19 de marzo de 2013

Lector Ludi No. 67 Del buen sentir al bien pensar





Paul Gauguin, ¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿A dónde vamos?, 1897.

Lector Ludi No. 67
Iván Rodrigo García Palacios


Del buen sentir al bien pensar


"(...) serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado".
(Francisco de Quevedo y Villegas, Amor constante más allá de la muerte).


***
1. En el principio, el universo


Me siento en la obligación de repetir una cita de Goethe que he utilizado antes, porque allí se dice mejor lo que voy a decir:
"Si el físico puede llegar a conocer aquello que hemos llamado un fenómeno primigenio, queda entonces aliviado, y el filósofo con él. El primero porque está convencido de haber llegado a los límites de su ciencia, de que se encuentra en las alturas empíricas, desde donde, hacia atrás, puede vislumbrar la experiencia en todos sus niveles, y, hacia adelante, el reino de la teoría, donde puede penetrar. El filósofo queda aliviado porque toma del físico algo último, que para él se convierte en algo primero"(J. W. Goethe, Teoría de los colores).
Sin pretender de filósofo y menos de científico, también me siento en la obligación de afirmar que los actuales descubrimientos de las ciencias y en particular los de las neurociencias, son "un algo penúltimo" y, por tanto, "un algo primero" para quienes nos preocupamos por contemplar y comprender en lo desconocido de la naturaleza de la Naturaleza y de la naturaleza del Homo-Humano y de su existencia.
Sin necesidad de una lectura especializada, lo que se puede entender de esos descubrimientos científicos y su conexión con la naturaleza del Homo-Humano, es, sucintamente:
Todo lo que se diga del universo y de la naturaleza, son nombres y conceptos inventados por el Homo-Humano para ordenar y medir todo aquello que percibe 1 y siente con los códigos que inventa y mediante los cuales organiza, imagina, piensa, memoriza, recuerda, expresa y comparte sus sensaciones de Ser y Estar en el mundo.
El universo es materia/energía en permanente movimiento y todo cuanto en él existe, lo es según su Ley, incluso la soberbia del Homo-Humano.
A la naturaleza le repugnan el vacío y el desorden, por ello, la materia/energía siempre esta en lucha por llenarlo y ordenarlo todo.
La materia/energía es y actúa en las dos dimensiones fundamentales que ha establecido y conceptualizado el Homo-Humano: espacio y tiempo.
El Homo-Humano es materia/energía que siente, se siente, actúa, imagina, piensa, se expresa y anhela (el espíritu es el anhelo de futuro).
Se imagina y se piensa, porque se siente. El Homo-Humano es carne que se hizo verbo. ... Un verbo que quiere ser dios.
Sentir es un proceso biológico que se produce a partir de las propiedades y cualidades de la materia/energía organizadas en un código: reaccionar: atraer y rechazar.
Un código es la organización de materia/energía que "recuerda" y activa las propiedades y cualidades de la materia/energía y de los compuestos que con ella se forman y trasforman, para provocar las reacciones: atraer y rechazar, moverse.
A partir de estas propiedades y cualidades codificadas de la materia/energía, se derivan todos los códigos habidos y por haber, desde el simple intercambio de materia/energía en la más minúscula de las partículas (conocidas o por conocer), hasta los más complejos códigos inventados por la imaginación y el pensamiento del Homo-Humano, con los cuales se conocen, se saben y se explican, todos los fenómenos y sucesos de la materia/energía.
Códigos son pues, los que permiten definir, conocer, saber y explicar ese intercambio de materia/energía que forma y trasforma los objetos simples y compuestos en los que se organiza la materia/energía, desde el más simple de los átomos con sus fuerzas y cargas de energía positiva y negativa que forman y trasforman los átomos, moléculas, etc., hasta la más abstracta de las cosas imaginables y pensables. Código es el sencillo ADN del microorganismo que se replica a sí mismo, como lo es el ADN sexualizado, dividido por la evolución en los cromosomas X y Y, productor de las formas de vida complejas existentes.
En fin, códigos son las complejas reacciones físico-químicas por las cuales se producen las sensaciones y, a partir de estas, ya codificadas, se siente que se siente, se tiene conciencia y una mente que es la memoria del cuerpo, y, esa conciencia, hace posible inventar lo consciente, es decir, codificar, dar nombre a las sensaciones, la imaginación, el pensamiento, la memoria.
La mecánica biológica de esas codificaciones físico-químicas es asunto en el que las neurociencias están realizando sus exploraciones, siempre en un "un algo penúltimo" que, sin embargo, nos permite establecer "un algo primero", a partir del cual formular la hipótesis, así sea descabellada, según la cual el Homo-Humano se está desnaturalizando, es decir, está desarrollando una cultura 2 para la cual el cuerpo y el cerebro todavía no han evolucionado y, en consecuencia, se deforman y atrofian tanto fisiológica como mentalmente.
De las deformaciones y atrofias fisiológicas, más evidentes, ya las ciencias se están haciendo cargo de manera positiva. Sin embargo, de las deformaciones y atrofias mentales, mucho menos evidentes, es poco lo que se hace y se sabe, debido a que los prejuicios trascendentalistas y exepcionalistas de la dualidad cuerpo/alma, aun impiden considerar al Homo-Humano sólo como a un cuerpo que siente, imagina, piensa, recuerda, actúa y anhela, que es lo que lo hace trascendental y excepcional.


2. Desnaturalización del Homo-Humano


La evolución biológica es un proceso muy lento, extenso, complejo y casi impredecible, que se tarda miles y hasta millones de años en producir las mutaciones y adaptaciones necesarias para consolidar las propiedades, cualidades y operación de un órgano o partes del mismo en los individuos de una especie, máxime de la complejidad de la especie Homo-Humano.
La evolución cultural, por su parte, es mucho más rápida y se produce y reproduce por la acción voluntaria o involuntaria de los Homo-Humanos, hasta el punto de superar o poner en peligro la sobrevivencia, reproducción y adaptaciones de la especie. Algo que ha ocurrido con mayor frecuencia que las mismas catástrofes naturales que casi han provocado la extinción. Ese riesgo está amenazando ahora al Homo-Humano, por una parte, la desnaturalización del planeta, ya evidente y demostrada. Por la otra y mucho menos evidente, la cultura está desnaturalizando la gestación, la crianza y el desarrollo de los recién nacidos, hasta el punto de dejarlos desprotegidos, deformados y atrofiados, para sobrevivir, reproducirse y adaptarse en su Ser y Estar en sí mismos y en el mundo.
En ese escenario, la especie Homo-Humano está en una encrucijada evolutiva: tanto su cuerpo como su cerebro no están lo suficientemente adaptados para las condiciones y circunstancias que ha desarrollado con la cultura.
Como lo están demostrando las ciencias médicas evolutivas, la evolución del cuerpo se corresponde todavía a las condiciones ambientales del hombre de la Edad de Piedra. Lo anterior es igualmente válido, por correspondencia, para la evolución del cerebro y la mente, aun cuando todavía no haya sido estudiado por las ciencias biológicas evolutivas.
Las ciencias médicas evolutivas están demostrado que el cuerpo del Homo-Humano actual se corresponde para las actividades físicas, la dieta alimentaria y las condiciones ambientales de la Edad de Piedra. Lo mismo habría que demostrar sobre el cerebro y la mente, su conformación, actividades y funcionamiento.
Al igual que las ciencias biológicas evolutivas, que han establecido que el cuerpo del Homo-Humano actual se corresponde para las condiciones del Homo-Humano de la Edad de Piedra, lo mismo podría considerarse para la evolución cerebral y mental, porque, de la misma forma que la dinámica física y fisiológica del cuerpo no ha evolucionado ni se ha adaptado a las circunstancias y condiciones físicas desarrolladas por la cultura, tampoco lo ha hecho el cerebro que es el órgano en el cual se genera la mente, la que es la imagen y la memoria del cuerpo.
Son muchas y evidentes las causas y efectos de las deformaciones y atrofias mentales que es posible identificar como consecuencias de ese proceso de desnaturalización cultural.
En consecuencia, como Homo-Humano con cerebro y mente evolucionados y adaptados para las circunstancias y condiciones de la Edad de Piedra, todavía no le es posible afrontar adecuadamente los desarrollos que ha logrado la cultura.
Así como el cuerpo no ha evolucionado ni se ha adaptado para la actividad física ni a la dieta alimenticia actuales ni a las condiciones ambientales, tampoco lo han hecho ni el cerebro ni la mente para afrontar los estímulos y la hiperinformación que produce y procesa la cultura actual a velocidad exponencial.
El cerebro y la mente, por una parte, están siendo sobresaturados y desbordados por la inmensa cantidad, potencia y velocidad, de los estímulos y la información que reciben y que son incapaces de procesar y asimilar. Y, por la otra, menos evidente, pero igual o peor de dañino, a medida que la cultura acelera su desarrollo científico y tecnológico, en casi la misma proporción acorta o disminuye el período de crianza y desarrollo físico, mental y emocional de los recién nacidos que enfrentan así su Ser y Estar en el mundo sin la preparación adecuada y casi totalmente desprotegidos e indefensos.
Por ejemplo, para un recién nacido de la Edad de Piedra y hasta para los de tiempos todavía no muy remotos, el período de crianza y desarrollo se extendía hasta la adolescencia y aun, durante ésta, en una transición lenta durante la cual experimentaban y aprendían jugando o sin cargar con el peso de responsabilidades abrumadoras. Un largo período de tiempo durante el cual el niño y el adolescente ejercitaba el sentirse a sí mismos y al mundo, para así aprender y aprehender como saber actuar, imaginar, pensar, anhelar. Las ciencias evolutivas ya han demostrado que ese extenso período de crianza fue una de las ventajas evolutivas del éxito del Homo-Humano como especie.
Como ventaja evolutiva, ese largo período de crianza permitía que el cerebro y la mente formaran y desarrollaran saludable, adecuada y firmemente los circuitos neuronales mediante los cuales percibir, sentir, interpretar y actuar, en el tiempo y el espacio y, en consecuencia, para desarrollar las actividades mentales superiores.
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Desde el mismo momento de la fecundación del óvulo por parte del espermatozoide, se genera el código genético, el ADN, particular y propio de cada individuo, el que regirá el desarrollo biológico y que, por supuesto, condicionará los demás desarrollos del Homo-Humano, como especie, en el ambiente y en la cultura.
Cada Homo-Humano está dotado de un código genético, ADN, particular y propio que es el resultado de la unión de los códigos genéticos de sus padres y de las particulares variaciones y mutaciones resultantes de esa unión. En consecuencia, cada Homo-Humano, es único, tanto en lo biológico como en lo existencial.
Por lo anterior, los procesos biológicos y culturales del desarrollo del Homo-Humano, serán particulares y propios para cada individuo, por lo que el desarrollo biológico y existencial de cada individuo será particular y propio.
Cada individuo se desarrolla de acuerdo con el despliegue del repertorio de sus determinantes biológicos en el ámbito de sus condicionamientos culturales, todo lo cual es particular y propio para cada individuo.
Sin embargo, el Homo-Humano tiene en común con todos los individuos de su especie los mecanismos biológicos que lo forman y trasforman: un cuerpo que se mueve, siente, se siente, imagina, piensa, memoriza, actúa y se expresa, pero, en el cual, ese moverse, sentir, sentirse, imaginar, pensar, memorizar, actuar y expresarse, se desarrollan y expresan de forma particular y propia, eso es lo que hace a cada individuo único tanto en lo biológico como en lo existencial.
Del desarrollo biológico se ocupan las ciencias biológicas y del desarrollo existencial las ciencias sociales y humanas. Más avanzadas las primeras en lo concerniente al conocimiento de la naturaleza biológica humana, mientras que las segundas apenas están empezando a tomar de aquellas los conocimientos necesarios que les permitan explicar las conexiones entre esa naturaleza biológica y el desarrollo y funcionamiento de los mecanismos biológicos en el desarrollo existencial.
Las ciencias biológicas han explorado y mostrado los procesos y el funcionamiento del moverse, sentir, sentirse, imaginar, pensar, memorizar, actuar y expresarse, en el cuerpo humano. Algo de ello, han asumido las ciencias sociales y humanas para explicar el desarrollo y el comportamiento humano. Sin embargo, dada la magnitud y complejidad, tanto de lo uno como de lo otro, apenas es posible plantarse algunas explicaciones y respuestas a las preguntas que se suscitan.
En esas condiciones y en el marco de la hipótesis propuesta atrás, voy a especular con algunos de los asuntos expuestos para explicarme el qué, cómo y porqué, el Homo-Humano ES y ESTÁ en el mundo.


2. Del buen sentir


Parto de una parodia que me permite desmontar el dualismo cartesiano:
Siento luego existo.
Existo luego pienso.
Pienso luego soy.
Anhelo luego poseo espíritu.
Como lo dije antes, el Homo-Humano es y está en el mundo porque su cuerpo siente y percibe con los sentidos de su cuerpo (los órganos sensoriales), los estímulos físico-químicos mediante los cuales se manifiesta la materia/energía en su interior y a su alrededor y los procesa para sentir, sentirse y moverse, es decir: codificar la mente (actuar, imaginar, pensar, memorizar y expresarse), que es lo que hace humano al Homo-Humano.
El cerebro es el órgano maestro del cuerpo mediante el cual procesa y maneja la información que percibe y siente y desarrolla la mente que es la imagen y memoria del cuerpo en todo momento.
El recién nacido entra al mundo dotado de su cuerpo, de los códigos y de los elementos necesarios para desarrollarlo y desarrollar los códigos biológicos y los elementos para desarrollar los códigos culturales por medio de los cuales cumplir los imperativos evolutivos: supervivencia, reproducción y adaptación.
La crianza del recién nacido es el período primordial de su desarrollo. De la saludable atención a las necesidades fisiológicas y mentales dependerá la salud y el adecuado cumplimiento de tales imperativos, así como también de la salud mental del individuo, aspecto fundamental del ser humano.
Por una parte, los códigos biológicos (metabólicos, homeostasis, etc.) procesarán de manera adecuada el desarrollo de cuerpo y mente y, por la otra, la adecuada formación, aprendizaje y manejo de los códigos culturales, producirán un Homo-Humano mentalmente saludable.
Del desarrollo de los códigos biológicos, las ciencias de la salud han descubierto amplio conocimiento. Del desarrollo de los códigos culturales, las ciencias apenas están descubriendo los complejos mecanismos del cuerpo, el cerebro y la mente.
Es a partir de esos conocimientos que se puede proponer una crianza adecuada que mitigue el impacto desnaturalizante de la cultura.
De acuerdo con lo que dije atrás, el recién nacido está dotado de los códigos biológicos y de los elementos para desarrollar los códigos culturales. Son estos últimos los más desconocidos y por tanto los más complejos. Sin embargo, se puede afirmar que lo fundamental para el desarrollo de tales códigos culturales, es el desarrollo adecuado de los circuitos neuronales de los sentidos, los procesos sensoriales, para que de tal manera la mente aprehenda, aprenda y comprenda su Ser y Estar en el mundo: tiempo, espacio y movimiento.
Biológicamente, el cuerpo y la mente están dotados para reaccionar, es decir, moverse hacia lo que lo atrae y huir de lo que rechaza. Ese primer código se manifiesta en las casi infinitas variaciones de las sensaciones de placer y dolor. A partir de tales sensaciones el cuerpo y la mente desarrollan los códigos adecuados para el movimiento y por lo tanto elaboran los mapas e imágenes mentales que se corresponden con el espacio y el tiempo. Son esos códigos, mapas e imágenes, a partir de los cuales se desarrolla toda la cultura del Homo-Humano. En consecuencia, el desarrollo adecuado de tales códigos determina las condiciones necesarias para el adecuado desarrollo del individuo y su acción en la cultura.
Y, ¿cómo se hace?
Todas las investigaciones neurocientíficas están de acuerdo en mostrar que el Homo-Humano es un cuerpo y una mente que sienten y reaccionan y que por ese sentir y reaccionar desarrollan los códigos que le permiten sentirse (conciencia) y ser consciente, es decir, Ser y Estar en el mundo: moverse, sentir, imaginar, pensar, memorizar, actuar y expresarse.
Los neurocientíficos explican ese Ser y Estar de diversas formas, para el caso, cito al neurocientífico Marco Iacoboni:
"En el fondo, ¿qué es lo que los seres humanos hacemos durante todo el día? Leemos el mundo, en especial, a las personas con las que interactuamos" (Marco Iacoboni, Las neuronas espejo, Katz, Buenos Aires, 2009, p. 13).
Y he seleccionado esta cita porque Marco Iacoboni propone un concepto acorde con la cultura: la lectura.


3. Al bien pensar


Ese proceso de desarrollo del Ser y Estar en el mundo, asimilado a un complejo algoritmo, debe cumplir unas condiciones necesarias y suficientes para que se produzca un resultado saludable.
El Homo-Humano se desarrolla a medida que lee (experimenta) y se convierte en lector, es decir, aprehende, aprende y comprende la información que le suministran sus sentidos, así como aprehende, aprende y comprende cómo manejarla y controlarla, todo ello de acuerdo con el cumplimiento de las condiciones y requerimientos adecuados de tiempos, espacios y movimientos, en cada momento, para que así no se provoque una desnaturalización.
A manera de descripción sencilla, se puede decir que el proceso se inicia cuando el recién nacido empieza por conocer y explorar su cuerpo, con lo que, prácticamente, establece la medida de todas las cosas de su Ser y Estar, de su sí mismo y del mundo: placer, dolor, hambre, frío, calor, tacto, sonido, comodidad, duración, distancias, texturas, olores, colores, sabores, imágenes, tamaño, peso, etc. En fin, las sensaciones a partir de las cuales pueden elaborar todos los conceptos de espacio, tiempo y movimiento, que determinan y condicionan la acción de su cuerpo y mente y, luego, a partir de ello desarrollar el proceso de denominación, definición, interpretación, etc., es decir, imaginar, pensar, memorizar, actuar, expresar. De esa manera, de la salud y oportunidad del primer proceso, depende la salud y oportunidad del siguiente y los siguientes procesos: el desarrollo fisiológico, emocional e intelectual. Es decir:
Del buen sentir al bien pensar.
A diferencia de otros animales con períodos muy cortos de crianza, el Homo-Humano, como lo mencioné atrás, por evolución y por ventaja evolutiva, requiere de un largo proceso de crianza, el mismo que la actual cultura está desnaturalizando, haciéndolo cada vez mas corto, por motivos que no es del caso analizar ahora, pero lo que provoca el más negativo impacto en la formación y desarrollo de individuos saludables y capaces.
Continuando con la metáfora de Marco Iacoboni, el desarrollo, aprendizaje y manejo adecuado de la lectura, es largo y complejo, más que en el aspecto puramente intelectual, en los aspectos sensoriales, emocionales, pasionales, sentimentales, o sea, en las actividades mentales superiores.
Si es complejo y largo el proceso para desarrollar, aprender, comprender y manejar, adecuadamente la lectura de signos, letras, sílabas, palabras, frases, párrafos, en fin, textos, conceptos, etc., y lo es todavía más complejo, el desarrollo, aprendizaje y manejo de los números, las matemáticas, las cantidades y medidas, lo es mucho más complejo y difícil si antes no se ha desarrollado, aprendido, comprendido y manejado, la lectura de los sentidos y si no se han establecido los circuitos neuronales adecuados del cuerpo y la mente en el mundo interior y exterior, para sentir, sentirse, moverse, localizarse, aprehender, aprender, comprender, recordar, actuar, imaginar, pensar y expresarse en el tiempo, el espacio, el movimiento, etc. El existir en sí, con los otros y en el mundo.


Bibliografía


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Marco Iacoboni, Las neuronas espejo. Empatía, neuropolítica, autismo, imitación o de cómo entendemos a los otros, Katz, Buenos Aires, 2009.
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John R. Searle, La mente. Una breve introducción. Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2006.
Iván Rodrigo García Palacios, Sensaciones epicúreas, Medellín, 2012.
Iván Rodrigo García Palacios, Lectura y escritura con todos los sentidos, Medellín, 2011.

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1 Ver: Ramón Román Alcalá, El enigma de la Academia de Platón. Escépticos contra dogmáticos en la Grecia Clásica, Berenice, Córdoba, 2007, nota: nota: p. 61.
2 Considero cultura todo aquello que el Homo-Humano inventa a partir de su cuerpo, es decir, lo que no es estrictamente producido por la mecánica biológica. Algo así como las extensiones que propuso Marshal McLuhan.


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