6 de enero de 2006

LECTOR LUDI-15

Pequeñas reseñas
En los asuntos del amor,
la mujer tiene la última palabra


Por Iván Rodrigo García Palacios

La amante de Bolzano
Autor: Sándor Márai
Ediciones Salamandra, Barcelona, 2005 (283 p.)

Del amor, cada cual cree saber un poco, pero, la suma de esos saberes jamás podrán explicar lo qué el amor es. Quizás sea la literatura, toda la literatura universal, una especie de enciclopedia interminable en donde es posible hacer la mejor exploración en las tinieblas interiores del corazón humano y sobre el amor... en primer lugar.
Del amor, entre los demás temas eternos, tratan las novelas del húngaro Sándor Márai (Kassa, hoy Kosice, Hungría, 1900-San Diego, California, 1989). Y, La amante de Bolzano, la última en ser traducida al español, se aventura por aquella vertiente del amor del que Giacomo Casanova es representación y leyenda: la pasión aventurera que hiere y mata a los amantes. Pero poco se ha escrito sobre las consecuencias y reacciones que ese amor provoca en las víctimas, no siempre inocentes, que son las mujeres enamoradas y, algunas veces, engañadas por los don Juanes y Casanovas de este mundo. ... Y, Francesca, la protagonista de La amante de Bolzano, intenta dar una respuesta, tan intensa y hermosa, como las de las otras novelas de Márai.
A Sándor Márai se le empezó a descubrir, en español, a partir de 1999, cuando Ediciones Salamandra publicó El último encuentro, la novela que más lectores le ha atraído, y que aquí en Medellín, gracias a la ferviente recomendación que de ella hace Adriana, la de la Librería Simsalabim, le ha ganado un respetable puesto en el corazón de los lectores. Luego, fueron publicadas las novelas Divorcio en Buda y La herencia de Eszter y el libro de memorias, Confesiones de un burgués, y acaba de llegar al país la última publicada, en su segunda edición de 2005, La amante de Bolzano, escrita en 1940, antes de El último encuentro y posterior a las otras dos.
Y ese orden en la escritura le da un cierto significado y continuidad a las reflexiones que se hace Sándor Márai en sus cuatro novelas. Voy a hablar del amor en sus novelas, sin que por ello los otros temas sobre los que reflexionan dejen de ser significativos. De ese amor, que en tres de ellas, se debate en asombrosos y fascinantes triángulos amorosos.
En Divorcio en Buda, es el amor que llega a su trágico final con el suicidio de una mujer que ha sido amada por dos hombres. En La herencia de Eszter, a diferencia de las otras, el amor muestra sus trágicas condiciones al regreso del hombre que estafó y abandonó a Eszter. Y en El último encuentro, la tragedia se hace presente cuando el honor es puesto por sobre el amor: dos amigos se encuentran cuarenta años después... para hablar del amor de una mujer, pero esa lectura ya la han hecho muchos.
En La amante de Bolzano, el orden de los factores si altera el producto: aquí el amor es puesto por sobre el honor. Los dos rivales por el amor de una bella mujer no podían ser otros que, como lo dice el propio Márai, el uno, es la índole novelesca del mítico amante de todos los tiempos, Giacomo Casanova a sus cuarenta años y, el otro, un anciano conde Parma, que le dobla en edad, un hombre con el poder para destruir a Casanova, pero que, por el amor de Francesca, la única mujer que ambos aman, y a la que quiere conservar a su lado hasta el fin de sus días, le ofrece al amante aventurero oro y libertad con la condición de que “la cure” de su ilusión de amarlo. Pero será la misma Francesca quien dirá la última palabra, pues, todo lo que se han dicho y han pensado los dos hombres, son las palabras de ellos sobre el amor, que como siempre, son razones... El amor de las mujeres es y seguirá siendo un misterio insondable y sólo de ellas será la última palabra. Y Francesca, a su modo, los ama a los dos. ¡Ah, Francesca!, mujer de luz a sus quince años, como la ve Giacomo Casanova en esa fría y gris mañana del duelo, cuando él renuncia al amor de su vida para dejarla vivir al lado del conde de Parma una vida que ella no deseaba... Y es que esa irradiación luminosa de Francesca, también es una luz de Ying y Yang.
Ahí les queda a los lectores esa extraordinaria lectura que los sorprenderá además con las deliciosas reflexiones de Sándor Márai sobre el oficio del escritor en el capítulo del mismo nombre, así como sobre la racionalidad, más cerebral que emocional, de los hombre frente al amor en los capítulos El contrato y El disfraz. Y el asombroso final en los dos últimos capítulos, en los cuales se unen, como una única sustancia, todos los asuntos.
Como los lectores lo sintieron con El último encuentro, en La amante de Bolzano volverán a encontrarse frente a esa presencia imborrable e infinita del único amor y la razón masculina que todo lo confunde.

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