9 de mayo de 2016

Lector Ludi No. 83: El pensamiento está en el código y el sentido en el sentir


Francisco de Goya, Caprichos.
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Iván Rodrigo García Placios
El pensamiento está en el código
y el sentido en el sentir
"El error que estamos expuestos a cometer podría expresarse así: estamos buscando el uso de un signo, pero lo buscamos como si fuese un objeto que coexistiese con el signo ... Como las frases están en alguna parte, buscamos un lugar para el pensamiento" (Ludwig Wittgenstein, Los cuadernos azul y marrón, Tecnos, Madrid, 1968, 1998, p. 31-34).


... y, una vez el pensamiento se instala en el lenguaje, es posible someterlo a todo tipo de operaciones, manejos, peripecias y piruetas lógicas, imaginarias, analíticas, especulativas, trascendentes o no. ... y el resultado: poesía, artes, ciencias, filosofías y todo lo que el Homo-Humano sabe y desea saber, inventa y desea inventar.
En la memoria se instalan y permanecen el código y las reglas de su operación, el lenguaje (código y lenguaje son la misma cosa), con los cuales la mente procesa la información que percibe, elabora, modifica o elimina tanto en la memoria y en los recuerdos como en el saber, es decir, en los datos formalizados, organizados, conservados y almacenados en los sistemas de memoria interna y externa. De esta manera, lo que se manipula es la información elaborada a partir de los datos percibidos o memorizados y recordados por medio de las reglas del código. Ahora bien, esa manipulación puede hacerse de manera estricta, es decir, o por un código de reglas fijas, tales los códigos lógicos y matemáticos, o por un código de reglas mínimas, tales las de los idiomas que permiten construir sentidos, significados y significantes de manera flexible, como lo son los símbolos o las metáforas o las analogías o las imágenes, o las palabras, etc., que operan en la poesía, en la literatura y en las artes. Aquí podría decirse que en esa primera forma de manipular operan los códigos de la razón -ciencias y filosofías- y en la segunda operan los códigos de los sentimientos y de la imaginación -artes y poesía-. Mito y razón, arte y ciencia.
"El pensamiento no es temporal porque esté atado a las condiciones de posibilidad de un sujeto que es, esencialmente, tiempo, sino porque depende de un sistema de condicionamientos que, necesariamente, tiene que dialogar con su propia historia: un lenguaje, de alguna manera presente, que ha de verse continuamente contrastado con los lenguajes por venir" (Emilio Lledó, El silencio de la escritura /4. El texto de la filosofía y los nivele de temporalidad).
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327. “¿Se puede pensar sin hablar?” -¿Y qué es pensar?- Bueno, ¿nunca piensas? ¿No puedes observarte y ver qué sucede? Eso debe ser muy sencillo. No tienes que esperar por ello como un acontecimiento astronómico y luego hacer quizá tu observación deprisa.
328. Bueno, ¿a qué se llama “pensar”? ¿Para qué se ha aprendido a utilizar esa palabra? - Si digo que he pensado -¿tengo que estar siempre en lo correcto?- ¿Qué clase de error cabe ahí? ¿Hay circunstancias bajo las que se preguntaría: “¿Era realmente pensar lo que he hecho entonces; no me equivoco?” Si alguien, en el curso de una secuencia de pensamientos, realiza una medición: ¿ha interrumpido el pensamiento si no se dice nada a sí mismo mientras mide?
329. Cuando pienso con el lenguaje, no me vienen a las mientes ‘significados’ además de la expresión verbal; sino que el lenguaje mismo es el vehículo del pensamiento" (Ludwig Wittgenstein. Investigaciones Filosóficas).
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El humano es humano porque su cerebro tiene los mecanismos necesarios para desarrollar la habilidad de codificar, es decir, que su cerebro ha desarrollado la habilidad de establecer circuitos neuronales por medio de los cuales dar organización y sentido a las percepciones y sensaciones y, a partir de esa organización y sentido, desarrollar habilidades simbólicas y sintácticas, o sea, darle sentido a lo que se siente: mapas e imágenes. Todas esas habilidades son, en última instancia, con las que se inventa y desarrolla el lenguaje y todo lo relacionado con él: el pensar y el pensamiento.
He aquí un par de explicaciones de dos neurocientíficos sobre el pensar y el pensamiento.
La primera, del Premio Nobel, Gerald M. Edelman:
"Normalmente la conciencia se considera que es lo mismo que el pensamiento. Creo que esto es una identificación demasiado burda, porque pensar tiene componentes adicionales adquiridos: un complejo de imágenes, intenciones, suposiciones y razonamiento lógico. Es una mezcla de varios niveles de actividad mental.
En sus productos más altos y más abstractos, es una habilidad, que depende de habilidades simbólicas. Con excepción de las habilidades especiales exhibidas en el pensamiento artístico y las actividades rítmicas y tonales del pensamiento musical, el pensamiento superior depende en gran medida del lenguaje y de la lógica, en un diálogo interno entre el pensador y otro interlocutor de cuya existencia el pensador puede no ser consciente [...].
Es sólo cuando los resultados de muchos paralelos, fluctuantes y temporales procesos de percepción, formación de conceptos, memoria y estados atencionales son almacenados en un objeto simbólico –una secuencia de proposiciones lógicas, un libro, una obra de arte o musical- cuando tenemos la impresión de que el pensamiento es puro.
Pensar no puede buscarse si no hay un telón de fondo consciente...
El pensamiento es una habilidad urdida desde la experiencia del mundo, desde niveles paralelos y canales de la vida perceptiva y conceptual. Finalmente, es una habilidad que queda restringida por valores sociales y culturales. La adquisición de esta habilidad requiere no sólo experiencias con las cosas, requiere también interacciones sociales, afectivas y lingüísticas.
Con esto se quiere decir que ninguna cantidad de datos neurocientíficos solos puede explicar el pensamiento. No hay nada misterioso o místico en esta afirmación. Una explicación neurocientífica es necesaria, pero no suficiente como explicación última" (Gerald M. Edelman. Bright Air, Brilliant Fire. On the matter of Mind. Págs. 173 y ss.).
La segunda, del neurocientífico Antonio Damasio:
"La capacidad de representar internamente imágenes y de ordenar dichas imágenes es el pensamiento. (las imágenes pueden ser sonoras, olfativas, etc.)...
Poseer una mente significa que un organismo forma representaciones neurales que pueden convertirse en imágenes, ser manipuladas en un proceso denominado pensamiento, y eventualmente influir en el comportamiento al ayudar a predecir el futuro, planificar en consecuencia y elegir la siguiente acción.
Seguramente nadie negará que el pensamiento incluye palabras y símbolos arbitrarios. Pero tanto las palabras como los símbolos se basan en representaciones organizadas topográficamente y pueden convertirse en imágenes" (Antonio Damasio. El Error de Descartes).
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No se trata de filosofar ni tampoco de hacer fenomenología ni, mucho menos, psicología, porque en esas actividades, antes de empezar a hablar ya estaríamos condenados al silencio si hacemos caso a la celebre frase de Wittgenstein, "de lo que no se puede hablar, mejor es callar", pues nada de lo que se diga en esas disciplinas sobre el pensamiento y el lenguaje o el código, nos llevará a ningún lugar, porque, para empezar, la sola definición de los términos y conceptos es imposible en ese código o sistema auto-referencial o autoderivante que es el lenguaje, el que es, al fin y al cabo, el lugar donde están el pensamiento, el saber, esa memoria y recuerdos que son la evolución, la selección y la mutación del conocimiento en saber.
Ni tampoco se trata de hablar de eso tan caro a las filosofías de la mente que son los estados mentales, que para el cerebro son la mente y la conciencia, los estados de sensación y sentido y viceversa.
Así pues que, como voy a hablar de pensamiento, código o lenguaje, diré algo de lo que si puedo hablar, o sea, que el pensamiento es el sentido que se asigna a lo que se siente y que se expresa por un código o lenguaje, cualquiera estos sean, todo lo cual evoluciona y muta por selección cultural, tal y como sucede con los organismos en la evolución y selección natural.
Así que, para resguardarme de las amenazas que pudieran silenciarme, mejor diré que lo que pretendo decir es que en la teoría evolutiva y de la selección natural, el pensamiento, el código y el lenguaje, son productos de la conciencia y de la mente, es decir, de la memoria del cuerpo, a los que se da sentido, por una parte, para expresar lo que se siente y, por la otra, para nominar con las herramientas o instrumentos que se inventan para organizar y expresar lo que se siente a partir del sentido que se asigna al sentir placer y dolor:
"Aquellas sensaciones que hemos llegado a considerar como dolor y placer, o como castigos y recompensas, concuerdan directamente con los estados integrados de tejido vivo en el interior de un organismo, mientras se suceden unos a otros en su ocupación natural de gestionar la vida. Los mapas cerebrales de los estados en que los parámetros de los tejidos se desvían significativamente del intervalo homeostático en una dirección que no contribuye a la supervivencia, son experimentados con una cualidad que finalmente llamamos dolor y castigo. De forma análoga, cuando los tejidos operan en la parte mejor del intervalo homeostático, el mapa cerebral de los estados correlativos se vive como una cualidad a la que finalmente llamamos placer y recompensa" (Antonio Damasio, Y el cerebro creó al hombre, Destino, Barcelona, 2010, p. 94).
De esa manera, con los códigos y lenguajes se expresan el sentir y los sentimientos y, a partir de allí, se construyen los sistemas concretos y abstractos mediante los cuales se busca organizar, expresar y explicar lo que se siente al Ser y Estar en el espacio y en el tiempo.
Es por ello que el pensamiento está en el código o en el lenguaje con los que se le da sentido al sentir.
"Todos los conceptos, aún los más abstractos, nos remiten en última instancia a una experiencia exterior. Mediante la introducción de una referencia continua de un signo a otro y la consideración del tiempo, Peirce llega a la conclusión de que la cognoscibilidad y el ser son lo mismo y que el hombre es un signo que hace referencia a algo exterior, que el hombre es un signo externo" (Lino Iglesias Martínez, La ciencia cognitiva. Introducción y Claves para su debate filosófico, Octubre 2006, Universidad de Navarra Trabajo de Investigación dirigido por el Prof. Jaime Nubiola, p. 161) :
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Mejor dicho, todo lo del Homo-Humano se explica desde la materia viva que lo compone y que lo hace lo que es, sólo que para poder hacer esa explicación requirió de la evolución del cerebro y de los mecanismos necesarios para la aparición del lenguaje, tal y como lo explica Javier Sampedro en su libro Deconstruyendo a Darwin:
"[...] La consciencia primaria —la capacidad de generar una escena mental en la que una gran cantidad de información diversa se integra con el objetivo de organizar el comportamiento presente e inmediato— se da en animales con estructuras cerebrales similares a las nuestras. Esos animales parecen capaces de construir una escena mental, pero, a diferencia de nosotros, tienen unas capacidades semánticas o simbólicas muy limitadas, y carecen de verdadero lenguaje". (EDELMAN y TONONI, 2000.)
Pues ahí lo tenemos. Según el punto de vista de Edelman, la evolución del cerebro humano quedaría explicada por la aparición del lenguaje y de las «capacidades semánticas o simbólicas». Es decir, del lenguaje en sentido amplio, que incluye un léxico (capacidad semántica) y una sintaxis (un sistema formal para manipular símbolos). La consciencia primaria del chimpancé unida al lenguaje constituye «un proceso físico unificado de inmensa complejidad; un proceso que, a diferencia de cualquier cosa que los humanos hayamos construido hasta ahora, puede integrar rápidamente inmensas cantidades de información», según Edelman y Tononi. La ventaja selectiva de disponer de una arquitectura cortical semejante parece bastante obvia, y esto es un excelente caldo de cultivo para los esquemas conceptuales del darwinismo.
Daniel Dennett, que además de un darwinista ortodoxo es uno de los filósofos que más brillante y exhaustivamente han reflexionado sobre el cerebro humano, ha alcanzado independientemente una conclusión muy similar:
"Hay una enorme diferencia entre nuestras mentes y las mentes de otras especies, un abismo tan amplio que casi constituye una diferencia moral. Ello es —debe ser— debido a dos factores interconectados, cada uno de los cuales requiere una explicación darwinista: (1) el cerebro con el que nacemos tiene características que faltan en otros cerebros, y que han evolucionado bajo presión selectiva durante los últimos seis millones de años o así, y (2) esas características hacen posible una enorme elaboración de poderes, que derivan de compartir el acervo de diseños [ideas útiles] a través de la transmisión cultural. El fenómeno bisagra que une esos dos factores es el lenguaje" (Dennett, Daniel (1995). La peligrosa idea de Darwin, edición española de Galaxia Gutenberg (1999).
Dennett nos confirma así que, si partimos de los ya complejísimos cerebros de los demás primates, el problema de la evolución del cerebro humano puede reducirse al de la evolución del lenguaje. Pero también admite que ese paso evolutivo, por mucho que se pueda expresar en una sola palabra —«palabra»— es demasiado grande para que cerremos la puerta del despacho y nos vayamos a tomar unas cañas con la consciencia tranquila. El lenguaje es nuestro nuevo Urbilateria: una solución biológica única, compleja, ocurrida una sola vez en la historia del planeta, y cuya evolución no ha dejado evidencias claras de una transición gradual. Necesitamos explicar cómo evolucionó.
Es increíble que hayamos llegado hasta aquí sin mencionar ni una vez a Noam Chomsky. Vamos a ello (Javier Sampedro, Deconstruyendo a Darwin, Crítica, Barcelona, 2002, p.p. 183-184).
El problema no es ya si el cerebro produce el lenguaje, lo que no tiene discusión, lo realmente crítico es establecer cómo, desde los dispositivos cerebrales, se produce el lenguaje. Mejor dicho, para ponerlo en mis propias "palabras": ¿cómo, desde el sentir, el cerebro inventó el lenguaje y con él, el pensamiento?, tal y como se puede deducir de lo que también dice Javier Sampedro en el capítulo que sigue a la cita anterior y del que cito este párrafo:
"Visualicemos esto haciendo uso de la teoría de la consciencia primaria de Edelman y Tononi (lo que no quiere decir que esta teoría sea aceptada por los científicos mencionados en el párrafo anterior). El más bestia de los Australopithecus ya disponía, como cualquier otro primate, de un sistema complejo para formar escenas conscientes unitarias, gracias a la interacción paralela y rápida (150 milisegundos) de las percepciones de cientos de especialistas del córtex. Las más comunes de estas escenas conscientes encarnarían conceptos abstractos omnipresentes en la vida diaria, como «pertenencia», «estar vivo», «estar allí delante», «moverse hacia aquí», etcétera (recordemos que un concepto no es más que una escena consciente con las conexiones reforzadas por la frecuente ocurrencia simultánea de sus componentes). Esos conceptos ya existían antes que las palabras. Cuando el lenguaje hizo su entrada en el escenario evolutivo, no lo hizo como el sistema formal abstracto que es hoy, sino que se tuvo que conformar con explorar modestamente esos conceptos o escenas conscientes preexistentes, la sustancia de la que ya estaba hecha la mente del mono, y empezar tímidamente a ponerles nombres: mío, tuyo, en, entre, ir, venir, dar, tomar. Estas palabras y otras de naturaleza similar, que existen en todos los idiomas con un sonido u otro, suelen ser las que tienen unas raíces etimológicas más profundas, y también las que exhiben unas estructuras más irregulares: un reflejo, tal vez, de que se inventaron mucho antes de que el lenguaje fuera un sistema formal, lleno de regularidades. Las primeras palabras no inventaron conceptos: se limitaron a describir los conceptos anteriores al lenguaje, sobre todo los más comunes o importantes: los conceptos generados por la consciencia primaria de un mono" (Javier Sampedro, Deconstruyendo a Darwin, Crítica, Barcelona, 2002, p.p. 191-192).
Se puede inferir entonces que una cosa es el pensar, esa formación de escenas conscientes unitarias previa a los conceptos y otra cosa es el pensamiento: la descripción de los conceptos anteriores al lenguaje, el cual, obviamente, evolucionó en un sistema formal, en los códigos e idiomas con los que ahora tratamos de expresar y exponer lo que sentimos, conocemos y sabemos.
Luego de lo anterior, Javier Sampedro explica lo del efecto Baldwin, con el que, se me ocurre, se esclarece ese proceso de producir el pensar desde el sentir:
"El efecto Baldwin puede resumirse en una especie de slogan publicitario: lo aprendido se hace instinto. O, con un poco más de precisión: cuando un cerebro es capaz de aprender algo, el resultado de ese aprendizaje acaba, generaciones después, formando una estructura innata en el cerebro del recién nacido" (Javier Sampedro, Deconstruyendo a Darwin, Crítica, Barcelona, 2002, p. 193).
Para decirlo también en mis propias palabras, el repudio de la Naturaleza al vacío y al desorden se traduce en el imperativo de todo organismo por organizar y controlar su ámbito interno y externo y, al mismo tiempo, dotar al cerebro con los mecanismos, procesos y funciones mediante los cuales organizar lo que el organismo siente y que, en el Homo-Humano, se convierte en sentir que siente y en darle sentido a esos sentimientos, desarrollando habilidades simbólicas y semánticas hasta inventar el lenguaje, que es lo verdaderamente asombroso: cómo con un reducido número de signos -letras o números- se pueden hacer combinaciones infinitas con sentido y significado para luego, especular con todo ello en artes, ciencias, filosofías. Ese es el gran invento, el gran mito y el gran misterio.
***
La filosofía y las matemáticas son las disciplinas que se ocupan de explorar, de experimentar y de descubrir, las posibilidades de los códigos -lenguajes y matemáticas- para expresar el orden de aquello que se siente como experiencia sensual o como experiencia abstracta o aquello que se siente como experiencia imaginada.
La física y la química, por su parte, se ocupan de explorar, de experimentar y de descubrir la naturaleza, la composición y el funcionamiento de la materia y de la energía y de expresarlo en los códigos matemáticos y en los lenguajes e idiomas.
Las ciencias biológicas, son las que se ocupan de explorar, de experimentar y de descubrir, la naturaleza, la composición y el funcionamiento de la materia y la energía con el fin de comprender la vida y las expresiones de la vida.
Y ... en el principio, la poesía es la expresión de aquello que se conoce con el sentir, paso previo a la asignación del sentido.
Con todo lo anterior, se busca convertir la comprensión que alcanza cada disciplina, ciencia y arte, en el saber que se almacena, acumula, verifica y trasforma.
Como tales, las filosofías, las ciencias y las artes, son los artefactos inventados por los Homo-Humanos con el fin de desarrollar, organizar y conservar la memoria de aquello a lo que se le ha asignado un sentido y se lo ha convertido en saber.
Por la otra parte, el cuerpo de los Homo-Humanos es un explorador y experimentador del conocimiento que le proporcionan el placer y el dolor. Y, a partir del desarrollo, organización, conservación y evolución de ese conocimiento, provocar el desarrollo y la evolución de la cultura y del saber.
El saber sobre sí mismo, sobre los otros y sobre el mundo y sus conexiones, relaciones y correspondencias con los otros y con el mundo, parte del sentir y, a partir de allí, en sus conexiones, relaciones y correspondencias con el pensar y el actuar.
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Lo que hace humano al Homo-Humano son los mecanismos cerebrales mediante los cuales desarrolla la habilidad de codificar, es decir, de inventar y desarrollar códigos, lenguajes, idiomas, etc. y, por supuesto, pensar. Pensar a partir de lo que siente y de la conciencia de que siente. Pensar, es anticipar, prevenir y reaccionar, mejor dicho, diseñar el futuro en el tiempo y en el espacio, lo que, a su vez, es el pensamiento. Y el pensamiento está en el código. Y el espíritu, es el anhelo de futuro.
Si el pensar es una función del cerebro, será aquella mediante la cual se establecen en la mente "los mapas de significación" para todas y cada una de las organizaciones de las sensaciones que el cerebro realiza a partir de los sentidos o significados que asignan a cada sensación. Para una explicación, sugiero la que proponen Gerald M. Edelman y Giulio Tononi 1, al igual que la lectura de los capítulos 14 y 15 del libro de Javier Sampedro, Deconstruyendo a Darwin 2.
Dicen Gerald M. Edelman y Giulio Tononi
"[...] La consciencia primaria —la capacidad de generar una escena mental en la que una gran cantidad de información diversa se integra con el objetivo de organizar el comportamiento presente e inmediato— se da en animales con estructuras cerebrales similares a las nuestras. Esos animales parecen capaces de construir una escena mental, pero, a diferencia de nosotros, tienen unas capacidades semánticas o simbólicas muy limitadas, y carecen de verdadero lenguaje" (Gerald M. Edelaman y Giulio Tononi, El universo de la conciencia. Cómo la materia se convierte en imaginación, Crítica/Drakontos, Barcelona, 2005, p. 127).
Es entonces el proceso de elaboración y manejo de "los mapas de significación" el que explique el proceso de pensar. El sentido o significado de las sensaciones que van a conformar "los mapas de significación" se elabora a partir de la reactividad al placer y al dolor y, desde allí, a la elaboración y derivación de señales, signos, códigos, concretos, imaginarios, simbólicos o abstractos, para desarrollar los códigos y lenguajes con los que se ordena, describe y explica lo que se siente y lo que se expresa de ese sentir, mejor dicho, el pensamiento.
El pensar y el pensamiento son la conclusión del proceso que se inicia en el sentir, el que se expresa en el sentimiento y al que se le asigna un sentido:
"Si hay algo en nuestra, existencia que pueda ser revelador de nuestra pequeñez y grandeza simultáneas, son los sentimientos.
Empieza a desvelarse la manera en que dicha revelación llega a la mente. El cerebro utiliza varias regiones específicas que trabajan en concierto para representar una miríada de aspectos de las actividades del cuerpo en forma de mapas neurales. Esta representación es un compuesto, una imagen siempre cambiante de la vida en acción. Los canales químicos y neurales que conducen al cerebro las señales con las que puede pintarse este retrato de la vida son tan específicos como la tela que las recibe. El misterio de cómo sentimos es ahora un poco menos misterioso" (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos, Crítica, Barcelona, 2009, p. 13).
Ahora bien, lo que denomino "mapas de significación", es la suma de lo que Antonio Damasio llama "mapas neurales", "mapas sensoriales", "mapas mentales", "mapas cerebrales" etc., los cuales se explican:
"Esto se consigue mediante moléculas químicas transportadas en el torrente sanguíneo, así como mediante señales electroquímicas transmitidas a lo largo de rutas nerviosas. Diversos aspectos del proceso vital pueden señalarse de esta manera en el cerebro y representarse allí en numerosos mapas constituidos por circuitos de neuronas localizadas en lugares específicos del cerebro" (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos, Crítica, Barcelona, 2009, p. 40).
[...]
"Los animales más sencillos carecen de las estructuras cerebrales necesarias para representar, en forma de mapas sensoriales, las transformaciones que se producen en el cuerpo cuando tienen lugar reacciones emotivas, y ello resulta en la sensación. Carecen también del cerebro preciso para representarse la simulación anticipada de dichas transformaciones corporales, lo que constituiría la base del deseo o la ansiedad" (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos, Crítica, Barcelona, 2009, p. 53).
Estos "mapas" hacen parte del desarrollo evolutivo de la maquinaria cerebral:
"La evolución parece haber ensamblado la maquinaria cerebral de la emoción y el sentimiento en entregas parciales. Primero fue la maquinaria para producir reacciones ante un objeto o acontecimiento, dirigidas al objeto o a las circunstancias: la maquinaria de la emoción. En segundo lugar vino la maquinaria para producir un mapa cerebral y después una imagen mental, una idea, para las reacciones y para el estado resultante del organismo: la maquinaria del sentimiento" (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos, Crítica, Barcelona, 2009, p. 80-81).
En fin, Antonio Damasio enfatiza:
"El rasgo distintivo de los cerebros como el que poseemos los seres humanos es su asombrosa habilidad para crear mapas. La planificación es esencial para una gestión sofisticada, dado que los mapas y la gestión de la vida se hallan estrechamente relacionados, Cuando el cerebro genera mapas, se informa a sí mismo. La información que se halla contenida en los mapas puede utilizarse de manera no-consciente para guiar la conducta motora de forma eficaz, una consecuencia de lo más deseable ya que la supervivencia depende de que se tome la acción acertada. Pero cuando los cerebros crean mapas están creando también imágenes, la principal divisa de nuestra mente. La conciencia nos permite percibir mapas como imágenes, manipular esas imágenes y aplicarles el razonamiento.
Los mapas se construyen cuando interactuamos con los objetos, por ejemplo, una persona, una máquina, un lugar, desde el exterior del cerebro hacia el interior. El término importante aquí, y nunca insistiré lo suficiente, es interacción. Nos recuerda que generar mapas, algo que es esencial, tal y como apuntamos antes, para mejorar las acciones, a menudo se produce en principio dentro de un marco de acción. La acción y los mapas , los movimientos y la mente, forman parte de un ciclo interminable, una idea que Rodolfo Llinás ha sabido captar de manera sugerente al atribuir el origen de la mente al control cerebral del movimiento organizado [Rodolfo Llinás, I of the Vortex: From Neurons to Self, Bradford Books, MIT Press, MA, 2001].
Los mapas se elaboran también cuando recordamos objetos del interior de los bancos de memoria de nuestro cerebro. La elaboración de mapas no se detiene nunca, ni cuando dormimos, como lo demuestran los sueños. El cerebro humano acota en mapas cualquier objeto que se halle situado en su exterior, cualquier acción que ocurra fuera de él y todas las relaciones que adoptan los objetos y las acciones, en el tiempo y el espacio, relativas a cada uno y a la nave nodriza que es organismo, el dueño exclusivo de nuestro cuerpo, cerebro y mente. El cerebro humano es un cartógrafo nato y la cartografía comienza por acotar en mapas el cuerpo en cuyo interior se asienta el cerebro" (Antonio Damasio, Y el cerebro creó al hombre, Destino, Barcelona, 2010, p. 109).
Y estos "mapas" son, como lo explica Antonio Damasio, las imágenes, simples o complejas, que el cerebro elabora con los datos que suministran los sentidos o que inventa con la imaginación con el fin de organizar las sensaciones, su procesamiento y la asignación de sentido o significado y de allí, al deseo y al sentimiento, a la imaginación, al pensamiento y a la acción.
Otra explicación distinta pero complementaria para estos "mapas", la ofrecen Gerald M. Edelman y Giulio Tononi 3, a la que remito a los interesados.
A manera de curiosidad lúdica, invito a enterarse de las propuestas de Giordano Bruno al respecto de imágenes, memoria, imaginación, etc. y la interpretación actual sobre las mismas que he mencionado en otros de mis escritos.
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Según todo lo anterior, la materia de un psiquismo naturalizado está en el sentir que es el que da origen a la memoria y a los recuerdos (memoria con sentimientos) y a la conciencia y a la emoción y al sentimiento y al deseo y, desde allí, a la acción y a la imaginación y al pensamiento y al anhelo (que es el espíritu) y a la cultura, tal y como la describe Antonio Damasio:
"Aunque no estimo que la consciencia sea el pináculo de la evolución biológica, creo que es un gran hito en la vasta historia de la vida. Incluso cuando apelamos a la descarnada definición del diccionario -conocimiento que el individuo tiene de sí mismo y sus cambios, y del medio que lo rodea y sus transformaciones- nos es fácil imaginar por qué la consciencia allanó el camino de la evolución humana hacia una nueva categoría de creaciones imposibles sin ella: religión, organización política y social, artes, ciencias y tecnología. Quizás aún más trascendental sea el hecho de que la consciencia sea la función biológica crítica que nos permite conocer la pena o la alegría, el sufrimiento o el placer, vergüenza u orgullo, y también condolernos por amores o vidas perdidas. Sufridos individualmente u observados en el prójimo, el pathos y el deseo son subproductos de la consciencia. No podríamos conocer ninguno de estos estados personales si no tuviéramos consciencia. No culpes a Eva por saber; culpa a la consciencia, y dale las gracias" (Antonio Damasio, Sentir lo que sucede. Cuerpo y emoción en la fábrica de la consciencia. Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 2000, p. 20).
En consecuencia, será la evolución biológica la que permita explorar y explicar la naturaleza de lo que se denomino Homo-Humano, es decir, de cómo el animal pasa de sentir que siente a pensar lo que siente y así a darle sentido a todo, incluso al espíritu, o sea, a ese anhelo de futuro del cuerpo, ese cuerpo que es el Homo-Humano, ese con el que hace la cultura o, mejor, ese cuyas extensiones son la cultura:
"El homo sapiens gobierna el mundo porque es el único animal que puede creer en cosas que existen puramente en su propia imaginación, como los dioses, los estados, el dinero y los derechos humanos" (Yuval Noah Harari, De animales a dioses, Debate, Madrid, 2014).
Cultura que es, a su vez, esa extensión de su cuerpo por medio de la cual se propone la domesticación de la naturaleza, así como la de su propia naturaleza y, paradójicamente, es también domesticado por la naturaleza, como lo dice Yuval Noah Harari en su libro De animales a dioses:
"Ciertamente, la revolución agrícola amplió la suma total de alimento a disposición de la humanidad, pero el alimento adicional no se tradujo en una dieta mejor o en más ratos de ocio, sino en explosiones demográficas y élites consentidas. El agricultor medio trabajaba más duro que el cazador-recolector medio, y a cambio obtenía una dieta peor. La revolución agrícola fue el mayor fraude de la historia.
¿Quién fue el responsable? Ni reyes, ni sacerdotes, ni mercaderes. Los culpables fueron un puñado de especies de plantas, entre las que se cuentan el trigo, el arroz y las patatas. Fueron estas plantas las que domesticaron a Homo sapiens, y no al revés" (Yuval Noah Harari, De animales a dioses, Debate, Madrid, 2014, p. 98).
Y, por todo ello y por donde quiera que se le mire, el Homo-Humano es el resultado de un largo proceso de evolución y selección natural y cultural, así como de otros procesos biológicos ... sin fin ni finalidad:
"[...] a pesar de las cosas asombrosas que los humanos son capaces de hacer, seguimos sin estar seguros de nuestros objetivos y parecemos estar tan descontentos como siempre. Hemos avanzado desde las canoas a los galeones, a los buques de vapor y a las lanzaderas espaciales, pero nadie sabe adónde vamos. Somos más poderosos de lo que nunca fuimos, pero tenemos muy poca idea de qué hacer con todo ese poder. Peor todavía, los humanos parecen ser más irresponsables que nunca. Dioses hechos a sí mismos, con solo las leyes de la física para acompañarnos, no hemos de dar explicaciones a nadie. En consecuencia, causamos estragos a nuestros socios animales y al ecosistema que nos rodea, buscando poco más que nuestra propia comodidad y diversión, pero sin encontrar nunca satisfacción.
¿Hay algo más peligroso que unos dioses insatisfechos e irresponsables que no saben lo que quieren?" (Yuval Noah Harari, De animales a dioses, Epílogo, Debate, Madrid, 2014, pp. 455-456).
Y, para concluir, esos "dioses hechos a sí mismos", se han empeñado, sin resultado positivo alguno, en negar su naturaleza material:
"Para mí constituye una grandiosa paradoja que buena parte del mundo científico aceptara la teoría de Darwin para todo excepto para la evolución de la sacrosanta mente humana, que de algún modo debía quedar a salvo de la barbarie mecanicista de la selección natural. Porque si hay un dispositivo biológico que apesta a adaptación darwiniana por todos los poros, ése es precisamente la mente humana. Nuestra consciencia, nuestra inteligencia y nuestra creatividad, en parte heredadas de los primates, y en parte amplificadas en cadena por la invención evolutiva del lenguaje, constituyen un caso escandaloso de adaptación para el manejo casi instantáneo de informaciones muy complejas sobre el mundo y sobre los demás individuos, una habilidad que sin duda ha resultado crucial en el pasado de nuestro linaje. Nada en la consciencia humana tiene sentido si no es a la luz de la adaptación darwiniana por selección natural" (Javier Sampedro, Deconstruyendo a Darwin. Los enigmas de la evolución a la luz de la nueva genética, Crítica, Barcelona, 2002, p. 212).
Hasta tal punto los Homo-Humanos pretenden negar su propia naturaleza que por ello han querido exterminarse los unos a los otros.
Pero esa es otra historia.

NOTAS

1 Gerald M. Edelaman y Giulio Tononi, El universo de la conciencia. Cómo la materia se convierte en imaginación, Crítica/Drakontos, Barcelona, 2005. Ver también: Gerald M. Edelman. Wider than the sky. The phenomenal gift of consciousness. Yale University Press, 2004 .
2 Javier Sampedro, Deconstruyendo a Darwin. Los enigmas de la evolución a la luz de la nueva genética, Crítica, Barcelona, 2002.
3 Gerald M. Edelaman y Giulio Tononi, El universo de la conciencia. Cómo la materia se convierte en imaginación, Crítica/Drakontos, Barcelona, 2005. Ver también: Gerald M. Edelman. Wider than the sky. The phenomenal gift of consciousness. Yale University Press, 2004 .



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