14 de marzo de 2011


Iván Rodrigo García Palacios

Carta eleusina No. 7

"Los sentimientos de dolor o placer, o de alguna cualidad intermedia, son los cimientos de nuestra mente" (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobilogía de la emoción y los sentimientos, Crítica, Drakontos, Barcelona, 2009, p. 9).



Apreciado Lucilio, "te saludo"

Continuando con mis juegos de gaya ciencia.

Pero antes, un apunte y una cita sobre el conflicto "zoé y logos", vida y razón:

Vistas las cosas, nos debatimos entre La Sabiduría de la Vida (zoé, la vida indestructible) y La Filosofía de la Racionalidad (logos). La zoé se siente, el logos se piensa. Sentir y pensar. Puedo sentir mi pensar y puedo pensar mi sentir; mi sentir será mi pensar, pero mi pensar no será mi sentir. He ahí el abismo: enigma y Laberinto:

"[...] el enigma, que es el equivalente en la esfera apolínea de lo que el Laberinto es en la esfera dionisíaca: el conflicto hombre-dios, que en su aspecto visual aparece representado simbólicamente por el Laberinto, en su trasposición interior y abstracta encuentra su símbolo en el enigma. Pero, como arquetipo, como fenómeno primordial, el Laberinto no puede prefigurar otra cosa que el "logos", la razón. ¿Qué otra cosa, sino el "logos", es un producto del hombre, en que el hombre se pierde, se arruina? El dios ha hecho construir el Laberinto para doblegar al hombre, para devolverlo a la animalidad: pero Teseo utilizará el Laberinto y el dominio sobre el Laberinto que le ofrece la mujer-diosa para vencer al animal-dios. Todo eso puede expresarse en los términos de Schopenhauer: la razón está al servicio de la animalidad, de la voluntad de vivir; pero mediante la razón se llega al conocimiento del dolor y del camino para vencer el dolor, es decir, la negación de la voluntad de vivir" (Giorgio Colli, El nacimiento de la filosofía, Tusquets, Barcelona, 2009, pp. 29-30).

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¿Qué es la genialidad? Un destello en las llamas de la lámpara de Diógenes el Kínico que ilumina y revela rincones ocultos y oscuros del corazón humano y de los misterios del universo. El combustible de la lámpara de Diógenes es la carne de humanos para quienes su destino miserable es generar ese destello.

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Las palabras siempre mienten por omisión, exceso e intención.

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El placer y el dolor son las cualidades y condiciones de la vida.

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El infierno y el paraíso son sólo aquello que nos han legado nuestros padres:

El gran placer: anhelar la vida eterna.

El gran dolor: la muerte.

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- Las leyes de Epicuro y Spinoza:

El arte o la ciencia del saber vivir está en saber que por naturaleza el placer y el dolor no son ni buenos ni malos, sino en saber disfrutarlos en lo que es bueno y evitar en lo que es malo.

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Desde el principio y hasta el fin, el placer y el dolor, tanto el placer y el dolor de las sensaciones biológicas, como el placer y el dolor de los estados existenciales, hacen lo que somos, fuimos y seremos.

Todo lo que es y todo lo que somos: espacio y tiempo, materia y energía que se trasforman, estaban ahí, bajo el imperio de las leyes que rigen a la Naturaleza y al universo, desde antes, mucho antes que fuéramos lo que somos.

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Sin aceptamos la teoría del "Big-Bang", desde hace 14 ó 15 mil millones de años, el tiempo y el espacio; la materia y la energía, según sus propias leyes, se han relacionado, reaccionado, interactuado, entre sí para formar el universo y todo lo que existe en él y que ahora empezamos a conocer.

Hace 3.800 millones de años, por la acción de esas mismas leyes y en un fenómeno que todavía no ha sido precisado, un grupo de elementos del universo y de la Naturaleza se unieron y reaccionaron, porque esas son las leyes para la materia y para la energía en la Naturaleza, para propiciar la formación y emergencia del primer organismo unicelular dotado con las cualidades de lo que, desde los antiguos griegos, se denomina bios o vida, y del que descienden todos los organismos hasta hoy.

Las cualidades de ese primer organismo unicelular, a las que para el caso voy a llamar imperativos naturales, son:

- Supervivencia.

- Reproducción.

- Adaptación.

Imperativos naturales cuyas condiciones necesarias son las siguientes:

- Ser capaz de mantener su integridad en el tiempo y el espacio.

- Ser capaz de autorregularse (homeostasis), alimentarse, gestionar su propia energía y trasformación (mitocondrias) y sobrevivir.

- Ser capaz de replicarse y reproducirse (modos de reproducción).

- Ser capaz de trasformarse, mutar y adaptarse (sexualidad, adaptación genética).

- Ser capaz de comunicarse, relacionarse, unirse y asociarse con otros (modos de comunicación).

- Ser capaz de actuar, manipular, organizar y trasformar, tanto a sí mismo, como a los otros y al mundo (mente, modos de adaptación cultural).

Todas esas cualidades y muchas otras, ya estaban contenidas en el primer ADN, el mismo que, por esos 3.800 millones de años ha evolucionado hasta el Homo-Humano actual y que hace 630 millones produjo el colágeno con el cual unir, formar, pegar y mantener, en agrupaciones mayores, a grandes grupos de organismos unicelulares.

Los primeros organismos complejos que, por su asociación, podían cumplir, con mayor utilidad y beneficio común, las finalidades imperativas de sobrevivir, reproducirse y adaptarse, fueron las esponjas o poríferas.

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En la próxima carta desahogaré mis inquietudes sobre el sentido de la vida.

Hasta entonces.

(Escribí para mí, para ti, para quien sea),

"Que sigas bien"

Iván Rodrigo García Palacios.

"Alegría es la redención, el éxtasis fuera del mundo" (Giorgio Colli, Einleitung a Ellenismo e oltre, p. 230).



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