2 de enero de 2006

LECTOR LUDI-11

Un viaje en búsqueda de la memoria emocional

Una deliciosa novela en la que Umberto Eco se pregunta si no sería mejor olvidar las atrocidades de la humanidad, así sea a costa de olvidarse de las más bellas emociones, que son, precisamente, lo mejor de ser humanos.

Por Iván Rodrigo García Palacios

La misteriosa llama de la reina Loana
Autor: Umberto Eco
Editorial Lumen, Barcelona, 2005 (508 p.)

Los neurocientíficos ya han demostrado que si a una persona se le inhibe las funciones emocionales del cerebro, así le queden intactas las funciones racionales, pierde toda su capacidad de proyectarse en el tiempo, al igual que sus sentimientos, y por lo tanto, su capacidad de toma de decisiones.

Esto, más o menos, es lo que le sucede a Yambo, el personaje narrador y protagonista de la última novela de Umberto Eco, La misteriosa llama de la reina Loana, que a sus casi sesenta años, se despierta un día de un coma profundo en el cuarto de un hospital de Milán, en el que había caído por un evento del que poco más se sabe, con una amnesia muy particular, ya que casi sólo recuerda citas de textos leídos, con las que trata de describirse su actual estado, así como también recuerda los sucesos y personas que nada tienen que ver con su pasado emocional y sentimental. De su nombre, ni se diga, pues cuando se lo preguntan, responde que se llama Arturo Gordon Pym, como el personaje de Edgar Allan Poe.

Es en ese momento, cuando Yambo, el sobrenombre que ha usado desde la niñez Giambattista Bodoni (nombre de una bella fuente tipográfica), un vendedor de libros valiosos antiguos, inicia su aventura de recobrar su pasado emocional. Para su fortuna, todavía conserva la vieja casona campestre, al norte de Milán, en la que encontrará, arrumados en el desván, los libros y textos escolares de su primaria y bachillerato, que cursó en los tiempos de la II Guerra Mundial, así como buena parte de los libros, periódicos y revistas que leyó, estimulado por su abuelo, un comerciante de libros de viejo, y sus padres, muertos en un accidente automovilístico, siendo él un adolescente.

Eco conduce a los lectores a este viaje a la memoria y los recuerdos, con un mapa bellamente ilustrado, unas veces cronológico y otras cambiante al estímulo de las sensaciones o llamas fugaces que se despiertan en el cerebro de Yambo, estimuladas por los comics o tebeos de su infancia, las fotografías familiares o de los periódicos y revistas, las historias que le cuenta Amalia, la vieja que trabajó en la finca desde los tiempos de su abuelo, muchas veces relacionadas con los lugares de la casona y sus alrededores, hasta que un día encuentra un objeto que lo perturba profundamente y, en el interior de su cerebro, se despiertan todos aquellos recuerdos que parecen conducir al tesoro de recordar el rostro de la muchacha que fuera su primer y platónico amor, borrado, mucho tiempo atrás, junto con los recuerdos dolorosos de aquellos tiempos de guerra, pero al que ha seguido buscando en los rostros de las mujeres que luego amó.
Ese es el último tramo de este viaje emocionante contra el olvido y del que la traductora, Helena Lozano Miralles, propone como un rescate de la memoria que todos quienes han sufrido con conmociones sociales o catástrofes naturales, parecen querer ir perdiendo para no recordar el miedo y el dolor, no sólo en el ámbito individual, sino también colectivo, en un olvido, que antes que aliviar, sólo parecen convertirse en la causa de nuevas y peores desgracias. Ella compara las referencias que hace Umberto Eco a la dictadura fascista de Mussolini y a la guerra en Italia, con las, casi contemporáneas, que los españoles vivieron con la Guerra Civil y la dictadura franquista.

Yo, por mi parte, que afortunadamente todavía conservo en más o menos en buenas condiciones mi capacidad de recordar, he pensado en el 9 de abril de 1948 y el asesinato de Gaitán con las aventuras de Trazan con las que aprendí a leer; en el 13 de junio de 1953 y la dictadura de Rojas Pinilla con Los tres mosqueteros mi primer libro leído en una noche; en el 7 de mayo de 1957 y la caída de la dictadura, y luego la junta militar y el Frente Nacional con mi incapacidad de leer El retrato de Dorian Grey, pero mi insaciable lectura de novelas del Oeste y otras aventuras folletinescas. Y para cerrar mi adolescencia, en mi primera novia, junio de 1964 con la lectura apasionada de Crimen y castigo, El proceso y El extranjero...
Pero la diferencia con la Italia de Umberto Eco y con la España de Helena Lozano Miralles, es que aquí en Colombia y el resto de América Latina las conmociones sociales y las catástrofes naturales (provocadas por la negligencia de los poderosos), parecen no tener ni principio ni fin... por eso olvidamos la de ayer con la de hoy, y mañana... sólo una ilusión.

De esa manera, La misteriosa llama de la reina Loana, podrá ser un placentero ejercicio para rescatar los recuerdos aquellos misterios dolorosos, gozosos y gloriosos, no propiamente del rosario, de nuestros propios pasados.

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