquimia de la lectura, capítulo 1: Nietzsche: La vida como literatura. Así nació Zaratustra en los tiempos del amor. Puede leerse en el blog:

http://lectorludi.blogspot.com/

(12) Iván Rodrigo García Palacios, Beso Rico o el Eros alquímico. Hipótesis descabelladas obre la mente, el enamoramiento, el soñar y el imaginar, Segunda parte. Puede leerse en el blog:

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LECTOR LUDI-56-En su original mitología, Nietzsche...

LECTOR LUDI-56

En su original mitología, Nietzsche propone

un combate vital por el disfrute de sí mismo

- Por una lectura no-prevenida de Nietzsche

Por Iván Rodrigo García Palacios

Son numerosos las figuras, personajes y motivos mitológicos que Friedrich Nietzsche utilizó en sus obras, desde los motivos judeo-cristianos de su juventud, inspirados en la formación religiosa que se le impuso en su infancia y primeros estudios, hasta su primera especialización en filología que lo condujo a las mitologías griegas, del Mediterráneo y del Oriente. Así como los temas y personajes nacidos de la inspiración y las influencias de sus incontables lecturas y amistades, más reconocidas y estudiadas unas que otras.

Ha sido conocida y comentada con amplitud la formación, estudios y usos de Nietzsche sobre la mitología cristiana, entrañable para su vida y su obra, ya que hizo parte de su desarrollo infantil y juvenil. De igual manera, son fundamentales sus estudios, filológicos y filosóficos, sobre la antigüedad griega, mediterránea y oriental, los que se convierten en materia importante para su escritura y pensamiento... y algo más, como propongo en las siguientes hipótesis descabelladas, en la creación de una propia mitología.

Entrando de una vez en el terreno de las abducciones, poco más se ha explorado en dos posibles fuentes y claves importantes para descifrar algunos de los misterios y enigmas de la vida y la obra de Nietzsche y en especial con la concepción, gestación y nacimiento de Zaratustra y lo que a partir de allí sucedió con su vida y la obra.

Se trata de sus conexiones con las vidas y las obras de Giordano Bruno (1), de Fiódor Mijáilovich Dostoievski y la de Lou Andreas Salomé, quien, aun cuando Nietzsche, ni lo afirme ni lo niegue, debió hacerle leer, en 1882, las obras de Dostoievski, ya conocidas y aparecidas en Europa para esa época.

De Bruno, Nietzsche hizo un par de referencias en su correspondencia y en sus obras. Del segundo, niega haberlo leído antes de 1887, lo cual es dudoso, tal como lo afirma su biógrafo Curt Paul Janz y algunos otros de sus estudiosos que posteriormente citaré.

Dice Janz:

"El 23 febrero de 1887 escribía a Overbeck: «De Dostoievski no conocía hace pocas semanas ni siquiera el nombre -hombre inculto como soy, que no lee ni cuanto menos un periódico. En una visita casual a una librería la suerte puso bajo mis ojos la obra recién aparecida en traducción francesa L'sprit souterrain (¡algo parecido me ocurrió a los 21 años con Schopenhauer y a los 35 con Stendhal!) El instinto del parentesco (¿o cómo tengo que llamarlo?) habló de inmediato, mi alegría fue extraordinaria.» El nombre de Dostoievski tenía, de todos modos, que serle conocido a Nietzsche desde la recensión de Widmann, esto es, desde finales de septiembre, y el capítulo "Del pálido delincuente" del Zaratustra invita a pensar en un conocimiento todavía más temprano. Tal vez latía un recuerdo en su subconsciente que le hizo aferrarse al libro al ver el nombre en la cubierta" (2).

Por mi parte, voy un poco más allá para afirmar que las conexiones de Nietzsche con Bruno y Dostoievski tienen una participación sustancial en la concepción, gestación y nacimiento de Zaratustra.

Como ya lo dije en mi LECTOR LUDI-54 (3), Giordano Bruno, el monje envuelto en llamas, en el Campo dei Fiori, el 17 de febrero de 1600, condenado por herejía por el tribunal de la Inquisición, fue el modelo que le inspiró a Nietzsche “el genio y figura” de Zaratustra.

En cuanto a Dostoievski. Cuando Nietzsche hace, en Así habló Zaratustra, la categórica afirmación: "Dios ha muerto", es necesario preguntarse ¿Quién le dio muerte y por qué? La respuesta, según mi hipótesis descabellada, se la inspiró el relato de El Gran Inquisidor de la novela de Dostoievski, Los hermanos Karamazov (1879-1880).

Es, en ese punto y momento, donde todo se conecta: Bruno, Dostoievski y, por supuesto, Lou Andreas Salomé. Léase la parte final del relato de Dostoievski y los elementos se unen:

"Lo que te digo se realizará; nuestro imperio será un hecho.

Y te repito que mañana, a una señal mía, verás a un rebaño sumiso echar leña a la hoguera donde te haré morir, por haber venido a perturbarnos. ¿Quién más digno que Tú de la hoguera? Mañana te quemaré. Dixi.

El inquisidor calla. Espera unos instantes la respuesta del preso. Aquel silencio le turba. El preso le ha oído, sin dejar de mirarle a los ojos, con una mirada fija y dulce, decidido evidentemente a no contestar nada. El anciano hubiera querido oír de sus labios una palabra, aunque hubiera sido la más amarga, la más terrible. Y he aquí que el preso se le acerca en silencio y da un beso en sus labios exangües de nonagenario. ¡A eso se reduce su respuesta! El anciano se estremece, sus labios tiemblan; se dirige a la puerta, la abre y dice: "¡Vete y no vuelvas nunca..., nunca! Y le deja salir a las tinieblas de la ciudad. El preso se aleja".

Y, a partir de aquí, Zaratustra emprendió su misión y su viaje. Véase lo que escribe Nietzsche en el Prólogo de Así habó Zaratustra:

"1

Cuando Zaratustra tenía treinta años abandonó su patria y el lago de su patria y marchó a las montañas".

[Al final y para ilustrar estas afirmaciones, transcribo la primera parte de el Prólogo de Zaratustra, junto con las notas de pie de página de Andrés Sánchez Pascual a su edición y traducción de Así habló Zaratustra (4)].

De todo ese bagaje mitológico se sirvió Nietzsche para intertextualizar y metaforizar en la escritura de sus obras y poemas de una manera tan libre y creativa que, todavía hoy, sus críticos, estudiosos, biógrafos y exegetas, tratan de descifrar y revelar sus enigmas y misterios.

Se entiende entonces que, si bien, la inspiración de Nietzsche en esas figuras, personajes y motivos mitológicos, tengan su origen en las mitologías históricas, el uso que él hizo de todo ello fue el resultado de su propia lectura, interpretación y deseo o necesidad de darles un propio y original sentido al momento de expresar sus pensamientos y emociones.

Como en una de esas metáforas gastronómicas que tanto le gustaban, Nietzsche devoró y metabolizó, como un dios mitológico fundador, toda esta materia mitológica y generó una propia, en la que figuras, personajes y motivos se funden, transforman e intercambian a su voluntad, estado de ánimo y necesidad.

Dionisios y Apolo son la materia original de los dioses fundadores del mundo mitológico nietzscheano que luego él va poblando de otros dioses y diosas, héroes y heroínas, así como de figuras de leyenda, que encarnan las figuras, personajes y motivos que le permitirán expresar su pensamiento y vida a través de mitos, leyendas y, lo más sorprendente, la encriptación en enigmas de aquellos asuntos que quería cubrir de misterio para desafiar la inteligencia de sus lectores contemporáneos y futuros, así como para ocultar sus propios secretos.

Esa es la mitología que Nietzsche utilizó indistintamente para configurar y expresar los estados y sensaciones de su cuerpo y mente, que eran los que él consideraba sufrían y gozaban de la vida.

Esa sufriente y gozosa esclavitud vital fue el tema que se constituyó en el punto crucial de su lucha por explicar y superar el sufrimiento y la resignación impuestas por la moral cristiana, en una misión y labor de la que emergería el hombre superior, "el superhombre" (Übermensch), que él ofrecía a los hombres en lugar de los dioses y las religiones que los alienaban, dominaban y explotaban, para desviarlos del combate vital por el disfrute de sí mismos que él propone como "eterno retorno" y como "amor fati".

La obra de Nietzsche es sustancialmente autobiográfica o, para decirlo mejor con su propia concepción: "como literatura" (5), es decir, como "amor fati" (6), para la que se inspiró en Bruno y Spinoza (7), conceptos que él llevó hasta dimensiones misteriosas.

En consecuencia, la lectura que de ella haga el LECTOR LUDI debe estar inspirada por esa misma concepción: libre de prejuicios, dispuesta para el asombro creativo y, lo que es más importante todavía, preparada a luchar contra la dificultad, las mistificaciones y los malentendidos de siglos de idealismo platónico cristianizado y exegetas bien y mal intencionados.

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Es que los filósofos como los artistas crean y realizan sus obras a partir de la materia de sus propias vidas, materia metabolizada y sublimada de todo aquello que sus cuerpos y mentes que, en las metáforas gastronómicas gratas a Nietzsche, han ingerido, digerido y sintetizado y que en el caso de los genios es convertida en la obra maestra que termina por consumirlos a ellos mismos e impactar en la evolución cultural humana.

De las materias vitales que mayor incidencia tuvieron en la obra de Friedrich Nietzsche, fue la pasión amorosa la que más misterios y demostraciones ha provocado. Pasión amorosa que "asaltó" a Nietzsche o bien en su apasionamiento por el cristianismo, o por la sabiduría antigua, o bien en la apasionada admiración del genio y figura de Richard Wagner o bien en sus enamoramientos por Cósima Wagner y Lou Andreas Salomé o bien por la extraña pasión-odio por su hermana Elizabeth o bien por su presunta y malinterpretada misoginia.

Estos misterios en la vida de Nietzsche fueron encriptados por él de formas más o menos herméticas en sus obras. Menos en las primeras obras hasta 1878 y de forma, cada vez más misteriosa, críptica y enigmática, a partir de Humano, demasiado humano, hasta sus últimos escritos de 1888/89, en vísperas de su "apagón" mental.

En todo misterio y en todo enigma, el autor inserta las claves para que sea descifrado. Se puede decir que es en el propio misterio o enigma en donde se pueden encontrar las claves para que sea desvelado. Lo que hace difícil decodificar un misterio o enigma no es tanto la complejidad del mismo como los prejuicios y preconceptos del lector, o sea, cuando el lector lee lo que desea leer y deduce lo que desea deducir.

Con razón Sigmud Freud temió y se negó a leer a Nietzsche y, desde entonces, todos los secuaces psicoanalistas le temen, pues él es el único que demuestra, desde antes del mismo psicoanálisis, que casi toda esa palabrería es una farsa.

Las lecturas de Nietzsche y sus obras han padecido, aun estando él vivo y lúcido, no sólo ataques infundados sino toda clase de interpretaciones subjetivas, razones por las cuales ha sido casi imposible desvelar sus misterios y enigmas, salvo contados casos y honrosas excepciones.

Esas excepciones no son otras que las de aquellos pocos que entendieron que el propósito de Nietzsche no era otro que el proponerle al hombre el combatiente y vital disfrute de sí mismo y que a partir de 1878 todos sus escritos están dedicados a combatir el sino trágico del idealismo que alienaba a los hombres. Para lograrlo el se sumergió en sí mismo y se expresó por medio del ejemplo de sus luchas y combates, alegrías y torturas, por esa causa "casi" perdida del hedonismo.

Cada uno de esos escritos es la narración de sus batallas y nunca la propuesta de un sistema filosófico, afán sistematizador que Nietzsche despreciaba y combatía como don Quijote a los molinos de viento y a las imposturas del poder.

La lectura con tal sentido de las obras de Nietzsche permiten entonces intentar descifrar y desvelar sus enigmas y misterios, más con la visión del arte que con la rigidez del filósofo o el filólogo, porque de esa manera es posible comprender que cada palabra busca expresar y describir una situación y una experiencia vital en la que todos los personajes y situaciones corresponden y se corresponden.

De ahí que, en algún momento, los personajes y situaciones que impactaron la vida mental y emocional de Nietzsche, se conviertan en figuras, personajes y motivos de la mitología expresiva que él iba creando en su mente y que se expresaba en sus escritos y poemas.

Cristo, Dionisios, Apolo, Epicuro, la Grecia antigua y sus sabidurías, Wagner y su mitología germana, en un principio se corresponden con los materiales históricos. A partir de 1878, esta mitología e historia empieza a transfigurarse, como a él le gustaba llamar a sus transformaciones y como se va a transfigurar el propio Nietzsche en sí mismo y en el sentido que él les da a sus transfiguraciones en su propia mitología.

Cristo es transmutado en Dionisios opuesto a Apolo. Lo dionisiaco es aquello a lo que debe aspirar la música de Richard Wagner, pero también lo que debe ser el mismo Nietzsche y cada hombre en particular, en oposición a lo apolíneo.

Esto es claro y evidente hasta antes de 1878, cuando, el rompimiento de la amistad con Richard y Cósima Wagner, la manifestación de su enfermedad, su retiro como profesor en Basilea, la influencia de la amistad y la obra del historiador del Renacimiento, Jacob Burckhardt, la influencia del pensamiento de Arthur Schopenhauer, entre otros eventos también significativos, originan en Nietzsche una serie de transfiguraciones radicales en sus concepciones de lo humano y de la vida.

La historia de estas transfiguraciones puede seguirse en sus obras: Humano, demasiado humano, El viajero y su sombra, Aurora y La gaya ciencia, hasta el momento del "asalto" de Zaratustra, en el verano de 1881 y, enseguida, por el enamoramiento por Lou Andreas Salomé, en el verano de 1882, que dan origen y nacimiento a "¡Zaratustra, mi hijo!" en Así habló Zaratustra, que es la obra que narra la transfiguración última de Nietzsche en Zaratustra y de este en Dionisio Zagreo, para así, al final, profetizar su eterno renacimiento ya en medio de su delirio.

La historia de esta transmutación/ transfiguración, es narrada por Nietzsche en Así habló Zaratustra y es ampliamente explicada en sus obras posteriores: Más allá del bien y el mal (1886), Genealogía de la moral (1887), El crepúsculo de los ídolos (1889), El Anticristo (1889), Ecce Homo 1889), y de manera complementaria, en El caso Wagner (1888) y Nietzsche contra Wagner (1889).

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Ya en anteriores LECTOR LUDI-44 y 54 (8), había propuesto mis hipótesis descabelladas en las que mostraba como Lou Andreas Salomé era la madre inmanente de Zaratustra (9) y como Nietzsche encarnó en Zaratustra la figura del Giordano Bruno torturado y quemado en la hoguera de la Inquisición (10).

Ahora es el momento para explorar en otros de los misterios y enigmas de la mitología de Friedrich Nietzsche: Eros, sexualidad, sensualidad, y su enamoramiento por Lou Andreas Salomé.

Pero que sea un asunto para el próximo LECTOR LUDI-57.

NOTAS

(1) Iván Rodrigo García Palacios, LECTOR LUDI- 54. Puede leerse en el blog:

http://lectorludi.blogspot.com/

(2) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Biografía, 3. Los diez años del filósofo errante (1879-1888), Alianza, Madrid, 1985, p. 406.

(3) Iván Rodrigo García Palacios, LECTOR LUDI-54. Puede leerse en el blog:

http://lectorludi.blogspot.com/

(4) Friedrich Nietzsche, Así hablo Zaratustra, Alianza, Madrid, 1998.

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"Prólogo de Zaratustra

1 (1)

Cuando Zaratustra tenía treinta años (2) abandonó su patria y el lago de su patria y marchó a las montañas. Allí gozó de su espíritu y de su soledad y durante diez años no se cansó de hacerlo. Pero al fin su corazón se transformó, - y una mañana, levantándose con la aurora, se colocó delante del sol y le habló así:

«¡Tú gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas! (3).

Durante diez años has venido subiendo hasta mi caverna: sin mí, mi águila y mi serpiente (4) te habrías hartado de tu luz y de este camino.

Pero nosotros te aguardábamos cada mañana, te liberábamos de tu sobreabundancia y te bendecíamos por ello. ¡Mira! Estoy hastiado de mi sabiduría como la abeja que ha recogido demasiada miel, tengo necesidad de manos que se extiendan.

Me gustaría regalar y repartir hasta que los sabios entre los hombres hayan vuelto a regocijarse con su locura, y los pobres, con su riqueza.

Para ello tengo que bajar a la profundidad: como haces tú al atardecer, cuando traspones el mar llevando luz incluso al submundo, ¡astro inmensamente rico!

Yo, lo mismo que tú, tengo que hundirme en mi ocaso (5), como dicen los hombres a quienes quiero bajar. ¡Bendíceme, pues, ojo tranquilo, capaz de mirar sin envidia incluso una felicidad demasiado grande!

¡Bendice la copa que quiere desbordarse para que de ella fluya el agua de oro llevando a todas partes el resplandor de tus delicias!

¡Mira! Esta copa quiere vaciarse de nuevo, y Zaratustra quiere volver a hacerse hombre.»

- Así comenzó el ocaso de Zaratustra" (6).

Las notas de pie de página son de Andrés Sánchez Pascual:

(1) Así habló Zaratustra reproduce literalmente el aforismo 342 de La gaya ciencia; sólo «el lago Urmi», que allí aparece, es aquí sustituido por «el lago de su patria». El mencionado aforismo lleva el título Incipit tragedia (Comienza la tragedia) y es el último del libro cuarto de La gaya ciencia, titulado Sanctus Januarius (San Enero).

(2) Es la edad en que Jesús comienza su predicación. Véase el Evangelio de Lucas, 3, 23: «Éste era Jesús, que al empezar tenía treinta años». En el buscado antagonismo entre Zaratustra y Jesús es ésta la primera de las confrontaciones. Como podrá verse por toda la obra, Zaratustra es en parte una antifigura de Jesús. Y así, la edad en que Jesús comienza a predicar es aquella en que Zaratustra se retira a las montañas con el fin de prepararse para su tarea. Inmediatamente después aparecerá una segunda contraposición entre ambos: Jesús pasó sólo cuarenta días en el desierto; Zaratustra pasará diez años en las montañas.

(3) Zaratustra volverá a pronunciar esta misma invocación al sol al final de la obra. Véase, en la cuarta parte, El signo.

(4) Los dos animales heráldicos de Zaratustra representan, respectivamente, su voluntad y su inteligencia. Le harán compañía en numerosas ocasiones y actuarán incluso como interlocutores suyos, sobre todo en el importantísimo capítulo de la tercera parte titulado El convaleciente.

(5) Untergehen. Es una de las palabras-clave en la descripción de la figura de Zaratustra. Este verbo alemán contiene varios matices que con dificultad podrán conservarse simultáneamente en la traducción castellana. Untergehen es en primer término, literalmente, «caminar (gehen) hacia abajo (unter)». Zaratustra, en efecto, baja de las montañas. En segundo lugar es término usual para designar la «puesta del sol», el «ocaso». Y Zaratustra dice bien claro que quiere actuar como el sol al atardecer, esto es, «ponerse». En tercer término, Untergehen y el sustantivo Untergang se usan con el significado de hundimiento, destrucción, decadencia. Así, el título de la obra famosa de Spengler es Der Untergang des Abendlandes (traducido por La decadencia de Occidente). También Zaratustra se hunde en su tarea y fracasa. Su tarea, dice varias veces, lo destruye. Aquí se ha adoptado como terminus technicus castellano para traducir Untergehen el de «hundirse en su ocaso», que parece conservar los tres sentidos. De todas maneras, Nietzsche juega en innumerables ocasiones con esta palabra alemana compuesta y la contrapone a otras palabras asimismo compuestas. Por ejemplo, contrapone y une Un tergangy Ubergang. Überganges «pasar al otro lado» por encima de algo, pero también significa «transición». El hombre, dirá Zaratustra, es «un tránsito y un ocaso». Esto es, al hundirse en su ocaso, como el sol, pasa al otro lado (de la tierra, se entiende, según la vieja creencia). Y «pasar al otro lado» es superarse a sí mismo y llegar al superhombre.

6 Esta misma frase se repite luego. El «ocaso» de Zaratustra termina hacia el final de la tercera parte, en el capítulo titulado El convaleciente, donde se dice: «Así - acaba el ocaso de Zaratustra».

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(5) Alexander Nehamas, Nietzsche. La vida como literatura, Turner/ Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2002.

(6) Friedrich Nietzsche, Ecce Homo:

"Mi fórmula para expresar la grandeza en el hombre es amor fati [amor al destino]: el no-querer que nada sea distinto ni en el pasado ni en el futuro ni por toda la eternidad. No sólo soportar lo necesario, y aun menos disimularlo –todo idealismo es mendacidad frente a lo necesario– sino amarlo".

(7) Miguel Ángel Granada, Giordano Bruno. Universo infinito, unión con Dios, perfección del hombre, Herder, Barcelona, 2002, pp. 358-360.

(8) Iván Rodrigo García Palacios, LECTOR LUDI-44 y 54. Pueden leerse en el blog:

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(9) Iván Rodrigo García Palacios, LECTOR LUDI. Manual de iniciación a la alquimia de la lectura, capítulo 1: Nietzsche: La vida como literatura. Así nació Zaratustra en los tiempos del amor. Puede leerse en el blog:

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(10) Iván Rodrigo García Palacios, LECTOR LUDI-54. Bruno/Zaratustra: Giordano Bruno y Friedrich Nietzsche, profetas/mártires de Epicuro. Puede leerse en el blog:

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