22 de enero de 2010

Zaratustra enamorado
Por Iván Rodrigo García Palacios

Nietzsche y Lou Andreas-Salomé, por Grau Santos


"Cuando el pensamiento yace sepultado en cavernas, mostrará el enamoramiento su raíz desde el más profundo de los infiernos".

("When Thought is clos's in Caves Then love shall shew its toot in deepest Hell").

William Blake, The Four Zoas.

"BEROWNE: Pues cada hombre nace con pasiones que tan sólo una gracia especial puede dominar, no la voluntad".

William Shakespeare, Penas por amor perdidas.



I. El "furor" del enamoramiento

y Así habló Zaratustra

Voy a contarles una historia cuyos hechos ciertos y evidentes son: un enamoramiento y la escritura de una de las obras más herméticas de la historia de la filosofía y de la literatura universal. No ha sido ni la primera ni será la última obra de arte o filosofía que se realice en tales circunstancias.

Esta historia y la demostración que les voy a contar son un juego, la actividad más saludable de los humanos (1), y no un trabajo académico, así que me disculpo ante aquellos que piensan que con lo académico no se juega.

Este es un juego de lecturas lúdicas, abductivas (2), por medio de las cuales quería averiguar las consecuencias y efectos que el enamoramiento de Friedrich Nietzsche por Lou Andreas Salomé, en el verano de 1882, pudieron significar para su vida y su obra, máxime tratándose de un hombre que siempre se supo y se manifestó: "humano, demasiado humano" y sabiendo que fue a ella a quien quiso regalar y con quien únicamente compartió y discutió su pensamiento del eterno retorno:

"Decidí en Orta darle a conocer a usted, la primera, toda mi filosofía. ¡Ah! no tiene idea de que decisión fue aquella: creía que no se podía hacer mayor regalo a alguien".

"[...]

Estuve inclinado a considerarla como la visión y aparición de un ideal sobre la tierra. ¿Lo notó? veo muy mal" (D, p. 185-186) (3).

El hecho de que los biógrafos y estudiosos hayan considerado tales sucesos como un chisme frívolo y pueril, no debe significar que sea imposible tratar de demostrar que esos eventos sí están conectados en correspondencias y relaciones necesarias de causas y efectos, tal y como me lo propuse desde cuando publiqué mi primer planteamiento de esta hipótesis, en el Literario Dominical de El Colombiano del 1º de agosto de 2004. Hipótesis que llamo descabellada, no por imposible, sino por haber sido menospreciada.

En esas averiguaciones me encontré con una serie de datos, sucesos y elementos de las vidas y de los escritos de Friedrich Nietzsche y de Lou Andreas Salomé que se conectaban, se correspondían y se relacionaban, para converger, trasponerse y culminar, de forma primordial, proteica y necesaria, en la escritura de la primera parte de Así habló Zaratustra, entre el 1 y el 10 de febrero de 1883. Y, luego, en la escritura de las otras tres partes, de Ecce homo y otras de sus obras.

Esta información me llevó a concluir que, de no haber sido por ese enamoramiento, toda esta historia sí hubiera resultado ser un chisme, frívolo y pueril en la vida y para la obra de Friedrich Nietzsche.

O que pudo haber sucedido cualquier otra cosa, como lo sugiere su biógrafo Curt Paul Janz:

"Un éxito en la relación amorosa con Lou hubiera significado para Nietzsche la última oportunidad para volver a encontrar el camino hacia las personas; como le fue negado, ello lo volvió a encerrar definitivamente ya en su desesperanzada y amarga soledad" (4).

Similar sugerencia hizo la filósofa española María Zambrano, pero criticando a Lou de manera injusta e incomprensible, tratándose de una mujer... o, ¿sería por ello?:

"(...) Nietzsche destruyó su vida al no haber podido alcanzar forma: Dionisios perdido en el mundo occidental que no supo, como la antigua Grecia, desnudarle, poner de manifiesto su figura.

Esto aclara el gesto oscuro del destino, poniendo frente a Nietzsche, en sus treinta y ocho años de varón que ya no puede seguir esperando, una mujer. Una mujer, única fuerza capaz de encantar su espíritu y encerrarlo en los límites de la forma. Nietzsche, ímpetu sin fin de vida, necesitaba de la gracia luminosa que detuviera su desesperada carrera, que encantara su ambición demoníaca, que hiciera al fin descansar al judío errante. Mas, es entonces ella, Lou Andreas Salomé, la que no puede detenerse. ¡Tremendo destino es para una mujer no poder detenerse, no aceptar a elevar su feminidad a norma luminosa, aquietadora y alentadora de la vida de un hombre!

Pero entonces, al no poder detenerse, debió alejarse. Quizás sólo el amor lejano, no gozado, inasequible, sea el único que sabe.

(...)

Pasó tangente a la vida de Nietzsche, como estrella errante en la noche de aquel agosto, preludio de un otoño inexorable, la que pudo ser, con sólo lejanía, la estrella fija de su vivir. Si es algo la mujer en la vida de un hombre como Nietzsche -quizás, de todo hombre- es creadora de orden. Ordenar graciosamente la barbarie de los instintos, la selva del sentimiento, la contradicción de los anhelos, fue la misión que declinó Lou Andreas Salomé frente al Dionisios germánico. Sin generosidad para penetrar en el círculo de su vida, y sin vocación para colocarse de un salto arriba, alta, quieta, lejana" (5).

Por trágica fortuna es necesario agradecer al dios del enamoramiento, porque de lo contrario ni Zaratustra ni lo que le siguió, hubieran existido tal y como son.

El enamoramiento (6) es fuerza poderosa y extrema, transformadora de la naturaleza humana.

El enamoramiento es un fenómeno extraordinario, quizás más semejante a la naturaleza del "furor" propuesto por Giordano Bruno en Los heroicos furores:

"TANSILLO: Se suponen, y de hecho existen, varias especies de furores, todas las cuales se reducen a dos géneros: los unos manifiestan únicamente ceguera, estupidez e ímpetu irracional, tendiendo a la insensatez ferina; consisten los otros en cierta divina abstracción por la cual algunos alcanzan a ser en verdad mejores que los hombres ordinarios. Y estos son a su vez de dos especies, pues ciertos individuos, al haberse convertido en habitáculo de dioses o espíritus divinos, dicen y obran cosas admirables de las que ni ellos mismos ni otros entienden la razón (...). Otros, por estar avezados o ser más capaces para la contemplación y por estar naturalmente dotados de un espíritu lúcido e intelectivo, a partir de un estímulo interno y del natural fervor suscitado por el amor a la divinidad, a la justicia, a la verdad, a la gloria, agudizan los sentidos por medio del fuego del deseo y el hálito de la intención y, con el aliento de la cogitativa facultad, encienden la luz racional, con la cual ven más allá de lo ordinario; y estos no vienen al fin a hablar y obrar como receptáculos e instrumentos, sino como principales artífices y eficientes" (7).

Y, cuando me refiero al "furioso heroico", de Giordano Bruno, no es por casualidad, tratándose de Nietzsche, a quien la obra, en especial los Diálogos italianos, y la figura del monje inmolado en Campo dei Fiori, mucho debió impresionar, hasta el grado de la trasposición y la imitación. Pero, esa es otra historia que apenas iré mencionando.

Debo decir también que, el enamoramiento, como yo lo considero y para dejarlo claro, es un fenómeno que poco tiene que ver, aunque se le parezca, con aquella "manía" que criticaron Sócrates y Platón y, mucho menos, con las perturbaciones emocionales con las que lo confunden los psicoanalistas, los psicólogos y los neuropsicólogos modernos (8).

Nietzsche intuyó, con clarividencia y certidumbre que el enamoramiento era un proceso natural de transformación, de renacimiento. La historia de sus renacimientos, es también la historia de sus enamoramientos y de sus trasformaciones. Eso es lo que, además de sus pasmosas propuestas filosóficas, escribió de manera poética y hermética, primero, en Así habló Zaratustra, las mismas que luego complementó y explicó en su obra autobiográfica, Ecce homo, en la que expone las claves para descifrar tanto su propio proceso vital e intelectual como al mismo Zaratustra.

Debo declarar que, si bien el enamoramiento es un poder asombroso y trasformador, es sólo "el fuego", "el furor" que enciende la materia poseída por el enamorado, para que de ella, como en la alquimia, macerada, fundida, destilada y sublimada, se produzca la gran obra.

Porque y para evitar objeciones, lo que en el enamoramiento se presenta como causa externa, de inmediato se transforma en causa íntima o inmanente, si se quiere, como lo proponía el mismo Giordano Bruno:

"CICADA: Entiendo: porque el amor transforma y convierte en la cosa amada".

(...)

"TANSILLO: Así es. He aquí pues cómo Acteón, convertido en presa de sus propios canes, perseguido por sus propios pensamientos, corre y "dirige los nuevos pasos" -renovado en cuanto procede divinamente y con mayor ligereza, es decir, con mayor facilidad y con más eficaz vigor- "hacia la espesura", hacia los desiertos, hacia la región de las cosas incomprensibles; de hombre vulgar y común como era, se torna raro y heroico, tiene costumbres y conceptos raros, y lleva una vida extraordinaria. Y en este punto "le dan muerte sus muchos y grandes canes", acabando aquí su vida según el mundo loco, sensual, ciego e ilusorio, y comenzando a vivir intelectualmente; vive la vida de los dioses, nútrese de ambrosía y de néctar se embriaga" (Los Heroicos Furores, I, 4).

O, para decirlo con San Juan de la Cruz:

"¡Oh noche que juntaste

Amado con amada,

amada en el amado transformada!"

(San Juan de la Cruz, La noche oscura).

Así habló Zaratustra es esa obra "a imagen y semejanza" de lo que era Nietzsche al momento de su enamoramiento: un hombre, un "ser en verdad mejor que los hombres ordinarios", según otra definición del mismo Giordano Bruno, para el "furioso heroico".

Es por ello que los enamoramientos y renacimientos de Nietzsche son una y la misma cosa: supremos y cataclísmicos, la aurora que anuncia Zaratustra.

Quien de verdad haya leído Así habló Zaratustra, debió sentir que en aquel poema, junto con los asuntos filosóficos que han destacado los críticos, también subsiste un trágico lamento enamorado que no soy el único en conectar con el enamoramiento que por Lou Andreas Salomé canta Nietzsche:

"Es de noche: ahora hablan más fuerte todos los surtidores. Y también mi alma es un surtidor.

Es de noche: ahora se despiertan todas las canciones de los amantes. Y también mi alma es la canción de un amante" (Así habló Zaratustra: La canción de la noche).

Estas canciones de los surtidores de las fuentes romanas que después, al explicar Así habló Zaratustra en Ecce Homo, es ya un enigma:

8 / "Nada igual se ha compuesto nunca, ni sentido nunca, ni sufrido nunca: así sufre un dios, un Dionisios. La respuesta a este ditirambo del aislamiento solar en la luz sería Ariadna..." (Ecce Homo, Un libro para todos y para nadie, 7-8.).

Esa misma hipótesis la sugiere Daniel Desmarquest, en Kafka y las muchachas, al contar que, el joven Franz Kafka de 15 años, les leía a las muchachas los poemas de Así habló Zaratustra, para seducirlas. Kafka debió identificarse con "el furor" del enamoramiento que compulsó aquella escritura:

"Por esos mismos días, mientras en lo más profundo del bosque Roztok el joven Kafka encandila a una chiquilla con los versículos de Zaratustra, Nietzsche muere en Weimar, aquel 28 de agosto del año 1900, diez años después de desplomarse en una calle de Turín. El dios "azar" no escatima los signos: este libro, que apareció en 1883, el año del nacimiento de Franz, ¿no tiene su origen en la herida que Lou, la muchacha rusa que se parece como una hermana a la futura Milena de Kafka, le infligió al filósofo? Pese a ellas y a sus traiciones, las muchachas tienen el poder de suscitar libros que, en un hermoso día de verano, se entregan a otras muchachas" (9).

O, lo que, Irvin D. Yalom, hace decir a Nietzsche sobre Lou en su novela: El día que Nietzsche lloró:

"He de reconocerlo. Es extraño. La conocí en abril, hace casi nueve meses, y ahora siento que se está gestando una gran obra. Mi hijo, Zaratustra, se mueve, se agita esperando nacer. Quizás nueve meses antes ella sembrara la semilla de Zaratustra en los surcos de mi cerebro" (10).

Dada la magnitud de la vida y de la obra de Nietzsche y la imposibilidad de abarcarlas, para contar mi historia sólo voy a contemplar su vida por un momento y desde ese portón que está situado en el más interpretado y el más hermético de los cantos de Así habló Zaratustra: De la visión y enigma:

"El nombre del portón está escrito arriba: "Instante".

Voy a utilizar unos breves fragmentos de su vida y de sus obras y de lo tanto que se ha escrito sobre Nietzsche, porque sólo pretendo armar un cuento que les provoque el deseo del imaginar lúdico y del pensar libre acerca del malentendido y estigmatizado enamoramiento, pero como una nueva "gaya ciencia".

Al fin y al cabo, todo está conectado y relacionado y nada es insignificante ni irrelevante en la vida de los hombres. Vida y obra son manifestaciones orgánicas del hombre, tal y como el mismo Nietzsche lo pensaba. Todo lo contrario a muchos de sus estudiosos y críticos que prefieren ignorar este principio de la naturaleza: la Naturaleza es la Ley.

Nietzsche así se lo escribió a Lou Andreas Salomé, en su carta de Leipzig, posiblemente, el 16 de septiembre 1882:

"Mi querida Lou: su idea de reducir los sistemas filosóficos a los actos personales de sus autores es precisamente una idea de su "cerebro hermano" (otros traducen: "alma gemela"). En este sentido yo mismo enseñé historia de la filosofía antigua en Basilea y me agradaba decir a mis oyentes "este sistema está refutado y muerto pero la persona que se esconde tras él es irrefutable, a la persona no es posible matarla" - por ejemplo Platón" (D, p. 163) (11).

Y, luego, vuelve a reafirmarlo en Más allá del bien y el mal:

"Poco a poco me he dado cuenta de lo que ha sido hasta el presente toda gran filosofía: una confesión de su autor, y una especie de memorias involuntarias y desapercibidas".

Eso explica la frase que Nietzsche escribía al finalizar sus obras:

"Escribí para mi mismo" ("Mihi ipsi scripsi").


II. Nietzsche, un mito de mitos:

"Zaratustra, mi hijo"

Por necesidad psicológica y deliberada conciencia, Friedrich Nietzsche se autodiviniza a sí mismo, en cuerpo y mente, como el cosmos de un mito de mitos. Como en un calidoscopio, él se transmutó -transformó, según su propia palabra- y se forjó en la existencia y las acciones de los mitos y de los dioses, hasta transmutarse -transformarse- en el dios de dioses que al fin se hizo Silencio y Fuego, en ese fuego heraclitiano (12) y dionisiaco que había encendido en su juventud.

Como Dionisios, mito de mitos, Friedrich Nietzsche muere y es desmembrado, en varios períodos de su vida, para resucitar -no renacer- encarnado, cada vez, cada fin y cada principio, en un nuevo mito y en un nuevo Dionisios, en ese su viaje de iniciaciones que lo macerarán y prepararán para concebir y gestar a Zaratustra y, así, fundirse y sublimarse -¿ser devorado?- en "mi hijo":

«En ese sentido, el salvador de mi vida se llama Zaratustra, mi hijo Zaratustra».(13).

Ese proceso de Ave Fénix fue el resultado de la consumación y consumición de un matrimonio sagrado, "hieros gamos", o la heraclitiana "armonía de contrarios", donde "todo fluye", al que se había consagrado Nietzsche en sí mismo: Razón e Imaginación, Logos y "Mythos", vida y escritura, matrimonio sagrado en el cual Eros concibió y gestó a Zaratustra y a toda una obra de imágenes e ideas que, como lo explica Eugen Fink:

"[...] no es ni poesía ni filosofía, si se toman estos conceptos en el sentido tradicional, como oposición de poetizar y pensar. En Nietzsche también esta división y duplicidad de la comprensión esencial del mundo se vuelven discutibles" (14).

La obra de Nietzsche es literatura y es filosofía, porque era filósofo por ser poeta y era poeta por ser filósofo: la vida como literatura.

Los estudiosos de la vida y las obras de Nietzsche las dividen en etapas o períodos, por supuesto, teóricos y en concordancia con las transformaciones vitales, temáticas y estilísticas que en el análisis e interpretación hace de ellas según criterios tan subjetivos o lógicos, al gusto de cada quien. Lo único cierto es que Así habló Zaratustra es excepcional y determinó su vida y su escritura, desde ahí y hasta el final.

Para mi gusto y necesidades, la mente de Friedrich Nietzsche se encarnó en un mito de mitos, cuyos dioses y héroes fueros varios y diversos y que, de acuerdo con las circunstancias, se fue transformando y expandiendo hasta pretender abarcar, en sí mismo, ese cosmos que era, según la fórmula hermética:

"En cada instante comienza el ser; en torno a todo “Aquí” gira la esfera “Allá”. El centro está en todas partes. Curvo es el sendero de la eternidad.» (Así habló Zaratustra, El convaleciente, 2).

En su infancia y juventud fue la encarnación un mito cristiano y musical cuyo héroe fue su padre. Luego da paso a la encarnación de los mitos antiguos, cuyos héroes fueron Richard y Cósima Wagner. Tras el rompimiento con la pareja, se encarna en un mito apolíneo-positivista del que fue héroe Arthur Shopenhauer. A los treinta y cinco años inicia su encarnación de Dionisios (Zagreo-Baco-Iakchos), mediante la cual concebirá y gestará a Zaratustra y cuyos héroes serán una bella mujer: Lou Andreas Salomé y un hombre: Giordano Bruno, el monje y mago inmolado por el fuego inquisitorial en Campo dei Fiori, y nutrido por el poderoso influjo de Dionisios y lo clásico griego en la cultura alemana de los siglos XVIII y XIX.

En esta encarnación dionisiaca y bruniana Nietzsche se irá fundiendo y sublimando hasta el Silencio y el Fuego de su última encarnación -¿desencarnación?-, cuyos héroes, para que todo este mito de mitos sea congruente, serán: "El Gran Inquisidor y el caballo de Dostoievski" (15).

Y, al fin, en las profecías de sus delirios, emergerá otro dios: el Nietzsche resucitado, cuyo motivo y encarnación es otro Dionisios, ese Dionisios Iakchos:

"La estrella naciente "portadora de la luz de los misterios nocturnos" (Aristófanes, Las ranas), el dios por-venir".

Para la interpretación que propongo de ese Friedrich Nietzsche, Dionisios, mito de mitos, los motivos son: los del Eros, los de la Razón y los de la Imaginación. Los tres espejos en los que se proyectan y reflejan esas materias de la vigilia y los sueños de la mente de Nietzsche. Esos horizontes resultantes de la maceración, la fundición, la destilación y la sublimación, de las materias y los materiales de su vida, pasiones y pensamientos, que van a ser transmutados por las musas en una locura sagrada y poética

Aquella locura que para Sócrates era de cuatro clases: la concedida por Apolo que es profética; la que otorgan Afrodita y Eros, erótica; la de Dionisios que es locura ritual y la de las Musas, locura poética.

O esa locura con la que los dioses premian y castigan, al unísono:

"A quien un dios quiere destruir, antes lo enloquece" ("Quem deus vult perdere, dementat prius").

Locura que culmina en la búsqueda de una piedra filosofal en sí mismo: su escritura.

O en esa otra, la

"(...) piedra filosofal (que además tiene un corazón)" (D. p. 78).

Como Nietzsche llamó a Lou.

Cada período de la vida y de la obra de Friedrich Nietzsche tiene su propia explicación y, si bien, teórica e interpretativamente son separables, son siempre unidad que es y actúa como tal y que se va concibiendo, gestando y transformando, en cada estado, en cada espacio y en cada tiempo.

En esas condiciones y para mi interés, voy a considerar el período en el cual es concebido y gestado Zaratustra, teniendo en cuenta sólo aquellos otros aspectos de lo pasado y de lo futuro necesarios para el análisis, la interpretación y la dotación de sentido que exige mi lectura.

En este contexto, Zaratustra es la suprema realización de la mente de Friedrich Nietzsche, es el resultado de sus previos procesos de transformación y será la figura y motivo de lo que devendrá.

***

El proceso de la concepción y gestación de "Zaratustra, mi hijo" -como también lo llamó Nietzsche en Ecce homo-, se inicia en la primavera de 1878, tras la muerte de los héroes y su retiro de la Universidad de Basilea, para concluir en los primeros diez días de febrero de 1883, durante los cuales, Nietzsche, escribió la primera parte de Así habló Zaratustra. De ahí en adelante devendrá el fundirse, destilarse y sublimarse a sí mismo -¿ser devorado?- en Zaratustra.

Luego del rompimiento de Nietzsche con Richard y Cósima Wagner y de su retiro de la Universidad de Basilea, se inicia un período de desmembramiento, muerte, y posterior renacimiento del dios: Dionisios Zagreo.

Ese período se inició en la Navidad cristiana de 1878, como lo anota Curt Paul Janz, en su biografía de Nietzsche:

"Aurora. En esta obra Nietzsche sacará las más duras consecuencias de su encontronazo físico con la Navidad cristiana de 1878 en Naumburg, en dónde Nietzsche siente estar a las puertas de la muerte" (16).

Muerte y desmembramiento que para junio de 1881, en Sils-María, ha llegado a su culminación, como él mismo lo anuncia:

Carta de Friedrich Nietzsche a Paul Rée, Sils-María, 8 de julio de 1881:

"También yo acabo de vivir tiempos difíciles y me he acercado nuevamente al Engadin, mi viejo lugar de salvación: "todavía no libre del cuerpo", y en lo que concierne al alma, lea mi libro que le enviará nuestro editor (Nietzsche se refiere a Aurora). A veces tengo la impresión de mirar las cosas y personas como si hubiera muerto desde hace tiempo: se mueven, me asustan y me maravillan, pero estoy muy alejado de ellas. El que se ha extraviado por siempre y precisamente por ello tan cerca de usted" (D, p. 58).

Tres meses antes de esta carta, ya se había presentado la anunciación del advenimiento de Zaratustra. Ocurrió en la primavera:

"En una pequeña localidad termal de montaña, no lejos de Vicenza, en Recoaro, donde pasé la primavera del año 1881, descubrí juntamente con mi maestro y amigo Peter Gast, también él un "renacido" que el fénix Música pasaba volando a nuestro lado con un plumaje más ligero y más luminoso del que nunca había exhibido" (Ecce homo, pp. 93-94).

Y, en agosto, pleno verano de 1881, se produce la concepción:

"Voy a contar ahora la historia de Zaratustra. La concepción fundamental de la obra, el pensamiento del eterno retorno, esa fórmula suprema de afirmación a que se puede llegar en absoluto "es de agosto del año 1881: se encuentra anotado en una hoja a cuyo final está escrito: "a 6.000 pies más allá del hombre y del tiempo. Aquel día caminaba yo junto al lago de Silvaplana a través de los bosques; junto a una imponente roca que se eleva en forma de pirámide no lejos de Surlei, me detuve. Entonces me vino ese pensamiento" (Ecce homo, p. 93).

El inicio de la gestación tardará todavía un año, hasta cuando aparece la mujer que será la madre de "Zaratustra, mi hijo", "la luz sería Ariadna".

En la primavera de 1882, ya enamorado de Lou, Nietzsche anticipa y anuncia, en el aforismo 342 de la Gaya ciencia, a Zaratustra, "la luz sería Ariadna", el que emergerá del programa y del "sueño" de los diez años en el que Lou y Paul Rée lo habían incluido y, con él, su profecía:

"342. Comienza la tragedia ("Incipit tragedia"). Tenía Zaratustra treinta años cuando dejó su patria y el lago Urmi y se marchó a la montaña. Gozó allí de su espíritu y de su soledad, y durante diez años no se cansó de hacerlo. Finalmente, su corazón se transformó, y un día se levantó al amanecer, enfrentó al sol y le dijo: "¡Oh gran astro! ¿Crees que serías feliz si no tuvieras a alguien a quien iluminar? Hace diez años que subes a mi cueva; si no fuera por mí, por mi águila y por mi serpiente, ya te habrías cansado de tu luz y de tu camino. Pero nosotros te esperábamos todas las mañanas, te aliviábamos de lo que a ti te sobraba y te bendecíamos por ello. Quiero que sepas que estoy harto de sabiduría, como la abeja que ha almacenado demasiada miel, y que necesito manos que me pidan. Quisiera dar y repartir hasta que los sabios que haya entre los hombres vuelvan a alegrarse de su locura y los pobres de su riqueza. Para eso he de descender a las profundidades, como haces tú al oscurecer, cuando te hundes por detrás del mar, para llevar tu luz incluso a lo que está más abajo del mundo, ¡astro desbordante de riqueza! Al igual que tú, he de hundirme en mi ocaso, como dirían los hombres a quienes quiero descender. ¡Bendíceme, pues, ojo impasible, capaz de contemplar sin envidia incluso una felicidad excesiva! ¡Bendice esta copa ansiosa de desbordarse y de derramar su dorada agua para que lleve por doquier el reflejo de tus delicias! ¡Mira esta copa que anhela volver a vaciarse; mira a Zaratustra, que quiere volver a ser hombre!". (Gaya ciencia, 342).

Y, la profecía:

"Comienza la tragedia" (...) "Así empezó el ocaso de Zaratustra" (Gaya ciencia, 342).

***

En el verano de 1882, Nietzsche convoca a Lou Andreas Salomé, a la que llama: "el más hermoso campo y también el más fértil" (D, p.105). Y, al mismo tiempo, define el motivo y la figura humana en la que se inspirará ese Dionisios.

Se sabe que Lou Andreas Salomé respondió afirmativamente a la convocatoria de Nietzsche el 30 de junio de 1882, por la carta que él le responde el 2 de julio de 1882:

Carta de Friedrich Nietzsche a Lou von Salomé en Stibbe, Tautenburg cerca de Dornburg, 2 de julio 1882, Turingia:

"Mi querida amiga:

¡Por fin el cielo se ha abierto sobre mí! Ayer al mediodía pareció como si fuera mi cumpleaños: llegó su promesa, el más hermoso regalo que nadie hubiera podido hacerme en este momento -mi hermana me envió cerezas. Teubner me mandó las tres primeras pruebas de la "Gaya Ciencia", además acababa de terminar la última parte del manuscrito y con ello la obra de seis años (1876-1882), todo mi "Libre pensamiento"! ¡Qué años! ¡Qué torturas de todas clases, que soledades y que hastío de la vida! Y para poder hacerles frente contra la muerte y contra la vida, he preparado esta medicina, mis pensamientos con una pequeña franja de cielo abierto sobre ellos: querida amiga, cada vez que pienso en todo esto me trastorno, me conmuevo y no sé como he podido lograrlo. Un sentimiento de autocompasión y de victoria me invade por completo. Pues es un triunfo completo ya que incluso la salud física ha aparecido y todo el mundo me dice que parezco más joven que nunca. ¡El cielo me libre de hacer locuras! Pero desde ahora, estaré bien aconsejado por usted y nada tendré que temer.

[...] No quiero estar más solo, y quiero convertirme de nuevo en un humano. ¡Ah, todavía tengo que aprenderlo casi todo en ese dominio!

¡Acepte mi agradecimiento, querida amiga! Todo saldrá bien como usted ha dicho" (D, p.107).

Friedrich Nietzsche, Dionisios, el mito de mitos, consumido por "el furor" del enamoramiento, ¡ha resucitado!

Un padre resucitado, una madre mitificada y, "Zaratustra, mi hijo", concebido y fecundado por un humano mitificado y gestado por una humana, trasmutada en diosa, ha iniciado el drama de su gestación y su posterior alumbramiento.

En los años que siguieron al nacimiento de "Zaratustra, mi hijo", Friedrich Nietzsche se transformó o trasmutó en flama y su mente ardió hasta consumirse, devorado por el fuego de su propia criatura, al igual que el motivo y la figura que lo inspira: Giordano Bruno, el monje y mago consumido por el fuego de la Inquisición en Campo dei Fiori.

Friedrich Nietzsche, como Giordano Bruno, propugnaron por una nueva religión y ambos se convirtieron en mártires.

***

Los momentos y eventos más destacables del enamoramiento de Nietzsche por Lou, se pueden marcar así:

1. Encuentro en Roma, 25 de abril de 1882.

2. "El misterio de Monte Sacro", 5 de mayo de 1882.

3. Fotografía en Lucerna, entre el 13 y el 16 de mayo de 1882.

4. Conclusión de la escritura de la Gaya ciencia, 24 de junio de 1882.

5. Noches y días felices en Tautenburgo, 7 al 26 de agosto de 1882.

6. Rompimiento y distanciamiento, a partir del 26 de agosto de 1882.

La historia de ese enamoramiento, concepción, gestación y alumbramiento de "Zaratustra, mi hijo", es lo que voy a contar ahora, junto con las circunstancias que intervinieron en esa génesis.


III. Así nació Zaratustra

en los tiempos del enamoramiento

La vida amorosa de Friedrich Nietzsche es tan extraña, compleja y trágica, como su propia vida y obra. Y, si se le hace una lectura sin prejuicios académicos, se puede concluir que vida, obra y amores, forman un triángulo trágico e indisoluble, al fin y al cabo, para él la vida era como mitología, como filosofía y como literatura:

"Escribí para mi mismo" ("Mihi ipsi scripsi").

Fueron dos los trágicos enamoramientos de Friedrich Nietzsche que trastornaron su compleja vida mental, emocional y afectiva. Su amor por Cósima Wagner y el enamoramiento de Lou Andreas-Salomé.

En vísperas del colapso final y en los delirios de su mente, Nietzsche fundió y confundió a Cósima (17) y a Lou en una y única amada, la amada ideal: Ariadna, "la clarísima señora del laberinto y compañera de Dionisios" (18):

"¡Quién sabe, excepto yo, qué es Ariadna! De todos estos enigmas nadie tuvo hasta ahora la solución, dudo que alguien viera siquiera aquí nunca enigmas" (En Así habló Zaratustra, La canción de la noche. En Ecce homo, Un libro para todos y para nadie, 8.).

Que Ariadna también era Lou, se puede deducir del hecho de que en la mitología griega Aridana fue rescatada y desposada por Dionisios de la isla de Día (Naxos), en donde la abandonó Teseo luego de que lo ayudará a salir del laberinto del Minotauro con el ovillo de lana que ella le regaló como prueba de su amor. Este mito es traspuesto por Nietzsche en las varias referencias a islas que hace en Así habló Zaratustra, con toda seguridad, refiriéndose al suceso de Monte Sacro en la Isla de San Giulio.

Un tercer enamoramiento, es el oscuro capítulo de su incesto, del que poco se habla.

Antes de continuar y absteniéndome de cualquier comentario, quiero mencionar ese tercer amor, oscuro y mucho más trágico, el cual es todavía motivo de interpretaciones. Se trata del presunto incesto, amor-odio, con su hermana Elizabeth, del que, se supone, nació el libro autobiográfico, Mi hermana y yo, escrito en 1889, poco antes de la gran crisis y publicado, póstumamente, en 1908, cuando Elizabeth cedió el manuscrito por una alta suma de dinero.

***

A pesar de la tragedia, o precisamente por ella, es de esos tormentosos enamoramientos y amores fracasados de donde parecen emerger el "furor", el dolor, la ira y la fuerza, que compulsa el violento poder que anima la escritura de algunas de las obras de Nietzsche.

De aquellos dos enamoramientos y amores fracasados de Nietzsche, se puede decir, en principio, que el uno fue trágico y el otro se inició como tragicomedia.

Enamoramiento trágico fue el que sintió por Cósima, la esposa del compositor alemán Richard Wagner, al que admiró hasta la idolatría. Fue esa la compleja situación emocional e intelectual que, en parte, desató los "casi trágicos" conflictos entre ambos hombres hasta llegar a convertirlos en enemigos irreconciliables.

El segundo enamoramiento y amor fracasado, fue la tragicomedia amorosa que dio origen a la leyenda de "El secreto de Monte Sacro": aquel "crepúsculo y el verde prado", que es trágico en De las cátedras de la virtud y erótico en La otra canción del baile. Ese fue el lugar donde chocaron las pretensiones amorosas de Nietzsche con el rotundo rechazo de Lou Andreas-Salomé y el posterior desenlace trágico del enamoramiento.


Primera fase:

El enamoramiento

Luego de la muerte de su padre, Lou se establece en Zurich en 1880 con el fin de dedicarse a los estudios teológicos, filosóficos y literarios.

Desde Zurich, a finales de 1881, Lou, a sus veintiún años, emprende en compañía de su madre un viaje por Europa que la lleva hasta Italia, en donde espera recuperar la salud y sobreponerse al reciente y conflictivo episodio amoroso con su tutor, el pastor protestante holandes, Hendrik Gillot, y con Kuno, uno de los dos hijos de este. Fue un extraño triángulo amoroso en el que el pastor Gillot se enamora locamente de la alumna, se divorcia de su esposa y pretende contraer matrimonio con Lou, pero, al parecer, ella estaba enamorada de Kuno.

Kuno, junto con Rudolph, son los protagonistas de la novela de Lou: En lucha por Dios (Im Kampf un Gott, 1884), y a los que los biógrafos consideran respresentan a Paul Rée y Nietzsche, como lo afirma Pilar García Pardo en su biografía de Lou Andreas Salomé:

"En esta novela los dos personajes, Kuno y Rudolph, encarnan las dos posiciones ateas y opuestas de Nietzsche, escéptico y pasional, y de Paul Rée, agnóstico, racional y resignado, con una visión desencantada y negativa de la vida, mientras el personaje que representa a Nietzsche es un buscador de nuevos dioses en sus experiencias vitales, un ateísmo místico.

Kuno, personaje que representa a Nietzsche, hijo de un pastor y filósofo, está marcado por una educación religiosa. Aún cuando su fe desaparece ante la razón, conserva siempre el imaginario religioso que ha centrado su vida. En este aspecto, Lou coincide con su personaje, se representa también a sí misma. Dios impregna a pesar de la no fe, toda la vida. Una religión que supone un combate, la lucha por el culto a la vida, como lo más sagrado que yace en lo más profundo de la existencia, lo cual supone la inaccesibilidad de cualquier hombre hacia esta mujer. Y la admiración con que la hija de Kuno le trata, como la misma Lou con su padre, así como ese final de amor imposible, que concluye la novela, y que Lou creía para si".

A mediados del mes de marzo de 1882, Lou Andreas Salomé conoce, en la casa de Malwida von Meysenbug, en Roma, al filósofo Paul Rée, por quien se siente profundamente impresionada y con quien, durante los siguientes días entabla una íntima amistad de intensas conversaciones por las calles de la ciudad, durante las cuales llegaron a concebir el plan de establecerse como una comunidad de camaradas de trabajo, según un sueño nocturno de Lou y para lo cual ella quería

"(...) hacerle comprender bien a Rée que mi vida amorosa "concluida para siempre" me inducía a un total afán de libertad sin límites" (D. p. 69).

(...)

"Con honradez lo que me convenció de manera más inmediata de que mi plan que era una afrenta a las costumbres sociales entonces vigentes era realizable, fue ante todo un simple sueño nocturno. En él vi un cuarto de trabajo agradable, lleno de libros y de flores, flanqueado por dos dormitorios y, yendo y viniendo entre ambos, nosotros, camaradas de trabajo formando un círculo alegre y serio" (Lou Andreas Salomé, Recuerdos de mi vida, D. p. 69-70).

Paul Rée, amigo de Nietzsche desde la juventud, invita a su amigo a reunírsele en Roma y le pondera las excelencias físicas, intelectuales y afectivas de la joven rusa que acaba de conocer.

Nietzsche responde intrigado por las cualidades de la joven rusa, acepta la invitación y tienen el primer encuentro a mediados de abril en la iglesia de San Pedro en Roma. Queda tan impactado por Lou que de inmediato se une al plan de ella y Rée, pero modificándolo con el suyo: un programa de estudios y desarrollo de su filosofía por los siguientes diez años, aislados del mundo y en compañía de un grupo selecto de amigos y discípulos.

Además, Nietzsche que venía sufriendo, junto con su dolorosa enfermedad física, un profundo desasosiego emocional, cae fulminado por el enamoramiento y de inmediato le hace a Lou la primera de sus propuestas matrimoniales, la que ella rechaza con discreción, porque desea realizar "el sueño" de su plan de estudios y trabajo intelectual y, quizás, por algo de coquetería juvenil.

Así recuerda Lou su primer encuentro con Nietzsche:

"Recuerdo este aire solemne ya en nuestro primer encuentro que tuvo lugar en la iglesia de San Pedro, donde Paul Rée se entregaba a sus notas de trabajo con entusiasmo y devoción, sentado en un confesionario orientado a la luz, por lo que había dicho a Nietzsche que acudiera allá: las primeras palabras de saludo que me dirigió fueron las siguientes: "¿De qué estrellas venimos y hemos caído para encontrarnos aquí?". Pero lo que tan bien comenzara experimento luego un cambio que nos sumió a Paul Rée y a mí en nuevas inquietudes en cuanto a nuestro plan que había complicado de forma imprevista el tercer llegado. Nietzsche pensó más bien que la situación se había simplificado: hizo de Rée portavoz para proponerme un matrimonio. Muy preocupados reflexionábamos de que manera podíamos solucionar la situación sin que peligrara nuestra trinidad. Ante todo se decidió que se explicaría a Nietzsche, claramente, mi fundamental aversión al matrimonio. Pero además se daba la circunstancia de que yo vivía sólo de la pensión de mi madre, que percibía como viuda de general, y que al casarme perdería el derecho a la pensión que se concedía a las hijas únicas de la nobleza rusa" (Lou Andreas Salomé, Mirada retrospectiva, D. pp.76-77).

De Roma, por imposición de Nietzsche, pero por separado, Nietzsche por su lado y Lou, su madre y Paul Rée, por el suyo, parten hacia Orta, en el norte de Italia. Fue Nietzsche quien también quien propuso la famosa excursión por el lago de la localidad y al Monte Sacro del islote de San Giulio.

Fue allí, en el Monte Sacro - o ¿Montaña de Venus? -, donde Nietzsche, además de ofrecerle como regalo "el eterno retorno" y su "filosofía del futuro", acosa a Lou con sus pretensiones amorosas. En sus memorias, Lou escribe que no recuerda si se besaron.

Es indudable que si se besaron. Ese beso debió tener el "poder mágico" de los besos de los habitantes de la montaña de Venus que enajenan a quienes ellos besan, tal como le ocurrió a Nietzsche. Aquí, indudablemente se conectan y corresponden los mitos de los primitivos románticos: Ludwig Tieck, Tannhäuser y, con posterioridad, Wagner, Nibelungos, Tannhäuser, como puede abducirse de lo que escribe Rüdiger Safranski:

"El relato de Tieck sobre los atractivos de la montaña de Venus se convirtió en una cantera para posteriores elaboraciones, sobre todo la de Wagner. Pero ante todo, Tieck ha continuado un motivo presente en El rubio Eckbert, a saber, la experiencia de que hay secretos que es mejor dejar "perdidos en la noche". En Tannhäuser el secreto se refiere al embrujo peligroso cuando se unen el arte y el erotismo. Hay instantes extáticos a los que no se sobrevive porque después la vida cotidiana se hace ya insoportable. A este respecto Nietzsche usará la expresión "cumbres de arrobamiento". Tannhäuser, según la redacción de Tieck, intenta contar este asunto a su amigo Friedrich. Hace una pausa y besa al amigo. A la mañana siguiente su mujer está muerta y Tannhäuser ha desaparecido. Pero aquel beso ha dejado a Friedrich fuera de sí:

"Corrió a escapar con incomprensible prisa, para buscar la montaña mágica y a Tannhäuser, y desde entonces no lo volvieron a ver. La gente decía que quien recibe un beso de alguien de la montaña es presa de una atracción irresistible, que con poder mágico lo arrastra los abismos subterráneos" (19).

La versión, más amplia y detallada de los eventos que rodean "El secreto de Monte Sacro", la ofrece el esposo de Lou, H. F. Peters, en la biografía titulada: Mi hermana, mi esposa, la vida de Lou Andreas-Salomé (20).

Los registros biográficos y autobiográficos de esta historia también se encuentran consignados en el libro: Documentos de un encuentro (21), en el se reproducen las cartas, escritos, notas y testimonios de antes y después del encuentro de Monte Sacro, tanto de los tres protagonistas, como de otras personas relacionadas con ellos.

Son importantes las cartas que Lou envió a Nietzsche, pues estas son las únicas copias que se conservan, dado que Elizabeth destruyó esa correspondencia del archivo de su hermano.

Luego de los eventos de Monte Sacro, el grupo se separa, Lou, su madre y Paul Rée, por su lado y Nietzsche por el suyo. Será en mayo cuando vuelven a reunirse en Lucerna, lugar en donde se hacen tomar la célebre fotografía del "látigo" (D. p. 78) que tantas consecuencias y conflictos causaría en su relación y que luego será un motivo en Así habló Zaratustra:


Esta fotografía, que forma parte de la leyenda de Nietzsche y Lou, fue coreografiada en un escenario diseñado y decorado por los propios protagonistas. Lou afirma en sus memorias que fue por insistencia del propio Nietzsche. En ella aparecen Paul Rée y Nietzsche jalando de un pequeño carro de tiro, como de juguete, sobre el que se encuentra Lou con un látigo en la mano en la posición de estar fustigando a los dos hombres:

«¡Dame, mujer, tu pequeña verdad!», dije yo. Y así habló la viejecilla:

«¿Vas con mujeres? ¡No olvides el látigo!» (Z., I, De viejecillas y de jovencillas) (ver nota 41).

Es evidente que la coreografía elaborada por Nietzsche para la fotografía se corresponde con la xilografía de Hans Baldung Grien, La Belleza hostiga con su fusta a la sabiduría, de 1513, la que se inspira en una celebre anécdota sobre Aristóteles, según la cual, estando el filósofo enamorado de la hetaira ateniense Herpyllis, ella le ordenó ponerse en cuatro patas y, látigo en mano, se montó sobre él como si se tratase de un animal de carga (Interpretaciones y detalles de esta escena se pueden leer en Peter Sloterdijk, Critica de la razón cínica, Siruela, 2003, ps. 380 a 382).

En Lucerna vuelven a separase y sólo hasta agosto de 1882 y luego de un constante intercambio epistolar, Lou acepta reunirse durante tres semanas con Nietzsche en Tautenburg.

Será ese tiempo en Tautenburg cuando se sucederán los únicos días y noches felices de Nietzsche con Lou y durante los cuales será con ella, la única, con la que compartió el pensamiento del "eterno retorno" y la oportunidad de participar en la gestación de Zaratustra.

Los constantes conflictos con la madre y la hermana de Nietzsche y el rechazo de Lou a las pretensiones amorosas de Nietzsche, marcan la separación de la pareja en medio de cruentos reproches, hasta el rompimiento definitivo en diciembre de 1882, fecha para la cual ellos habían planeado la iniciación de su escuela-secta, filosófico-religiosa.

A partir de ese momento, un dolorido, desolado y desgarrado Nietzsche, se sume en una profunda crisis existencial, gestadora de la obra de la que estaba preñado, la que eclosionará al llegar la plenitud de la sobrecarga emocional y creativa que marca el final del enamoramiento, pero nunca el advenimiento del olvido.

***

De lo que sucedió en Monte Sacro es muy poca la información conocida, sólo los escasos comentarios que Nietzsche y Lou Andreas Salomé hicieron con posterioridad, tanto en su correspondencia, como a sus familiares y amigos. O los indirectos testimonios de la madre de Lou y de Paul Rée, quienes los acompañaban en el paseo de ese día, pero no durante el ascenso a Monte Sacro.

Esos tragicómicos eventos no pasarían de ser más que material de chismografía biográfica, si no fuera porque en ellos interviene la compleja naturaleza psicológica y emocional de Nietzsche.

De allí que no sea extraño que ese enamoramiento, para Nietzsche, hubiera sido un evento extraordinario, máxime si para él, todos los sucesos cotidianos, así como aquellos que eran relevantes, se trasformaban en eventos extraordinarios y revelaciones que se conectaban y combinaban con su vida y con el origen de sus ideas y pensamientos, hasta el punto de llegar a convertirlos en causas, materias e inspiraciones de las que emergían sus escritos, así como, también, en el poder capaz de desatar las tragedias que finalmente culminarían en su gran tragedia final: el colapso mental de enero de 1889.

Por esas razones, "El secreto de Monte Sacro", deja de ser una anécdota trivial para pasar a ser un evento tan extraordinario como aquel en el se concibiera a Zaratustra, dieciocho meses antes, según escribió en Ecce homo:

"(...) número que podría sugerir, al menos entre los budistas, la idea de que, en el fondo, yo soy un elefante hembra".

Será ese, entonces, un evento extraordinario que toma su lugar en la sucesión de otros eventos extraordinarios, anteriores y posteriores, para, de esa forma, situarse en el punto de convergencia de unas circunstancias y de unos tiempos equidistantes que actúan como factores detonantes de la génesis, la gestación, el nacimiento y la escritura, de Así habló Zaratustra.

Circunstancias y tiempos que tienen su punto de partida en la primavera de 1881 en la estación termal de Recoaro, cerca de Vicenza; continúan en agosto de ese mismo año, en Sils-María; se elevan a un punto cúspide en Monte Sacro, en el verano de 1882 y que, finalmente, se desatan de febrero 1 al 10 de 1883, cuando Nietzsche escribió la primera parte de Así habló Zaratustra.

Las otras dos partes del poema fueron escritas, la segunda en Sils-María, entre el 26 de junio y el 6 de julio de 1883. Y, la tercera, entre el 8 y el 20 enero de 1884, en Niza.

Aun cuando las tres partes fueron publicadas por separado, se considera el año de 1884 como el de la conclusión y publicación. Una cuarta y última parte fue escrita en 1885, como primera parte de una nueva obra de tres partes, titulada Melodía y eternidad, cuyas otras dos partes nunca escribió.

En consecuencia y, así como para el propio Nietzsche, la casualidad y lo extraordinario eran elementos que intervenían en los asuntos de su vida, ideas, pensamientos y obras, es posible, a partir de una metodología imaginativa y lúdica, no carente de seriedad y formalidad, proponer una hipótesis descabellada que agregue una nueva leyenda al origen de Así habló Zaratustra.

***

Así sea aventurado pensar que el enamoramiento y el posterior fracaso amoroso de Nietzsche con Lou Andreas-Salomé pueda tener alguna conexión con la escritura de Así habló Zaratustra, no deja de ser divertido imaginar que, para un ser tan desmesuradamente complejo, apasionado, tormentoso y atormentado, como Nietzsche, los eventos de aquel verano de 1882, fueran tan intensos, profundos y extraordinarios, como para compulsar esa escritura.

Primero, la exaltación del enamoramiento y, luego, la desazón en la que se sumió, cuando Lou, al sentirse abrumada por el acoso amoroso, lo alejó y se alejó de él a comienzos del otoño, para rechazarlo, definitivamente, en diciembre de ese mismo año. Todo ello y más, debió ser lo suficientemente trascendente como para haberlo compulsado a la escritura del mito y de la obra que ya venía gestando.

Eso es más que posible, siempre y cuando se acepte que, en Nietzsche, el mito, la razón, la imaginación, el Eros y la escritura, están sustancialmente ligados a su propio devenir existencial y operan como mitología, filosofía y literatura, las tres como una.

Es así como lo interpreta Alexander Nehamas, en su libro: Nietzsche, la vida como literatura:

"Esta interacción paradójica entre creación y descubrimiento, conocimiento y acción, literatura y vida está en el centro de la concepción que Nietzsche tiene del yo interno. Dicha tensión nos fija la tarea de entender uno de los más sorprendentes autorretratos de Zaratustra:

"Pues eso soy yo de raíz y desde el comienzo, tirando, atrayendo, levantando, elevando, alguien que tira, que cría y corrige, que no en vano se dijo a sí mismo en otro tiempo: ¡Llega a ser el que eres!" (Z, IV, 1).

"El propio Nietzsche sigue el consejo de Zaratustra. Con la franqueza que lo caracteriza, sigue el consejo convirtiéndolo tanto en objeto de su escritura como en objetivo de su vida; intenta, coherentemente, consumarlo de manera que sea, y parezca ser, esencialmente su manera y no la de nadie más" (22).

Pero y más asombroso todavía, es la relación sustancial entre Zaratustra y la idea del eterno retorno, fundamento filosófico del poema y de la que, al contrario de la interpretación cosmológica que comúnmente se le ha dado, Alexander Nehamas afirma y explica lo siguiente:

"El eterno retorno no es por tanto una teoría del universo, sino una visión de la vida ideal. Sostiene que una vida se justifica únicamente si uno desea repetir la misma vida que ya le ha sido dada, ya que como demuestra la voluntad de poder, ninguna otra vida es posible. El eterno retorno afirma, pues, que nuestra vida sólo tendrá justificación si se modela de tal forma que nuestro deseo sea repetirla exactamente tal como ya ha sucedido" (22).

Sorprende además y mirando el asunto desde un punto de vista emocional que, en Así habló Zaratustra y en el autorretrato de Zaratustra citado atrás, se presenta una similitud entre el lamento de Nietzsche con las dolorosas quejas, angustias, ansiedades, ira, el ambiguo amor-odio y la mistificación, común a los lamentos de los enamorados cuando sienten que sus amados los rechazan.

En ambos casos, en el de Nietzsche y en el del dolorido enamorado, se trata de un dolor causado por la desesperación de querer recuperar, retornar de nuevo a la felicidad perdida o a la calma y reafirmar la identidad que ha quedado destrozada a causa de la pérdida de la amada.

Algo así como un contradictorio estado entre un "eterno retorno" al paraíso perdido del enamoramiento y el advenimiento de un doloroso olvido total, acontecimientos estos que, para un amante normal y saludable, al fin llegarán con un nuevo enamoramiento que lo transformará en su dolor, en su olvido y en mucho más (24).

¿Soñó Nietzsche con un "eterno retorno" a los días y noches felices de Bayreuth y Tautenburg?

***

Tampoco es extraño que en los estados extremos del enamoramiento: éxtasis y agonías, cada persona, acorde con su naturaleza y con la visión de sí mismo, reaccione de manera extrema como una especie de terapia para recuperar la armonía emocional. La escritura es el remedio de los poetas.

Bien conocidos son los casos de filósofos, escritores y poetas que han realizado grandes obras y poemas compulsados por el enamoramiento y en la posterior agonía de los fracasos amorosos que los sumieron en crisis existenciales:

El enamoramiento sublimado y nunca consumado de Dante por Beatriz. Dante, en su Incipit vita nova (Comienza la vida nueva), describe su primera contemplación de Beatriz y la emergencia y trasmutación de su enamoramiento eterno. También lo hará en la Divina comedia y en El convivio:

"Y a la verdad que desde entonces enseñoreóse Amor de mi alma, que a él se unió incontinente, y comenzó a tener sobre mí tanto ascendiente y tal dominio, por la fuerza que le daría mi misma imaginación, que vime obligado a cumplir cuanto se le antojaba. Mandábame a menudo que procurase ver a aquella criatura angelical. Yo, pueril, andábame a buscarla y la veía con aparecer tan digno y tan noble que ciertamente podíansele aplicar aquellas palabras del poeta Homero: «No parecía hija de hombre mortal, sino de un dios.» (Dante Alighieri, La vida nueva, II).

El enamoramiento de Dante es causado por la imagen de una bella niña a cuya adoración y exaltación dedicará el resto de su existencia y obra, pero, como luego explicará en el texto de la Vita Nova y con mayor amplitud en El convivio, en esa imagen también se encarnará la idea de la Sabiduría.

La trasformación del filósofo del Sentir, Jean-Jacques Rousseau, como lo muestra Ernst Cassirer:

El mismo ha descrito en las Confesiones cómo su enamoramiento por la Señora d'Houdedot hizo que el filósofo, el crítico social, el apóstol de la libertad se transformara de nuevo en el “pastor extravagante”: “El grave ciudadano de Ginebra -exclama dolorosamente- volvió a ser de repente el pastor extravagante” (25).

Después del enamoramiento, Rousseau renació en él mismo... un nuevo Rousseau.

Friedrich Hölderlin, su enamoramiento por Susette Gontard, su Diótima y la transformación de su poesía, según escribió Hans-Georg Gadamer:

"Para Hölderlin, el encuentro de lo superior tuvo lugar en la separación de Diótima, en la despedida que vino a destruir una felicidad real. Fue la experiencia de lo divino, que aparece precisamente en su privación, lo que otorgó a la poesía de Hölderlin su nuevo tono, ante el cual nuestro siglo reaccionó como ante algo totalmente nuevo. Es importante que haya sido la experiencia de una pérdida lo que revelara al poeta el ser divino. A partir de la "divinidad" del amor, que Hölderlin experimentó, su tono poético registró una transformación radical" (26).

Soren Kierkegard, escribió, tras su crisis amorosa con Regina Olsen, tres de sus obras más inquietantes y herméticamente autobiográficas: Temor y temblor, La repetición y Tres discursos edificantes, publicadas simultáneamente, en 1843. Así como Diario de un seductor y ¿Culpable? ¿No culpable?, también de ese mismo año.

Sobre esta crisis escribió en su Diario de 1849:

"Si quisiera saberse cómo -aparte de la relación con Dios- he sido impulsado a ser el escritor que soy, respondería: ello ha dependido de un anciano, que es el hombre a quien más debo -y de una joven, con la que he contraído la más grande deuda- y también de lo que por inclinación debe haberme sido dado como una posibilidad, a saber, unidad de vejez y de juventud, del rigor del invierno y de la dulzura de la primavera; el uno me educó con su noble saber, la otra con su agradable superficialidad".

Martín Heidegger escribió Ser y tiempo en los días de su enamoramiento por Hannah Arendt, "la pasión de su vida", a la que reconoció el haber sido la musa que le hizo posible escribir la obra, como puede interpretarse a lo que dice Rüdiger Safranski:

"Para Heidegger se abrió en Marburgo una sorprendente oportunidad, lo que los teólogos de allí llamaban "Kairos", la gran oportunidad de un tipo especial de "propiedad". Tuvo allí un encuentro del que, según confesará más tarde su mujer Elfride, surgió "la pasión de su vida".

A principios de 1924 había llegado a Marburgo una estudiante judía de dieciocho años, deseosa de estudiar con Bultmann y Heidegger. Era Hannah Arendt.

(...)

"(Heidegger) En las cartas (a Hannah Arendt) insiste una y otra vez en que nadie lo comprende como ella, , también y precisamente en asuntos filosóficos. Y de hecho Hannah Arendt demostrará todavía lo bien que ha entendido a Heidegger. Lo entenderá mejor de lo que él se ha entendido a sí mismo. Como acostumbra suceder entre los amantes, ella responderá complementariamente a su filosofía, y le dará aquella mundanidad que todavía le falta. Al "precursar la muerte" responderá con una filosofía de la natividad; al solipsismo existencial de "mi singularidad" (Jemeingkeit) responderá con una filosofía de la pluralidad; a la crítica de la "caída" en el mundo del "uno" replicará con el "amor mundi". Al "claro" (Lishtung) de Heidegger responderá ennobleciendo filosóficamente la "esfera pública". Sólo así surgirá de la filosofía de Heidegger un todo completo; pero este hombre no lo notará. Él no leerá los libros de Hannah Arendt, o lo hará muy de pasada, y lo que lee allí le ofende.

Heidegger ama a Hannah y la amará por mucho tiempo; la toma en serio, como mujer que lo comprende, y ella se convertirá en su musa de Ser y tiempo; él le confesará que sin ella no habría podido escribir la obra. Pero en ningún momento se persuadirá de que puede aprender de ella" (27).

Franz Kafka, escribió sus novelas-mujer, América, El proceso y El castillo y numerosas narraciones más, luego de sus fracasos amorosos con la señora Tschissik, Felice y Milena, y de quién sabe qué otras oscuras experiencias erótico-amorosas. Él, que a sus quince años, seducía muchachas con los versos de Así habló Zaratustra.

Thomas Mann, a quien sus enamoramientos por muchachos jóvenes lo compulsaron a escribir algunas de las más emocionales y herméticas páginas de sus obras.

Tal el caso del enamoramiento de Thomas Mann por Armin Martens, según la duda Marcel Reich-Ranicki:

"Armin Martens (el modelo de Hans Hansen en Tonio Kröger), de quien se dice que no había tenido otra misión que la de inspirar un sentimiento destinado a convertirse en un poema perdurable. ¿Ninguna otra misión? Me pregunto si se trata sólo de una observación fría y egoísta o quizás incluso cruel" (28).

Y, señalo: Eros actúa en la oscuridad; no hace distinción de género.

En fin, argumentos literarios, emocionales y ejemplos en favor de mi hipótesis descabellada: Nietzsche escribió Así habló Zaratustra, compulsado por "el furor" de su enamoramiento hacia Lou Andreas-Salomé.

Pero, como el enamoramiento es una fuerza de transformación vital, también hay que reconocer que Zaratustra salvó a Nietzsche de la locura... sólo por un breve lapso. O ¿lo condenó?

***

Sin embargo, más allá de los argumentos y de los ejemplos anteriores, existen otras claves, a partir de las cuales es posible sustentar esa hipótesis descabellada y descifrar el misterio de la génesis, concepción, gestación, alumbramiento y escritura, de Así habló Zaratustra.

Esas claves se encuentran inscritas y encriptadas en los testimonios, tanto del propio Nietzsche, en sus obras y escritos autobiográficos, como en los testimonios de aquellas personas que estuvieron cercanas, en aquel tiempo, a los sucesos y las que, posteriormente, dieron razón y fe de ellos.

Los estudios críticos, tanto de los eventos, como de las claves de las obras y escritos de Nietzsche, si bien han estado más dirigidos a otras direcciones, son tan próximas a las de mi hipótesis descabellada que, al analizarlos, desde el punto de vista de mi propuesta, concuerdan con ella y la sustentan.

En tal sentido, cito la introducción a la edición de Así habló Zaratustra, realizada por Andrés Sánchez Pascual (29), en la cual cuenta la historia del idilio de Nietzsche y lo que él llama la "triple génesis" de Zaratustra:

La "génesis afectiva", ocurrida en Recoaro en la primavera de 1881, cuando

"... el fénix Música pasaba volando a nuestro lado con un plumaje más ligero y más luminoso del que nunca había exhibido" (Ecce homo, pp. 93-94).

La "génesis conceptual", en Sils-María, en agosto de 1881, la concepción fundamental de la obra, el pensamiento del eterno retorno:

"a 6.000 pies más allá del hombre y del tiempo. Aquel día caminaba yo junto al lago de Silvaplana a través de los bosques; junto a una imponente roca que se eleva en forma de pirámide no lejos de Surlei, me detuve. Entonces me vino ese pensamiento" (Ecce homo, p. 93)
.

Y la "génesis figurativa", en Rapallo, finales de enero de 1883, cuando Nietzsche tuvo la visión del tipo de Zaratustra y en diez días escribió la primera parte de Así habló Zaratustra:

"El invierno siguiente lo viví en aquella graciosa y tranquila bahía de Rapallo, no lejos de Génova, enclavada entre Chiavari y el promontorio de Portofino. Mi salud no era óptima; el invierno, frío y sobremanera lluvioso; un pequeño albergo (fonda), situado directamente junto al mar, de modo que por la noche el oleaje imposibilitaba el sueño, ofrecía, casi en todo, lo contrario de lo deseable. A pesar de ello, y casi para demostrar mi tesis de que todo lo decisivo surge -a pesar de-, mi Zaratustra nació en este invierno y en estas desfavorables circunstancias. "Por la mañana yo subía en dirección sur, hasta la cumbre, por la magnífica carretera que va hacia Zoagli, pasando junto a los pinos y dominando ampliamente con la vista el mar; por la tarde, siempre que la salud me lo permitía, rodeaba la bahía entera de Santa Margherita, hasta llegar detrás de Portofino. Este lugar y este paisaje se han vuelto más próximos aún a mi corazón por el gran amor que el inolvidable emperador alemán Federico III sentía por ellos; yo me hallaba de nuevo, casualmente, en esta costa en el otoño de 1886, cuando él visitó por última vez este pequeño olvidado mundo de felicidad. En estos dos caminos se me ocurrió todo el primer Zaratustra, sobre todo Zaratustra mismo en cuanto tipo: más exactamente, éste me asaltó... (Ecce homo, pp. 94-95)".

Para confirmarlo, Nietzsche escribió este breve poema:

"Portofino

Aquí estaba yo sentado, aguardando, aguardando -nada,

Más allá del bien y del mal, disfrutando

Ya de la luz, ya de las sombras, siendo totalmente solo juego,

Totalmente mar, totalmente mediodía, totalmente tiempo sin meta.

Entonces, de repente, ¡amiga!, el que era uno se convirtió en dos-

Y Zaratustra pasó a mi lado".

La historia que cuenta Andrés Sánchez Pascual y su análisis de la "triple génesis", muestra, de manera palpable, el impacto emocional que la relación con Lou Andreas-Salomé tuvo en Nietzsche, pero no lo asocia su enamoramiento con la génesis de Zaratustra.

Sin embargo y, si a esa historia y a ese análisis se le adicionan, en los puntos correspondientes, los escritos y testimonios, tanto del propio Nietzsche como los de Lou y de las otras personas cercanas a esa relación y a los eventos, que citaré más adelante, será fácil deducir las circunstancias y la íntima conexión entre el enamoramiento de Nietzsche, la leyenda del "El secreto de Monte Sacro" y la génesis de Zaratustra.

***

Como ya lo dije, la mayoría de los biógrafos de Nietzsche y los críticos de su obra, consideran lo sucedido en Monte Sacro, entre él filósofo enamorado y Lou Andreas-Salomé, como un evento pueril, frívolo y sin mayor trascendencia.

O bien, porque consideran que Lou era sólo una atractiva muchacha de la aristocracia rusa que pretendía obtener notoriedad en el ambiente intelectual europeo de la época relacionándose con un personaje de especial talla y relevancia. Esos críticos consideran de similar forma las posteriores relaciones de Lou Andreas-Salomé con Sigmund Freud y Rainer María Rilke.

O bien, porque consideran que aquel enamoramiento y fracaso amoroso, poco o nada significan ni aportan en la vida, en la mitología, en las ideas, en el pensamiento y en las obras, de lo que siguió para Nietzsche, por supuesto, incluido Zaratustra.

O bien y lo que es peor, por ambas cosas.

Pero las cosas no son tan sencillas como parecen, pues Lou Andreas-Salomé no fue la frívola y arribista muchacha linda que seducía hombres notorios. Por el contrario, fue una importante mujer que, con propios méritos y obras, se ganó un puesto en la historia.

Nacida en San Petersburgo el 12 de febrero de 1861, hija del general ruso-germano, Gustav von Salomé, quien se había ganado en su carrera la consideración y cercanía a la casa de los Romanov de Rusia y de Louise von Salomé, nacida en Rusia pero descendiente de una importante familia germana.

De su relación con Freud y el psicoanálisis, Lou Andreas Salomé escribió originales ensayos que perturbaron al mismo Freud, ya que en ellos abordaba un asunto que, todavía hoy, continúa siendo tratado con oscuridad y temor: el Ser mujer y el goce en las mujeres (30).

De la ardiente relación amorosa de Lou Andreas Salomé con el poeta alemán Rainer María Rilke, a quien se negó a psicoanalizar para no destruir su potencia poética, perduran los poemas de Rilke y una historia que bien vale la pena conocer (31).

Lou buscaba relacionarse con filósofos inteligentes y originales que fueran sus maestros y guías en los asuntos que le interesaban.

Así lo había hecho en su natal San Petersburgo entre 1887 y 1880. Primero:

"A los 17 años, empieza su preparación para la confirmación con Hermann Dalton, predicador y teólogo de la Iglesia evangélica reformada. Era el pastor titular de la parroquia luterana alemana en San Petersburgo ".

Luego con:

"Hendrick Gillot, predicador protestante de la embajada holandesa de San Petersburgo, que al ser miembro de una embajada no estaba sometido a ninguna de las jerarquías protestantes reformadas y era el teólogo más independiente de la ciudad y enemigo teológico de Dalton".

Y luego en Zurich:

"En septiembre de 1880 Lou salió de Rusia. Fue primero a Zurich, donde se matriculó en el curso de Alois Biederman, sobre dogmática e historia general de la religión, con una base filosófica, lógica y física.

(...)

Su afición por la literatura, la llevó hasta Gottfried Kinkel, poeta y a su vez profesor de historia del arte, asistiendo también a sus clases" (32).

En marzo de 1882, Lou conoce a Paul Rée en Roma y con él planea la realización de "su sueño" de estudios en común y, a través de Rée, conoce a Nietzsche, quien, además de inscribirse en ese "sueño", se enamora de ella.

Nietzsche quería ser el esposo, el maestro y el guía de Lou y a ella quiso otorgar, como lo hizo en Orta, su "filosofía del futuro" y con ella, el eterno retorno.

La entrega de esta ofrenda se la hace Nietzsche a Lou en los dos últimos libros de la Gaya ciencia. El libro cuarto, el que estaba escribiendo desde los primeros días de enero de 1882 y el libro quinto, que escribió luego de los eventos de Orta. La escritura de la Gaya ciencia concluye el 24 de junio de 1882.

Los dos últimos aforismos, 341 y 342, del Libro cuarto de la Gaya ciencia, son precisamente la enunciación del eterno retorno y los primeros versos de lo que luego será el comienzo del prólogo de Así habló Zaratustra.

La enunciación del eterno retorno:

"341. La carga más pesada. ¿Qué dirías si un día o una noche se introdujera furtivamente un demonio en tu más honda soledad y te dijera: "Esta vida, tal como la vives ahora y como la has vivido, deberás vivirla una e innumerables veces más; y no habrá nada nuevo en ella, sino que habrán de volver a ti cada dolor y cada placer, cada pensamiento y cada gemido, todo lo que hay en la vida de inefablemente pequeño y de grande, todo en el mismo orden e idéntica sucesión, aun esa araña, y ese claro de luna entre los árboles, y ese instante y yo mismo. Al eterno reloj de arena de la existencia se lo da vuelta una y otra vez y a ti con él, ¡grano de polvo del polvo!"? ¿No te tirarías al suelo rechinando los dientes y maldiciendo al demonio que así te hablara? ¿O vivirías un formidable instante en el que serías capaz de responder: "Tú eres un dios; nunca había oído cosas más divinas"? Si te dominara este pensamiento, te transformaría, convirtiéndote en otro diferente al que eres, hasta quizás torturándote. ¡La pregunta hecha en relación con todo y con cada cosa: "¿quieres que se repita esto una e innumerables veces más?" pesaría sobre tu obrar como la carga más pesada! ¿De cuánta benevolencia hacia ti y hacia la vida habrías de dar muestra para no desear nada más que confirmar y sancionar esto de una forma definitiva y eterna?"

También en esa primavera de 1882, Nietzsche escribió, en el aforismo 342, ya citado, lo que luego serían los primeros versos del prólogo de Así habló Zaratustra y el que es el ultimo del Libro cuarto de la Gaya ciencia:

"342. Comienza la tragedia ("Incipit tragedia"). Tenía Zaratustra treinta años cuando dejó su patria y el lago Urmi y se marchó a la montaña. Gozó allí de su espíritu y de su soledad, y durante diez años no se cansó de hacerlo. Finalmente, su corazón se transformó, y un día se levantó al amanecer, enfrentó al sol y le dijo: "¡Oh gran astro! ¿Crees que serías feliz si no tuvieras a alguien a quien iluminar? Hace diez años que subes a mi cueva; si no fuera por mí, por mi águila y por mi serpiente, ya te habrías cansado de tu luz y de tu camino. Pero nosotros te esperábamos todas las mañanas, te aliviábamos de lo que a ti te sobraba y te bendecíamos por ello. Quiero que sepas que estoy harto de sabiduría, como la abeja que ha almacenado demasiada miel, y que necesito manos que me pidan. Quisiera dar y repartir hasta que los sabios que haya entre los hombres vuelvan a alegrarse de su locura y los pobres de su riqueza. Para eso he de descender a las profundidades, como haces tú al oscurecer, cuando te hundes por detrás del mar, para llevar tu luz incluso a lo que está más abajo del mundo, ¡astro desbordante de riqueza! Al igual que tú, he de hundirme en mi ocaso, como dirían los hombres a quienes quiero descender. ¡Bendíceme, pues, ojo impasible, capaz de contemplar sin envidia incluso una felicidad excesiva! ¡Bendice esta copa ansiosa de desbordarse y de derramar su dorada agua para que lleve por doquier el reflejo de tus delicias! ¡Mira esta copa que anhela volver a vaciarse; mira a Zaratustra, que quiere volver a ser hombre!" "Así empezó el ocaso de Zaratustra" (Gaya ciencia, 342).

Si se tiene en cuenta que prácticamente Nietzsche escribió el quinto libro y parte del cuarto de la Gaya ciencia durante esa primavera de 1882, se puede pensar que lo que allí él se propone es presentarle a Lou, además de su ofrenda del eterno retorno y su "filosofía del futuro", el programa de enseñanzas que quería desarrollar de acuerdo con los principales intereses que ella había manifestado.

Y, por supuesto, advertirle, en el aforismo 363, lo que eran la mujer y el amor para él:

"363. Cómo cada sexo tiene sus prejuicios acerca del amor. A pesar de todas las concesiones que estoy dispuesto a hacer al prejuicio monogámico, no aceptaré nunca que se hable de una igualdad de derechos en el amor entre el hombre y la mujer, porque no existe. Esto implica que el hombre y la mujer entienden cada uno a su vez cosas diferentes por el término "amor" –y una de las condiciones del amor entre los dos sexos es que uno no presuponga en el otro el mismo sentimiento, la misma idea de "amor"–. Está bastante claro lo que la mujer entiende por amor: perfecta entrega (no sólo abandono) del cuerpo y del alma sin limitaciones ni reservas; la idea de una entrega condicionada y casual es para la mujer motivo de vergüenza y de terror. Dada esta carencia de condiciones, su amor' es una creencia, la única que tiene la mujer. Cuando el hombre ama a una mujer, exige de ella precisamente ese amor, por lo que él está totalmente alejado de este principio previo del amor femenino. Suponiendo que existieran también hombres a quienes no les resultara extraño el deseo de abandono total, éstos no serían hombres. Un hombre que ama a una mujer se convierte en esclavo; pero una mujer que ama como mujer se convierte en una mujer más perfecta... La pasión de la mujer en su renuncia absoluta a los derechos propios presupone precisamente que no existe en el amante un pathos, una voluntad de renuncia idénticos, pues si ambos renunciasen igualmente a sí mismos por amor, resultaría... ¿qué sé yo?, tal vez un espacio vacío. La mujer quiere ser tomada y aceptada como propiedad, quiere fundirse en la idea de "propiedad", de "ser poseída"; por consiguiente, desea que un hombre la agasaje, que no se deje estar ni se abandone, puesto que, por el contrario, debe enriquecer su "yo" mediante un aumento de fuerza, de felicidad y de creencia –esto constituye lo que la mujer le da cuando se entrega a él–. La mujer se abandona, el hombre se enriquece; creo que ningún contrato social ni la mejor voluntad de justicia permitirán nunca superar este antagonismo natural, por deseable que pueda ser no estar constantemente contemplando todo lo que ese antagonismo tiene de duro, de terrible, de enigmático y de inmoral. Pues el amor, entendido en su totalidad, su grandeza, su plenitud, es naturaleza y en cuanto tal algo eternamente "inmoral". La fidelidad, según esto, está incluida en el amor de la mujer, brota de la noción misma de este amor; en el hombre puede fácilmente crecer después de su amor, por gratitud, por una idiosincrasia de su gusto o por una llamada afinidad electiva, pero no pertenece a la esencia de su amor –tan poco forma parte de ella que sería lícito hablar de una contradicción natural entre el amor y la fidelidad en el hombre–. Este amor varonil no es sino una voluntad de tener y no una renuncia ni un abandono, pues la voluntad de tener acaba por lo general cuando se tiene la posesión... Realmente, en el hombre, que raras veces y muy tarde reconoce ante sí mismo este atener", lo que hace que subsista su amor es la sed más sutil y recelosa de poseer, de manera que es posible incluso que aumente todavía después del abandono de la mujer, ya que no acepta fácilmente que una mujer no tenga nada que "entregarle".

De esta manera, el aforismo 342 es el anuncio feliz de la iniciación de ese plan solar de las trasformaciones y buenas nuevas de Zaratustra, las mismas que Nietzsche ofrenda a Lou en el último aforismo del Libro quinto, el 383 y epílogo de la Gaya ciencia.

Es una festiva ofrenda al son de la música de "sencilla y rústica gaita" y que, con el canto de su ronca voz, canta algo nuevo que, aunque no se entienda, al menos, "su música y su melodía, y su barullo los hará bailar mejor":

"383. Epílogo. Pero justo aquí, cuando, para concluir, estaba trazando lenta, muy lentamente este lúgubre signo de interrogación y me disponía a recordarles nuevamente a mis lectores las virtudes de una lectura atenta –¡qué virtudes más olvidadas y desconocidas!–, me encuentro con que a mi alrededor estallan las más maliciosas, alegres y vivarachas carcajadas; son los espíritus mismos de mi libro que me asedian, me tiran de las orejas y me exigen orden: "¡No soportamos más! –me gritan–, ¡fuera esa música fúnebre como un cuervo! ¿No estamos en medio de una esplendorosa mañana y sobre un césped verde y tierno que invita a bailar sobre él? ¿Hubo alguna vez un momento más favorable para estar alegres? ¿Quién nos cantará una canción tan soleada, liviana y delicada que no espante a las cigarras, sino que las invite a cantar y a bailar con nosotros? Preferimos una sencilla y rústica gaita en vez de esos sonidos misteriosos, esos gritos de búho, esas voces sepulcrales, esos silbidos de marmota que nos han regalado en este desierto, señor ermitaño, que musicalizan el futuro. ¡Fuera esos tonos! ¡Entonemos melodías más agradables, más animadas, más joviales!" Pues ¡así sea, impacientes amigos míos, si eso los satisface! ¿Quién no cedería gustoso ante ustedes? Mi gaita está dispuesta, mi garganta también; perdónenme si se encuentra algo ronca, es que estamos en plena montaña. Pero al menos lo que escucharán será algo nuevo; ¿y que importa si no lo entienden al cantante o lo entienden mal? Esta es "la maldición del cantante". En cambio, oirán más claramente su música y su melodía, y su barullo los hará bailar mejor. ¿Quieren eso?...".

Pero, el enamoramiento y sus ineluctables cualidades, se encargó de trastocar esa radiante luz solar, esa música, esos cánticos y esos bailes, en pasmosas profecías.

El maestro Nietzsche se traspuso en el profeta Zaratustra y Lou... "la luz sería Ariadna".

Y, a Así habló Zaratustra, puede considerarsele como las confesiones de "ese sueño", nunca realizado ni realizable.



Segunda fase:

Los días felices del enamoramiento

Pero, aparte de esa historia, de las anécdotas y de los chismes de aquel ni tan fortuito ni tan frívolo ni tan pueril encuentro entre la hermosa Lou Andreas-Salomé y Friedrich Nietzsche, quien ya era en esa época un célebre y reconocido filósofo, en Documentos de un encuentro, así como en otras fuentes, se puede seguir paso a paso el enamoramiento de Nietzsche, en cuyo desarrollo y fracaso amoroso emergen las materias que Nietzsche venía acumulando y las que acumuló durante el idilio, materias sobre las que, en el choque de las fuerzas y energías del gozo y del dolor emocional y vital del enamoramiento, saltará la chispa de vida que concebiría al Zaratustra, que inicia, propiamente, su gestación en "El secreto de Monte Sacro".

Toda gestación, biológica o mental, es un suceso deslumbrante y maravilloso y un período durante el cual, el gestante, pasa, arbitrariamente, de la agonía al éxtasis y viceversa, debido a los violentos choques fisiológicos y anímicos que ocurren en las profundidades de su cuerpo y de su mente.

Igual que las agonías y los éxtasis del cuerpo y del ánimo en la gestación biológica, son las agonías y éxtasis de la gestación mental, o si se quiere, de la gestación espiritual, ese espíritu que emana de la vida natural (33), en la que se engendró y se gestó una obra maestra: Así habló Zaratustra.

Sobre los estados de esta gestación espiritual, Nietzsche ya había escrito en sus obras previas.

Es, en esos momentos, donde convergen las materias que Nietzsche ya venía macerando en sus obras previas: El viajero y su sombra, Aurora y la Gaya ciencia y, a las cuales, se añaden aquellas que se gestaron y se nutrieron durante las intensas conversaciones e intercambios escritos entre Nietzsche y Lou en los días y noches felices. Son estas las materias que, al entrar en contacto con "el fuego", "el furor" del enamoramiento, engendran a Zaratustra.

Si se le mira desde el ángulo de la imaginación asociativa o el "racionamiento por abducción", se podrá ver que lo que estaba sucediendo en ese período era un evento extraordinario: iniciado al calor de ese verano de 1882, se desarrollaba la gestación de "un misterio", la gestación de Zaratustra.

Por las cartas que intercambiaron y por las notas y comentarios que Nietzsche le escribio a Lou, puede comprenderse y seguirse, paso a paso, cómo Nietzsche, preñado de Zaratustra, va nutriendo la criatura con los elementos que le aportan y producen las sutilezas de su seducción y el intercambio de ideas con Lou Andreas-Salomé.

Al principio, con el gozo del enamorado gestante -Dionisios-Baco- y hacia el final, con las penas del amor perdido de un enamorado que gesta, con pasión y dolor, un misterio al que, la saturación creativa y el dolor emocional, provocarán la eclosión final: la gran criatura: Así habló Zaratustra -Dionisios Zagreo-.

***

Ese período de la vida de Nietzsche, luego de "El secreto de Monte Sacro", se puede dividir en dos períodos, que concluyen al finalizar la escritura de Así habló Zaratustra.

Lou aceptó entusiasmada mantener una amistosa relación de discípula con Nietzsche a pesar del infortunado suceso de Monte Sacro, porque admiraba la obra de Nietzsche y deseaba formar parte del grupo selecto y privilegiado de sus discípulos, en el cual se proponía estimular su propio desarrollo intelectual y participar en la creación de las ideas del maestro. Y, por supuesto, con mucho de coquetería juvenil.

El primer período se inicia luego del rechazo a sus pretensiones eróticas en el ascenso a Monte Sacro e incluye el intermedio de feliz entendimiento de agosto en Tautenburg:

"A pesar de ello fue un tiempo, para ambos, filosóficamente fructífero. Elizabeth, naturalmente, no significaba nada al respecto. Se la trató como si no existiera. La mayoría de las veces hubo de dar sola sus paseos, y si se llegaba a una conversación, o bien le resultaba incomprensible o bien se horrorizaba por los juicios morales, críticos y provocativos. Nietzsche y Lou, por el contrario, vagaban horas y horas por los bosques, continuando sus conversaciones, a menudo, hasta bien entrada la noche. En su diario, que escribió en Tautenburg para Paul Rée, Lou escribe al respecto: «En estas tres semanas hemos conversado hasta el agotamiento; curiosamente él aguanta ahora cerca de diez horas diarias de charla. En nuestras veladas, cuando la lámpara, vendada como un inválido con un paño rojo para que no dañe sus pobres ojos, arroja sólo un débil resplandor por el cuarto, siempre llegamos a hablar de trabajos en común... Sorprendente que en nuestras conversaciones aboquemos involuntariamente al borde de abismos, a aquellos lugares de vértigo adonde alguna vez se ha subido en solitario para mirar desde allí a lo profundo. Siempre hemos elegido los caminos de gamuzas, y si alguien nos hubiera escuchado, habría creído que eran dos diablos los que conversaban.» Compusieron juntos aforismos que Lou inventaba y Nietzsche corregía o completaba. El 14 de agosto Lou escribe a Rée: «Nietzsche, en general de una consecuencia férrea, es en lo particular una persona tremendamente versátil. Yo sabía que cuando admitiéramos lo que, en principio, en la tormenta del sentimiento, ambos evitábamos, rápidamente nos habríamos de encontrar en nuestras naturalezas profundamente semejantes, más allá de todo charloteo pedante... Él subía hasta aquí de continuo, y por la noche tomó mi mano y la besó dos veces y comenzó a decir algo que no terminó. Los días siguientes estuve en cama, él me metía cartas en la habitación y me hablaba a través de la puerta. Ahora ya amainó mi vieja fiebre catarral y me he levantado. Ayer pasamos juntos todo el día... Elizabeth estuvo en el Dornburg con personas conocidas. En la pensión... se nos considera tan emparejados como a ti y a mí, cuando llego con mi gorro y con Nietzsche, sin Elizabeth... Un estímulo especial resulta de la coincidencia en pensamientos, sentimientos e ideas; nos podemos entender casi con medias palabras. El dijo una vez, impresionado por ello: 'creo que la única diferencia entre nosotros es la edad. Hemos vivido y pensado lo mismo'.»

El 14 de agosto, Nietzsche escribe a Kösselitz: : «'lo mejor posible para mí', he tenido que superar una dura prueba, y la he superado. -Lou se queda aquí 14 días todavía: en el otoño volveremos a encontramos (¿en Munich?) -Tengo mi ojo para las personas; lo que veo existe, aunque otros no lo vean. Lou y yo somos demasiado semejantes, 'consanguíneos' (¡por eso ni siquiera se la puedo alabar a Usted!)» (34).

Este período concluye entre finales de noviembre y comienzos de diciembre de 1882, cuando Lou rechaza, definitivamente, las pretensiones amorosas que Nietzsche mantenía acuciantes y ocultas detrás de su amistad y de su proyecto de convertirse en maestro, guía y esposo de Lou, a quien, además, pretendía convertir en heredera de sus grandes ideas, el evangelio de su "filosofía del futuro".

Concluido este período y, desde ese momento, se inicia el segundo. En octubre es el último encuentro de Nietzsche con Lou y Rée y, a pesar de que se mantienen formalmente los planes de estudio en común, es a partir de ese momento que la existencia de Nietzsche se convirtió en un infierno íntimo, pues el rechazo de Lou lo sumió en profunda desazón, cuyas contradicciones bien quedan reflejadas en la correspondencia que intercambiaron y los pocos encuentros que sostuvieron.

Del 20 de diciembre es este borrador de carta dirigido a ambos:

"Esta tarde tomaré opio hasta perder la razón... No se inquieten demasiado por los arrebatos de mis delirios de grandeza o de mi vanidad herida: y si por casualidad yo mismo alguna vez hubiera de quitarme la vida por dichos afectos, tampoco entonces habría demasiado por lo que llorar. ¡Qué les importa a ustedes, quiero decir a usted y a Lou, mis fantasías! Consideren muy mucho entre ustedes que al fin y al cabo soy ya un medio-inquilino de un manicomio, enfermo de la cabeza, a quien la soledad ha desconcertado completamente".

Su soledad es profunda, ni los somníferos, ni los paseos agotadores le facilitan el sueño, pero en ese estado gestará la primera parte del Zaratustra, cuando se presenta la saturación que llevó a Nietzsche a la desesperación y a la sobrecarga emocional y creativa que, finalmente, explota el 1 febrero de 1883, al empezar la escritura de Así habló Zaratustra y que, aparentemente, se desvanece el 22 de febrero, cuando anuncia que el poema ya está en la imprenta.

Desvanecimiento aparente, porque la materia de Zaratustra continuará ardiente y palpitante hasta el colapso final, cuando el recuerdo de ese fuego amoroso se funde y confunde y es ya trágico y melancólico.


Tercera fase:

La materia de Zaratustra

¿Coincidencia o causalidad? Las cartas que Lou y Nietzsche intercambian entre junio y diciembre de 1882, demuestran que la gestación de Zaratustra se estaba produciendo, siempre y cuando se acepte como conexiones y correspondencias evidentes el que los motivos simbólicos que ellos dos usan en ellas, serán los mismos que Nietzsche ya enunciara en Aurora y la Gaya ciencia, los que reaparecerán desde los primeros párrafos del poema, entre ellos: la Aurora, y el Águila y la Serpiente, los animales emblemáticos de Zaratustra.

Esto escribe Nietzsche al comienzo del prólogo de Así habló Zaratustra:

"[...] una mañana, levantándose con la aurora, se colocó delante del sol y le habló así:

"¡Tu gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!

Durante diez años has venido subiendo hasta mi caverna: sin mí, mi águila y mi serpiente te habrías hartado de tu luz y de este camino" (Z, Prólogo, pp. 33, 34).

El motivo de esta aurora, título del libro anterior, es mencionado, la primera vez por Lou, en la carta que le envía a Nietzsche desde Naumburg, el 4 de junio de 1882, en la que, luego de comentarle su lectura de la Gaya ciencia y comparar las ideas de Nietzsche con las de Paul Ree, le dice:

"Esta vez escribo sin pensar en sus ojos -porque tengo que utilizar la almohada como pupitre-. La aurora, es mi única amiga. Me hace más compañía (estando en la cama) que las visitas, los recados y el polvo de los viajes" (D, p. 91).

La conexiones y correspondencias entre esas auroras, que ya son otras, se afirman plenamente en el comentario que Nietzsche le hace a Lou en su carta de respuesta desde Naumburg, el 7 de junio de 1882:

"¡También yo estoy ahora rodeado de auroras, pero no están impresas! Lo que ya no creía posible: encontrar un amigo para compartir mis últimas alegrías y tristezas parece serlo -como la dorada posibilidad en el horizonte de mi vida futura-. Me conmueve pensar en el alma valiente e intuitiva de mi querida Lou" (D, p. 94).

Para explicar el motivo simbólico de la aurora y los demás motivos, es necesario aceptar que para un filólogo de la categoría de Nietzsche, escritor minucioso, cada palabra, como una moneda preciosa, adquiere valor, conexión y correspondencias sustanciales con la totalidad del contexto del que proviene y al que se dirige.

La palabra aurora en estas cartas y en Así habló Zaratustra, es una referencia directa a la anunciación de lo que se ha iniciado y lo que está por venir:

"Entre aurora y aurora ha venido a mi una verdad nueva" (Z, Prólogo, p. 48).

Por ello, llama todavía más la atención, el hecho de que Giordano Bruno utilice el mismo antiguo y ya heredado motivo de la aurora, para dar sentido a su anuncio de "la luz de Nicolás Copérnico" (35), pues este ha sido:

"[...] dispuesto por los dioses como una aurora que debía preceder la salida de este sol de la antigua y verdadera filosofía, durante tantos siglos sepultada en las tenebrosas cavernas de la ciega, maligna, proterva y envidiosa ignorancia" (36).

Esta conexión con Giordano Bruno parece afirmarse en el primer texto de la segunda parte de Así hablo Zaratustra, titulado: El niño en el espejo, para el que, en los borradores, había previsto el título: La segunda aurora (la primera, la de Copérnico y la segunda, la de Zaratustra), que ya en el primer párrafo conecta con la caverna y anuncia el advenimiento y la defensa de su doctrina:

"Zaratustra volvió a continuación a las montañas y a la soledad de su caverna y se apartó de los hombres: aguardando como un sembrador que ha lanzado su semilla" (Z., II, p. 131).

Y, más adelante, cuando dice:

"¿Qué me ha sucedido, pues, animales míos? -dijo Zaratustra. ¿No estoy trasformado? ¿No vino a mí la bienaventuranza como un viento tempestuoso?" (Z., II, p. 132).

Y, por supuesto, se refiere a la concepción de Zaratustra a partir de esas "viejas" fuentes de su "sabiduría salvaje": sus ingentes lecturas, entre tantas, de Giordano Bruno, en los tiempos de Richard Wagner, de los griegos, de Eurípides y de Aristófanes y de aquellas otras realizadas a partir del verano de 1881:

"Mi sabiduría salvaje quedó preñada en montañas solitarias; sobre ásperos peñascos parió su nueva, última cría.

Ahora corre enloquecida por el duro desierto y busca y busca blando césped - ¡mi vieja sabiduría salvaje!" (Z., II, p. 134).

Nietzsche emplea la expresión blando césped, traspuesta como verde prado, en ambiguos y herméticos contextos: sagrados, heroicos, trágicos, cómicos y eróticos.

El primero de ellos y ya en pleno enamoramiento por Lou, en el último aforismo, el 383, de la Gaya ciencia:

"¿No estamos en medio de una esplendorosa mañana y sobre un verde prado y tierno que invita a bailar sobre él? ¿Hubo alguna vez un momento más favorable para estar alegres? ¿Quién nos cantará una canción tan soleada, liviana y delicada que no espante a las cigarras, sino que las invite a cantar y a bailar con nosotros?".

Luego, la misma expresión es utilizada en repetidas ocasiones en Así habló Zaratustra: De las cátedras de la virtud, I; La canción del baile, II; De los apóstatas, III; y La otra canción del baile, III, todas ellas citadas en este texto:

"La canción del baile

Un atardecer caminaba Zaratustra con sus discípulos por el bosque; y estando buscando una fuente he aquí que llegó a un verde prado a quien árboles y malezas silenciosamente rodeaban: en él bailaban, unas con otras, unas muchachas. Tan pronto como las muchachas reconocieron a Zaratustra dejaron de bailar; mas Zaratustra se acercó a ellas con gesto amistoso y dijo estas palabras:

«¡No dejéis de bailar, encantadoras muchachas! No ha llegado a vosotras, con mirada malvada, ningún aguafiestas, ningún enemigo de muchachas. (Z, II, 166).

Y, en un par de ocasiones más, ya en la desazón y olvido después del enamoramiento, en Más allá del bien y el mal:

Aforismo 44

"A lo que ellos querrían aspirar con todas sus fuerzas es a la universal y verde felicidad-prado del rebaño, llena de seguridad, libre de peligro, repleta de bienestar y de facilidad de vivir para todo el mundo".

Aforismo 206:

"(...) el hombre científico tiene laboriosidad, paciencia para ocupar su sitio en la fila, regularidad y mesura en sus capacidades y necesidades, tiene el instinto para reconocer cuáles son sus iguales y qué es lo que sus iguales necesitan, por ejemplo aquella dosis de independencia y de prado verde sin la cual no hay tranquilidad en el trabajo".

***

Siguiendo las claves que se ofrecen en ese verde prado, se pueden establecer algunas de sus conexiones, correspondencias y relaciones.

En la primera parte, De las cátedras de la virtud, traspuesto en sagrado verde prado, se conecta y corresponde con el islote de San Giulio y Monte Sacro y con aquellos "crepúsculos" de los tiempos felices del enamoramiento:

"Para mí el mejor pastor será siempre aquel que lleva sus ovejas al prado más verde esto se aviene con el buen dormir" (Z, I, p. 57).

Luego ese verde prado sagrado, se traspone en trágico:

"De los apóstatas

"1 / Ay, ¿ya está marchito y gris todo lo que hace un momento estaba aún verde y multicolor en este prado? ¡Y cuánta miel de esperanza he extraído yo de ahí para llevarla a mis colmenas!" (Z, III, p. 256).

Ese es el verde prado de mieles y colmenas que se va expandiendo en significados para conectarse y corresponderse con la pradera intacta, el prado virgen y la abeja primaveral del trágico enamoramiento de Fedra por Hipólito en el Hipólito de Eurípides (v. 75 y 76) (37):

"HIPÓLITO: - A ti, oh diosa, te traigo, después de haberla adornado, esta corona trenzada con flores de una pradera intacta, en la cual ni el pastor tiene por digno apacentar sus rebaños, ni nunca penetró el hierro; sólo la abeja primaveral recorre este prado virgen. La diosa del Pudor lo cultiva con rocío de los ríos" .

Hipólito, hijastro de Fedra, enajenado de Artemisa, es extraño a los asuntos de Amor y Eros. Fedra, enamorada y rechazada, lo acusa de intentar violarla. Hipólito es castigado con la muerte y Fedra, arrepentida y para recuperar el honor real, se da muerte.

Y, del motivo trágico, al motivo cómico y erótico, ¿serán también esas, la llanura y el verde prado de la beocia en Lisístrata de Aristófanes (v. 87 y 88)?:

"LISÍSTRATA. Sí, por Zeus, muy de Beocia: ¡menuda llanura tiene!

(Beocia se conocía como una llanura de gran fertilidad. Se utiliza aquí edíon con un doble significado, de «llanura» y de «sexo de la mujer»).

CLEONICE. Sí, por Zeus, y se ha depilado muy elegantemente el poleo

(El poleo entendido como mala hierba en la llanura, aludiendo al vello púbico de la beocia).

Y, también, el "prado"(tò pedíon) es la parte externa del sexo femenino; el "poleo" (blēchō) alude al monte de Venus; la depilación, por lo demás, era común entre las atenienses de la época.

Algunos traductores y, posiblemente, Nietzsche entre ellos, traducen edíon y tò pedíon como verde prado, en lugar de "llanura".

Eros, tragedia y comedia en escena. Nietzsche dijo de Lou y de aquella comunidad que formarían con Paul Rée, que ellos estaban más allá del bien y del mal.

"Más allá del bien y del mal hemos encontrado nuestro islote y nuestro verde prado - ¡nosotros dos solos! ¡Ya por ello tenemos que ser buenos el uno para el otro!" (Z, III, p. 316).

Por ello, en ese verde prado se presienten a la desnuda beocia de Aristófanes en Lisístrata, así como también a aquella otra beocia: Corina, la poetisa:

"Y nos miramos uno a otro y contemplamos el verde prado, sobre el cual empezaba a correr el fresco atardecer, y lloramos juntos. - Entonces, sin embargo, me fue la vida más querida que lo que nunca me lo ha sido toda mi sabiduría" (Z, III, p. 317).

Así como he conectado ese verde prado con el Hipólito de Eurípides y otros estudiosos lo han referido a muchas otras fuentes, sagradas y profanas, me parece necesaria esta conexión con Lisístrata de Aristófanes, porque en algunos de los ambiguos contextos en los cuales Nietzsche emplea la expresión verde prado, estas se prestan para ser entendidas como la específica referencia sexualizada de Aristófanes, una veces con emoción erótica y otras con ironía burlesca y satírica, lo cual se corresponde, como anillo al dedo, con el contexto de los estados anímicos de gozo e ira que le provocan el enamoramiento y el posterior rompimiento con Lou.

Y, por supuesto, como cualquier enamorado rechazado, Nietzsche desahoga su despecho como el misógino que Aristófanes ironiza en Eurípides:

"EL CORIFEO. No hay poeta más sabio que Eurípides, pues ninguna criatura es tan desvergonzada como las mujeres" (Lisístrata, v. 369).

***

Debo explicar ahora que Nietzsche había sido ferviente lector de Giordano Bruno en la época de su amistad con Richard Wagner, tal como queda establecido en el intercambio epistolar entre Nietzsche y Heinrich von Stein en la primavera de 1883, como lo anota Curt Paul Janz, en su biografía de Nietzsche:

"Heinrich von Stein agradece el obsequio (la edición de las dos primeras partes de Así habló Zaratustra), «la cálida verdad cuyo pulso me llega palpitante», y envía, a su vez, «lo que vuelvo a tener precisamente ahora entre las manos, poemas traducidos de «Giordano Bruno», entre ellos uno «que, en su tiempo, gustaba muy especialmente a Wagner»".

[...]

"Y Nietzsche responde el 22 de mayo de 1883 (¡cumpleaños de Wagner!): «Esos poemas de Giordano Bruno son un regalo por el que le quedo agradecido de todo corazón. Los he 'tomado'... como gotas vigorizantes" (38).

Podrían haber hecho parte de esos poemas de Giordano Bruno los siguientes versos de un soneto antepuesto al Del infinito: el universo y los mundos y que también utiliza, en versión latina, como apertura del De inmenso. Los poemas de los Diálogos italianos y de otras obras de Giordano Bruno ya habían sido publicados en Alemania en forma de antología:

"Hay quien me empluma y quien me inflama el pecho,

quien me hace no temer fortuna o muerte,

quien rompió las cadenas y aquellas puertas

de donde pocos se ven sueltos y salen fuera.

[...]

Por eso las alas al aire seguras abro

y no temo chocar con cristal o vidrio,

mas surco los cielos y al infinito me alzo".

¿Evidente visión y trasposición de sí mismo para Zaratustra / Nietzsche?

La ardiente y martirizada figura de Giordano Bruno debió ser la imagen perfecta para que Nietzsche encarnara y traspusiera en él su dolorosa pena de amor, sus sufrimientos, así como la misión profética de su Zaratustra.

Son muchos otros los motivos, temas y asuntos, de Giordano Bruno que Nietzsche traspone, conecta, corresponde y relaciona, en especial de los Diálogos italianos, en Así hablo Zaratustra como en otras de sus obras.

Debo llamar la atención sobre el gesto de Heinrich von Stein, a quien Nietzsche consideró su rival en el amor de Lou y que era cercano a la casa Wagner. En ese ámbito de mensajes cifrados, esta única mención a Giordano Bruno en la biografía de Nietzsche y referida a Zaratustra, adquiere una especial significación, por lo cual, me atrevo a pensar, Heinrich von Stein, iniciado en el círculo hermético, sugiere la trasposición evidente de un personaje en el otro.

De Giordano Bruno y también de Spinoza, Nietzsche hereda el "permaneced fieles a la tierra" (Z., Prólogo, 3) y el "amor fati" (Ecce homo).

Pero, estos temas nos llevan a otra historia de "¡mi vieja sabiduría salvaje!":

Es necesario añadir que "¡mi vieja sabiduría salvaje!", también se nutrió de aquellos otros asuntos de los estudios y lecturas del joven Nietzsche: los brunianos Spinoza y F. W. J. Schelling, así como Hölderlin y "el furor" del influjo de lo griego y, en especial de Dionisios, en la cultura alemana.

De Schelling, su obra inspirada en Giordano Bruno y en su "armonía de los contrarios": Bruno o sobre el principio divino y natural de las cosas, así como sus temas: "la aurora del Mundo", la Filosofía de la Mitología: Perséfone (Deméter), Dionisios, Ariadna, y la Filosofía de la Revelación: Cristo. Así como también de Schelling, el "¡Todo es Dionisios!" que Niezsche traspone en ¡Todo es Zaratustra!

De Hölderlin, lo "dionisiaco de lo apolíneo": Hiperión, Empédocles, Pan y vino, etc., como lo escribiera Hans-Georg Gadamer:

"(...) Hölderlin, el precursor del descubrimiento nietzscheano del sustrato dionisíaco de lo apolíneo en la cultura griega" (39).

Debo anotar que Nietzsche admiró entrañablemente a Hölderlin y a su obra, pero debió atemorizarlo su trágico destino como para trasponerlo como modelo. Por ello prefiero asumir que fue Giordano Bruno en quien se inspiró para trasponerse en su identidad profética y en su martirio.

En fin, otra puerta abierta a muchas otras conexiones y correspondencias muy sugestivas que sería bueno explorar. En fin.

***

De regreso a la cronología y al proceso de la gestación de Zaratustra.

Iguales, a las anteriores consideraciones, son válidas para las demás conexiones y correspondencias que pueden establecerse entre los motivos y figuras de los versos citados del prólogo del poema y los que Nietzsche escribió en su carta, ocho meses antes de iniciar la escritura de Así habló Zaratustra.

Los mismos motivos que se irán profundizando y complementando en las cartas siguientes, en las que, además, se puede seguir el cambio de tono: de la exaltación amorosa del primer momento, a la desazón, la desesperación, la ira, el dolor, la agonía, de la posterior tragedia amorosa.

Eran aquellas las primeras alegrías de lo que parecía, sería una gestación feliz. Sin embargo, esta gestación será heroica y devendrá en tragedia. El Nietzsche de aquellos primeros días aún goza los éxtasis del enamoramiento, la dichosa gestación de la criatura.

Así puede pensarse por la convocatoria de Nietzsche a Lou en carta desde Tautenburg, 26 de junio de 1882, ya citada antes:

"Si nos sabemos aceptar recíprocamente y se adaptan nuestros respectivos estados de salud, algún provecho sacaremos. Nunca había pensado hasta ahora, que usted debería "leer y escribir" para mi; pero me gustaría mucho ser su profesor. En fin, para ser completamente franco: estoy buscando personas que puedan ser mis herederos, tengo muchas cosas que decir que no están en mis libros, y busco para tal fin, el más hermoso campo y también el más fértil.

¡Vea mi egoísmo!" (D, p. 105).

Y, en la siguiente, también de Tautenburg, probablemente un día después, el 27 de junio, que describe la transformación que Nietzsche/Zaratustra esta sufriendo, luego de un largo y penitente período, esos motivos que serán recurrentes en las dos primeras partes de Así habló Zaratustra:

"Fui formalmente derribado por el hecho de convertirme en un "hombre nuevo" -como consecuencia de una soledad demasiado rigurosa y de una completa renuncia al amor y a la amistad [...]. En mi todo es siempre humano, demasiado humano, y mi locura crece al mismo tiempo que mi sabiduría" (D, p. 106).

Y, el 2 de julio:

"No quiero estar más solo, y quiero convertirme de nuevo en un ser humano. ¡Ah!, todavía tengo que aprenderlo casi todo en ese dominio" (D, p. 107).

Del esplendor del enamoramiento de Nietzsche empezaba a emerger el destino de Zaratustra, así como el de su materia primigenia: su naturaleza, a la vez, heroica y trágica. Y es a esa gestación que ambos aportarían por igual: Lou, los elementos heroicos y épicos y Nietzsche, los trágicos.

***

Eran todavía días felices. Los de la gestación de lo heroico en Zaratustra. Tal se deduce del borrador de la carta que Nietzsche escribe, a mediados de julio/1882, para Malwida von Meysenbug:

"Mi vida apunta ahora a una meta más elevada y no haré sino dedicarme a ésta. ¡Nadie podrá adivinar! y (yo) mismo no puedo revelar el secreto, pero quiero confesarle, precisamente a usted, mejor que a nadie, que exige una manera de pensar heroica (en absoluto religiosa y resignada)" (D, p. 108).

Luego, un paso más. El Águila, ya citada del poema, hacía su primera y ambigua aparición en la carta de Nietzsche a Lou desde Tautenburg, el 4 de agosto:

"Pero entonces el querido pájaro Lou voló sobre mi camino, y creí que era un águila y quise que el águila permaneciera conmigo" (D, p. 120).

Y, la Serpiente, ese otro animal emblemático de Zaratustra, motivo simbólico en el eterno retorno, así como de la voluntad, la inteligencia, y etc., también tiene su correspondencia con Lou:

"Nietzsche se imaginaba a Lou como una serpiente, una serpiente que llegó a ser amiga de Zaratustra cuando éste resistió su mordedura" (40).

La Serpiente es para Nietzsche una figura y un motivo de su mitología con muchos más significados y usos de los que pretendo aquí desentrañar.

Y, no hay que olvidar el látigo: Y, para decirlo con Nietzsche:

«Acaso he olvidado el látigo? - ¡No!» (41) (Ver fotografía anterior).


Cuarta fase:

Gestación de "lo heroico"

Y, un último aporte de Lou en la gestación de la naturaleza heroica de Zaratustra. Por aquel entonces Nietzsche estaba leyendo y revisando los escritos en los que Lou desarrollaba algunas de sus ideas sobre la religión y sobre las cuales tanto conversaron en los días y las noches felices de Tautenburg.

Es, precisamente, en las anotaciones del viernes 18 de agosto de 1882, en donde Lou, la madre, inspira, finalmente, la identidad heroica de Zaratustra:

"Hay en el carácter de Nietzsche un rasgo heroico que le es esencial y confiere a sus cualidades e inclinaciones un carácter y una unidad coherentes. Aún le veremos como el mensajero de una nueva religión cuyos discípulos serán héroes" (D, p. 126).

Zaratustra ya es el Zaratustra heroico que Nietzsche ha concebido y engendrado para que Lou lo gestase, tal y como puede deducirse al leer la totalidad de aquellas notas del 18 y 21 de agosto (D, pp. 126 a 130), las que se complementan con el documento denominado: Libro de Stibbe (D, pp. 130 a 149).

A la anterior información es necesario agregar el esbozo que escribía Lou: Ensayo de una caracterización de Nietzsche, sobre el que también tanto hablaron en agosto de 1882 en Tautenburg, tal y como ella lo hace constar en su libro sobre Nietzsche escrito y publicado en 1894.

Sobre este esbozo, le escribe Nietzsche a Lou desde Leipzig, el 16 de septiembre de 1882:

"Referente a su "Caracterización sobre mi persona", lo que usted dice de mí es totalmente exacto: así es como se han manifestado en mí los versículos del "Gay saber" que tienen por título: "Ruego". ¿Adivina usted, mi querida Lou, cuál es el objeto de mi ruego?".

Ese "ruego" era el deseo de Nietzsche por contemplarse en los ojos de Lou:

"Ruego

De muchos hombres veo el fondo oscuro,

pero a mí mismo no consigo verme.

¡Estoy muy cerca de mis propios ojos!

¡No soy yo mismo ese que tengo en frente!

Si estuviera más lejos, yo podría

quizás más útil a mí mismo serme;

¡no a la distancia de mis enemigos!

El más próximo amigo ya parece

harto lejos; entre los dos un sitio

queda por fin por fin, y yo pregunto: ¿entiendes

lo que pretendo?" (42).


Quinta fase:

Gestación de "lo trágico"

Nietzsche acusa el golpe o, sería mejor decir, aquella profecía que hace Lou sobre la paternidad y transformación de Nietzsche en Zaratustra:

"(...) Le veremos como el mensajero de una nueva religión".

Aunque él tardará algún tiempo en reaccionar, ya siente que de las tinieblas de su mente comienzan a disiparse los pasados dolores y angustias, para que, con los éxtasis y agonías de la gestación amorosa, se inicie la gestación de la naturaleza trágica de Zaratustra, cuya definición e identidad ya se anuncian al comienzo del final de los días felices.

Días felices y atormentados cuya historia y contenidos serán las materias maceradas, fundidas, destiladas y sublimadas, por Nietzsche en la gestación de Zaratustra.

A una madre heroica, se opone un padre trágico y, entre ambos, engendrarán un dios. Zaratustra es hijo de hombre y mujer transformados en mito y un mito él mismo, un mito de mitos.

Y esa es la mujer y esa es la cópula y este es el mito que Nietzsche ya anticipa para Zaratustra en las notas que sobre los textos de Lou él le escribe desde Tautenburg, en agosto de 1882:

"La mujer más débil transformará a todo hombre en un dios, y de la misma manera obrará con las costumbres o la religión: por un proceso de sacralización las verá como algo intocable, definitivo y adorable. Es evidente que el sexo débil es más importante que el sexo fuerte en el origen de las religiones. Así serán las mujeres si se las deja solas, desde su debilidad no cesarían de crear "hombres", o también "dioses". Y como puede suponerse, ambos parecerían: ¡monstruos de fuerza!" (D, p. 152).

A lo que de inmediato agrega los trece puntos sobre la naturaleza femenina, titulados: De la mujer (D, p. 153), que abren y complementan la reflexión sobre el "sexo débil", de la nota anterior.

Ahí emerge lo trágico de la naturaleza y de la misión de Zaratustra: Ser gestado por mujer. Por esa mujer a cuya exaltación y humillación, también, estará dirigida su misión.

Será por mediación de esa exaltación y humillación que el frustrado y dolorido enamorado, vengará el rechazo de la amada perdida, se sanará de sus heridas y dará a luz a Zaratustra.

Sólo que Nietzsche no lo sabía. Y es que después que el enamoramiento cumple su extática y dolorosa función transformadora, adviene el olvido que no es olvido y el renacimiento que es transmutación.

Sin embargo, Nietzsche sí intuyó con su genial visión profética que aquel poema era la profecía de su transmutación, la que lo convertirá en otro que es él mismo, en aquel -¿renacido o resucitado?- en el que se fundirá y sublimará -que lo devorará-: "Zaratustra / Nietzsche", el que continuará siendo hasta más allá del colapso total de su mente, pero nunca al colapso de sus exacerbadas y extremas emociones. Así habló Zaratustra es, pues, la más profunda exploración sobre el enamoramiento... de un hombre excepcional.

Transmutación y visión profética que se confirman en el autorretrato de Zaratustra en el poema, y repito la cita:

"Pues eso soy yo de raíz y desde el comienzo, tirando, atrayendo, levantando, elevando, alguien que tira, que cría y corrige, que no en vano se dijo a sí mismo en otro tiempo: ¡Llega a ser el que eres!" (Z, IV, 1).

Confirmación que será, aún más concreta y autobiográfica, como se lo anuncia a su amigo Franz Overbeck, en la carta del el 11 de febrero de 1883, que volveré a citar más adelante:

"El libro del que te hablé, cosa de 10 días, se me aparece ahora como mi testamento. Contiene un retrato extraordinariamente preciso de lo que será mi ser tan pronto como se haya liberado de toda su carga. Es un poema y no una colección de aforismos" (D, pp. 208-209).

Una vez culminada la gestación materna y hasta el 10 de febrero de 1883, se consumará, lenta y dolorosamente, el final de la gestación y el doloroso parto paterno de Zaratustra.

Pero, antes de esa culminación tendrán que cumplirse las circunstancias que la preceden luego de aquellos días felices de Tautenburg. O, sería mejor decir: las noches felices. Esas que Nietzsche evoca en La canción del noctámbulo:

"¡Venid! ¡Venid! ¡Caminemos ya! Es la hora: ¡caminemos en la noche!" (Z, IV, La canción del noctámbulo, 2).

Reafirmadas y contadas al son de las doce campanadas a media noche de La Segunda canción del baile.

Ante el persistente acoso de Nietzsche, Lou comienza a distanciarlo y a distanciarse, lo cual provoca los conflictos que los enfurecerán a ambos y las consecuentes reacciones de amor-odio que se desatan en todo rompimiento amoroso.

Para comienzos de diciembre y en el borrador de una carta de Nietzsche a Lou, él se queja, pero todavía Zaratustra no está listo:

"Decidí en Orta darle a conocer a usted, la primera, toda mi filosofía. ¡Ah! no tiene idea de que decisión fue aquella: creía que no se podía hacer mayor: creía que no se podía hacer mayor regalo a alguien".

"[...]

Estuve inclinado a considerarla como la visión y aparición de un ideal sobre la tierra. ¿Lo notó? veo muy mal" (D, p. 185-186).

Sólo, un poco más adelante, Nietzsche, todavía quejándose y contradiciéndose, niega y afirma, la participación materna de Lou y que ella ya había concluido su misión gestadora. Así como, al fin, reconoce que, de ese momento en adelante el alumbramiento de la criatura final, de Zaratustra, era responsabilidad paterna:

"¡Extraño! Pensé que me había sido enviado un ángel cuando volví de nuevo hacia los hombres y la vida. Un ángel que debía mitigar algunas cargas que el dolor y la soledad habían vuelto demasiado pesadas, y ante todo un ángel de valentía y esperanza para cuanto me espera ahora. Pero no era un ángel.

No pienso tener que ver nada más con ella. Fue un derroche totalmente inútil de amor, de corazón. Y a decir verdad; soy lo bastante rico para hacerlo" (D, p. 192).


IV. Y, ¡nació Zaratustra!

Desde la noche de San Silvestre, 31 de diciembre de 1882, se hace el silencio epistolar entre Nietzsche y Lou.

Y, el 11 de febrero de 1883, anuncio del feliz alumbramiento, cuando su amigo Franz Overbeck, en Basilea, recibe la carta de un gozoso Nietzsche que le anuncia, desde Rapallo, el nacimiento, así como la misión y características de Así habló Zaratustra:

"El libro del que te hablé, cosa de 10 días, se me aparece ahora como mi testamento. Contiene un retrato extraordinariamente preciso de lo que será mí ser tan pronto como se haya liberado de toda su carga. Es un poema y no una colección de aforismos" (D, pp. 208-209).

Y, finalmente, el 22 de febrero de 1883, también a Overbeck, le escribe el anuncio, que incluye los extraños y enigmáticos reconocimientos a Wagner, Cósima y Lou, cuando le dice:

Carta de Nietzsche a Franz Overbeck, en Basilea. Rapallo, 22 de febrero de 1883:

"Wagner era con mucho el hombre más completo que he conocido…

[...]

Lou es con mucho la persona más lista, que conocí. Pero etc. etc...

Mi "Zaratustra" ya debe estar en la imprenta.

He escrito a Cósima tan pronto como me ha sido posible".

"Mi "Zaratustra" ya debe estar en la imprenta" (D, p. 211).

***

De que todos estos sucesos fueron así, dan fe aquellos que conocieron en la intimidad a Nietzsche. La misma Lou doce años más tarde, en 1894, en la caracterización más íntima y cercana de Nietzsche, como vida y como obra, que se haya escrito. Y, Georg Brandes, quien establece la conexión del enamoramiento de Nietzsche con el célebre poema de Lou: Himno a la vida (43) y la emotiva composición musical de Nietzsche sobre el mismo.

Véase lo que Lou escribió sobre los meses anteriores a que Nietzsche realizara la escritura de Así habló Zaratustra, cuando todavía él se proponía llevar a cabo su frustrado programa de diez años de estudio y reflexión aislado del mundo.

Durante los días y noches felices de su enamoramiento por Lou Andreas Salomé, Friedrich Nietzsche le insistió sobre la realización del programa de diez años que se habían propuesto y, durante los cuales, ellos dos, junto con Rée y un grupo seleccionado de discípulos, se retirarían del "mundanal ruido" y en el seno de una especie de Jardín de Epicuro o, a mi gusto, sería mejor decir: en un "falansterio para la felicidad", de Charles Fourier, en el cual desarrollarían la "filosofía del futuro" que Nietzsche quería ofrecer a la humanidad.

Era una especie de secta de la que emergería una nueva religión según las ideas del maestro y de su discípula amada.

Luego del fracaso de la relación amorosa y la imposibilidad de la realización de tan ambicioso programa, Nietzsche supo que si bien el programa era ya imposible, no por ello descartó la idea.

Fue por ello que encomendó a "Zaratustra, mi hijo", la realización de esa misión y el desarrollo de su "filosofía del futuro", esa que propuso en Así habló Zaratustra y en las obras que le siguieron.

Esto es lo que escribió Lou en su Nietzsche:

Por ese motivo Nietzsche tomaba la decisión, en 1882, de dedicar varios años de estudio a las ciencias naturales, cuyo conocimiento le parecía indispensable para la elaboración metódica de su Filosofía del Futuro. Tenía la intención de abandonar su vida solitaria en el Mediodía con el objeto de asistir a varios ciclos de conferencias en París, en Viena o en Munich. Contaba con suspender durante diez años toda actividad literaria, para permitir que madurasen sus nuevas concepciones, y verificarlas con la ayuda de los descubrimientos más recientes de la ciencia” (44).

Ese es el programa que sí realizará Zaratustra:

"En el invierno de 1882 estaba de nuevo en su retiro solitario de Génova. Incluso de haber sido mejor su estado de salud le hubiera resultado imposible cumplir su programa. Su mente ya no tenía la plasticidad necesaria para acoger sin resistencia un aporte ajeno. Sin duda que en el pasado había tenido el recurso -para movilizar las fuerzas de su alma-, de una fecundación intelectual que operaba desde una fuerza ajena a sí mismo; sin duda, a continuación se había sacrificado a su ideal identificándose a éste con fervor. Pero ahora que se ha realizado el proceso de fecundación, su espíritu está tanto más cerrado y menos accesible a cuanto proviene del exterior. Su atención está totalmente absorta en su estado personal y en el fin que la vida trata de alcanzar a través de él... Si echa una mirada hacia el exterior no es más que para examinar sus condiciones de existencia y ponerlas en cuestión. Lo hace únicamente para crear el espacio necesario para lograr la obra que quiere engendrar" (45).

Ella misma explica cómo el mismo Nietzsche caracterizó su propio estado de preñez y vísperas del alumbramiento, en Así habló Zaratustra:

"Nietzsche termina identificando su inspiración con su revelación exterior; pretende encerrar todo el universo en su vida interior y cree que su espíritu contiene y engendra bajo una forma mística la quintaesencia del Ser:

"Para mí -¿cómo podría haber un afuera-de mí? ¡No existe ningún afuera!" (Z, III) (46).

Para luego describir con vívidos detalles el alumbramiento de Zaratustra y su encarnación Nietzsche/Zaratustra:

"Desgarrado por los dolores del alumbramiento que presagian el nacimiento de un ser sobrehumano, él se veía bajo los perfiles de un hombre que está declinando y que se quiebra, para ceder el puesto a una criatura nueva que salvará al mundo:

"Para ser el hijo que vuelve a nacer, para ser eso el creador mismo tiene que querer ser también la parturienta y los dolores de la parturienta" (Así habló Zaratustra II, En las islas afortunadas).

"Zaratustra es por consiguiente el hijo y el dios, a la vez, de Nietzsche; es el acto y la obra de arte de un individuo único, pero también la síntesis de este individuo con todo el linaje humano, con el conjunto del espíritu humano. El es "la criatura y el creador", el ser "más fuerte y más rico del porvenir", que domina con creces a la personalidad sufriente y torturada del autor, -él es el "super-Nietzsche".

(...)

"Así se establece entre Nietzsche y Zaratustra, un vaivén misterioso, un continuo intercambio de ideas, que mantiene la ilusión de que no dejan, alternativamente, de disociarse y de confundirse uno con otro. Esto resulta particularmente visible para quien está familiarizado con los pequeños rasgos personales que Nietzsche en secreto atribuye a Zaratustra, y con el medio de los éxtasis visionarios en los que ha vivido mientras se realizaba ese misterio" (47).

Georg Brandes sólo se relacionó con Nietzsche a través de una intensa e íntima correspondencia entre noviembre de 1887 y enero de 1889, pero sí conoció personalmente a Lou y Paul Rée, a quienes visitó en Berlín y quienes le contaron las intimidades de su amistad con Nietzsche y el enamoramiento de este por Lou, de lo cual da testimonio en el texto: Un ensayo sobre el radicalismo aristocrático, un homenaje a Nietzsche cuando ya este estaba internado.

Georg Brandes muestra la íntima conexión del poema de Lou: Himno a la vida, la composición musical y el enamoramiento de Nietzsche:

Es el mismo amor apasionado a la vida lo que Nietzsche expresa en el Himno a la vida, composición musical para coro y orquesta realizada para su gran amiga Lou Andreas Salomé, quien previamente había compuesto la letra. Este poema termina así:

Y si no tienes joyas que ofrecerme, puedes, sin embargo, concederme tu dolor” (48).

La historia del poema, según escribe Nietzsche el 16 de septiembre de 1882 a Peter Gast fue así:

Lou le dio este poema al despedirse en Tautenburg. Pero había nacido y sido escrito un poco antes “al abandonar la patria rusa... en Zürich”, como testimonio inmediato de su situación existencial. Nada extraño que Nietzsche, en la infatuación de su enamoramiento, lo asumiera como una declaración de amor.

Este es el texto del poema de Lou Andreas Salomé, según la versión publicada en Documentos de un encuentro:

Himno a la vida

Como el amigo ama al amigo

yo te amo, vida enigmática,

haya exultado en ti, o haya llorado,

Dolor o dicha me hayas dado.

Te amo a ti y a tus penas;

y si debes destrozarme

Me desprenderé de tus brazos

como del pecho amigo se desprende el amigo.

¡Con toda mi fuerza te abrazo!

Que tus llamas me prendan,

Que aún en las brasas de la lucha

Siga adentrándome en tu enigma.

¡Ser milenios! ¡Y pensar!

Cobíjame en tus brazos:

Si ya no puedes regalarme dicha

Sea, aún te queda el dolor”.

***

Como bien puede deducirse, toda esa terminología genética no es ni aventurada ni gratuita, tanto Nietzsche como Lou Andreas Salomé eran conscientes de haber engendrado el misterio de un hijo: "Zaratustra, mi hijo".

¿Quiénes mejor que ellos estaban "familiarizados", en íntima plenitud, con aquellos "pequeños rasgos" y "éxtasis visionarios"?

¿Quién, más que ella, conocía la intimidad de aquel proceso en el que había sido involucrada con intensidad por Nietzsche?

Lo que si es cierto, como ya lo mostré antes, es que, "un éxito en la relación amorosa con Lou", un Nietzsche feliz, no hubiera engendrado al Zaratustra "furioso", heroico, trágico, erótico y cómico que él engendró:

"Zaratustra, mi hijo", es el Nietzsche, enamorado y doliente, que, al fin, se contempló en los ojos de Lou Andreas Salomé.

La voz de Zaratustra es el "Sí-mismo" de Nietzsche que habla de su enamoramiento erótico, heroico, trágico y cómico.

***

Para empezar, hay que decir que el enamoramiento es un imperativo natural, un mecanismo evolutivo para el Homo-Humano, necesario, temporal, repetitivo e incontrolable, mediante el cual el cuerpo y la mente se trasforman. Pero también, el enamoramiento es, para la imaginación, un ideal, un anhelo de unidad y perfección:

"Porque el enamoramiento como fenómeno neurobiológico es instinto, apetito, emoción, deseo y sentimiento y como evento existencial, biográfico y cultural, se corresponde como un asunto sagrado, erótico, heroico, trágico y cómico:

Sagrado, porque es una experiencia de lo divino.

Erótico, porque, en la plenitud de sus significados, es la fuerza entrópica que forma y transforma el cuerpo y la mente de los amantes.

Heroico, porque hace que los enamorados desplieguen la totalidad de unas energías, fuerzas y poderes de las que no sabían eran poseedores.

Trágico, porque su fin es ineludible e ineluctable.

Cómico, porque el pícaro Eros siempre se sale con la suya" (49).

Es en el ámbito de esas concepciones del enamoramiento de la carne y del espíritu donde se producen las reacciones y manifestaciones que los poetas y los filósofos expresan en sus obras y escrituras. Estéticas las de los poetas y herméticas las de los filósofos.

Ello se explica porque, en los estados extremos: éxtasis y agonías del enamoramiento, cada persona, acorde con su naturaleza y con la visión de sí mismo, reacciona de manera extrema, una especie de terapia para recuperar la armonía emocional y corporal (50). La escritura es el remedio de filósofos y poetas.

Es en el enamoramiento de filósofos y poetas, o bien por éxtasis o bien por agonía, donde es necesario buscar la raíz y la compulsión que los impulsa a escribir sus grandes obras. Lo que motiva a la concepción y realización de la obra misma es un estado de enamoramiento.

Bien conocidos son los casos de filósofos y poetas que han realizado grandes obras y poemas compulsados por el enamoramiento y en la posterior agonía de los fracasos amorosos que los sumieron en agudas crisis existenciales.

Es lo que sucedió a Arquímedes y su “¡Heureka! ¡Heureka!”. Arquímedes, enamorado, enajenado y en el perpetuo éxtasis de su ciencia, del que cuenta Plutarco:

"A menudo los criados de Arquímedes le llevaban a los baños contra su voluntad, para lavarle y ungirle, y aun estando allí, siempre estaba dibujando figuras geométricas, incluso en las mismas cenizas de la chimenea. Y mientras lo estaban ungiendo con aceites y dulces perfumes, con sus dedos dibujaba líneas sobre su cuerpo desnudo, hasta tal punto estaba fuera de sí, y llevado de un éxtasis o trance, con el deleite que tenía en el estudio de la geometría" (51).

***

Sólo que Así habló Zaratustra es también un poema enamorado y en él, Nietzsche, le expone a Lou Andreas Salomé, además de la "filosofía del futuro" que ella se negó a heredar, sus quejas de enamorado y la exploración más abismal sobre su propia experiencia del enamoramiento.

Si se piensa bien en esta hipótesis descabellada, Así habló Zaratustra se merece otra lectura más allá de las tantas y autorizadas realizadas sobre su contenido filosófico. Una lectura que descubra los secretos del enamoramiento de Nietzsche y que ilumine para todos el misterio del enamoramiento, ese estado que hace de los enamorados un "ser en verdad mejor que los hombres ordinarios".


V. Finales trágicos

En fin, a partir de entonces, Nietzsche, Lou y Zaratustra, continuarán con sus propias vidas y destinos.

La vida de Friedrich Nietzsche continúo siendo un férico y ardiente tormento y él escribirá algunas de las obras filosóficas y literarias más inquietantes de la historia, para finalizar, trágicamente, en enero de 1889, cuando su mente colapsa, abrazado "al cuello del caballo y al Gran inquisidor, de Dostoievski" y es internado en un asilo hasta su muerte, el 25 de agosto de 1900.

Es ese el trágico período en el que Nietzsche se fundirá, destilará y sublimará para ser devorado, en total silencio, por el fuego y la materia de Zaratustra.

Por su parte, Lou Andreas-Salomé, dirigió su vida hacia otros horizontes y a otros hombres que la fascinaron por su personalidad y obra. Entre ellos, Sigmund Freud, de quien recibió entrenamiento en psicoanálisis y al que, discretamente, rechazó de sus pretensiones y acosos eróticos.

Y, por supuesto, la ardiente relación amorosa con el poeta alemán Rainer María Rilke.

Lou Andreas-Salomé vivió sus últimos años en Göttingen y vio como Alemania era consumida en el terror nazi, régimen del que se convirtió en incomoda huésped por su personalidad e ideas, pues su reputación internacional y porque su origen ruso, no les permitía, a los nazis, poner sus manos sobre ella.

Lou Andreas-Salomé murió el 5 de febrero de 1937. Su vida es toda es una leyenda, en la que, los sucesos de "El secreto de Monte Sacro" y su hermética maternidad de Así habló Zaratustra, son sólo un breve aparte.

***

Esa es la historia que quería contarles.

***

NOTAS


(1) Friedrich Schiller, Cartas sobre la educación estética del hombre, carta decimoquinta. Citado por Rüdiger Safranski, El Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, Barcelona, 2009, p. 42:

"Expresado con toda brevedad, el hombre sólo juega cuando es hombre en el pleno sentido de la palabra, y sólo es enteramente hombre cuando juega".

(2) Cita tomada de: Carlos Rincón, García Márquez, Hawthorne, Shakespeare, De la Vega & Co. Unltd., Serie La Granada Entreabierta, 86, Instituto Caro y Cuervo, Santa Fe de Bogotá / 1999:

"Racionamiento por abducción", descubierto por Charles S. Peirce en 1879 y que funciona, algo así, como lo explica Carlos Rincón:

"Se trata, según leía alguna vez en un artículo de Heinz Heckhausen, del cortocircuito, de la chispa que se produce entre dos complejos de imaginación hasta entonces separados, "por mediación de un elemento común". La complejidad de un concepto -de una imagen- puede así potenciarse, multiplicarse como por arte de magia, al estar puesta en contacto con diferentes contextos.

El tic-tac que escuchaba era quizás el mismo del reloj de Tiffany olvidado por Charles S. Peirce el 21 de junio de 1879, al llegar a Nueva York a bordo del "Bristol", y que lo llevó a descubrir el razonamiento por abducción. Mientras la inducción y la deducción, según Peirce, nada agregarían a los datos de la percepción, la abducción, dependiente de las "percepciones inconscientes de relaciones entre aspectos del mundo", sería, según su notable relato de la pérdida y recuperación del reloj olvidado y robado en el "Bristol", la inclinación a sostenr una hipótesis, con algo de instinto de adivinación. Según Thomas A. Sebeok y Jean Umiker-Sebeok, en la yuxtaposición que hicieron en 1980 de Charles S. Peirce y Sherlok Holmes en su You Know My Method: "todo nuevo conocimiento depende de la construción de una hipótesis. Sin embargo, y dicho citando la página 238 del octavo volumen de los Collected Papers de Peirce: "Al comienzo no parece haber lugar alguno para preguntar qué la apoyaría, pues del hecho concreto de que se dispone sólo se desprende un tal vez (tal vez sí y tal vez no). Hay, sin embargo, una clara tendencia en dirección a la confirmación; y la frecuencia con que la hipótesis se establece como un hecho concreto (...) pertenece a los más sorprendentes entre los milagros del universo".

(3) Friedrich Nietzsche, Lou van Salome, Paul Rée, Documentos de un encuentro, Laertes, Barcelona, 1982, p. 185-186.

Todas las citas a la correspondencia y notas de Nietzsche y Lou Andreas-Salomé, han sido tomadas de: Friedrich Nietzsche, Lou Andreas-Salomé, Paul Rée, Documentos de un encuentro, y se identifican con (D y número de página) en el texto.

Las cartas que Lou Andreas Salomé envió a Nietzsche, fueron destruidas por su hermana Elizabeth. Las únicas que se conservan son estas copias del archivo personal de Lou.

(4) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche. 3. Los diez años del filósofo errante (Primavera de 1879 hasta diciembre de 1888), Alianza, Madrid, 1985, p. 120.

(5) María Zambrano, Hacia un saber sobre el alma, Alianza, Madrid, 1987, pp. 157-158.

(6) Francesco Alberoni, Enamoramiento y amor, Gedisa, Barcelona, 1982.

---- Francesco Alberoni, El primer amor, Gedisa, Barcelona, 1996.

---- Francesco Alberoni, Te amo, Gedisa, Barcelona, 1997.

---- Francesco Alberoni, El misterio del enamoramiento, Gedisa, Barcelona, 2004.

Ver también las hipótesis descabelladas sobre la naturaleza del enamoramiento que he propuesto en mi libro sin publicar: Iván Rodrigo García Palacios, Beso Rico-EROS ALQUÍMICO, capítulos de la segunda parte: El enamoramiento: El fuego del renacer: http://lectorludi.blogspot.com/

---- Y en: Iván Rodrigo García Palacios, El enamoramiento, hipótesis descabelladas sobre su naturaleza y función evolutiva: http://enamoramientoyevolucion.blogspot.com/

(7) Giordano Bruno, Los heroicos furores, Tecnos, Madrid, 1987, pp. 56-57.

(8) Francesco Alberoni, Los misterios del enamoramiento..., pp. 61-62.

(9) Daniel Desmarquest, Kafka y las muchachas, Editorial Edaf, Madrid, 2002, p. 24.

(10) Irvin D. Yalom, El día que Nietzsche lloró, Emecé, Buenos Aires, 1998, p.369.

(11) Friedrich Nietzsche, Lou van Salome, Paul Rée, Documentos de un encuentro, Laertes, Barcelona, 1982, p. 163.

(12) Friedrich Nietzsche, La filosofía en la época trágica de los griegos.

(13) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Biografía, 3. Los diez años del filósofo errante (1879-1888):

http://www.paginasobrefilosofia.com/html/prebiogr.html:

En la Carta de Friedrich Nietzsche a Ida Overbeck, en julio de 1883, citada por Curt Paul Janz, este llama a Zaratustra, "mi hijo" y anuncia, con desesperación, la iniciación de su fundición y sublimación en él:

"Toda esta situación Nietzsche la vive alterado. Un párrafo (suprimido por Köselitz) de su carta del 26 de agosto de 1883 a Köselitz manifiesta estremecedoramente lo próximo que se sentía ya en ese verano del derrumbamiento total: «El curioso peligro que corro este verano se llama -para no retroceder ante la temida palabra-- locura, y de igual modo que el invierno pasado, contra todo pronóstico, cogí una fiebre nerviosa realmente larga -¡yo, que nunca había tenido fiebres-, podría suceder también algo que jamás he creído me sucediera a mí: que pierda la razón.» En su desesperanzada situación ya se había confiado antes a la esposa del amigo, Ida Overbeck, hasta el punto de que pudo escribirle a mitad de julio (1883): ... Pero así, me sobrevino una especie de locura; y ya no puede arreglarse en modo alguno el hecho de que mi fantasía y mi compasión hubieran de debatirse durante un año aproximadamente en el fango de esas experiencias. Creo que he soportado ya más de lo suficiente, cinco veces más de lo que a una persona normal la lleva al suicidio: y todavía no ha acabado... Ahora vuelven a estas cosas. Mi hermana quiere tomar venganza de aquella rusa -está bien, pero hasta ahora he sido yo la víctima de todo el asunto. No se da cuenta de que falta apenas una pulgada para el derramamiento de sangre y para las más brutales posibilidades -y trabajo y vivo aquí arriba este verano como 'alguien que hace testamento'. -De hecho, sin los objetivos de mi trabajo, y la inexorabilidad de esos objetivos, ya no viviría. En ese sentido, el salvador de mi vida se llama Zaratustra, mi hijo Zaratustra».

(14) Eugen Fink, La filosofía de Nietzsche, Alianza, Madrid, 1996, p. 73.

(15) Son notables las conexiones y correspondencias de Nietzsche con Dostoievski y, con posterioridad a Así habló Zaratustra, en particular, en El Anticristo, donde aparecen los motivos del "idiota" y de El Gran Inquisidor, pero esa es otra historia.

(16) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Biografía, 3. Los diez años del filósofo errante (1879-1888): http://www.paginasobrefilosofia.com/html/prebiogr.html

(17) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche. 2. Los diez años de Basilea, (1869-1879), Alianza, Madrid, 1981, p. 98 a 100:

"En el fragmento sobre Empédocles, Nietzsche, cita muy especialmente las leyendas sobre la autodivinización de Empédocles y su muerte en el Etna, leyendas que ya el tiempo ilustrado de Diógenes Laercio narra sólo como curiosidad. Separándose completamente de la tradición y yendo mucho más allá de los límites de la elaboración del tema, tal como se encuentra en el fragmento de Hölderlin (en relación a cuyo Empédocles, extrañamente, no puede encontrarse referencia alguna), da por compañera a su Empédocles, junto a su amado Pausanias, que también le reconocen Diógenes Laercio y Hölderlin, a una tal "Corina". Existe una Corina histórica, fue una poetisa beocia que vino a Tesalia y según la leyenda habría sido maestra de Píndaro y le habría vencido en una competición poética. En cualquier caso se trataba de una mujer altamente intelectual.

Y con ello comienza la simbólica personal que habría de acompañar a Nietzsche toda la vida, incluso hasta en la locura. Empédocles se convierte más tarde en Dionisos, Corina en Ariadna. Empédocles es un disfraz de sí mismo, y bajo Corina / Ariadna habría que suponer ya ahora, en el otoño de 1870, a Cósima".

(18) Karl Kerényi, Dionisios. Raíz de la vida indestructible, Jerder, Barcelona, 1998.

(19) Rüdiger Safranski, Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán, Tusquets, Barcelona, 2009, p. 94.

(20) La versión, más amplia y detallada de los eventos que rodean "El secreto de Monte Sacro", la ofrece el esposo de Lou, H. F. Peters, en la biografía titulada: Mi hermana, mi esposa, la vida de Lou Andreas-Salomé, Plaza & Janés, Barcelona, 1980, pp. 94, 95, 96:

El episodio de Monte Sacro se sucede luego de la propuesta que Nietzsche les hace a Paul Rée, Lou y a la madre de esta, para realizar una excursión a Orta, la que ellos no tenían prevista en su itinerario:

"Lou se mostró de acuerdo con la idea de la excursión, por lo que, a primeros días de mayo, los cuatro se encontraban en el pueblecito de Orta, situado en una pequeña península de la orilla oriental del lago, frente a la isla de San Giulio. Inmediatamente a su espalda se alza una colina de unos cien metros de altura, cubierta de bosques, consagrada a san Francisco y que lleva el nombre de Monte Sacro, debido a las numerosas capillas votivas que hay en sus laderas. Vetustos edificios, iglesias y monasterios animan el paisaje, y pequeñas aldeas se arraciman en las rocosas orillas del lago".

Es, hacia esa isla y la célebre basílica del lugar, a donde se dirigen los cuatro excursionistas. Y, continúa H. F. Peters:

"El piadoso encanto de San Giulio no desconcertó a Lou Andreas-Salomé. Ella era una buena creyente; para ella, todo aquello no era más que la prueba de la omnipotente presencia de Dios. Rée, por el contrario, que ni creía ni quería creer, se sentía irritado por aquel ambiente de devoción que parecía inmune a su burlona ironía. Sólo tenía un deseo: abandonar Orta lo antes posible; pero no consiguió realizarlo, pues Lou y Nietzsche estaban plenamente cautivados por la magia del lugar. Ambos iban en busca de una nueva fe -y éste es el secreto de su afinidad-, una fe que les confirmara la grandeza de la vida y el deleite que proporciona a los sentidos. ¿Era ésta la respuesta a su pregunta: la conjunción de la belleza y la santidad? ¿Era la vida divina, en tanto que fenómeno estético? Al volver a Orta, Nietzsche y Lou decidieron continuar la peregrinación y visitar las capillas de Monte Sacro. La madre de Lou y Paul Rée pretextaron cansancio y dijeron que los esperarían en la orilla. Entonces, se le ofreció a Nietzsche la gran oportunidad: por primera vez, estaba a solas con Lou".

"Nadie sabe lo que ocurrió durante aquel paseo, ya que no hubo testigos. Que ocurrió algo, es indudable, a juzgar por los errores y extravíos subsiguientes. Dice Lou en sus Memorias, que Monte Sacro debió cautivarla, por lo menos, a causa de un inesperado enfado de mi madre, tuve que advertir que Nietzsche y yo estuvimos demasiado tiempo en Monte Sacro, lo cual también observó de muy mal talante Paul Rée, que estaba haciéndole compañía".

"El tiempo que permanecieron Lou y Nietzsche en Monte Sacro, debió ser mucho más del prudente, y dice Peters: Hasta ahora, se ha supuesto que se quedaron para ver la puesta del sol sobre Santa Rosa. Pero desde Monte Sacro no se divisa Santa Rosa; la razón debe ser otra. Es posible que el ambiente y el hallarse a solas por primera vez acentuara su íntima afinidad y, enfrascados en su conversación, no se dieron cuenta de que pasaba el tiempo. Pero si fue éste de verdad el único motivo de su retraso, por qué dijo Lou a Ernst Pfeiffer, el amigo a quien trató en los últimos años de su vida: "¿Si besé a Nietzsche en Monte Sacro? Ya no lo sé".

"¿Y a qué se refería Nietzsche al decir, aludiendo a aquel paseo: "El sueño más maravilloso de mi vida, lo debo a usted?".

"Y, por fin, ¿por qué escribió Rée, meses después, en una carta a Lou?: "A propósito, sigo estando algo celoso, y se comprende. ¿Qué actitud, qué entonación, qué visión asocias al nombre de Monte Sacro? ¿Por qué estimó necesario otorgarle una grandiosa absolución general?". ¿Qué había, pues, hecho Lou?".

(21) Friedrich Nietzsche, Lou Andreas-Salomé, Paul Rée, Documentos de un encuentro..., pp. 76 y ss.

(22) Alexander Nehamas, Nietzsche, la vida como literatura, Turner/Fondo de Cultura Económica, México, 2002 (301 p.), p. 203.

(23) Alexander Nehamas, Nietzsche, la vida como literatura..., p. 23.

(24) Hipótesis descabelladas sobre la naturaleza del enamoramiento, las he propuesto en mi libro sin publicar: Beso Rico-EROS ALQUÍMICO, capítulos de la segunda parte: El enamoramiento: El fuego del renacer.

(25) Ernst Cassirer, Rouseau, Kant, Goethe. Filosofía y cultura en la Europa del Siglo de las Luces. Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2007, p. 178. La cita de Rouseau corresponde a Confesiones.

(26) Hans-Georg Gadamer, Poema y diálogo. Ensayos sobre los poetas alemanes más significativos del siglo XX, Gedisa, Barcelona, 1993, p. 41.

(27) Rüdiger Safranski, Un maestro de Alemania. Martín Heidegger y su tiempo, Tusquets, Barcelona, 1997, pp. 170 y 174.

Ver también:

---- Elzbieta Ettinger, Hannah Arendt y Martín Heidegger, Tusquets, Barcelona, 1996.

---- Alois Prinz, La filosofía como profesión o el amor al mundo. La vida de Hannah Arendt, Herder. Barcelona, 2001.

(28) Marcel Reich-Ranicki, Siete precursores. Escritores del siglo XX, Thomas Mann, etc., Galaxia Guttenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2003, p. 102.

(29) Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Introducción, traducción y notas de Andrés Sánchez Pascual, Biblioteca Nietzsche, Alianza Editorial, Madrid, 1998, pp. 10 a 15:

Así lo cuenta Andrés Sánchez Pascual:

"Recoaro es el lugar donde acontece el primer presentimiento de lo que será Así habló Zaratustra. Es un presentimiento nebuloso, ni conceptual, ni figurativo, como los dos a los que luego nos referiremos. Es tan sólo un signo precursor, que consiste en un cambio súbito y, en lo más hondo, decisivo de mi gusto, sobre todo en la música. Las palabras de Nietzsche aluden a ese cambio enigmáticamente: En una pequeña localidad termal de montaña, no lejos de Vicenza, en Recoaro, donde pasé la primavera del año 1881, descubrí juntamente con mi maestro y amigo Peter Gast, también él un "renacido", que el fénix Música pasaba volando a nuestro lado con un plumaje más ligero y más luminoso del que nunca había exhibido" (Ecce homo, pp. 93-94). Nada más. En esta visión del fénix Música se sitúa lo que hemos llamado la "génesis afectiva" de Así habló Zaratustra".

"¿Cómo decir en una sola palabra hacia donde tienden todas las energías que tengo dentro de mi? Y si yo supiese esa palabra, no la diría, le escribe Nietzsche a su hermana desde Recoaro poco antes de salir para Suiza, donde pasará el verano. Y donde tendrá lugar aquel conocido episodio que aquí calificamos de "génesis conceptual" de esta obra.

"Voy a contar ahora la historia del Zaratustra. La concepción fundamental de la obra, el pensamiento del eterno retorno, esa fórmula suprema de afirmación a que se puede llegar en absoluto, -es de agosto del año 1881: se encuentra anotado en una hoja a cuyo final está escrito: "a 6.000 pies más allá del hombre y del tiempo. Aquel día caminaba yo junto al lago de Silvaplana a través de los bosques; junto a una imponente roca que se eleva en forma de pirámide no lejos de Surlei, me detuve. Entonces me vino ese pensamiento (Ecce homo, p. 93).

(Omito transcribir las notas que Nietzsche escribió sobre su idea del eterno retorno que Andrés Sánchez Pascual transcribe en este punto en su texto).

"El pensamiento del eterno retorno, hasta ese momento conocido por Nietzsche sólo de manera exterior, como una vieja hipótesis de la humanidad que ya había tenido su expresión en incontables fuentes orientales y griegas, se encarna en él. "Entonces me vino ese pensamiento". Pero es tan sólo un pensamiento, y hace falta una boca digna de exponerlo. Por el momento Nietzsche no la encuentra. Y han de pasar muchos meses, dieciocho exactamente ("número que podría sugerir, al menos entre budistas, la idea de que, en el fondo, yo soy un elefante hembra"), desde la génesis afectiva en Recoaro, pasando por la génesis conceptual en Sils-María, hasta que, en enero de 1883, tenga Nietzsche en Rapallo la visión del tipo de Zaratustra, esto es, lo que hemos llamado "génesis figurativa" de la obra. Entonces estarán listos los tres elementos, y la primavera brotará eruptivamente en diez días.

"El tiempo que transcurre entre la revelación de Sils-María y la aparición de Rapallo está lleno de elementos convulsivos en la vida de Nietzsche. Acabada la temporada estival en Sils-María, Nietzsche vuelve a Génova donde pasa todo el invierno; en abril de 1882 embarca para Mesina, y poco más tarde va a Roma, donde conoce a Lou Andreas-Salomé, la mujer cuya mano solicitará por dos veces inútilmente, pues ambas es rechazado. Con ella parte luego hacia el norte; Nietzsche pasa el mes de junio en Naumburgo, junto a su familia, y trabaja en La gaya ciencia. El mes de julio reside en Tautenburgo, esperando la llegada de Lou Andreas-Salomé, que le ha prometido vivir una temporada a su lado. La gaya ciencia está terminada y es enviada a la imprenta; en una de sus últimas páginas aparece ya la figura de Zaratustra, en un párrafo que luego pasará íntegramente a Así habló Zaratustra. A primeros de agosto Lou Andreas-Salomé llega a Tautenburgo".

[...]

"Acabado aquel "idilio" que tanto dolor va a causar en lo sucesivo a Nietzsche, éste parte para Leipzig y, pasando por Basilea, llega otra vez a Génova, a mediados de noviembre. El día 23 del mismo mes se traslada a Rapallo. "El invierno siguiente lo viví en aquella graciosa y tranquila bahía de Rapallo, no lejos de Génova, enclavada entre Chiavari y el promontorio de Portofino. Mi salud no era óptima; el invierno, frío y sobremanera lluvioso; un pequeño albergo (fonda), situado directamente junto al mar, de modo que por la noche el oleaje imposibilitaba el sueño, ofrecía, casi en todo, lo contrario de lo deseable. A pesar de ello, y casi para demostrar mi tesis de que todo lo decisivo surge -a pesar de-, mi Zaratustra nació en este invierno y en estas desfavorables circunstancias. "Por la mañana yo subía en dirección sur, hasta la cumbre, por la magnífica carretera que va hacia Zoagli, pasando junto a los pinos y dominando ampliamente con la vista el mar; por la tarde, siempre que la salud me lo permitía, rodeaba la bahía entera de Santa Margherita, hasta llegar detrás de Portofino. Este lugar y este paisaje se han vuelto más próximos aún a mi corazón por el gran amor que el inolvidable emperador alemán Federico III sentía por ellos; yo me hallaba de nuevo, casualmente, en esta costa en el otoño de 1886, cuando él visitó por última vez este pequeño olvidado mundo de felicidad. En estos dos caminos se me ocurrió todo el primer Zaratustra, sobre todo Zaratustra mismo en cuanto tipo: más exactamente, éste me asaltó... (Ecce homo, pp. 94-95)".

"Aquí en Rapallo, posiblemente a finales de enero de 1883, tiene lugar la que hemos llamado la "génesis figurativa" de este libro. Como dice Nietzsche: "Sobre todo Zaratustra mismo en cuanto tipo... me asaltó". Aquella aparición de Zaratustra, la boca digna de expresar el pensamiento del eterno retorno de lo idéntico, la describe Nietzsche en una breve poesía cuyo título originario es:

"Portofino

Aquí estaba yo sentado, aguardando, aguardando -nada,

Más allá del bien y del mal, disfrutando

Ya de la luz, ya de las sombras, siendo totalmente solo juego,

Totalmente mar, totalmente mediodía, totalmente tiempo sin meta.

Entonces, de repente, ¡amiga!, el que era uno se convirtió en dos-

Y Zaratustra pasó a mi lado".

(30) Lou Andreas-Salomé, El narcisismo como doble dirección. Obras psicoanalíticas, Tusquets, Barcelona. 1982.

---- Lou Andreas-Salomé, El erotismo, José J. Olañeta, Editor, Palma de Mallorca, 1983.

---- Lou Andreas-Salomé, Nietzche, Zero, Madrid, 1986.

---- Los Andreas-Salomé, Aprendiendo con Freud, Laertes, Barcelona, 1984.

---- Etc.

(31) Rainer María Rilke, Lou Andreas-Salomé. Correspondencia, José J. Olañeta, Editor, Barcelona, 1981.

(32) Pilar García Pardo, Vida y obra de Lou Andreas Salomé . Una aportación al estudio psicoanalítico de la feminidad , Memoria para optar al grado de doctor, Universidad Complutense de Madrid , Facultad de Filosofía, Departamento de Filosofía IV , 2009. Buscar en Google:

eprints.ucm.es/9758/1/T31549.pdf

(33) George Santayana, Platonismo y vida espiritual, Trotta, Madrid, 2006, p. 57.

(34) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Biografía, 3. Los diez años del filósofo errante (1879-1888), Alianza, Madrid, 1985, pp. 118-119:

(35) Giordano Bruno, De inmenso, III, 9, p. 381, Opera latina.

(36) Giordano Bruno, La cena de las cenizas, Diálogo primero, Alianza, Madrid, 1987, p. 67.

(37) Eurípides, Hipólito, Gredos, Madird, 1991, v. 75 y 76, p. 328.

(38) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Biografía, 3. Los diez años del filósofo errante (1879-1888), Alianza, Madrid, 1985, p. 228.

(39) Hans-Georg Gadamer, Poema y diálogo. Ensayos sobre los poetas alemanes más significativos del siglo XX, Gedisa, Barcelona, 1993, p. 11.

(40) Lesley Chamberlain, Una biografía íntima. Nietzsche en Turín, Gedisa, Barcelona, 1998, pp. 244-245.

(41) Iván Rodrigo García Palacios, "Zaratustra, mi hijo". Así nació Zaratustra en los tiempos del amor, en blog: http://nietzsche-louandreas.blogspot.com/

Las citas de Así habló Zaratustra corresponden a: Friedric Nietzsche, Así habló Zaratustra, Alianza, Madrid,1998, Introducción, traducción y notas de Andrés Sánchez Pascual:

Lo que quiero enfatizar es la presencia de ese látigo que aparecerá como importante motivo en los apartados de Así habló Zaratustra titulados: De viejecillas y de jovencillas y La otra canción del baile, como a continuación mostraré.

En las dos últimas líneas del apartado De viejecillas y de jovencillas, Zaratustra pregunta:

«¡Dame, mujer, tu pequeña verdad!», dije yo. Y así habló la viejecilla:

«¿Vas con mujeres? ¡No olvides el látigo!» (109).

A lo que también anota Andrés Sánchez Pascual:

(109) En la tercera parte, La otra canción del baile, Zaratustra usará este látigo para hacer que la vida -«una mujer»- baile”.

Lo que aquí quiere implicar Nietzsche es, con toda seguridad, tanto el disgusto que tuvieron su madre y su hermana por la fotografía como a los consecuentes conflictos que se sucedieron durante la visita de Lou a las dos mujeres.

El motivo del látigo se complementa y se hace más específico en los dos primeros apartados de La otra canción del baile.

En la primera, Nietzsche hace referencia específica a la fotografía:

"1/ ¡Al compás de mi látigo debes bailar y gritar para mí! «Acaso he olvidado el látigo? - ¡No!» (430).

No sobra citar la anotación de Andrés Sánchez Pascual:

(430) Aquí reaparece el «látigo» al que se alude en la primera parte, al final del capítulo De viejecillas y jovencillas”.

Es en la segunda parte de La otra canción del baile en donde Nietzsche incluye numerosas claves sobre su enamoramiento por Lou, al establecer las conexiones autobiográficas con sus días felices con ella en Tautenburg, como mostraré más adelante.

Transcribo a continuación esa segunda parte de La otra canción del baile:

"2/Entonces la vida me respondió así, y al hacerlo se tapaba los graciosos oídos:

«¡Oh Zaratustra! ¡No chasquees tan horriblemente el látigo! Tú lo sabes bien: el ruido asesina los pensamientos - y ahora precisamente me vienen pensamientos tan gráciles.

Nosotros somos, ambos, dos haraganes que no hacemos ni bien ni mal. Más allá del bien y del mal hemos encontrado nuestro islote y nuestro verde prado - ¡nosotros dos solos! ¡Ya por ello tenemos que ser buenos el uno para el otro! (*).

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[ (*) Me pregunto si Nietzsche podría estarse refiriendo aquí a la isla de San Giulio, lugar en donde se dio origen a la leyenda de "El secreto de Monte Sacro”, por lo que sucedió cuando Nietzsche y Lou dieron un paseo a solas, para referirse a continuación a los conflictos suscitados por su enamoramiento, con las palabras de la vida sobre el amor. Así como también a la carta de Friedrich Nietzsche a Lou von Salomé en Stibbe, Tautenburg, 26 de junio 1882, citada en la introducción y a los días felices que Nietzsche vivió en Tautenburg con Lou, que explico más adelante].

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"Y aunque no nos amemos a fondo -, ¿es necesario guardarse rencor si no se ama a fondo?

Y que yo soy buena contigo, y a menudo demasiado buena, eso lo sabes tú: y la razón es que estoy celosa de tu sabiduría. ¡Ay, esa loca y vieja necia de la sabiduría!

Si alguna vez se apartase de ti tu sabiduría, ¡ay!, entonces se apartaría de ti rápidamente también mi amor.» - (**).

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[(**) Referencia a la carta de Friedrich Nietzsche a Lou von Salomé en Stibbe, Tautenburg, probablemente el 27 de junio 1882, también citada en la introducción].

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"En este punto la vida miró pensativa detrás de sí y en torno a sí y dijo en voz baja: «¡Oh Zaratustra, tú no me eres bastante fiel!

No me amas ni mucho menos tanto como dices, yo lo sé, tú piensas que pronto vas a abandonarme."

"Hay una vieja, pesada, pesada campana retumbante (431): ella retumba por la noche y su sonido asciende hasta tu caverna:

- cuando a medianoche oyes dar la hora a esa campana, tú piensas en esto entre la una y las doce -

- tú piensas en esto, oh Zaratustra, yo lo sé, ¡en que pronto vas a abandonarme!"

«Sí, contesté yo titubeante, pero tú sabes también esto.» - Y le dije algo al oído, por entre los alborotados, amarillos, insensatos mechones de su cabello.

«¿Tú sabes eso, oh Zaratustra? Eso no lo sabe nadie.»

"Y nos miramos uno a otro y contemplamos el verde prado, sobre el cual empezaba a correr el fresco atardecer, y lloramos juntos. - Entonces, sin embargo, me fue la vida más querida que lo que nunca me lo ha sido toda mi sabiduría".

La clave que conecta el enigma con la autobiografía está en la palabra "campana", la cual, según Andrés Sánchez Pascual, remite:

"(431) Esta campana de medianoche reaparecerá en la cuarta parte, La canción del noctámbulo".

Véase la conexión que establece Andrés Sánchez Pascual con la palabra "campana", en la siguiente cita de la segunda parte de La canción del noctámbulo y lo autobiográfico de Nietzsche.

Así dice La canción del noctámbulo:

"Y al punto se hizo el silencio y la calma en derredor; de la profundidad, en cambio, subía lentamente el sonido de una campana. Zaratustra se puso a escuchar, lo mismo que los hombres superiores; luego volvió a llevarse el dedo a la boca y volvió a decir: «¡Venid! ¡Venid! ¡Se acerca la medianoche!» - y su voz estaba cambiada. Pero continuaba sin moverse del sitio: entonces se hizo un silencio más grande y una mayor calma, y todos escucharon, también el asno, y los dos animales heráldicos de Zaratustra, el águila y la serpiente, y asimismo la caverna de Zaratustra y la luna redonda y fría y hasta la propia noche. Zaratustra se llevó por tercera vez el dedo a la boca y dijo:

¡Venid! ¡Venid! ¡Caminemos ya! Es la hora: ¡caminemos en la noche!"

Sobre la conexión de La canción del noctámbulo, con los tiempos felices, evocados aquí por Nietzsche, véase ahora lo que escribe Curt Paul Janz, sobre las interminables y noctámbulas conversaciones de Nietzsche con Lou en Tautenburg:

"A pesar de ello fue un tiempo, para ambos, filosóficamente fructífero. Elizabeth, naturalmente, no significaba nada al respecto. Se la trató como si no existiera. La mayoría de las veces hubo de dar sola sus paseos, y si se llegaba a una conversación, o bien le resultaba incomprensible o bien se horrorizaba por los juicios morales, críticos y provocativos. Nietzsche y Lou, por el contrario, vagaban horas y horas por los bosques, continuando sus conversaciones, a menudo, hasta bien entrada la noche. En su diario, que escribió en Tautenburg para Paul Rée, Lou escribe al respecto: «En estas tres semanas hemos conversado hasta el agotamiento; curiosamente él aguanta ahora cerca de diez horas diarias de charla. En nuestras veladas, cuando la lámpara, vendada como un inválido con un paño rojo para que no dañe sus pobres ojos, arroja sólo un débil resplandor por el cuarto, siempre llegamos a hablar de trabajos en común... Sorprendente que en nuestras conversaciones aboquemos involuntariamente al borde de abismos, a aquellos lugares de vértigo adonde alguna vez se ha subido en solitario para mirar desde allí a lo profundo. Siempre hemos elegido los caminos de gamuzas, y si alguien nos hubiera escuchado, habría creído que eran dos diablos los que conversaban.» Compusieron juntos aforismos que Lou inventaba y Nietzsche corregía o completaba. El 14 de agosto Lou escribe a Rée: «Nietzsche, en general de una consecuencia férrea, es en lo particular una persona tremendamente versátil. Yo sabía que cuando admitiéramos lo que, en principio, en la tormenta del sentimiento, ambos evitábamos, rápidamente nos habríamos de encontrar en nuestras naturalezas profundamente semejantes, más allá de todo charloteo pedante... Él subía hasta aquí de continuo, y por la noche tomó mi mano y la besó dos veces y comenzó a decir algo que no terminó. Los días siguientes estuve en cama, él me metía cartas en la habitación y me hablaba a través de la puerta. Ahora ya amainó mi vieja fiebre catarral y me he levantado. Ayer pasamos juntos todo el día... Elizabeth estuvo en el Dornburg con personas conocidas. En la pensión... se nos considera tan emparejados como a ti y a mí, cuando llego con mi gorro y con Nietzsche, sin Elizabeth... Un estímulo especial resulta de la coincidencia en pensamientos, sentimientos e ideas; nos podemos entender casi con medias palabras. El dijo una vez, impresionado por ello: 'creo que la única diferencia entre nosotros es la edad. Hemos vivido y pensado lo mismo'.»

El 14 de agosto, Nietzsche escribe a Kösselitz: : «'lo mejor posible para mí', he tenido que superar una dura prueba, y la he superado. -Lou se queda aquí 14 días todavía: en el otoño volveremos a encontramos (¿en Munich?) -Tengo mi ojo para las personas; lo que veo existe, aunque otros no lo vean. Lou y yo somos demasiado semejantes, 'consanguíneos' (¡por eso ni siquiera se la puedo alabar a Usted!).» (10).

(42) Friedrich Nietzsche, Gay saber. Citado por Lou Andreas Salomé, Nietzsche, Zero, Madrid, p. 24.

(43) La única mención directa que Nietzsche hace de Lou en su obra está en Ecce homo y referida al Himno a la vida. La historia sobre ese poema de Lou, la composición musical de Nietzsche sobre el mismo y sus efectos en Así habló Zaratustra, ver el tercer volumen de la biografía de Nietzsche , de Curt Paul Janz, capítulo 3, Lou.

(44) Lou Andreas-Salomé, Nietzche, Zero, Madrid, 1986, p. 150.

(45) Lou Andreas-Salomé, Nietzche..., p. 151.

(46) Lou Andreas-Salomé, Nietzche..., p. 152.

(47) Lou Andreas-Salomé, Nietzche..., p. 231-232.

(48) Georg Brandes, Nietzsche. Un ensayo sobre el radicalismo aristocrático, Sextopiso, México, 2004, p. 78 y ss.

(49) Iván Rodrigo García, El enamoramiento:

http://enamoramientoyevolucion.blogspot.com/

(50) Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobilogía de la emoción y los sentimientos, Crítica, Drakontos, Barcelona, 2009, p. 34.

(51) Iván Rodrigo García, El enamoramiento:

http://enamoramientoyevolucion.blogspot.com/


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