LECTOR LUDI-39
Creadores, poetas y pensadores en la política: los desterrados en su propio solar
- Políticamente, ¿cuál es el lugar de los creadores, poetas y pensadores?:
- Ni en la torre de marfil, ni agitando banderas, ni en el monte de fusil al hombro,
- Su obra debe ser la revelación del horizonte y la crítica al absurdo e infelicidad del presente
- Su estado ideal es el "enamoramiento", vivir el sueño antes de la pesadilla
- Pero, ¿de qué compromiso se habla cuando de comprometerse se trata?
- ¿Cuál debe ser el compromiso de creadores, poetas, pensadores?
- La "vieja" polémica Sartre-Camus sobre el compromiso del intelectual
Por Iván Rodrigo García Palacios
Los creadores, los poetas y los pensadores, como tales, pareciera que no tienen un lugar de reconocimiento en el mundo de lo político; siempre, para el poder, son amigos o enemigos, sus obras o benefician o perjudican a la humanidad, "según el color del cristal con que se mire" y a la luz de los intereses particulares de los poderosos.
El poder, su ambición y tentación, siempre ahí, vistiendo al desnudo emperador, a quien sólo ven y denuncian la inocencia de aquellos que son como los niños. Aquellos que saben que para el poder no existen términos medios, todo es interés particular: beneficios vestidos de ideología a los que es necesario desnudar permanentemente antes de que se conviertan en utilidad de unos pocos.
Como Homo-Humanos, los creadores, los poetas y los pensadores son parte de la humanidad. Como ciudadanos, son Homo-Político y pueden sacrificar su vida al servicio de cualquier causa. Pero como tales y en el ejercicio de su actividad, creadora, poética o filosófica, sólo deben permanecer en los reinos de la utopía y hacer de su obra una revelación, esa revelación, según la definición de María Zambrano, en la que se anticipa el destino de la humanidad, se desvela el horizonte.
Igualmente, los creadores, los poetas y los pensadores deben estar en permanente "estado naciente", en estado de "enamoramiento", como los define Francesco Alberoni, definiciones a las que agregué, en mis LECTOR LUDI- 30 y 31, que son estados mediante los cuales los Homo-Humanos se transforman y renuevan en el desarrollo de ese proceso de revelación del horizonte -zambraniano-, nunca alcanzado y en respuesta a la infelicidad y el absurdo existencialista que es siempre el presente.
Es necesario aclarar que, bajo ninguna circunstancia, ni estos reinos ni estos estados, ni son ni están, de acuerdo con las definiciones antes referidas, en los campos de la ilusión; son y están en lo concreto y lo real de aquello que "debe ser" para la humanidad, así se esté explorando en el deseo y en la imaginación.
Los creadores, los poetas y los pensadores, son aquellos Homo-Humanos cuya labor y servicio a la humanidad consiste en crear e inventar los nuevos mundos que se van a habitar; desvelar y revelar lo que todavía no ha sido visto ni revelado; definir y explicar lo que tendrá que ser explicado y definido, y criticar todo aquello que atente contra el derecho a una existencia digna, para que, de esa manera, se pueda avanzar, cada día, hacia el destino trascendente de Ser Humanos, ese sueño siempre a la mano, siempre inaccesible.
SUEÑOS, PESADILLAS Y ENSUEÑOS
"Humanos, demasiado humanos", los creadores, los poetas y los pensadores, son también víctimas y victimarios de sus sueños, pues el destino de todo sueño es convertirse en pesadilla cuando se realiza.
O, si no, qué ha sido, en todos estos siglos, de los sueños de tantos e inconmensurables creadores, poetas, pensadores, como Homero, Píndaro, Pitágoras, Euclides, Platón, Aristóteles, Diógenes, Epicuro, Sófocles, Aristófanes, Buda, Confucio, Cristo, Pablo, Séneca, Marco Aurelio, Viriglio, Agustín, Petrarca, Dante, Avicena, Averroes, Maimónides, Tomás, Maquiavelo, Vico, Cusa, Copérnico, Galileo, Kepler, Bruno, Rabelais, Bacon, Descartes, Shakespeare, Cervantes, San Juan de la Cruz, Quevedo, Lope, Spinoza, Leibniz, Hobbes, Newton, Voltaire, Rousseau, Diderot, Sade, Kant, Hegel, Goethe, Hölderlin, Novalis, Emerson, Melville, Hawthorne, Poe, Balzac, Tolstoi, Dostoievski, Baudelaire, Rimbaud, Nietzsche, Rilke, Pasteur, Fleming, Einstein, Turing, Proust, Mann, Russell, Sartre, Camus, Kawabata, Mendel, Watson y Crick, en fin, aquellos tantos que desde antes y hasta ahora, han cambiado y cambian cada día, con sus ciencias, poesías, literaturas y pensamientos, eso que llamamos la existencia de la humanidad.
Entre sueños y pesadillas, sólo el ensueño es el presente posible y feliz para el Homo-Humano.
HISTORIA DEL DESASOSIEGO
O, también, que ha sido de los sueños de aquellos otros que, una vez revelado y conquistado un horizonte, creyeron, ingenuamente, que el "estado naciente" y el "enamoramiento", durarían para siempre y pagaron su inocencia o con su desgracia o con su vida o con ambas.
Esa lista, también sería extensa. O, si no, para mencionar sólo tres acontecimientos ejemplarizantes, recuérdese a aquellos que inspiraron y participaron en los horizontes revelados y conquistados por los sueños de la Revolución Francesa, la Revolución Rusa o la Revolución Cubana, y que muy pronto se convirtieron en las víctimas de quienes bien saben que "los sueños sueños son" y que el "estado naciente" es un instante de éxtasis efímero en el tiempo de la historia.
Pero, peor, qué ha sido de las pesadillas que inspiraron tantos otros creadores, poetas, pensadores, que no tuvieron la luz suficiente para separar sus sueños de su condición de Homo-Político y los confundieron con los intereses del poder, por gusto, miedo o debilidad, y vendieron sus consciencias, creando ciencias para el terror y la infamia; escribiendo poemas y relatos glorificantes de las inhumanidades de los poderosos, o razonando sistemas e ideologías con los cuales justificar, legitimar y mantener, el poder de los poderosos.
¿DE QUÉ COMPROMISO...?
Ser Homo-Humanos es ya un compromiso... Pero, ¿de qué compromiso se habla cuando de comprometerse se trata? ¿Cuál debe ser el compromiso de creadores, poetas, pensadores?
Por supuesto, esta polémica, nunca dirimible, ha sido, en mucho, mejor definida y argumentada a partir de Sartre y Camus, cuyas posiciones han servido de punto de apoyo a tantos otros que siguen intentando encontrar el último lugar habitable para creadores, poetas, pensadores, y en resumidas cuentas para la humanidad.
De ninguna manera, el compromiso de Sartre al servicio de las causas de poder. Ese poder instaurado tras la expulsión del paraíso y la condena a conquistar la "tierra prometida" (*).
Sin embargo, en esa posición queda pendiente la respuesta a la pregunta: ¿Es justo o no, morir por los sueños o dejarse masacrar por las pesadillas de otros sin defensa alguna?
De Camus, mucho mejor. Su posición, en buena parte, se inspira en "aquellos tiempos sin historia" cuando el Homo-Humano vivía en solidaridad (*) y no tenía que hacerse masacrar ni masacrar a los demás en su lucha contra el miedo y la necesidad (*).
De Camus, suscribo su ensayo sobre el compromiso del intelectual, salvo cuando, como tales, creadores, poetas, pensadores, hacen política del presente y abandonan su estado ideal. Dice Camus:
"Por el solo hecho de existir, la obra de arte niega las conquistas de la ideología. La acción política y la creación son las dos caras de una misma rebelión contra los desórdenes del mundo. En ambos casos se quiere dar al mundo su unidad. Pero lo que busca el conquistador de izquierda o derecha no es la unidad, que representa ante todo la armonía de los contrarios, sino la totalidad, que es el aplastamiento de las diferencias. El artista distingue allí donde el conquistador nivela. El artista que vive y crea al nivel de la carne y de la pasión, sabe que nada es simple y que lo otro existe. El conquistador quiere que lo otro no exista; para él el mundo es un mundo de amos y esclavos. El mundo del artista es el del debate vivo, el de la comprensión. He aquí por qué es vano e irrisorio pedirnos justificación y compromiso (esto es, engagement, enrolamiento, militancia sectaria cerrada). El artista es, por función misma, testigo de la libertad".
Y, me comprometo: creadores, poetas, pensadores son: Profetas del horizonte en permanente "estado naciente" y "enamoramiento".
(*) Ver LECTOR LUDI-37
Lecturas y escrituras de un LECTOR LUDI para demostrarse que los libros son una fuente de gozoso "furor".
25 de octubre de 2006
13 de octubre de 2006
LECTOR LUDI-38
La historia cultural colombiana, entre el "espíritu de frustración" y la resignación católica
- Lamentos al rededor de una reseña
- Sugerencias para una lectura de nuestro "espíritu de frustración"
- La censura y el comadreo cultural
Por Iván Rodrigo García Palacios
Título: Tumbas sin sosiego, revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano
Autor: Rafael Rojas
Editorial: Anagrama, Barcelona, (2006), 508 p.
Leyendo el libro del cubano Rafael Rojas, "Tumbas sin sosiego, revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano" (Anagrama, Barcelona, 2006), que analiza esa otra guerra, la de la memoria, en la que los cubanos -los del exilio, los de la isla y los de las nuevas generaciones que, tanto adentro como afuera, ya son otros cubanos- se disputan, a muerte, al igual que en lo político -o, ¿será que todo es política?-, el derecho a considerarse los legítimos herederos y dueños del imaginario de su identidad y de su historia. O, por el contrario, a sentir que el tal legado se ha perdido, usurpado y olvidado, en una historia de quinientos años de conquistas, expropiaciones, dictaduras y totalitarismos.
En este amplio trabajo, Rafael Rojas, analiza las relaciones del imaginario cubano, en los últimos ciento y pico de años, con la cultura, los intelectuales de las distintas épocas, el poder, la política, la religión, etc., para mirar el gran escenario en el cual se debaten las diversas representaciones del pueblo de la Cuba actual -al interior y al exterior-, y lo qué le espera en un cercano futuro.
Es un libro delicioso para aquellos LECTOR LUDI aficionados a conocer los entresijos de la historia y, mucho más, la de los pueblos cercanos, tan parecida, en tantas cosas, a la colombiana. O que, por lo menos, invite a pensar que la tragedia de los pueblos de América Latina se parece y relaciona en una espiral de vasos comunicantes de nunca acabar.
UN MURO DE LAMENTACIONES
Es en ese sentido que expreso mis lamentos sin cura ni remedio.
Plantea, Rafael Rojas, el "espíritu de frustración" que se ha ido asentando en la mente de los cubanos ante el fracaso de las revoluciones que han marcado la historia de Cuba desde el intento separatista de 1868, que en 1895 se mitifican en la figura de José Martí, la misma que ha sido usurpada por las revoluciones del siglo XX -republicanas, socialistas y comunistas-, que culminan en 1959, con el derrocamiento de Batista por parte de Fidel Castro y sus guerrilleros y que instaura su gobierno comunista, ahora ya en vísperas de no se sabe qué.
A ese "espíritu de frustración" se agrega, entre muchas otras cosas, la idea o ideología de la resignación católica impuesta por los españoles a todas las gentes del imperio desde su descubrimiento y conquista en 1492 y subvertida, a medias, por las luchas independentistas del siglo XIX. Ideología que nace con la formación de la iglesia católica en la Edad Media y se rompe con la Reforma, que separa religión y política, con la consecuencia de separar las visiones de la conformación y manejo del Estado y el gobierno, en los pueblos anglosajones, pero mantiene el estado de sumisión, a una y otra, en los pueblos dominados por poderes afectos al catolicismo bajo la hegemonía española.
En fin, una más entre las múltiples hipótesis propuestas para entender y explicar la naturaleza de las identidades míticas y culturales de los pueblos occidentales y tropicales en su comportamiento individual, social y político. Múltiples hipótesis que han incluido tan diversos elementos de explicación como la genética, la geografía, el clima, la geología, la economía, etc., y de las que podría decirse con Quevedo: "Todo depende del color del cristal con que se mire".
LA FRUSTRACIÓN COLOMBIANA
Independiente de lo anterior y aparte de las diferencias y las similitudes entre los cubanos y su historia con los colombianos y la suya, se me ocurre pensar, a través del modelo de Rafael Rojas, que si bien los casos son diferentes, el "espíritu de frustración" y resignación católica, pueden ser los mismos, con la diferencia histórica de que en Cuba las revoluciones han estado separadas por significativos períodos temporales, pero que para el caso colombiano se podría decir que, dada la sucesión ininterrumpida de frustradas, pequeñas o grandes, revueltas, rebeliones y revoluciones (para no hablar de esos tremendos desbarajustes que causan las guerras de todo tipo de grupos mafiosos y de delincuencia organizada que ocasionalmente se desbordan en su poder e intereses hasta poner en vilo a la sociedad, el estado y los gobiernos), ese "espíritu de frustración" es un continuo emocional e histórico, al que, ni el más obcecado optimista, se atrevería a fijarle un final.
En esas condiciones, me atrevo a decir que, mítica, cultural, políticamente, etc., en Colombia somos como un nadie en la mitad de ninguna parte. Un pueblo resignado y frustrado, siempre a la espera y sin esperanza, sin tan siquiera mitologías de redención. Un pueblo de gentes resignadas a esperar que el día de mañana no sea peor que el de hoy: Macondo, Los Buendía, los Cien y más años de soledad, de los que dan cuenta literatura y poesía. En fin, casi un pueblo sin memoria...
... ¿La memoria colombiana? O, un revoltijo en el que todos quieren meter la mano para sus propios intereses. O, una peste de olvidos sucesivos que ni peste del olvido de Macondo.
O, sino, hágase sólo el análisis crítico de la historia de la literatura y la poesía colombiana, siempre frustrada en los escamoteos, ya por dos siglos, de la identidad mítica y cultural, en las incontables guerras civiles de pequeñas elites burguesas arribistas, emergentes, corruptas, mafiosas, delincuenciales, por pequeños y mezquinos intereses, en una lucha sin fin por tomarse el poder político y económico total, sin lograrlo nunca y arrasando de paso, anímica, física y culturalmente, al pueblo, al país, a la nación, al Estado y a cualquier posibilidad de esperanza.
Para mencionar sólo algunos ejemplos en esa historia y dejar abierta la lista, para que cada cual realice su propia lectura crítica, sugiero las obras de Rafael Pombo, Vargas Vila, José Asunción Silva, Tomás Carrasquilla, León de Greiff, Fernando González, Porfirio Barba Jacob, J. A. Osorio Lizarazo, César Uribe Piedrahita, Gabriel García Márquez, Héctor Rojas Erazo, Arturo Echeverri Mejía, Manuel Mejía Vallejo, Pedro Gómez Valderrama, Germán Espinosa, Fernando Vallejo, Tomás González, Efraim Medina Reyes...
Representan distintas épocas y frustraciones de la historia cultural colombiana. Son todos los que son, pero cada cual puede hacer su propia lista y lectura.
LA CENSURA
El más conocido instrumento del escamoteo cultural y propiamente literario, ha sido la aplicación de mecanismos de censura, que tanto en Colombia como en la Cuba de las dictaduras y la revolución de Fidel Castro, se ha aplicado en sus diferentes niveles, desde la marginación y aislamiento de escritores, poetas e intelectuales, hasta la represión total, encarcelamiento, destierro y hasta asesinato.
Pero existe un mecanismo de censura, que si bien existe en casi todas partes, en Colombia se destaca por su fastidiosa y cursi aplicación, y ese es el de las camarillas y "roscas", círculos de amigos privilegiados que se autoelogian y se autolegitiman para beneficiarse y aprovecharse de los recursos disponibles, tanto privados como estatales.
El ejemplo más grotesco es el del expresidente colombiano, Belisario Betancur Cuartas, que aprovechando su condición e influencias, se convirtió en dueño y dictador de las instituciones estatales dedicadas al fomento y apoyo de las actividades culturales y artísticas colombianas y, sólo aquellos de su camarilla y "rosca", disfrutan del tal fomento y apoyo. Suyo parece ser el Ministerio de la Cultura.
En fin, un cuento de nunca acabar.
La historia cultural colombiana, entre el "espíritu de frustración" y la resignación católica
- Lamentos al rededor de una reseña
- Sugerencias para una lectura de nuestro "espíritu de frustración"
- La censura y el comadreo cultural
Por Iván Rodrigo García Palacios
Título: Tumbas sin sosiego, revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano
Autor: Rafael Rojas
Editorial: Anagrama, Barcelona, (2006), 508 p.
Leyendo el libro del cubano Rafael Rojas, "Tumbas sin sosiego, revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano" (Anagrama, Barcelona, 2006), que analiza esa otra guerra, la de la memoria, en la que los cubanos -los del exilio, los de la isla y los de las nuevas generaciones que, tanto adentro como afuera, ya son otros cubanos- se disputan, a muerte, al igual que en lo político -o, ¿será que todo es política?-, el derecho a considerarse los legítimos herederos y dueños del imaginario de su identidad y de su historia. O, por el contrario, a sentir que el tal legado se ha perdido, usurpado y olvidado, en una historia de quinientos años de conquistas, expropiaciones, dictaduras y totalitarismos.
En este amplio trabajo, Rafael Rojas, analiza las relaciones del imaginario cubano, en los últimos ciento y pico de años, con la cultura, los intelectuales de las distintas épocas, el poder, la política, la religión, etc., para mirar el gran escenario en el cual se debaten las diversas representaciones del pueblo de la Cuba actual -al interior y al exterior-, y lo qué le espera en un cercano futuro.
Es un libro delicioso para aquellos LECTOR LUDI aficionados a conocer los entresijos de la historia y, mucho más, la de los pueblos cercanos, tan parecida, en tantas cosas, a la colombiana. O que, por lo menos, invite a pensar que la tragedia de los pueblos de América Latina se parece y relaciona en una espiral de vasos comunicantes de nunca acabar.
UN MURO DE LAMENTACIONES
Es en ese sentido que expreso mis lamentos sin cura ni remedio.
Plantea, Rafael Rojas, el "espíritu de frustración" que se ha ido asentando en la mente de los cubanos ante el fracaso de las revoluciones que han marcado la historia de Cuba desde el intento separatista de 1868, que en 1895 se mitifican en la figura de José Martí, la misma que ha sido usurpada por las revoluciones del siglo XX -republicanas, socialistas y comunistas-, que culminan en 1959, con el derrocamiento de Batista por parte de Fidel Castro y sus guerrilleros y que instaura su gobierno comunista, ahora ya en vísperas de no se sabe qué.
A ese "espíritu de frustración" se agrega, entre muchas otras cosas, la idea o ideología de la resignación católica impuesta por los españoles a todas las gentes del imperio desde su descubrimiento y conquista en 1492 y subvertida, a medias, por las luchas independentistas del siglo XIX. Ideología que nace con la formación de la iglesia católica en la Edad Media y se rompe con la Reforma, que separa religión y política, con la consecuencia de separar las visiones de la conformación y manejo del Estado y el gobierno, en los pueblos anglosajones, pero mantiene el estado de sumisión, a una y otra, en los pueblos dominados por poderes afectos al catolicismo bajo la hegemonía española.
En fin, una más entre las múltiples hipótesis propuestas para entender y explicar la naturaleza de las identidades míticas y culturales de los pueblos occidentales y tropicales en su comportamiento individual, social y político. Múltiples hipótesis que han incluido tan diversos elementos de explicación como la genética, la geografía, el clima, la geología, la economía, etc., y de las que podría decirse con Quevedo: "Todo depende del color del cristal con que se mire".
LA FRUSTRACIÓN COLOMBIANA
Independiente de lo anterior y aparte de las diferencias y las similitudes entre los cubanos y su historia con los colombianos y la suya, se me ocurre pensar, a través del modelo de Rafael Rojas, que si bien los casos son diferentes, el "espíritu de frustración" y resignación católica, pueden ser los mismos, con la diferencia histórica de que en Cuba las revoluciones han estado separadas por significativos períodos temporales, pero que para el caso colombiano se podría decir que, dada la sucesión ininterrumpida de frustradas, pequeñas o grandes, revueltas, rebeliones y revoluciones (para no hablar de esos tremendos desbarajustes que causan las guerras de todo tipo de grupos mafiosos y de delincuencia organizada que ocasionalmente se desbordan en su poder e intereses hasta poner en vilo a la sociedad, el estado y los gobiernos), ese "espíritu de frustración" es un continuo emocional e histórico, al que, ni el más obcecado optimista, se atrevería a fijarle un final.
En esas condiciones, me atrevo a decir que, mítica, cultural, políticamente, etc., en Colombia somos como un nadie en la mitad de ninguna parte. Un pueblo resignado y frustrado, siempre a la espera y sin esperanza, sin tan siquiera mitologías de redención. Un pueblo de gentes resignadas a esperar que el día de mañana no sea peor que el de hoy: Macondo, Los Buendía, los Cien y más años de soledad, de los que dan cuenta literatura y poesía. En fin, casi un pueblo sin memoria...
... ¿La memoria colombiana? O, un revoltijo en el que todos quieren meter la mano para sus propios intereses. O, una peste de olvidos sucesivos que ni peste del olvido de Macondo.
O, sino, hágase sólo el análisis crítico de la historia de la literatura y la poesía colombiana, siempre frustrada en los escamoteos, ya por dos siglos, de la identidad mítica y cultural, en las incontables guerras civiles de pequeñas elites burguesas arribistas, emergentes, corruptas, mafiosas, delincuenciales, por pequeños y mezquinos intereses, en una lucha sin fin por tomarse el poder político y económico total, sin lograrlo nunca y arrasando de paso, anímica, física y culturalmente, al pueblo, al país, a la nación, al Estado y a cualquier posibilidad de esperanza.
Para mencionar sólo algunos ejemplos en esa historia y dejar abierta la lista, para que cada cual realice su propia lectura crítica, sugiero las obras de Rafael Pombo, Vargas Vila, José Asunción Silva, Tomás Carrasquilla, León de Greiff, Fernando González, Porfirio Barba Jacob, J. A. Osorio Lizarazo, César Uribe Piedrahita, Gabriel García Márquez, Héctor Rojas Erazo, Arturo Echeverri Mejía, Manuel Mejía Vallejo, Pedro Gómez Valderrama, Germán Espinosa, Fernando Vallejo, Tomás González, Efraim Medina Reyes...
Representan distintas épocas y frustraciones de la historia cultural colombiana. Son todos los que son, pero cada cual puede hacer su propia lista y lectura.
LA CENSURA
El más conocido instrumento del escamoteo cultural y propiamente literario, ha sido la aplicación de mecanismos de censura, que tanto en Colombia como en la Cuba de las dictaduras y la revolución de Fidel Castro, se ha aplicado en sus diferentes niveles, desde la marginación y aislamiento de escritores, poetas e intelectuales, hasta la represión total, encarcelamiento, destierro y hasta asesinato.
Pero existe un mecanismo de censura, que si bien existe en casi todas partes, en Colombia se destaca por su fastidiosa y cursi aplicación, y ese es el de las camarillas y "roscas", círculos de amigos privilegiados que se autoelogian y se autolegitiman para beneficiarse y aprovecharse de los recursos disponibles, tanto privados como estatales.
El ejemplo más grotesco es el del expresidente colombiano, Belisario Betancur Cuartas, que aprovechando su condición e influencias, se convirtió en dueño y dictador de las instituciones estatales dedicadas al fomento y apoyo de las actividades culturales y artísticas colombianas y, sólo aquellos de su camarilla y "rosca", disfrutan del tal fomento y apoyo. Suyo parece ser el Ministerio de la Cultura.
En fin, un cuento de nunca acabar.
8 de octubre de 2006
LECTOR LUDI-37
La Solidaridad como Razón,
única defensa real
contra el miedo y la necesidad
- El universo es la constante cópula de materia y energía
- Como Razón, la Solidaridad es el primer conocimiento de lo real
- La Razón Solidaria: Conocerse, conocer al otro, conocer al mundo, e imaginar...
- Y, luego, unirlo todo para repartirlo, por igual, entre todos.
-Del paraíso perdido de la solidaridad, a la tierra prometida del poder
Por Iván Rodrigo García Palacios
UN PAR DE PARÁBOLAS
Dos hombres, en medio de ninguna parte y en estado de casi total de inanición, sólo tienen un pedazo de pan y un trago de agua.
Las probabilidades, en diferentes grados, son: o sólo uno come y bebe, o se reparten el magro alimento y bebida.
Hace setenta mil años la especie humana estuvo al borde de la extinción, sólo un pequeño grupo de dos o tres mil Homo Sapiens Sapiens, sobrevivientes de un gigantesco cataclismo, se refugiaron en los acantilados de una remota región del extremo sur de África y, cuando las condiciones fueron convenientes, empezaron a migrar hacia el norte, como Homo-Humanos (hombres modernos). La actual humanidad.
¿Cómo lograron sobrevivir? La única explicación humana, es que repartieron el magro alimento y se protegieron entre ellos, construyendo, con las capacidades y potencialidades recientemente adquiridas, una "burbuja" mental y emocional que los convocaba a alcanzar el propósito inevitable de sobrevivir y mejorar sus condiciones de sobrevivencia y reproducción, fines fundamentales para la vida.
Posteriormente, a estos fines fundamentales, se agregaron otros fines, creados por la mente y para complementar a los anteriores: la superación del dolor y el miedo; disfrutar el bienestar y el placer; vencer la muerte. En fin, la imaginación continúa siendo el límite.
La Solidaridad no es ni emoción, ni pasión, ni sentimiento, es una propiedad de la materia y de la energía que rompen la inercia para unirse y formar nuevos objetos. Cuando materia y energía se transforman en materia viva, en ser vivo, en organismo y, específicamente, en Homo-Humano, adquieren una nueva dimensión, una dinámica, que sólo la mente humana puede dirigir hacia la construcción o la destrucción. Razón, Voluntad y Acción, en armonía y conflicto.
Pero, así como las leyes de la Solidaridad, físicas, químicas, biológicas y, las que rigen lo humano, conducen a la unión que produce un orden, igualmente, es propiedad de la materia y de la energía el que se separe esa unidad y se produzca una ruptura del orden. Esas son las leyes de lo que llamo el Egoísmo, el que se rige por las leyes contrarias a las de la Solidaridad y que, en su actuar, conducen de regreso la materia a la materia y la energía a la energía.
Como todo en el universo, construir y destruir es la constante y, en los intermedios del tiempo y el espacio, la existencia de los seres y de los objetos, en el juego de la cópula constante e inconmensurable de materia y energía.
La condición humana no es ajena a estas leyes, sólo que el Homo-Humano tiene el poder de intervenir y alterar aquellas condiciones para su beneficio o su perjuicio y, fue así, como en el devenir histórico, se encargó de que se fuera disolviendo aquella Solidaridad primigenia de los humanos, la sustancia primordial de aquel vínculo original, para irla remplazando, ya no por la unión voluntaria, sino por la reunión obligada, por la imposición, por la fuerza, por el poder. Y, el Ser Humanos, dejó de ser humanidad, para convertirse en multitud de humanos solitarios.
SOLIDARIDAD BIOLÓGICA
La Solidaridad, como una cualidad primordial de la materia y la energía orgánica, se despliega en la historia de la humanidad en el momento de la unión de las dos primeras partículas vivas y, a partir de entonces, la vida en la tierra ha evolucionado por esa unión solidaria, hasta alcanzar, con el cerebro, la máxima complejidad, conocida hasta el momento.
Pero, una es la solidaridad de la materia y la energía inertes u orgánicas, regida exclusivamente por las leyes biológicas, físicas y químicas y, otra es la Solidaridad consciente del cerebro que, a esas leyes primordiales, agrega otras leyes, las leyes de la especie, a las que ya puede controlar y modificar.
Es necesario que las especies con cerebro posean conciencia. Conciencia mínima de solidaridad de especie que, a medida que el cerebro se hace más complejo, expande su grado de complejidad, la misma complejidad variable de la solidaridad que se puede observar en todas y cada una de las especies animales y que, en el Homo-Humano, llega hasta las fronteras más lejanas: la imaginación y la metafísica.
Y, es aquí, donde la Solidaridad, más que un conocer, es un reconocer y reconocerse en los Otros. Reconocer que se es parte de un todo en el que cada cual es diferente pero que en su totalidad conforman un Uno, "El Todo es Uno", que dijera el viejo Jenófanes. Un Uno en el que cada individuo realiza su destino, el de la especie y el de las comunidades que conforma.
Células que forman órganos, órganos que conforman un cuerpo, cuerpos que engendran cuerpos; mí cuerpo y mí mente, que ya no están solos y atemorizados.
Porque la Solidaridad es, biológica y mentalmente, unión contra el miedo y la necesidad.
Porque, para vencer el miedo y la necesidad, es necesario ser solidarios, en principio, sólo solidarios.
Porque a la Solidaridad se la ha confundido o atado con otras pasiones, sentimientos e intereses de humanidad: la compasión, la piedad, la caridad, el altruismo, en fin, que, sin ser necesarias para los fines de la Solidaridad, la adornan y extienden su sentido más allá, a regiones donde la razón no alcanza, pero en las cuales, el Ser Humanos, se manifiesta como la realidad existente, total, que la razón no puede ni describir ni explicar. Ese momento, en cualquier parte del tiempo de la historia de la humanidad, en que dos humanos se reconocen y deciden que se necesitan, incondicionalmente, para ser y sobrevivir.
O, mejor, hasta el punto que aquellos dos hombres decidan conscientemente, repartir o no, el pan y el agua... sólo porque saben que se necesitan, el uno al otro, para Ser Humanos. Y, en ese instante, suspenden los cauces de la historia y subvierten las leyes de las religiones, los poderes, las ideologías y nace otra historia y otra humanidad. Y, para ello, la Razón no posee razones.
Porque la Ley de la Solidaridad, concreta y real como ella, es enfrentarse a la Ley del Egoísmo y, por el imperativo de sobrevivir, compartiendo miedo y necesidad, neutralizarlo. Es ese egoísmo, igualmente, biológico, regido por sus leyes e incluido en la mente con las mismas condiciones, es decir que, igualmente, se relaciona y confunde con las pasiones y los sentimientos negativos.
Y, he dicho repartir y no compartir. Sobrevivir es una necesidad imperante que necesita imperantemente de la Solidaridad, así y todo, la condición humana combina la necesidad con la sensibilidad...
... Y, aquí empieza el territorio de las emociones, las pasiones, los sentimientos, en fin, aquellos lugares misteriosos a la razón, pero sustanciales al sentido de la vida y el existir.
DEL PARAÍSO PERDIDO...
En la historia de la Solidaridad puede pensarse que existió un punto de quiebre en el cual se definió y categorizó su ejercicio: el momento de la expulsión del paraíso.
De la antigua Solidaridad Ideal que sólo repartía el pan y el agua y apaciguaba el miedo y la necesidad, se pasó a establecer distintos tipos de congregación: por conveniencia o por jerarquía o por la fuerza.
La Solidaridad es la decisión voluntaria y espontánea de unir fortalezas y debilidades para así enfrentar al miedo y la necesidad. Es la "Ley de la Madre", que reparte por igual y porque sí. La solidaridad, une.
Por su parte, la congregación, que si bien puede tener un origen solidario, se mantiene unida por el compromiso, la obligación, la ideología, impuestos por la fuerza y la violencia. Esa es la "Ley del Padre", que comparte -no que reparte- por las normas de la justicia que ella misma ha dictado. La congregación, reúne.
Es ese instante, el de la imposición de la "Ley del Padre", en el cual el humano se queda sólo, esa soledad de uno en medio de la multitud. Ha perdido el paraíso de la Solidaridad, ese territorio de la nostalgia que da origen a lo sagrado y, al cual y desde su expulsión, el Homo-Humano busca, "casi" que inútilmente, regresar por toda clase de caminos y senderos: el sometimiento y adoración a dioses y héroes; el dominio de la vida y la materia; la imaginación de supra o inframundos; la soberbia de considerarse dios o demonio o, al menos, ángel.
Todo inútil, la puerta del paraíso se cerró indefinidamente en el momento en que se consideró que, a pesar de saber que, siendo hijos de una misma madre, unos son superiores a otros y que estos otros son de libre disposición y utilización, herramientas creadas por la mente para enfrentar el miedo y la necesidad de uno en perjuicio del otro.
... A LA TIERRA PROMETIDA
Pero, así como la "Ley de la Madre" se fundaba sobre el paraíso, real y concreto, de la Solidaridad, la "Ley del Padre" debió sustituirlo, en el imaginario, no por una realidad concreta, que no podía efectivamente ofrecer, si no por una promesa, imposible de cumplir, suficiente para congregar y esclavizar: el mito de la tierra prometida. Un mito que sustituye a otro, instrumentalizándolo tal cual como el original.
Una tierra prometida que escamoteaba aquella Solidaridad, capaz de enfrentar el miedo y la necesidad con el poder de la unión de fortalezas y debilidades del "uno para todos y todos para uno", para remplazarla por espejismos de poder jerarquizado de castas, de guerreros y de sacerdotes. Los primeros con sus ideologías, los segundos, con sus patriotismos y, los terceros, con sus cielos e infiernos. Y, todos ellos reunidos, al costo del dolor y la penuria de los ingenuos y de los inocentes.
La tierra prometida, un lugar sin lugar en el cual el miedo y la necesidad han sido trasladados del mundo exterior al interior de las frágiles mentes humanas, como instrumentos de dominación y explotación.
Desde aquel entonces, el Homo-Humano es un nómada, un exiliado del paraíso que se siente extraño en todo lugar y en todo tiempo desde el instante mismo en que es expulsado de las entrañas de la madre y es condenado a buscar una tierra prometida que no existe mas que en el deseo de su imaginación, pero que por alcanzarla y conquistarla ha masacrado y ha sido masacrado por miles de años.
-------------
(*) "Luego ningunos cuerpos se aniquilan:
Pues la naturaleza los rehace,
Y con la muerte de unos otros engendra".
La Solidaridad como Razón,
única defensa real
contra el miedo y la necesidad
- El universo es la constante cópula de materia y energía
- Como Razón, la Solidaridad es el primer conocimiento de lo real
- La Razón Solidaria: Conocerse, conocer al otro, conocer al mundo, e imaginar...
- Y, luego, unirlo todo para repartirlo, por igual, entre todos.
-Del paraíso perdido de la solidaridad, a la tierra prometida del poder
Por Iván Rodrigo García Palacios
"Alid ex alio reficit natura, nec ullam
Rem gigni patitur, nisi morte adiunta aliena"
Lucrecio, I, 264,265 (*)
Rem gigni patitur, nisi morte adiunta aliena"
Lucrecio, I, 264,265 (*)
UN PAR DE PARÁBOLAS
Dos hombres, en medio de ninguna parte y en estado de casi total de inanición, sólo tienen un pedazo de pan y un trago de agua.
Las probabilidades, en diferentes grados, son: o sólo uno come y bebe, o se reparten el magro alimento y bebida.
Hace setenta mil años la especie humana estuvo al borde de la extinción, sólo un pequeño grupo de dos o tres mil Homo Sapiens Sapiens, sobrevivientes de un gigantesco cataclismo, se refugiaron en los acantilados de una remota región del extremo sur de África y, cuando las condiciones fueron convenientes, empezaron a migrar hacia el norte, como Homo-Humanos (hombres modernos). La actual humanidad.
¿Cómo lograron sobrevivir? La única explicación humana, es que repartieron el magro alimento y se protegieron entre ellos, construyendo, con las capacidades y potencialidades recientemente adquiridas, una "burbuja" mental y emocional que los convocaba a alcanzar el propósito inevitable de sobrevivir y mejorar sus condiciones de sobrevivencia y reproducción, fines fundamentales para la vida.
Posteriormente, a estos fines fundamentales, se agregaron otros fines, creados por la mente y para complementar a los anteriores: la superación del dolor y el miedo; disfrutar el bienestar y el placer; vencer la muerte. En fin, la imaginación continúa siendo el límite.
La Solidaridad no es ni emoción, ni pasión, ni sentimiento, es una propiedad de la materia y de la energía que rompen la inercia para unirse y formar nuevos objetos. Cuando materia y energía se transforman en materia viva, en ser vivo, en organismo y, específicamente, en Homo-Humano, adquieren una nueva dimensión, una dinámica, que sólo la mente humana puede dirigir hacia la construcción o la destrucción. Razón, Voluntad y Acción, en armonía y conflicto.
Pero, así como las leyes de la Solidaridad, físicas, químicas, biológicas y, las que rigen lo humano, conducen a la unión que produce un orden, igualmente, es propiedad de la materia y de la energía el que se separe esa unidad y se produzca una ruptura del orden. Esas son las leyes de lo que llamo el Egoísmo, el que se rige por las leyes contrarias a las de la Solidaridad y que, en su actuar, conducen de regreso la materia a la materia y la energía a la energía.
Como todo en el universo, construir y destruir es la constante y, en los intermedios del tiempo y el espacio, la existencia de los seres y de los objetos, en el juego de la cópula constante e inconmensurable de materia y energía.
La condición humana no es ajena a estas leyes, sólo que el Homo-Humano tiene el poder de intervenir y alterar aquellas condiciones para su beneficio o su perjuicio y, fue así, como en el devenir histórico, se encargó de que se fuera disolviendo aquella Solidaridad primigenia de los humanos, la sustancia primordial de aquel vínculo original, para irla remplazando, ya no por la unión voluntaria, sino por la reunión obligada, por la imposición, por la fuerza, por el poder. Y, el Ser Humanos, dejó de ser humanidad, para convertirse en multitud de humanos solitarios.
SOLIDARIDAD BIOLÓGICA
La Solidaridad, como una cualidad primordial de la materia y la energía orgánica, se despliega en la historia de la humanidad en el momento de la unión de las dos primeras partículas vivas y, a partir de entonces, la vida en la tierra ha evolucionado por esa unión solidaria, hasta alcanzar, con el cerebro, la máxima complejidad, conocida hasta el momento.
Pero, una es la solidaridad de la materia y la energía inertes u orgánicas, regida exclusivamente por las leyes biológicas, físicas y químicas y, otra es la Solidaridad consciente del cerebro que, a esas leyes primordiales, agrega otras leyes, las leyes de la especie, a las que ya puede controlar y modificar.
Es necesario que las especies con cerebro posean conciencia. Conciencia mínima de solidaridad de especie que, a medida que el cerebro se hace más complejo, expande su grado de complejidad, la misma complejidad variable de la solidaridad que se puede observar en todas y cada una de las especies animales y que, en el Homo-Humano, llega hasta las fronteras más lejanas: la imaginación y la metafísica.
Y, es aquí, donde la Solidaridad, más que un conocer, es un reconocer y reconocerse en los Otros. Reconocer que se es parte de un todo en el que cada cual es diferente pero que en su totalidad conforman un Uno, "El Todo es Uno", que dijera el viejo Jenófanes. Un Uno en el que cada individuo realiza su destino, el de la especie y el de las comunidades que conforma.
Células que forman órganos, órganos que conforman un cuerpo, cuerpos que engendran cuerpos; mí cuerpo y mí mente, que ya no están solos y atemorizados.
Porque la Solidaridad es, biológica y mentalmente, unión contra el miedo y la necesidad.
Porque, para vencer el miedo y la necesidad, es necesario ser solidarios, en principio, sólo solidarios.
Porque a la Solidaridad se la ha confundido o atado con otras pasiones, sentimientos e intereses de humanidad: la compasión, la piedad, la caridad, el altruismo, en fin, que, sin ser necesarias para los fines de la Solidaridad, la adornan y extienden su sentido más allá, a regiones donde la razón no alcanza, pero en las cuales, el Ser Humanos, se manifiesta como la realidad existente, total, que la razón no puede ni describir ni explicar. Ese momento, en cualquier parte del tiempo de la historia de la humanidad, en que dos humanos se reconocen y deciden que se necesitan, incondicionalmente, para ser y sobrevivir.
O, mejor, hasta el punto que aquellos dos hombres decidan conscientemente, repartir o no, el pan y el agua... sólo porque saben que se necesitan, el uno al otro, para Ser Humanos. Y, en ese instante, suspenden los cauces de la historia y subvierten las leyes de las religiones, los poderes, las ideologías y nace otra historia y otra humanidad. Y, para ello, la Razón no posee razones.
Porque la Ley de la Solidaridad, concreta y real como ella, es enfrentarse a la Ley del Egoísmo y, por el imperativo de sobrevivir, compartiendo miedo y necesidad, neutralizarlo. Es ese egoísmo, igualmente, biológico, regido por sus leyes e incluido en la mente con las mismas condiciones, es decir que, igualmente, se relaciona y confunde con las pasiones y los sentimientos negativos.
Y, he dicho repartir y no compartir. Sobrevivir es una necesidad imperante que necesita imperantemente de la Solidaridad, así y todo, la condición humana combina la necesidad con la sensibilidad...
... Y, aquí empieza el territorio de las emociones, las pasiones, los sentimientos, en fin, aquellos lugares misteriosos a la razón, pero sustanciales al sentido de la vida y el existir.
DEL PARAÍSO PERDIDO...
En la historia de la Solidaridad puede pensarse que existió un punto de quiebre en el cual se definió y categorizó su ejercicio: el momento de la expulsión del paraíso.
De la antigua Solidaridad Ideal que sólo repartía el pan y el agua y apaciguaba el miedo y la necesidad, se pasó a establecer distintos tipos de congregación: por conveniencia o por jerarquía o por la fuerza.
La Solidaridad es la decisión voluntaria y espontánea de unir fortalezas y debilidades para así enfrentar al miedo y la necesidad. Es la "Ley de la Madre", que reparte por igual y porque sí. La solidaridad, une.
Por su parte, la congregación, que si bien puede tener un origen solidario, se mantiene unida por el compromiso, la obligación, la ideología, impuestos por la fuerza y la violencia. Esa es la "Ley del Padre", que comparte -no que reparte- por las normas de la justicia que ella misma ha dictado. La congregación, reúne.
Es ese instante, el de la imposición de la "Ley del Padre", en el cual el humano se queda sólo, esa soledad de uno en medio de la multitud. Ha perdido el paraíso de la Solidaridad, ese territorio de la nostalgia que da origen a lo sagrado y, al cual y desde su expulsión, el Homo-Humano busca, "casi" que inútilmente, regresar por toda clase de caminos y senderos: el sometimiento y adoración a dioses y héroes; el dominio de la vida y la materia; la imaginación de supra o inframundos; la soberbia de considerarse dios o demonio o, al menos, ángel.
Todo inútil, la puerta del paraíso se cerró indefinidamente en el momento en que se consideró que, a pesar de saber que, siendo hijos de una misma madre, unos son superiores a otros y que estos otros son de libre disposición y utilización, herramientas creadas por la mente para enfrentar el miedo y la necesidad de uno en perjuicio del otro.
... A LA TIERRA PROMETIDA
Pero, así como la "Ley de la Madre" se fundaba sobre el paraíso, real y concreto, de la Solidaridad, la "Ley del Padre" debió sustituirlo, en el imaginario, no por una realidad concreta, que no podía efectivamente ofrecer, si no por una promesa, imposible de cumplir, suficiente para congregar y esclavizar: el mito de la tierra prometida. Un mito que sustituye a otro, instrumentalizándolo tal cual como el original.
Una tierra prometida que escamoteaba aquella Solidaridad, capaz de enfrentar el miedo y la necesidad con el poder de la unión de fortalezas y debilidades del "uno para todos y todos para uno", para remplazarla por espejismos de poder jerarquizado de castas, de guerreros y de sacerdotes. Los primeros con sus ideologías, los segundos, con sus patriotismos y, los terceros, con sus cielos e infiernos. Y, todos ellos reunidos, al costo del dolor y la penuria de los ingenuos y de los inocentes.
La tierra prometida, un lugar sin lugar en el cual el miedo y la necesidad han sido trasladados del mundo exterior al interior de las frágiles mentes humanas, como instrumentos de dominación y explotación.
Desde aquel entonces, el Homo-Humano es un nómada, un exiliado del paraíso que se siente extraño en todo lugar y en todo tiempo desde el instante mismo en que es expulsado de las entrañas de la madre y es condenado a buscar una tierra prometida que no existe mas que en el deseo de su imaginación, pero que por alcanzarla y conquistarla ha masacrado y ha sido masacrado por miles de años.
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(*) "Luego ningunos cuerpos se aniquilan:
Pues la naturaleza los rehace,
Y con la muerte de unos otros engendra".
4 de octubre de 2006
CUADERNO DE CITAS-18
María Zambrano: la razón poética, la razón profética
- Las mujeres y la filosofía
Por Iván Rodrigo García Palacios
Resulta curioso, por no decir extraño, que en la historia de la filosofía se reconozca a tan pocas mujeres como filósofas. No sé si es que no existieron otras, o que a sus obras no se les otorgó tal consideración o, es que esas disciplinas son más un territorio para la exploración de la mente masculina y que estas pocas mujeres, todas ellas en los últimos cien años, son excepciones:
- Edith Stein o Santa Teresa Benedicta de la Cruz (1891-1942), filósofa y teóloga alemana.
- Hannah Arendt (1906-1975), politóloga alemana, nacionalizada estadounidense, reputada por sus obras sobre el totalitarismo y el mundo judío.
- Simone Weil (1909-1943), filósofa francesa, mística y activista política.
- María Zambrano (1907-1991), filósofa española.
No sé si el que tres de ellas se interesaran por la mística pueda tener algún significado, o sea mera coincidencia. Lo cierto es que entre los hombres filósofos, el interés por la mística es diferente.
Igualmente y sobre este asunto de la mística, recomiendo leer, más adelante, la TRIGESIMA CITA que les incluyo, al mismo tiempo que los invito a preguntarse, como lo hago yo, sobre el sentido y comparación que pueden existir entre "la nada" de la que habla María Zambrano, y "la Nada" de la que habla Fernando González, en el "Libro de los viajes o de las presencias".
Asuntos para pensar.
LECTURA EN PROGRESO
Explorando esa curiosidad de la historia de la filosofía, ahora retorno a María Zambrano, con quien, hace algunos años me había emocionado con su obra: "La confesión: género literario", escrita en 1943 y reeditada por Siruela en 1995.
Después de este primer encuentro, me topé con: "Claves de la razón poética. María Zambrano, un pensamiento en el orden del tiempo", volumen de Editorial Trotta, coordinado por Carmen Revilla, publicado en 1998, que leí "al vuelo", en su momento, pero que dejé para "mejores tiempos"... que ya están aquí y...
... Ahora, interesado por esos temas que tocan los misterios de la mente, me estoy entusiasmando con las reflexiones, pero mucho más, con la escritura de esta mujer filósofa, a quienes sus exégetas atribuyen una "razón poética" y, a lo que yo agrego, también, una "razón profética", como se podrá "sentir" leyendo sus textos de reflexión política.
Así que estoy en la lectura de:
- "La razón en la sombra -antología crítica- de María Zambrano", edición de Jesús Moreno Sanz, Siruela, 2004.
- Así como de dos de sus obras más populares:
- "Filosofía y poesía", escrito en México entre 1939-40, publicado en la colección de los setenta años del Fondo de Cultura Económica, 2005.
"El hombre y lo divino", escrito en 1955 y complementado en 1973, recientemente publicado por Fondo de Cultura Económica, 2002.
BÚSQUEDA INFRUCTUOSA
Pero, como soy un maniático lector y buscador de literatura, ando medio desesperado tratando de encontrar una novela autobiográfica de María Zambrano, titulada: "Delirio y destino", escrita a comienzos de los años cincuenta y sólo publicada, por deseo de ella, en 1989, por Mondadori y de la que no parece existir reedición, ni por otras editoriales.
Si alguno sabe de algún ejemplar, me gustaría que me lo informara. Gracias.
UNA CRÍTICA
Sin embargo y a pesar de la bella forma de exponer sus ideas y pensamientos, me sorprendieron sus afirmaciones sobre el ser y el papel de la mujer, en especial su comentario sobre mi muy admirada Lou Andreas Salome y el supuesto papel que ella debió realizar en las vidas de Nietzsche y Rilke, consignados en "Hacia un saber sobre el alma", Alianza, 1987, pp. 157-158.
Yo, por mi parte, ya lo escribí "hace tiempos", en el Dominical de El Colombiano. Sí, Lou Andreas Salome, no hubiese rechazado las pretensiones amorosas de Nietzsche, él no hubiera escrito su poético-filosófico lamento despechado: "Así habló Zaratustra" o, por lo menos, no el Zaratustra que es.
Y, en cuanto a Rilke. Sí, en lugar de amarlo como lo amó, Lou Andreas Salome hubiera accedido a psicoanalizarlo, como él se lo suplicó, quizás, las "Elegías de Duino" y los "Sonetos a Orfeo", terminados de escribir en 1923, tras cerca de diez años de maduración, repito, quizás, y quien pudiera decirlo, no hubieran sido, o sido lo que son.
En fin, como para imaginar que la literatura y los grandes literatos, su vida y sus obras, son un gran misterio con el cual viajar al reino del juego y de la ensoñación.
Al asunto. Mientras organizo algunos temas, inspirados por los textos y la escritura de María Zambrano, adelanto algunas citas que espero les llamen la atención:
PRIMERA CITA
"Hay que dormirse arriba en la luz.
Hay que estar despierto abajo en la oscuridad intraterrestre, intracorporal de los diversos cuerpos que el hombre terrestre habita: el de la tierra, el del Universo, el suyo propio.
Allá en los "profundos", en los ínferos el corazón vela, se desvela, se reenciende en sí mismo.
Arriba, en la luz, el corazón se abandona, se entrega. Se recoge. Se duerme al fin ya sin pena. En la luz que acoge donde no se padece violencia alguna, pues que se ha llegado allí, a esa luz, sin forzar ninguna puerta y aún sin abrirla, sin haber atravesado dinteles de luz y de sombra, sin esfuerzo y sin protección".
María Zambrano, Claros del bosque, parte III, "Pasos"
SEGUNDA CITA
"La crisis de Occidente" ya no ha lugar apenas. No hay crisis, lo que hay más que nunca es orfandad. Oscuros dioses han tomado el lugar de la luminosa claridad, aquella que se presentaba ofreciendo a la historia, al mundo, como el cumplimiento, el término de la historia sacrificial. Hoy no se ve ya el sacrificio: la historia se nos ha tornado en un lugar donde cualquiera acontecimiento puede tener lugar con la misma vigencia y los mismos derechos que un Dios absoluto que no permite la más leve discusión. Todo está salvado y al par vemos que todo está destruido o en vísperas de destruirse. Es mi sentir [...]. Aquello, aquel monstruo, no podía volver a suceder cumplido el sacrificio, mientras hoy vemos que sí, que es así, que no puede volver a suceder porque hoy se extiende como una llanura donde ni nostalgia ni esperanza pueden aparecer. Algo se ha ido para siempre, ahora es cuestión de volver a nacer, de que nazca de nuevo el hombre en Occidente [...] que el espíritu creador aparezca inverosímilmente a su modo y porque sí".
María Zambrano, Persona y democracia, Anthropos, Barcelona, 1992, pp. 7-8
TERCERA CITA
"Pues solamente se es de verdad libre cuando no se pesa sobre nadie; cuando no se humilla a nadie, incluido a sí mismo. La condición humana es tal que basta humillar, desconocer o hacer padecer a un hombre -uno mismo o el prójimo- para que el hombre todo sufra. En cada hombre están todos los hombres".
María Zambrano, Persona y democracia, Anthropos, Barcelona, 1992
CUARTA CITA
"Hay una cáscara en el fascismo, hay un nudo estrangulado en el alma del fascista que le cierra a la vida. Es la misma que veíamos en el idealismo europeo hacia la realidad, es la misma cerrazón que desde el romanticismo se ha ido agravando hasta llegar al tedio y a la incapacidad de experiencia".
María Zambrano, Los intelectuales en el drama de España y escritos de la guerra civil, Trotta, 1998, p. 95
QUINTA CITA
"Parece propio del hombre el tener que mirarse en alguien o en algo. Y apenas hay gesto, acción o palabra humana que no vaya acompañada por la intención de ser vista y recogida por algún espejo. Y aún en soledad sentimos el anhelo y el temor de ser vistos y recogidos por alguien, o por alguien rechazados".
María Zambrano, "El espejo de la historia", Anthropos 70-71, 1987, p. 103
SEXTA CITA
"Pensar no es sólo captar los objetos, las realidades que están frente "al sujeto" y a distancia. El pensar tiene un movimiento interno que se verifica dentro del propio sujeto, por así decir. Si el pensar no barre la casa por dentro, no es pensar".
María Zambrano, "Delirio y destino", Mondadori, 1989, p. 82
SÉPTIMA CITA
"El hombre crea objetivamente, es decir, va más allá de la expresión, va más allá de su propio particular sentir, y por ello se salva, porque, en cierto modo, se anula a fuerza de violencia, de afirmar una forma trascendente. La creación tiene el poder de absorber el movimiento de donde parte; como toda flor hace invisible a la raíz. Hasta tal punto que constituye el modo más perfecto de liberación y de salida de los conflictos interiores. Es lo que hace el hombre: universaliza sus situaciones, las lanza de sí mismo haciéndolas impersonales, por muy personales que parezcan ser. Es lo propio de lo que se ha nombrado "espíritu".
María Zambrano, "La mujer en la cultura", Ultra 46, 1940, p. 367
OCTAVA CITA
"¿Se atreve el hombre de hoy a pedir razones a la historia? Aunque ella sea su ídolo, hacerlo lleva consigo pedirse razones a sí mismo. Confesarse, hacer memoria para liberarse [...]. Y puesto que ha caído bajo el poder de una historia hecha ídolo, quizás haya de recobrarse adentrándose en ella sin temor [...] volver la vista atrás, revivir el pasado a ver si sorprende el instante en el que se rompió su dicha. El que no sabe lo que pasa, hace memoria para salvar la interrupción de su cuento, pues no es enteramente desdichado el que puede contarse a sí mismo su propia historia".
María Zambrano, "El hombre y lo divino", Siruela, 1991, pp. 24-25
NOVENA CITA
"Y al salirse de ese mar, de ese río, solo entre cielo y tierra, hay que recogerse a sí mismo y cargar con el propio peso; hay que juntar toda la vida pasada que se vuelve presente y sostenerla en vilo para que no se arrastre. No hay que arrastrar el pasado, ni el ahora; el día que acaba de pasar hay que llevarlo hacia arriba, juntarlo con todos los demás, sostenerlo. Hay que subir siempre. Eso es el destierro, una cuesta aunque sea el desierto. Esa cuesta que sube siempre y, por ancho que sea el espacio a la vista, es siempre estrecha. Y hay que mirar, claro, a todas partes, atender a todo como un centinela en el último confín de la tierra conocida. Pero hay que tener el corazón en lo alto, hay que izarlo para que no se hunda, para que no se nos vaya. Y para no ir uno, uno mismo haciéndose pedazos".
María Zambrano, "La tumba de Antígona", en Senderos, Anthropos, 1986, p. 260
DÉCIMA CITA
"Persona es lo que ha sobrevivido a la destrucción de todo en su vida y aún deja entrever que, de su propia vida, un sentido superior a los hechos les hace cobrar significación y conformarse en una imagen, la afirmación de una libertad imperecedera a través de la imposición de las circunstancias, en la cárcel de las situaciones [porque la libertad verdadera es] el rescatar la esperanza de la fatalidad".
María Zambrano, "El hombre y lo divino", Siruela, 1991, p. 234
UNDÉCIMA CITA
"Los horrores y padecimientos de los que está infectada la historia humana se justifican, en última instancia, porque a través de los cambios históricos el ser humano se desentraña, sale a la luz; es decir, que el hombre va naciendo en la historia, en lugar de haber nacido de una vez por todas".
María Zambrano, "Para una historia de la piedad", Lyceum 17, 1949, p. 8
DUODÉCIMA CITA
"Mas sucede que en la figura del hombre escondida en la Esfinge hay, sí, un condenado; hay también un desconocido. El condenado es el que padeció tan largo trecho; el desconocido es el que clama por ser, lo porvenir. Pasado y porvenir se unen en este enigma. No podría suceder de otro modo, dado que el hombre se encuentra siempre así: viniendo de un pasado hacia un porvenir. Y a las condenaciones y errores del pasado sólo da remedio el porvenir, si se hace que ese provenir no sea repetición, reiteración del pasado, si se hace que sea de verdad porvenir. algo un tanto inédito más necesario; algo nuevo que se desprende de todo lo habido. Historia verdadera, que sólo desde la conciencia -a través de la perplejidad y de la confusión- puede nacer".
María Zambrano, "La conciencia histórica: el tiempo", en "María Zambrano, Antología", Anthropos Suplemento, 1987, pp. 105-106
TRIGESIMA CITA
"La resistencia al ser propio del hombre es la nada, y la nada es Dios, lleva a él; dejarse caer, hundirse en la nada es hundirse en el fondo secreto de lo divino. El demonio no acecha ya por la nada, sino por el ser; el ser es la tentación. Y así el infierno queda también apaciguado, anulado. Al aceptar la nada, el infierno se anula, carece de entidad; el abandono absoluto, la absoluta entrega de las pretensiones de ser propias del hombre [...]. Dios no es la fuente de una promesa, ni la amenaza de condenación: es el todo sin fronteras que incluye la nada; la nada del alma, por el amor [...]. La nada es lo irreductible que encuentra la libertad humana cuando pretende ser absoluta. Y la pretensión de algo absoluto puede dejar caer su absoluto sobre aquello que le resiste, verificándose así una conversión entre lo absoluto del ser y del no-ser. Quien pretende ser absolutamente acaba sintiéndose nada dentro de una resistencia sin fronteras. Es lo sagrado que reaparece en su máxima resistencia".
María Zambrano, "El hombre y lo divino", Siruela, 1992, pp. 166-174
CATORCEAVA CITA
"Conciencia y memoria: continuidad. Y esperanza. Y ha sido en la poesía como se ha mostrado, porque demasiado profunda y tímida, demasiado reservada, demasiado sin asidero razonable, apenas nadie le hubiese dado crédito. El pensamiento necesita razones más positivas, es decir, más hechas para acoger a algo dentro de sí, mientras que la poesía tiene por vocación acudir a cantar lo que nace y lo que nace sobre todo, en contradicción y a despecho de lo que le rodea. La poesía exige menos y ofrece más que el pensamiento; su esencia es su propia generosidad".
María Zambrano, "Pensamiento y Poesía en la Vida Española", conferencia pronunciada en México
DECIMOQUINTA CITA
"Orfeo es poeta más que por lo que pudo al fin decir, si dijo algo, por su acción. Acción poética, tan distinta a la decisión filosófica, que se desata en delirio; el delirio, principio de la poesía, el llanto y el gemido, principio de la música".
María Zambrano, El hombre y lo divino, Siruela, 1992, p.102
DECIMOSEXTA CITA
"La suerte de la razón del vencido es convertirse en semilla que germina en la tierra del vencedor. La semilla, toda semilla, ¿no está vencida cuando es enterrada?, y cuando revive de entre los muertos, donde se la arrojó, es porque se ha vencido enteramente a sí misma"
María Zambrano, El hombre y lo divino, Siruela, 1992, p.86
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... En fin, como rendida admiradora que fue María Zambrano de Antonio Machado, digo aquí con él: "Caminante, no hay camino..."
María Zambrano: la razón poética, la razón profética
- Las mujeres y la filosofía
Por Iván Rodrigo García Palacios
Resulta curioso, por no decir extraño, que en la historia de la filosofía se reconozca a tan pocas mujeres como filósofas. No sé si es que no existieron otras, o que a sus obras no se les otorgó tal consideración o, es que esas disciplinas son más un territorio para la exploración de la mente masculina y que estas pocas mujeres, todas ellas en los últimos cien años, son excepciones:
- Edith Stein o Santa Teresa Benedicta de la Cruz (1891-1942), filósofa y teóloga alemana.
- Hannah Arendt (1906-1975), politóloga alemana, nacionalizada estadounidense, reputada por sus obras sobre el totalitarismo y el mundo judío.
- Simone Weil (1909-1943), filósofa francesa, mística y activista política.
- María Zambrano (1907-1991), filósofa española.
No sé si el que tres de ellas se interesaran por la mística pueda tener algún significado, o sea mera coincidencia. Lo cierto es que entre los hombres filósofos, el interés por la mística es diferente.
Igualmente y sobre este asunto de la mística, recomiendo leer, más adelante, la TRIGESIMA CITA que les incluyo, al mismo tiempo que los invito a preguntarse, como lo hago yo, sobre el sentido y comparación que pueden existir entre "la nada" de la que habla María Zambrano, y "la Nada" de la que habla Fernando González, en el "Libro de los viajes o de las presencias".
Asuntos para pensar.
LECTURA EN PROGRESO
Explorando esa curiosidad de la historia de la filosofía, ahora retorno a María Zambrano, con quien, hace algunos años me había emocionado con su obra: "La confesión: género literario", escrita en 1943 y reeditada por Siruela en 1995.
Después de este primer encuentro, me topé con: "Claves de la razón poética. María Zambrano, un pensamiento en el orden del tiempo", volumen de Editorial Trotta, coordinado por Carmen Revilla, publicado en 1998, que leí "al vuelo", en su momento, pero que dejé para "mejores tiempos"... que ya están aquí y...
... Ahora, interesado por esos temas que tocan los misterios de la mente, me estoy entusiasmando con las reflexiones, pero mucho más, con la escritura de esta mujer filósofa, a quienes sus exégetas atribuyen una "razón poética" y, a lo que yo agrego, también, una "razón profética", como se podrá "sentir" leyendo sus textos de reflexión política.
Así que estoy en la lectura de:
- "La razón en la sombra -antología crítica- de María Zambrano", edición de Jesús Moreno Sanz, Siruela, 2004.
- Así como de dos de sus obras más populares:
- "Filosofía y poesía", escrito en México entre 1939-40, publicado en la colección de los setenta años del Fondo de Cultura Económica, 2005.
"El hombre y lo divino", escrito en 1955 y complementado en 1973, recientemente publicado por Fondo de Cultura Económica, 2002.
BÚSQUEDA INFRUCTUOSA
Pero, como soy un maniático lector y buscador de literatura, ando medio desesperado tratando de encontrar una novela autobiográfica de María Zambrano, titulada: "Delirio y destino", escrita a comienzos de los años cincuenta y sólo publicada, por deseo de ella, en 1989, por Mondadori y de la que no parece existir reedición, ni por otras editoriales.
Si alguno sabe de algún ejemplar, me gustaría que me lo informara. Gracias.
UNA CRÍTICA
Sin embargo y a pesar de la bella forma de exponer sus ideas y pensamientos, me sorprendieron sus afirmaciones sobre el ser y el papel de la mujer, en especial su comentario sobre mi muy admirada Lou Andreas Salome y el supuesto papel que ella debió realizar en las vidas de Nietzsche y Rilke, consignados en "Hacia un saber sobre el alma", Alianza, 1987, pp. 157-158.
Yo, por mi parte, ya lo escribí "hace tiempos", en el Dominical de El Colombiano. Sí, Lou Andreas Salome, no hubiese rechazado las pretensiones amorosas de Nietzsche, él no hubiera escrito su poético-filosófico lamento despechado: "Así habló Zaratustra" o, por lo menos, no el Zaratustra que es.
Y, en cuanto a Rilke. Sí, en lugar de amarlo como lo amó, Lou Andreas Salome hubiera accedido a psicoanalizarlo, como él se lo suplicó, quizás, las "Elegías de Duino" y los "Sonetos a Orfeo", terminados de escribir en 1923, tras cerca de diez años de maduración, repito, quizás, y quien pudiera decirlo, no hubieran sido, o sido lo que son.
En fin, como para imaginar que la literatura y los grandes literatos, su vida y sus obras, son un gran misterio con el cual viajar al reino del juego y de la ensoñación.
Al asunto. Mientras organizo algunos temas, inspirados por los textos y la escritura de María Zambrano, adelanto algunas citas que espero les llamen la atención:
PRIMERA CITA
"Hay que dormirse arriba en la luz.
Hay que estar despierto abajo en la oscuridad intraterrestre, intracorporal de los diversos cuerpos que el hombre terrestre habita: el de la tierra, el del Universo, el suyo propio.
Allá en los "profundos", en los ínferos el corazón vela, se desvela, se reenciende en sí mismo.
Arriba, en la luz, el corazón se abandona, se entrega. Se recoge. Se duerme al fin ya sin pena. En la luz que acoge donde no se padece violencia alguna, pues que se ha llegado allí, a esa luz, sin forzar ninguna puerta y aún sin abrirla, sin haber atravesado dinteles de luz y de sombra, sin esfuerzo y sin protección".
María Zambrano, Claros del bosque, parte III, "Pasos"
SEGUNDA CITA
"La crisis de Occidente" ya no ha lugar apenas. No hay crisis, lo que hay más que nunca es orfandad. Oscuros dioses han tomado el lugar de la luminosa claridad, aquella que se presentaba ofreciendo a la historia, al mundo, como el cumplimiento, el término de la historia sacrificial. Hoy no se ve ya el sacrificio: la historia se nos ha tornado en un lugar donde cualquiera acontecimiento puede tener lugar con la misma vigencia y los mismos derechos que un Dios absoluto que no permite la más leve discusión. Todo está salvado y al par vemos que todo está destruido o en vísperas de destruirse. Es mi sentir [...]. Aquello, aquel monstruo, no podía volver a suceder cumplido el sacrificio, mientras hoy vemos que sí, que es así, que no puede volver a suceder porque hoy se extiende como una llanura donde ni nostalgia ni esperanza pueden aparecer. Algo se ha ido para siempre, ahora es cuestión de volver a nacer, de que nazca de nuevo el hombre en Occidente [...] que el espíritu creador aparezca inverosímilmente a su modo y porque sí".
María Zambrano, Persona y democracia, Anthropos, Barcelona, 1992, pp. 7-8
TERCERA CITA
"Pues solamente se es de verdad libre cuando no se pesa sobre nadie; cuando no se humilla a nadie, incluido a sí mismo. La condición humana es tal que basta humillar, desconocer o hacer padecer a un hombre -uno mismo o el prójimo- para que el hombre todo sufra. En cada hombre están todos los hombres".
María Zambrano, Persona y democracia, Anthropos, Barcelona, 1992
CUARTA CITA
"Hay una cáscara en el fascismo, hay un nudo estrangulado en el alma del fascista que le cierra a la vida. Es la misma que veíamos en el idealismo europeo hacia la realidad, es la misma cerrazón que desde el romanticismo se ha ido agravando hasta llegar al tedio y a la incapacidad de experiencia".
María Zambrano, Los intelectuales en el drama de España y escritos de la guerra civil, Trotta, 1998, p. 95
QUINTA CITA
"Parece propio del hombre el tener que mirarse en alguien o en algo. Y apenas hay gesto, acción o palabra humana que no vaya acompañada por la intención de ser vista y recogida por algún espejo. Y aún en soledad sentimos el anhelo y el temor de ser vistos y recogidos por alguien, o por alguien rechazados".
María Zambrano, "El espejo de la historia", Anthropos 70-71, 1987, p. 103
SEXTA CITA
"Pensar no es sólo captar los objetos, las realidades que están frente "al sujeto" y a distancia. El pensar tiene un movimiento interno que se verifica dentro del propio sujeto, por así decir. Si el pensar no barre la casa por dentro, no es pensar".
María Zambrano, "Delirio y destino", Mondadori, 1989, p. 82
SÉPTIMA CITA
"El hombre crea objetivamente, es decir, va más allá de la expresión, va más allá de su propio particular sentir, y por ello se salva, porque, en cierto modo, se anula a fuerza de violencia, de afirmar una forma trascendente. La creación tiene el poder de absorber el movimiento de donde parte; como toda flor hace invisible a la raíz. Hasta tal punto que constituye el modo más perfecto de liberación y de salida de los conflictos interiores. Es lo que hace el hombre: universaliza sus situaciones, las lanza de sí mismo haciéndolas impersonales, por muy personales que parezcan ser. Es lo propio de lo que se ha nombrado "espíritu".
María Zambrano, "La mujer en la cultura", Ultra 46, 1940, p. 367
OCTAVA CITA
"¿Se atreve el hombre de hoy a pedir razones a la historia? Aunque ella sea su ídolo, hacerlo lleva consigo pedirse razones a sí mismo. Confesarse, hacer memoria para liberarse [...]. Y puesto que ha caído bajo el poder de una historia hecha ídolo, quizás haya de recobrarse adentrándose en ella sin temor [...] volver la vista atrás, revivir el pasado a ver si sorprende el instante en el que se rompió su dicha. El que no sabe lo que pasa, hace memoria para salvar la interrupción de su cuento, pues no es enteramente desdichado el que puede contarse a sí mismo su propia historia".
María Zambrano, "El hombre y lo divino", Siruela, 1991, pp. 24-25
NOVENA CITA
"Y al salirse de ese mar, de ese río, solo entre cielo y tierra, hay que recogerse a sí mismo y cargar con el propio peso; hay que juntar toda la vida pasada que se vuelve presente y sostenerla en vilo para que no se arrastre. No hay que arrastrar el pasado, ni el ahora; el día que acaba de pasar hay que llevarlo hacia arriba, juntarlo con todos los demás, sostenerlo. Hay que subir siempre. Eso es el destierro, una cuesta aunque sea el desierto. Esa cuesta que sube siempre y, por ancho que sea el espacio a la vista, es siempre estrecha. Y hay que mirar, claro, a todas partes, atender a todo como un centinela en el último confín de la tierra conocida. Pero hay que tener el corazón en lo alto, hay que izarlo para que no se hunda, para que no se nos vaya. Y para no ir uno, uno mismo haciéndose pedazos".
María Zambrano, "La tumba de Antígona", en Senderos, Anthropos, 1986, p. 260
DÉCIMA CITA
"Persona es lo que ha sobrevivido a la destrucción de todo en su vida y aún deja entrever que, de su propia vida, un sentido superior a los hechos les hace cobrar significación y conformarse en una imagen, la afirmación de una libertad imperecedera a través de la imposición de las circunstancias, en la cárcel de las situaciones [porque la libertad verdadera es] el rescatar la esperanza de la fatalidad".
María Zambrano, "El hombre y lo divino", Siruela, 1991, p. 234
UNDÉCIMA CITA
"Los horrores y padecimientos de los que está infectada la historia humana se justifican, en última instancia, porque a través de los cambios históricos el ser humano se desentraña, sale a la luz; es decir, que el hombre va naciendo en la historia, en lugar de haber nacido de una vez por todas".
María Zambrano, "Para una historia de la piedad", Lyceum 17, 1949, p. 8
DUODÉCIMA CITA
"Mas sucede que en la figura del hombre escondida en la Esfinge hay, sí, un condenado; hay también un desconocido. El condenado es el que padeció tan largo trecho; el desconocido es el que clama por ser, lo porvenir. Pasado y porvenir se unen en este enigma. No podría suceder de otro modo, dado que el hombre se encuentra siempre así: viniendo de un pasado hacia un porvenir. Y a las condenaciones y errores del pasado sólo da remedio el porvenir, si se hace que ese provenir no sea repetición, reiteración del pasado, si se hace que sea de verdad porvenir. algo un tanto inédito más necesario; algo nuevo que se desprende de todo lo habido. Historia verdadera, que sólo desde la conciencia -a través de la perplejidad y de la confusión- puede nacer".
María Zambrano, "La conciencia histórica: el tiempo", en "María Zambrano, Antología", Anthropos Suplemento, 1987, pp. 105-106
TRIGESIMA CITA
"La resistencia al ser propio del hombre es la nada, y la nada es Dios, lleva a él; dejarse caer, hundirse en la nada es hundirse en el fondo secreto de lo divino. El demonio no acecha ya por la nada, sino por el ser; el ser es la tentación. Y así el infierno queda también apaciguado, anulado. Al aceptar la nada, el infierno se anula, carece de entidad; el abandono absoluto, la absoluta entrega de las pretensiones de ser propias del hombre [...]. Dios no es la fuente de una promesa, ni la amenaza de condenación: es el todo sin fronteras que incluye la nada; la nada del alma, por el amor [...]. La nada es lo irreductible que encuentra la libertad humana cuando pretende ser absoluta. Y la pretensión de algo absoluto puede dejar caer su absoluto sobre aquello que le resiste, verificándose así una conversión entre lo absoluto del ser y del no-ser. Quien pretende ser absolutamente acaba sintiéndose nada dentro de una resistencia sin fronteras. Es lo sagrado que reaparece en su máxima resistencia".
María Zambrano, "El hombre y lo divino", Siruela, 1992, pp. 166-174
CATORCEAVA CITA
"Conciencia y memoria: continuidad. Y esperanza. Y ha sido en la poesía como se ha mostrado, porque demasiado profunda y tímida, demasiado reservada, demasiado sin asidero razonable, apenas nadie le hubiese dado crédito. El pensamiento necesita razones más positivas, es decir, más hechas para acoger a algo dentro de sí, mientras que la poesía tiene por vocación acudir a cantar lo que nace y lo que nace sobre todo, en contradicción y a despecho de lo que le rodea. La poesía exige menos y ofrece más que el pensamiento; su esencia es su propia generosidad".
María Zambrano, "Pensamiento y Poesía en la Vida Española", conferencia pronunciada en México
DECIMOQUINTA CITA
"Orfeo es poeta más que por lo que pudo al fin decir, si dijo algo, por su acción. Acción poética, tan distinta a la decisión filosófica, que se desata en delirio; el delirio, principio de la poesía, el llanto y el gemido, principio de la música".
María Zambrano, El hombre y lo divino, Siruela, 1992, p.102
DECIMOSEXTA CITA
"La suerte de la razón del vencido es convertirse en semilla que germina en la tierra del vencedor. La semilla, toda semilla, ¿no está vencida cuando es enterrada?, y cuando revive de entre los muertos, donde se la arrojó, es porque se ha vencido enteramente a sí misma"
María Zambrano, El hombre y lo divino, Siruela, 1992, p.86
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... En fin, como rendida admiradora que fue María Zambrano de Antonio Machado, digo aquí con él: "Caminante, no hay camino..."
10 de septiembre de 2006
CUADERNO DE CITAS-17
¿Cómo se instala el miedo en la mente?
- El miedo para las neurociencias
- Funcionamiento del miedo en el cerebro y la consciencia
Por Iván Rodrigo García Palacios
Para apoyar el tema tratado en mí LECTOR LUDI-36 sobre el miedo, transcribo a continuación algunas citas autorizadas en el campo de las neurociencias que muestran las relaciones cerebrales y mentales con las respectivas consecuencias en el funcionamiento de la mente y el cuerpo como consecuencia del miedo.
Sus autores:
1. Antonio R. Damasio, El error de Descartes
2. Jean Delumeau, El miedo en Occidente
Como podrá verse, el miedo es un mecanismo automático de los seres vivos pero, en los animales y el Homo-Humano que poseen cerebro, esta reacción se hace más compleja.
Pero, ¿cómo se instala el miedo en la mente?
Hablo de ese miedo que como un cáncer se enquista, produce tumores y provoca metástasis, alterando y patologizando a los Homo-Humanos en su existencia emocional y somática y del que, sólo hasta ahora, con los avances de las neurociencias ha sido posible ir localizando en sus componentes físicos y mentales, aun cuando son pocos los avances en su prevención y tratamiento, para no hablar de posibles métodos de diagnóstico y curación en el corto plazo.
Sin embargo, pienso que, a pesar de lo anterior, no todo está perdido. Por experiencia y por lo que sé de algunas personas que conozco, si bien es imposible, por el momento, no ser víctima del miedo, si existen posibilidades de enfrentarlo y manejarlo.
El cerebro y la mente son tan poderosos que, así como un abuso en su funcionamiento y desgaste, pueden dañarlos, ese mismo poder, utilizado de manera adecuada, puede contribuir a una vida sana, optimizando su funcionamiento y uso.
¿Las herramientas? Son sencillas, si se lo piensa bien: quien mejor se conoce y mejor conoce el ámbito que lo rodea, sabrá manejar y controlar su existencia, tomando las decisiones y actitudes más convenientes en todo momento.
Como quien dice... retorno, al quizás mejor legado de la sabiduría de la salud mental pensado por los griegos y que, considero los mejores remedios para el miedo y tantas otras afecciones emocionales y vitales:
"Epimelathenai seautou", "tomarse a sí mismo como objeto de desvelos".
"Gnothi seauton", "conócete a ti mismo".
Los interesados sobre estos dos puntos, los remito al LECTOR LUDI-29.
Y, ahora, las citas:
PRIMERA CITA
"Por sí misma, la respuesta emocional puede conseguir algunos objetivos útiles: esconderse rápidamente ante un depredador, por ejemplo, o demostrar ira frente a un competidor. Sin embargo, el proceso no se detiene con los cambios corporales que definen una emoción. El ciclo continúa, hecho patente en los seres humanos, y su paso siguiente es la "sensación de la emoción" en conexión con el objeto que la excitó, el darse cuenta de la relación entre el objeto y el estado emocional del cuerpo.
Ahora bien, podría preguntarse, ¿por qué razón necesita alguien reconocer tal relación? ¿Por qué complicar las cosas y poner la consciencia en este proceso, si ya existe un medio de responder adaptativamente a un nivel automático? La respuesta es que la consciencia consigue un mayor sistema de protección".
Antonio R. Damasio, El error de Descartes, Crítica, Barcelona, 2003 (275 p.), p. 129 y 130
SEGUNDA CITA
"En el sentido estricto y restringido del término, el miedo (individual) es una emoción-choque, frecuentemente precedida de sorpresa, provocada por la toma de conciencia de un peligro presente y agobiante que, según creemos, amenaza nuestra conservación.
Pero, en estado de alerta, el hipotálamo reacciona mediante una movilización global del organismo, que desencadena diversos tipos de comportamientos somáticos y provoca, en especial, modificaciones endocrinas.
Como toda emoción, el miedo puede provocar efectos contrastados según los individuos y las circunstancias, incluso reacciones alternativas en una misma persona; la aceleración de los movimientos del corazón o su ralentización; una respiración demasiado rápida o demasiado lenta; una contracción o una dilatación de los vasos sanguíneos; una hiper o hiposecreción de las glándulas; constipado o diarrea, poliuria o anuria, un comportamiento de inmovilización o una exteriorización violenta.
En los casos límite, la inhibición llegará hasta una pseudoparálisis ante el peligro (estados catalépticos) y la exteriorización desembocará en una tempestad de movimientos enloquecidos e inadaptados, características del pánico.
Manifestación exterior y experiencia interior a la vez, la emoción de miedo libera, por tanto, una energía inhabitual y la difunde por todo el organismo. Esta descarga es en sí una reacción utilitaria de legitima defensa, pero que el individuo, sobre todo bajo el efecto de las repetidas agresiones de nuestra época, no siempre emplea en el momento oportuno"
Jean Delumeau, El miedo en Occidente, Taurus, Madrid, 2002 (655 p.), ps. 28 y 29
¿Cómo se instala el miedo en la mente?
- El miedo para las neurociencias
- Funcionamiento del miedo en el cerebro y la consciencia
Por Iván Rodrigo García Palacios
Para apoyar el tema tratado en mí LECTOR LUDI-36 sobre el miedo, transcribo a continuación algunas citas autorizadas en el campo de las neurociencias que muestran las relaciones cerebrales y mentales con las respectivas consecuencias en el funcionamiento de la mente y el cuerpo como consecuencia del miedo.
Sus autores:
1. Antonio R. Damasio, El error de Descartes
2. Jean Delumeau, El miedo en Occidente
Como podrá verse, el miedo es un mecanismo automático de los seres vivos pero, en los animales y el Homo-Humano que poseen cerebro, esta reacción se hace más compleja.
Pero, ¿cómo se instala el miedo en la mente?
Hablo de ese miedo que como un cáncer se enquista, produce tumores y provoca metástasis, alterando y patologizando a los Homo-Humanos en su existencia emocional y somática y del que, sólo hasta ahora, con los avances de las neurociencias ha sido posible ir localizando en sus componentes físicos y mentales, aun cuando son pocos los avances en su prevención y tratamiento, para no hablar de posibles métodos de diagnóstico y curación en el corto plazo.
Sin embargo, pienso que, a pesar de lo anterior, no todo está perdido. Por experiencia y por lo que sé de algunas personas que conozco, si bien es imposible, por el momento, no ser víctima del miedo, si existen posibilidades de enfrentarlo y manejarlo.
El cerebro y la mente son tan poderosos que, así como un abuso en su funcionamiento y desgaste, pueden dañarlos, ese mismo poder, utilizado de manera adecuada, puede contribuir a una vida sana, optimizando su funcionamiento y uso.
¿Las herramientas? Son sencillas, si se lo piensa bien: quien mejor se conoce y mejor conoce el ámbito que lo rodea, sabrá manejar y controlar su existencia, tomando las decisiones y actitudes más convenientes en todo momento.
Como quien dice... retorno, al quizás mejor legado de la sabiduría de la salud mental pensado por los griegos y que, considero los mejores remedios para el miedo y tantas otras afecciones emocionales y vitales:
"Epimelathenai seautou", "tomarse a sí mismo como objeto de desvelos".
"Gnothi seauton", "conócete a ti mismo".
Los interesados sobre estos dos puntos, los remito al LECTOR LUDI-29.
Y, ahora, las citas:
PRIMERA CITA
"Por sí misma, la respuesta emocional puede conseguir algunos objetivos útiles: esconderse rápidamente ante un depredador, por ejemplo, o demostrar ira frente a un competidor. Sin embargo, el proceso no se detiene con los cambios corporales que definen una emoción. El ciclo continúa, hecho patente en los seres humanos, y su paso siguiente es la "sensación de la emoción" en conexión con el objeto que la excitó, el darse cuenta de la relación entre el objeto y el estado emocional del cuerpo.
Ahora bien, podría preguntarse, ¿por qué razón necesita alguien reconocer tal relación? ¿Por qué complicar las cosas y poner la consciencia en este proceso, si ya existe un medio de responder adaptativamente a un nivel automático? La respuesta es que la consciencia consigue un mayor sistema de protección".
Antonio R. Damasio, El error de Descartes, Crítica, Barcelona, 2003 (275 p.), p. 129 y 130
SEGUNDA CITA
"En el sentido estricto y restringido del término, el miedo (individual) es una emoción-choque, frecuentemente precedida de sorpresa, provocada por la toma de conciencia de un peligro presente y agobiante que, según creemos, amenaza nuestra conservación.
Pero, en estado de alerta, el hipotálamo reacciona mediante una movilización global del organismo, que desencadena diversos tipos de comportamientos somáticos y provoca, en especial, modificaciones endocrinas.
Como toda emoción, el miedo puede provocar efectos contrastados según los individuos y las circunstancias, incluso reacciones alternativas en una misma persona; la aceleración de los movimientos del corazón o su ralentización; una respiración demasiado rápida o demasiado lenta; una contracción o una dilatación de los vasos sanguíneos; una hiper o hiposecreción de las glándulas; constipado o diarrea, poliuria o anuria, un comportamiento de inmovilización o una exteriorización violenta.
En los casos límite, la inhibición llegará hasta una pseudoparálisis ante el peligro (estados catalépticos) y la exteriorización desembocará en una tempestad de movimientos enloquecidos e inadaptados, características del pánico.
Manifestación exterior y experiencia interior a la vez, la emoción de miedo libera, por tanto, una energía inhabitual y la difunde por todo el organismo. Esta descarga es en sí una reacción utilitaria de legitima defensa, pero que el individuo, sobre todo bajo el efecto de las repetidas agresiones de nuestra época, no siempre emplea en el momento oportuno"
Jean Delumeau, El miedo en Occidente, Taurus, Madrid, 2002 (655 p.), ps. 28 y 29
6 de septiembre de 2006
LECTOR LUDI-36
El miedo... ¡¡¡Uy, que miedo!!!
- El miedo que domina, controla y enferma la vida
- El miedo produce la dominación del hombre por el hombre
- El miedo es un mecanismo de la supervivencia, pero que también trastorna y desgasta
- El "ying y el yang" del miedo
- Miedos metafísicos y miedos psicológicos
- Los miedos del Homo-Humano: lo desconocido, la muerte, el control del propio destino.
Por Iván Rodrigo García Palacios
PRIMERA PARTE:
DEFINICIONES Y CONCEPTOS
Las expresiones populares: "El miedo mata", "Me muero de miedo", "Lo mató el miedo", "¡Quién dijo miedo!", "Meter miedo", etc., así como dichos, refranes, coplas, relatos, leyendas, mitos y la gran cantidad de literatura de todas las clases y géneros referidos al miedo, no son una cosa gratuita y ni literal en la cultura, son la representación de una primitiva reacción humana y la incidencia de sus consecuencias para la vida y la cultura misma.
En este sentido cultural, una observación rápida de la historia y las condiciones en las que hoy se vive, parecería mostrar que la existencia de la humanidad ha estado sometida a una constante de miedo, como si fuera condición necesaria el vivir alerta y con miedo.
En un principio, el miedo ante la hostilidad del medio ambiente. Luego, ese miedo de nunca acabar de los Homo-Humanos (hombres modernos) buscando someter y destruir a otros Homo-Humanos. Constantes que hoy se llaman terrorismo, inseguridad, prevención de desastres y cataclismos, el castigo eterno, en fin, un miedo permanente que duele y enferma, pero que también posibilita la dominación, el sometimiento y la explotación, de las mayorías por unos pocos, esos que provocan y crean las condiciones del miedo para que nos matemos los unos a los otros y vivamos asustados (1).
Pero, también y relacionado y consecuencia de lo anterior, la cultura provoca une estado de permanente miedo individual. Ese miedo por medio del que, desde la misma infancia, se le niega a cada cual el poder y el derecho de ser dueño de su propia existencia y se le somete de mil maneras con amenazas y manipulaciones concretas o metafísicas.
De todos esos miedos tratan las siguientes consideraciones.
EL MIEDO Y LO HUMANO
Si bien, en términos generales, el miedo es una reacción primordial para la supervivencia de todos los organismos vivos, en el caso de los Homo-Humanos la imaginación y la inteligencia lo ha convertido en un método macabro de dominación y, por consecuencia, en causa para su propia destrucción.
Un organismo sometido a condiciones extremas y continuadas de miedo, acelera su degeneración físico-química, recortando proporcionalmente su tiempo de vida. Es que el miedo duele y mata.
En el caso de los Homo-Humanos, además de su deterioro físico-químico, hay que agregarle los efectos que tiene sobre su mente, como son: el poder de amplificar y proyectar los estados anormales producidos por el miedo tanto a su cuerpo como a su mente, así como a transmitirlos y contagiarlos a los demás.
El miedo es, igualmente, una reacción tanto individual como colectiva, que se genera por la percepción y transmisión de señales establecidas y conocidas para identificar amenazas o situaciones peligrosas para los organismos y que, bajo el poder y control de los Homo-Humanos, se convierte, lo mismo, en un mecanismo de supervivencia como en un mecanismo de dominación y autodestrucción.
Sin embargo, el miedo también tiene su parte de "ying y yang". En los Homo-Humanos es la fuerza que los empuja a generar las condiciones y circunstancias por medio de las cuales minimizar las causas de amenazas y peligros y buscar las formas para vencer sus miedos: el conocimiento que hace conocido lo desconocido para controlarlo y manejarlo y, en consecuencia, crear y producir la ciencia y la tecnología que pretende dominar y transformar la naturaleza... igualmente, para su bienestar o miedo.
Las artes, las ciencias, las filosofías y hasta las teologías, han explorado en esas desconocidas y a veces misteriosas regiones del miedo de los Homo-Humanos y han expuesto sus descubrimientos de diferentes formas. A ellas remito a los interesados en ampliar esta indagación.
Mi interés, ahora, es especular sobre cómo y por qué el miedo, de ser un mecanismo sano de supervivencia, ha sido convertido por los Homo-Humanos en mecanismo de dominación y autodestrucción, para de esa forma reflexionar sobre las posibilidades de ser dueño de mi propio miedo y, en consecuencia, del bienestar de mi existencia.
FISIOLOGÍA DEL MIEDO
El miedo es quizás la reacción más primitiva y compleja en la naturaleza de la materia viva y, ni se diga, cuando ya opera en los organismos con cerebro y en el más complejo cerebro del Homo-Humano.
Hasta el momento, las ciencias que exploran los diversos aspectos que hacen humano a los Homo-Humanos, han llamado al miedo: emoción o estado mental. Pero, por lo que esas denominaciones parecen ajustadas sólo para los organismos con cerebros complejos y deja por fuera a todos los otros organismos vivos, prefiero definirlo como una REACCIÓN, lo que incluye a todos los organismos vivos sin excepción, pues pienso que el miedo es común al origen de la vida misma.
El miedo ha sido estudiado en sus causas, procesos, consecuencias, tanto corporales como mentales y colectivas, en el caso de los Homo-Humanos y, quizás, para algunos organismos con cerebros complejos. Apenas si conozco alguna poca información de experimentos para demostrar que las plantas también siente el miedo.
Empiezo por plantear algunos de los elementos fisiológicos relacionados con el miedo.
El miedo tiene su propio órgano en el cerebro, la amígdala localizada en el sistema límbico. No sé si el miedo sea la única reacción fisiológica de los organismos vivos que poseen un cerebro complejo que tenga un órgano propio y especializado, pero sí sé que el miedo está presente en toda materia viva, desde la más simple y primitiva, hasta la más compleja y organizada como la del Homo-Humano y, además, sé que el miedo compromete a todas las partes de un organismo.
Es necesario aclarar que la amígdala también esta relacionada con "las emociones primarias (léase; innatas, preorganizadas, jamesianas)" (2), pero, mientras las otras emociones primarias se generan por combinaciones de otros procesos cerebrales, sólo el miedo estimula y se genera en la amígdala, hasta el punto de que quienes la pierden o su funcionamiento se impide, carecerán de cualquier reacción a situaciones amenazantes y al peligro, hasta el punto de comprometer la existencia del organismo.
Cuando un organismo reacciona ante situaciones amenazantes o peligrosas, se desata una serie de procesos en cadena, emergentes y violentos, por medio de los cuales se producen acciones automáticas para protegerse y ponerse a salvo, en los que intervienen todos los componentes del cuerpo.
En el caso de los Homo-Humanos, la reacción del miedo incluye, también, los procesos mentales que, además, se extiende a la protección de la integridad tanto física como emocional.
En ambos casos, se producen sobrecargas físicas, químicas, mentales y emocionales que el organismo, en condicione normales, controla y elimina, una vez desaparece la causa, pero que, en situaciones, continuadas y anormales, causan alteraciones o traumas en la actividad cerebral, así como la acumulación de sedimentos químicos o esfuerzos físicos extremos, cuyas consecuencias alteran paulatinamente la salud del organismo, produciendo la pérdida de funciones necesarias, hasta el punto de acelerar su deterioro o causar su destrucción o impulsar a su autodestrucción en estados alterados de la emocionalidad.
SEGUNDA PARTE:
LOS ORÍGENES DEL MIEDO
La historia del miedo es la historia de la vida, pero, mientras que para la totalidad de los organismos vivos es una reacción natural, para los Homo-Humanos hay que agregar que es una reacción que involucra tanto su parte biológica como su tratamiento mental, además de aquellas consecuencias que afectan la salud cerebral, con el correspondiente impacto fisiológico.
Para los organismos vivos simples, el miedo es una reacción única ante situaciones amenazantes que ponen en peligro la vida del organismo. Para los organismos con cerebro, el miedo se produce por condiciones algo más complejas, con igual finalidad.
Es en el Homo-Humano en quien, además de esas reacciones simples y las otras más complejas, el miedo alcanza su grado máximo de complejidad y sofisticación, puesto que, para el cerebro y la mente, el miedo se convierte tanto en reacción fisiológica como en materia de simbolización, imaginación y pensamiento.
El Homo-Humano paga, a un precio muy alto, el poseer el cerebro más complejo, el que lo dota con mayores potencias para su beneficio y su perjuicio. El tener conciencia lo hace consciente de su miedo primario, ese miedo común a todos los organismos vivos, pero también le da el poder de imaginar y manipular los miedos a los que reacciona su conciencia. Es así como siente e imagina miedos metafísicos y psicológicos, con los cuales se afecta a sí mismo y, también, utiliza para afectar, manipular y dominar a los demás.
Los miedos metafísicos provienen de su deseo por comprender aquellos fenómenos que imagina más allá de su conciencia y para los cuales carece de explicaciones, pero a los que intenta someter al poder de su pensamiento, unas veces para vencerlos y, las otras, para tratar de evitar ser vencido por ellos. De entre los miedos metafísicos, dos de ellos son: el miedo a lo desconocido y el miedo a la muerte.
Los miedos psicológicos, son innumerables y las ciencias han identificado una larga lista de patologías, al igual que numerosos intentos para su tratamiento y curación, unos acertados y otros fraudulentos. Remito a esas ciencias para el estudio y tratamiento de los miedos.
Sobre esos miedos, metafísicos y psicológicos de los Homo-Humanos intentaré algunas consideraciones generales:
DOS MIEDOS METAFÍSICOS
Es tal el poder de la mente que, así como puede beneficiar el propósito vital de la supervivencia, es también capaz de actuar en contra de ese propósito a través de patologías, muchas de ellas aun desconocidas para la ciencia en sus causas y procesos.
Una de esas fuerzas es la de la imaginación, ese todavía misterioso poder capaz de desentrañar los secretos del universo, al mismo tiempo que crea universos metafísicos y sobrenaturales, paradisíacos o aterradores, en los cuales la vida florece o se marchita.
Es en ese territorio de la mente donde también el Homo-Humano ejercita su poder para imaginar miedos que poco o nada tienen que ver con la preservación de la integridad física o mental y que, por el contrario, lo afectan perjudicialmente.
Dos de esos miedo son:
1) MIEDO A LO DESCONOCIDO
Me atrevo a pensar que el primer miedo, conscientemente estructurado, que sintió el humano cuando se convirtió en Homo-Humano, fue hacía todo aquello que le era desconocido. Y, por desconocido, no hablo de la anticipación preventiva a los peligros de su ámbito, los que iba identificando, analizando y memorizando, para control y manejo.
Lo desconocido, a lo que me refiero, son todos aquellos fenómenos para los que el primitivo conocimiento de los Homo-Humanos no encontraba explicación, pero que, para sus recientemente estrenadas capacidades de simbolizar, imaginar y pensar, eran materia, además del simple miedo fisiológico de ese "algo" que ahora llamamos misterio -lo que está para ser conocido e imaginado- y que, con toda seguridad, representó un aterrador "algo más allá de lo natural", tan poderoso y terrorífico que no le quedó otra alternativa que postrarse y tratar de imaginar una explicación.
El Homo-Humano, entonces, imaginó que, dado que él ni producía ni era capaz de producir aquellos fenómenos que lo afectaban para su placer o su dolor, tenía que existir "algo o alguien superior, de su imagen y semejanza", quien los producía y a quien debía congraciar para que no lo lastimara o para que lo favoreciera.
Debió ser entonces que las grandes preguntas sin respuesta inmediata dieron origen a los primeros grandes retos para la mente humana: la explicación de la naturaleza y el funcionamiento de todo lo existente.
Eran más las cosas inexplicables, por lo que nació la superstición, ese espacio mental al que se remiten las creencias sobre todo aquello que todavía parece misterioso y con lo que se establece una relación de miedo, sometimiento y adoración.
Fue así que se dio cuerpo simbólico y material a las fuerzas que generaban la vida y la muerte. O, aquellas otras fuerzas capaces de producir los grandes eventos del mundo físico, los cuales, unas veces, le eran benéficos y otras, catastróficos.
¿Cómo entender y explicar, en aquel momento de la historia: las nubes, la lluvia, el agua, el viento, las tormentas, el movimiento, el fuego, el sol, la luna, las estrellas, en fin, todos los fenómenos naturales del mundo visible?
Sin explicaciones posibles, el Homo-Humano llenó el vacío de su comprensión, como lo hacen los sueños, y se imaginó un mundo de lo invisible, la residencia de los dueños de aquellas fuerzas capaces dar y quitar la vida, mover a la naturaleza y que dominaban, a su capricho y antojo, a los Homo-Humanos y sus destinos.
Y... desde entonces.
Con la comprensión primitiva del mundo de lo visible y material, el Homo-Humano inició el desarrollo y evolución del conocimiento, para gracia y desgracia de la humanidad, pues, al igual que del conocer derivaba elementos para mejorar su existencias y dominar el miedo, también fue materia para la invención de otros miedos que lo dominaban y con los cuales dominaba a los demás. Pero esos son otros asuntos que merecen una exploración aparte.
2) MIEDO A LA MUERTE
El miedo metafísico más evidente, más cercano e inevitable, es el miedo a morir.
Conectado directamente con el miedo primario y orgánico, ese que impulsa a escapar de las amenazas y los peligros que pueden causar la muerte, el miedo a la muerte, más allá de ese natural impulso, es una creación de la mente, que si bien motiva a buscar las formas y maneras por medio de la cual vencerla y de la cual se originan toda clase de ciencias y tecnologías, también es una condena - o ¿será una marca ineluctable? - a saberse finito y limitado, una advertencia a que la soberbia es un enemigo de la vida y de la felicidad y un recordatorio permanente de que la verdadera humildad es la forma más saludable de gozar la vida.
El miedo a la muerte es una condena que, llevada a situaciones extremas y continuadas de miedo, conduce a la enfermedad y el dolor, a la parálisis y a la pérdida del goce de vivir.
Nadie mejor que Epicuro definió la inutilidad de ese miedo a la muerte:
"Acostumbrate a pensar que la muerte para nosotros no es nada, porque todo el bien y todo el mal residen en las sensaciones, y precisamente la muerte consiste en estar privado de sensación" (Carta a Meneceo, 124).
Y agrega Epicuro, entre otras cosas y para demostrar lo absurdo que es ese miedo a la muerte:
"El peor de los males, la muerte, no significa nada para nosotros, porque mientras vivimos no existe, y cuando está presente nosotros no existimos" (Carta a Meneceo, 125).
En fin, esa exhortación epicúrea es lo máximo que podemos conocer de esa muerte a la que se le tiene tanto miedo: de la muerte nada se sabe y nada se puede saber: la muerte no existe mientras vivimos y, cuando ya existe, no vivimos.
En puro sentido científico: todo organismo nace, se reproduce y muere. Lo demás, es juego metafísico para la imaginación... mientras no mate.
UN MIEDO PSICOLÓGICO
Del normal o anormal funcionamiento de la mente, me interesa, ahora, especular sobre un miedo particular, un miedo que tiene muchas relaciones con el miedo primario y los miedos metafísicos y psicológicos, hasta el punto que no me atrevo a ubicarlo en una de esas categorías.
Es un miedo que afecta y perjudica la forma y el bienestar de como se vive la propia existencia y las relaciones con los demás: es el miedo a ser controlado y manipulado por otros y, en consecuencia, a sentir que la vida depende de otros, humanos o divinos, que la determinan y manejan a su capricho y antojo.
Si bien es cierto, como ya lo he comentado en ocasiones anteriores, que el Homo-Humano necesita, para sobrevivir y reproducirse, la compañía y dependencia de otros de su especie, tal compañía y dependencia debe ser regida por la solidaridad, como lo fue "en los viejos tiempos" y no por el sometimiento, la dominación y la reverencia, que la cultura de poder y el miedo han desarrollado hasta hoy, aprovechando y abusando de las debilidades y fortalezas de la especie.
Es que la vida misma y la especie humana, en particular, es fuerte en su conjunto pero frágil en su individualidad. Tal miedo es:
3) DEPENDENCIA Y CONTROL
El primer gran susto y el principio de todo el miedo psicológico que siente el Homo-Humano, se produce en el momento mismo de la expulsión violenta de la criatura desde cálido refugio de la placenta y es lanzado a un mundo hostil que agrede dolorosamente todos sus sentidos y percepciones. Es un miedo que no podrá olvidarse.
Para empeorar las cosas, el recién nacido carece de toda posibilidad de defenderse por sí mismo, razón por la cual depende, absolutamente, de los otros para satisfacer sus necesidades básicas por un extenso período del tiempo de su vida.
Nacemos siendo dependientes y controlados. El único mecanismo de defensa, a veces inútil, es el llanto.
Es a partir de esa dependencia y de ese control que la cultura desarrolla y perpetúa el sometimiento, la dominación y reverencia de unos por otros. Para lograrlo y justificarlo ha creado las ideologías y las religiones, con las que imprime marcas indelebles en la mente y las legitima como necesidades para la sobrevivencia, prometiendo engañosas posibilidades de salud y bienestar, tanto para el individuo como para la comunidad.
Uno de los perversos mecanismos de perpetuación de las ideologías y religiones está marcado como paradigma desde la relación misma que se establece con la madre, el padre y los demás, desde el momento mismo del nacimiento, pues, además de la dependencia absoluta para la satisfacción de las necesidades básicas, el contenido de esa relación se fundamenta en el placer y el dolor que se provoca y que, en condiciones saludables y normales, debiera estar condicionado por la satisfacción de esas y otras necesidades y no por las condiciones aberrantes de la cultura, como son las de esclavizar a la criatura a los deseos y expectativas anormales del adulto, con la finalidad de provocar y establecer comportamientos "correctos" de sometimiento, dominio y reverencia.
Ese miedo a depender y ser controlado es la rebelión que se desata en el niño y que, cuando éste alcanza mayor fortaleza y dominio de sus capacidades, lo obliga a confrontar y tratar de borrar violentamente, en primer lugar, las marcas mentales y emocionales que lo afectan en su intimidad y de las que quiere liberarse para ser dueño de su propia existencia. Y, en segundo lugar, a luchar contra la cultura, las ideologías y las religiones a las que subvierte con el fin de crear el mundo que su visión le muestra.
Porque el dolor continuado producido por el miedo, lleva a los Homo-Humanos a situaciones insoportables y los obliga a rebelarse violentamente contra aquellos y aquello que los somete y los domina, destruyendo, de paso, todo lo que los rodea.
La liberación es una ardua lucha que dura toda la vida y en la que quizás sea imposible vencer. Sin embargo, la mente y la imaginación del Homo-Humano son poderosas y pueden alcanzar algún punto o refugio donde sea posible ser dueño de uno mismo.
A manera de ejemplos de quienes han buscado lograr el mayor grado de control sobre sí mismo y del ámbito que lo rodea para así sentir ser libres, he aquí algunas de las propuestas, quizás extremas y extravagantes que algunos grandes rebeldes y revolucionarios han experimentado por sí mismos y legado a la humanidad. En primer lugar la de los griegos: Diógenes y los cínicos y la de Epicuro. En segundo lugar, la de las filosofías orientales que proponen aquello de que quien nada tiene es dueño de todo.
Los interesados, pueden recurrir a la información existente sobre esas vida y obras, así como sobre aquellas filosofías. Quizás nos parezcan complejas, difíciles o absurdas, pero es que es necesario vencer antes los prejuicios y paradigmas que obstaculizan el camino a la Sabiduría.
Pero, lo más importante, que quien alcance esta difícil pero mínima meta, pueda compartirla con otros, en especial, con los que apenas llegan a este mundo. Esa es una buena manera de subvertir ideologías y religiones, prejuicios y paradigmas, para así ayudar a construir un mundo mejor y más justo.
Mejor dicho, el mejor remedio para el miedo: "epimelathenai seautou", "tomarse a sí mismo como objeto de desvelos".
NOTAS
(1) Una buena fuente de información, entre muchas otras, sobre el miedo en la cultura, es el libro de Jean Delumeau, El miedo en Occidente, Taurus, Madrid, 2002 (655 p.)
(2) Antonio R. Damasio, El error de Descartes, Crítica, Barcelona, 2003 (275 p.), p. 130
El miedo... ¡¡¡Uy, que miedo!!!
- El miedo que domina, controla y enferma la vida
- El miedo produce la dominación del hombre por el hombre
- El miedo es un mecanismo de la supervivencia, pero que también trastorna y desgasta
- El "ying y el yang" del miedo
- Miedos metafísicos y miedos psicológicos
- Los miedos del Homo-Humano: lo desconocido, la muerte, el control del propio destino.
Por Iván Rodrigo García Palacios
PRIMERA PARTE:
DEFINICIONES Y CONCEPTOS
Las expresiones populares: "El miedo mata", "Me muero de miedo", "Lo mató el miedo", "¡Quién dijo miedo!", "Meter miedo", etc., así como dichos, refranes, coplas, relatos, leyendas, mitos y la gran cantidad de literatura de todas las clases y géneros referidos al miedo, no son una cosa gratuita y ni literal en la cultura, son la representación de una primitiva reacción humana y la incidencia de sus consecuencias para la vida y la cultura misma.
En este sentido cultural, una observación rápida de la historia y las condiciones en las que hoy se vive, parecería mostrar que la existencia de la humanidad ha estado sometida a una constante de miedo, como si fuera condición necesaria el vivir alerta y con miedo.
En un principio, el miedo ante la hostilidad del medio ambiente. Luego, ese miedo de nunca acabar de los Homo-Humanos (hombres modernos) buscando someter y destruir a otros Homo-Humanos. Constantes que hoy se llaman terrorismo, inseguridad, prevención de desastres y cataclismos, el castigo eterno, en fin, un miedo permanente que duele y enferma, pero que también posibilita la dominación, el sometimiento y la explotación, de las mayorías por unos pocos, esos que provocan y crean las condiciones del miedo para que nos matemos los unos a los otros y vivamos asustados (1).
Pero, también y relacionado y consecuencia de lo anterior, la cultura provoca une estado de permanente miedo individual. Ese miedo por medio del que, desde la misma infancia, se le niega a cada cual el poder y el derecho de ser dueño de su propia existencia y se le somete de mil maneras con amenazas y manipulaciones concretas o metafísicas.
De todos esos miedos tratan las siguientes consideraciones.
EL MIEDO Y LO HUMANO
Si bien, en términos generales, el miedo es una reacción primordial para la supervivencia de todos los organismos vivos, en el caso de los Homo-Humanos la imaginación y la inteligencia lo ha convertido en un método macabro de dominación y, por consecuencia, en causa para su propia destrucción.
Un organismo sometido a condiciones extremas y continuadas de miedo, acelera su degeneración físico-química, recortando proporcionalmente su tiempo de vida. Es que el miedo duele y mata.
En el caso de los Homo-Humanos, además de su deterioro físico-químico, hay que agregarle los efectos que tiene sobre su mente, como son: el poder de amplificar y proyectar los estados anormales producidos por el miedo tanto a su cuerpo como a su mente, así como a transmitirlos y contagiarlos a los demás.
El miedo es, igualmente, una reacción tanto individual como colectiva, que se genera por la percepción y transmisión de señales establecidas y conocidas para identificar amenazas o situaciones peligrosas para los organismos y que, bajo el poder y control de los Homo-Humanos, se convierte, lo mismo, en un mecanismo de supervivencia como en un mecanismo de dominación y autodestrucción.
Sin embargo, el miedo también tiene su parte de "ying y yang". En los Homo-Humanos es la fuerza que los empuja a generar las condiciones y circunstancias por medio de las cuales minimizar las causas de amenazas y peligros y buscar las formas para vencer sus miedos: el conocimiento que hace conocido lo desconocido para controlarlo y manejarlo y, en consecuencia, crear y producir la ciencia y la tecnología que pretende dominar y transformar la naturaleza... igualmente, para su bienestar o miedo.
Las artes, las ciencias, las filosofías y hasta las teologías, han explorado en esas desconocidas y a veces misteriosas regiones del miedo de los Homo-Humanos y han expuesto sus descubrimientos de diferentes formas. A ellas remito a los interesados en ampliar esta indagación.
Mi interés, ahora, es especular sobre cómo y por qué el miedo, de ser un mecanismo sano de supervivencia, ha sido convertido por los Homo-Humanos en mecanismo de dominación y autodestrucción, para de esa forma reflexionar sobre las posibilidades de ser dueño de mi propio miedo y, en consecuencia, del bienestar de mi existencia.
FISIOLOGÍA DEL MIEDO
El miedo es quizás la reacción más primitiva y compleja en la naturaleza de la materia viva y, ni se diga, cuando ya opera en los organismos con cerebro y en el más complejo cerebro del Homo-Humano.
Hasta el momento, las ciencias que exploran los diversos aspectos que hacen humano a los Homo-Humanos, han llamado al miedo: emoción o estado mental. Pero, por lo que esas denominaciones parecen ajustadas sólo para los organismos con cerebros complejos y deja por fuera a todos los otros organismos vivos, prefiero definirlo como una REACCIÓN, lo que incluye a todos los organismos vivos sin excepción, pues pienso que el miedo es común al origen de la vida misma.
El miedo ha sido estudiado en sus causas, procesos, consecuencias, tanto corporales como mentales y colectivas, en el caso de los Homo-Humanos y, quizás, para algunos organismos con cerebros complejos. Apenas si conozco alguna poca información de experimentos para demostrar que las plantas también siente el miedo.
Empiezo por plantear algunos de los elementos fisiológicos relacionados con el miedo.
El miedo tiene su propio órgano en el cerebro, la amígdala localizada en el sistema límbico. No sé si el miedo sea la única reacción fisiológica de los organismos vivos que poseen un cerebro complejo que tenga un órgano propio y especializado, pero sí sé que el miedo está presente en toda materia viva, desde la más simple y primitiva, hasta la más compleja y organizada como la del Homo-Humano y, además, sé que el miedo compromete a todas las partes de un organismo.
Es necesario aclarar que la amígdala también esta relacionada con "las emociones primarias (léase; innatas, preorganizadas, jamesianas)" (2), pero, mientras las otras emociones primarias se generan por combinaciones de otros procesos cerebrales, sólo el miedo estimula y se genera en la amígdala, hasta el punto de que quienes la pierden o su funcionamiento se impide, carecerán de cualquier reacción a situaciones amenazantes y al peligro, hasta el punto de comprometer la existencia del organismo.
Cuando un organismo reacciona ante situaciones amenazantes o peligrosas, se desata una serie de procesos en cadena, emergentes y violentos, por medio de los cuales se producen acciones automáticas para protegerse y ponerse a salvo, en los que intervienen todos los componentes del cuerpo.
En el caso de los Homo-Humanos, la reacción del miedo incluye, también, los procesos mentales que, además, se extiende a la protección de la integridad tanto física como emocional.
En ambos casos, se producen sobrecargas físicas, químicas, mentales y emocionales que el organismo, en condicione normales, controla y elimina, una vez desaparece la causa, pero que, en situaciones, continuadas y anormales, causan alteraciones o traumas en la actividad cerebral, así como la acumulación de sedimentos químicos o esfuerzos físicos extremos, cuyas consecuencias alteran paulatinamente la salud del organismo, produciendo la pérdida de funciones necesarias, hasta el punto de acelerar su deterioro o causar su destrucción o impulsar a su autodestrucción en estados alterados de la emocionalidad.
SEGUNDA PARTE:
LOS ORÍGENES DEL MIEDO
La historia del miedo es la historia de la vida, pero, mientras que para la totalidad de los organismos vivos es una reacción natural, para los Homo-Humanos hay que agregar que es una reacción que involucra tanto su parte biológica como su tratamiento mental, además de aquellas consecuencias que afectan la salud cerebral, con el correspondiente impacto fisiológico.
Para los organismos vivos simples, el miedo es una reacción única ante situaciones amenazantes que ponen en peligro la vida del organismo. Para los organismos con cerebro, el miedo se produce por condiciones algo más complejas, con igual finalidad.
Es en el Homo-Humano en quien, además de esas reacciones simples y las otras más complejas, el miedo alcanza su grado máximo de complejidad y sofisticación, puesto que, para el cerebro y la mente, el miedo se convierte tanto en reacción fisiológica como en materia de simbolización, imaginación y pensamiento.
El Homo-Humano paga, a un precio muy alto, el poseer el cerebro más complejo, el que lo dota con mayores potencias para su beneficio y su perjuicio. El tener conciencia lo hace consciente de su miedo primario, ese miedo común a todos los organismos vivos, pero también le da el poder de imaginar y manipular los miedos a los que reacciona su conciencia. Es así como siente e imagina miedos metafísicos y psicológicos, con los cuales se afecta a sí mismo y, también, utiliza para afectar, manipular y dominar a los demás.
Los miedos metafísicos provienen de su deseo por comprender aquellos fenómenos que imagina más allá de su conciencia y para los cuales carece de explicaciones, pero a los que intenta someter al poder de su pensamiento, unas veces para vencerlos y, las otras, para tratar de evitar ser vencido por ellos. De entre los miedos metafísicos, dos de ellos son: el miedo a lo desconocido y el miedo a la muerte.
Los miedos psicológicos, son innumerables y las ciencias han identificado una larga lista de patologías, al igual que numerosos intentos para su tratamiento y curación, unos acertados y otros fraudulentos. Remito a esas ciencias para el estudio y tratamiento de los miedos.
Sobre esos miedos, metafísicos y psicológicos de los Homo-Humanos intentaré algunas consideraciones generales:
DOS MIEDOS METAFÍSICOS
Es tal el poder de la mente que, así como puede beneficiar el propósito vital de la supervivencia, es también capaz de actuar en contra de ese propósito a través de patologías, muchas de ellas aun desconocidas para la ciencia en sus causas y procesos.
Una de esas fuerzas es la de la imaginación, ese todavía misterioso poder capaz de desentrañar los secretos del universo, al mismo tiempo que crea universos metafísicos y sobrenaturales, paradisíacos o aterradores, en los cuales la vida florece o se marchita.
Es en ese territorio de la mente donde también el Homo-Humano ejercita su poder para imaginar miedos que poco o nada tienen que ver con la preservación de la integridad física o mental y que, por el contrario, lo afectan perjudicialmente.
Dos de esos miedo son:
1) MIEDO A LO DESCONOCIDO
Me atrevo a pensar que el primer miedo, conscientemente estructurado, que sintió el humano cuando se convirtió en Homo-Humano, fue hacía todo aquello que le era desconocido. Y, por desconocido, no hablo de la anticipación preventiva a los peligros de su ámbito, los que iba identificando, analizando y memorizando, para control y manejo.
Lo desconocido, a lo que me refiero, son todos aquellos fenómenos para los que el primitivo conocimiento de los Homo-Humanos no encontraba explicación, pero que, para sus recientemente estrenadas capacidades de simbolizar, imaginar y pensar, eran materia, además del simple miedo fisiológico de ese "algo" que ahora llamamos misterio -lo que está para ser conocido e imaginado- y que, con toda seguridad, representó un aterrador "algo más allá de lo natural", tan poderoso y terrorífico que no le quedó otra alternativa que postrarse y tratar de imaginar una explicación.
El Homo-Humano, entonces, imaginó que, dado que él ni producía ni era capaz de producir aquellos fenómenos que lo afectaban para su placer o su dolor, tenía que existir "algo o alguien superior, de su imagen y semejanza", quien los producía y a quien debía congraciar para que no lo lastimara o para que lo favoreciera.
Debió ser entonces que las grandes preguntas sin respuesta inmediata dieron origen a los primeros grandes retos para la mente humana: la explicación de la naturaleza y el funcionamiento de todo lo existente.
Eran más las cosas inexplicables, por lo que nació la superstición, ese espacio mental al que se remiten las creencias sobre todo aquello que todavía parece misterioso y con lo que se establece una relación de miedo, sometimiento y adoración.
Fue así que se dio cuerpo simbólico y material a las fuerzas que generaban la vida y la muerte. O, aquellas otras fuerzas capaces de producir los grandes eventos del mundo físico, los cuales, unas veces, le eran benéficos y otras, catastróficos.
¿Cómo entender y explicar, en aquel momento de la historia: las nubes, la lluvia, el agua, el viento, las tormentas, el movimiento, el fuego, el sol, la luna, las estrellas, en fin, todos los fenómenos naturales del mundo visible?
Sin explicaciones posibles, el Homo-Humano llenó el vacío de su comprensión, como lo hacen los sueños, y se imaginó un mundo de lo invisible, la residencia de los dueños de aquellas fuerzas capaces dar y quitar la vida, mover a la naturaleza y que dominaban, a su capricho y antojo, a los Homo-Humanos y sus destinos.
Y... desde entonces.
Con la comprensión primitiva del mundo de lo visible y material, el Homo-Humano inició el desarrollo y evolución del conocimiento, para gracia y desgracia de la humanidad, pues, al igual que del conocer derivaba elementos para mejorar su existencias y dominar el miedo, también fue materia para la invención de otros miedos que lo dominaban y con los cuales dominaba a los demás. Pero esos son otros asuntos que merecen una exploración aparte.
2) MIEDO A LA MUERTE
El miedo metafísico más evidente, más cercano e inevitable, es el miedo a morir.
Conectado directamente con el miedo primario y orgánico, ese que impulsa a escapar de las amenazas y los peligros que pueden causar la muerte, el miedo a la muerte, más allá de ese natural impulso, es una creación de la mente, que si bien motiva a buscar las formas y maneras por medio de la cual vencerla y de la cual se originan toda clase de ciencias y tecnologías, también es una condena - o ¿será una marca ineluctable? - a saberse finito y limitado, una advertencia a que la soberbia es un enemigo de la vida y de la felicidad y un recordatorio permanente de que la verdadera humildad es la forma más saludable de gozar la vida.
El miedo a la muerte es una condena que, llevada a situaciones extremas y continuadas de miedo, conduce a la enfermedad y el dolor, a la parálisis y a la pérdida del goce de vivir.
Nadie mejor que Epicuro definió la inutilidad de ese miedo a la muerte:
"Acostumbrate a pensar que la muerte para nosotros no es nada, porque todo el bien y todo el mal residen en las sensaciones, y precisamente la muerte consiste en estar privado de sensación" (Carta a Meneceo, 124).
Y agrega Epicuro, entre otras cosas y para demostrar lo absurdo que es ese miedo a la muerte:
"El peor de los males, la muerte, no significa nada para nosotros, porque mientras vivimos no existe, y cuando está presente nosotros no existimos" (Carta a Meneceo, 125).
En fin, esa exhortación epicúrea es lo máximo que podemos conocer de esa muerte a la que se le tiene tanto miedo: de la muerte nada se sabe y nada se puede saber: la muerte no existe mientras vivimos y, cuando ya existe, no vivimos.
En puro sentido científico: todo organismo nace, se reproduce y muere. Lo demás, es juego metafísico para la imaginación... mientras no mate.
UN MIEDO PSICOLÓGICO
Del normal o anormal funcionamiento de la mente, me interesa, ahora, especular sobre un miedo particular, un miedo que tiene muchas relaciones con el miedo primario y los miedos metafísicos y psicológicos, hasta el punto que no me atrevo a ubicarlo en una de esas categorías.
Es un miedo que afecta y perjudica la forma y el bienestar de como se vive la propia existencia y las relaciones con los demás: es el miedo a ser controlado y manipulado por otros y, en consecuencia, a sentir que la vida depende de otros, humanos o divinos, que la determinan y manejan a su capricho y antojo.
Si bien es cierto, como ya lo he comentado en ocasiones anteriores, que el Homo-Humano necesita, para sobrevivir y reproducirse, la compañía y dependencia de otros de su especie, tal compañía y dependencia debe ser regida por la solidaridad, como lo fue "en los viejos tiempos" y no por el sometimiento, la dominación y la reverencia, que la cultura de poder y el miedo han desarrollado hasta hoy, aprovechando y abusando de las debilidades y fortalezas de la especie.
Es que la vida misma y la especie humana, en particular, es fuerte en su conjunto pero frágil en su individualidad. Tal miedo es:
3) DEPENDENCIA Y CONTROL
El primer gran susto y el principio de todo el miedo psicológico que siente el Homo-Humano, se produce en el momento mismo de la expulsión violenta de la criatura desde cálido refugio de la placenta y es lanzado a un mundo hostil que agrede dolorosamente todos sus sentidos y percepciones. Es un miedo que no podrá olvidarse.
Para empeorar las cosas, el recién nacido carece de toda posibilidad de defenderse por sí mismo, razón por la cual depende, absolutamente, de los otros para satisfacer sus necesidades básicas por un extenso período del tiempo de su vida.
Nacemos siendo dependientes y controlados. El único mecanismo de defensa, a veces inútil, es el llanto.
Es a partir de esa dependencia y de ese control que la cultura desarrolla y perpetúa el sometimiento, la dominación y reverencia de unos por otros. Para lograrlo y justificarlo ha creado las ideologías y las religiones, con las que imprime marcas indelebles en la mente y las legitima como necesidades para la sobrevivencia, prometiendo engañosas posibilidades de salud y bienestar, tanto para el individuo como para la comunidad.
Uno de los perversos mecanismos de perpetuación de las ideologías y religiones está marcado como paradigma desde la relación misma que se establece con la madre, el padre y los demás, desde el momento mismo del nacimiento, pues, además de la dependencia absoluta para la satisfacción de las necesidades básicas, el contenido de esa relación se fundamenta en el placer y el dolor que se provoca y que, en condiciones saludables y normales, debiera estar condicionado por la satisfacción de esas y otras necesidades y no por las condiciones aberrantes de la cultura, como son las de esclavizar a la criatura a los deseos y expectativas anormales del adulto, con la finalidad de provocar y establecer comportamientos "correctos" de sometimiento, dominio y reverencia.
Ese miedo a depender y ser controlado es la rebelión que se desata en el niño y que, cuando éste alcanza mayor fortaleza y dominio de sus capacidades, lo obliga a confrontar y tratar de borrar violentamente, en primer lugar, las marcas mentales y emocionales que lo afectan en su intimidad y de las que quiere liberarse para ser dueño de su propia existencia. Y, en segundo lugar, a luchar contra la cultura, las ideologías y las religiones a las que subvierte con el fin de crear el mundo que su visión le muestra.
Porque el dolor continuado producido por el miedo, lleva a los Homo-Humanos a situaciones insoportables y los obliga a rebelarse violentamente contra aquellos y aquello que los somete y los domina, destruyendo, de paso, todo lo que los rodea.
La liberación es una ardua lucha que dura toda la vida y en la que quizás sea imposible vencer. Sin embargo, la mente y la imaginación del Homo-Humano son poderosas y pueden alcanzar algún punto o refugio donde sea posible ser dueño de uno mismo.
A manera de ejemplos de quienes han buscado lograr el mayor grado de control sobre sí mismo y del ámbito que lo rodea para así sentir ser libres, he aquí algunas de las propuestas, quizás extremas y extravagantes que algunos grandes rebeldes y revolucionarios han experimentado por sí mismos y legado a la humanidad. En primer lugar la de los griegos: Diógenes y los cínicos y la de Epicuro. En segundo lugar, la de las filosofías orientales que proponen aquello de que quien nada tiene es dueño de todo.
Los interesados, pueden recurrir a la información existente sobre esas vida y obras, así como sobre aquellas filosofías. Quizás nos parezcan complejas, difíciles o absurdas, pero es que es necesario vencer antes los prejuicios y paradigmas que obstaculizan el camino a la Sabiduría.
Pero, lo más importante, que quien alcance esta difícil pero mínima meta, pueda compartirla con otros, en especial, con los que apenas llegan a este mundo. Esa es una buena manera de subvertir ideologías y religiones, prejuicios y paradigmas, para así ayudar a construir un mundo mejor y más justo.
Mejor dicho, el mejor remedio para el miedo: "epimelathenai seautou", "tomarse a sí mismo como objeto de desvelos".
NOTAS
(1) Una buena fuente de información, entre muchas otras, sobre el miedo en la cultura, es el libro de Jean Delumeau, El miedo en Occidente, Taurus, Madrid, 2002 (655 p.)
(2) Antonio R. Damasio, El error de Descartes, Crítica, Barcelona, 2003 (275 p.), p. 130
29 de agosto de 2006
LECTOR LUDI-35
Las mujeres... crían cuervos
- La violencia institucionalizada como estrategia de supervivencia
- Una patahistoria de la salud emocional de los Homo-Humanos
- El Antiguo Testamento como referente antropológico
- "El paraíso perdido" de la solidaridad
- La paranoia, madre de los mayores logros de la humanidad
Por Iván Rodrigo García Palacios
PRIMERA PARTE:
DE LA NECESIDAD AL MALTRATO INFANTIL
Las mujeres crían a sus hijos varones como al hombres soñado y, a sus hijas, tal y como fueron criadas por sus madres.
El resultado, hombres emocionalmente controladores y mujeres emocionalmente resentidas.
Y, si me atengo al secular mito, prejuicio o paradigma, según el cual, por una parte, los padres, varones, tradicionalmente apenas si actúan como modelos y representación del poder (o la autoridad o la disciplina o el liderazgo, como eufemísticamente le gusta llamarlo a la cultura) y que, por la otra parte, establece que las madres son las directamente implicadas y responsables de la crianza, podría afirmar que la reproducción cultural de los roles patriarcal y machista, así como que el del sometimiento femenino, según el matriarcalismo y feminismo, tiene su mayor "carga" (para utilizar ese término tan posmodernamente psicoanalítico y sociológico) por "culpa" de la mujer.
Como quien dice y para ironizar: Las mujeres son víctimas de sus propios frutos.
FEMINISMO DESENFOCADO
Algunas de las contradicciones que encuentro al leer las posturas de casi todos y todas, cuando reflexionan y analizan las relaciones de género, es que parten del presupuesto de que estas relaciones enfermizas se dan ya entre personas adultas, excluyendo el echo de que la formación, establecimiento y desarrollo, de las formas como se dan esas relaciones se originan y definen a partir del momento mismo del nacimiento.
El adulto, por lo que sé, es ya la suma y resultado de la totalidad de la evolución de su biografía vital, en la cual, los inicios o las iniciaciones, son puntos de partida que influyen por el resto de la existencia y, de lo cual, sus comportamientos son la consecuencia. Por lo tanto y de sana lógica, sería improcedente realizar un análisis que no incluya, hasta donde sea posible, la totalidad de la materia analizada.
La reproducción cultural y el origen de la formación, establecimiento y desarrollo, de esas relaciones, se remonta al principio de la historia de la evolución del Homo-Humano, como lo han tratado de demostrar antropólogos, psicólogos, sociólogos, historiadores, etc., revolucionarios y "políticamente incorrectos", a quienes, los sistemas imperantes de poder, pretenden censurar e impedir la divulgación amplia de sus ideas y aciertos, catalogándolos de falsos o delirantes, cuando no, y descaradamente, de subversivos.
Por muy similares que sean las naturalezas biológicas, fisiológicas y mentales de los hombres y de las mujeres, existen características específicas que los diferencian en todos esos aspectos y que, consecuentemente, determinan sus propias y particulares relaciones cuerpo-mente y las relaciones con lo externo. Puntos y diferencias en los que, ni las neurociencias ni las ciencias humanas, parecieran hacer mayor énfasis y discriminación, salvo que ya sean situaciones de marcada evidencia de lo femenino y lo masculino.
Son esas diferencias las que, en un análisis extremo, me hacen pensar que hombres y mujeres son, "casi", dos especies diferentes a las que sólo las une la reproducción, de la cual, entre otras cosas, sus mecanismos y funcionamientos han sido diferenciados y repartidos entre las dos.
Esos serían algunos de los puntos base por los que se desenfocan los análisis, conclusiones y recomendaciones que hacen tanto los matriarcalismos o feminismos como los patriarcalismos o machismos. Sólo los planteo a manera de hipótesis descabelladas que merecen investigación y tratamiento aparte, pero que, ahora, contribuyen a apoyar y a ampliar la visión de mi análisis y los comentarios sobre el asunto que me interesa:
SOY EL QUE SOY
- Somos como nos hacen y como tal nos comportamos.
- Cualquier transformación de nuestro futuro emocional debe efectuarse en el principio, así puedan intentarse algunas modificaciones a mitad del camino.
Utilizando, pero para criticarla, la historia del psicoanálisis, se me ha ocurrido definir paranoia, esquizofrenia y psicosis maníaco-depresiva, a mi manera, como casos extremos de la patología mental y emocional:
Paranoia: estado mental de miedo, real o imaginario, extremo y continuado, causado por maltratos o abusos, físicos y emocionales, desde la infancia, en el que se siente ser el único y poderoso para subyugar o destruir a aquellos que percibimos como amenaza.
Esquizofrenia: estado mental de miedo, real o imaginario, extremo y continuado, de no ser amado, causado por la privación y deprivación emocional y física desde el nacimiento.
Psicosis maníaco-depresiva: consecuencia y reacción mental y física a estados continuados de ansiedad o excitación extremos, reales o imaginarios, causados por estímulos intensos o anormales desde la infancia.
En similares términos se podría hablar de las mezclas que de estos estados anormales o patológicos definen las teorías correspondientes.
Sin entrar en contradicciones con las definiciones actuales y sus componentes psicológicos o neurocientíficos de estas patologías mentales y emocionales, en mis definiciones lo que busco destacar es presencia de una acción violenta, física y emocional, sobre el niño desde su nacimiento y por todo el período de su desarrollo físico, mental y emocional, alterando la formación, más o menos, saludable de su cerebro y mente y, por supuesto, su emocionalidad.
TRATAMIENTO PARA LA PATOLOGÍA EMOCIONAL
Es, desde los extremos de la enfermedad, como se determina los estándares de la salud emocional y se permite observar los estados y comportamientos humanos que se manifiestan en aquellos comportamientos de lo que se denomina patriarcalismo o machismo, así como matriarcalismo o feminismo, en sus contenidos tanto mentales y psicológicos como filosóficos, fenomenológicos e ideológicos, que se extienden por todos los espectros tanto de la salud mental y corporal individual como de la salud de la cultura.
Lo que propongo, por una parte, es que, si se pretende modificar las manifestaciones emocionales anormales y aberrantes de hombres y mujeres en sus relaciones mutuas y sociales, al tiempo que se pretende controlar los comportamientos adultos, es indispensable, por una parte, retornar al principio y desmontar de la cultura todas aquellas costumbres y prácticas que violentan el sano desarrollo emocional de los niños.
(Ver, como se plantea más adelante, que estas costumbres y prácticas violentas se hayan institucionalizado como una estrategia de supervivencia ante la necesidad extrema).
Y por la otra, propiciar que, simultáneamente, se generen nuevas costumbre y prácticas acordes con la naturaleza humana y sus necesidades de relacionarse y convivir solidariamente los unos con los otros de manera sana, tal y como las ciencias humanas lo han venido estableciendo y como fuera en aquel "paraíso perdido" (Ver más adelante), para así mejorar el bienestar y calidad de vida tanto para los propios individuos como para la misma cultura.
Ya es amplia la bibliografía producida por investigadores e investigadoras que han buscado los orígenes y las formas de reproducción cultural de las costumbres y prácticas violentas humanas, alguna vez estrategias de supervivencia, que alteran y enferman el sano desarrollo emocional de los individuos y la de la propia cultura, al tiempo que tratan de explicar y justificar su aparición y permanencia hasta ahora.
SEGUNDA PARTE:
UNA PATAHISTORIA DE LA HUMANIDAD
Si la historia de la humanidad se la cuenta sin la solemnidad e hipocresía oficiales y sin los ridículos rigores académicos o universitarios, resulta un relato patahistórico, para alegría de las buenas gentes, más cómico que trágico, pues y al fin y al cabo, sería la narración de la Historia de la Estupidez.
He aquí un somero intento de Pata-historia emocional de la humanidad:
El Homo-Humano se originó en África. La civilización, en Asia. La teología, en Europa. En América se mezclaron todos los vicios. Y, en Oceanía, el Homo-Humano permaneció aislado hasta que llegaron los otros.
Hace setenta y cuatro mil años, cuando el Homo-Humano estuvo al borde de la extinción, por causa de un cataclismo geológico, un pequeño grupo de Homo sobrevivientes se refugió en el extremo sur de África y de ellos se originó el Homo-Humano (hombre moderno), quien, ante tan trágica situación, no tuvo otra alternativa que desarrollar la solidaridad como fundamento de la convivencia y la supervivencia.
Esa solidaridad fue la mejor ventaja competitiva con la que la evolución dotó a la humanidad, aun por sobre la maravilla misma del cerebro, el cual, más adelante, se encargaría de borrar con el codo lo que la evolución escribió con la mano.
Una vez terminados los efectos del cataclismo y según la historia antropo-arqueológica, los Homo-Humanos iniciaron un obligado desplazamiento hacia el norte por los ríos y los campos nutricios en pequeños grupos u hordas, a manera de balsas anfibias protegidas de la hostilidad exterior por una burbuja o esfera solidaria (1), reforzada por sus, recientemente estrenadas, evoluciones cerebrales, mentales y culturales.
Economizándome un poco de años, digo con el texto bíblico: "y pobló la tierra..." a lo que agrego por mi cuenta: "... en relativa paz, tranquilidad y prosperidad, mientras la comida fue suficiente para todos".
Pero, así como "la causa de tus alegrías será la causa de tus desdichas" y "la peor pesadilla es cuando se cumplen tus sueños", demasiados Homo-Humanos terminaron concentrándose y superpoblando un relativo estrecho territorio en Asia, en el cual y cuando los recursos empezaron a escasear, les cayó la maldición de Yahveh, convirtiéndose aquello, no sólo en una Babel de lenguas confundidas, sino en una maraña de tribus que no se dispersaron, como en el mito bíblico, pero que sí que empezaron a matarse las unas a las otras para arrebatarse y dominar los mejores territorios y preservar de esa manera la supervivencia de sus miembros. Así se originó la violencia como estrategia institucionalizada para la supervivencia.
Por supuesto, antes las cosas no fueron así. La horda en su burbuja protectora fue una especie de incubadora en la cual se buscaba mejorar las característica, físicas y mentales, de los Homo-Humanos, y en la cual todos los miembros, sin diferencia de sexo, tenían como prioridad la protección de la crianza, es decir, mejores condiciones de reproducción y supervivencia (2).
REPRODUCCIÓN DE GUERREROS
A manera de paréntesis y continuando con los referentes bíblicos, del mito de Caín y Abel podría sacarse la conclusión que, en los orígenes, la violencia institucionalizada fue más arraigada y perniciosa en los grupos con mentalidad de pastores, la que se sublimó en los guerreros, mientras que los grupos con mentalidad de agricultores, por su misma estabilidad territorial, pareciera que tuvieron que responder a la violencia de los invasores.
Claro que, con las sofisticaciones de la civilización posterior, la violencia institucionalizada, sagrada y profana, se generalizo y extendió a todos los Homo-Humanos, generando así la mentalidad imperial masculina, es decir, la paranoia, esa enfermedad mental que definen las ciencias modernas (3), y de la que, por ejemplo, el perverso paradigma de "triunfadores y perdedores", enquistado en la cultura, es, entre muchos otros, uno de los enemigos de aquel "paraíso perdido" de la solidaridad, y mediante el cual se refuerza la reproducción de la cultura de violencia y agonía emocional, de la que son víctimas mujeres y niños.
Fueron pues las mujeres y los niños las primeras víctimas de la subyugación masculina, en especial, la mujer que, de ser reconocida por su poder de procreación y fertilidad, paso a ser sometida al control violento de su sexualidad y emocionalidad, al igual que la casi total anulación de su rol social en la comunidad.
Esta situación se continúo proyectando y reproduciendo en la crianza, discriminada por sexo, de los niños. Situación que todavía persiste hoy a pesar de los avances en el conocimiento y la buena voluntad por corregirla, aún insuficiente, pues los paradigmas de la "pedagogía negra" (4) permanecen enquistados en la cultura como una antigua muralla ideológica defendida hasta sus últimas consecuencias.
Ese fue el origen del trauma emocional que hombres y mujeres se han venido reproduciendo generación tras generación y que se manifiesta de manera violenta en las relaciones consigo mismos y con los demás
En consecuencia, fue así que, lo que fuera un matriarcalismo diluido y más bien lúdico (5), se transformó, por efectos de la necesidad, en el patriarcalismo y machismo violentos que han perdurado, institucionalizados, ya por quince mil o más años.
De esa violencia, reproducida como paradigma cultural, ya escribí algo en el LECTOR LUDI-33, y allí remito al lector.
FIN DE LA HISTORIA
Lo que ocurrió en la historia de la humanidad desde entonces es la historia, como ya había dicho en el LECTOR LUDI-34, de la Estupidez, a la que los historiadores oficiales, académicos y universitarios, hipócritas y pedantes, llaman la historia del progreso, y en ello no se equivocan, pues allí se reflejan los triunfos de la inteligencia humana por encontrar las mejores y masivas formas de dominar y destruir a los otros.
Como quien dice, la paranoia es la madre de la mayoría de los grandes logros de la inteligencia... y, si no me cree, lo invito a malinformarse en los medios de comunicación.
NOTAS:
(1) Peter Sloterdijk, En el mismo barco, Siruela, Madrid, 1994 (103 p), p. 25
(2) Peter Sloterdijk, En el mismo barco..., ps. 26 y 27
(3) Sin tener las estadísticas correspondientes, me atrevo a especular que la paranoia se presenta más en hombres que en mujeres.
(4) Invito a leer los manuales escritos por el pedagogo alemán, D. G. M. Schreber, a mediados del siglo XIX, que fueron motivo de inspiración para los ideólogos de la educación nazi. Las Memorias del hijo de Schreber, Daniel Paul Schreber, fueron motivo de enfrentamiento entre Freud y aquellos de sus seguidores que se apartaron de su interpretación sobre las causas de la paranoia y que, finalmente, tuvieron la razón.
Quizás, un poco más fácil de encontrar, sea el libro de Alice Miller, Por tu propio bien. Raíces de la violencia en la educación del niño (Tusquets, Barcelona), en el cual expone y analiza la historia de la "pedagogía negra".
(5) Hasta ahora ni la historia ni la arqueología han encontrado pruebas contundentes sobre la existencia de tribus o comunidades primitivas exclusivamente gobernadas o regidas por mujeres. Por el contrario, tanto en las hordas como en las tribus anteriores al patriarcalismo violento, esas comunidades consideraban de igual jerarquía a mujeres y hombres, los cuales se diferenciaban por sus roles, no muy estrictos, y a las mujeres se les otorgaba una especial en consideración a la procreación y su fertilidad, que se hacía extensiva hasta ciertos campos de lo sagrado, sin que por ello y en el terreno de lo profano, dejara de tener importancia. En consecuencia, por ello lo denomino matriarcalismo diluido y lúdico.
Los mitos y leyendas sobre mujeres guerreras, o las amazonas, son sólo mitos y leyendas aparecidas con mucha posterioridad a la jerarquización masculina de la Edad del Hierro.
Las mujeres... crían cuervos
- La violencia institucionalizada como estrategia de supervivencia
- Una patahistoria de la salud emocional de los Homo-Humanos
- El Antiguo Testamento como referente antropológico
- "El paraíso perdido" de la solidaridad
- La paranoia, madre de los mayores logros de la humanidad
Por Iván Rodrigo García Palacios
PRIMERA PARTE:
DE LA NECESIDAD AL MALTRATO INFANTIL
Las mujeres crían a sus hijos varones como al hombres soñado y, a sus hijas, tal y como fueron criadas por sus madres.
El resultado, hombres emocionalmente controladores y mujeres emocionalmente resentidas.
Y, si me atengo al secular mito, prejuicio o paradigma, según el cual, por una parte, los padres, varones, tradicionalmente apenas si actúan como modelos y representación del poder (o la autoridad o la disciplina o el liderazgo, como eufemísticamente le gusta llamarlo a la cultura) y que, por la otra parte, establece que las madres son las directamente implicadas y responsables de la crianza, podría afirmar que la reproducción cultural de los roles patriarcal y machista, así como que el del sometimiento femenino, según el matriarcalismo y feminismo, tiene su mayor "carga" (para utilizar ese término tan posmodernamente psicoanalítico y sociológico) por "culpa" de la mujer.
Como quien dice y para ironizar: Las mujeres son víctimas de sus propios frutos.
FEMINISMO DESENFOCADO
Algunas de las contradicciones que encuentro al leer las posturas de casi todos y todas, cuando reflexionan y analizan las relaciones de género, es que parten del presupuesto de que estas relaciones enfermizas se dan ya entre personas adultas, excluyendo el echo de que la formación, establecimiento y desarrollo, de las formas como se dan esas relaciones se originan y definen a partir del momento mismo del nacimiento.
El adulto, por lo que sé, es ya la suma y resultado de la totalidad de la evolución de su biografía vital, en la cual, los inicios o las iniciaciones, son puntos de partida que influyen por el resto de la existencia y, de lo cual, sus comportamientos son la consecuencia. Por lo tanto y de sana lógica, sería improcedente realizar un análisis que no incluya, hasta donde sea posible, la totalidad de la materia analizada.
La reproducción cultural y el origen de la formación, establecimiento y desarrollo, de esas relaciones, se remonta al principio de la historia de la evolución del Homo-Humano, como lo han tratado de demostrar antropólogos, psicólogos, sociólogos, historiadores, etc., revolucionarios y "políticamente incorrectos", a quienes, los sistemas imperantes de poder, pretenden censurar e impedir la divulgación amplia de sus ideas y aciertos, catalogándolos de falsos o delirantes, cuando no, y descaradamente, de subversivos.
Por muy similares que sean las naturalezas biológicas, fisiológicas y mentales de los hombres y de las mujeres, existen características específicas que los diferencian en todos esos aspectos y que, consecuentemente, determinan sus propias y particulares relaciones cuerpo-mente y las relaciones con lo externo. Puntos y diferencias en los que, ni las neurociencias ni las ciencias humanas, parecieran hacer mayor énfasis y discriminación, salvo que ya sean situaciones de marcada evidencia de lo femenino y lo masculino.
Son esas diferencias las que, en un análisis extremo, me hacen pensar que hombres y mujeres son, "casi", dos especies diferentes a las que sólo las une la reproducción, de la cual, entre otras cosas, sus mecanismos y funcionamientos han sido diferenciados y repartidos entre las dos.
Esos serían algunos de los puntos base por los que se desenfocan los análisis, conclusiones y recomendaciones que hacen tanto los matriarcalismos o feminismos como los patriarcalismos o machismos. Sólo los planteo a manera de hipótesis descabelladas que merecen investigación y tratamiento aparte, pero que, ahora, contribuyen a apoyar y a ampliar la visión de mi análisis y los comentarios sobre el asunto que me interesa:
SOY EL QUE SOY
- Somos como nos hacen y como tal nos comportamos.
- Cualquier transformación de nuestro futuro emocional debe efectuarse en el principio, así puedan intentarse algunas modificaciones a mitad del camino.
Utilizando, pero para criticarla, la historia del psicoanálisis, se me ha ocurrido definir paranoia, esquizofrenia y psicosis maníaco-depresiva, a mi manera, como casos extremos de la patología mental y emocional:
Paranoia: estado mental de miedo, real o imaginario, extremo y continuado, causado por maltratos o abusos, físicos y emocionales, desde la infancia, en el que se siente ser el único y poderoso para subyugar o destruir a aquellos que percibimos como amenaza.
Esquizofrenia: estado mental de miedo, real o imaginario, extremo y continuado, de no ser amado, causado por la privación y deprivación emocional y física desde el nacimiento.
Psicosis maníaco-depresiva: consecuencia y reacción mental y física a estados continuados de ansiedad o excitación extremos, reales o imaginarios, causados por estímulos intensos o anormales desde la infancia.
En similares términos se podría hablar de las mezclas que de estos estados anormales o patológicos definen las teorías correspondientes.
Sin entrar en contradicciones con las definiciones actuales y sus componentes psicológicos o neurocientíficos de estas patologías mentales y emocionales, en mis definiciones lo que busco destacar es presencia de una acción violenta, física y emocional, sobre el niño desde su nacimiento y por todo el período de su desarrollo físico, mental y emocional, alterando la formación, más o menos, saludable de su cerebro y mente y, por supuesto, su emocionalidad.
TRATAMIENTO PARA LA PATOLOGÍA EMOCIONAL
Es, desde los extremos de la enfermedad, como se determina los estándares de la salud emocional y se permite observar los estados y comportamientos humanos que se manifiestan en aquellos comportamientos de lo que se denomina patriarcalismo o machismo, así como matriarcalismo o feminismo, en sus contenidos tanto mentales y psicológicos como filosóficos, fenomenológicos e ideológicos, que se extienden por todos los espectros tanto de la salud mental y corporal individual como de la salud de la cultura.
Lo que propongo, por una parte, es que, si se pretende modificar las manifestaciones emocionales anormales y aberrantes de hombres y mujeres en sus relaciones mutuas y sociales, al tiempo que se pretende controlar los comportamientos adultos, es indispensable, por una parte, retornar al principio y desmontar de la cultura todas aquellas costumbres y prácticas que violentan el sano desarrollo emocional de los niños.
(Ver, como se plantea más adelante, que estas costumbres y prácticas violentas se hayan institucionalizado como una estrategia de supervivencia ante la necesidad extrema).
Y por la otra, propiciar que, simultáneamente, se generen nuevas costumbre y prácticas acordes con la naturaleza humana y sus necesidades de relacionarse y convivir solidariamente los unos con los otros de manera sana, tal y como las ciencias humanas lo han venido estableciendo y como fuera en aquel "paraíso perdido" (Ver más adelante), para así mejorar el bienestar y calidad de vida tanto para los propios individuos como para la misma cultura.
Ya es amplia la bibliografía producida por investigadores e investigadoras que han buscado los orígenes y las formas de reproducción cultural de las costumbres y prácticas violentas humanas, alguna vez estrategias de supervivencia, que alteran y enferman el sano desarrollo emocional de los individuos y la de la propia cultura, al tiempo que tratan de explicar y justificar su aparición y permanencia hasta ahora.
SEGUNDA PARTE:
UNA PATAHISTORIA DE LA HUMANIDAD
Si la historia de la humanidad se la cuenta sin la solemnidad e hipocresía oficiales y sin los ridículos rigores académicos o universitarios, resulta un relato patahistórico, para alegría de las buenas gentes, más cómico que trágico, pues y al fin y al cabo, sería la narración de la Historia de la Estupidez.
He aquí un somero intento de Pata-historia emocional de la humanidad:
El Homo-Humano se originó en África. La civilización, en Asia. La teología, en Europa. En América se mezclaron todos los vicios. Y, en Oceanía, el Homo-Humano permaneció aislado hasta que llegaron los otros.
Hace setenta y cuatro mil años, cuando el Homo-Humano estuvo al borde de la extinción, por causa de un cataclismo geológico, un pequeño grupo de Homo sobrevivientes se refugió en el extremo sur de África y de ellos se originó el Homo-Humano (hombre moderno), quien, ante tan trágica situación, no tuvo otra alternativa que desarrollar la solidaridad como fundamento de la convivencia y la supervivencia.
Esa solidaridad fue la mejor ventaja competitiva con la que la evolución dotó a la humanidad, aun por sobre la maravilla misma del cerebro, el cual, más adelante, se encargaría de borrar con el codo lo que la evolución escribió con la mano.
Una vez terminados los efectos del cataclismo y según la historia antropo-arqueológica, los Homo-Humanos iniciaron un obligado desplazamiento hacia el norte por los ríos y los campos nutricios en pequeños grupos u hordas, a manera de balsas anfibias protegidas de la hostilidad exterior por una burbuja o esfera solidaria (1), reforzada por sus, recientemente estrenadas, evoluciones cerebrales, mentales y culturales.
Economizándome un poco de años, digo con el texto bíblico: "y pobló la tierra..." a lo que agrego por mi cuenta: "... en relativa paz, tranquilidad y prosperidad, mientras la comida fue suficiente para todos".
Pero, así como "la causa de tus alegrías será la causa de tus desdichas" y "la peor pesadilla es cuando se cumplen tus sueños", demasiados Homo-Humanos terminaron concentrándose y superpoblando un relativo estrecho territorio en Asia, en el cual y cuando los recursos empezaron a escasear, les cayó la maldición de Yahveh, convirtiéndose aquello, no sólo en una Babel de lenguas confundidas, sino en una maraña de tribus que no se dispersaron, como en el mito bíblico, pero que sí que empezaron a matarse las unas a las otras para arrebatarse y dominar los mejores territorios y preservar de esa manera la supervivencia de sus miembros. Así se originó la violencia como estrategia institucionalizada para la supervivencia.
Por supuesto, antes las cosas no fueron así. La horda en su burbuja protectora fue una especie de incubadora en la cual se buscaba mejorar las característica, físicas y mentales, de los Homo-Humanos, y en la cual todos los miembros, sin diferencia de sexo, tenían como prioridad la protección de la crianza, es decir, mejores condiciones de reproducción y supervivencia (2).
REPRODUCCIÓN DE GUERREROS
A manera de paréntesis y continuando con los referentes bíblicos, del mito de Caín y Abel podría sacarse la conclusión que, en los orígenes, la violencia institucionalizada fue más arraigada y perniciosa en los grupos con mentalidad de pastores, la que se sublimó en los guerreros, mientras que los grupos con mentalidad de agricultores, por su misma estabilidad territorial, pareciera que tuvieron que responder a la violencia de los invasores.
Claro que, con las sofisticaciones de la civilización posterior, la violencia institucionalizada, sagrada y profana, se generalizo y extendió a todos los Homo-Humanos, generando así la mentalidad imperial masculina, es decir, la paranoia, esa enfermedad mental que definen las ciencias modernas (3), y de la que, por ejemplo, el perverso paradigma de "triunfadores y perdedores", enquistado en la cultura, es, entre muchos otros, uno de los enemigos de aquel "paraíso perdido" de la solidaridad, y mediante el cual se refuerza la reproducción de la cultura de violencia y agonía emocional, de la que son víctimas mujeres y niños.
Fueron pues las mujeres y los niños las primeras víctimas de la subyugación masculina, en especial, la mujer que, de ser reconocida por su poder de procreación y fertilidad, paso a ser sometida al control violento de su sexualidad y emocionalidad, al igual que la casi total anulación de su rol social en la comunidad.
Esta situación se continúo proyectando y reproduciendo en la crianza, discriminada por sexo, de los niños. Situación que todavía persiste hoy a pesar de los avances en el conocimiento y la buena voluntad por corregirla, aún insuficiente, pues los paradigmas de la "pedagogía negra" (4) permanecen enquistados en la cultura como una antigua muralla ideológica defendida hasta sus últimas consecuencias.
Ese fue el origen del trauma emocional que hombres y mujeres se han venido reproduciendo generación tras generación y que se manifiesta de manera violenta en las relaciones consigo mismos y con los demás
En consecuencia, fue así que, lo que fuera un matriarcalismo diluido y más bien lúdico (5), se transformó, por efectos de la necesidad, en el patriarcalismo y machismo violentos que han perdurado, institucionalizados, ya por quince mil o más años.
De esa violencia, reproducida como paradigma cultural, ya escribí algo en el LECTOR LUDI-33, y allí remito al lector.
FIN DE LA HISTORIA
Lo que ocurrió en la historia de la humanidad desde entonces es la historia, como ya había dicho en el LECTOR LUDI-34, de la Estupidez, a la que los historiadores oficiales, académicos y universitarios, hipócritas y pedantes, llaman la historia del progreso, y en ello no se equivocan, pues allí se reflejan los triunfos de la inteligencia humana por encontrar las mejores y masivas formas de dominar y destruir a los otros.
Como quien dice, la paranoia es la madre de la mayoría de los grandes logros de la inteligencia... y, si no me cree, lo invito a malinformarse en los medios de comunicación.
NOTAS:
(1) Peter Sloterdijk, En el mismo barco, Siruela, Madrid, 1994 (103 p), p. 25
(2) Peter Sloterdijk, En el mismo barco..., ps. 26 y 27
(3) Sin tener las estadísticas correspondientes, me atrevo a especular que la paranoia se presenta más en hombres que en mujeres.
(4) Invito a leer los manuales escritos por el pedagogo alemán, D. G. M. Schreber, a mediados del siglo XIX, que fueron motivo de inspiración para los ideólogos de la educación nazi. Las Memorias del hijo de Schreber, Daniel Paul Schreber, fueron motivo de enfrentamiento entre Freud y aquellos de sus seguidores que se apartaron de su interpretación sobre las causas de la paranoia y que, finalmente, tuvieron la razón.
Quizás, un poco más fácil de encontrar, sea el libro de Alice Miller, Por tu propio bien. Raíces de la violencia en la educación del niño (Tusquets, Barcelona), en el cual expone y analiza la historia de la "pedagogía negra".
(5) Hasta ahora ni la historia ni la arqueología han encontrado pruebas contundentes sobre la existencia de tribus o comunidades primitivas exclusivamente gobernadas o regidas por mujeres. Por el contrario, tanto en las hordas como en las tribus anteriores al patriarcalismo violento, esas comunidades consideraban de igual jerarquía a mujeres y hombres, los cuales se diferenciaban por sus roles, no muy estrictos, y a las mujeres se les otorgaba una especial en consideración a la procreación y su fertilidad, que se hacía extensiva hasta ciertos campos de lo sagrado, sin que por ello y en el terreno de lo profano, dejara de tener importancia. En consecuencia, por ello lo denomino matriarcalismo diluido y lúdico.
Los mitos y leyendas sobre mujeres guerreras, o las amazonas, son sólo mitos y leyendas aparecidas con mucha posterioridad a la jerarquización masculina de la Edad del Hierro.
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