1 de marzo de 2016

Lector Ludi No. 80: Los ingenios y la ingeniería de la mente



Jan Sanders van Hemessen, El cirujano (extracción de la piedra de la locura).
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Hemessen-cirujano-prado.jpg#/media/File:Hemessen-cirujano-prado.jpg


Lector Ludi No. 80
Iván Rodrigo García Palacios
Los ingenios y la ingeniería de la mente


"Si queremos saber de un hombre, preguntamos “¿cuál es su historia, su historia real interior?"... porque cada uno de nosotros es una biografía, una historia. Cada uno de nosotros es una narración singular, que se construye, continua, inconscientemente, por, a través de, y en nosotros... a través de nuestras percepciones, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestras acciones; y en el mismo grado nuestro discurso, nuestras narraciones habladas." (Oliver Sacks, El Hombre que confundió a su Mujer con un Sombrero, Muchnik Editores, Barcelona, 1987 , pág. 148).


Así como ya se habla de una ciencia de la mente i, muy pronto se estará desarrollando una ingeniería de la mente, la que se encargará de inventar, desarrollar, producir y reproducir "los ingenios" del cerebro y de la mente, y digo "los ingenios", porque el término ingeniero se relaciona pero tiene una alta connotación de frialdad matemática y, por eso, prefiero la forma como mi hijo, ingeniero de profesión, define su actividad profesional: solucionador de situaciones con la aplicación del ingenio y de la ciencia, algo así como el inventor y desarrollador de "los ingenios" del cerebro y de la mente.
Sin embargo, en los aspectos morales y éticos, mucho me temo que mis buenas intenciones sólo sean eso, porque no serán pocos "los ingenieros de la mente" que terminen aplicando su ingenio y sus ciencias en contra de la humanidad y al servicio de los poderosos y "solucionando" las dificultades de estos para someter, dominar y explotar a los demás. La ingeniería de la domesticación. Como que la humanización es un proceso de auto-domesticación que se desarrolla por obra y gracia de la evolución y la selección natural y cultural, pero ese es otro asunto (ver: Lector Ludi No. 78).
Pero, aparte de discusiones morales y éticas, mi propósito es responderme a la pregunta: ¿qué sería un "ingeniero de la mente?
Para ser poético, diría que es "el mago" de Giordano Bruno, "hombre sabio con poder de obrar" y yo agregaría: "maravillas". Pero en términos menos poéticos, sería aquel que, como dije atrás, inventa, desarrolla, produce y reproduce "los ingenios" de la mente y sus productos a partir de los descubrimientos y desarrollos de la ciencia de la mente.
Y, ¿cuáles son esos "ingenios" y esos productos de la mente?
El primero y el más asombroso, la mente misma y, el segundo, sus productos, tan asombrosos como ella y que son "casi un fetiche" para los humanos: la conciencia, el deseo, los sentimientos, el pensamiento, la imaginación, el anhelo o Espíritu, esos son "los ingenios de los ingenios", hasta tal punto que todavía son considerados, por muchos, como "los grandes dones" otorgados exclusivamente a los humanos por poderes sobrenaturales y, por ello, ajenos a cualquier posibilidad de ser explicados como un producto de la materia de la naturaleza de la especie humana. Lo mismo se dirá de la mente humana: que es lo que es porque sus productos son lo que son: sobrenaturales.
Por supuesto, eso no es así y, por lo tanto, la mente y sus productos serán posibles de comprender, explicar, producir y reproducir, en el momento en el cual se hayan desarrollado las herramientas adecuadas para ello. Esa es una labor más que suficiente para "los ingenieros de la mente", quienes, con "los científicos de la mente", tienen por delante el desafío de comprender, definir y explicar "los misterios" de la materia viva y la de la naturaleza humana que conforman los asuntos de su búsqueda: mente, conciencia, deseos, sentimientos, pensamiento, imaginación, anhelo, etc. Y, más allá de todo eso, conocer el motivo de saber qué, cómo y por qué es y funciona todo en el universo hasta producir materia viva y, con ella, materia que siente que siente y se siente y que por ese sentir tiene conciencia y que, como consecuencia, piensa y sabe que piensa y se piensa y que, por ello, "desea" y ese deseo es la fuerza que hace que seamos lo que somos: un ser vivo, un cuerpo deseante, que persiste en perseverar y, porque siente, imagina y piensa, se esfuerza por conocer y explicarse a sí mismo tanto los misterios y los motivos de su existencia de principio a fin, como los misterios del universo en el que es y habita.
Alcanzar tal conocimiento es y ha sido uno de los anhelos de la mente humana y de ello y de sus deseos, sus sentimientos, imaginación, pensamientos, anhelos, dan constancia los artistas antes que los científicos, porque son ellos quienes se encargan de desvelar "lo desconocido" con sus visiones de artistas y explicarlo con sus propios lenguajes para que de ellos sea traducido a los lenguajes de las ciencias, pues los artistas expresan en sus propios códigos y lenguajes lo que sienten y las visiones que su imaginación les provoca de aquellos sentimientos.
Esa historia de las artes aun está por ser contada, pero no es ningún enigma que los artistas anticipan en sus visiones los sueños y las pesadillas que tarde o temprano se harán realidad para la humanidad.
Tal será el caso de la mente, un tema que ha encantado y confundido a todos desde siempre y al que todavía hoy se le trata con dificultad. Todavía su definición es difusa y confusa, pues, si bien se sabe que la mente y el cuerpo son una y la misma cosa, no se explica adecuadamente cómo funcionan, lo que todavía es motivo de fusiones y confusiones.
Sin embargo, en el campo de las ciencias o, mejor, de las neurociencias, ya se están realizando exploraciones en los desconocidos territorios de la mente y de sus ingenios con esclarecedores resultados, tal el caso del neurocientífico Antonio Damasio:
"La idea más sorprendente (surgida de las investigaciones sobre estos temas) es, quizás, el hecho de que la conciencia se origina en un sentimiento. [...] La idea de que la conciencia sería un sentimiento de conocimiento concuerda con los resultados que hemos podido obtener sobre las estructuras cerebrales que se le asocian más estrechamente. [...] Arraigando la conciencia en el sentir podemos explicar el sentimiento de sí mismo. [...] Situar el origen de la conciencia en el sentimiento nos lleva a interrogarnos por la naturaleza íntima del sentir. ¿De qué están hechos los sentimientos? (anótese que el autor ha descrito antes el soporte biológico, humoral, de las emociones, que son más primarias que los sentimientos). ¿De qué son percepción los sentimientos? ¿Hasta dónde podemos explorarlos? En la actualidad aún no es posible dar una respuesta plena a estas preguntas. [...] Pudiera ser que la conciencia humana exigiera la presencia de sentimientos" (Antonio R. Damasio, La sensación de lo que ocurre, Debate, Barcelona, 2001, capítulo 11).
Antonio Damasio busca los referentes filosóficos para su investigación en la Ética de Spinoza:
"De gran importancia para lo que comentaré era su idea de que tanto la mente como el cuerpo eran atributos paralelos (llamémosles manifestaciones) de la misma sustancia (ver: Spinoza, Ética, I). Como mínimo, al negarse a cimentar menté y cuerpo en sustancias diferentes, Spinoza hacía saber su oposición a la opinión sobre el problema de la mente y el cuerpo que era mayoritaria en su época. Su disensión se erguía en un mar de conformidad. Sin embargo, más intrigante era su idea de que «la mente humana es la idea del cuerpo humano.» (Ver: Spinoza, Ética, II). Esto planteaba una posibilidad cautivadora. Spinoza pudo haber intuido los principios que existen tras los mecanismos naturales responsables de las manifestaciones paralelas de mente y cuerpo. Como comentaré más adelante, estoy convencido de que los procesos mentales se fundamentan en la cartografía que el cerebro tiene del cuerpo, acumulaciones de pautas neurales que representan respuestas a acontecimientos que causan emociones y sentimientos. Nada podría ser más reconfortante que encontrarse con esta afirmación de Spinoza y meditar sobre su posible significado" (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos, Drakontos, Barcelona, 2009, p. 18).
Y como Spinoza, Damasio se encuentra con que el sentir se origina en esa cualidad de la materia que la hace perseverar en su ser y forma y es consciente de ello:
"[...] la misma empresa natural de la autopreservación que Spinoza enuncia de forma tan clara y transparente como esencia de nuestro ser, el conatus, es llamado a actuar cuando nos enfrentamos a la realidad del sufrimiento y, en especial, de la muerte, real o anticipada, ya sea la nuestra o la de los que amamos. La perspectiva misma del sufrimiento y la muerte trastorna el proceso homeostático del espectador. La empresa natural para la autopreservación y el bienestar responde al trastorno con una lucha para evitar lo inevitable y corregir el equilibrio. La lucha provoca que encontremos estrategias compensadoras para la homeodinámica que se ha desviado del camino recto; y el darse cuenta de toda la situación comprometida es causa de profunda aflicción".
"[...] primero, de poseer sentimientos (no simplemente emociones, sino sentimientos) [...] En segundo lugar [...] de poseer dos dones biológicos, la conciencia y memoria (cursivas de Antonio Damasio), que compartimos con otras especies pero que alcanzan mucha más importancia y grado de refinamiento en los seres humanos. En el sentido estricto del término, conciencia significa la presencia de una mente con un yo, pero en términos humanos prácticos, esta palabra realmente significa más. Con ayuda de la memoria autobiográfica, la conciencia nos proporciona un yo enriquecido por los registros de nuestra propia experiencia individual" (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos, Drakontos, Barcelona, 2009, p. 249-250).
Para otra neurocientífica, Susan Greenfield:
La mente es la personalización del cerebro a través de una conectividad neuronal única, impulsada a su vez por experiencias únicas; si es así, estarán de acuerdo en que si tenemos acceso directo al cerebro, y cambiamos su configuración física, trasformaremos inevitablemente la mente” (Susan Greenfield, ¡Piensa! ¿Qué significa ser humano en un mundo en cambio? Ediciones B, Barcelona, 2009, p. 97).
Y no son los únicos, tal el caso del Premio Nobel, Gerald M. Edelman (Gerald M. Edelman y Giulio Tononi, El universo de la conciencia. Cómo la materia se convierte en imaginación, Crítica, Barcelona, 2002) y otros que también han tratado de explicar la mente y la conciencia como una actividad de la materia-energía, o sea, como resultado de la evolución en los procesos neuronales y en las relaciones del cerebro con el cuerpo y con el mundo como el neurocientífico colombiano Rodolfo Llinas y sus teorías sobre los procesos neuronales, el self y los qualia.
Etc.
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Pero tanto o más asombroso que estos descubrimientos científicos actuales, es que, hace cuatro siglos y antes que Spinoza planteara las cosas como las expone y las explica Antonio Damasio, es el que Giordano Bruno ya lo planteara, pero como una ciencia empírica: la ciencia o arte de la memoria y la magia de los vínculos, la que, si se analiza con la mente abierta, ya anticipaba las propuestas de Eric R. Kandel, sobre la ciencia de la mente citada en el anexo.
Como visionario, Giordano Bruno anticipó notables asuntos que hoy por hoy las ciencias y en particular las neurociencias están demostrando, tal el caso de su "aparato mental" para crear métodos y significados que no es otra cosa que el mismo trabajo que el cerebro realiza para producir la mente y sus ingenios.
Esto es lo que Giordano Bruno escribió y que pareciera estar hablando, en el lenguaje de su época, del funcionamiento del cerebro, de la mente y de lo humano del Homo-Humano, tal y como lo exploran ahora las neurociencias:
"El alma se difunde en grado sumo por todo el horizonte de su naturaleza. Acaece por ende que no sólo conoce sus propios miembros, sino incluso todas las cosas con las que contrajo algún uso, participación y comunión.... Pues así como si alguien roza con el dedo o pincha con una aguja una sola parte del cuerpo, al punto todo el cuerpo se turba según todos los miembros, no según aquella parte solamente -aún cuando sólo a partir de aquella parte-, asimismo, teniendo el alma de cada cosa continuidad con el alma del universo, no se sigue la imposibilidad -que se da en los cuerpos- de penetrarse mutuamente" (Giordano Bruno, De magia).
«[...] no hay nada en la razón que no haya sido anteriormente percibido por los sentidos [quod prius non fuerit in sensu], y no hay nada que, partiendo de los sentidos, pueda llegar hasta la razón sin pasar por la fantasía» (Giordano Bruno, Theses de Magia, XLIII, vol. III, pág. 481).
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Otro visionario, Marcel Proust, él es "el artista de la memoria", pero de esa memoria que ahora las neurociencias tratan de explicar: que la mente es la memoria del cuerpo y el escenario de los recuerdos y que los recuerdos son el encuentro en el "aquí y ahora" de la experiencia de los sentimientos de pasado, presente y futuro en la mente. Eso es la materia de su gran novela: En busca del tiempo perdido: memoria, sentimientos y recuerdos:
"Pues la memoria, en vez de un ejemplar duplicado, siempre presente ante nuestros ojos, de los diversos hecho de nuestra vida, es más bien un vacío del que de cuando en cuando una similitud actual nos permite sacar, resucitar, recuerdos muertos; pero hay, además, mil pequeños hechos que no han caído en esa virtualidad de la memoria y que permanecerán siempre incontrolados para nosotros" (M. Proust. En busca del tiempo perdido. La Prisionera, cito por la traducción española en Alianza Editorial, Madrid, 1966-1969, pág. 156).
La conexión de la novela de Marcel Proust con la actuales exploraciones científicas la expone Carlos Muñoz Gutiérrez en su artículo: Los usos de la memoria ii, en el que explica la anticipación de Proust con relación a la memoria y la metáfora y la mente y el arte que los científicos cognitivos exploran ahora:
"Memoria y Metáfora:
"Es posible hacer que se sucedan indefinidamente en una descripción, los objetos que figuraban en el lugar descrito, pero la verdad sólo empezará en el momento en que el escritor tome dos objetos diferentes establezca su relación, análoga en el mundo del arte a la que es la relación única de la ley causal en el mundo de la ciencia, y los encierre en los anillos necesarios de un bello estilo; incluso, como la vida, cuando, adscribiendo una cualidad común a dos sensaciones, aísle su esencia común reuniendo una y otra, para sustraerlas a las contingencias del tiempo, en una metáfora" iii
Es conocida la idea Proustiana de que sólo por la metáfora es posible los recuerdos y por ende el arte. De algún modo en Proust la reminiscencia está al servicio de la metáfora, pero, ¿qué papel cumple en el proceso del recuerdo? En Proust ante una sensación que "sin la noción de su causa" produce un sentimiento de placer o felicidad (la joié) -palabra que igualmente usa Coleridge como marca del genio creativo- y que recobra una sensación pasada, se activa un proceso de búsqueda del elemento común de ambas sensaciones y sólo podrá comprenderse cuando logren identificarse, cuando se aproximen dos sensaciones por el "milagro de una analogía". Sólo entonces cuando proyectamos metafóricamente un tiempo pasado en un tiempo presente es cuando puede explicarse la sensación de felicidad como prueba de la superación de la contingencia, de la "esencia común", que en la mayor parte de las veces es sencillamente el reconocimiento de que puede trazarse aún una línea continua entre momentos dispersos, entre saltos metafóricos hay una reconstrucción de la experiencia y una construcción del yo que la "experienció". (El Término se toma del Trabajo de G. Lakoff y M. Johnson, exponentes de la crítica a la Psicología Cognitiva tal y como se desarrolla desde los años 60 hasta los años 80 y renovadores de la misma a partir de esa década).
Eso ofrece, no sólo la alegría de sentir que la inexorabilidad del tiempo puede superarse, sino una significación de la experiencia vivida.
La metáfora es el proceso que nos permite, al final de la experiencia, comprender que la semejanza existente entre los episodios de la vida nos vincula a lo largo del tiempo, reconociéndonos en ellos. Reconstruyendo el presente a través del pasado, sabemos entonces, pues genera conocimiento, que existe una relación semántica que puede prolongarse entre el sujeto que experimenta el mundo hasta su posesión, hasta poder constituirse en narrador y no solamente en personaje narrado, y los eventos que le rodean.
Esta nueva introducción de la metáfora como proceso del recuerdo debemos verla de la manera amplia que nos ofrecía Johnson y Lakoff y que en el contexto proustiano ha captado magníficamente G. Genette cuando estructura los usos metafóricos de Proust en concatenaciones metonímicas, que son las responsables de producir el relato. La metáfora como proyección estática quedaría inmóvil si con ella no aportáramos los elementos contiguos, que configuran las historias en las que están inmersas las metáforas. De la misma manera el rastro metonímico permite reconstruir la narración, volverla a contar y en cada instancia, porque resulta recurrente tras la proyección, quedan integrados nuevos elementos que constituirán el orden propio de la memoria. Genette lo expresa hermosamente en las siguientes líneas:
"El verdadero milagro proustiano no es que una magdalena mojada en té tenga el mismo gusto que otra magdalena mojada en té y despierte el recuerdo; es, más bien, que esa segunda magdalena resucite con ella un cuarto, una casa, una ciudad entera, y que ese lugar antiguo pueda, por espacio de un segundo, "conmover la solidez" del lugar actual, forzar sus puertas y hacer vacilar sus muebles" iv.
Y apostilla más adelante: "Ahí, pues, ahí solo -por la metáfora, pero en la metonimia- comienza el relato" v.
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Memoria y circo
Y, por supuesto, no puede faltar Jorge Luis Borges y su Funes el memorioso y otros casos de memoria excepcional, que muestran lo que una memoria es, pero que es todo lo contrario de lo que la memoria de la materia viva es: la posibilidad del recuerdo.
Y, para ponerlo en términos paródicos, más que memoria tales casos son un espectáculo de circo.
Funes el memorioso es un relato de Borges, que aún siendo ficción, expresa magistralmente las circunstancias mentales de un hipermnésico (Jorge Luis Borges (1944), Funes el Memorioso en Artificios. Alianza Editorial, Madrid).
Y en la realidad, tal es el caso de "S", un caso documentado por A. R. Luria en La Mente del Nemónico (1968). Cito por la traducción de Editoial Trillas, México, México D.F., 1983.
Otros casos documentados y bien conocidos como VP, Elizabeth, Nancy o Toscanini pueden encontrarse en la recopilación de U. Neisser, (Ed.) (1982). Memory Observed. Remembering in Natural Contexts. W. H. Freeman and Company, New York, aunque su descripción, en este caso, no es relevante. Igualmente además de los casos de Jimmy G. o W. Thomson recogidos por O. Sacks (1970). The Man who mistook his Wife for a Hat. Summit Books, New York. (Trad.: El Hombre que confundió a su Mujer con un Sombrero, Muchnik Eds., Barcelona, 1987), está el correlato de Luria en El hombre con su mundo destrozado, edición castellana de Granica editor, Argentina, 1973. También encontramos casos de amnésicos de diversa índole en la recopilación de Rubin, D.C. (Ed.) (1986). Autobiographical Memory. Cambridge University Press, Cambridge, Mass.
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En fin ...
La mente es la memoria sensorial del cuerpo, donde se origina la conciencia que es, a su vez, donde se despliegan las emociones y los sentimientos, con los que se construye el escenario de la imaginación y donde actúa el pensamiento y juegan los recuerdos y los sueños que es donde nace el espíritu.
Y para que todo el teatro sea y actúe, se inventan los códigos que permiten memorizar y expresar el sentir, el imaginar y el pensar, que es asignarle un sentido a la memoria de los recuerdos, para que así cada actor se exprese y de sentido a la exhibición del yo biográfico y su actuar con los otros y con el mundo. Al fin y al cabo, somos lo que recordamos que somos y los recuerdos son la memoria afectada por el sentir y los sentimientos. Como ya se dijo.
Entonces, la ingeniería de la mente sería una ingeniería de la memoria y del recuerdo.

Notas

iEric R. Kandel, En busca de la memoria: nacimiento de una nueva ciencia de la mente:
"Ha surgido así una nueva ciencia de la mente que recurre a la poderosa biología molecular para estudiar los misterios de la vida que aún se nos ocultan.
Cinco principios son el fundamento de esta ciencia mixta. En primer lugar, no cabe separar la mente del cerebro. El cerebro es un órgano biológico complejo que tiene una enorme capacidad de cómputo y construye nuestras experiencias sensibles, regula nuestros pensamientos y emociones y controla nuestras acciones. No sólo se encarga del comportamiento motor relativamente simple que desarrollamos para correr o comer, sino de complejos actos que reputamos como la quintaesencia de lo humano: pensar, hablar y crear obras de arte. Desde esta perspectiva, la mente es un conjunto de operaciones que lleva a cabo el cerebro, así como caminar es un conjunto de operaciones que llevan a cabo las piernas, con la salvedad de que se trata de algo radicalmente más complejo.
En segundo lugar, en cada función mental –desde el reflejo más simple hasta las actividades creativas como el lenguaje, la música y el arte– intervienen circuitos neurales especializados de distintas regiones cerebrales. Por esa razón, es preferible hablar de la “biología mental” para referirnos al conjunto de operaciones mentales que llevan a cabo esos circuitos neurales especializados, en lugar de hablar de la “biología de la mente”, expresión que sugiere que todas las operaciones mentales se desenvuelven en un lugar preciso y entrañan un emplazamiento cerebral único.
En tercer lugar, todos esos circuitos están constituidos por las mismas unidades elementales de señalización, las células nerviosas. En cuarto lugar, los circuitos neurales utilizan moléculas específicas para transmitir señales en el interior de las células nerviosas y también entre dos células distintas. Por último, esas moléculas específicas que constituyen el sistema de señales se han conservado a lo largo de millones de años de evolución. Algunas de ellas ya estaban presentes en las células de nuestros antepasados más remotos y pueden hallarse hoy en nuestros parientes más lejanos y primitivos desde el punto de vista evolutivo: los organismos unicelulares como las bacterias y las levaduras, y los organismos multicelulares simples como los gusanos, las moscas y los caracoles. Para organizar sus andanzas en su medio ambiente, estas criaturas utilizan las mismas moléculas que empleamos nosotros para gobernar nuestra vida cotidiana y adaptarnos al nuestro.
Así, la nueva ciencia de la mente no sólo nos ilumina sobre nuestro propio funcionamiento –cómo percibimos, aprendemos, recordamos, sentimos y actuamos– sino que, además, nos sitúa en perspectiva en el contexto de la evolución biológica. Nos permite comprender que la mente humana evolucionó a partir de las moléculas que utilizaban nuestros antepasados más humildes y que los mecanismos moleculares que regulan los diversos procesos biológicos también se aplican a nuestra vida mental" (Eric R. Kandel, En busca de la memoria: nacimiento de una nueva ciencia de la mente - 1a ed. - Buenos Aires : Katz, 2007. pp. 14-15).
Eric Richard Kandel es un científico estadounidense, nacido en Viena (Austria) el 7 de noviembre de 1929. Se destacó especialmente en los ámbitos de la medicina, la psiquiatría y la neurofisiología, recibiendo como reconocimiento a su labor el Premio NObel en el año 2000 debido a sus estudios científicos de la aplysia, una especie de caracol marino que tiene unos mecanismos neuronales que funcionan de manera parecida a los humanos.
iiCarlos Muños Gutiérrez, Los usos de la memoria, A Parte Rei, Revista de Filosofía, # 69, mayo 2010.
iiiM. Proust. En Busca del Tiempo Perdido. El Tiempo Recobrado, op. cit., pág. 239.
ivG. Genette. Metonimia en Proust en Figures III. Editions du Senil, 1972. Hay traducción al castellano (por la que cito) en Lumen, Barcelona, 1989, pág. 63.
vibid. pág. 69.

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