30 de diciembre de 2005

LECTOR LUDI-9

Por la lectura:
Del infierno de la mediocridad al jardín de las delicias

Por qué los buenos lectores tienen mejores oportunidades en la vida y la literatura es el mejor camino al conocimiento.

Por Iván Rodrigo García Palacios

La lectura puede ser una condena al infierno de dolorosos trabajos forzados y a la mediocridad eterna, o un camino al jardín de las delicias y a las fuentes del conocimiento. En un sentido trágico, ese sería el dilema shakesperiano al que debieran enfrentarse los padres y maestros frente a su responsabilidad de, además de enseñarles la mecánica del leer, infundirles a los niños el don de la buena lectura, con la condición indispensable de que los buenos libros no son malucos ni aburridores ni pesados, ni pérdida de tiempo, si no mal ofrecidos y peor leídos.

CONDENA INFERNAL
A todos aquellos que piensan que la lectura y la literatura son actividades aburridoras y pérdidas de tiempo, les doy la razón, pues ellos mismos son condenados del infierno, en primer lugar por el tradicional prejuicio de que la lectura enajena y crea mentes soñadoras ajenas a la realidad, lo que es completamente falso. Pero, es que ellos no llegaron a esa situación gratuitamente, también fueron víctimas de aquellos infiernos de trabajos forzados en los que, de niños, fueron obligados a leer sin ninguna ayuda o estímulo, al mismo tiempo que fueron amenazados con el terror de los peores castigos: padres que nunca tuvieron el más mínimo tiempo para compartir la lectura de un cuento infantil, o profesores, también ellos pésimos lectores, que mediocremente cumplen su función obligando a los estudiantes a leer los libros estipulados y a presentar la respectiva tarea con la amenaza de sacar una mala nota. Como puede verse, ese es un camino al infierno de los trabajos forzados.
Pero, peores son las consecuencias. Al impedir que los niños desarrollen ese don natural de la curiosidad por los buenos cuentos, de los que la lectura es la puerta ancha y dichosa, lo único que se está logrando es formar personas con serias limitaciones para adquirir conocimientos y desarrollar su propia sabiduría, pues, bien se sabe, por una parte, que de la lectura que se haga de la realidad, depende la supervivencia y, por la otra, gústenos o no, la memoria del conocimiento de la humanidad está escrita, trátese de libros impresos en papel o en cualquiera otro sistema por avanzado que sea: los conocimientos científicos o la historia o los simples cuentos, hay que leerlos.
Así pues que, a los niños que se les ha negado la oportunidad de ser buenos lectores, se les ha condenado, en primer lugar, a leer con dificultad y aburrición, por más esfuerzos que realicen para leer cualquier texto del que necesiten aprender, así sea éste materia de formación o trabajo profesional. Y en segundo lugar, a esos niños se les ha condenado a la peor de penas: ser mediocres, consigo mismos y ante los demás, pues quien carece de las habilidades para conocerse a sí mismo a través de los demás, así como las de saber conocer, aprehender y comprender la memoria de la humanidad, es prisionero de su propia ignorancia y los prejuicios... el peor de los infiernos.

EL JARDÍN DE LAS DELICIAS
En confrontación, si leer es una actividad mecánica que apenas ocupa y usa una mínima parte del cerebro y sólo para actos inmediatos y con mínimas huellas para su utilización futura, la lectura es un don que, a partir del acto mecánico de leer, compromete la totalidad del cerebro y crea un estado mental de infinitas potencialidades y perspectivas para la vida inmediata y futura. (*)
Leer es saber identificar, recordar y repetir, los signos idiomáticos escritos de acuerdo a las reglas del idioma, así como a sus meros significados y apenas establece un pensamiento rutinario y repetitivo.
Ahora, la lectura es el salto al infinito que se sigue después de leer, pues una vez que la mente ha sido estimulada adecuadamente para ver que más allá, en los signos y palabras escritos, existen ideas e imágenes dinámicas, significados y significantes que se disuelven y mezclan para crear unos nuevos, en fin, imaginación y creatividad desatadas y cuyo límite es el universo, se ha alcanzado el don de la lectura, esa que va creando en la mente una visión totalizante del asunto que se lee, trátese de puras matemáticas, ciencias físicas o químicas, sociales, humanidades, o esos deliciosos cuentos en que la literatura explora las tinieblas interiores del corazón humano para hacer que nos conozcamos mejor a nosotros mismos, y como condición indispensable, podamos conocer mejor a los demás.
Ese don de la lectura que utiliza todo el cerebro y toda la mente para asociar y sintetizar los conocimientos por los que se indaga, y que lleva, indisociablemente, a la creación de nuevas ideas, imágenes y, en consecuencia, un nuevo conocimiento, sea este filosófico o científico, pues la lectura es un juego con la mente en la que se desata una reacción en cadena, mucho más poderosa que una reacción en cadena atómica, en la que cerebro y mente actúan en su totalidad para comprender el pasado, estar bien parado en el presente y anticipar el futuro, a partir de la información que se adquiere, como quien dice las condiciones fundamentales de la supervivencia humana y de la definición de lo qué se espera sea la verdadera condición de ser humano.

LITERATURA Y CIENCIA
Podría agregar algunas otras cosas sobre el don y los beneficios de la lectura, pero lo dejo para que cada lector se las imagine. Así que para terminar, quería decir algo para aquellos que piensan que la literatura es una actividad sin consecuencias para el desarrollo en la mente del pensamiento científico y, al mismo tiempo, como estimulante para que los niños y muchachos se orienten por una vocación científica, esto como complemento a la serie de reseñas que he venido escribiendo sobre novelas con temas referidos a la ciencia y a personajes que son científicos, al mismo tiempo que como anticipación a otro texto sobre la literatura y la ciencia que tengo pendiente.
Pues bien, la buena literatura tiene el poder de estimular las emociones de la mente, tanto para querer alcanzar un mayor conocimiento, como para juzgar, a través de los asuntos sobre los que se narra, la naturaleza de las ideologías y las actuaciones de los seres humanos aplicados tanto a la ciencia como a sus demás actividades. Una buena novela, como por ejemplo, Un mundo feliz, de Aldous Huxley, al tiempo que entretiene al lector, le mostrará la ironía que significaría un mundo utópico regido por una ideología progresista de gobierno filosófico y científico de la humanidad, contrastado contra el aparente caos en que las sociedades libres, como las nuestras, viven.
Pero de este asunto hablaremos después.

(*) Para los interesados en el tema de cerebro y mente, sugiero la lectura de libros de divulgación sobre neurociencias, neurobiología, neurolingüística, neuropsicología, etc. Por ejemplo, un título bien informativo: El error de Descartes, de Antonio R. Damasio, Editorial Crítica, Barcelona, 2003 (275 p.), Colección Biblioteca de Bolsillo (el precio es más económico).

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