22 de diciembre de 2005

WEBLOG-PROFILE

La gran mayoría de las personas sueñan con que, cuando se retiren de trabajar, van a hacer muchas de las cosas en las cuales las presiones de su actividad laboral no los dejaba concentrar. Pienso que esos sueños son meras ilusiones para auto engañarse, pues ninguno ni desea ni espera llegar a esa situación. Pero llega y si no se tiene un verdadero plan de vida para los últimos años, éstos no serán muchos.

Así que, desde que inicié mi retiro, en noviembre de 2004, ya tenía decidido qué hacer: todo aquello que algún día había soñado hacer cuando me retirara, y lo estoy haciendo con todas las ganas.

Uno de esos sueños es el que he venido realizando al divulgar mis escritos sobre literatura, filosofía y otras artes y temas, que he titulado LECTOR LUDI y CUADERNO DE CITAS, los cuales, hasta ahora, enviaba por correo electrónico a un grupo pequeño de amigos y conocidos, como una pequeña cofradía de amantes de las buenas lecturas y conversaciones.

Pero, dado que las nuevas tecnologías permiten aspirar a conectarse con muchas otras personas, he decidido publicar mi propio Weblog con el deseo de estimular a quienes me lean a que también lean más y mejor, escriban sobre ello y, si lo desean, iniciar una relación amistosa que nos permita intercambiar ideas, sugerencias y comentarios que aumenten el territorio de nuestros sueños.

Me alegrará recibir sus comentarios, sugerencias y críticas en mi correo electrónico:

Gracias por su visita,

Iván Rodrigo García Palacios
Periodista retirado.
Publiqué desde 1989 una columna semanal de reseñas de libros en el periódico El Colombiano, de Medellín, Colombia, bajo el título de EX-LIBRIS, que apareció bajo mi firma hasta octubre de 2004.
LECTOR LUDI-5

Los amores de Kafka y de cómo algunas grandes obras maestras se crean por despecho amoroso

Por Iván Rodrigo García Palacios

Kafka y las muchachas
Autor: Daniel Desmarquest
Editorial Edaf, Madrid, 2002 (299 p.)

Fueron dos grandes mis sorpresas con Kafka y las muchachas. La primera, que confirmaba mi hipótesis descabellada, publicada en el Literario Dominical de El Colombiano del 1º de agosto de 2004. La segunda, que confirmaba algo que yo andaba pensado sobre la obra de Kafka.

Sobra advertir que con anterioridad a la lectura del libro del francés Daniel Desmarquest desconocía cualquier referencia a ambos temas en la literatura especializada, pero, mejor, con mi asombro me alegró saber que un estudioso los tratara y así me confirmara que mis juegos con la literatura fueran más acertados.

Debo también comentar que mi interés por Kafka y su obra se me volvió a despertar después de muchos años, gracias al ensayo de Guillermo Sánchez Trujillo sobre las relaciones de El proceso con Crimen y castigo de Dostoievski, publicado, también en el Literario Dominical de El Colombiano, pero en agosto 24 de 2004. Lo que, en principio, no tenía nada que ver con el Zaratustra de Nietzsche, pero que ahora, como todo en la buena literatura, termina por estar comunicado por misteriosos vasos comunicantes que son un juego de exploración para los Lectores Ludi, así algunos académicos les apliquen sicologías y filosofías confusas, u otros, les resten toda importancia. Para mí siempre han sido un juego cuya trascendencia cada lector sabrá aprovechar. De eso es lo que se trata en esta nota.

KAFKA Y ZARATUSTRA
Mi amor platónico por Lou Andreas-Salomé me había hecho conocer que ella tuvo un encuentro con Nietzsche en el verano de 1882 en Roma, donde parece que ambos se entusiasmaron el uno con el otro, y que concluye tragicómicamente en Monte Sacro, en una isla de un lago cercano a Orta en el norte de Italia, luego de lo cual el filósofo pide casarse con la bella joven y es rechazado dos veces. Por otra parte, por mi afición por la vida y obra de Nietzsche sabía que Así habló Zaratustra fue escrito en el invierno de 1882-1883, lo que me llevó a la hipótesis descabellada de que ambas cosas podrían tener alguna relación. Y esa fue la intuición que traté de mostrar en el artículo ya citado.

De ahí que mi sorpresa fuera grande y grata al leer en Kafka y las muchachas:

“Por esos mismos días, mientras en lo más profundo del bosque Roztok el joven Kafka encandila a una chiquilla con los versículos de Zaratustra, Nietzsche muere en Weimar, aquel 28 de agosto del año 1900, diez años después de desplomarse en una calle de Turín. El dios “azar” no escatima los signos: este libro, que apareció en 1883, el año del nacimiento de Franz, ¿no tiene su origen en la herida que Lou, la muchacha rusa que se parece como una hermana a la futura Milena de Kafka, le inflingió al filósofo? Pese a ellas y a sus traiciones, las muchachas tienen el poder de suscitar libros que, en un hermoso día de verano, se entregan a otras muchachas”.

Lo anterior y otras cuantas cosas que escribe Daniel Desmarquest en las páginas 24 y 25 de su libro sobre los vasos comunicantes Kafka- Nietzsche, hacen pensar, además, ¿cuántas muchas otras bellas muchachas han sido y serán las musas inspiradoras, con los dolorosos sufrimientos del despecho amoroso, de otras tantas grandes obras maestras? Y esos son juegos para los Lectores Ludi.

KAFKA Y LAS MUCHACHAS
El ensayo de Guillermo Sánchez Trujillo sobre Kafka mostraba los vasos comunicantes de algunos personajes femeninos de Crimen y castigo con los de El proceso, así como la resolución literaria a la presunta relación incestuosa de Kafka con su hermana Ottla. Por otra parte, estaba el ensayo de Elías Canetti, El otro proceso de Kafka, que asociaba El proceso con el complejo noviazgo y rompimiento del mismo entre Kafka y Felice Bauer.

En fin, sobre este tema son muchas y deliciosas interpretaciones que se han hecho, a las que se suman las de Daniel Desmarquest, que les agrega su investigación íntima en las correspondencias, los diarios y su presencia en las novelas y otros relatos, entre las que menciono de paso, para que cada lector haga su lectura, la presencia de Milena y Julie en El castillo, o la de la señora Tschissik y Grete en América, o la misteriosa Z...

Otras muchachas, como Dora, la de los últimos días de Kafka, más anticipada en los relatos, fueron motivo para intensas sensaciones, unas placenteras otras dolorosas, del escritor, y con todas ellas Daniel Desmarquest reconstruye la compleja naturaleza sexual que motivaba e inhibía la trágica existencia del Franz Kafka que se debatía entre lo sublime de las muchachas que no deberían tener sexo y los reclamos impetuosos de la carne que las hacía repulsivas y que a él lo sumían en las tinieblas y la depresión que lo impulsaban a escribir las más extraordinarias novelas inconclusas, inconclusos como son todos los asuntos del amor despechado, y los más bellos y fantásticos relatos de la literatura universal.

Algo así como que la escritura de Kafka era un arreglo de cuentas del escritor con sus fantasmas eróticos. Esa es la revelación que ofrece el libro Kafka y las muchachas, y que, no sé todavía, si me dejó sin tema o me alegró para enfrentar esa nueva lectura de sus obras que me mostrara el tono erótico que no percibí en aquella ya lejana y juvenil lectura.

21 de diciembre de 2005

LECTOR LUDI-4

2666 y La comedia literaria de Roberto Bolaño

Por Iván Rodrigo García Palacios

2666
Autor: Roberto Bolaño
Anagrama, Barcelona, 2004 (1125 p.)
De haberle alcanzado la vida, Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-España, 2003) posiblemente hubiera alcanzado a escribir su Comedia Literaria de igual o mayor tamaño que la Comedia Humana de Balzac, y de su misma importancia para literatura universal del siglo XX.
Pero si no lo logró, al menos lo intento, prueba de ello, además de su obra publicada en vida, es 2666, la inmensa novela (en todos los sentidos) en la que trabajó intensamente durante sus últimos años, cuando ya sabía que moriría irremediablemente y que dejó casi terminada, por lo menos en la parte que ahora publica Editorial Anagrama, pues parece, según lo había comentado a algún amigo, que además de otros significados, el título, 2666, también sería el número de páginas que tendría de extensión.
Y es que la literatura de Bolaño, un género particular como el de los grandes, iba camino de convertirse en la gran comedia, al igual que las dos comedias que la precedían, en la que, además de la tragicomedia humana y su macabra historia del poder, Bolaño la emprendía con la literatura y los literatos, no sé si contra, pero por lo menos con una crítica corrosiva que mostraba el oro y el cobre en la carne viva y lacerada de aquellas obras y los autores a los que sometía a la aguda experiencia de su lectura, que en su columna periodística Entre paréntesis, hacía de forma directa y que en sus novelas y cuentos, sin excepción, se convertía en una forma paródica de crítica e historia literaria, de la que La literatura nazi en América y Los detectives salvajes, son dos buenos ejemplos y que en 2666, llega a su máxima expresión. Por supuesto, los lectores ludi podrán divertirse de lo lindo desentrañando toda aquella intertextualidad que, con rica ironía y cínica visión, Bolaño utiliza deliberadamente para desnudar a los emperadores de la literatura: escritores, editores y críticos, por igual.
Voy a utilizar sólo tres de sus obras, las ya mencionadas: La literatura nazi en América, Los detectives salvajes y 2666, para mostrar algo de lo dicho.
En La literatura nazi en América, a manera de manual o diccionario literario de autores y obras hipotéticos, Bolaño hace un recorrido por los escritores americanos del siglo XX, que mientras el continente era arrasado por los poderes coloniales, ellos se amancebaban, de facto o eufemísticamente, con el poder, mientras creaban una obra que les garantizara las mieles del éxito editorial y económico, hasta el punto de crear sociedades anónimas del muto elogio, en las que de manera nada disimulada participaban las grandes casas editoriales españolas y latinoamericanas. Los lectores ludi gozarán desvelando las identidades reales y sus obras, de aquellos ridículos escritorzuelos disfrazados de la sátira bien picaresca de Bolaño.
Los detectives salvajes, es una salvaje sátira sobre los poetas latinoamericanos y sobre las miserias de la industria editorial hispanoamericana, en la que los lectores ludi encontrarán que Bolaño no deja títere con cabeza.
Y, en 2666, la cosa es mucho más amplia, porque al tiempo que toma como gran estructura sistemática un extenso pedazo de la historia literaria universal, la emprende, en primer lugar, con los críticos literarios y sus manías de descubridores de tesoros fabulosos que legitiman a través del parasitario sistema académico universitario que se nutre de publicaciones exclusivas, congresos y camarillas, patrocinadas por los ingentes e inútiles presupuestos de las universidades del primer mundo, que a su vez se nutren de ellos para poder atraer a los ingenuos jóvenes que quieren llegar a ser como los miembros de aquellas cofradías elitistas: un jet set de la literatura mediatizada y mediática.
De ese jet set, una cara es la de los cuatro profesores de literatura, Jean-Claude Pelletier (francés), Piero Morini (italiano), Manuel Espinoza (español) y Liz Norton (inglesa) (los lectores ludi podrán divertirse descifrando el origen y significados de estos nombres), que fincan su éxito y prestigio en la obra y el descubrimiento de la figura e identidad del misterioso escritor alemán, Beno von Archimboldi, y quienes viven su propia aventura amorosa en el recorrido de sus investigaciones y expediciones arqueo literarias. Ellos son la cara de la comedia.
La otra cara, o contra cara, la cara de la tragedia, la pone Amalfitano, un chileno errante, “un náufrago, un tipo descuidadamente vestido, profesor inexistente de una universidad inexistente, el soldado raso de una batalla perdida de antemano contra la barbarie, o, en términos menos melodramáticos, como lo que finalmente era, un melancólico profesor de filosofía pasturando en su propio campo... etc.”, con quien tres de los profesores europeos se encuentran en Santa Teresa (trasunto de Ciudad Juárez), en la frontera de México y Estados Unidos, a donde van a buscar a Beno von Archimboldi.
Y es Santa Teresa, o Ciudad Juárez, como ya se dijo, el otro gran escenario de 2666 y en el que se escribe la otra historia de una Historia Clandestina (ambas con mayúscula), la de los ya innumerables e impunes crímenes contra mujeres que por más de diez años se han venido cometiendo en esa región de México y que sólo en los últimos tiempos han empezado a llamar la atención sobre sus oscuras y atávicas relaciones con el poder y como flagrantes atentados contra los derechos y la dignidad humana. En La parte de los crímenes, Bolaño no escatima en nada la esencia de su escritura.
Y, pero no finalmente, en este extenso cuento, Bolaño también satiriza y desnuda los trucos e intrigas del poder y la miseria de la industria editorial...
Pero, todo ello será materia para que los lectores ludi se puedan dar un extenso y delicioso banquete de la mejor literatura latinoamericana, lástima que Roberto Bolaño ya no esté con nosotros.
LECTOR LUDI-3

Al rescate del Imperio Inca
como materia de películas o video juegos


Por Iván Rodrigo García Palacios

El origen perdido
Autora: Matilde Asensi
Editorial Planeta Colombiana, 2003 (496 p.)

Es obvio que los héroes y aventuras de las novelas, películas y video juegos gringos, sean gringos y al estilo gringo, el que es ya un lugar común: la simplificación anodina de civilizaciones, pueblos y culturas en cualquier lugar del mundo que tengan algún atractivo de moda para lectores, espectadores y jugadores... gringos.

Por supuesto, casi ninguna de estas aventuras se desarrolla en las antiguas culturas americanas, pues ello sería reconocer que en estos territorios, antes que ellos, existieron civilizaciones y culturas superiores que podrían convertirse en herencia ideológica de los hoy sometidos pueblos latinoamericanos y reconocer que el exterminio y la destrucción europea, borró con sangre un legado de sabiduría incalculable e irrecuperable que, todavía y ahora, los países desarrollados tratan de robar, bien en sus versiones arqueológicas y antropológicas o en las más sofisticadas versiones científicas de la diversidad biológica, junto al conocimiento ancestral de los primitivos pueblos ya en vía de extinción.

Aun cuando el propósito de El Origen perdido, de Matilde Asensi no sea propiamente denunciar ese estado de cosas, por lo menos si tiene la intención de llamar la atención, con esta especie de Indiana Jones español, sobre los misterios del desaparecido imperio preincaico y su localización en las alturas andinas bolivianas y sus selvas amazónicas, como un motivo de aventuras en el reducido mundo en el que la tecnología ha convertido al planeta.

En una trama entretenida y contada con suspenso, la situación se desencadena cuando Daniel, un brillante profesor de antropología en Barcelona, trata de descifrar un antiguo código secreto aymará, el cual tuvo el poder de dejarlo en coma, y por medio del cual se lograba descubrir el misterio de la desaparición y actual localización de los primitivos fundadores del Imperio Inca.

Cuando Daniel cae en coma, Arnau Queralt, su hermano medio, un exitoso empresario informático y hacker clandestino, se propone encontrar, a como dé lugar, la forma de curarlo, que no es otra que encontrar el código correspondiente que revierta el efecto.
Para empezar, Arnau se encuentra con que su hermano había robado la información a la profesora Marta Torrent, una prestigiosa arqueóloga, para quien realizaba una investigación sobre la posible escritura de los incas, a partir de las afirmaciones de los documentos Miccinelli que afirmaban que los antiguos incas si tenían un lenguaje escrito, al contrario de lo que afirmaron los cronistas españoles, pero que Daniel había llevado más lejos, gracias a su robo, hasta las fuentes del aymará y se encontró con el texto que alteró su cerebro hasta dejarlo en coma.

Desconociendo todo sobre la historia inca y con la hipótesis de que sólo por ese camino podrá salvar a su hermano, Arnau llama a sus colaboradores, la pareja de hackers y genios informáticos Marc y Lola, para juntos tratar de desbloquear la información del computador de Daniel y encontrar el punto donde iniciar la expedición que los lleva en primer lugar a Tiwanacu, la fabulosa ciudad preincaica en los andes bolivianos, para encontrar el tesoro y el camino hacia la civilización perdida de los yatiris oculta en la selva amazónica, los únicos conocedores del poder de las palabras que sacarán a Daniel de su coma, una sabiduría y un poder superior al del mítico El Dorado que han tratado de encontrar ya por más de cinco siglos.

Es ahí donde el lector se embarcará en la cinematográfica aventura que lo llevará a descubrir que el origen perdido de la humanidad no es tan sencillo, que la teoría de la evolución darwiniana es más paradójica que clara, que es posible que el cerebro humano pueda responder y programarse a partir de ciertos sonidos, que exista la comunicación telepática y que, a pesar de la globalizada y tecnocrática vida moderna, aún son posibles algunas aventuras en estos territorios desconocidos e ignorados por el primer mundo.
Y lo más divertido, que esta aventura, a diferencia de las tradicionales aventuras gringas en Asia, África o Europa, con sus códigos polémicos y sus estereotipos ya gastados, se desarrolla en el territorio maravilloso de Sudamérica.

Una novela agradable y entretenida.
LECTOR LUDI-2

Las aventuras del valeroso soldado Schwejk
Autor: Jaroslav Hasek
Ediciones Destino, Barcelona, 2004 (606 p.)

Por Iván Rodrigo García Palacios

La mayor muestra de la estupidez humana es su macabra fascinación por la guerra y la violencia, las cuales la inhumanidad ha querido convertir hasta en manifestaciones sagradas y caminos expeditos para alcanzar los cielos inexistentes que prometen las ideologías del poder y las religiones. Lástima que algunas de las obras fundadoras de la literatura universal, a pesar de su crítica a la estupidez de los poderosos que desatan las guerras para satisfacer sus propios intereses y a los ingenuos guerreros que, engañados con honores y glorias épicas, se lanzan de cabezas al matadero, han sido utilizadas, en algunas épocas, más para estimular la estupidez que para combatirla, en especial sobre aquellos engañosos asuntos del patriotismo y el heroísmo.
Siendo la guerra la más macabra estupidez humana, cualquier escrito, del género que se quiera, jamás podrá poner en evidencia tal afirmación, a menos que se trate del humor, ese ácido corrosivo que pela el cobre de la ridícula condición humana del guerrero, que las ideologías del poder han querido convertir en épica, desgraciadamente, con mayor éxito que los pocos pero deslumbrantes ejemplos con los que cuenta la historia de la literatura en la sátira, la picaresca, lo burlesco, la farsa, la parodia, y últimamente, lo cómico. Pero, que ello no sea motivo para desistir.
En el decadente Imperio Austro-Húngaro la vida de las personas y las instituciones había llegado al extremo de ser regidas por la apariencia de las formas ya sin ningún otro contenido que la costumbre rutinaria y el mandato de la norma. La vida estaba estrictamente jerarquizada en una pirámide que descendía desde el vértice del emperador, pasando por una aristocracia estéril y parásita, una burguesía panzona, ambiciosa y decadente, seguidas por unas clases económicas de trabajadores arrivistas y así sucesivamente hasta el último de los seres humanos explotado en la servidumbre. Tal modelo se representaba con mayor anquilosamiento en las estructuras burocratizadas del gobierno y el ejército, en las cuales las normas de comportamiento eran consideradas como cuestiones de honor en las que cualquier subversión era lavada con sangre.
Esas son las sustancias de que está constituida y esos son los ámbitos en los que se desarrolla la inconclusa, y lastimosamente poco conocida, novela de Jaroslav Hasek (Praga 1883-Lipnice 1923), Las aventuras del valeroso soldado Schwejk (completada por el también escritor checo, K. Vanek), en la que se burla y satiriza al Imperio Austro-Húngaro y a la Primera Guerra Mundial, demostrando la inmensidad de la estupidez humana, así como el origen, el desarrollo y, anticipándose, las consecuencias de esa absurda guerra, de una manera tal, que igual sirve para ridiculizar las guerras y a los guerreros de todos los tiempos, tanto los que se creen héroes de cartón como a los humildes e ingenuos que obligan a matar y a matarse, así como a aquellos que por sus intereses particulares, económicos o políticos, provocan las guerras que los volverán ricos y poderosos a costa de la sangre de soldados y civiles, a los que hacen soñar con la gloria y la paz eterna.
Pero más allá de esa exploración a la trágica y ridícula condición humana del guerrero, Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, es una deliciosa y magnífica novela que hace recordar una extensa tradición literaria, satírica y burlesca, que en la antigua Grecia se manifiesta con Eurípides y Aristófanes, en Roma con Juvenal y otros satíricos, que quizás sean antecedentes algo lejanos, a los que habría que agregar: En la Edad Media, el Decamerón (1353), de Giovanni Boccaccio, al inglés Geoffrey Chaucer y Los cuentos de Canterbury. Más adelante y ya en el Renacimiento, al alemán Sebastián Brant y La nave de los locos (1494), el holandés Erasmo y El elogio de la locura (1511), al francés François Rabelais y Pantagruel y Gargantua (1532 y 1534, respectivamente), y al español Miguel de Cervantes Saavedra y El ingenioso hidalgo don Quijote de la mancha (1605 y 1615). Saltando al siglo XVIII, los ingleses, Henry Fielding con su Tom Jones (1749), y Jonathan Swift con Los viajes de Gulliver (1726), el francés Voltaire con Cándido (1759). En el siglo XIX, Ambrose Gwinett Bierce con Diccionario del diablo (1906). Y para el siglo XX, las piezas teatrales y la prosa de Bertold Brecht, entre muchos otros.
La anterior es una breve lista de los mejores y posibles antecesores de Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, pero si existe una obra literaria con la que pueda relacionarse directa y estrechamente, ella es, Los últimos días de la humanidad (1919), del austriaco Karl Kraus (1874-1936), la más gigantesca obra de teatro jamás escrita y nunca representada –es imposible-, en la que Krauss como Hasek, demuestran que tan ridículos son los seres humanos cuando se inflan con la pomposidad de los falso altos valores (¿los falsos monederos guidianos?) y toda las cursilerías tras las que las ideologías ocultan sus manos ensangrentadas y a las que, como ya se dijo, sólo el humor logra desnudar como al emperador del cuento, la inocencia de un niño.
En fin, Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, una novela para leer, como se dice popularmente: riendo por no llorar y llorando de la risa.

LECTOR LUDI-1

¿Cuál es el origen literario
del Profesor Mustio Collado?

A propósito de una lectura lúdica de “Memorias de mis putas tristes”

Por Iván Rodrigo García Palacios

Desde que leí el libro de Carlos Rincón, “García Márquez, Hawthorne, Shakespeare, De la Vega & Co. Unltd.” (Serie “La Granada Entreabierta”, 86, Instituto Caro y Cuervo, Santa Fe de Bogotá / 1999), dejé de ser sólo sentimental en la lectura de las últimas obras de García Márquez y pasé a convertirme en un aprendiz del lector lúdico, al que siempre había aspirado y del que Carlos Rincón es su manifestación en el grado de Magíster Ludi: aquel que trata de descifrar, hasta donde sea posible, los juegos que el autor propone o juega con su escritura (Los curiosos podrán encontrar en el libro de Carlos Rincón las relaciones que en “Del amor y otros demonios”, García Márquez establece con “La letra escarlata”, de Nathaniel Hawthorne, así como con la obra de Shakespeare, la poesía de Gracilazo y otros poetas clásicos, y no sé cuántas relaciones más con genios del arte universal). El arte es una profunda exploración de las tinieblas interiores del ser humano y de su compleja realidad existencial.

Esa fue la razón, para que, al emprender la lectura de “Memorias de mis putas tristes”, me tomara el juego con método y lúdica. La primera hipótesis descabellada que se me ocurrió tenía que ver con los lectores apasionados que, presurosamente, publicaron sus comentarios, laudatorios, unos, o, despectivos, otros, que hablaban más de ellos que del libro, pidiendo el que apareciera pronto la crítica autorizada que colocara al libro como obra de arte y así los redimiera y les aplacara el remordimiento por su pecado de curiosidad morbosa que esperando encontrar un despliegue erótico japonés, que juguetona y engañosamente el libro sugería con el epígrafe de “La casa de las bellas durmientes” (no dormidas, como erróneamente se cita), de Yasunari Kawabata, se sintieron desilusionados y pecadores, porque el erotismo que García Márquez les propone no es aquel al que están acostumbrados, sino el erotismo macondiano, cuya naturaleza ya ha sido mostrada y demostrada en toda la obra anterior de García Márquez y en el que no hay engaño posible. Como quien dice, se quedaron con el pecado y sin el género, como se verá.

Tampoco había posibilidad de engaño en la siguiente hipótesis descabellada: esta novela era otro arreglo de cuentas. Así como “Del amor y otros demonios” era una arreglo de cuentas con la sociedad cartagenera, algunos de los personajes y situaciones que García Márquez conoció, sufrió o gozó, en los tiempos primitivos de su formación como escritor en Cartagena, al igual que con una parte de la ingente literatura que se ha leído. “Memorias de mis putas tristes”, también es otro ajuste de cuentas. En este caso se trata de la sociedad barranquillera, a la que él llega desde Cartagena. En sus páginas se habla de los de arriba y de los de abajo, de la librería del Sabio Catalán y de la bohemia de jóvenes artistas de La Cueva y otros bares, de los burdeles (en uno de ellos se hospedó), pero, de manera muy específica, del el ámbito y “los chicos” de la prensa, hablada y escrita, como se decía antes, en el que hizo su oficio de escritor, y por supuesto, el paisaje de aquella ciudad de los años cincuenta. En cuanto a su arreglo de cuentas con la literatura, además de uno que otro escritor colombiano, tanto en las referencias abiertas, como en las ocultas, en las “Memorias...”, García Márquez incluye autores y obras de las literaturas italiana, francesa y oriental, entre otras, las que el lector podrá jugar a descifrar por su propia cuenta y riesgo.

Y para cerrar estas primeras hipótesis descabelladas, prefiero dejar algunas preguntas para que cada quien se las responda: ¿Porqué esta es la única novela en la cual García Márquez identifica un personaje con las iniciales de su nombre: J. M. B., y a quién corresponden? ¿Sabiendo que en esta la novela, como en otras anteriores, él cita a personas reales con su propio nombre o con un nombre figurado, por los motivos qué sea, porqué esta es la primera vez que García Márquez utiliza las iniciales de un nombre en su narrativa? ¿Cuál es el misterio o el ajuste de cuentas?

PERO, ¿DE DÓNDE SALE EL PROFESOR MUSTIO COLLADO?

Cuando escribí las anteriores hipótesis descabelladas sobre “Memorias de mis putas tristes”, todavía me quedaba una idea parásita en la mente que tendría que terminar de incubar y madurar hasta el punto en que su genio y figura me permitieran aislar algunos elementos con los cuales empezar a hacer las comparaciones suficientes como para permitirme asociar al Profesor Mustio Collado (el único nombre con el que se auto nombra el nonagenario viejo de García Márquez en sus memorias, nombre tomado de un verso de un poeta colombiano ya identificado por otros) , con alguno de los viejos célebres de la literatura universal.

Lo primero, era eliminar y sintetizar, pues desde los albores de la literatura, el viejo ha sido considerado modelo de sabiduría y dignidad, de lo cual no está exento el Profesor Mustio Collado, pero no propiamente en el sentido más trascendente y moralizante, si no más humano y existencial. Pero, por sobre ello, el motivo literario del viejo enamorado de una mujer joven fue, desde la antigüedad, motivo de burlas y escarmientos, como en la Historia de Susana y Daniel, de los Apócrifos del Antiguo Testamento, o en una de las fábulas de Esopo, o en el Decamerón, hasta los tiempos modernos, cuando al viejo enamorado se le viene a tratar con mayor consideración, iniciando con el “Fausto”, de Goethe, en el que se le pide, alegóricamente, al amor el poder de rejuvenecimiento. O, como en el romanticismo, se le atribuyen al viejo enamorado sentimientos nobles, como el de renunciar a su amor para se realice la ilusión de su amada de entregarse en los brazos de un amante más joven. O, como en otras vertientes literarias de los siglos XIX y XX, en las cuales los viejos enamorados fracasan trágicamente, como el sabio anciano Prynne en “La letra escarlata”, de Nathaniel Hawthorne, u otros viejos trágicos en Balzac, Ibsen, H. Mann, García Lorca. Todos los anteriores, algunos más que otros, están presentes en el Profesor Mustio Collado. Y, por supuesto, faltaba la alusión más evidente al viejo de “La casa de las bellas durmientes”, de Yasunari Kawabata.

Pero, para efectos de “Memorias de mis putas tristes”, más que por los viejos enamorados, mi hipótesis descabellada, se inclinaba por el género de las memorias, pues lo que allí leía no era propiamente una fábula sobre viejos enamorados con algún tipo de moraleja, burla o tragedia, sino lo que ya dije, un arreglo de cuentas, que es lo que en esencia se proponen por lo general los libros de memorias, a diferencia de las confesiones que proponen la propia vida como sistema filosófico, o las autobiografías que son los bronces de cuerpo entero que se construyen sus autores. Las memorias, como arreglo de cuentas, buscan recordar y reflexionar, para otros, sobre aquellas personas o cosas que nos alegraron, nos hicieron felices, nos enseñaron, o en último caso, que se desea que hubieran sido de la manera como se cuentan.

De todo lo anterior, se podrá encontrar en “Memorias...”. Pero necesitaba encontrar una novela y un autor de los cuales García Márquez, así como lo había propuesto Carlos Rincón con “La letra escarlata”, de Hawthorne para “Del amor y otros demonios”, pudiera haber relacionado a su Profesor Mustio Collado.

Las conjeturas de mi hipótesis descabellada comienzan a formularse, en primer lugar, a partir de la insistencia con la que se menciona en “Memorias...” a la literatura italiana, así como una mención específica a Proust (¿García Márquez recobrando el tiempo perdido?), claro que existen muchas otras menciones a otros autores y obras, las que eliminé del mi procedimiento por innecesarias para el efecto. Sin embargo, si hay una que supongo y que dejo a los especialistas comprobar, que si es necesaria para la demostración: es la presencia intertextual de James Joyce, que como ya se verá, también hace parte de esta hipótesis descabellada.

El siguiente elemento de la conjetura lo tomé de una cita de las “Memorias...”: “No tengo que decirlo, porque se me distingue a leguas: soy feo, tímido y anacrónico. Pero a fuerza de no querer serlo he venido a simular todo lo contrario. Hasta el sol de hoy, en que resuelvo contarme como soy por mi propia y libre voluntad, aunque sólo sea para alivio de mi conciencia”. El tono, pero en especial la palabra “conciencia” llamaron mi atención. Existe una muy bella y poco conocida novela titulada “La conciencia de Zeno”, de Italo Svevo, tanto Zeno como Svevo tenían algo que hacía pensar en el Profesor Mustio Collado.

Para empezar, Italo Svevo es el seudónimo que utiliza Ettore Schmitz (Trieste, Italia, 1861-1928), judío de origen alemán y ciudadano del imperio Austro-húngaro hasta su disolución en 1918, quien es enviado a la Alemania paterna a estudiar, lo que le da una doble identidad, algo así como la identidad colombo italiana del Profesor Mustio Collado. Publica dos novelas, “Una vita” (1892) y “Senilità” (1898), en las que comienza a experimentar con el narrador desde la conciencia interior, las cuales tuvieron poca acogida y decidió aislarse. Veinticinco años después publica “La conciencia de Zeno” (1923), que son las memorias que Zeno escribió por orden del Doctor S., un sicoanalista que lo trata de sus problemas de salud aparentemente sicosomáticos. La novela se inicia con un prefacio del Doctor S., que explica que divulga ese escrito de su paciente por venganza. Estas memorias de Zeno son, en parte, el resultado de esos años de aislamiento reflexivo de Italo Svevo, y en especial, de su relación con James Joyce, quien, en 1907, fuera su profesor de inglés y amigo de conversaciones literarias, y cuya influencia es importante para la novela de Svevo. En mi conjetura, tanto Zeno como las otras dos novelas de Svevo, parecen tener relaciones evidentes con el Profesor Mustio Collado y, en general, con “Memorias de mis putas tristes”.

Pero, faltaba un elemento, quizás el más significativo para la comprobación de mi hipótesis descabellada. En 1929, Svevo publica una novela corta, cuyo título en italiano es: “La novella del buon vecchio e della bella fanciulla”, traducido al español como: “La historia del buen viejo y la bella muchacha”, una narración en tercera persona que cuenta la historia de un viejo (algo así como sesenta años) que establece una, casual pero causante, relación con una muchacha de veinte años, que le inspira la escritura de una esperpéntica teoría sobre las relaciones entre los viejos con los jóvenes y sus consecuencias en la salud individual y social, y con la que marca su destino..., historia que, en definitiva, le sirve a Svevo para reflexionar sobre la vejez, lo mismo que las “Memorias...”, a García Márquez. Pero, más sorprendente todavía, las estructuras, algunos temas y otros elementos, de ambas novelas cortas, se asemejan como dos gotas de agua, lo que una buena lectura comparativa demostrará... a quien quiera intentarlo (Ver algunos ejemplos al final).

En cuanto a Zeno y el Profesor Mustio Collado, son los personajes encargados del arreglo de cuentas de sus autores. Italo Svevo arregla cuentas con Trieste, en especial consigo mismo y su existencia ignorada y aislada. García Márquez, como ya lo dije antes, con Barranquilla y el ámbito al que llegó en 1949. Lo que pueda haber de autobiográfico en estas memorias, será asunto de especialistas.

Y para terminar, una última jugada, entre muchas otras. En el final de “Memorias de mis putas tristes”, aparece una confusión temporal de diez años, pues el Profesor Mustio Collado, que escribe sobre la celebración de sus noventa años, inusitadamente pasa a hablar de sus cien años, en un salto inexplicable. Pues, resulta que en otra novela italiana, “Antiafrodisiaco para el amor platónico” (1851), de Ippólito Nievo (1831-1861), en el último capítulo, el narrador habla de haber pasado dormido tres años, dos meses (que son tres) y un día, algo similar a lo que sucede en el célebre cuento del estadounidense Washington Irving, “Rip van Winkle”... Como para seguir jugando con “Alicia...”

Dejo en este punto mis conjeturas e hipótesis descabelladas para que cada cual, como aprendiz de Lector Ludi, haga sus propias interpretaciones en el juego de abalorios que es la lectura como juego infinito... la única redención para el remordimiento de leer a la ligera.

EJEMPLOS:

Las citas de Mustio Collado y Delgadina son siempre a las diez de la noche. Las del buen viejo y la bella muchacha, a las nueve. Además, se asemejan los estados de ansiedad anímica con la que cada viejo se siente ante cada una de las citas con su respectiva jovencita.

Si el lector es curioso contará el número de las citas en ambas novelas, para darse cuenta si es el mismo en una y otra.

En ambas novelas los dos viejos escriben. Mustio Collado por profesión, dedica sus columnas semanales en el periódico a la durmiente Delgadina. El buen viejo dedica los últimos días de su vida a escribir un tratado de moral sobre las relaciones entre los viejos y las jovencitas con el cual demostrar que la salud de los primeros depende de las correctas relaciones con las segundas.

También, en ambas novelas, un médico actúa como filósofo de la senectud, algo así como el Cicerón "De Senectute". Y la escritura, para ambos viejos, se manifiesta como el efecto rejuvenecedor de sus amores con bellas jóvenes.

Los dos viejos dejan testamento en el cual legan sus propiedades a las jovencitas, para garantizarles su futuro.

En fin, son muchos otros los detalles paralelos: las descripciones de los aspectos físicos de los dos viejos. Las coincidencias entre las viejas casonas en que viven cada uno de los viejos. Cada uno de los viejos tiene en su casa una especie de ama de llaves, claro que en cada caso ese personaje es diferente y las relaciones de los viejos con ellas son asimétricas, pero no totalmente.

Etc. Que cada lector siga su juego.
LECTOR LUDI-0

Hipótesis descabelladas de un aprendiz de lector lúdico
“La sombra del viento”, una novela de aventuras sobre la epifanía de la primera lectura

Por Iván Rodrigo García Palacios

La sombra del viento
Autor: Carlos Ruiz Zafón
Grupo Editorial Planeta, Buenos Aires, 2003 (479 p.)

Hacía tiempos que no me leía una de esas novelas que cortan el aliento, de esas que se quieren leer de una sola tirada pero que se espera que nunca terminen. El ansia de eterno retorno a esa lectura epifánica, a la primera lectura que jamás se olvida y marca para siempre. “La sombra del viento” es esa novela que, en la mejor tradición narrativa de aventuras a lo Alejandro Dumas o Joseph Conrad, un héroe, o protagonista-narrador, para ser más posmodernos, entra en la trama a los diez años y va creciendo con la intriga que él tiene que resolver a la manera de los más famosos detectives de la literatura policíaca de todos los tiempos, mientras aprende sobre las cosas de la existencia: el amor, el odio, la amistad, los amigos y los enemigos, la vida, la muerte, la violencia, el terror, el poder, la ambición, la política, la corrupción, la guerra, la dictadura, el misterio de los libros y los libros de misterio... en fin, una perpetua ceremonia de iniciación que comienza cuando Daniel Sampere, el héroe, lee la novela “La sombra del viento”, de Julián Carax, que ha encontrado en el Cementerio de los Libros Olvidados, al que lo ha llevado su padre para que se le encomiende el libro olvidado del que será protector.
Resulta que Julián Carax es un misterioso escritor barcelonés, que a pesar de haber escrito unas novelas apasionantes, todas habitantes del mismo cementerio, es un completo desconocido que ha tenido una vida trágica y cuyos libros son perseguidos, a cualquier precio, por un ser maléfico que quiere incinerarlos, y que por el ejemplar de Daniel se ve metido en su persecución, así como él se había metido en la lectura de su ejemplar protegido, de la que, como lo dice, era entrar en el juego de las muñecas rusas, y que como el lector sentirá, es tratar de descifrar el laberinto de espejos en la historia de la Barcelona de la primera mitad del siglo XX, pues, si el lector es curioso, o aprendiz de lector lúdico, con sólo consultar en la Enciclopedia Encarta, podrá descubrir que algunos de los nombres o apellidos de los personajes principales pertenecen a personajes reales que por alguna razón tienen algo que ver con la historia, la de la novela y la otra, abriendo sorprendentes cajas chinas y redes de araña en las cuales todos, de alguna manera están pegados y a merced del destino que ellos mismos se han trazado. O, por otra parte, si se interesa por la historia de Barcelona, se encontrará, con nombres figurados, a grandes personajes y en especial, su paisaje gótico-barroco, que determina el tono de la narración, y que fuera marcado, al final del siglo XIX y comienzos del XX, por la arquitectura de Antoni Gaudí, con el patrocinio del magnate Eusebi Güell i Bacigalupi (probablemente el Simón Aldaya de la novela), así como de la burguesía catalana, quienes quisieron agregar su propio toque de eternidad a la Barcelona que todavía conserva las huellas de su pasado arquitectónico desde los romanos hasta hoy, así sean ruinas tenebrosas, elementos fundamentales en la acción y la trama de la novela. Como fundamental es esa otra historia, unas veces diluida, otras ocultada y otras que parece querer olvidarse, de la Guerra Civil Española y la dictadura franquista, que como un velo negro marca las luces y sombras de la ciudad-catedral narrativa gótico-barroca en la que Carlos Ruiz Zafón construye su novela, y, que, como he querido contar, va más allá de las aventuras pérez revertianas y otras de moda, para profundizar en la exploración de las tinieblas interiores del ser humano y su historia como humanidad: que las guerras, particulares o generales, son un infierno al que se condenan los seres humanos, a pesar de saber de sus horrores y terrores: la pesadilla que a todos quita el sueño.
Como aprendiz de lector lúdico, recomiendo a los lectores, tanto la lectura apasionada que “La sombra del viento” provoca desde el primer párrafo, como a la más apasionante e interesante aventura de descifrar las relaciones históricas intertextualizadas que los llevarán al delicioso juego de abalorios de la lectura lúdica.
... Y, quisiera, que como en La sombra del viento, todos los padres que lean esta novela, también ellos, algún día, lleven a sus hijos pequeños de la mano a una librería... antes que tengan que enterrarlos en el Cementerio de los Libros Perdidos, pues como dice Bea, uno de los personajes de la novela: “el arte de leer se está muriendo muy lentamente, que es un ritual íntimo, que un libro es un espejo y que sólo podemos encontrar en él lo que ya llevamos dentro, que al leer ponemos la mente y el alma, y que ésos son bienes cada día más escasos”. Y, agrego yo, es la más rica herencia que los padres y maestros podemos legar a los niños.
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