28 de marzo de 2010



Crónica del enamoramiento de Nietzsche por Lou Andreas Salomé y Así habló Zaratustra

Por Iván Rodrigo García Palacios

La verdadera historia de los dos grandes enamoramientos de Friedrich Nietzsche, el por Cósima Wagner y el por Lou Andreas Salomé, fue contada por él como un enigma en Así habló Zaratustra y en todo lo que escribió desde entonces y hasta su colapso mental a principios de 1890.
Los biógrafos han sido prolijos en sus informaciones sobre estos y otros enamoramientos de Nietzsche, aunque cautos al momento de atribuirles los profundos efectos que ellos tuvieron sobre su existencia, su pensamiento y su obra, contraviniendo la propia recomendación que hiciera Nietzsche sobre cómo considerar la vida y la obra del filósofo.
Nietzsche así se lo escribió, primero, a Lou Andreas Salomé, en su carta de Leipzig, posiblemente, el 16 de septiembre 1882, cuatro meses antes de escribir Así habló Zaratustra:
"Mi querida Lou: su idea de reducir los sistemas filosóficos a los actos personales de sus autores es precisamente una idea de su "cerebro hermano" (otros traducen: "alma gemela"). En este sentido yo mismo enseñé historia de la filosofía antigua en Basilea y me agradaba decir a mis oyentes "este sistema está refutado y muerto pero la persona que se esconde tras él es irrefutable, a la persona no es posible matarla" - por ejemplo Platón" (D, p. 163) (1).

Y volvió a ratificarlo, luego de escribir Así habló Zaratustra, en Más allá del bien y el mal:
"Poco a poco me he dado cuenta de lo que ha sido hasta el presente toda gran filosofía: una confesión de su autor, y una especie de memorias involuntarias y desapercibidas" (Más allá del bien y el mal, Sección primera. De los prejuicios de los filósofos).

De las mujeres a las que Nietzsche propuso matrimonio, salvo Lou, todas ellas fueron propuestas matrimoniales convencionales y por la necesidad de cumplir con los preceptos sociales de su época.
A Cósima ni siquiera se imaginó en proponerle matrimonio, aun cuando si soñara con poseerla en su propio Olimpo. Ella era la mujer inaccesible, la esposa de Wagner, ese otro dios que, junto con Ariadna, Dionisios y otros dioses, conformaron su cosmología.
Cósima fue el enamoramiento sagrado y trágico y la causa del estro amoroso y creativo que provocara la compulsión de escribir las obras que le dedicara a Wagner y, herméticamente, a ella, como lo reconocen sus biógrafos.
Lou fue el enamoramiento estelar y cósmico, heroico y cómico, el estro amoroso y creativo que le provocara la compulsión de escribir Así habló Zaratustra y la "filosofía del futuro" que Zaratustra anuncia, lo que los biógrafos soslayan reconocer.
El impacto de los enamoramientos de Nietzsche por Cósima y por Lou fue de tal naturaleza y profundidad en su ser que, en los tiempos previos a su colapso mental, las funde y confunde en una y única Ariadna, aquella a la que Dionisios desposó en la Isla de Naxos, luego de ser abandonada por Teseo.
Ya que el enamoramiento de Nietzsche por Cósima ha sido mejor documentado y juzgado, voy a contar mi propia crónica del enamoramiento por Lou.



El enamoramiento de Nietzsche por Lou se desató en la catedral de San Pedro en Roma, el 25 de abril de 1882, cuando Nietzsche, en aquel momento estelar y cósmico en el que, como el Acteón bruniano, contempla a "su Diana", es convertido de cazador en presa y comienza a vivir la vida de los dioses: el estro amoroso y creativo:
"¿De qué estrellas venimos y hemos caído para encontrarnos aquí?" (2).

Si bien, ese fue el momento fulgurante en el que se desata el enamoramiento, antes que ello suceda, deben presentarse las condiciones y circunstancias propias y necesarias en cada individuo, para que se les revele tal "visión" y se genere tal trasformación.
Esto fue lo que sucedió a Nietzsche:
Primero. Desde el violento rompimiento de sus relaciones con los Wagner, su retiro de la cátedra en Basilea y su empeño por "ir más allá" de Schopenhauer y su obra inspirada por esa filosofía: Humano, demasiado humano, Nietzsche venía padeciendo el dolor de sus enfermedades y la desazón de su tragedia amorosa, las que trataba de hacer menos dolorosas refugiándose en la escritura.
Segundo. Para ese momento de Roma y desde nueve meses antes, Nietzsche estaba padeciendo, además de sus enfermedades crónicas, el desasosiego existencial previo y necesario a la emergencia del "Estado naciente" (3).
Tercero. Coincidencia asombrosa es el que Lou, una joven y bella muchacha rusa de apenas de veintiún años de edad, ya era, al momento de su encuentro con Rée y Nietzsche, una inquieta buscadora de conocimiento, avanzada estudiosa de la filosofía, de asuntos sobre las religiones y del sentido religioso de la vida, de la literatura y ya había inspirado su pensamiento filosófico y asumido para su proyecto de vida, las ideas de Spinoza, las que desarrollará de forma propia y original hasta el final de su vida, como lo anota Pilar García Pardo en su estudio sobre Lou:
"Lou empezó en Rusia, y continuó en Zurich, una profunda lectura de Spinoza, que la atrajo especialmente, sintiendo que su filosofía coincidía en gran parte con las ideas que ella se había ido elaborando desde la infancia.
Asume la equivalencia entre naturaleza y Dios. El Dios de Spinoza estaría del lado de Dios en su función simbólica. Ese Dios cuyas leyes son las de la naturaleza, no son transgredibles. Es un Dios asimilado a lo puramente simbólico, a la virtud significante. A ese Dios el hombre no puede complacer ni disgustar, por ello no requiere sacrificios.
Siguiendo esta línea de pensamiento, Lou aún con ese espíritu místico, religioso, fue tan crítica con todas las prácticas religiosas.
(...)
Lou estudió con Gillot al principio historia y filosofía de la religión, más tarde lecturas de filosofía. Su relación fue de discípula, colaboradora y amante platónica. Con Gillot estudió a Kant, a Spinoza, que se convertiría en su filósofo de referencia, y a los filósofos moralistas franceses. Se familiarizó con todas estas lecturas de tal forma que sorprenderá más adelante a Paul Rée y a Nietzsche" (4).
La crónica del enamoramiento de Nietzsche por Lou, es la siguiente:
Como remedio para sus sufrimientos, para Nietzsche la escritura era la mejor terapia existencial y fisiológica. Y eso es lo que hace al escribir El viajero y su sombra y a continuación, Aurora. Esta última la concluye en abril de 1881 y de inmediato se propone continuarla en otros tres libros, los cuales se convertirán en los tres primeros libros de la Gaya ciencia. Ya y con ese título, en enero de 1882 empieza a escribir el libro cuarto, el cual lo concluye el 24 de junio de ese mismo año. El libro con estas cuatro partes aparece impreso el 20 de agosto.
El quinto libro de la Gaya ciencia lo escribirá a partir del segundo semestre de 1882, pero sólo será agregado a la obra en 1886, cuando Nietzsche autoriza la reedición de sus obras, con nuevos prólogos y con otro editor, para solventar su precaria situación económica.
La terapia, con la escritura y publicación de Aurora, produjo efectos positivos, porque de inmediato Nietzsche se mostró interesado por asuntos, temas y materias en los cuales encontraba ideas que le mostraban un nuevo camino para ir "más allá" de la filosofía de Schopenhauer, así como del influjo de Wagner, Cósima y su vida pasada.
Nietzsche se interesa por las teorías científicas de esa época. Por un lado, aquellas que desvelaban la naturaleza física del universo y su dinámica y, por el otro, la polémica desatada por las teorías de la evolución de Darwin y la interpretación psicológica y sociológica de Spencer al evolucionismo darwiniano.
A lo anterior, Nietzsche retorna y suma, con nuevos ojos, a Spinoza, esa filosofía que había compartido con Paul Rée hacía algunos años y a la que también Schopenhauer conectaba con la suya. Es posible pensar que Nietzsche buscaba en Spinoza alivio para sus males e inspiración para dominar sus afectos, "los afectos spinozianos".
Serán esas informaciones científicas y la filosofía de Spinoza los detonantes y catalizadores de la trasformación que se sucederá en Nietzsche, porque, a partir de ese momento, su estado de desazón fisiológico-anímica, se convierte en estado de desasosiego, esa sensación de estreches y asfixia existencial en el que se buscan salidas y se presienten nuevos horizontes, ese estado previo a la explosión de un enamoramiento.
Estos sucesos son presentados por Curt Paul Janz, en su biografía de Nietzsche:
"FASCINACIÓN POR SPINOZA
Por esta época (junio de 1881) pide a Overbeek que le saque de la biblioteca de Basilea, entre otros libros, «el tomo de Kuno Fischer sobre Spinoza». Ya Nietzsche había sacado tiempo atrás de la biblioteca la «Historia de la nueva filosofía», del profesor heidelbergense de filosofía Kuno Fischer (1824-1907), así como sus conferencias de 1860, «Vida y obra de Kant» e «I. Kant, desarrollo, historia y sistema de la filosofía crítica»; su conocimiento de Kant lo obtuvo, sobre todo, a través de Fischer. Probablemente entonces conociera también la exposición de Fischer de la filosofía del solitario Baruch Spinoza, rechazado por su comunidad judía a causa de sus ideas herético- ilustradoras. Ahora vuelve a tomar ese libro, la segunda parte del primer tomo, que contiene la «Escuela de Descartes» y, precisamente, «Spinoza». Overbeck procuró todo ello a vuelta de correo; Nietzsche comenzó inmediatamente a leerlo y el 30 de julio hace a Overbeck, en una tarjeta postal, esta importante confesión: «¡Estoy totalmente admirado, totalmente fascinado! ¡Tengo un predecesor, y vaya uno! Casi no conocía a Spinoza: lo que ahora me llevó a él fue una 'acción instintiva'. No sólo su orientación general es semejante a la mía -hacer del conocimiento el afecto más poderoso-, sino que, además, yo mismo me reconozco en cinco puntos fundamentales de su doctrina; este pensador, el más anómalo y solitario, me resulta más cercano en lo siguiente: niega la libertad-; los fines--; el orden ético del mundo-; la falta de egoísmo-; el mal-; aunque es verdad que las disparidades son grandes, se debe más bien a diferencias de tiempo, de cultura, de ciencia. In summa: mi soledad, que a menudo, como sucede sobre las cimas muy altas, me producía sofocos y hacía que la sangre afluyera por todas partes, resulta ahora, al menos, compartida con otro» (5).
Como consecuencia de lo anterior, no puede ser coincidencia el que Nietzsche concibiera el pensamiento del eterno retorno el 6 de agosto de 1881, frente a la roca de Surlej.
Aquel día, Nietzsche contempló, con pasmo, terror y alegría, "la tierra prometida" y hacia ella dirige los pasos de su pensamiento. Al principio, con "la cautela spinoziana", ni se atreve a revelarlo a sus más cercanos amigos, sólo les comparte su exaltación.
Así, por ejemplo, se lo comunica a Peter Gast el 14 de Agosto de 1881, en la primera de unas cuantas cartas que le escribe en el final de ese año de 1881:
“¡Y bien, mi querido buen amigo! El sol de Agosto está sobre nosotros, el año corre hacia su fin, sobre las montañas y los bosques desciende el mayor de los silencios y la mayor paz. En mi horizonte han surgido pensamientos como nunca hasta ahora he avistado, - de ello no quiero hablar en absoluto, y mantenerme a mí mismo en una inquebrantable serenidad. ¡Tengo que, vivir todavía algunos años!”.

Tal y como lo acostumbra, Nietzsche, de inmediato escribe un primer proyecto para un libro que titula: El eterno retorno de lo mismo, el cual retoma y modifica entre diciembre de 1882 y enero de 1883, esta vez con el mismo título pero con el siguiente subtítulo: Un libro de la profecía, justo antes de escribir la primera parte de Así habló Zaratustra.
También y hasta el final de 1881, Nietzsche comienza a escribir los primeros apuntes de El eterno retorno de lo mismo, al mismo tiempo que escribe otros tres apartes para agregar a su libro Aurora, ya concluido en abril, pero los cuales se trasformarán en los tres primeros libros de la Gaya ciencia. Entre esos apuntes, aparecen unos cuantos y breves apuntes referidos a Zaratustra, tal y como aparecen en la edición crítica de sus obras realizada por Giorgio Colli y Mazzino Montinari, a partir de 1967.
En enero de 1882, Nietzsche comienza a escribir el libro cuarto de la Gaya ciencia, para concluir el 24 de junio bajo los influjos de su enamoramiento por Lou y es, precisamente, en los dos últimos aforismos de este libro en el que por primera vez anuncia públicamente, primero, su pensamiento del eterno retorno de los mismo, aforismo 341 y, segundo, el nacimiento de Zaratustra, aforismo 342, que se inspira en uno de los apuntes de finales de 1881:
“Zaratustra, nacido a orillas del lago Urmi, abandonó a los treinta años su patria, marchó a la Provincia Aria, y en los diez años de su soledad en las montañas compuso el Zend-Avesta.” (“Nachgelassene -Fragmente”, ‘Frühjahr-Herbst 1881’; KGW, V, 11 [195], 417).
“Cuando Zaratustra quiso conmover a la multitud, entonces debió ser su propio comediante.”
“La ociosidad de Zaratustra es el origen de todos los vicios.” (“Nachgelassene Fragmente”, ‘Herbst 1881’; KGW,V, 12 [112], 494).
“Tú contradices hoy lo que ayer habías enseñado - Pero eso era ayer, no hoy, dijo Zaratustra.” (“Nachgelassene Fragmente”, ‘Herbst 1881’; KGW, V, 12 [128] , 496).
Algunos de los motivos de estos apuntes serán empleados por Nietzsche en la escritura de Así habló Zaratustra.

Se puede decir que allí, en esos apuntes, se encuentra el nacimiento de Zaratustra: El Señor de las ideas del eterno retorno de lo mismo y El Maestro del Superhombre.

Pero, antes y para que Zaratustra sea gestado en plenitud, tendrá que presentarse el evento de su enamoramiento por Lou, para que, en esa colisión cósmica y solar, se encienda "el furor" y destelle la luminosa corona que Dionisios regala a Ariadna, aquella que en el mito es el motivo de la venganza y del engaño de la sabiduría (6). Y con todo ello se desvele y se provoque la escritura de Así habló Zaratustra.

Será, a partir del primer encuentro con Lou, el 25 de abril de 1882, y ya poseído por el alborozo y "el furor" del enamoramiento, del estro amoroso y creativo que se le desató ese día al contemplar a Lou en la catedral de San Pedro en Roma, cuando Nietzsche se decide hablar de su "filosofía del futuro" y es a ella, a la única, con la que la comparte y a quien se la ofrenda:

"Decidí en Orta darle a conocer a usted, la primera, toda mi filosofía. ¡Ah! no tiene idea de que decisión fue aquella: creía que no se podía hacer mayor regalo a alguien".
"[...]
Estuve inclinado a considerarla como la visión y aparición de un ideal sobre la tierra. ¿Lo notó? veo muy mal" (D, p. 185-186) (7).

Luego de ese primer encuentro, los tres permanecieron en Roma por cuatro o cinco días más. Paul Rée y Nietzsche compartían alojamiento en la casa de Malwida von Meysenbug, Lou se hospedaba en otro lugar con su madre.
Son esos los días y noches que Nietzsche rememorará en la La canción de la noche en los cantos de los surtidores de las fuentes romanas:
"Es de noche: ahora hablan más fuerte todos los surtidores. Y también mi alma es un surtidor.
Es de noche: ahora se despiertan todas las canciones de los amantes. Y también mi alma es la canción de un amante" (Así habló Zaratustra, II, La canción de la noche).

La intensidad intelectual y emocional de esos cuatro o cinco días debió ser suprema y magnífica. La confluencia de sus intereses comunes y compartidos por estudiar y desarrollar sus propias y originales propuestas filosóficas a partir de la sabiduría de los antiguos griegos y orientales, de las ideas y la historia de las religiones, de Spinoza, de los recientes desarrollos del conocimiento científico y muchos otros asuntos, debió desatarles "el furor" y el entusiasmo por un inmediato y luminoso futuro (8). Nietzsche, es la fuente de sabiduría y pasión; Lou, es el enigma que él proponen en Ecce homo:
"La respuesta a este ditirambo del aislamiento solar en la luz sería Ariadna...".

Rée, a quien habían llamado "el pequeño Spinoza", fue quien invitó a Nietzsche, propiciando el encuentro. También él se enamoró de Lou durante los días que compartió con ella antes de la la llegada de Nietzsche a Roma, por ello sentía celos del amigo.
Ella, fascinada con esa comunión espiritual y filosófica, "soñó" con conformar una comunidad de camaradas de trabajo en total libertad y ajena a relaciones amorosas, idea que ya había compartido con Rée y en la que incluyeron a Nietzsche:
"(...) hacerle comprender bien a Rée que mi vida amorosa "concluida para siempre" me inducía a un total afán de libertad sin límites" (D. p. 69).
(...)
"Con honradez lo que me convenció de manera más inmediata de que mi plan que era una afrenta a las costumbres sociales entonces vigentes era realizable, fue ante todo un simple sueño nocturno. En él vi un cuarto de trabajo agradable, lleno de libros y de flores, flanqueado por dos dormitorios y, yendo y viniendo entre ambos, nosotros, camaradas de trabajo formando un círculo alegre y serio" (Lou Andreas Salomé, Recuerdos de mi vida, D. p. 69-70).
El enamoramiento y las necesidades emocionales y afectivas de Nietzsche, lo impulsaron a proponerle matrimonio a Lou, cometiendo la imprudencia de solicitarle a Rée que actuara de intermediario.
Lou rechazó de inmediato la propuesta, pero aceptó continuar con la idea de "su sueño" y se avino a realizar el viaje a Orta que Nietzsche les propuso.
Fue allí, en Orta, en el lago de la localidad y en le pequeño monte del islote de San Giulio, llamado Monte Sacro, que el 5 de mayo de 1882, Nietzsche, además de ofrecerle como regalo "el eterno retorno" y su "filosofía del futuro", acosa a Lou con sus pretensiones amorosas.
Al final de sus días, Lou dijo:
"¿Si besé a Nietzsche en Monte Sacro? Ya no lo sé" (9).

Es indudable que si se besaron. Ese beso debió tener el "poder mágico" de los besos de los habitantes de la montaña de Venus que enajenan a quienes ellos besan, según el motivo romántico de Tannhäuser y wagneirano de Nibelungos, tal como le ocurrió a Nietzsche (10).
Los recuerdos de los días de Roma y muy en particular de ese día en Monte Sacro, serán sueño y pesadilla para Nietzsche por el resto de sus días.
Ya en los días y noches felices de Tautemburg, Nietzsche sintió la necesidad de reinstaurar el sentimiento de aquellos recuerdos, tal y como Lou le comentó a Paul Rée en el diario que escribiera allí para él, señalando la aprehensión que Nietzsche sentía por ello:
“El recuerdo de nuestra época italiana nos viene a menudo a la memoria... mientras subíamos por la senda estrecha, dijo en voz baja: " Monte sacro, te doy las gracias por el sueño más fascinante de mi vida” (D. Diario para Rée, p. 125).

El que el día del paseo a Monte Sacro, Lou y Nietzsche, se tardaran en regresar, causó el disgusto de Rée y de la madre de Lou. Sin embargo, al separase, los cuatro aceptaron volver a reunirse unos días después en Lucerna, entre el 13 y el 16 de mayo de 1882.
En Lucerna, Nietzsche vuelve a proponerle matrimonio, esta vez por él mismo, Lou vuelve a rechazarlo y deciden continuar como amigos y seguir con los planes de su comunidad de camaradas.
De estos tres o cuatro días que Lou, su madre, Rée y Nietzsche, pasan en Lucerna, queda la célebre fotografía de Jules Bonet, la que Nietzsche insistió en que se tomaran y que él mismo coreografío, para disgusto de Rée y con la crítica por el mal gusto, por parte de Lou. En ella aparecen: Lou con un látigo en la mano derecha, montada sobre un pequeño carro de tiro y Nietzsche y Rée uncidos y controlados por las bridas que ella maneja con su mano izquierda.


A esa fotografía, Curt Paul Janz le da la siguiente interpretación:
"MENSAJE OCULTO DE NIETZSCHE EN LA FOTOGRAFÍA
Pero la trágica ironía que en la fotografía se nos muestra no puede despacharse con un rápido juicio de gusto. En realidad era Lou la que intentaba uncir a los dos hombres a su carreta, y ambos filósofos se sometieron. Pero hay que tener presente de nuevo la cercanía de Tribschen, es decir de Wagner.
En las «Walkirias», al comienzo del acto II, Brünnhilde dirige a Wotan las siguientes palabra:
«Te aconsejo, padre,
que te prepares tú mismo;
dura tempestad
has de vencer.
Fricka, tu mujer, se acerca
en el carro con la yunta de carneros.
¡Ea, cómo blande
la fusta dorada!
Las pobres bestias
gimen de miedo;
furiosamente rechinan las ruedas;» (11).
Si bien, la intención de Nietzsche se corresponde con la interpretación de Janz, es necesario tener en cuenta otra interpretación, esta vez relacionada con la coreografía y en lo que ésta se pueda conectar con la antigua leyenda de Aristóteles y Herpyllis, la que fue motivo tradicional para los artistas de la Alta Edad Media y la modernidad temprana (12), y que Nietzsche debía conocer bien.
Un buen ejemplo es la xilografía de Hans Baldung Grien, La Belleza hostiga con su fusta a la sabiduría, en 1513:



¿Fue esa la forma mediante la que Nietzsche quiso expresarle a Lou la naturaleza de sus relaciones? ¿Quién puede conocer el corazón de un enamorado?
De Lucerna, Lou, su madre y Rée, parten hacia Stibbe, donde se instalan, con la oposición de la madre de Lou pero con la complicidad de la madre de Rée.
Nietzsche continúa su destino errante y se dedica a concluir la cuarta parte de la Gaya ciencia y a preparar el manuscrito del libro para la imprenta, el cual queda terminado el 24 de junio y sale impreso el 20 de agosto de 1882. Lo que será un feliz regalo de despedida a los días y noches felices del "idilio de Tautemburg".
Luego de los días en Lucerna y de un fallido intento de Nietzsche por reunirse con Lou en Berlín, a finales de junio, porque quería mostrarle el manuscrito de la Gaya ciencia, al fin y superando todas las dificultades, acuerdan pasar unos días juntos durante el mes de agosto en Tautenburg.
El viaje de Lou a Tautenburg, a donde arriba, para felicidad de Nietzsche, el 7 de agosto de 1882, estuvo precedido de inconvenientes y conflictos. Primero, las dudas y desgano de Lou. Segundo, la oposición de las dos madres y de Elizabeth, la hermana de Nietzsche. Tercero, la cruenta discusión que durante el viaje sostuvieron Lou y Elizabeth en Jena, incidente de inmediatas consecuencias favorables, porque logró que Elizabeth se mantuviera alejada de ellos durante el tiempo que Lou permaneció en Tautemburg, pero desastroso y dañino en adelante. Elizabeth no perdonará jamás a Lou y tratará, por todos los medios, desacreditarla y condenarla al ostracismo social en Alemania.
A pesar de todo ello, la permanencia de Lou en Tautemburg, del 7 al 26 de agosto de 1882, sería considerado como "el idilio de Tautemburg", porque y a pensar de la ardorosa insistencia de Nietzsche por seducirla o, al menos, por convertirla en su discípula exclusiva, esos fueron los días y noches felices durante los cuales Nietzsche maduró las materias de las que luego se engendrará Así habló Zaratustra y Lou conocerá al Nietzsche, vida y obra que en 1894 expondrá en su libro sobre él.
De que esto fue así, debe abducirse de los únicos testimonios escritos de esos días que sobrevivieron a la hoguera que Lou y Rée hicieron para incinerar muchas de las cartas, las más comprometedoras, de Nietzsche y a la posterior y malintencionada censura de Elizabeth del archivo de Nietzsche.
Estos materiales son: las cartas-diario que Lou se comprometió a escribirle a Rée, las anotaciones y a aforismos conservados del Libro de Stibbe, escrito a cuatro manos y cuyo nombre literal es Libro del nido de Stibbe y, finalmente, las cartas, notas y comentarios que Nietzsche le escribió a Lou sobre su escritura y sobre los asuntos que a ella le interesaban.
Estos testimonios se pueden consultar en el libro: Documentos de un encuentro, una selección realizada por Ernst Pfeiffer, el albacea del archivo de Lou.
Los de Tautemburg, fueron días y noches felices en los que el enamoramiento hizo de Nietzsche un enamorado heroico, hasta el punto de desplegar una gran fortaleza física y de no sentir los quebrantos y dolores de sus enfermedades crónicas. Lou, por su parte, tuvo a su disposición exclusiva al gran maestro que entusiasmado se propuso esculpir su mente y sensibilidad, no sólo exhibiéndole la génesis de su pensamiento, si no puliendo sus dones y talentos, tal y como ella se lo narra a Rée en sus cartas-diario de Tautemburg. Esto le escribe en una de ellas:
«En estas tres semanas hemos conversado hasta el agotamiento; curiosamente él aguanta ahora cerca de diez horas diarias de charla. En nuestras veladas, cuando la lámpara, vendada como un inválido con un paño rojo para que no dañe sus pobres ojos, arroja sólo un débil resplandor por el cuarto, siempre llegamos a hablar de trabajos en común... Sorprendente que en nuestras conversaciones aboquemos involuntariamente al borde de abismos, a aquellos lugares de vértigo adonde alguna vez se ha subido en solitario para mirar desde allí a lo profundo. Siempre hemos elegido los caminos de gamuzas, y si alguien nos hubiera escuchado, habría creído que eran dos diablos los que conversaban.»

También compusieron juntos aforismos que Lou inventaba y Nietzsche corregía o completaba" (13).
La historia de esos días y noches felices es fascinante y amerita un estudio más completo que permita contemplar el poder del enamoramiento y el despliegue de "los furores" del estro amoroso y creativo. Para Nietzsche, los de la contemplación de "su Diana" y la gestación de Zaratustra. Para Lou la gestación de su destino.
Después de la partida de Lou de Tautemburg, el 26 de agosto de 1882, Elizabeth inicia contra ella una campaña de intrigas y maledicencias con tal encono y vulgaridad y en la que sólo le faltó acusarla de "judía", campaña en la que persistió hasta el final de sus días.
Las relaciones entre Nietzsche, Lou y Rée, prácticamente quedan rotas y sólo se comunican por medio de las cartas doloridas de él, algunas de ellas se quedaron en borrador y nunca fueron enviadas. Las respuestas de Lou, frías e indiferentes, otras, nunca fueron respondidas, aun cuando ella nunca dejo de preocuparse por el estado anímico y fisiológico de él hasta el último día.
Del 20 de diciembre es este borrador de carta dirigido a Rée y Lou:
"Esta tarde tomaré opio hasta perder la razón... No se inquieten demasiado por los arrebatos de mis delirios de grandeza o de mi vanidad herida: y si por casualidad yo mismo alguna vez hubiera de quitarme la vida por dichos afectos, tampoco entonces habría demasiado por lo que llorar. ¡Qué les importa a ustedes, quiero decir a usted y a Lou, mis fantasías! Consideren muy mucho entre ustedes que al fin y al cabo soy ya un medio-inquilino de un manicomio, enfermo de la cabeza, a quien la soledad ha desconcertado completamente".

Nietzsche, Lou y Rée sólo volverán a sostener un breve y nada amistoso encuentro a finales de septiembre de 1882 en Lepzig. Será el último y, aunque se presentaron ocasiones de reconciliación, Nietzsche confesaría después que, por algo que él había hecho en contra de ella y que permanece en el misterio, aquella reconciliación era imposible.
En diciembre de 1882, Nietzsche se instala en Rapallo en medio de los tormentos de su ánimo y cuerpo enfermos, hasta que, el 1 de febrero de 1883, inicia la escritura de Así habló Zaratustra.
Y, el 11 de febrero de 1883, anuncio del feliz alumbramiento, cuando su amigo Franz Overbeck, en Basilea, recibe la carta de un gozoso Nietzsche que le comunica, desde Rapallo, el nacimiento, así como la misión y características de Así habló Zaratustra:
"El libro del que te hablé, cosa de 10 días, se me aparece ahora como mi testamento. Contiene un retrato extraordinariamente preciso de lo que será mí ser tan pronto como se haya liberado de toda su carga. Es un poema y no una colección de aforismos" (D, pp. 208-209).

Había nacido: "¡Zaratustra, mi hijo!".

Y, con Zaratustra, una larga historia de interpretaciones y polémicas que perduran hasta ahora. Esta es parte de la historia que cuenta Curt Paul Janz en su biografía:
"Nietzsche tenía acabadas la 1ª y la 2ª partes de Así habló Zaratustra en Febrero de 1883. La 3ª la finalizará en Enero de 1884. De todos modos, en febrero de 1885 añadirá una 4ª parte y todavía hará planes para una V y una VII que no llegará a realizar pues concebirá nuevas ideas que ya no entran dentro del proyecto artístico del Zaratustra. Este había ido creciendo trozo a trozo como una torre, lo que lleva a muchos a pensar que concibió su obra como una sinfonía. Por su parte Köselitz coloca el libro en la serie de los escritos sagrados. Para otros, sin embargo, Nietzsche se limitaría a plagiar el Prometeo de Carl Spitteler; y el problema es que el mismo Spitteler lo creía tambien. Para justificar su creencia se apoyaba en la tesis de Weingartner. Sin embargo, el problema es que éste no da prueba alguna que justifique que Nietzsche conoció el Prometeo de Spitteler aparecido en 1881. Lo único que señala como verosímil es el paralelismo de los animales acompañantes en ambos autores: en Spitteler el león y el perrito; en Nietzsche el águila y la serpiente. Pero incluso aquí, el origen de los animales de Nietzsche habría que buscarlo en otras fuentes.
En relación con el personaje de Zaratustra, es muy probable que Nietzsche sea deudor de la Simbólica de Friedrich Creuzer. Acerca del por qué Nietzsche decide hacer de ese personaje el abanderado de su obra, habría que escuchar primeramente lo que el mismo Nietzsche nos dice en Ecce homo. De todas formas, esta explicación no parece convincente en el contexto de su pensamiento.
Por lo que se refiere a la idea del eterno retorno las explicaciones que se han hecho han sido muchas y lo seguirán siendo. Ya en 1895 Rudolf Steinner avanzó la tesis de que el eterno retorno había surgido en Nietzsche como contraposición a las lecturas que había hecho sobre el Curso de filosofía de Dühring, a lo que Naumann se opuso frontalmente haciendo referencia a la necesidad de tener en cuenta otros testimonios. Naumann avanzó también la hipótesis sobre el significado de la idea del Superhombre. De todos modos, aún hoy, tanto el eterno el retorno como el superhombre ofrecen grandes dificultades en su interpretación.
Otra cuestión debatida se refiere al puesto que ocupa el Zaratustra en la obra total de Nietzsche. Llama la atención el hecho de que esta obra aparece como aislada en la totalidad de la misma. Sin embargo, aunque esto parece ser cierto, lo evidente es que con esta obra, y sus ideas sobre la muerte de Dios, el eterno retorno y el superhombre, lo que Nietsche consigue es situarse en un nuevo plano de partida con el que comenzar el largo camino de la transvolaración de todos los valores.
Por último, ¿es Zaratustra el hijo intelectual de Nietzsche o el mismo Nietzsche?" (14).
Pero, interpretaciones y polémicas aparte, Así habló Zaratustra, es apenas el inicio de la aventura de Zaratustra mismo. Desde ese momento y hasta el final de los días delirantes de Nietzsche en Turín, él se encarna y encarna sus ideas y su misión en Zaratustra y en todos los motivos y figuras de su panteón cosmológico y mitológico.

Para finalizar esta crónica, ya puedo decir con Nietzsche:
"Escribí para mi mismo" ("Mihi ipsi scripsi").

Y para todos los amantes de Lou Andreas Salomé.

NOTAS
(1) Friedrich Nietzsche, Lou van Salome, Paul Rée, Documentos de un encuentro, Laertes, Barcelona, 1982, p. 163.
(2) Lou Andreas Salomé, Mirada retrospectiva, Documentos de un encuentro..., p. 76.
(3) Iván Rodrigo García, El enamoramiento:
http://enamoramientoyevolucion.blogspot.com/
(4) Pilar García Pardo, Vida y obra de Lou Andreas Salomé. Una aportación al estudio psicoanalítico de la feminidad, Memoria para optar al grado de doctor, Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Filosofía, Departamento de Filosofía IV, 2009.
Buscar en Google: eprints.ucm.es/9758/1/T31549.pdf
(5) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Biografía, 3. Los diez años del filósofo errante (1879-1888),
http://www.paginasobrefilosofia.com/html/prebiogr.html:
(6) Giorgio Colli, La sabiduría griega, Trotta, Madrid, 2008, pp. 18-19.
(7) Friedrich Nietzsche, Lou van Salome, Paul Rée, Documentos de un encuentro, Laertes, Barcelona, 1982, p. 185-186. De ahora en adelante las citas de este libro se identifican en el texto como D.
(8) Iván Rodrigo García Palacios, Presencias de Bruno y Spinoza en el enamoramiento de Nietzsche:
http://ivanrodrigogarciapalacios.blogspot.com/
(9) H. F. Peters, Mi hermana, mi esposa, la vida de Lou Andreas-Salomé, Plaza & Janés, Barcelona, 1980, pp. 94, 95, 96.
(10) Rüdiger Safranski, Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, Barcelona, 2009, p. 94.
Aquí, indudablemente se conectan y corresponden los mitos de los primitivos románticos: Ludwig Tieck, Tannhäuser y, con posterioridad, Wagner, Nibelungos, Tannhäuser, como puede abducirse de lo que escribe Rüdiger Safranski:
"El relato de Tieck sobre los atractivos de la montaña de Venus se convirtió en una cantera para posteriores elaboraciones, sobre todo la de Wagner. Pero ante todo, Tieck ha continuado un motivo presente en El rubio Eckbert, a saber, la experiencia de que hay secretos que es mejor dejar "perdidos en la noche". En Tannhäuser el secreto se refiere al embrujo peligroso cuando se unen el arte y el erotismo. Hay instantes extáticos a los que no se sobrevive porque después la vida cotidiana se hace ya insoportable. A este respecto Nietzsche usará la expresión "cumbres de arrobamiento". Tannhäuser, según la redacción de Tieck, intenta contar este asunto a su amigo Friedrich. Hace una pausa y besa al amigo. A la mañana siguiente su mujer está muerta y Tannhäuser ha desaparecido. Pero aquel beso ha dejado a Friedrich fuera de sí:
"Corrió a escapar con incomprensible prisa, para buscar la montaña mágica y a Tannhäuser, y desde entonces no lo volvieron a ver. La gente decía que quien recibe un beso de alguien de la montaña es presa de una atracción irresistible, que con poder mágico lo arrastra los abismos subterráneos".
(11) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Biografía, 3. Los diez años del filósofo errante (1879-1888),
http://www.paginasobrefilosofia.com/html/prebiogr.html:
(12) El tema de Aristóteles sometido y cabalgado por la hetaira ateniense Herpyllis, fue motivo para un buen número de artistas de la Alta Edad Media y la temprana modernidad, entre ellos Hans Baldung Grien, Lucas van Leyden, Alberto Durero, Lucas Cranach El viejo (1472-1553), Jan de Beer (1450-1536), Hans Burgkmair El viejo (1519), Hans Holbein El joven (1522), Hans Brosamer (1520-1551), Wenzel von Olmütz (1485-1500).
También existe una versión de ese motivo realizada por Oskar Kokoschka en 1913 y titulada Aristóteles y Herpyllis:



Ver: marinni.livejournal.com/435140.html
(13) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Biografía, 3. Los diez años del filósofo errante (1879-1888),
http://www.paginasobrefilosofia.com/html/prebiogr.html:
(14) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Biografía, 3. Los diez años del filósofo errante (1879-1888),
http://www.paginasobrefilosofia.com/html/prebiogr.html:

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