4 de enero de 2006

CUADERNO DE CITAS-3

¿Por qué los LECTORES LUDI viven mejor?
Porque sueñan mejor


* Aprender a soñar, tan importante como aprender a pensar
* El poder de los sueños es realmente saludable
* Se puede aprender a soñar
* El que sabe soñar, vive mejor
* ¿Las incoherencias de los pensamientos y de los sueños pueden tener similares efectos sobre normalidad de la salud?
* ¿Quién no ha tenido un mal día luego de haber sufrido sueños malucos y caóticos que no entiende?
* La realidad será como las pesadillas, o viceversa
* Citas de, Elémire Zolla, La amante invisible, La erótica chamánica en las religiones, en la literatura y en la legitimación política

Por Iván Rodrigo García Palacios

En el LECTOR LUDI-23 mencioné el poder que los sueños tuvieron para la vida de los pueblos de la antigüedad, así como de su pérdida y malinterpretación en la modernidad y posmodernidad, con las consecuencias que se podrían deducir de ello.

Aclaro de entrada, el asunto que propongo ahora no trata de autoayudas, ni de nuevas eras, ni de nada que se le parezca, que al fin y al cabo son formas de engaño y autoengaño que las personas utilizan para evadirse de la realidad y ocultar bajo las cobijas sus temores e incertidumbres.

Mi deseo es compartir algunas citas de un interesante libro de Elémire Zolla, un profesor italiano de la Universidad de Roma, estudioso de los asuntos sobrenaturales en las culturas y su incidencia sobre ellas, lo que, a su vez, conduce a pensar que si bien el afán modernizante y posmodernizante ha traído beneficios notables para la humanidad, también, en su desespero progresista, ha desperdiciado o malinterpretado, por ignorancia o intereses ideológicos, algunos aspectos importantes, yo diría esenciales, para su existencia, los mismos que en las antiguas culturas se manejaban con solvencia y claridad, tal el caso de los sueños, que como podrán leerlo, tienen más incidencias en la salud mental y corporal de lo que se cree y que poco más tienen que ver con toda la basura seudo-científica que el psicoanálisis popularizó irresponsablemente.

Me atrevo a pensar que cuando Goya dibujó y tituló su conocido grabado de los Caprichos: "El sueño de la razón produce monstruos", también podría estar sugiriendo que una vida de sueños incoherentes produce una razón monstruosa. Que una razón sin sueños es una razón monstruosa.

Pienso, como lo dan a entender las citas más adelante, que los sueños y la vigilia son dos partes integrales de un todo que, si funcionan adecuadamente, generarán una vida armónica. Así, quien sufre perturbaciones de pensamiento y lenguaje, tiene problemas con la realidad. Igual, quien sufre perturbaciones con sus sueños y el lenguaje de los sueños, tiene problemas con ese otro mundo que llamamos trascendencia, sobrenatural o metafísico. Y quien tiene problemas en la una, tendrá problemas en el otro, y viceversa.

Los sueños, como el pensamiento, son elementos fundamentales del Ser humano y, por lo tanto, deben ser considerados consecuentemente: conocidos y tratados con igual peso e importancia.

Y no son, por el contrario, eso en que los han convertido: paporreta de adivinos y pitonisas, o en arquetipos de seres poderosos o divinos que vienen del pasado a transformar y transfigurar la pobre existencia en que nos hemos convertido. Los sueños, de alguna forma, tienen esos poderes, pero nunca de esas formas.

En fin, el de los sueños es un asunto fascinante que sugiero a los LECTORES LUDI pensar con cuidado. Para ello recomiendo y los antojo con el libro: Elémire Zolla, La amante invisible, La erótica chamánica en las religiones, en la literatura y en la legitimación política, Paidós, Barcelona, 1994 (154 p.)

... pues será una fuente de dulces sueños.

PRIMERA CITA

"Después de haber atisbado durante toda una vida los estremecimientos oníricos, Proust concluyó: "Comprendí que solamente una percepción ordinaria atribuye todo al objeto, mientras que es en el espíritu donde cada cosa ocurre". (p. 28)

SEGUNDA CITA

"Las mentalidades diferentes de la moderna, tienen experiencia del sueño como de una realidad continuada y coherente tanto o más que la vigilia. Al dormir se retoma el sueño, exactamente como al despertar se retoma la conciencia de la vigilia; pero esta idea resulta inadmisible cuando se cree que la autoconciencia es la verdad y el sueño falso por excelencia" (p. 29).

TERCERA CITA

"Un personaje de Momaday dice: "Si el sueño no es verdadero, tampoco el soñador lo es", lanzando el más radical desafío al pensamiento moderno. Si pienso luego soy, sueño (sonno) y sueños (sogni) se convierten en escándalos metafísicos: cuando duermo no existo" (p. 29).

CUARTA CITA

"La vanguardia no hace sino ratificar lo que ocurrió con nuestros sueños, no hace sino exponer en la vigilia los significantes sin significado, a los que ha sido reducida la vida onírica" (p. 30)

QUINTA CITA

"El psicoanálisis pareció rescatar los sueños, pero en realidad, y con mucha más frecuencia, se sirvió de ellos para llevar a cabo, hasta en lo más íntimo de la conciencia, la obra de socialización despiadada característica del siglo. En el hábito psicoanalítico, el sueño casi nunca sirvió para la creación de carismas: ha sido utilizado más bien para enunciar consejos con miras a la adaptación social" (p. 31).

SEXTA CITA

"Premisa para sueños continuados y coherentes es un sistema de símbolos; si éste faltara, las imágenes oníricas flotarían sin sentido, como lo harían las palabras de perderse el nexo entre significados y fonemas. Mientras no se interponga un tejido de mediaciones entre los instintos y el sistema del cosmos, entre sentimientos y verdad, prevalecerá la casualidad. Cuando, por el contrario, se dispone de un tejido de mitos, las imágenes mismas naturalmente gravitan hacia el recuadro que a ellas corresponde en el cuadro total, exactamente como las palabras se ordenan entre ellas cuando se da por descontada una semántica.
En los mundos arcaicos, los conocimientos particulares asumían un rol, una imagen, en el sistema de mitos. A cada número, nota musical, figura geométrica, dirección en el espacio y porción del tiempo cíclico, correspondía en Babilonia, un dios y su historia. Los ritos sinodales de Venus dibujaban un pentagrama en el eje tiempo-espacio; dicho pentagrama, que puede reconocerse en la disposición de las semillas de una manzana cortada por la mitad, evidenciaba que la manzana era la fruta de Venus y el 5 su número: la historia de la diosa expresaba la gama de sentimientos amorosos.
Son semejanzas, consonancias, que ayudan a no olvidar el sistema de nexos y una vez que éstos han sido adquiridos, los sueños se tornan lenguaje.
De igual modo, basta que el hábito haya relacionado ciertos fonemas con ciertos significados: las articulaciones de la voz constituirán una lengua.
Los conocimientos aritméticos, geométricos, astronómicos y de todas las ciencias, se expresaban en los mitos, y los sueños entraban en la vida del mito, tal como los discursos de una lengua, haciéndole eco, continúan el texto que la origina: la epopeya o la cosmogonía que al ser releídas y salmodiadas periódicamente, vuelven al centro de la existencia colectiva. Por otra parte, los mitos correspondían a los sentimientos que sus historias expresaban.
De esta manera, entre conocimientos y sentimientos, se establecían unos vínculos, el mito mediaba entre ellos. Por esa razón, las imágenes de los sueños tendían a conformar una trama" (ps. 33 y 34).

SÉPTIMA CITA

"Nada prohíbe relacionar las leyes de la naturaleza con los sentimientos a través de narraciones. A mi entender, esto solamente lo realizó un biólogo, que escribió un hermoso y profundo libro para niños, en el que las leyes de la naturaleza se traducen fielmente en fábulas (V. Sermonti, L'anima scientifica).
De este modo, la ley de Heisenberg (la posición de una partícula y su velocidad no se pueden medir simultáneamente, pues entre nosotros, los que medimos, y los sistemas medidos, se efectúa un intercambio de energía por lo que estos últimos son modificados en la medición), se convierte en la fábula o mito del rey que deseaba saber quien era la más pequeña de sus sílfides danzantes del parque real. Para comprobarlo mandó a sus pajes armados de balanzas. Mas cuando éstos tocaban una sílfide, veían desvanecerse en la nada su etéreo velo y la criaturilla huir con un gemido. Se dijo al rey que si bien con toda certeza debía existir la sílfide más pequeña de todas, sin embargo pesarla era imposible y las palabras no alcanzaban. Así el rey descubrió que no sólo existían cosas que no podía poseer, sino que tampoco las podía medir.
El sueño de un rey que descubre los límites de su poder corresponde a una gama de sentimientos que incluirá el sentido de los límites, la delicadeza, la maravilla: ¿por qué reprimirlos y, además, no sentirlos ligados a la fábula y a las leyes de la naturaleza? ¿Por qué no dejar depositar en la mente de quien sentirá una amable emoción, el pequeño relato, reconociendo seguidamente en la fórmula de Heisenberg la fábula de otros tiempos? ¿Por qué no asociar, de manera ordenada y significativa, los sentimientos a los conocimientos?" ps. 34 y 35)

OCTAVA CITA

"Para que las mentes más hábiles se imbuyan de estas verdades serán necesarias algunas generaciones, por lo pronto se asiste al cómico espectáculo de gente informada sobre la física reciente y sobre la neurobiología y sin embargo aferrada a la idea de un mundo objetivo como tal o a la idea de la evolución como una flecha disparada en un tiempo carente de simetría. No obstante, cuando finalmente se impriman estas verdades en la verdad metafísica, nada nos prohibirá volver a la fabulación interrumpida en los inicios de la era moderna, los sentimientos podrán corresponder a los conocimientos, las imágenes míticas compararse en cuanto significativas, portadoras de verdades, podrán ofrecer un armazón para la fantasía también en los sueños" (ps. 36 y 37)

NOVENA CITA

"Son opuestos: el desorden máximo y el orden absoluto, la inquietud y la quietud, la confusión y la experiencia metafísica. Sin embargo, la oposición entre los dos términos parece tal sólo desde el punto de vista de la experiencia corriente, pues desde el punto de vista de la experiencia metafísica coinciden, salvo en el hecho de que la experiencia metafísica es consciente de la unidad absoluta de todo, mientras al sumergirnos en el inconsciente sentimos desvanecerse los límites sin obtener con ello ni quietud ni conocimiento; la misma diferencia existe entre un místico y el esquizofrénico" (p. 37).

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