4 de mayo de 2015

Lector ludi No. 75: Humano, materia que siente y lo recuerda

Lector ludi No. 75



"La Bacanal de los Andrios", Tiziano (1520, Museo del Prado, Madrid)


Iván Rodrigo García Palacios


Humano, materia que siente y lo recuerda


Entre el delirante creer que el Homo-Humano es una criatura animada por un "algo sobrenatural", La Gran Excepción, o aceptar que es otro objeto más de materia y energía en la evolución del universo con cualidades y propiedades asombrosas, prefiero la segunda opción.
Pero, ¿qué es lo que hace asombroso al Homo-Humano?: Su propiedad de recordar, ese algo de lo que sólo la materia viva está dotada, porque memoria tiene toda la materia.
Es ahí en donde se asienta la particularidad del Homo-Humano, ese objeto material con capacidad de sentir y sentir que siente y en consecuencia, de imaginar e imaginarse, de pensar y pensarse, de anhelar, mejor dicho de recordar, es decir, memorizar y recordar, eso que es sentir lo que se ha sentido y darle algún sentido o, aun más asombroso, inventarse sentir algo que no ha sentido pero que se siente como si se lo hubiera sentido, porque con los recuerdos también se inventan recuerdos; eso es lo que hace asombroso al Homo-Humano y a los mundos que se inventa con su capacidad de recordar para inventar (adaptación).


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Eric R. Kandel, En busca de la memoria: nacimiento de una nueva ciencia de la mente, - 1a ed. - Buenos Aires : Katz, 2007. pp. 14-15.
"Ha surgido así una nueva ciencia de la mente que recurre a la poderosa biología molecular para estudiar los misterios de la vida que aún se nos ocultan.
Cinco principios son el fundamento de esta ciencia mixta. En primer lugar, no cabe separar la mente del cerebro. El cerebro es un órgano biológico complejo que tiene una enorme capacidad de cómputo y construye nuestras experiencias sensibles, regula nuestros pensamientos y emociones y controla nuestras acciones. No sólo se encarga del comportamiento motor relativamente simple que desarrollamos para correr o comer, sino de complejos actos que reputamos como la quintaesencia de lo humano: pensar, hablar y crear obras de arte. Desde esta perspectiva, la mente es un conjunto de operaciones que lleva a cabo el cerebro, así como caminar es un conjunto de operaciones que llevan a cabo las piernas, con la salvedad de que se trata de algo radicalmente más complejo.
En segundo lugar, en cada función mental –desde el reflejo más simple hasta las actividades creativas como el lenguaje, la música y el arte– intervienen circuitos neurales especializados de distintas regiones cerebrales. Por esa razón, es preferible hablar de la “biología mental” para referirnos al conjunto de operaciones mentales que llevan a cabo esos circuitos neurales especializados, en lugar de hablar de la “biología de la mente”, expresión que sugiere que todas las operaciones mentales se desenvuelven en un lugar preciso y entrañan un emplazamiento cerebral único.
En tercer lugar, todos esos circuitos están constituidos por las mismas unidades elementales de señalización, las células nerviosas. En cuarto lugar, los circuitos neurales utilizan moléculas específicas para transmitir señales en el interior de las células nerviosas y también entre dos células distintas. Por último, esas moléculas específicas que constituyen el sistema de señales se han conservado a lo largo de millones de años de evolución. Algunas de ellas ya estaban presentes en las células de nuestros antepasados más remotos y pueden hallarse hoy en nuestros parientes más lejanos y primitivos desde el punto de vista evolutivo: los organismos unicelulares como las bacterias y las levaduras, y los organismos multicelulares simples como los gusanos, las moscas y los caracoles. Para organizar sus andanzas en su medio ambiente, estas criaturas utilizan las mismas moléculas que empleamos nosotros para gobernar nuestra vida cotidiana y adaptarnos al nuestro.
Así, la nueva ciencia de la mente no sólo nos ilumina sobre nuestro propio funcionamiento –cómo percibimos, aprendemos, recordamos, sentimos y actuamos– sino que, además, nos sitúa en perspectiva en el contexto de la evolución biológica. Nos permite comprender que la mente humana evolucionó a partir de las moléculas que utilizaban nuestros antepasados más humildes y que los mecanismos moleculares que regulan los diversos procesos biológicos también se aplican a nuestra vida mental"
Eric Richard Kandel es un científico estadounidense, nacido en Viena (Austria) el 7 de noviembre de 1929. Se destacó especialmente en los ámbitos de la medicina, la psiquiatría y la neurofisiología, recibiendo como reconocimiento a su labor el Premio Nobel en el año 2000 debido a sus estudios científicos de la aplysia, una especie de caracol marino que tiene unos mecanismos neuronales que funcionan de manera parecida a los humanos.


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Somos humanos porque en la evolución y en la selección natural se desarrollaron los mecanismos necesarios con los cuales darle sentido y significado al sentir placer y dolor y, desde allí, a inventar y desarrollar eso que llamamos cultura y que, se supone, nos dice qué es lo que sentimos y somos.
Considero que el primero de esos mecanismos es el de la homeostasis, ese mecanismo de autorregulación de la materia y de la energía que mantiene, según las definiciones comunes, una condición interna estable, compensando los cambios en su entorno, de cualquier organismo.
En los organismos vivos, a los que primero se les atribuyó ese concepto, la homeostasis opera mediante el intercambio de materia y energía con el exterior (metabolismo). Según también esas definiciones comunes, se trata de una forma de equilibrio dinámico que se hace posible gracias una red de sistemas de control realimentados que constituyen los mecanismos de autorregulación de los seres vivos.
Pero, más allá de esas definiciones un tanto técnicas, también considero la homeostasis como el mecanismo mediante el cual la selección natural provoca la evolución de los organismos vivos tanto en la evolución biológica como en la evolución cultural, mejor dicho, la homeostasis es la madre de la diversidad tanto biológica como cultural en toda su inconmensurable complejidad.
Pero, como la homeostasis biológica ha sido mejor estudiada y explicada, voy a hablar ahora de mi hipótesis descabellada mediante la cual atribuyo la incidencia de ese mecanismo en la evolución cultural y en la selección cultural.
Para empezar, considero a la homeostasis como la balanza del placer y del dolor, es decir, la manifestación en los organismos vivos de aquellos mecanismos que en la materia y en la energía constituyen la reacción, o sean, la atracción y el rechazo. Además y para extremar mi hipótesis descabellada, considero que sentir placer y dolor son el principio desde el que se elabora el primer código y, a partir de allí, todos los códigos tanto los de la materia viva como los de la cultura, por ejemplo, el código genético en la biología y el lenguaje en la cultura.
El placer y el dolor, como elementos para la codificación, le permiten a los organismos vivos, desde el más simple hasta el más complejo, "marcar" y memorizar todo aquello que lo afecta y, a partir de allí, clasificar y ordenar tanto en códigos como en sistemas de relaciones e interpretaciones mediante los cuales cumplir con los imperativos biológicos y con la evolución y la selección natural y con la evolución y la selección cultural.
Como la filosofía y las ciencias se han encargado de definir y establecer todo lo relacionado con la elaboración y desarrollo de los códigos y sistemas, a ellas remito y me conformo con decir algo sobre las conexiones del placer y del dolor con el conocer y el aprender.
Y es que en el sentir empieza todo aquello que es conocer, aprehender y aprender que es donde se originan esos dos inventos que son las caras de la misma moneda: el lenguaje y la sociedad.
Se conoce, se aprehende y se aprende lo que se siente y sentir que se siente es la conciencia y la mente es el mapa y la memoria de la conciencia del cuerpo. Y para que la conciencia se haga consciente, es necesario la conexión, relación e intercambio de sentires consigo mismo, con otros individuos y con el universo, mejor dicho para que la conciencia se haga consciente se tuvo que inventar el lenguaje y la sociedad. El lenguaje, para identificar, definir y darle sentido a lo que se siente. La sociedad, para que los sentidos asignados a los códigos, lenguajes y conceptos inventados se conecten, relacionen, integren, compartan y expandan con los otros individuos y así inventar las herramientas del conocer, del saber, del memorizar, del recordar, del acumular y del compartir las experiencias y saberes en esa otra evolución que es la evolución cultural y la vida en comunidad.
A lo anterior hay que agregar las utilidades que la selección natural busca resolver al desarrollar los mecanismos y procesos que hacen posible inventar y utilizar los códigos y lenguajes, así como las habilidades para la socialización que como es obvio resuelven necesidades imperativas de supervivencia, reproducción y adaptación que no es del caso explicar ahora.
En ese contexto, el código, el sistema y el lenguaje del sentir se inician con el sentir placer y dolor y con la infinidad de placeres y dolores que se puedan sentir entre un extremo y el otro, sin llegar a agotar la variedad. Ahora, darle sentido y conceptualizar cada placer y cada dolor es el comienzo del proceso mediante el cual el cerebro cumple con una de las leyes de la Naturaleza:
A la Naturaleza le repugnan el desorden y el vacío, por ello todo lo ordena y todo lo llena. Y el cerebro no es la excepción. Si hay algo que haga el cerebro con plena naturalidad es diferenciar, organizar, categorizar, clasificar, catalogar, codificar. Y la mente humana a todo lo tiene que ordenar, encontrarle sentido y darle significado. Para ello inventó los símbolos, los signos, las señales y con ello, los códigos y lenguajes, para ordenar, organizar, memorizar y expresar para compartir. La memoria es acumulación, los recuerdos son la memoria con emociones y sentimientos. Recordar es volver a sentir.
Y las emociones y los sentimientos son la infinidad de reacciones mediante las cuales el cerebro le da sentido a la infinita variedad de placeres y dolores que el cuerpo siente, desde la propia sensación y reacción físico-química, pasando por las sensaciones, las reacciones fisiológicas y hasta a aquellas sensaciones y reacciones anímicas de tan compleja manifestación, expresión y explicación, eso que también se llaman sentimientos y que culminan en lo que llamo El Gran Anhelo de Futuro: El Espíritu. En el contexto de la evolución y de la selección natural El Espíritu es lo que sentimos. En la evolución y selección cultural El Espíritu es lo que decimos de lo que sentimos.
El gran anhelo explica el deseo de trascendencia y todo eso de la espiritualidad y las angustias etc., así como eso del creer que el Homo-Humano es La Gran Excepción.


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Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobilogía de la emoción y los sentimientos, Crítica, Barcelona, 2009, p. 249:
"El anhelo es un rasgo profundo de la mente humana. Esta implantado en el diseño del cerebro humano y en el acervo genético que lo engendra, no menos que los rasgos profundos que nos conducen con gran curiosidad hacia una exploración sistemática de nuestro propio ser y del mundo que lo rodea; los mismos rasgos que nos impulsan a construir explicaciones para los objetos y situaciones de este mundo. El origen evolutivo del anhelo es completamente plausible, pero la explicación necesita otro factor para que uno pueda comprender por qué la constitución humana acabó por incorporar el rasgo. Creo que en los seres humanos primitivos funcionó un parecido factor de la misma manera que está funcionando ahora. Su consistencia tiene que ver con el poderoso mecanismo biológico que hay tras él: la misma empresa natural de autopreservación que Spinoza enuncia de forma tan clara y trasparente como esencia de nuestro ser, el conatus, es llamado actuar cuando nos enfrentamos a la realidad del sufrimiento y, en especial, de la muerte, real o anticipada, ya sea la nuestra o la de los que amamos. La perspectiva misma del sufrimiento y la muerte trastorna el proceso homeostático del espectador. La empresa natural para la autopreservación y el bienestar responde al trastorno con una lucha para evitar lo inevitable y corregir el equilibrio. La lucha provoca que encontremos estrategias compensadoras para la homeodinámica que se ha desviado del camino recto; y el darse cuenta de toda la situación comprometida es causa de profunda aflicción" .


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Carlos Muñoz Gutiérrez, Gerald M. Edelman. Bright Air, Brilliant Fire. On the Matter of the Mind. Basic Books, 1992:
"[...] el sistema inmunitario no es un mecanismo que aprenda o se le enseñe que anticuerpos fabricar, sino que es un sistema selectivo acorde con los principios darwinistas de la selección.
Este fue el punto de partida de Edelman para concebir al cerebro como un sistema selectivo, en el que la selección opera durante el tiempo de vida del sistema.
Efectivamente Edelman toma la actitud metodológica de construir una teoría científica de la mente basándose en la estructura y función del cerebro. Por científica aquí debemos entender:
(1) Ofrecer una descripción de la mente basada en la organización neural y fenotípica de un individuo, formulada en términos de mecanismos físicos y químicos.
(2) Que el modelo de conciencia o mente basado en tal descripción debe ser corroborable por experimentación, o al menos consistente con modelos del cerebro que sean verificables empíricamente.
Este punto de partida tiene que ver con el rechazo que Edelman realiza al funcionalismo como método de trabajo en el tema de la conciencia, al contrario intenta probar que la conciencia es una propiedad de la materia. Y es que el funcionalismo, en la medida en que es indiferente al sistema concreto que realiza la función, en la medida en que es indiferente al contenido concreto que se procesa y en la medida en que supone lo que precisamente hay que explicar es inconsistente con los datos de partida que una teoría psicológica debería explicar. En concreto.
(1) Los sistemas nerviosos individuales muestran una enorme variación funcional y estructural en muchos niveles: molecular, celular, anatómico, fisiológico y conductual (yo agregaría: afectivo y cognitivo). A pesar de las semejanzas en los individuos de una especie, el grado de variación individual de cerebro en cerebro excede lo que podía tolerarse en una ejecución fiable en cualquier máquina construida de acuerdo a principios funcionales de ingeniería. De tal manera, entonces, la variación no es un ruido sobreimpreso sobre el conjunto de procedimientos programados sino que es fundamental en el trabajo del sistema de variación.
(2) Para sobrevivir, un organismo debe o heredar o crear criterios que le permitan clasificar el mundo en categorías perceptivas de acuerdo con sus necesidades adaptativas. Aun después de que esta clasificación se haya realizado en función de la experiencia, el mundo mantiene lugares llenos de novedad que todavía no han sido categorizados. Así la información de entrada del mundo no encaja con los requisitos de una información prexistente y estable de los sistemas de procesamiento de información.
A partir de aquí Edelman enuncia su tesis fundamental, a saber, que el cerebro es un sistema selectivo, en el que la selección opera durante el tiempo de vida del individuo. Para el desarrollo de esta tesis fundamental elabora lo que él denomina la teoría de la selección del grupo de neuronas (TNGS).
La TNGS es una teoría de poblaciones que postula precisamente que la habilidad de los organismos para categorizar un mundo no etiquetado y para comportarse en él de una manera adaptativa surge no de la transferencia de instrucciones o de información sino de procesos de selección bajo variación. La TNGS considera que hay una generación continua de diversidad en el cerebro. En el cerebro embrionario, hay variación y selección en la migración de poblaciones celulares y durante la muerte de células. También en la formación de las sinapsis. En el cerebro maduro, en la amplificación diferencial de la eficacia de las sinapsis.
Esto tiene como consecuencia la formación de grupos neuronales y que el proceso es modificado continuamente por reentradas de señales".


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Los sentimientos


Y es que en eso de los sentimientos, las neurociencias han ido descubriendo el origen o el fundamento o la razón del ser y del hacer del Homo-Humano, porque son los sentimientos los que le determinan lo que es y lo que hace, mejor dicho, la respuesta a las grandes preguntas.
Pero ese es otro asunto de la filosofía, lo que interesa ahora es la mera naturaleza biológica de los sentimientos y para ello, un par de citas, con la advertencia de que son muchos más los neurocientíficos que han mostrado y demostrado esa naturaleza que dice que el Homo-Humano es un complejo sistema de sentir.
He aquí lo que dice Antonio Damasio:
"Los sentimientos, en el sentido que se emplea en este libro, surgen de cualquier conjunto de reacciones homeostáticas, no únicamente de las emociones propiamente dichas. Traducen el estado de vida en curso en el lenguaje de la mente" (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos, Crítica. Barcelona, 2009, p. 85).
[...]
"Para que se produzca un sentimiento o sensación en el sentido tradicional del término se requiere que su contenido sea conocido por parte del organismo; es decir, la conciencia es un requisito. La relación entre sentimiento y conciencia es delicada. En términos sencillos, no podemos sentir si no somos conscientes. Pero resulta que la maquinaria de las sensaciones contribuye en sí misma al proceso de conciencia, a saber, a la creación del yo, sin el cual no se puede conocer nada. La manera de salir de esta dificultad pasa por darse cuenta de que el proceso de sentir es múltiple y ramificado. Algunos de los pasos necesarios para producir una sensación son exactamente los mismos que se precisan para producir el protoyo, del que dependen el yo y eventualmente la conciencia. Pero algunos de los pasos son específicos del conjunto de cambios homeostáticos que se sienten, es decir, específicos de un objeto determinado." (Antonio Damasio, En busca de Spinoza, p. 109).


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El pensamiento


El pensamiento, cualquier pensamiento, esas palabras que resuenan en la conciencia o eso que llaman desde filosofía personal hasta un sistema filosófico o un sistema matemático o el acumulado de saberes de una ciencia, o lo que constituyen las ideas sobre las que una persona piensa, etc. no es otra cosa que un relato o un cuento que es relatado y contado en los códigos de los lenguajes correspondientes, pero que al relatarse y contarse de nuevo ya es otro relato o cuento porque el sentir, los sentimientos, etc., lo trasforman cada vez que lo cuentan en una memoria y unos recuerdos dinámicos y sensuales, en eso que las neurociencias llaman plasticidad del cerebro y evolución de la cultura.
Otra cosa, ese pensamiento evoluciona y se trasforma, porque cada vez que se sucede una mutación en los códigos de los lenguajes, en los sistemas y en los conceptos que lo soportan o que lo relatan o que lo cuentan, cambia todo, por ejemplo: cuando se introdujo el "0" (el cero) en el lenguaje de las matemáticas, estas cambiaron todo en las matemáticas, tanto hacia adelante como hacia atrás en la historia. Igual sucede con los códigos, relatos y cuentos de todos los demás lenguajes y conceptos del pensamiento, tal y como sucedió en el momento en el que los códigos de los lenguajes hablados se convirtieron en alfabetos de vocales y consonantes y, a su vez, en signos gráficos. O con la incorporación de los conceptos científicos y físicos de Copérnico, Galileo, Newton y tantos otros que "en hombros de gigantes" acrecientan las ciencias y las artes.
Y, por supuesto, un cambio o mutación en los códigos, sistemas y lenguajes, obliga a un cambio o mutación en los estados mentales, es decir, en los modos y maneras como el cerebro procesa el pensamiento, los conceptos, la información y el saber, porque con ello, se produce un cambio en el sentir y en la visión de sí mismos, de los otros y del mundo, por ejemplo, lo sucedido en la cultura de la Grecia antigua y lo que sucedió en las culturas que de allí siguieron.
Lo mismo podría decirse para todos los códigos que ha inventado el Homo-Humano y que se corresponde con lo mismo que sucedió con eso que se llama código genético o genoma, el que, por ejemplo, generó el mayor mecanismo de evolución y mutación en el momento en el cual los cromosomas se dividieron en X y Y y, a partir de allí, cuando la reproducción biológica se hizo por sexos, de lo cual somos consecuencia.
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Antonio Damasio, Sentir lo que sucede. Cuerpo y emoción en la fábrica de la conciencia, Andrés Bello, Santiago de chile, 2000, pp. 129-130:
"El lenguaje apenas necesita la consciencia como una más entre las importantes habilidades por las que los humanos debieran agradecerle. Las glorias del lenguaje se hallan en otra parte: en la habilidad de traducir pensamientos en palabras y frases precisas, y palabras y frases en pensamientos; en la capacidad de clasificar económica y rápidamente conocimientos bajo el alero protector de un vocablo; y en la capacidad de expresar construcciones imaginarias o abstracciones remotas con una palabra simple y eficaz. Pero ninguna de estas notables habilidades -que permitieron a la mente humana crecer en saber, inteligencia y creatividad, y consolidaron las sofisticadas modalidades de consciencia ampliada que hoy poseemos tiene que ver con la fábrica de consciencia nuclear, ni con la producción de emoción o percepción".


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Gerald M. Edelman, Giulio Tononi, El universo de la conciencia. Cómo la materia se convierte en imaginación, Crítica, Barcelona, 2005, p. 235:
"La emergencia del yo conduce a un refinamiento de la experiencia fenomenológica, a enlazar los sentimientos con el pensamiento, la cultura y las creencias. Libera la imaginación y abre el pensamiento a los vastos dominios de la metáfora. Puede incluso llevar a escaparse temporalmente, pero manteniendo la conciencia, de las ataduras temporales del presente recordado. Con la ayuda de una visión combinada de la conciencia primaria y la conciencia de orden superior, podemos clarificar, si no disipar completamente, tres grandes misterios -el de la conciencia continua, el del yo, y el de la construcción de historias, planes y ficciones".
Ver también: -Antonio Damasio, Sentir lo que sucede. Cuerpo y emoción en la fábrica de la conciencia, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 2000. -Antonio Damasio, Y el cerebro creó al hombre. ¿Cómo pudo el cerebro generar emociones, sentimientos, ideas y el yo?, Destino, Barcelona, 2010.


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Mí cerebro y yo:
amo o esclavo, amigo o enemigo


Eric R. Kandel, En busca de la memoria: nacimiento de una nueva ciencia de la mente - 1a ed. - Buenos Aires : Katz, 2007. p. 82:
"La biología de las células nerviosas se fundamenta en tres principios que surgieron en su mayor parte durante la primera mitad del siglo  y que hasta hoy constituyen el núcleo de lo que sabemos sobre la organización funcional del cerebro. La doctrina de la neurona (la teoría celular en lo que concierne al cerebro) sostiene que la célula nerviosa o neurona es la unidad estructural del cerebro y su elemento unitario de señalización. La hipótesis iónica incumbe a la transmisión de información en el interior de la célula nerviosa. Describe los mecanismos utilizados por la célula para generar señales eléctricas –denominadas potenciales de acción– que pueden propagarse en su interior a una distancia considerable. La teoría química de la transmisión sináptica concierne a la transmisión de información entre células nerviosas. Describe cómo se comunica una célula nerviosa con otra liberando una señal química llamada neurotransmisor: la segunda célula reconoce la señal y responde a ella mediante una molécula específica de su membrana superficial, que recibe el nombre de receptor. Los tres conceptos tienen que ver con las células nerviosas individualmente".


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Por paradójico que lo parezca, yo soy lo que mí cerebro es y recuerda, sin embargo, esa propiedad no necesariamente es ni unidimensional ni unilateral ni inmodificable, mí cerebro y yo podemos compartir las cualidades y propiedades de lo que yo soy y de lo que él es, para bueno o para malo, ser amo o esclavo, amigos o enemigos.
En un símil sencillo, mí cerebro y yo funcionamos en una relación de hardware y software, memoria física y memoria virtual (memorias ROM y RAM). Si ambos funcionan armónica y saludablemente, yo funciono adecuadamente. Y, también, consecuente con ese símil y como en los computadores, ese hardware y ese software, deben ser instalados, iniciados y configurados, adecuadamente, para que funcionen correctamente.
Por supuesto, mí cerebro y yo somos un hardware y un software más complejos y todavía muy desconocidos. Pero, por lo que ya se sabe, el símil es válido para explicar lo qué, cómo y por qué, somos y funcionamos, hasta cierto punto.
Sin entrar en una exposición científica de ciencias computacionales, por lo que ya se sabe, el cerebro se desarrolla y funciona a partir de un hardware y de un software ya determinados por el código genético 1, filogenia y memoria genética, resultante al momento de la fertilización del óvulo, pero, a partir de ese momento, ese desarrollo y ese funcionamiento serán afectados por la infinidad de sucesos y situaciones internas y externas que intervengan ya afecten la gestación, vida y existencia de cada persona desde el comienzo hasta el fin de la vida, en una interrelación e integración de infinidad de posibilidades y resultados que se afectan entre sí y que pueden ser rígidos o flexibles o plásticos, como es posible. Ese es el motivo por el cual cada individuo es único y exclusivo, sin que importen las similitudes o diferencias genéticas, epigenéticas o culturales en su gestación y desarrollo.
Por ejemplo, el código genético determina, entre muchas otras cosas, el sexo del nuevo individuo, pero las circunstancias y condiciones de la gestación pueden alterar la bioquímica de la sexualización y, por ello, determinar la fisiología y psicología de ese individuo en su desarrollo posterior, lo cual, a su vez, condiciona su existencia, su comportamiento y sexualidad.
Lo anterior, en cuanto a los mecanismos biogenéticos, para los cuales las ciencias ya tienen herramientas y métodos para explorar, identificar, describir, predecir y hasta manipular. Pero, si bien, esos mecanismos biogenéticos determinan el resto de la vida, existen otros mecanismos biológicos, epigenéticos y culturales más complejos y desconocidos que afectan al cuerpo y al comportamiento, es decir, al Ser y Estar del individuo en el mundo.
Tal el caso de las neuronas, desde el mismo momento en el que se inicia su formación, estas desarrollan también un proceso de funcionamiento especializado y condicionante que puede ser rígido y definitivo o flexible y plástico, pero siempre interactuante e integrado. Por ejemplo: las neuronas que controlan la motricidad, desde la motricidad automática del corazón o de los pulmones, hasta la motricidad voluntaria o involuntaria de los músculos, que, si bien, para el primer caso es rígida y definitiva y para el segundo es flexible y plástica, en el desarrollo y ejercicio de sus actividades pueden ser afectadas, alteradas, controladas y modificadas por circunstancias internas o externas al organismo.
Lo mismo es válido para el resto de las neuronas del sistema nervioso total. Si bien, el cerebro se desarrolla y funciona como un todo, a medida que el organismo se desarrolla, las neuronas se localizan en áreas específicas y se especializan y forman circuitos neuronales que se extienden por todo el sistema nervioso y que interactúan entre sí, desde lo micro hasta lo macro. El resultado de esa actividad es el mecanismo homeodinámico que mantiene en funcionamiento, autoregulación y equilibrio al organismo, desde sus funciones biológicas, metabólicas y fisiológicas, hasta las funciones superiores, mentales, extensivas y expresivas, en una relación íntima y única que determina la conciencia, el qué, cómo y por qué se Es y se Está en el mundo y en la complejidad de tal condición que todavía es imposible medir, es decir, eso es lo que hace que cada individuo sea único y que esa exclusividad, a su vez, afecte a los demás individuos, con consecuencias imprecisables.
Pero, lo que si se puede afirmar, es que, de las circunstancias y condiciones de esos desarrollos, dependerá lo qué, cómo y por qué sera la vida y la existencia de cada individuo, en particular, y la de sus comunidades, en general. Mejor dicho, la selección natural y la selección cultural en funcionamiento.
En principio, sólo me interesa el desarrollo de cada individuo y, en lo particular, sólo en aquellos desarrollos que dependen, en primer lugar y primordiales, de la crianza y, en segundo lugar, los que dependen de la voluntad y acción del individuo mismo, es decir, me interesan, primero, el impacto y efecto que el ámbito y las personas, trátese de los padres o demás personas que afectan la crianza y desarrollo del individuo y, segundo, el manejo y control que cada individuo puede tener sobre sí mismo y su ámbito, física, biológica, anímica e intelectualmente.
De acuerdo con lo anterior, y sin entrar en las particularidades científicas, se puede afirmar que cada individuo es y será afectado por todo aquello que afectó su desarrollo y lo que afecta sus ser y hacer en todo momento. Y que, de lo saludable de ese desarrollo, depende la salud fisiológica, anímica e intelectual, de su vida y existencia. Su Ser y Estar en el mundo.
Sin entrar en inquisiciones ni filosóficas ni científicas, la vida y la existencia (bios y zoe) de cada individuo empieza por formar y desarrollar los mecanismos y procesos vitales y existenciales que lo conectan y relacionan consigo mismo, con los otros y con el mundo y que, de ese desarrollo, dependerá el qué, cómo y por qué se relacionará y actuará durante su vida. Es decir, cada individuo es y será, para sí mismo y para los demás, tal y cómo aprendió a sentir y a sentirse.
De manera sucinta, ese desarrollo empieza por instalar, iniciar, configurar, formar y desarrollar los circuitos neuronales genéticos, epigenéticos y culturales, de las percepciones 2 y sensaciones que le provocan los sentidos tanto interna como externamente, a partir de las dos reacciones básicas de todo organismo: placer y dolor (la reactividad de la materia: atracción y rechazo). Esos circuitos forman la mente, es decir, la memoria del cuerpo, algo así como el software del sistema operativo y de los demás programas que se instalen en el hardware que es el cuerpo 3.
Ahora bien, todo eso es y funciona en las articulaciones básicas establecidas por los códigos de la cultura: placer y dolor, espacio y tiempo. Eso quiere decir que cada individuo comienza su vida por establecer, uno, a partir de las dos reacciones básicas de su organismo: placer y dolor y dos, de la percepción y sensación de su propio espacio y de su propio tiempo tanto interior como exterior, cuerpo y mundo y, del saludable establecimiento de esas dimensiones sensuales, dependerá lo saludable de las relaciones y conexiones que se establezcan consigo mismo y con todo lo demás. Circuitos neuronales atrofiados o dañados o dolorosos, provocarán el sentir un Ser y Estar distorsionados o, si por el contrario, se han establecido circuitos neuronales fluidos y armónicos, placenteros, de esa forma se sentirá el Ser y Estar en consonancia y armonía consigo mismo y lo demás.
En otras palabras, la vida y la existencia saludables del Homo-Humano serán lo que se haga de ellas, del buen sentir al bien pensar, es decir, el adecuado desarrollo de los códigos que forman y conforman la vida y la existencia, por un lado, los códigos físico-químicos, biológicos y por el otro, los códigos culturales, mejor dicho, mecanismos de la selección natural y la selección cultural.


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Carlos Muños Gutiérrez, La Teoría de la Selección del Grupo de Neuronas. G.M. Edelman :
"Para sobrevivir, un organismo debe o heredar o crear criterios que le permitan clasificar el mundo en categorías perceptuales de acuerdo con sus necesidades adaptativas. Además el mundo, incluso para el tiempo de vida de un organismo, está lleno de novedad, lo que exige que estos procesos de categorización puedan reestructurarse, renovarse y reiniciarse continuamente. El mundo, para el organismo, no se da por completo de una vez, sino que se construye en un proceso constante y continuo. Por tanto, los órganos que se encargan de estas tareas, es decir, el cerebro en último término, debe ser flexible, pero también, como consecuencia, único. Esto está de acuerdo con la enorme variación funcional y estructural en muchos niveles: molecular, celular, anatómico, fisiológico y conductual, que muestran los sistemas nerviosos por lo que, a pesar de las semejanzas en los individuos de una especie, el grado de variación individual de cerebro en cerebro excede lo que podía tolerarse en un proceso de fabricación de ingeniería. Visto así, cualquier teoría interesante sobre la mente tendrá que tener en cuenta estas observaciones y no podrá generalizar, a menos que contemple en la descripción estructural, orgánica, las fuertes diferencias y la exigencia de flexibilidad y variación que impone la novedad del mundo. Por eso Edelman rechaza las teorías que contemplan el cerebro como un sistema que procesa información.
A partir de aquí Edelman enuncia su tesis fundamental, a saber, que el cerebro es un sistema selectivo, en el que la selección opera durante el tiempo de vida del individuo. Para el desarrollo de esta tesis fundamental elabora lo que él denomina la teoría de la selección del grupo de neuronas (TNGS).
La TNGS es una teoría de poblaciones que postula precisamente que la habilidad de los organismos para categorizar un mundo no etiquetado y para comportarse en él de una manera adaptativa surge no de la transferencia de instrucciones o de información sino de procesos de selección bajo variación. La TNGS considera que hay una generación continua de diversidad en el cerebro. En el cerebro embrionario, hay variación y selección en la migración de poblaciones celulares y durante la muerte de células. También en la formación de las sinapsis. Y en el cerebro maduro, en la amplificación diferencial de la eficacia de las sinapsis. Esto tiene como consecuencia la formación de grupos neuronales y que el proceso es modificado continuamente por reentradas de señales".


Notas


1Para explicarse la naturaleza de la Naturaleza y la naturaleza de su Ser y Estar en el mundo, el Homo-Humano inventa los códigos con los cuales ordenar, organizar, memorizar y asignar sentido a lo que percibe y siente, en un proceso exponencial y ascendente de acuerdo con la complejidad de cada materia a codificar.
Un código es la articulación sistematizada de señales, signos o símbolos, arbitrarios con el cual se representa un orden u ordenamiento de las cosas de acuerdo con la asignación de sentido a la unidad de una materia y regido por normas preestablecidas.
El conocimiento es la codificación de los elementos y partes de una materia según un código preestablecido.
El saber es la acumulación del conocimiento codificado con un determinado código.
2 Ramón Román Alcalá, El enigma de la Academia de Platón. Escépticos contra dogmáticos en la Grecia Clásica, Berenice, Córdoba, 2007, nota: p. 61:
"A la luz de las investigaciones neurofisiológicas actuales, podríamos argumentar con razón que las cosas tal como nosotros las percibimos son invenciones, construcciones nuestras, y por tanto los académicos tenían razón, y con ellos todo el escepticismo, al afirmar que asentimos a la percepción y no a la cosa misma. Todas las células sensoriales, ya sean sensibles a la luz, táctiles o cualquiera de los demás receptores relacionados con sensaciones de calor, frío, sonido, etc., son ciegas a la calidad de la excitación y responden únicamente a la cantidad de aquella. Es más, como diría Von Foester, eminente biofísico y experto en computación en biología, ahí afuera (refiriéndose a lo que llamamos realidad fuera de nuestro cerebro) "no hay luz ni color, sólo existen ondas electromagnéticas; tampoco hay "allí afuera", sonido ni música, sólo existen fluctuaciones periódicas de la presión del aire; "allí afuera" no hay ni calor ni frío", en resumen, es nuestro sistema nervioso el que computa una realidad estable que no sabemos exactamente cómo es, por lo que la fantasía kataleptiké, de existir, sólo existirá como tal en nuestro cerebro y no podrá acudir a la cosa exterior como verificación de su verdad, cf. VON FOESTER, Heinz, "Construyendo una realidad", en La realidad inventada, WATZLAWICK, Paul et al., Barcelona, 1988, pp. 38-56, principalmente p. 42. No querríamos entrar aquí en un nuevo fenómeno producido por los desarrollos de la informática, como es la realidad virtual, pero está claro que los estoicos tendrían muchos problemas para activar este criterio en la actualidad, y mucho más en el futuro inmediato".
3Gerald M. Edelaman y Giulio Tononi, El universo de la conciencia. Cómo la materia se convierte en imaginación, Crítica/Drakontos, Barcelona, 2005.

1 comentario:

martiniano dijo...

Quizá la mayoría de nuestros recuerdos sean inventados o soñados, querido Ivancho. Allí reside lo más asombroso de esta criatura capaz de memorizar para luego " revivir" lo grabado en algún lugar de si misma. Eso es lo que uno intuye después de leer textos como El cerebro y el mito del Yo, del maestro Llinas. En ese punto empieza uno a preguntarse por el sentido de la etiqueta " Literatura de ficción". Al fin y al cabo la vida entera podría ser una ficción urdida por cada individuo.

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Lector Ludi por Iván Rodrigo García Palacios se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.