7 de julio de 2015

Lector Ludi No. 77 - El Espíritu es el anhelo de futuro



"Un misionero medieval cuenta que había encontrado el lugar en el que el Cielo y la Tierra se encuentran".
(Pie de página en Universum, Flammarion, grabado, París (1888); versión coloreada de Hugo Heikenwaelder, Viena (1998). Publicada en el libro: L'Atmosphere: Météorologie Populaire (París, 1888) versión modificada).


Lector Ludi No. 77


Iván Rodrigo García Palacios
El Espíritu es el anhelo de futuro


Anhelar. (Del latín anhelāre). Tener ansia o deseo vehemente de conseguir algo.


Según esta definición del diccionario de la Academia de la Lengua Española, el anhelo es algo mucho más intenso que el deseo 1 o, para ponerlo en otras palabras, es el máximo deseo: la hipotética inmortalidad o, en términos evolutivos, la necesaria supervivencia, individual y de la especie.
Supervivencia e inmortalidad, esos son los elementos del anhelo de futuro, ese sentimiento que es El Espíritu. En la física, son las leyes de la energía y la materia, de la construcción y destrucción de todas las cosas.
Todo ser vivo siente y expresa ese anhelo de futuro, ese Espíritu, pero, en ese contexto, para explicarlo, son los poetas quienes mejor lo expresan. Y entre los poetas, uno de los que mejor padece ese anhelo y encarna ese Espíritu, es Hölderlin, tanto por un patrimonio de arcaica sabiduría griega como por un no tan lejano patrimonio, el de Bruno y Spinoza y, por supuesto, por haber sido "tocado" por las cuatro manifestaciones de la locura divina, esa que explica Sócrates en Fedro, la que, en el poeta y en todos los verdaderos poetas, se manifiesta de manera plena y que, como fuego sagrado, los consume.
"SÓCRATES: En la [locura] divina, distinguíamos cuatro partes, correspondientes a cuatro divinidades, asignando a Apolo la inspiración profética, a Dioniso la mística, a las Musas la poética, y la cuarta, la locura erótica, que dijimos ser la más excelsa, a Afrodita y a Eros" (Platón, Fedro: 265 a-b).
Para los científicos el anhelo es la expresión anímica de un proceso biológico: la homeostasis 2 3. Para la mayoría de los filósofos, salvo Spinoza, quien lo define como conatus 4, y para Nietzsche quien lo expresa como una necesidad 5, el Espíritu es una supuesta hipóstasis de lo que se llama alma, algo que nada tiene que ver ni con el anhelo ni con el Espíritu del que hablo y que, por su complejidad dogmática, dejo a los doctores su explicación.
Se ha tratado de explicar el Espíritu de mil formas que no me interesan ahora, pues mi intención es hablar de ese Espíritu que nace y vive de la carne y en ella persevera, mejor dicho, el sentimiento que se hace anhelo y el anhelo que se hace Espíritu, como lo expresa el neurocientífico Antonio Damasio:
"El anhelo es un rasgo profundo de la mente humana. Esta implantado en el diseño del cerebro humano y en el acervo genético que lo engendra, no menos que los rasgos profundos que nos conducen con gran curiosidad hacia una exploración sistemática de nuestro propio ser y del mundo que lo rodea; los mismos rasgos que nos impulsan a construir explicaciones para los objetos y situaciones de este mundo. El origen evolutivo del anhelo es completamente plausible, pero la explicación necesita otro factor para que uno pueda comprender por qué la constitución humana acabó por incorporar el rasgo. Creo que en los seres humanos primitivos funcionó un parecido factor de la misma manera que está funcionando ahora. Su consistencia tiene que ver con el poderoso mecanismo biológico que hay tras él: la misma empresa natural de autopreservación que Spinoza enuncia de forma tan clara y trasparente como esencia de nuestro ser, el conatus, es llamado actuar cuando nos enfrentamos a la realidad del sufrimiento y, en especial, de la muerte, real o anticipada, ya sea la nuestra o la de los que amamos. La perspectiva misma del sufrimiento y la muerte trastorna el proceso homeostático del espectador. La empresa natural para la autopreservación y el bienestar responde al trastorno con una lucha para evitar lo inevitable y corregir el equilibrio. La lucha provoca que encontremos estrategias compensadoras para la homeodinámica que se ha desviado del camino recto; y el darse cuenta de toda la situación comprometida es causa de profunda aflicción" (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobilogía de la emoción y los sentimientos, Crítica, Barcelona, 2009, p. 249).
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Esta propuesta evolutiva del anhelo en Espíritu, la que ahora es demostrada por las neurociencias, ya tenía sus antecedentes pre-científicos en la antigüedad griega, como bien lo muestra Ioan P. Culianu en su libro Eros y magia en el Renacimiento 1484 6, cuando ese Espíritu fuera denominado como "pneuma fantástico" o "pneuma vital", esa fuerza que impulsa a la vida hacia las estrellas y que si bien, tanto en ese antes como ahora, estaba constituida de la misma sustancia de la que están hechas las estrellas y en unidad con el cuerpo. Hasta no hace mucho era considerada como un mediador entre cuerpo y el alma.
El "pneuma" a través de los tiempos ha sido interpretado o bien como asunto de medicinas o bien como asunto de filosofías.
Como asunto de medicinas, Ioan P. Culianu remonta sus antecedentes a la ciencia premoderna con Alcmeón de Crotona, médico siciliano del siglo VI a.C. También Hipócrates hizo su particular propuesta sobre la naturaleza del "pneuma" diferente a la del siciliano. Desde entonces el concepto y su aplicación científica ha evolucionado hasta la actualidad, cuando se le considera una mera curiosidad teórica e hitórica, la que, sin embargo, no deja de proponer nuevas visiones, pero ya en del ámbito de las ciencias y de la teoría de la evolución, como bien puede ser esa definición que Antonio Damasio y otros neurocientíficos hacen del anhelo y, en general, de los sentimientos.
Como asunto de filosofías quiero destacar que será en el Renacimiento y particularmente con Giordano Bruno que el "pneuma" se convierte en "las fuerzas que ligan" 7 y que serán las que operen con "la magia", esa cualidad de hacer las maravillas que "el furioso heroico" puede desarrollar y a la que, en la modernidad, le serán negados sus atributos misteriosos y sagrados para convertirlas en asunto de ciencias puras y duras, pero las que, por más que se pretenda, no dejarán de ser anhelo de futuro, ese Espíritu que aspira a la inmortalidad, como ya bien lo dijera Giordano Bruno:
"Así nos vemos llevados a descubrir el infinito efecto de la infinita causa, el verdadero y vivo vestigio del infinito vigor, y sabemos que no hay que buscar la divinidad lejos de nosotros, puesto que la tenemos al lado, incluso dentro, más de lo que nosotros estamos dentro de nosotros mismos" (26).
(26) La inmanencia de Dios al mundo (Natura est Deus in rebus, dirá Bruno en el Spaccio) se manifiesta también en la divinidad del hombre. El hombre, sujeto divino, es un animal activo en la reproducción de su existencia, mediante la apropiación de la naturaleza (de Dios) por la magia y el trabajo y mediante la búsqueda heroica por el filósofo de la unidad. No hay necesidad de Gracia, ni de Encarnación, ni de Redención. Vemos claramente la incompatibilidad de Grecia y el naturalismo con el cristianismo.
(Giordano Bruno, La cena de las cenizas, Introducción, traducción y notas de Miguel Angel Granada, Alianza, Madrid, 1994, p. 71).
Otra cosa es pretender que ese Espíritu no existe o que existe como "una cosa sobrenatural".
Bruno, y también Spinoza, consideró Dios a la naturaleza. Y es a partir de allí que la historia del Espíritu se hace compleja y sólo los poetas sabrán expresarlo en su misteriosa y sagrada naturaleza o bien como emanación o bien como encarnación de la materia. Y esa es una historia que sólo ahora es posible descubrir sin que por ello ni la materia ni el Espíritu tengan que desprenderse de sus maravillosos misterios ni de su naturaleza sagrada.

NOTAS

1 "[...] el deseo es la esencia misma del hombre, en cuanto que es concebida como determinada a hacer algo" (Spinoza, Ética, III).
2 homeóstasis, homeostasis. Nombre femenino. Conjunto de fenómenos de autorregulación, conducentes al mantenimiento de una relativa constancia en la composición y las propiedades del medio interno de un organismo.
3 Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobilogía de la emoción y los sentimientos, Crítica, Barcelona, 2009, p. 33 y ss.
4 "PROPOSICIÓN IX. El alma [mens], ya en cuanto tiene ideas claras y distintas, ya en cuanto las tiene confusas, se esfuerza por perseverar en su ser con una duración indefinida, y es consciente de ese esfuerzo suyo" (Spinoza, Ética, III).
5 "El cuerpo creador se creó el espíritu como una mano de su voluntad". "[...] Espíritu - es la vida que muerde en la propia carne ¡en su padecimiento acrecienta su saber!" (Nietzsche, Así habló Zaratustra, I, De los despreciadores del cuerpo).
6 Ioan P. Culianu, Eros y magia en el Renacimiento 1484, Siruela, Madrid, 1999. p. 32 y ss.
7 Giordano Bruno, De la magia de los vínculos en general, Cactus, Buenos Aires, 2007.
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