19 de abril de 2006

CUADERNO DE CITAS-15

Sobre la mística y las relaciones de la mística y el poder


- "La filosofía moderna ha expulsado al místico de su esfera [...]".
- Las ideologías dominan a los hombres por su ilusión de un paraíso: el miedo a desaparecer.
- Citas del libro: Las palabras del silencio, el lenguaje de la ausencia en las distintas tradiciones mística, editores: Óscar Pujol y Amador Vega, Editorial Trotta, Madrid, 2006 (130 p.). Ponencias del X Seminario Internacional de Mística, auspiciado por el Centro Internacional de Estudios Místicos del Ayuntamiento de Ávila.
- Del contenido: Silencio y habla en el budismo zen, por Shizuteru Ueda; El silencio como modo de espiritualidad en la mística judía, por Paul Fenton; El lenguaje excesivo de los místicos alemanes, por Amador Vega; El simbolismo del alfabeto sánscrito, por Óscar Pujol; De lo sensible a lo suprasensible: estética india tradicional: conceptos clave de Rasa, Dhvani y Bhâva-anukirtana, por Kamleshdutta Tripathi; Desde la ignorancia, por Chantal Maillard.


Por Iván Rodrigo García Palacios

La mística siempre me ha sido un asunto extraño, porque después de mucho oír hablar de ella, sin poder comprender mayor cosa de lo que se me decía y, porque, similar a lo que ocurre con la Metafísica (con la cual se la relaciona), en la cual, la frontera final de la razón es lo inexpugnable, lo que hace que muchos deriven en la fantasía y el delirio y, porque son muy pocos los que proponen estudios serios.

Así que decidí enfrentar mi ignorancia, gracias a una serie de textos que la Editorial Trotta ha ido publicando con la recopilación de las ponencias de los Seminarios Internacionales de Mística que periódicamente se reúnen en Ávila con el auspicio del Centro Internacional de Estudios Místicos del Ayuntamiento de Ávila, bajo la dirección y edición de reconocidos expertos de todo el mundo y de las diversas tradiciones místicas. Al igual que otros textos deliciosos.

Los títulos de algunos de los textos de Editorial Trotta:

- La experiencia mística, estudio interdisciplinario, edición de Juan Martín Velasco.
- El sol a medianoche, la experiencia mística: tradición y actualidad, edición de Luce López-Baralt y Lorenzo Piera.
- Mujeres de luz, la mística femenina, lo femenino en la mística, edición de Pablo Beneito y coordinación de Lorenzo Piera y Juan José Barcenilla.
- Asedios a lo Indecible, San Juan de la Cruz canta al éxtasis transformante, por Luce López-Baralt.

LAS CITAS

Para no extenderme más, transcribo a continuación dos citas de Las palabras del silencio. La primera, tomada de la presentación de los editores, sobre la naturaleza de la mística. La segunda y más sabrosa, para mi gusto, de la ponencia de Chantal Maillard, Desde la ignorancia, en la que hace una luminosa crítica al aprovechamiento que el poder hace de la mística para su dominación ideológica de la humanidad; además de otros asuntos que ayudarán al lector a "ver" la mística con otros ojos, y los cuales dejo para que los LECTORES LUDI se deleiten por su cuenta.

PRIMERA CITA

De la presentación del libro, por Óscar Pujol y Amador Vega:
"La filosofía moderna ha expulsado al místico de su esfera, por ser éste el único "sabio" que se ha atrevido a afirmar que es capaz de conocerlo todo tal cual es. Aunque, diría el místico, tras ese conocerlo todo no queda nada de aquello que el filósofo llamaría "conocimiento". Percibir simultáneamente la cosa, la palabra, su significado, quién la habla y quién la escucha, el acto de comunicación y el silencio como fuerza bruta detrás del sonido de las palabras es el privilegio de un acto sintético de autorreflexión que el místico realiza en el espejo de su propio ser. ¿Lo realiza, es realizado o es poseído por la palabra divina, cuyo otro nombre es silencio? ¿Y cuando se ha despojado de todo el ropaje de los verbos puede, sin lenguaje, comunicar su experiencia o queda mudo como aquel que nada ha conocido? ¿Podrían los místicos de las distintas tradiciones conversar sin palabras o serían como convidados de piedra en un banquete donde la comida es sólo arena?".

SEGUNDA CITA

Desde la ignorancia, por Chantal Maillard:
"¿Y qué hay del paraíso...? Es cierto: nada dice todo esto acerca de otro mundo. Nada acerca de otra vida. Menos acerca de un paraíso o de un más allá (de la muerte). Volvemos a la cuestión que soslayé voluntariamente: la del miedo a desaparecer. Decir paraíso es decir voluntad de permanencia, algo que siempre ha sido utilizado convenientemente por quienes tienen voluntad de gobernar. Los poderes políticos utilizan las teologías y las convierten en religiones porque facilitan el gobierno de un pueblo. Los individuos han de estar unidos para ser manejables, y ¿qué puede unirlos mejor que un credo, algo que aplaque la angustia de perderse, algo que responda al deseo de permanencia, y acorde a lo cual puedan dictarse normas de convivencia (de acogida, de pertenencia, de exclusión, etc.)? Unidos en un credo, los individuos son manejables. Así, pues, después de haberle atribuido existencia a la idea-síntesis, se la encarna para que pueda ser adorada, y el ritual, que siempre congrega, se instituye. Los supuestos religiosos no pueden ser rebatidos. Afirmarlos o negarlos depende de su utilidad y, como muy bien sostuvo William James, es a menudo más conveniente afirmarlos que negarlos.

Pero la unidad anhelada por el místico poco tiene que ver con la unidad alentada por los gobiernos y las iglesias de cuya influencia se sirven.. La religión es un instrumento de poder y, como tal, requiere de un suprema dualidad: los fieles, por un lado, unidos en su credo y en su miedo y, por otro, el objeto del credo, al que se atribuye poderes supremos. Al místico, en cambio, no le interesa la unidad con su pueblo, sino la unidad con la síntesis absoluta. El suyo es un camino personal que no atañe al grupo, antes bien, al contrario, implica que quien lo siga se margine, se aparte del grupo y contradiga, la mayoría de las veces, las normas establecidas para el buen funcionamiento de la sociedad, lo cual le hace sospechoso a los ojos de sus congéneres. Por eso el místico se ha considerado -y se ha comportado- en todas las tradiciones como un marginado, un heterodoxo (el que piensa de otro modo), frente al ortodoxo (el de opinión justa, recta). Lo que le interesa es resolver todas las diferencias, proceder a la síntesis última y vivirla. La unidad que anhela trasciende las diferencias. Esto, por supuesto, para los "doctos" de una religión dualista, es una heterodoxia. No así para las metafísicas no dualistas. Lo que ocurre, no obstante, es que los sistemas no dualistas tienden a convertirse rápidamente en dualismos, aun encubiertos. Tenemos ejemplos de esto en el budismo (el caso del yogâcâra), en el sivaísmo, en el vedanta incluso (el dualismo de Mahâdeva), sistemas que convierten el principio metafísico supremo en uno de los polos de la dualidad. Para subsanar esto, entonces, se propone una unidad superior que englobe a las anteriores: la noción de parânirvâna (en el budismo) o la de Parâsiva (en el sivaísmo) son buenas muestras de ello, nociones que salvan la unidad más allá (para) de los contrarios cada vez que el más allá se convierte en el contrario del más acá. Y es que una de las características más comunes de una metáfora es su tendencia a convertirse en metáfora muerta. Cuando se olvida lo que una palabra significa, el uso que se hace de ella puede ser muy distinto y, en algunos casos, perverso, como es el caso del término nirvâna (lit. "no soplo"), que se utiliza para designar un lugar o un estado fuera del mundo y opuesto a él.

No obstante, no por serlo se libra el heterodoxo de pertenecer a un credo, ni de seguir un código religioso".

Hasta aquí las citas, espero que las disfruten.

17 de abril de 2006

CUADERNO DE CITAS-14

El hombre: dios, diablo u otro ser

- ¿Cómo podría explicar la psicología la espiritualidad?
- Citas del libro: René Guénnon (1), El reino de la cantidad y los signos de los tiempos, Paidós, Colección Orientalia, Barcelona, 1997 (245 p.)

Por Iván Rodrigo García Palacios

Como todavía no han llegado los tiempos en los que los humanos podamos responder a las preguntas claves de la existencia: ¿Qué es el hombre? ¿Qué son los seres humanos? ¿De dónde venimos y para dónde vamos?, y ni siquiera la más sencilla: ¿Qué nos hace ser humanos?, cualquier especulación es posible, así sea con hipótesis descabelladas como las que a veces propongo.

De todas formas, se podrían simplificar y agrupar en tres clases las definiciones sobre lo qué es el hombre, de las que parten tanto las ciencias exactas como las liberales o humanísticas.

Las primeras, son las que pecan de soberbias, tan afectas al delirante intelecto de todos los tiempos que pretenden que el hombre es un ser superior, dios o demonio, o ambas cosas a la vez.

Las segundas, son las que pecan de materialistas, frutos de la ilusión científica de ser capaz de probarlo todo y que consideran al hombre un conjunto de átomos organizados funcionando de manera compleja.

Las terceras, son aquellas más prudentemente humildes que resuelven sus problemas por el término medio, sin arriesgar nada y que consideran al hombre una criatura entre dios y demonio, pero también otra clase de ser. Estas definiciones no se atreven a afirmar nada hasta tanto no se alcanza alguna que otra certeza.

Acertadas o no, estas definiciones han sido más peligrosas que útiles para la misma humanidad, porque han sido convertidas en causas de poder y dominación y, en consecuencia, utilizadas como motivos para el exterminio y la destrucción, pero, también y como excepción, para alcanzar los logros más sublimes del ser humanos.

Como las búsquedas y discrepancias por un conocimiento cierto parecen no tener fin, prefiero, mientras tanto, divertirme encontrando argumentos y denuncias que exponen los fallos y sofismas de propuestas erradas, sobre todo cuando se trata de mantenerlas como paradigmáticas.

Tal es el caso de la extensa cita que transcribo a continuación, en la que René Guénnon, critica la psicología actual, heredera de la seudo ciencia de Freud y Jung y que sus herederos pretenden mantener como irrefutable legado.

René Guénnon, en uno de los capítulos de su obra, el titulado Los desmanes del psicoanálisis, expone algunos de su fallos lógicos y algunos de sus sofismas. Transcribo el referente al uso ilógico del concepto "subconsciente":

SUPARA E INFRA

"Ciertamente se plantea algo más que una mera cuestión de vocabulario en el hecho, muy significativo en sí mismo, que la psicología actual nunca considere más que el "subconsciente" y no el "superconsciente" que lógicamente habría de ser su término correlativo; sin duda, ésta es la expresión de una extensión que sólo opera por abajo, es decir, por el lado que corresponde, en este caso en el ser humano como en otros puede ocurrir con el medio cósmico, a las "grietas" por donde penetran las influencias más "maléficas" del mundo sutil, pudiéndose incluso decir que son las que tienen un carácter más verdadera y literalmente "infernal" (*). También hay algunos que adoptan el término "inconsciente como equivalente o sinónimo de "subconsciente", si bien esta palabra, tomada al pie de la letra parece referirse a un nivel todavía más inferior aunque, ciertamente, corresponda en menor grado a la realidad: si se refiriese a algo verdaderamente inconsciente, no llegamos a comprender cómo se podría llegar a hablar de ello, sobre todo en términos psicológicos; por otra parte, ¿en virtud de qué, si no es de un simple prejuicio materialista o mecanicista, podría llegarse a admitir que verdaderamente existe algo inconsciente? Sea como fuere, también es digna de comentario la extraña ilusión que obliga a los psicólogos a considerar una serie de estados tanto más "profundos" cuanto en el fondo no son sino más inferiores; ¿no es éste ya un indicio de la tendencia a oponerse a la espiritualidad que es la única que de verdad puede ser calificada como profunda precisamente por se la única que se refiere al principio y al propio centro del ser? Por otra parte, al no haberse expandido el ámbito de la psicología hacia arriba, el "superconsciente" sigue siendo para ella tan ajeno como siempre; cuando encuentra algo que parecer referirse a él, pretende anexionarlo sencillamente por asimilación con el "subconsciente"; esto es lo que confiere a sus supuestas explicaciones referentes a cuestiones como la religión, el misticismo y ciertos aspectos de las doctrinas orientales como el Yoga, sus características prácticamente constantes; además, en esta confusión de los superior y lo inferior, también existe un factor que puede ser considerado con todo rigor como constitutivo de una auténtica subversión" (p. 202).

(*) Cabe apuntar a este respecto que al principio de su Traumdeutung Freud colocó el siguiente y significativo lema: "Flectere si nequeo superos. Archeronta movebo" (Virgilio, Eneida VII, 312).

(1) René Guénnon. Nació en Francia en 1886. Se convirtió al islamismo en 1912 y adquirió la nacionalidad egipcia en 1948. Profesor de Filosofía y prolífico autor. Murió en El Cairo en 1951.
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