12 de enero de 2011

Las imposturas de Freud (1a. parte)
Iván Rodrigo García Palacios

- La expoliación de fuentes e ideas ajenas.
- La génesis del Proyecto de psicología (1950-1895) (1).


"[...] los que hablan de Cualidades ocultas, Especies intencionales, Formas substanciales y mil otras necedades" (Carta de Spinoza a Hugo Boxel) (2).


Introducción
Freud se aprovechó bien de sus habilidades y del Proyecto de psicología (1950-1895), para desarrollar su única y gran originalidad: ser el hombre de las teorías y de las interpretaciones anamorfósicas sin principio ni fin: el psicoanálisis.
De sus habilidades (y de Nietzsche), Freud toma, entre otras cosas: "Todo es interpretación. Todo es interpretable".
En el Proyecto de psicología escribió todas y sus únicas hipótesis con pretensión de cientificidad, las mismas que convertirá en ese truco (o, ¿será método?) del teorizar e interpretar anamorfósicamente que es el psicoanálisis...
... frente a cualquier dificultad, obstáculo, confusión, inconsistencia o incongruencia, teórica o práctica, Freud siempre los obvió inventándose o trasformando una teoría, pero no una nueva teoría que explique, corrija o sistematice a la anterior, sino una teoría que se hace cada vez más compleja, ininteligible, ¿absurda?, como en el cuento del gallo capón. Freud fue un hábil maestro de la anamorfosis... sin principio ni fin, porque en el psicoanálisis todo es apariencia: ninguna verdad qué demostrar porque no existe un objeto qué mostrar.
De ese legado, sólo Lacán fue igual o superior al Maestro en esas habilidades, quizás inspirado en la tradición barroca y, en particular, en su paisano Cyrano de Bergerac y en su obra El otro mundo o Los Estados e Imperios de la Luna y Los estados e Imperios del Sol, obra anamorfósica sin parangón. Por ello, Lacán fue condenado a "la expulsión" en ese Tribunal de la Inquisición que es la Asociación Psicoanalítica Internacional.
Hay que reconocer que en esa obra de Cyrano de Bergerac y en las de los barrocos franceses, no son pocas las ideas de las que luego se apropiará, aprovechará y tergiversará, el psicoanálisis, tal el caso de las relaciones entre realidad y sueño.
De esa expoliación de fuentes e ideas ajenas, Freud se inventó la existencia de un Aparato psíquico, un Aparato mental y una energía mental a partir de numerosas fuentes e ideas ajenas que no reconoció y que por el contrario negó haber utilizado:
Freud se apropia, se aprovecha y hasta tergiversa, de las ideas de aquella tradición que consideraba a la Naturaleza, al mundo y a la vida como espíritu y energía, del que todo emanaba: esas ideas de Spinoza, las de Schelling, las de Schopenhauer, las de los románticos, las de Carus, las de Janet, las de von Hartmann, etc.
También se apropia y se aprovecha de aquellas ideas de la cultura china sobre el "Qì" ó "Kì" ("flujo de energía vital"), tan cercanas al mesmerismo, de las cuales y con una similitud asombrosa, Freud interpretará y propondrá la única y la más ficticia de sus formas de medición: "Q" y "Qη": "la cantidad".
Con todas esas ideas y muchas otras más, Freud inventará sus Teorías de las pulsiones, primero, sexuales y yoicas; luego, de vida y muerte, Eros y Tánatos, para "asustar al burgués", así como su Teoría del inconsciente, "yo, superyó y ello" y, por supuesto, esas interpretaciones de la pulsión de muerte, tan cara al judeocristianismo, porque niega la pulsión de vida, tan poco rentable. Y, con todo ello y mucha ficción más, él trata de explicarlo, justificarlo y legitimarlo todo.
Tal es el caso del más celebrado y anamorfósico de sus inventos: "El inconsciente", ese, "el gran fundamento", del que se apropió, entre otros, de Schopenhauer: esa fuerza de la voluntad oculta tras los motivos ignorados de los actos. De Carl Gustav Carus: eso que es subjetividad y naturaleza. De Eduard von Hartmann: amor y placer, deseo y razón, energía y espíritu. Y de Pierre Janet: su teoría del inconsciente y su escritura automática, entre otras, de las que se apropia para su "libre asociación", "la interpretación de los sueños". Así como del libro: La interpretación de los sueños y hechicería y de otras obras de su amigo, el filólogo y filósofo vienes, Theodor Gomperz. Y un largo etc.
Con todo ello, Freud se inventará sus propias anamorfosícas teorías, las que se convertirán en las puertas de acceso al "inconsciente" y a la sexualidad dominante, cuyas cerraduras son abiertas por las llaves de las palabras: "ello piensa / ello trabaja".
Por supuesto, para que todo aquello encaje es necesaria la anamorfosis, porque así Freud interpretará y teorizará, una y otra vez, sobre la distinción del "inconsciente", en primera instacia, del sistema "preconsciente-consciente, del primer tópico. Y luego, cuando las cosas no ecajaban, el yo, el superyó y el ello, presentes en "el inconsciente" del segundo tópico.
Igual con todo lo demás: la sexualidad infantil, el complejo de Edipo, el narcisismo y el erotismo femenino, estos dos últimos asuntos, naturalizados dentro del psicoanálisis por Lou Andreas Salomé.
Todo ello sostenido en el anacronismo de un dualismo disimulado, ambiguo y eufemístico; cristiano / cartesiano: cuerpo / alma; cuerpo / mente; cerebro / pensamiento; objeto / sujeto; etc., lo que se asimila al dualismo consciente / inconsciente que opera en aquellos improbables aparatos psíquico y mental, mediante unas energías mentales.
Es innegable que Freud se aprovechó de las ideas de Spinoza, pero nunca se sintió aludido por aquello que él le escribió a Hugo Boxel sobre
"[...] los que hablan de Cualidades ocultas, Especies intencionales, Formas substanciales y mil otras necedades" (Carta de Spinoza a Hugo Boxel) (1).
Así como tampoco le parecieron útiles las saludables proposiciones spinozianas sobre la Alegría y la Tristeza y con ellas, el manejo de los afectos o pasiones, tan contrarias a los ideales judeocristianos y a las utilidades económicas de los psicoanalistas.
Freud sí que anticipó desde el principio el potencial de su negocio, razón que se explica por el rechazó a la denominación y práctica del autoanálisis, tan antiguo como "la Sabiduría de la medicina del alma", así como spinoziano. Autoanálisis del que él mismo había partido, en primera instancia, para de allí desarrollar su práctica y terapia de psicoanálisis, asistida, dirigida y remunerada.
Ese autoanálisis que Freud desarrolló a partir del análisis de aquel sueño del 25 de julio de 1895, luego de que el día anterior "le fue revelado al Dr. Freud el secreto de los sueños", según su carta a Fliess.
Ese autoanálisis bien pudo haber tenido unos antecedentes más nobles tanto en los antiguos sabios como, de manera evidente, en Plotino, sus sueños y despertares, pero en particular la interpretación plotiniana del consciente / inconsciente:
"Como dice Plotino retomando una expresión homérica, "nuestra cabeza está fija por encima del cielo" (Enéadas IV, 3,12,5; cf. Homero: Iliada, IV, 43; y Platón, Timeo 90a). Pero a continuación surge una duda:
"Si albergamos en nosotros tan grandes cosas, ¿por qué no tenemos conciencia de ello, por qué la mayor parte del tiempo permanecemos sin ejercer estas actividades superiores? ¿Por qué algunos hombres no las ejercen jamás?" (V, 1,12,1.).
Plotino responde a esto inmediatamente:
"Lo que sucede es que no todo cuanto se encuentra en el alma está consciente, sino que nos llega a 'nosotros' al llegar a la conciencia. Cuando una actividad del alma se ejerce sin que se comunique nada a la conciencia, esta actividad no llega al alma por entero. Así pues, 'nosotros' no tenemos noticia alguna de esta actividad, puesto que 'nosotros' estamos vinculados a la conciencia y 'nosotros' no somos una parte del alma, sino el alma entera" (V, 1, 12, 5.) (Pierre Hadot: Plotino o la simpliciad de la mirada).
Nobles antecedentes también de los místicos mediterráneos, orientales y del Norte de Europa, del francés Pierre Charron y de tantos otros que habían considerado a los sueños y a "todo lo que se mueve en uno mismo" (...) como punto de partida del "conocer qué somos para saber qué podemos y qué debemos hacer", ambas citas de Pierre Charron, tomadas de Michel Onfray. Onfray también encontró en la antigüedad a un no tan noble antecedente, precursor del psicoanálisis, Antifón de Atenas, quien practicó una terapia y un negocio iguales al  de Freud, pues usó los mismos métodos de propaganda y explotación de sus pacientes que luego usarán el vienes y sus secuaces (Ver: Michel Onfray, Las sabidurías de la antigüedad, Contrahistoria de la filosfía, I, Anagrama, Barcelona, 2007, pp. 94-95).

 Y en especial, antecedentes de aquella extensa tradición que trata del poder y de los peligros del alma en los sueños eróticos y proféticos que el cristianismo teorizó y combatió, y en la que ya se advierte del poder de la sexualidad tal y como la interpretará Freud:
"En la cristiandad primitiva la ascesis parece estar compuesta de dos elementos esenciales (Wake, 1998: 6): la anachoresis o aislamiento, y la enkrateia o autocontrol". El primero (el “exilio voluntario” como lo llamaba Evagrio Póntico) corresponde al distanciamiento de todo lazo humano, pues muy pronto, desde san Antonio, se descubrió que este combate espiritual era imposible en las condiciones de la vida cotidiana. El segundo, el control de sí mismo, significa que el solitario buscaba recobrar el poder sobre aquello que convulsionaba su vida: sobre las pasiones que agitan sus sentidos, y sobre los pensamientos que acosan su mente. Este autocontrol tiene un propósito definido: alcanzar un estado de paz interior, la imperturbabilidad que los cristianos, siguiendo a los filósofos estoicos, llamaban apatheia (justamente, “ausencia de pasiones”). (Sergio Pérez Cortés, Sueños eróticos y ejercicios espirituales entre los hombres del desierto. Los sueños de san Jerónimo, Sociológica, México, Departamento de Filosofía, Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa, año 24, número 69, enero-abril de 2009, pp. 13-42 ).
Ese ascetismo fue exactamente lo que practicó Freud en 1895, en lo que él llamó, no por coincidencia, "esplendido aislamiento", y durante el cual produjo el Proyecto de psicología y, luego, La interpretación de los sueños, no propiamente buscando la paz interior, sino la liberación de sus culpas, la reorientación de sus pasiones y el triunfo de sus ambiciones.
En consecuencia y también en una extensa tradición, con Freud ese conocimiento de sí mismo y la interpretación y análisis de los sueños, terminó siendo mercancía de curanderos, adivinos y charlatanes.
Si Freud hubiera permitido la desviación hacia el autoanálisisi en el seno de su secta, este se hubiera convertido sólo una actividad de salud mental al alcance y manejo de quien así se lo propusiera y de la misma naturaleza de la que hoy se denomina filosofía práctica, esa filosofía que, como medicina del alma, habían propuesto desde la antigüedad todos los sabios y filósofos a los que les interesaba más responder a las preguntas: ¿Qué es el hombre aquí y ahora? ¿Cómo se logra y se disfruta el bienestar temporal y terrenal?, al contrario de aquellos otros que divagan sobre la improbable existencia de mundos, almas y bienestares, sobrenaturales. Pero Freud no estaba dispuesto a renunciar a la riqueza, a la fama, al poder... a la inmortalidad.
A todas estas, ¿estaría Freud buscando una forma de aliviar sus propias culpas y se encontró con un buen negocio?
Un buen negocio que se mantiene, pero del que, gracias a los avances de las neurociencias y a una actitud más critica de los intelectuales, ya se están demostrando las imposturas de Freud y de su psicoanálisis, así la cultura popular se empeñe en mantenerlo, persistiendo en su propio autoengaño y perjuicio. Afortunadamente, de esas imposturas ya poco queda por rescatar.
Desafortunadamente, esa mentira seudocientífica de Freud, mediante la cual sólo se busca demostrar que nadie es culpable de sus actos, tan conveniente y que se ha sostenido por tantos años, es muy difícil de erradicar.
Dos historias:
Las historias que voy a contar se refieren a las siguientes imposturas de Sigmud Freud, en primer lugar, la vehemente negación/afirmación de las fuentes e influencias de las que se apropió para la formulación de su psicoanálisis, las que, no sólo nunca reconoció, sino que, como San Pedro, negó más de tres veces. Pero, como él mismo lo intuyó, las palabras siempre mienten, pero el cuerpo nunca miente y estas y éste lo traicionan y lo denuncian.
Y, en segundo lugar, contaré la historia de la génesis del Proyecto de Psicología (1950-1895), ese extraño escrito en el que, por ironía más que merecida y por estar ambicionando otras glorias, él no se percató que había intuido algunos importantes asuntos científicos, tal el caso de la teoría de las neuronas que Wilhelm von Waldeyer presentaría un año después.
Fue en el Proyecto de psicología en donde Freud se planteó las hipótesis científicas que le exigían para su psicoanálisis y sobre las que trabajó toda su vida:
1. La existencia de un Aparato Psíquico.
2. La existencia de una energía mental que recorre ese Aparato Psíquico ("Q" y "Qη"= "cantidad", lo cual explico más adelante).
3. El funcionamiento del Aparato Mental.
Para comprender lo anterior, estas son las abreviaturas que utilizó Freud en el Proyecto de psicología para justificar lo científico de sus propuestas:
Q = Cantidad (en general, o aquella que tiene el mismo orden de magnitud que las cantidades del mundo externo).
Qη = Cantidad (cuyo orden de magnitud es el intercelular).
φ = Sistema de neuronas pasaderas.
ψ = Sistema de neuronas impasaderas.
ω = Sistema de neuronas de percepción.
W = Percepción (Wahrnehmung) .
V = Representación (Vorstellung).
M = Imagen motriz
Estas hipótesis y los desarrollos que con posterioridad Freud hizo de ellas, aún para las ciencias de su tiempo, eran ya una impostura teórica y experimental y mucho más ahora cuando las neurociencias actuales están explorando y descubriendo los procesos cerebrales y mentales que desvirtúan por completo el anacrónico dualismo de cuerpo y alma, cuerpo y mente, objeto y sujeto. Dualismo que ya, para la época de Freud, era un concepto superado por filósofos como Nietzsche y por muchos científicos, pero que era todavía asumido por aquellos que temían las censuras y represalias de la sociedad y la poderosa moral cristiana de las iglesias, a las que Freud prefirió no provocar, manteniéndolo, eufemísticamente, en la existencia dual de esa energía y de esos aparatos psíquico y mental.
Por supuesto, no son las únicas imposturas y malabares teórico-científicos de los que Freud se valió para armar la gran impostura de su psicoanálisis (igual para el psicoanálisis de C. G. Jung), tales los casos de la interpretación de los sueños, del "inconsciente" o el de las pulsiones, primero, sexual y "yoica", luego, vida y muerte, Eros y Tánatos; en particular, esa de la pulsión de muerte que marcará su teoría y su celebridad, no sólo como psicólogo popular, sino también como sociólogo y filósofo.
Sin embargo, tanto brillo es sólo oropel, como puede deducirse de lo que dice Giorgio Colli en su libro La sabiduría griega, III:
"Nadie puede echar una mirada alegre sobre la existencia mientras esté convencido de que la muerte es algo real, aun desde el puntos de vista metafísico, o si se considera el mal como objeto en sí mismo. La experiencia contemporánea contrapone el principio de la vida al principio de la muerte. Sin embargo, para la sabiduría antigua, la muerte es una sombra alargada y vacilante que proyecta la vida, expresión de esa finitud que es el núcleo central de la realidad inmediata. Eso significa la alusión de Heráclito al hecho de que Dionisios y Hades son la misma divinidad {14[A 60]}. Freud contra Heráclito: ¿quién es el más sabio?" (Giorgio Colli, La sabiduría griega, III, Trotta, Madrid, 2010, p.196).
Lo que hace pensar que Freud interpretó a su conveniencia sus lecturas tanto de los antiguos griegos y muchos sabios posteriores, así como de Nietzsche.
Pero estos son asuntos que ameritan otros desenmascaramientos.
Así pues que, para aquellos ingenuos que inocentemente creen que Sigmud Freud inventó la psicología y que su psicoanálisis era una panacea para explicar y sanar todos los males psicosomáticos de la humanidad, además de una filosofía con la cual explicarse todo lo humano, me permito aclarar sólo ese par de imposturas: la negación/afirmación de sus fuentes e influencias y el Proyecto de psicología.
La primera:
Las fuentes de las que se apropió Freud
Es necesario reconocer que Freud era astuto, un individuo de brillante e intuitiva inteligencia y un hábil lector, lo que utilizó para la realización y logro de sus desmedidas ambiciones e insaciable afán de reconocimiento, hasta el punto de querer ser el fundador y profeta de una seudo religión científica institucionalizada, la que él y sus sumisos sectarios instituyeron y mantuvieron como una de las novedades más llamativas e influyentes durante buena parte del siglo XX.
Ahora bien y en primer lugar, voy a mostrar, sin entrar en un análisis detallado y crítico, que Freud se apropió de ideas importantes de las obras de Spinoza, Schopenhauer, Nietzsche, Carl Gustav Carus, Eduard von Hartmann, Pierre Janet y Lou Andreas Salomé, entre muchas otras, para la formulación de algunos aspectos fundamentales de su psicoanálisis, lo mismo que hizo C. G. Jung, para el suyo, pero ese es otro asunto.
Nótese que digo se apropió y no digo se inspiró, porque de haber sido así no hubiera tenido problema alguno en reconocer tan prestigiosas influencias, como "lo reconoce" (en cursiva y entre comillas, porque según el mismo Freud, es imposible mentir) con sus sucesivas negaciones/afirmaciones y sus curiosas evasivas al referirse a ellas.
Además, esa apropiación que hizo Freud de las ideas ajenas no se corresponde, de su parte, con una juiciosa investigación y un análisis crítico de los autores fagocitados, con la cual él hubiera elaborado una nueva y avanzada propuesta personal, sino que se limita a trasponerlas, trasformarlas, reinterpretarlas y hasta tergiversarlas, a su conveniencia, a veces con relativo éxito y otras, burda y toscamente, como se muestra más adelante.
Pero es que Freud tenía un grave y oscuro motivo para no haber reconocido tales expoliaciones: él, como ya lo dije, fue un inteligente, hábil e intuitivo lector que fagocitaba las ideas con las que formulaba sus propuestas a partir de sus lecturas, pero no fue un investigador estudioso, disciplinado y profundo, de filósofos y filosofías, motivo por el cual se puede afirmar que, al momento de enfrentar el análisis y la interpretación crítica de los autores y libros que leía, carecía de los fundamentos críticos e interpretativos necesarios para respaldarlos, aspectos estos para los que recurría, también sin otorgar el menor reconocimiento, a sus más cercanos amigos y admiradores, a los que obligaba a guardar silencio, tal el caso de Lou Andreas Salomé, a quien utilizó, no sólo para sintetizar adecuadamente aquello que de Spinoza y Nietzsche se apropió para el psicoanálisis, sino a la que también explotó para ese oscuro tratamiento y la extraña relación íntima en la que la comprometió con su hija Ana Freud. Ya que a él nunca le fue posible seducir a Lou, concluyó por considerarla una hija adoptiva hasta el final de su vida. Una incestuosa relación con explicación muy psicoanalítica que, como para todo, le permitía justificar sus pecados y perdonarse sus culpas.
Pero no es eso lo más grave de las apropiaciones y abusos que cometió Freud, varios y variados fueron los casos y escándalos de plagio y robo de ideas y manuscritos, además de otros abusos, en los que estuvo comprometido, tal el de la joven judía Sabina Spielrein, de quien Freud y Jung, no sólo abusaron y "disfrutaron" sexualmente, sino de la que también expoliaron sus ideas. Esto, junto con otros escándalos, lo denuncia John Kerr en su libro La historia secreta del psicoanálisis (Drakontos, Barcelona, 1995), al que remito a los interesados. Pero, esa es otra historia.
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Freud concibió el psicoanálisis como una especie de religión científica según la cual los individuos estaban sometidos por un "inconsciente" y los posteriores "yo, superyó y ello", y quienes se debatían en las tensiones del choque entre las fuerzas de Eros y Tanatos, y a lo cual sólo le era posible expresarse y ser accedido por medio de las palabras, pero no las palabras como tales, sino consideradas como señales y síntomas, "lapsus", a las que, por medio de la "libre asociación", el psicoanalista desata, provoca e interpreta, en una forma de terapia que busca establecer la armonía entre tales fuerzas y el equilibrio de la salud psicosomática.
Fue por ello que Freud nunca presentó ni un marco filosófico ni unas bases científicas para el psicoanálisis, pues este se regía sólo por las doctrinas, los dogmas y las normas que él dictó y que la sociedad de sus sectarios se encargaba de mantener, aplicar y difundir, en su total integridad con la misma acuciosidad y violencia de la Inquisición.
Tal fue el caso de Jacques Lacan, no el único, pero si el más célebre. El mismo Lacan lo expuso en su conferencia inaugural de 1964 en la École Normle Supérieure, referida a la influencia de Spinoza y que tituló: "La excomunión", para explicar cómo la Asociación Psicoanalítica Internacional intentó evitar que enseñara psicoanálisis, expulsándolo de su seno. Lacan comparó esta expulsión con aquel castigo al que el consejo de ancianos de la sinagoga y la comunidad judía holandesa condenó a Spinoza el 27 de julio de 1656.
La lista de los herejes del psicoanálisis y los motivos de sus expulsiones, es larga y profunda... y también, inspiradora y divertida.
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Freud se apropio de reconocidas ideas y conceptos de importantes filósofos y científicos, a los que dijo admirar o a los que ni siquiera mencionó.
Los estudiosos y críticos de Freud y del psicoanálisis lo han relacionado con variadas y numerosas fuentes filosóficas y científicas de las que él se apropió. Entre ellas: Spinoza, Carl Gustav Carus, Eduard von Hartmann, Pierre Janet, Schopenhauer, Nietzsche y Lou Andreas Salomé.
Sobre estas fuentes expoliadas por Freud, citaré los conceptos expresados por personas de autoridad, para que a partir de allí, quienes estén interesados se entusiasmen a desarrollar su propio estudio crítico.
- Spinoza:
La conferencia de Lacan tocaba un punto sensible para Asociación Psicoanalítica Internacional: Spinoza. Y se explica porque de la relación de Freud con Spinoza, escribe y hasta justifica el neurobiólogo Antonio Damasio:
"Aparentemente Spinoza tuvo una influencia importante en Freud. El sistema de Freud necesita del aparato de autopreservación que Spinoza propuso en su conatus, y hace un uso abundante de la idea de que las acciones de autopreservación se activan de manera inconsciente. Pero Freud no citó nunca al filósofo. Cuando se le preguntó sobre esta cuestión, se tomó mucho trabajo para explicar la omisión. En una carta a Lothar Bickel en 1931, Freud escribía: "Confieso sin dudarlo mi dependencia de las enseñanzas de Spinoza. Si nunca me preocupé de citar directamente su nombre es porque nunca extraje los principios de mi pensamiento del estudio de este autor, sino de la atmósfera que él creó". En 1932, Freud cerró la puerta de una vez por todas a cualquier reconocimiento. En otra carta, esta vez a Siegfried Hessing, decía: "He tenido, durante toda mi vida, una estima extraordinaria hacia la persona y el pensamiento de este gran filósofo. Pero no creo que esta actitud me confiera el derecho de decir públicamente nada sobre él, por la buena razón de que no tendría nada que decir que no hayan dicho otros". Siendo justos con Freud, hemos de recordar que Spinoza no reconoció ni a Van den Enden ni a Da Costa. Quizás si se le hubiera preguntado sobre esta omisión su respuesta podría haberse parecido a la de Freud" (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos, Drakontos, Barcelona, 2009, p. 242).
- Carl Gustav Carus, Eduard von Hartmann y Pierre Janet:
De la relación de Freud con Carl Gustav Carus, quien con Eduard von Hartmann y Pierre Janet, se consideran los precursores del concepto de "inconsciente", escribe Luis Montiel:
"Carl Gustav Carus es uno de los creadores de una doctrina acerca del inconsciente que resulta interesante desde la perspectiva actual por cuanto no es solamente "psicológica" sino que se fundamenta en los conocimientos biológicos de su tiempo. El "inconsciente" postulado por Carus posee una condición biológica, material, a la vez que psicológica. De este modo, la historia de psiquismo --la "historia del alma"-- se vincula a la historia biológica tanto del individuo como de la especie. En esta perspectiva el inconsciente se reconoce como fundamento indispensable del pensamiento racional. Esta teoría que recuerda en muchos de sus puntos a la de Jung, permite el estudio médico de la vida "psíquica" tanto como una revalorización de los factores inconscientes del psiquismo, habitualmente denostado por los antropólogos y moralistas de la modernidad" (Luis Montiel, Materia y espíritu: El inconsciente en la Psicología de Carl Gustav Carus (1779-1868 ).
El libro más influyente de Carl Gustav Carus, Psyché, el mismo que Dostoievski reclamara con insistencia poco antes de empezar a escribir sus grandes novelas, también fue lectura para Nietzsche, Freud y Jung, quienes, igualmente, fueron atentos lectores de la obra de Eduard von Hartmann y Pierre Janet.
Una crítica comparativa de la concepción de "inconsciente" de Carus, von Hartmann y Pierre Janet, con la de Freud, mostraría con mejor detalle qué fue de aquello de lo que Freud se apropió y reinterpreto a su conveniencia.
Esta, por ejemplo, es la concepción del inconsciente de Eduard von Hartmann, de cuya "desilusión de la voluntad de vivir", Freud, además, toma su más célebre "pulsión de muerte":
El inconsciente aparece como una combinación de la metafísica de Hegel y la de Schopenhauer. El inconsciente es a la vez deseo y razón y la base omnipresente de toda existencia. Von Hartman combina de esta forma el panteísmo con el panlogismo de manera similar a lo realizado por Schelling en su filosofía positiva. Sin embargo el deseo y no la razón es el aspecto principal del inconsciente, cuyo carácter melancólico está determinado por la primacía del deseo y la servidumbre de la razón. Precósmicamente, el deseo es potencial y la razón latente, y el deseo está vacío de razón cuando pasa de la potencialidad al deseo real, que es miseria absoluta, y, para curarla, el inconsciente evoca su razón y con su ayuda crea el mejor de los mundos posibles (Spinoza), que contiene la promesa de su redención de la existencia real por la emancipación de la razón de su subyugación al deseo en la razón consciente del pesimismo iluminado. Cuando la mayor parte del deseo está tan iluminado por la razón como para percibir la inevitable miseria de la existencia, se hará un esfuerzo colectivo por desear la no existencia, y el mundo deseará recaer en la nada, el inconsciente en la inactividad.
Por más que Freud se lo propone, en el primero y en el segundo tópico, así como en todas sus demás explicaciones para "su inconsciente", al tratar de formular una teoría verdaderamente científica de este, propia y fundamento de su psicoanálisis, sus esfuerzos no pasan de ser vanos intentos por acomodar y trasponer, a veces de manera tosca, las ideas, conceptos y propuestas del inconsciente natural y biológico como lo proponen Schopenhauer, Carus, von Hartmann y Pierre Janet, para convertirlo en "su inconsciente" y sus "formaciones del inconsciente", de presencias, fuerzas y energías inhibidas o reprimidas: una anamorfosis sin fin.
Hasta tal punto y como Thomas Man lo ha subrayado en las analogías entre la metafísica de Schopenhauer y la doctrina de Freud, en la que los conceptos de voluntad y de intelecto, propios del primero, son similares con los de yo y superyó del tópico freudiano.
A lo que habría que agregar que Freud también se apropia y reinterpreta para el beneficio de sus teorías de los sueños, la teoría que Schopenhauer propone en los Parerga, según la cual y como lo dice Giorgio Colli en Ellenismo e oltre :
"Los sueños estarían determinados por un sistema de ganglios en el cerebro, que determina a su vez las representaciones, una vez que esté libre de las excitaciones externas de los sentidos y de sus mismos pensamientos".
En el caso de Pierre Janet (1859-1947), contemporáneo de Freud, la expoliación es tan evidente como vehemente es la negativa de Freud de haber conocido tanto su tesis de 1889 sobre el automatismo psicológico y sus otras obras, así como el trabajo clínico del psicólogo y neurólogo francés y sus experiencias con la escritura automática como parte de su práctica curativa de la histeria, las fobias y otros comportamientos anormales, a partir de la cual desarrolló su teoría del inconsciente como origen de comportamientos físicos y psíquicos, disociaciones e ideas fijas, etc.
- Friedrich Nietzsche:
El temprano contacto de Freud con la obra y el pensamiento de Nietzsche, lo explica Mazzino Montinari:
"Otro encuentro (de Nietzsche) que sólo duró un par de semanas con el joven doctor Joseph Paneth, de Viena, es interesante porque - como lo ha observado en primer término E. F. Podach - establece una especie de relación entre Nietzsche y el psicoanálisis. Paneth, en efecto, no es otro que el “amigo José” de Freud, conocido a través de la Interpretación de los sueños. Paneth ha registrado en un diario de gran interés sus encuentros con Nietzsche. Es también el testimonio de la influencia subterránea de Nietzsche durante esos años. Es completamente probable, por lo tanto, que Freud haya tenido noticias de Nietzsche y de sus ideas muy tempranamente, por medio de Paneth" (Mazzino Montinari, Nietzsche, p. 63).
Ahora bien, Nietzsche también fue intuitivo lector de Carl Gustav Carus y de Eduard von Hartmann, así que no es extraño que de Nietzsche, al que reconoció admirar, Freud se apropiara de no pocos de sus pensamientos, ideas y conceptos, los que traspuso y redefinió, también, toscamente.
Son varios y variados los ejemplos que se pueden mencionar:
Tal el caso de correspondencia realmente notable entre el concepto de Super yo y la exposición de Nietzsche sobre el origen de la "mala conciencia", en La genealogía de la moral:
"Todos los instintos que no se desahogan hacia fuera se vuelven hacia dentro - esto es lo que yo llamo la interiorización del hombre: únicamente con esto se desarrolla en él lo que más tarde se denomina su “alma”. Todo el mundo interior originariamente delgado, como encerrado entre dos pieles, fue separándose y creciendo, fue adquiriendo profundidad, anchura, altura, en la medida en que el desahogo del hombre hacia fuera fue quedando inhibido. Aquellos terribles bastiones con que la organización estatal se protegía contra los viejos instintos de la libertad -las penas sobre todo cuentan entre tales bastiones- hicieron que todos aquellos instintos del hombre salvaje, libre, vagabundo, diesen vuelta atrás, se volviesen contra el hombre mismo. La enemistad, la crueldad, el placer en la persecución, en la agresividad, en el cambio, en la destrucción -todo esto vuelto contra el poseedor de tales instintos: ése es el origen de la “mala conciencia”. El hombre que falto de enemigos y resistencias exteriores, encajonado en una opresora estrechez y regularidad de las costumbres, se desgarraba, se perseguía, se mordía, se roía, se sobresaltaba, se maltrataba impacientemente a sí mismo, este animal al que se quiere “domesticar” y que se golpea furioso contra los barrotes de su jaula, este ser al que le falta algo, devorado por la nostalgia del desierto, que tuvo que crearse a base de sí mismo una aventura, una cámara de suplicios, una selva insegura y peligrosa -este loco, este prisionero añorante y desesperado fue el inventor de la “mala conciencia”. Pero con ella se había introducido la dolencia más grande, la más siniestra, una dolencia de la que la humanidad no se ha curado hasta hoy, el sufrimiento del hombre por el hombre, por sí mismo, resultado de una separación violenta de su pasado de animal, resultado de un salto y una caída, por así decirlo, en nuevas situaciones y en nuevas condiciones de existencia, resultado de una declaración de guerra contra los viejos instintos en los que hasta ese momento reposaban su fuerza, su placer y su fecundidad" (Friedrich Nietzsche, La genealogía de la moral, Tratado segundo: "Culpa", "mala conciencia" y similares, 16).
Como cita, explica y hasta justifica, Adolfo Vásquez Rocca:
"Nietzsche describe así el proceso en unos términos filogenéticos que Freud hubiera suscrito y que vislumbró en Tótem y tabú, pero en el libro al que nos referimos (Libro de actas de la Sociedad Psicoanalítica de Viena), Freud se ocupó de este concepto en un nivel profundamente ontogénico, señalando cómo la comunidad de la forzada vida social está representada en la temprana infancia por el ejemplo de los padres. Freud hubiera sostenido la continuidad de las dos fuentes: la heredada y la adquirida, que por su naturaleza siguen un curso parejo. Hitschmann había leído un trabajo de este libro de Nietzsche en octubre de 1908, en la Sociedad de Viena, que dedicó a su discusión dos noches. Es improbable que esto no haya dejado ninguna impresión en la mente de Freud, si bien pasaron muchos años antes de que tal impresión diera algún fruto".
De igual forma, Freud se apropió de otros conceptos de Nietzsche, tales como "sublimación", "conversión", "transformación", los que traspone y redefine para explicar las energías y fenómenos del instinto sexual, tal y como lo critica Karl Jasper en Psicopatología general (Buenos Aires, Beta, 1963, p. 424). En Psicopatología general (1913), Jaspers denunció las pretensiones científicas de la psicoterapia tachándolas de engañosas y deterministas.
Estos son sólo algunos ejemplos para ilustrar, porque el asunto amerita una más amplia investigación crítica. Pero existe otro que merece una mayor atención:
- Lou Andreas Salomé:
Lou Andreas Salomé fue una filósofa de fina y amplia formación que tomó a Spinoza como inspiración existencial y que de Nietzsche recibió un notable influjo, formación y conocimientos, y quien en 1910 entró en contacto con Freud y fue aceptada en el íntimo y cerrado círculo psicoanalítico de Freud en Viena y que allí recibió la formación psicoanalítica que ella utilizó de manera propia, no sólo como actividad profesional, sino para proponer originales y contrarias ideas sobre muchos asuntos, las que están contenidas en sus numerosos escritos, ideas que Freud no sólo tuvo que aceptar sino de las que también llegó a apropiarse, como en los asuntos del "narcisismo" y el erotismo femenino.
La relación de Lou con Freud y el psicoanálisis está ampliamente documentada y son reconocidos los aportes teóricos que ella hizo al psicoanálisis, así como sus relaciones, amistad y el apoyo que brindó a algunos de los primeros "herejes" del psicoanálisis.
Lo que si no se ha demostrando con claridad es su participación en la disimulada naturalización de las ideas de Spinoza y de Nietzsche en el psicoanálisis, asunto que todavía quedará pendiente.
La segunda:
Génesis del Proyecto de psicología (1950-1895)
Introducción
El único y desesperado intento de Freud por establecer una base científica para su psicoanálisis lo constituye el Proyecto de psicología (1950-1895), un texto especulativo, casi de ciencia ficción para su época, en el que, a partir de la intuición de una teoría de las neuronas, de cuya originalidad e importancia no se dio cuenta, expone algunas de las ideas que luego desarrollará por el resto de su vida.
Ateniéndome a la biografía, se puede decir que para 1895, Freud se enfrentó a la gran crisis de su existencia: estaba a punto de cumplir los 40 años y como profesional de la medicina había fracasado, en primer lugar, porque no había sabido valorar ni apropiarse de su gran descubrimiento: el uso de la cocaína como anestésico ocular y, en segundo lugar, porque se había quedado aislado con su familia y sin amigos, pues no sólo había roto su relación con Josef Breuber, tras el fracaso y mentiras de sus Estudios sobre la histeria, sino que los demás colegas se habían distanciado a causa de la postura de Freud con relación a la incidencia sexual y el tratamiento de la histeria y la neurosis, punto que rechazaba no sólo la comunidad científica sino también la sociedad vienesa.
En esas circunstancias, lo único que de algún valor científico tenía Freud entre manos era su teoría de la seducción, la que, por el contenido de sus mismas propuestas, de haberla presentado públicamente, le hubiera acarreado un mayor rechazo y aislamiento. Teoría de la seducción que luego descartó por el miedo a las consecuencias sociales que le acarrearían el desnudar la hipócrita actitud moral, ética, legal y política, de la sociedad frente al generalizado abuso sobre los niños.
Sobre estos asuntos, muchos años después, denunció Jeffrey Moussaieff Masson las causas por las qué Freud renunció a la teoría de la seducción en su libro El asalto a la verdad (Seix Barral, Barcelona, 1985). A lo que debe agregarse lo que la psicoanalítica renegada, Alice Miller, demostró sobre la perversidad de la violencia institucionalizada y el abuso sexual contra los niños en sus libros El drama del niño dotado (Tusquets, Barcelona, 1985), El saber proscrito (Tusquets, Barcelona, 1990) y Por tu propio bien (Tusquets, Barcelona, 1998).
Como hombre desesperado, astutamente, Freud tomó en aquel momento de crisis lo mejor de su experiencia y lo peor de sus intenciones y escribió el Proyecto de psicología, un texto extraño, para decir lo menos, en el cual proponía lo que él consideraba los fundamentos científicos de la psicología:
"El propósito de este proyecto es brindar una psicología de ciencia natural, a saber, presentar procesos psíquicos como estados cuantitativamente comandados de unas partes materiales comprobables, y hacerlo de modo que esos procesos se vuelvan intuibles y exentos de contradicción" (Sigmund Freud, Obras Completas de Sigmund Freud. Standard Edition. Ordenamiento de James Strachey, Volumen 1 (1886-99). Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Freud, Proyecto de psicología. (1950 [1895]).
Como siempre le sucediera con sus verdaderos descubrimientos y aciertos, Freud no se dio cuenta de la importancia y trascendencia de lo que había intuido y que verdaderamente era lo más importante de su Proyecto: la teoría de las neuronas.
Sobre ello escribe Ronald W. Clark:
"Más avanzado el año (después de julio de 1895), escribió en pocas semanas un elegante artículo en el que intentó describir los procesos psíquicos en términos de fuerzas mensurables, intento en que faltó poco para que esbozase la teoría de las neuronas, que Wilhelm von Waldeyer presentó al año siguiente, y describiera el sistema nervioso en término de neuronas, nombre dado (por el mismo von Waldeyer en 1891) a las células nerviosas individuales y sus prolongaciones" (Ronald W. Clark, Freud: El hombre y su causa, Planeta, Barcelona, 1985, p. 84).
Por lo extraño de este proyecto y por las circunstancias en las que fuera concebido, amerita el que se cuente su historia con mayor amplitud en la segunda parte de este texto.


NOTAS
(1) Sigmund Freud / Obras Completas de Sigmund Freud. Standard Edition. Ordenamiento de James Strachey / Volumen 1 (1886-99). Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Freud / Proyecto de psicología. (1950 [1895]).
(2) Carta LVI, Spinoza Opera (ed. Carl Gebhardt) vol. IV, pag. 260 (trad. cast. J.D. Sánchez Estop de la Correspondencia Completa, Madrid, Hiperión, 1.988, pp. 151-152).




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