8 de febrero de 2007

LECTOR LUDI-ALQUIMIA DE LA LECTURA-Nietzsche

Capítulo 1

Nietzsche: La vida como literatura


Así nació Zaratustra

en los tiempos del amor


La vida amorosa de Friedrich Nietzsche, es tan extraña, compleja y trágica, como su propia vida y obra. Y, si se especula sin prejuicios académicos, se puede concluir que, vida, obra y amores, forman un triángulo trágico indisoluble, al fin y al cabo, para él, la vida era como literatura.


Fueron dos los trágicos enamoramientos que trastornaron la compleja vida afectiva y emocional de Nietzsche. Su amor por Cósima Wagner y el enamoramiento por Lou Andreas-Salomé. Un tercero, es un oscuro capítulo del que poco se habla.


A pesar de la tragedia, o precisamente por ella, de esos tormentosos enamoramientos y amores fracasados es de donde parece emerger el magma que compulsa la violenta fuerza que anima la escritura de , al menos, tres de las obras de Nietzsche: El origen de la tragedia (1872), El caso Wagner (1888) y Así habló Zaratustra (1884).


Antes de continuar y absteniéndome de cualquier comentario, quiero mencionar ese tercer amor, oscuro y mucho más trágico, el cual es todavía motivo de especulaciones. Se trata del presunto incesto y amor con su hermana Elizabeth, del que, se supone, nació el libro autobiográfico, Mi hermana y yo, escrito en 1889, poco antes de la gran crisis y publicado, póstumamente, en 1908, cuando Elizabeth cedió el manuscrito por una alta suma de dinero.


Ahora bien, de aquellos dos enamoramientos y amores fracasados de Nietzsche, se puede decir, en principio, que el uno fue trágico y el otro terminó en tragicomedia.


Enamoramiento trágico fue el que sintió por Cósima, la esposa del compositor alemán Richard Wagner, a quien admiraba hasta la idolatría. Esta compleja situación emocional e intelectual, posiblemente, desató los "casi trágicos" conflictos entre ambos hombres hasta llegar a convertirlos en enemigos irreconciliables


De estos trágicos eventos, parece que se desató la ira y la fuerza que empujaron la escritura de dos de las obras ya mencionadas: El origen de la tragedia (1872) y El caso Wagner (1888), en los cuales critica duramente al músico. Pero esa es una historia más conocida.


El segundo enamoramiento y amor fracasado, fue la tragicomedia amorosa que dio origen a la leyenda de "El secreto de Monte Sacro”, lugar donde chocaron las pretensiones amorosas de Nietzsche con el rotundo rechazo de Lou Andreas-Salomé.


Primera parte:

Génesis de Zaratustra


De lo que sucedió en Monte Sacro es muy poca la información conocida, sólo los escasos comentarios que Nietzsche y Lou hicieron con posterioridad, tanto en su correspondencia, como a sus familiares y amigos. O, los indirectos testimonios de la madre de Lou y Paul Rée, quienes los acompañaban en el paseo de ese día, pero no durante el ascenso a Monte Sacro.


Ese ha sido, quizás, uno de los motivos por los cuales los biógrafos han evadido tratar estos eventos y sus repercusiones en la vida y obra de Nietzsche y en la de Lou Andreas-Salomé. El otro, porque lo han considerado un evento frívolo e insignificante, como más adelante explicaré.


Fue en el verano de 1882, cuando el enamorado Nietzsche, de treinta y ocho años, durante una excursión a la isla de San Guiulio y en la pequeña colina llamada Monte Sacro, acosó con sus pretensiones amorosas a la jovencita de veintiún años, Lou Andreas-Salomé, a las que ella se rehúso tajante.


Los tragicómicos eventos no pasarían de ser más que material de chismografía biográfica, si no fuera porque en ellos intervienen la compleja naturaleza psicológica y emocional de Nietzsche, para quien, vida, ideas, pensamiento y obra, son una y la misma cosa: la literatura y la filosofía como vida.


De allí que no sea extraño el que, para Nietzsche, tanto los sucesos cotidianos así como aquellos que, siendo parte de la cotidianidad, él los considerara como eventos extraordinarios, revelaciones, que se conectan y combinan, con iguales calidades y cualidades, en su vida y en el origen de sus ideas y pensamientos, hasta llegar a convertirse en las causas e inspiraciones de las que emergen sus obras, así como para desatar las tragedias que finalmente culminarían en su gran tragedia final: el colapso mental de enero de 1889.


Por esas razones, "El secreto de Monte Sacro” deja de ser una anécdota trivial para convertirse en un evento extraordinario. Evento que toma su lugar en la sucesión de otros eventos extraordinarios, anteriores y posteriores a ese momento, para, así, establecerse en el punto de emergencia de unos tiempos equidistantes que coinciden y actúan como factores detonantes en la génesis, la gestación y el nacimiento, de Así habló Zaratustra.


Circunstancias y tiempo que tienen su punto de partida en la primavera de 1881, en la estación termal de Recoaro, cerca de Vicenza; continúa en agosto de ese mismo año, en Sils-María; se eleva como un punto central en Monte Sacro, el verano de 1882 y que, finalmente, se desata en febrero de 1883, cuando Nietzsche, finalmente, escribe la primera parte de la obra entre el 1 y el 10 de ese mes.


Las otras dos partes del poema fueron escritas, la segunda en Sils-María, entre el 26 de junio y el 6 de julio de 1883. Y, la tercera, entre el 8 y el 20 enero de 1884, en Niza.


Aún cuando, las tres partes fueron publicadas por separado, se considera el año de 1884 como el de la conclusión y publicación. Una cuarta y última parte fue escrita en 1885, como primera parte de una nueva obra de tres partes, titulada Melodía y eternidad, cuyas otras dos partes nunca escribió.


En consecuencia y así como para el propio Nietzsche, la casualidad y lo extraordinario eran elementos que intervenían en los asuntos de su vida, ideas, pensamientos y obras, es posible, a partir de una metodología imaginativa y lúdica, no carente de seriedad y formalidad, proponer una hipótesis descabellada que agregue una nueva leyenda sobre el origen de Así habló Zaratustra. Eso es lo que trataré de exponer.


GÉNESIS DE ZARATUSTRA


Así sea aventurado pensar que el fracaso amoroso de Nietzsche con Lou Andreas-Salomé pueda tener alguna conexión con la escritura de Así habló Zaratustra, no deja de ser divertido imaginar que, para un ser tan extremadamente complejo, apasionado, tormentoso y atormentado como Nietzsche, los eventos de aquel verano de 1882, fueran tan intensos y profundos que, primero, la exaltación del enamoramiento y, luego, la depresión en la que, posteriormente, se sumió, cuando Lou, al sentirse abrumada por el acoso amoroso, lo alejó y se alejó de él, a comienzos del otoño, de ese mismo año, para rechazarlo, definitivamente, en diciembre, debieron ser más que suficientes y trascendentales como para haber actuado de factor detonante en la escritura de su obra más popular.


Esto es más que posible, siempre y cuando se acepte que, en Nietzsche, la creación y la escritura están sustancialmente ligadas al propio devenir existencial como literatura. Tal y como lo propone Alexander Nehamas, en su libro, Nietzsche, la vida como literatura:


"Esta interacción paradójica entre creación y descubrimiento, conocimiento y acción, literatura y vida está en el centro de la concepción que Nietzsche tiene del yo interno. Dicha tensión nos fija la tarea de entender uno de los más sorprendentes autorretratos de Zaratustra: "Pues eso soy yo de raíz y desde el comienzo, tirando, atrayendo, levantando, elevando, alguien que tira, que cría y corrige, que no en vano se dijo a sí mismo en otro tiempo: ¡Llega a ser el que eres!" (Z, IV, 1).

"El propio Nietzsche sigue el consejo de Zaratustra. Con la franqueza que lo caracteriza, sigue el consejo convirtiéndolo tanto en objeto de su escritura como en objetivo de su vida; intenta, coherentemente, consumarlo de manera que sea, y parezca ser, esencialmente su manera y no la de nadie más" (1).


Pero y más asombroso todavía, es la relación sustancial entre Zaratustra y la idea del eterno retorno, fundamento filosófico del poema y de la que, al contrario de la interpretación cosmológica que comúnmente se le ha dado, Alexander Nehamas afirma y propone lo siguiente:


"El eterno retorno no es por tanto una teoría del universo, sino una visión de la vida ideal. Sostiene que una vida se justifica únicamente si uno desea repetir la misma vida que ya le ha sido dada, ya que como demuestra la voluntad de poder, ninguna otra vida es posible. El eterno retorno afirma, pues, que nuestra vida sólo tendrá justificación si se modela de tal forma que nuestro deseo sea repetirla exactamente tal como ya ha sucedido" (2)


Sorprende, además y mirando el asunto desde un punto de vista psico-emocional que, en Así habló Zaratustra y en el autorretrato de Zaratustra citado atrás, se presenta una similaridad entre el lamento de Nietzsche, con las dolorosas quejas, angustias, ansiedades, ira y el ambiguo amor-odio, común a las quejas y lamentos de los enamorados cuando sienten que su amada los rechaza.


En ambos casos, el de Nietzsche y el del frustrado enamorado, se trata de un dolor causado por la desesperación de querer recuperar de nuevo la calma y reafirmar la identidad que han quedado destrozadas a causa del fracaso amoroso.


Algo así como un contradictorio estado entre un "eterno retorno" al paraíso del enamoramiento y el advenimiento de un doloroso olvido total, los que, para un amante normal y saludable, al fin llegarán con un nuevo enamoramiento, su dolor, su olvido y mucho más (3).


Tampoco es extraño que, en los estados extremos y dolorosamente emocionales del enamoramiento, cada persona, acorde con su naturaleza y la visión de sí mismo, reaccione, igualmente, de manera extrema como una especie de terapia para recuperar la salud emocional.


Bien conocidos son los casos de escritores y poetas que han producido grandes obras y poemas compulsados por el dolor del fracaso amoroso que los ha sumido en crisis existenciales.


Tales los casos de Soren Kierkegard, quien escribió, tras su crisis amorosa con Regina Olsen, tres de sus obras más inquietantes y herméticamente autobiográficas: Temor y temblor, La repetición y Tres discursos edificantes, publicadas simultáneamente, en 1843.


O, el de Franz Kafka, quien escribió, El proceso y El castillo y quién sabe cuántas narraciones más, luego de sus fracasos amorosos con Felice y Milena, y de quién sabe qué otras oscuras experiencias erótico-amorosas. De Kafka se sabe que, a los quince años, seducía a las muchachas leyéndoles los versos de Así habló Zaratustra. El caso Kafka, de lo autobiográfico en su literatura y de su conexión con Nietzsche, será tratado en otros capítulos de este libro.


O, el de Thomas Mann, a quien sus homoeróticos enamoramientos por muchachos jóvenes lo compulsaron a escribir algunas de las más emocionales y herméticas páginas de sus obras.


Por ejemplo, el que sintió por


“Armin Martens (el modelo de Hans Hansen en Tonio Kröger), de quien se dice que no había tenido otra misión que la de inspirar un sentimiento destinado a convertirse en un poema perdurable. ¿Ninguna otra misión? Me pregunto si se trata sólo de una observación fría y egoísta o quizás incluso cruel” (4).


Existen otros enamoramientos conectados a las narraciones de Thomas Mann, debidamente documentados. Sobre ellos se trata en otro capítulo.


O, los Sonetos a Laura, de Petrarca. O, de la Divina Comedia, el enamoramiento sublimado y nunca consumado de Dante por Beatriz. O, qué decir de los Sonetos del enamorado William Shakespeare.


En fin, argumentos filosóficos, psico-emocionales y ejemplos en favor de mi hipótesis descabellada: Nietzsche escribió Así habló Zaratustra, compulsado por el estado naciente de su enamoramiento hacia Lou Andreas-Salomé.


Pero, como el enamoramiento es una fuerza de transformación vital, también hay que reconocer que Zaratustra salvó a Nietzsche de la locura... sólo por un breve lapso de tiempo.


TESTIMONIOS Y COINCIDENCIAS


Sin embargo, más allá de los argumentos y de los ejemplos anteriores, existen otras claves, a partir de las cuales es posible sustentar esa hipótesis descabellada y descifrar el misterio de la génesis, concepción, gestación y nacimiento de Así habló Zaratustra.


Esas claves se encuentran inscritas y encriptadas en los testimonios, tanto del propio Nietzsche, en sus obras y escritos autobiográficos, como en los de aquellas personas que estuvieron cercanas, en aquel tiempo, a los sucesos y que, posteriormente, dieron razón y fe de ellos.


Los estudios críticos, tanto de los eventos, como de las claves de las obras y escritos de Nietzsche, han estado más dirigidos a otras direcciones, casi, tan próximas a las de mi hipótesis descabellada que, al analizarlos, desde el punto de vista de mi propuesta, concuerdan con ella y la sustentan.


En tal sentido, cito la introducción a la edición de Así habló Zaratustra (5), de Andrés Sánchez Pascual, en la cual cuenta la historia de lo que él llama la “triple génesis” de Zaratustra:


“Recoaro es el lugar donde acontece el primer presentimiento de lo que será Así habló Zaratustra. Es un presentimiento nebuloso, ni conceptual, ni figurativo, como los dos a los que luego nos referiremos. Es tan sólo “un signo precursor”, que consiste en “un cambio súbito y, en lo más hondo, decisivo de mi gusto, sobre todo en la música”. Las palabras de Nietzsche aluden a ese cambio enigmáticamente: “En una pequeña localidad termal de montaña, no lejos de Vicenza, en Recoaro, donde pasé la primavera del año 1881, descubrí juntamente con mi maestro y amigo Peter Gast, también él un “renacido” que el fénix Música pasaba volando a nuestro lado con un plumaje más ligero y más luminoso del que nunca había exhibido” (Ecce homo, pp. 93-94). Nada más. En esta visión del fénix Música se sitúa lo que hemos llamado la “génesis afectiva” de Así habló Zaratustra”.

“¿Cómo decir en una sola palabra hacia donde tienden todas las energías que tengo dentro de mi? Y si yo supiese esa palabra, no la diría”, le escribe Nietzsche a su hermana desde Recoaro poco antes de salir para Suiza, donde pasará el verano. Y donde tendrá lugar aquel conocido episodio que aquí calificamos de “génesis conceptual” de la obra”.

“Voy a contar ahora la historia de Zaratustra. La concepción fundamental de la obra, el pensamiento del eterno retorno, esa fórmula suprema de afirmación a que se puede llegar en absoluto –es de agosto del año 1881: se encuentra anotado en una hoja a cuyo final está escrito: “a 6.000 pies más allá del hombre y del tiempo”. Aquel día caminaba yo junto al lago de Silvaplana a través de los bosques; junto a una imponente roca que se eleva en forma de pirámide no lejos de Surlei, me detuve. Entonces me vino ese pensamiento” (Ecce homo, p. 93).


(Omito transcribir las notas que Nietzsche escribió sobre su idea de le eterno retorno que Andrés Sánchez Pascual transcribe en este punto en su texto).

"El pensamiento del eterno retorno, hasta ese momento conocido por Nietzsche sólo de manera exterior, como uno vieja hipótesis de la humanidad que ya había tenido su expresión en incontables fuentes orientales y griegas, se encarna en él. “ Entonces me vino ese pensamiento”. Pero es tan sólo un pensamiento, y hace falta una boca digna de exponerlo. Por el momento Nietzsche no la encuentra. Y han de pasar muchos meses, dieciocho exactamente (“número que podría sugerir, al menos entre budistas, la idea de que, en el fondo, yo soy un elefante hembra”), desde la génesis afectiva en Recoaro, pasando por la génesis conceptual en Sils-María, hasta que, en enero de 1883, tenga Nietzsche en Rapallo la visión del tipo de Zaratustra, esto es, lo que hemos llamado “génesis figurativa” de la obra. Entonces estarán listos los tres elementos, y la primavera brotará eruptivamente “en diez días”.

“El tiempo que transcurre entre la revelación de Sils-María y la aparición de Rapallo está lleno de elementos convulsivos en la vida de Nietzsche. Acabada la temporada estival en Sils-María Nietzsche vuelve a Génova donde pasa todo el invierno; en abril de 1882 embarca para Mesina, y poco más tarde va a Roma, donde conoce a Lou Andreas-Salomé, la mujer cuya mano solicitará por dos veces inútilmente, pues ambas es rechazado. Con ella parte luego hacia el norte; Nietzsche pasa el mes de junio en Naumburgo, junto a su familia, y trabaja en La gaya ciencia. El mes de julio reside en Tautenburgo, esperando la llegada de Lou Andreas-Salomé, que le ha prometido vivir una temporada a su lado. La gaya ciencia está terminada y es enviada a la imprenta; en una de sus últimas páginas aparece ya la figura de Zaratustra, en un párrafo que luego pasará íntegramente a Así habló Zaratustra. A primeros de agosto Lou Andreas-Salomé llega a Tautenburgo”.

[...]

“Acabado aquel “idilio” que tanto dolor va a causar en lo sucesivo a Nietzsche, éste parte para Leipzig y, pasando por Basilea, llega otra vez a Génova, a mediados de noviembre. El día 23 del mismo mes se traslada a Rapallo. “El invierno siguiente lo viví en aquella graciosa y tranquila bahía de Rapallo, no lejos de Génova, enclavada entre Chiavari y el promontorio de Portofino. Mi salud no era óptima; el invierno, frío y sobremanera lluvioso; un pequeño albergo (fonda), situado directamente junto al mar, de modo que por la noche el oleaje imposibilitaba el sueño, ofrecía, casi en todo, lo contrario de lo deseable. A pesar de ello, y casi para demostrar mi tesis de que todo lo decisivo surge “a pesar de”, mi Zaratustra nació en este invierno y en estas desfavorables circunstancias. –Por la mañana yo subía en dirección sur, hasta la cumbre, por la magnífica carretera que va hacia Zoagli, pasando junto a los pinos y dominando ampliamente con la vista el mar; por la tarde, siempre que la salud me lo permitía, rodeaba la bahía entera de Santa Margherita, hasta llegar detrás de Portofino. Este lugar y este paisaje se han vuelto más próximos aún a mi corazón por el gran amor que el inolvidable emperador alemán Federico III sentía por ellos; yo me hallaba de nuevo, casualmente, en esta costa en el otoño de 1886, cuando él visitó por última vez este pequeño olvidado mundo de felicidad. –En estos dos caminos se me ocurrió todo el primer Zaratustra, sobre todo Zaratustra mismo en cuanto tipo: más exactamente, éste me asaltó...” (Ecce homo, pp. 94-95)”.

“Aquí en Rapallo, posiblemente a finales de enero de 1883, tiene lugar la que hemos llamado la “génesis figurativa” de este libro. Como dice Nietzsche: “Sobre todo Zaratustra mismo en cuanto tipo... me asaltó”. Aquella aparición de Zaratustra, la boca digna de expresar el pensamiento del eterno retorno de lo idéntico, la describe Nietzsche en una breve poesía cuyo título originario es:

“Portofino

Aquí estaba yo sentado, aguardando, aguardando –nada,

Más allá del bien y del mal, disfrutando

Ya de la luz, ya de las sombras, siendo totalmente solo juego,

Totalmente mar, totalmente mediodía, totalmente tiempo sin meta.

Entonces, de repente, ¡amiga!, el que era uno se convirtió en dos-

Y Zaratustra pasó a mi lado”.


La historia que cuenta Andrés Sánchez Pascual y su análisis de la “triple génesis”, muestra, de manera palpable, el impacto emocional que la relación con Lou Andreas-Salomé tuvo en Nietzsche, pero no lo asocia con la génesis de Zaratustra.


Sin embargo y, si a su historia y a análisis se le adicionan, en los puntos correspondientes, los escritos y testimonios, tanto del propio Nietzsche como los de Lou y las otras personas cercanas a esa relación y a esos eventos, como más adelante lo haré, es fácil deducir las circunstancias y la íntima conexión entre ese enamoramiento, la leyenda del “El secreto de Monte Sacro” y la génesis de Zaratustra.


Reconozco que, por tratarse de unos eventos, aparentemente frívolos e insignificantes, la pudorosa e hipócrita seriedad de biógrafos, críticos y académicos, tan laxa en el amarillista análisis de otros aspectos de la vida de Nietzsche, ha preferido ignorarlos, rechazarlos y, hasta, tergiversarlos, en lugar de reconocerles el significado e importancia que realmente tienen como factor detonante de la escritura de Así habló Zaratustra.


EL ENCUENTRO Y EL OLVIDO


La versión, más amplia y detallada de los eventos que rodean "El secreto de Monte Sacro", la ofrece el esposo de Lou, H. F. Peters, en la biografía titulada: Mi hermana, mi esposa, la vida de Lou Andreas-Salomé (6):


El episodio se inicia luego de la propuesta de Nietzsche de realizar una excursión a Orta, que Lou, Paul Rée y la madre de Lou, no tenían prevista en su itinerario:


“Lou se mostró de acuerdo con la idea de la excursión, por lo que, a primeros días de mayo, los cuatro se encontraban en el pueblecito de Orta, situado en una pequeña península de la orilla oriental del lago, frente a la isla de San Guiulio. Inmediatamente a su espalda se alza una colina de unos cien metros de altura, cubierta de bosques, consagrada a san Francisco y que lleva el nombre de Monte Sacro, debido a las numerosas capillas votivas que hay en sus laderas. Vetustos edificios, iglesias y monasterios animan el paisaje, y pequeñas aldeas se arraciman en las rocosas orillas del lago”.

Es, hacia esa isla y la célebre basílica del lugar, a donde se dirigen los cuatro excursionistas. Y, continúa H. F. Peters:

“El piadoso encanto de San Guiulio no desconcertó a Lou Andreas-Salomé. Ella era una buena creyente; para ella, todo aquello no era más que la prueba de la omnipotente presencia de Dios. Rée, por el contrario, que ni creía ni quería creer, se sentía irritado por aquel ambiente de devoción que parecía inmune a su burlona ironía. Sólo tenía un deseo: abandonar Orta lo antes posible; pero no consiguió realizarlo, pues Lou y Nietzsche estaban plenamente cautivados por la magia del lugar. Ambos iban en busca de una nueva fe –y éste es el secreto de su afinidad-, una fe que les confirmara la grandeza de la vida y el deleite que proporciona a los sentidos. ¿Era ésta la respuesta a su pregunta: la conjunción de la belleza y la santidad? ¿Era la vida divina, en tanto que fenómeno estético? Al volver a Orta, Nietzsche y Lou decidieron continuar la peregrinación y visitar las capillas de Monte Sacro. La madre de Lou y Paul Rée pretextaron cansancio y dijeron que los esperarían en la orilla. Entonces, se le ofreció a Nietzsche la gran oportunidad: por primera vez, estaba a solas con Lou”.

“Nadie sabe lo que ocurrió durante aquel paseo, ya que no hubo testigos. Que ocurrió algo, es indudable, a juzgar por los errores y extravíos subsiguientes. Dice Lou en sus Memorias, que en Monte Sacro debió cautivarla, “por lo menos, a causa de un inesperado enfado de mi madre, tuve que advertir que Nietzsche y yo estuvimos demasiado tiempo en Monte Sacro, lo cual también observó de muy mal talante Paul Rée, que estaba haciéndole compañía”.

"El tiempo que permanecieron Lou y Nietzsche en Monte Sacro, debió ser mucho más del prudente, y dice Peters: “Hasta ahora, se ha supuesto que se quedaron para ver la puesta del sol sobre Santa Rosa. Pero desde Monte Sacro no se divisa Santa Rosa; la razón debe ser otra. Es posible que el ambiente y el hallarse a solas por primera vez acentuara su íntima afinidad y, enfrascados en su conversación, no se dieron cuenta de que pasaba el tiempo. Pero si fue éste de verdad el único motivo de su retraso, por qué dijo Lou a Ernst Pfeiffer, el amigo a quien trató en los últimos años de su vida: “¿Si besé a Nietzsche en Monte Sacro? Ya no lo sé”.

“¿Y a qué se refería Nietzsche al decir, aludiendo a aquel paseo: “El sueño más maravilloso de mi vida, lo debo a usted?”

“Y, por fin, ¿por qué escribió Rée, meses después, en una carta a Lou?: “A propósito, sigo estando algo celoso, y se comprende. ¿Qué actitud, qué entonación, qué visión asocias al nombre de Monte Sacro? ¿Por qué estimó necesario otorgarle una grandiosa absolución general?”. ¿Qué había, pues, hecho Lou?”.


Hasta aquí la cita de H. F. Peters. Lo demás es historia.


LA TRAGICOMENDIA AMOROSA


La mayoría de los biógrafos y críticos de Nietzsche y su obra, consideran lo sucedido en Monte Sacro, entre él filósofo enamorado y Lou Andreas-Salomé (1861-1937), como un evento insignificante, frívolo y sin mayor trascendencia.


O, bien, porque consideran que Lou era sólo una atractiva muchacha que quería obtener notoriedad en el ambiente intelectual europeo de la época relacionándose con un personaje de especial talla y relevancia. Estos críticos consideran de similar forma a las posteriores relaciones de Lou Andreas-Salomé con Sigmund Freud y Rainer María Rilke.


O, bien, porque consideran que, aquel enamoramiento y fracaso amoroso, poco o nada significa ni aporta en la vida, en las ideas, en el pensamiento y en las obras, de lo que siguió para Nietzsche, por supuesto, incluido Zaratustra.


O, bien y lo que es peor, ambas cosas.


Pero, las cosas no son tan sencillas como parecen, pues Lou Andreas-Salomé no fue la frívola y arribista muchacha linda que seducía hombres notorios. Por el contrario, fue una importante mujer que con propios méritos y obras, se ganó un puesto en la historia, como lo demostraré más adelante.


En el verano de sus veintiún años, Lou Andreas-Salomé era un encantadora joven, de inteligencia brillante y amante de todo lo que significara conocimiento.


Nacida en San Petersburgo el 12 de febrero de 1861, hija del general ruso-germano, Gustav von Salomé, que se había ganado en su carrera la consideración y cercanía a la casa de los Romanov de Rusia y de Louise von Salomé, nacida en Rusia pero descendiente de una importante familia germana.


Su vida gozó de todos los privilegios y reconocimientos, además de una gran libertad, la misma que ella quería aprovechar para desarrollar su vida intelectual, viajando por Europa, aprendiendo y relacionándose con los más importantes personajes de la época.


Esa fue la razón de aquel viaje desde Italia y hacia Alemania, en el que, además de estar acompañada por su madre, iba con el filósofo alemán Paul Rée, con quien sostenía una muy especial relación de amistad íntima y tutoría filosófica y quien, a su vez, era amigo de Nietzsche desde tiempo atrás.


Fue precisamente Rée quien los presentó en Roma y quien invitó a Nietzsche a unírseles en Milán, tal como ocurrió, pero que, en lugar de continuar hacia Suiza, como estaba planeado, Nietzsche propuso realizar la excursión al Lago de Orta, hermosa región del norte italiano.


Toda esta historia y demás anécdotas se encuentran registradas en el libro Documentos de un encuentro (7), en el que se reproducen las correspondencias, escritos, notas y testimonios de antes y después del encuentro de Monte Sacro, tanto de los tres protagonistas, como de otras personas relacionadas con ellos.


LA CONCEPCIÓN DE ZARATUSTRA


Pero, aparte de esa historia y de las anécdotas y chismes de aquel, ni tan fortuito ni tan frívolo ni tan insignificante encuentro entre la hermosa Lou Andreas-Salomé y el ya célebre e importante filósofo, en aquellos Documentos de un encuentro se puede seguir paso a paso el enamoramiento de Nietzsche, de cuyo desarrollo y fracaso amoroso, emerge la materia que Nietzsche venía acumulando y de la que, en el choque de las fuerzas y energías del gozo y del dolor emocional y vital, saltará la chispa de vida que concebiría al Zaratustra que inicia, propiamente, su gestación en "El secreto de Monte Sacro".


Y, es esa gestación de Zaratustra, con sus primeras alegrías y los posteriores tormentos, la que puede seguirse, en las cartas que intercambian y las notas que escribirán, desde ese momento y hasta su culminación, el 1 de febrero de 1883, día en el cual Nietzsche comienza a escribir la primera parte de Así habló Zaratustra.


Por esa correspondencia puede comprenderse cómo Nietzsche, preñado de Zaratustra, va nutriendo la criatura con los elementos que le aportan y producen el intercambio de ideas y de las sutilezas de su seducción con Lou Andreas-Salomé.


Al principio, con el gozo del enamorado gestante y hacia el final, con las penas del amor perdido de un enamorado que gesta, con pasión y dolor, un misterio, al que, la saturación creadora y el dolor emocional, provocarán la eclosión final: la gran criatura: Así habló Zaratustra.


Es así como la vida de Nietzsche, después de “El secreto de Monte Sacro”, se puede dividir en dos períodos que concluyen al finalizar la escritura de Así habló Zaratustra, el 11 de febrero de 1883.


El primer período se inicia luego del rechazo a sus pretensiones eróticas en el ascenso a Monte Sacro. Y, concluye, a finales de noviembre y comienzos de diciembre de 1882, cuando Lou rechaza, definitivamente, las pretensiones amorosas que Nietzsche mantenía acuciantes y ocultas detrás de su amistad y de su proyecto de convertirse en maestro, guía y esposo de Lou, a quien, además, pretendía convertir en heredera de sus grandes ideas.


Concluido el primer período, y desde ese momento, iniciación del segundo período, la existencia de Nietzsche se convirtió en un infierno íntimo, pues el rechazo de Lou Andreas-Salomé lo sumió en profunda depresión, cuya bipolaridad bien queda reflejada en la correspondencia que intercambiaron y los pocos encuentros que sostuvieron, hasta que se presenta la saturación que llevó a Nietzsche a la desesperación y, a la sobrecarga emocional y creativa que, finalmente, explota el 1 febrero de 1883, al empezar la escritura de Así habló Zaratustra y que se desvanece totalmente el 22 de febrero, cuando declara, en tres frases extrañas y herméticas, antecedidas de una mención a Wagner, el final de la escritura.


Carta de Nietzsche a Franz Overbeck, en Basilea. Rapallo, 22 de febrero de 1883:


"Wagner era con mucho el hombre más completo que he conocido…

[...]

Lou es con mucho la persona más lista, que conocí. Pero etc. etc...

Mi "Zaratustra" ya debe estar en la imprenta.

He escrito a Cósima tan pronto como me ha sido posible" (D, p. 211) (8).


La conexión de estas tres frases y la mención a Wagner, podría interpretarse como un reconocimiento oculto a lo que Nietzsche tomó de las sustancias de Lou, Cósima y de su amor-odio por Wagner, para concebir, engendrar y parir a Zaratustra. Y, de manera mucho más oculta, pero evidente por su ausencia, la presencia de Elizabeth que impregna, ella también, todo el poema.


Segunda parte:

La historia de la gestación de Zaratustra


Toda gestación es un suceso deslumbrante y maravilloso y un período durante el cual, el gestante, pasa, arbitrariamente, de la agonía al éxtasis y viceversa, debido a los violentos choques anímico-fisiológicos que ocurren en las profundidades de su ser y de su cuerpo.


Igual es en la gestación biológica que en aquella de quien gesta, en el espíritu que emana de su vida natural (9), una obra maestra de la humanidad.


La gestación de Así habló Zaratustra, también tiene una historia de agonías y éxtasis. Esa es la historia que ahora se va a contar.


PRIMER PERÍODO: LO HEROICO


Lou aceptó, entusiasmada, mantener una amistosa relación de discípula con Nietzsche a pesar del infortunado suceso de Monte Sacro, porque admiraba profundamente la obra de Nietzsche y deseaba formar parte de un grupo selecto y privilegiado de sus discípulos, en el cual estimular su propio desarrollo intelectual y participar en la creación de las ideas del maestro.


Este es el proyecto que Lou le propone a Nietzsche y que ambos emprenden como una dichosa y cordial amistad, en sustitución de la pretensión amorosa de él. Pero, esa relación sólo se mantiene hasta los primeros días de diciembre de 1882, fecha para la cual ellos habían planeado la iniciación de su escuela-secta, filosófico-religiosa.


Sin embargo, si se le mira desde el ángulo de la imaginación asociativa, se podrá ver que lo que en ese período estaba sucediendo era un hecho extraordinario: comenzaba, al calor de ese verano de 1882 y de los sucesos de Monte Sacro, la gestación de Zaratustra y el futuro de su misión.


¿Coincidencia o causalidad? En las cartas que Lou y Nietzsche intercambian de junio a agosto de 1882, pareciera que ya se está insinuado (¿gestando?) Zaratustra, tal y como puede observarse con la aparición de los motivos que se forman y desarrollan desde los primeros versos del poema:


"[...] una mañana, levantándose con la aurora (*) (subrayo la palabra, lo cual explico más adelante), se colocó delante del sol y le habló así:

"¡Tu gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!

Durante diez años has venido subiendo hasta mi caverna: sin mí, mi águila (**) (ver más adelante) y mi serpiente te habrías hartado de tu luz y de este camino.

Pero nosotros te aguardábamos, cada mañana, te liberábamos de tu sobreabundancia y te bendecíamos por ello.

¡Mira! Estoy hastiado de mi sabiduría como la abeja que ha recogido demasiada miel, tengo necesidad de manos que se extiendan.

Me gustaría regalar y repartir hasta que los sabios entre los hombres hayan vuelto a regocijarse con su locura, y los pobres, con su riqueza" (Z, pp. 33, 34) (10).


El motivo de la aurora aparece, por primera vez, en la carta que Lou le envía a Nietzsche desde Hamburg, el 4 de junio de 1882. Hacia el final y entre puntos seguidos, ella le escribe:


"La aurora (*), es mi única amiga" (D, p. 91).


Y, la conexión se establece, plenamente, en el comentario que Nietzsche le hace a Lou, en su carta de respuesta, desde Naumburg, el 7 de junio de 1882:


"¡También yo estoy ahora rodeado de auroras (*), pero no están impresas! Lo que ya no creía posible: encontrar un amigo para compartir mis últimas alegrías y tristezas parece serlo -como la dorada posibilidad en el horizonte de mi vida futura. Me conmueve pensar en el alma valiente e intuitiva de mi querida Lou" (D, p. 94).

(*) Aurora: Para un filólogo como Nietzsche, cada palabra, como una moneda preciosa, adquiere valor y conexión sustanciales con la totalidad del sistema del que proviene y al que se dirige. Pareciera que la palabra "aurora", es una referencia directa, una anunciación de lo que se ha iniciado y lo que está por venir.


Iguales consideraciones son válidas para las demás conexiones que pueden establecerse entre los motivos de los versos citados del poema y los que Nietzsche escribió en su carta, ocho meses antes de iniciar la escritura de Así habló Zaratustra. Los mismos que se irán profundizando y complementando en las cartas siguientes, en las que, además, se puede seguir el cambio de tono, de la exaltación amorosa del primer momento, al de la desesperación y la ira por la posterior tragedia amorosa.


Eran, aquellas, las primeras alegrías de lo que parecía sería una gestación feliz. Sin embargo, será heroica y devendrá en tragedia. Pero, el Nietzsche de aquellos días, aún goza la dichosa gestación de la criatura.


¿Estaba ya anunciándose, tanto el advenimiento de Zaratustra como la razón de su misión?, Así puede pensarse por lo que le dice Nietzsche a Lou en carta desde Tautenburg, 26 de junio de 1882:


"Estoy buscando personas que puedan ser mis herederos, tengo muchas cosas que decir que no están en mis libros, y busco para tal fin, el más hermoso campo y también el más fértil" (D, p. 105).


Y, en la siguiente, también de Tautenburg, probablemente al día siguiente de la anterior, el 27 de junio que describe la transformación que, Nietzsche-Zaratustra, esta sufriendo, luego de un largo y penitente período:


"Fui formalmente derribado por el hecho de convertirme en un "hombre nuevo" -como consecuencia de una soledad demasiado rigurosa y de una completa renuncia al amor y a la amistad" (D, p. 106).


Y, el 2 de julio:


"No quiero estar más solo, y quiero convertirme de nuevo en un ser humano. ¡Ah!, todavía tengo que aprenderlo casi todo en ese dominio" (D, p. 107).


Del esplendor del enamoramiento de Nietzsche, empezaba a emerger el destino de Zaratustra, así como el de su sustancia primigenia: su naturaleza, a la vez, heroica y trágica. Y, a esa gestación, ambos aportarían por igual: Lou, los elementos heroicos, Nietzsche, los trágicos.


Eran todavía días felices. Los de la gestación de lo heroico en Zaratustra. Tal se deduce del borrador de la carta que Nietzsche escribe, a mediados de julio/1882, para Malwida von Meysenbug, amiga de Lou:


"Mi vida apunta ahora a una meta más elevada y no haré sino dedicarme a ésta. ¡Nadie podrá adivinar! y (yo) mismo no puedo revelar el secreto, pero quiero confesarle, precisamente a usted, mejor que a nadie, que exige una manera de pensar heroica (en absoluto religiosa y resignada)" (D, p. 108).


Luego, un paso más. El “águila” (**) del poema hacía su primera y ambigua aparición, tal la carta de Nietzsche a Lou desde Tautenburg, el 4 de agosto:


"Pero entonces el querido pájaro Lou voló sobre mi camino, y creí que era un águila (**) y quise que el águila (**) permaneciera conmigo" (D, p. 120).


Y, un último aporte de Lou para completar la naturaleza de Zaratustra y dar paso a la gestación de su naturaleza heroica.


Por aquel entonces, Nietzsche estaba leyendo y revisando los escritos en los que Lou desarrollaba algunas de las ideas que sobre la religión había discutido con él.


Es, precisamente, en las anotaciones del viernes 18 de agosto de 1882, en donde ella, la madre esencial, define, finalmente, la identidad genética y heroica de Zaratustra:


"Hay en el carácter de Nietzsche un rasgo heroico que le es esencial y confiere a sus cualidades e inclinaciones un carácter y una unidad coherentes. Aún le veremos como el mensajero de una nueva religión cuyos discípulos serán héroes" (D, p. 126).


Zaratustra ya es el Zaratustra heroico que Lou ha engendrado en Nietzsche. Tal y como puede entenderse, amplia y profundamente, en la totalidad de aquellas notas del 18 y 21 de agosto (D, pp. 126 a 130), a las que complementa con el documento denominado Libro de Stibbe (D, pp. 130 a 149).


SEGUNDO PERÍODO: LO TRÁGICO


Nietzsche acusa el golpe y, aunque tardará algún tiempo en reaccionar, ya siente que las tinieblas de su mente comienzan a disiparse para que se inicie la gestación de la naturaleza trágica de Zaratustra que a él le corresponde y cuya definición e identidad ya se anuncia al comienzo del final de los días felices.


Véase lo que le escribe desde Tautenburg, agosto de 1882, en unas notas en las que le comenta los escritos de Lou:


"Las personas que aspiran a la grandeza son generalmente malas: es la única manera de soportarlas" (D, p. 150).


A un padre trágico se opone una madre heroica y, entre ambos, engendrarán un dios. Zaratustra es hijo de mujer.


Esa es la mujer y esa es la copula que le define Nietzsche a Lou, en sus notas desde Tautenburg, de agosto de 1882:


"La mujer más débil transformará a todo hombre en un dios, y de la misma manera obrará con las costumbres o la religión: por un proceso de sacralización las verá como algo intocable, definitivo y adorable. Es evidente que el sexo débil es más importante que el sexo fuerte en el origen de las religiones. Así serán las mujeres si se las deja solas, desde su debilidad no cesarían de crear "hombres", o también "dioses". Y como puede suponerse, ambos parecerían: ¡monstruos de fuerza!" (D, p. 152).


Para, inmediatamente, agregar los trece puntos sobre la naturaleza femenina, titulados: De la mujer, que abren y complementan la reflexión sobre el "sexo débil", de la nota anterior (D, p. 153).


He ahí lo trágico de la naturaleza y de la misión de Zaratustra: Ser gestado, en parte, por mujer. Por esa mujer, a cuya humillación estará dirigida su misión.


Y será por medio de esa humillación que, el frustrado y dolorido enamorado, vengará el rechazo de la amada perdida, se sanará de sus heridas y dará a luz a Zaratustra.


Sólo que Nietzsche no lo sabía. Y es que, después que el enamoramiento cumple su función transformadora, adviene el olvido que no es olvido y el renacimiento que es transmutación (Ver nota 3).


Sin embargo, Nietzsche sí intuía, con su genial visión profética que, aquel poema, era la profecía de su transmutación, la que lo convertirá en otro que es el mismo, el Zaratustra-Nietzsche, el que continuará siendo hasta más allá del colapso total de su mente, pero nunca al colapso de sus exacerbadas y extremas emociones.


Transmutación y visión profética que se confirman en el autorretrato de Zaratustra en el poema, ya citado por Nehamas:


"Pues eso soy yo de raíz y desde el comienzo, tirando, atrayendo, levantando, elevando, alguien que tira, que cría y corrige, que no en vano se dijo a sí mismo en otro tiempo: ¡Llega a ser el que eres!" (Z, IV, 1)


Confirmación que será, aún más concreta y autobiográfica, como se lo anuncia a su amigo Franz Overbeck, en la carta que volveré a citar más adelante:


"El libro del que te hablé [...] Contiene un retrato extraordinariamente preciso de lo que será mi ser tan pronto como se haya liberado de toda su carga" (D, pp. 208-209).


DE AQUÍ AL PARTO


Una vez culminada la gestación materna y hasta el 22 de febrero de 1883, se consumará, lenta y dolorosamente, el final de la gestación y el doloroso parto paterno de Zaratustra.


Ante el persistente acoso de Nietzsche, Lou comienza a distanciarlo y a distanciarse, lo cual provoca los conflictos que los enfurecerán a ambos y las consecuentes reacciones de amor-odio que se desatan en todo rompimiento amoroso.


Para comienzos de diciembre y en el borrador de una carta de Nietzsche a Lou, él se queja, pero todavía Zaratustra no está listo:


"Decidí en Orta darle a conocer a usted, la primera, toda mi filosofía. ¡Ah! no tiene idea de que decisión fue aquella: creía que no se podía hacer mayor: creía que no se podía hacer mayor regalo a alguien" (D, p. 185).

"[...] Estuve inclinado a considerarla como la visión y aparición de un ideal sobre la tierra. ¿Lo notó? veo muy mal" (D, p. 186).


Sólo, un poco más adelante, Nietzsche, todavía quejándose, contradictoriamente niega y, al mismo tiempo, reconoce la participación materna de Lou y de que ella ya había concluido su misión gestadora.


Así como, al fin, reconoce que, de ese momento en adelante, la creación final de Zaratustra era responsabilidad paterna:


"¡Extraño! Pensé que me había sido enviado un ángel cuando volví de nuevo hacia los hombres y la vida. Un ángel que debía mitigar algunas cargas que el dolor y la soledad habían vuelto demasiado pesadas, y ante todo un ángel de valentía y esperanza para cuanto me espera ahora. Pero no era un ángel.

No pienso tener que ver nada más con ella. Fue un derroche totalmente inútil de amor, de corazón. Y a decir verdad; soy lo bastante rico para hacerlo" (D, p. 192).


Y, ¡NACIÓ ZARATUSTRA!


Desde la noche de San Silvestre, 31 de diciembre de 1882, se hace el silencio epistolar de Nietzsche. ¿Así lo demandaba Zaratustra?


Silencio que se rompe el 11 de febrero de 1883, cuando su amigo Franz Overbeck, en Basilea, recibe la carta de un gozoso Nietzsche que le anuncia, desde Rapallo, la misión y características de Así habló Zaratustra:


"El libro del que te hablé, cosa de 10 días, se me aparece ahora como mi testamento. Contiene un retrato extraordinariamente preciso de lo que será mí ser tan pronto como se haya liberado de toda su carga. Es un poema y no una colección de aforismos" (D, pp. 208-209).


Y, finalmente, el 22 de febrero de 1883, también a Overbeck, le escribe el anuncio ya citado más atrás, con los extraños y misteriosos reconocimientos a Wagner, Cósima y Lou:


"Mi "Zaratustra" ya debe estar en la imprenta" (D, p. 211).


Y, a partir de entonces, Nietzsche, Lou y Zaratustra, continuarán con sus propias vidas y destinos.


FINALES TRÁGICOS


La vida de Friedrich Nietzsche continúo siendo un tormento y él, aún, escribirá algunas de las obras filosóficas y literarias más inquietantes de la historia, para finalizar, trágicamente, en enero de 1889, cuando su mente colapsa, abrazado “al cuello del caballo” de Dostoievski, y es internado en un asilo hasta su muerte, el 25 de agosto de 1900.


Por su parte, Lou Andreas-Salomé, dirigió su vida hacia otros horizontes y otros hombres que la fascinaron por su personalidad y obra. Entre ellos, Sigmund Freud, de quien recibió entrenamiento en psicoanálisis y a quien, discretamente, rechazó en sus insinuaciones eróticas.


De la relación con el psicoanálisis escribió originales ensayos que perturbaron al mismo Freud, ya que en ellos abordaba un asunto que, todavía hoy, continúa siendo tratado con oscuridad y temor: el goce femenino (11).


Más importante aún, fue su relación amorosa con el poeta alemán Rainer María Rilke, a quien se negó a psicoanalizar para no destruir su potencia poética. De este romance queda una historia que bien vale la pena conocer (12).


Lou Andreas-Salomé vivió sus últimos años en Göttingen y vio como Alemania era consumida en el terror nazi, régimen del que se convirtió en incomoda huésped por su personalidad e ideas, pues su reputación internacional y su origen ruso, no le permitía, a los nazis, poner sus manos sobre ella.


Murió el 5 de febrero de 1937. Su vida es toda es una leyenda, incluida la de “El secreto de Monte Sacro” y su hermética maternidad de Así habló Zaratustra.


NOTAS


(1) Alexander Nehamas, Nietzsche, la vida como literatura, Turner/Fondo de Cultura Económica, México, 2002 (301 p.), p. 203

(2) Alexander Nehamas, Nietzsche, la vida como literatura..., p. 23

(3) Hipótesis descabelladas sobre la naturaleza del enamoramiento, las he propuesto en mi libro sin publicar: Beso Rico-EROS ALQUÍMICO, capítulos de la segunda parte: El enamoramiento: El fuego del renacer.

(4) Marcel Reich-Ranicki, Siete precursores. Escritores del siglo XX, Thomas Mann, etc., Galaxia Guttenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2003, p. 102.

(5) Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Introducción, traducción y notas de Andrés Sánchez Pascual, Biblioteca Nietzsche, Alianza Editorial, Madrid, 1998, No. 0612 (498 p.), pp. 10 a 15.

Las citas de Ecce homo, de la introducción de Andrés Sánchez Pascual, fueron tomadas por él de: Friedrich Nietzsche, Ecce homo, Introducción, traducción y notas de Andrés Sánchez Pascual (El Libro de Bolsillo, Alianza Editorial, número 346, Madrid, 1971).

(6) H. F. Peters, Mi esposa, mi hermana, la vida de Lou Andreas-Salomé, Plaza & Janés Editores, 1980 (345 p.), pp. 94, 95, 96.

(7) Friedrich Nietzsche, Lou Andreas-Salomé, Paul Rée, Documentos de un encuentro, Laertes de Ediciones, Barcelona, 1982 (332 p.), pp. 76 y ss.

(8) Todas las citas a la correspondencia y notas de Nietzsche y Lou Andreas-Salomé, han sido tomadas de: Friedrich Nietzsche, Lou Andreas-Salomé, Paul Rée, Documentos de un encuentro, y se identifican con (D y número de página) en el texto.

(9) George Santayana, Platonismo y vida espiritual, Trotta, Madrid, 2006 (83 p.), p. 57.

(10) Las citas de Así habló Zaratustra, han sido tomadas de: Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Alianza Editorial, Madrid, 1998.

(11) Lou Andreas-Salomé, El narcisismo como doble dirección. Obras psicoanalíticas, Tusquets, Barcelona. 1982 (183 p.)

Lou Andreas-Salomé, El erotismo, José J. Olañeta, Editor, Palma de Mallorca, 1983 (136 p.)

(12) Rainer María Rilke, Lou Andreas-Salomé. Correspondencia, José J. Olañeta, Editor, Barcelona, 1981 (62 p.)


BIBLIOGRAFÍA


- Lou Andreas-Salomé, Nietzsche, Grupo Cultural Zero, Madrid, 1986.

- Curt Paul Janz, Biografía de Friedrich Nietzsche (cuatro tomos), Alianza Editorial, Madrid, 1981

- Rüdiger Safranski, Nietzsche, biografía de su pensamiento, Tusquets Editores, Barcelona, 2001.

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Lector Ludi por Iván Rodrigo García Palacios se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.