21 de octubre de 2008

LECTOR LUDI-64

Fernando González: Mi escritura soy Yo



Por Iván Rodrigo García Palacios


Primero es necesario aceptar que al ingresar a los territorios de la teoría literaria lo que allí existe y existirá es una exuberante selva amazónica de teorías en la que todas y cada teoría es, a la vez, un universo pleno de misterios y un sartal de propuestas por resolver.

Lo que quiero decir es que en esa selva de las teorías literarias pueden existir tantas teorizaciones sobre las obras literarias como obras existan. Cada escritor elabora y desarrolla, consciente o intuitivamente, una teoría propia para cada texto que escribe.

Con lo anterior no pretendo descontar el interés y el gusto que los afanes de los teorizadores literarios le añaden a la exploración del conocimiento de los ubicuos e inubicables territorios y horizontes de los productos de la mente humana, en especial, aquellos que son y están todavía como materia de la imaginación.

Ello podría explicarse así y aceptando que, en la literatura como en todas las demás expresiones artísticas, la imaginación prima sobre la razón. Me explico: las artes son los lenguajes con los que la imaginación explora y conoce los misterios, aquello que se desconoce, de la naturaleza y que, por su parte, las ciencias y todas las actividades científicas son los lenguajes con los que la razón expresa y organiza los conocimientos que descubre la imaginación.

Imaginación que es una verdad ni discutida ni rebatida, un "conocimiento divino", ese que Giordano Bruno consideraba "furor", esa potencia humana de transmutarse en dioses:

"He aquí pues cómo Acteón, convertido en presa de sus propios canes, perseguido por sus propios pensamientos, corre y "dirige los nuevos pasos" -renovado en cuanto procede divinamente y con mayor ligereza, es decir, con mayor facilidad y con más eficaz vigor- "hacia la espesura", hacia los desiertos, hacia la región de las cosas incomprensibles; de hombre vulgar y común como era, se torna raro y heroico, tiene costumbres y conceptos raros, y lleva una vida extraordinaria. Y en este punto "le dan muerte sus muchos y grandes canes", acabando aquí su vida según el mundo loco, sensual, ciego e ilusorio, y comenzando a vivir intelectualmente; vive la vida de los dioses, nútrese de ambrosía y de néctar se embriaga" (Giordano Bruno, Los heroicos Furores, I, 4).

Imaginación que para Giordano Bruno era:

"La potencia imaginativa es como un pintor, esto es, como el consolidador de imágenes infinitas, que fabrica haciendo múltiples combinaciones con las cosas vistas y oídas. Fácilmente empero podemos conocer a la imaginación, que se rige por las leyes de la razón; siempre muestra y manifiesta, ciertamente, en la superficie de los sentidos el orden y la trabazón más idóneas de miembros con miembros. Más nosotros también enseñamos... el arte que de todas las cosas hace todas las cosas" (Giordano Bruno, De Imaginum, signorum et idearum compositione).

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Dicho lo anterior, la lectura lúdica que me propongo de las obras de Fernando González es la de explorar algunas de sus consideraciones sobre sus propias escrituras y una leve aproximación al proceso de transformación de sí mismo, escribiendo.

De las obras de Fernando González se ha dicho y escrito de todo, con razón y sin ella. De ellas se ha dicho que son la vanguardia de la novela, así como también han sido consideradas más como obras filosóficas asistemáticas y fragmentarias que literatura y que en su conjunto conforman su propuesta filosófica.

La mayoría de sus lectores han privilegiado la consideración filosófica y son escasos los estudios de crítica literaria que se conocen y, en este aspecto, lo más común ha sido que aquellos críticos que han estudiado su aspecto literario consideren sus libros, unos, como novelas filosóficas y otros, como filosofía novelada, indistintamente, ignorando sus cualidades y calidades literarias.

Mi intención no es llenar esos vacíos, al fin y al cabo "me falta mucho pelo para el moño" y mi propósito es sólo un juego de LECTOR LUDI que explora desprevenido y en busca de asombros por los territorios y horizontes de los productos literarios.

Parto a esta aventura en cumplimiento de una ya antigua curiosidad:

¿De qué habla Fernando González cuando habla de su escritura?

La única respuesta que cabría dar a esta pregunta, tratándose de la escritura de Fernando González, sería: Mi escritura soy Yo. O para generalizar: Lo que cada hombre escribe es él.

Sin embargo y si bien tales respuestas son exactas, sería injusto no tratar de explicar los por qué que ellas suscitan ante el asombro de su simplicidad, precisando de antemano que esas respuestas sólo se refieren al ser y estar del hombre escrito, es decir, sólo pueden dar cuenta de lo que ese hombre escribió, el resto de su vida y de su existencia, son misterio. Ser y estar que se explican y definen según George Santayana en Los reinos del ser.

Habría que empezar por reconocer que la Idea de escritura en Fernando González es muy nietszcheana, si se quiere...

Esto es más que posible, siempre y cuando se acepte que, en Nietzsche, el mito, la razón, la imaginación, el Eros y la escritura, están sustancialmente ligados al propio devenir existencial y operan como mitología, filosofía y literatura, las tres como una, tal y como lo explica Alexander Nehamas, en su libro, Nietzsche, la vida como literatura:

"Esta interacción paradójica entre creación y descubrimiento, conocimiento y acción, literatura y vida está en el centro de la concepción que Nietzsche tiene del yo interno. Dicha tensión nos fija la tarea de entender uno de los más sorprendentes autorretratos de Zaratustra:

"Pues eso soy yo de raíz y desde el comienzo, tirando, atrayendo, levantando, elevando, alguien que tira, que cría y corrige, que no en vano se dijo a sí mismo en otro tiempo: ¡Llega a ser el que eres!" (Z, IV, 1).

"El propio Nietzsche sigue el consejo de Zaratustra. Con la franqueza que lo caracteriza, sigue el consejo convirtiéndolo tanto en objeto de su escritura como en objetivo de su vida; intenta, coherentemente, consumarlo de manera que sea, y parezca ser, esencialmente su manera y no la de nadie más" (1).

Pero y lo más asombroso todavía, es la relación sustancial entre Zaratustra y la idea del eterno retorno, fundamento filosófico del poema y de la que, al contrario de la interpretación cosmológica que comúnmente se le ha dado, Alexander Nehamas afirma y explica lo siguiente:

"El eterno retorno no es por tanto una teoría del universo, sino una visión de la vida ideal. Sostiene que una vida se justifica únicamente si uno desea repetir la misma vida que ya le ha sido dada, ya que como demuestra la voluntad de poder, ninguna otra vida es posible. El eterno retorno afirma, pues, que nuestra vida sólo tendrá justificación si se modela de tal forma que nuestro deseo sea repetirla exactamente tal como ya ha sucedido" (2).

Un "eterno retorno" que para Fernando González es:

"¿Hay varias vidas? No. Es unitotal, pero en sucediendo o siendo infinito" (Tragicomedia del Padre Elías y Martina la Velera).

Es necesario reconocer que el ser y estar de Nietzsche como el de Fernando González, son los de ellos, únicos, particulares y originales y que, así la idea de esa vida como escritura sea válida para cada hombre que escribe, sus escritos, como ellos mismos, son únicos, particulares y originales, por más similaridades, conexiones, correspondencias y nexos que se puedan establecer entre ellos.

Hay que empezar por decir que la escritura de cada obra de Fernando González, como él mismo al escribirla, es el resultado de un momento y que, como la misma mente humana, se va transformando a lo largo de toda su existencia. Cada obra fue el producto de un momento, de sus antecedentes y de sus circunstancias.

De esta manera se puede iniciar una exploración que permita mirar en ese proceso de transformación de la escritura, de la necesidad expresiva de Fernando González, lo que él mismo va definiendo, como tal, en cada una de sus obras.

Obras que poco más me interesan para un análisis narratológico, esa es una deuda que tienen con ellas los críticos literarios, quienes, predispuestos por los prejuicios y estereotipos en que se las ha encasillado, las han ignorado con el pretexto de que son textos para filósofos y beatos.

Mi interés particular se dirige a mostrar las intenciones de la escritura de Fernando González, las que él mismo manifiesta en sus textos. Voy a exponer algunos de aquellos textos en los que él explica los por qué y para quienes escribe. Será labor de los hermeneutas exponer los qué, cómo, etc.

(Adjunto un anexo con fragmentos de varias de las obras de Fernando González en los que él habla de la naturaleza de su escritura para que cada quien emprenda su propia lectura).

A manera de hipótesis descabellada, la escritura de Fernando González se inicia como necesidad expresiva, filosófica, metafísica y pedagógica, por explicar al mundo y por explicarse a sí mismo con su original y personal dialéctica, esa dialéctica que de todo se nutre y todo lo sintetiza.

Necesidad expresiva que se hace escritura; escritura que se va transformado hasta la visualización del último horizonte -horizonte como en María Zambrano- que es la imposibilidad expresiva del místico para aprehender su visión y estado a través de la palabra.

Visión y estado que Fernando González apenas intenta señalar ya en su última obra, llamándolos sus viajes y sus PRESENCIAS, esos que le permitirán alcanzar el "segundo nacimiento" (3) y definir su hallazgo en un grito trágico, casi impotente:

"La Puerta es úno mismo. Cristo es úno mismo vacío. Dioses somos" (4).

Ese proceso de transformación de la escritura es lo que Fernando González va expresando y exponiendo en cada uno de sus libros. Un proceso que, si bien, puede considerárselo como un elemento aislable, es necesario saber que no es más que es una separación teórica con la finalidad de mirarlo como objeto de curiosidad y análisis, porque, en el contexto de su vida y de su obra, forma parte sustancial de su ser y estar en el mundo, así como también es motivo de sus aspiraciones en el tiempo, en el espacio y en el espíritu, como individuo único, particular, original, al que él trata, simultáneamente, como propuesta de modelo pedagógico para sus lectores.

Prefiero pensar, en particular y sobre la escritura de Fernando González y en lo que él mismo dice de ella, que lo que él está proponiendo, además de todos los otros elementos de la expresión de su experiencia vital, existencial, anímica, espiritual, expresiva y aspiraciones, es una reflexión sobre la filosofía de la escritura al unísono que sobre la escritura de la filosofía, esos aspectos sobre el conocimiento y el lenguaje que Fernando González explora y expresa, también, a su original manera.

Sus obras son la escritura de ese proceso de su transformación vital, existencial, intelectual, anímica, espiritual, expresiva, así como ese final intento desagarrado por desvelar el misterio de lo inexpresable, del Silencio.

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La primera materia de la escritura de Fernando González es la conquista de la propia sangre como la materia natural de la escritura, tal y como lo afirma en su primer libro: Pensamientos de un viejo:

"En verdad os digo, amigos míos, que pocos son los libros escritos con sangre: los demás son productos de la gran ansiedad" (Pensamientos de un viejo).

Esa sangre será la materia natural que permanecerá como inmutable fundamento a partir del cual se realizará el proceso de su transformación, libro a libro, hasta culminar, en el Libro de los Viajes o de las Presencias y en la Tragicomedia del Padre Elías y Martina la Velera, como experiencia de vida, como su propio "eterno retorno", tal y como lo anota en la Tragicomedia:

"Con esta nota se pretende dar desde ahora una idea aproximada de la finalidad de la Tragicomedia, que es revelar que “esta vida” es oportunidad única y trascendentalísima en que toda veracidad, vigilancia y atención es poca para desempeñarse en ella humanamente; que eso de considerar a los demás como “otros” es apenas el punto de partida de “esta vida”... ¿Hay varias vidas? No. Es unitotal, pero en sucediendo o siendo infinito" (Tragicomedia del Padre Elías y Martina la Velera).

Esa culminación se entiende sólo para los efectos de las obras publicadas en vida por Fernando González, puesto que póstumamente fueron publicadas sus Cartas a Ripoll, escritas después de la publicación de la Tragicomedia. Un intercambio epistolar, actas y complementos de íntimas conversaciones, con Dom Andrés Ma. Ripol, OSB, el cual se se realizó hasta unos días antes de su muerte. También se han publicado otros textos inéditos, como El payaso interior, unas de sus libretas de la época de Pensamientos de un viejo y en las cuales trabajaba ese libro que no publicó.

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Una transformación y culminación que, en su expansión espiral, podría seguirse desde la vida material hasta su síntesis final en la la experiencia de la Vida, en la vida espiritual de la propia sangre.

Como objeto de curiosidad y análisis, la transformación de la escritura de Fernando González se puede observar obra por obra, cada una de ellas es un giro ascendente en la línea de la espiral vital, existencial, intelectual, anímica, espiritual, expresiva, de su proceso de transformación en el cual lo primordial permanece pero se transforma y deviene en "ese algo más".

La primera manifestación pública de su escritura se produce con Pensamientos de un viejo, en 1916, a sus 21 años de vida, libro en el que ya se expresan las materias primordiales que van sufrir ese proceso de transformación que se cierra con La tragicomedia del padre Elías y Martina la velera, en 1962, dos años antes de su muerte.

Entre el primero y el último de sus libros: el descubrimiento, la lucha, la conquista, el Silencio...

La forma inicial de su escritura será el modelo del aforismo nietzschano que él transformará hasta convertir en una escritura aforística, narrativa, existencial, anímica, intelectual, etc., que son "sus novelas", con el tono estilístico y profético de Así habló Zaratustra.

Me explico, a partir del modelo de aforismo, que Nietzsche emplea como expresión ascendente de experiencia vital, ideas y conceptos, con una finalidad filosófica específica, Fernando González, en Pensamientos de un viejo, inicia una mutación hacia una escritura aforística narrativa en la que cada segmento se convierte en la pieza de un mosaico que en su visión total revela y desvela la naturaleza vital, existencial, intelectual, anímica, espiritual, expresiva, de sus personajes y circunstancias y, por supuesto, su propia naturaleza. Una narrativa que es su vida, su filosofía y viceversa.

He ahí un modelo de novela original y único con el que algunos novelistas y escritores han experimentado con diversos resultados, tal el caso de Thornton Wilder y su Julio César en Los Idus de Marzo (1948) (5), pero nunca con ese logro de totalidad que en Nietzsche es filosófico y que en Fernando González es narrativo, filosófico y, agregaría, místico.

Cuando digo místico me refiero a ello como a un elemento primordial, pero con la necesaria advertencia de que se trata de una mística según la definición y explicación que da Raimon Panikkar, las cuales son válidas para interpretar la vida y obra de Fernando González:

"La experiencia de la Vida podría ser la definición más breve de la mística. Se trata de una experiencia y no de su interpretación, aunque nuestra consciencia de ella le sea concomitante. No las podemos separar, pero las podemos y debemos distinguir [...] Se trata de una experiencia completa y no fragmentaria. Lo que a menudo ocurre es que no vivimos en plenitud porque nuestra experiencia no es completa y vivimos distraídos o solamente en la superficie.

De ahí que la mística no sea el privilegio de unos cuantos escogidos, sino la característica humana por excelencia. El hombre es esencialmente un místico o, si se le considera como animal (un ser "movido" por un anima), un animal místico -aunque, la animalidad (aunque sea racional) no define al hombre. El hombre es antes un espíritu encarnado que un viviente racional, un animal espiritual se podría decir si anima se interpreta según su etimología indoeuropea (aniti, él respira; anilah, soplo). Anima incluiría entonces también el espíritu" (6).

Por supuesto que ese es un desarrollo que Fernando González irá, no sé si decir perfeccionando, pues no se trata de perfección, sino más bien de algo que se va expandiendo como el universo.

Estas son precisamente las dificultades que han impedido que a la obra de Fernando González se le haga una lectura adecuada, porque para los filósofos es una obra de filosofía asistemática y fragmentaria y para los críticos literarios no se ajusta a las convenciones narratológicas. Tanto los unos como los otros tendrían que revisar sus metodologías tan clásicas, porque lo que la obra de Fernando González propone es una nueva visión.

Porque Fernando González, para decirlo a la manera de Giordano Bruno, antes citado:

"[...] vive la vida de los dioses, nútrese de ambrosía y de néctar se embriaga". (Giordano Bruno, Los heroicos Furores, I, 4).


NOTAS

(1) Alexander Nehamas, Nietzsche, la vida como literatura, Turner/Fondo de Cultura Económica, México, 2002 (301 p.), p. 203
(2) Alexander Nehamas, Nietzsche, la vida como literatura..., p. 23.
(3) Fernando González, La tragicomedia del padre Elías y Martina La Velera, Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín, 1995, p. 105.
(4) Fernando González, La tragicomedia del padre Elías y Martina La Velera..., p. 105.
(5) Lo de Thornton Wilder ayudaría a comprender las razones de su ferviente entusiasmo y literaria identificación con las novelas de Fernando González; al fin y al cabo, estas eran originales antecedentes de la suya y por lo tanto bien merecían el Premio Nobel. Esto es lo que dice:

Thomas Pavel, Representar la existencia. El pensamiento de la novela, Crítica, Barcelona, 2005, p. 377:

"Los idus de marzo (1948), de Thornton Wilder, propone a los estadistas contemporáneos el ejemplo de Julio César, reformador de Roma tras las guerras civiles. La apuesta del texto, que yuxtapone documentos presentados como auténticos, poemas, cartas y diarios de los personajes, consiste en demostrar que el estilo fragmentado, basado en la observación atenta de la experiencia íntima de los protagonistas, no refleja únicamente el fracaso del hombre moderno, sino también puede servir para imaginar, haciéndolo plausible, el de los hombres del pasado".

(6) Raimon Panikkar, De la mística. Experiencia plena de la vida, Herder, Barcelona, 2005, p. 19.


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ANEXO

Para ejemplarizar lo anterior y provocar la curiosidad de los LECTOR LUDI a hacer su propia lectura de las obras de Fernando González, adjunto una muestra amplia de fragmentos de sus libros, en los que él habla de la naturaleza y propósitos de su escritura y en los que se puede mirar el principio, parte del proceso de su transformación y la culminación de ese proceso en su escritura y en su Ser y Estar.

1. Pensamientos de un viejo:

"En verdad os digo, amigos míos, que pocos son los libros escritos con sangre: los demás son productos de la gran ansiedad" (p. 45).

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2. Viaje a pie:

"Pero antes de seguir y para que el libro se amolde a la definición que nosotros hemos creado, después de inspirarnos en el padre Ginebra, a saber: “Organismo ideológico impreso”, diremos cuál será este viaje a pie, cuáles sus finalidades, cuáles sus motivos y cuál el efecto pragmatista que nos propondremos al escribirlo y al darlo a la estampa. El reverendo padre Urrutia jamás decía dar a luz un libro, y, por haberlo escrito así, uno de nosotros perdió el curso de retórica.

Diga el lector si eso de organismo ideológico impreso no cumple con lo que enseña el padre Prisco de todo lo definido y nada más que lo definido. Y como, según Aristóteles (conste que apenas hemos oído hablar de él), definir es obra genial, desde que dimos a luz esa definición nos hemos apellidado aficionados a la metafísica.

El viaje se define así: Medellín, El Retiro, La Ceja, Abejorral, Aguadas, Pácora, Salamina, Aranzazu, Neira, Manizales, Cali, Buenaventura, Armenia, Los Nevados, a pie y con morrales y bordones.

[...] A la media hora de caminar había nacido la idea de este libro y habíamos resuelto adoptar como columna vertebral moral del viaje la idea de ritmo.

El ritmo es tan importante para vivir como lo es la idea del infierno para el sostenimiento de la Religión Católica. Cada individuo tiene su ritmo para caminar, para trabajar y para amar. Indudablemente cuando un hombre y una mujer se atraen, eso se verifica por sus ritmos; es porque unidos son importantísimos para la economía del universo. Por el ritmo podrían calificarse los hombres..." (Viaje a pie).

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"¿Puede el arte concentrar la vida que hay en un fruto recién cogido, concentrarla en una lata? Hoy, los sabios llaman a eso vitaminas". (Viaje a pie).

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"Desde León XIII la Iglesia brega por arrebatarle al Maestro el reino del amor, de la literatura, la estética, la ciencia y el arte. No lo ha obtenido. De la Iglesia es el amor legal, venerable institución, por cierto; la ciencia académica, la de los hombres de ochenta y nueve años; el arte de las estatuas vestidas. La ciencia absorbe todo el tiempo de los sacerdotes sabios: están ocupados en amoldar las imprudentes historias bíblicas a los descubrimientos de Belzebuth.

¡Las estatuas y pinturas vestidas! ¡Qué desilusión fue la nuestra cuando hace veinticinco años le alzamos el vestido al intrépido Pablo de Tarso allá en la sacristía de la iglesia de nuestro pueblo y vimos que su cuerpo era un tablón de madera ordinaria! Comenzó así lo que ha llamado nuestra anciana tía la pérdida de nuestra fe. Desde entonces no creímos en los santos de Envigado.

Igual desilusión sufrió Raimundo Lulio cuando su amada le mostró, para apaciguarle el ardor bélicoamoroso, un seno canceroso. El dejó de creer en las mujeres y se hizo monje. Nosotros le perdimos el miedo al brioso Pablo; le perdimos el respeto y nos hicimos jefes liberales en nuestra aldea. ¿Cómo no? Pablo debía tener un cuerpo membrudo y peludo, ¡y era un tablón insubstancial!" (Viaje a pie).

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"[...] para llegar a ser una obra de arte, un hombre perinde ac cadaver. (Viaje a pie).

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"¡Cuán inanes las estéticas de los críticos, de esos hombres que se pasean por las galerías de arte y por la vida con leyes de mensura para la belleza! Pero en los brazos de Rasputín, en su pecho tan grande como un cielo, caían en letal olvido todas las duquesas de la Rusia de los Zares. ¡Cuán hermoso era Rasputín!" (Viaje a pie).

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"Por eso las grandes obras de arte son, por decirlo así, esbozos que excitan la imaginación para completarlos; hay una fecundación. Las obras de Shakespeare son un ejemplo de esto. En nuestra imaginación en aquellas alturas la vida era una atracción universal de mundos y seres impulsados por el ansia del devenir". (Viaje a pie).

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"Pues las filosofías forman parte del fenómeno vital y son variables también: son manifestaciones del hombre por la variación relativa de su forma, ya de unos a otros, ya de la juventud a la vejez. Y todas son verdaderas, así como lo son las diferentes maneras de caminar en los animales, dadas sus estructuras. ¿Cuál es la verdadera flor en un jardín? No; así como todas éstas son flores, propia cada una de planta determinada, así la concepción de la existencia es producto de la forma o edad espiritual y fisiológica del hombre. Cada clima y cada régimen de vida tiene su interpretación propia de la vida: su religión, su arte, etc." (Viaje a pie).

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"¡El arte! ¡La literatura! ¡Eso es pura metáfora!" (Viaje a pie).

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3. Mi Simón Bolívar

"Desde el principio de nuestras relaciones lo noté preocupado con el Libertador y un día me dijo que tenía la intención de escribir la historia del Hombre suramericano. Entonces me prometí a mí mismo apoderarme de sus anotaciones para ir siguiendo la evolución de esa idea en el alma de mi amigo Lucas.

Lo ataqué con la alabanza (únicamente el sueño es mejor que la alabanza.) Y así obtuve que me entregara su primer cuaderno, quedando en mi poder Lucas Ochoa, el hombre de las libretas, el hombre de las contradicciones. Las transcribo con fidelidad" (Mi Simón Bolívar).

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"En mis cuadernos encuentro lo siguiente para explicar este delicioso enredo:

“Deseo librarme de la mala conciencia y para conseguirlo no retrocederé ante ningún método. Emplearé el psicoanálisis, el más moderno. ¿Por qué no filosofar, por ejemplo, en el excusado?... Esto que llaman pudor tiene profundas raíces atávicas. Es uno de los aspectos de la mala conciencia. El verdadero pudor consiste en la perfecta inocencia proveniente de la sabiduría. ¿A causa de qué acto comienza uno a existir? A causa de un coito. Ese es el acto primo, el acto causal de la existencia... ¡Y el niño mama y todos cumplimos fatalmente los imperativos fisiológicos! ¡Y de nada de eso se puede hablar ni escribir! Únicamente se puede hablar y escribir de dulzuras falsas, de sentimientos artificiales.

En la antigüedad no era así. En las tumbas se pintaban seres bellos y desnudos, falos, escenas de danza. Porque en el Occidente cristiano el noventa y nueve por ciento del vivir no ha sido literario” (Mi Simón Bolívar).

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"Necesito un mes de vacaciones para retirarme a un monte solitario, porque tengo una cita conmigo mismo. Le he cambiado el nombre a Jacinto por Elías, el Padre Elías. En ese monte silencioso escribiré la biografía del Padre Elías, el hombre que yo quisiera haber sido y ser" (Mi Simón Bolívar).

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"Ha sido mi deseo escribir un librillo duro, tan castigado que las palabras sean como piedras de un bastión y que contenga un método para vivir. ¿Habrá un método?" (Mi Simón Bolívar).

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"Pero no escribiré mi obra hasta que lo haya revivido, hasta que lo haya animado, hasta que esté a mi lado y me converse y me insulte y me sonría" (Mi Simón Bolívar).

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"Cuando lo haya revivido hasta el punto de que lo vea y lo oiga, escribiré el librejo, el cual debe ser gracioso. La naturaleza no es profunda, sino graciosa; profunda, en el sentido de enredada y difícil, como ciertos libros; es graciosa, fácil y agradable, como obras de arte que gustan a todos" (Mi Simón Bolívar).

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"Yo, por ejemplo, deseo escribir acerca de Bolívar, y siempre soy y seré un teólogo" (Mi Simón Bolívar).

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"Biografía. Y la vida no se debe escribir sino vivir. A mí no me importa Simón Bolívar sino como un estímulo para sentirme más vivo, para absorber más energía, porque yo soy también una gota de conciencia. ¿Qué me importa ser un espejo y devolver la imagen muerta, llena de flechas?" (Mi Simón Bolívar).

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4. Don Mirócletes

"Voy a escribir sobre el pánico mortuorio. Ja, ja, tengo cáncer en el duodeno y voy a escribir las biografías de Caín, el perro de Jorge, y de Epaminondas, mi pariente" (Don Mirócletes).

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"Lo mismo sucede en la vida orgánica, que de padres buenos salen pícaros y de bellos salen monstruos, y a veces, como hermanos, un pillo y un santo.

¿Cómo podrían aparecer, si no estuvieran en los padres? Hay muchas posibilidades en cada uno y el secreto del arte consiste en darles realidad. El valor de la obra se mide por la vida que adquiere la posibilidad que había en el artista" (Don Mirócletes).

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"En fin, este libro es para mí. Las palabras serán únicamente las que expresen mis ideas: libro duro, de regímenes, no es para que me admiren. Es un cuaderno en que llevaré mi contabilidad, en donde cantaré mis triunfos y lloraré mis derrotas" (Don Mirócletes).

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"Libro de mis sueños es éste. Todo lo que pasa por mí aquí está. Me hice examinar de un médico y dijo que era dilatación del ciego" (Don Mirócletes).

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"Libro de mi vida es éste. Leyéndolo bien, se ve que cuando yo muera voy a perder todo lo que tengo, pues todo es del cuerpo; no hay adquisiciones del espíritu. Creo que perduran los que tienen adquisiciones que no se gastan en la agonía. “¡Todo lo perdimos!”. Eso diremos nosotros después de morir, al otro lado" (Don Mirócletes).

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5. El hermafrodita dormido

"La verdad es muda, no sufre adjetivos, ni nombres; únicamente un verbo: Ser. La apariencia Existe, es decir, es manifestación.

El lector de este libro debe tener presente lo anterior al leer juicios sobre naciones y hombres, de los cuales ahora se ha desprendido Lucas Ochoa como de vestidos. Los juicios, afirma, son como el rastro que deja la babosa en el sembrado de lechugas (El hermafrodita desnudo).

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"Yo creo que se debe ir en busca de juventud. Correr, por ejemplo, por las Termas de Diocleciano o por el Vaticano, entre pedazos de mármol, y sarcófagos y bustos, hacia los cuartos en donde están la Venus de Cirene y el Apolo de Belvedere. Llega uno, los contempla, se conmueve, toca, piensa en la juventud y en la belleza; después respira profundamente y decide vivir casto y contenido; escribir un libro sobrio como las nalgas de la Venus o como las piernas del Apolo (El hermafrodita dormido).

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"¡Ay, caramba, que estoy completamente joven y resuelto a escribir un libro que sea como la Venus de Cirene!: cuerpo que es sólo la idea de cuerpo materializada en mármol; un conjunto de formas hecho unidad y que arroja emoción viva al que contempla, así como una pradera emana vapor de agua cuando la acaricia el sol matutino.

¡Quiera Santa Rosa de Viterbo que yo escriba un librito que sea como estas Venus; que pueda caber en el bolsillo de las muchachas turistas, que arda en amor como las nalgas de estas mujeres de mármol!" (El hermafrodita dormido).

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"Pues estoy aguantándome esta gana de escribir, porque ante el papel blanco tiemblo como el muchacho ante la mujer desnuda. Un gran miedo de dañarlo, gran temor de dañar esa posibilidad que pudiera ser una obra sencilla, armoniosa (El hermafrodita dormido).

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6. El remordimiento:

Carta introductoria a El remordimiento:

"Tú extractaste mi libro, extractaste de él los himnos y las conclusiones y le pusiste camisa púdica; abandonaste la vida. Es como si hubieras cogido un árbol y arrancándoles las flores, para adornar una sala, ¡porque las señoras y los señores no pueden ver las raíces y las ramas! Eso se llama enjolivement; es el arte preciosista, cosa triste, muerta y que repugna al gran estilo; eso no se puede hacer con Goethe ni conmigo. ¿Es posible coger un niño sano, vital, y quitarle las nalgas, el vientre, los pies, los órganos genitales, y decir que los ojos, sólo los ojos, son presentables, son bellos? Para quien ame lo bonito, sí. Pero tal no es la belleza de la vida, animal profundo, devenir de un pasado remoto y oscuro hacia remoto y oscuro mañana, animal que se nutre de todos los instintos, de todos los jugos. El arte proviene de embriaguez causada por los instintos vitales en su cúspide. El verdadero arte huele a semilla, a semen, a humus. Es ceiba retorcida que extiende sus raíces a los ríos, pantanos y descomposiciones. La bonitura es arreglo, es artificio, es planta sin raíces y mútila".

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"De este fenómeno de teología moral han resultado la teoría nietzscheana de que el error es necesario para la vida, las teorías pesimistas y optimistas y la otra de la mediocridad, o sea, del término medio. Porque la filosofía no es sino expresión escrita, hablada o vivida de la reactividad. Un organismo bueno, corre detrás de la cosa escondida, cantando, lleno de alegría; otro, enfermo, no se mueve, y aquellos que carecen de acometividad, dicen que es en el justo medio donde se encuentra la verdad" (El remordimiento).

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"Penetrar en los secretos orígenes de las teorías filosóficas y científicas, es labor de detectives geniales. ¿No eran detectives Pasteur y don Julio Nerny? Para identificar un fenómeno, seguirlo y descubrir causas y efectos; para seguir un insecto y ponerlo en variadas circunstancias, hasta lograr el encuentro de hábitos y determinaciones, ¿no se requieren imaginación y habilitad detectivescas? Y para la introspección, para cogerse objetivado y descubrir la pequeña causa que dio origen a una teoría, ¿no es preciso pararse al pie de los árboles? Se necesita mucha sinceridad para decir: el impulso, el estímulo inicial de ese canto a la divinidad estuvo en aquella ropita, arreglada de una manera muy sabrosa, en la cómoda que olía a madera fina. Los orígenes son siempre pequeños, sólo que nuestra vanidad lo niega, se resiste" (El remordimiento).

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"La literatura ha sido mi panacea; es una necesidad espiritual, sucedáneo del confesonario. Tanto me confesé donde los jesuitas que si no lo hago ahora, me extingo. Mis lectores reemplazan hoy al padre Mairena y, curioso, en uno y otros he hallado incomprensión. Pero ambos han sido instrumentos y nada importa que no entiendan: la cuestión es confesarse" (El remordimiento).

* * *

Pero voy a bregar por describir, por contar, pues en mis notas no está la descripción. Fueron redactadas día a día, en mis libretas, sin la posibilidad de volver, como lo hago ahora, sobre el conjunto de la experiencia, objetivada. En ese tiempo yo era actor y hoy me he convertido en espectador de mí mismo. Es lo curioso del tiempo, que en el instante presente somos actores y no podemos vernos y criticarnos, y en el pasado somos como terceras personas, materia de conocimiento para nosotros mismos. De ahí que nos creamos libres, sin serlo, pues el presente es tan indivisible, que siempre nos vemos como materia de crítica. Cuando la conciencia aparece respecto de un hecho interno, éste ya sucedió: por eso nos creemos libres, porque nos vemos siempre en el pasado" (El remordimiento).

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"Este libro es para la juventud colombiana. Me incita a escribirlo el deseo de enseñar a mis conciudadanos el secreto de la grandeza. Mis enseñanzas irán cubiertas de la dura y amable carne de Toní... Cuando hice el sacrificio de que hablaré después, en la basílica de Nuestra Señora de la Guarda, fue para Colombia toda que dije: “En cambio de esto, danos belleza interior”. (El remordimiento).

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7. Salomé:

Fernando González presenta a Salomé

"En el “Pregón del contenido” de la revista ANTIOQUIA Nº 11 (Medellín, Septiembre de 1939), el editor Alfonso Esse Hernández entrevista al maestro con motivo de la publicación de unos fragmentos de SALOMÉ. Transcribimos a continuación la parte fundamental de dicho diálogo:

Tuvo como fin al escribir esta historia, mostrar el secreto del gran arte, a saber: consonar el tema con el estilo; hacer jugar la escultura, la música, arquitectura y pintura en armonía" (Salomé).

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"Y añade que en el estudio de los gatos, las señoritas y sus propios instintos, había querido imitar los métodos de los naturalistas, aplicándolos al arte literario.

—Se trata en esta novela, del autor, de una gata, de la primavera y de unas señoritas; nadie se casa ni se muere" (Salomé).

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"Tuvo como fin al escribir esta historia, mostrar el secreto del gran arte, a saber: consonar el tema con el estilo; hacer jugar la escultura, la música, arquitectura y pintura en armonía.

—He bregado —me dice Fernando González— por enseñar aquí que cada tema tiene una música y un dejo propios que se materializan en el estilo. El secreto del estilo literario, y también de las otras artes, está en la música.

Y explica que su único orgullo, después del general, de ser tan hijo de Dios como el Papa y el rector de los Jesuitas, era el de ser el primero que en Suramérica había nacido con la conciencia de la música cósmica; que él sabía la música de sus temas.

Y que aquí desea expresar lo que más ama de un modo ligero; mostrarlo en estilo de bailarín, porque “lo que pesa no es amable”:

—Las cosas serias dílas con alas de paloma, es el primer deber estético.

Y añade que en el estudio de los gatos, las señoritas y sus propios instintos, había querido imitar los métodos de los naturalistas, aplicándolos al arte literario.

Sostiene que en SALOMÉ dice cosas trascendentales y que no lo parecen" (Salomé).

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"Pensé en escribir mis confesiones para aligerarme. Siento mi niñez, juventud y edad madura" (Salomé).

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"Vine a este cafecito del Puerto Viejo a escribir. No ceso de admirarme de no tener amigos" (Salomé).

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8. Libro de los Viajes o de las Presencias:

"Soñé despierto con esos papeles, y veía ya en mis manos el primer ejemplar del librito empastado en rojo oscuro, casi negro, y que cabía en el bolsillo de la chaqueta. Todo libro debería caber en el bolsillo; hay que llevarlo, tiene que ser manual, para leerlo al pie de los árboles, al lado de las fuentes, en donde nos coja el deseo. Un libro bueno tiene que ser manoseado, vivir con uno, pasear con uno. En fin, este amor ilegal por los libros se apoderó de mí y no me dejó dormir, como una muchacha que hubo en casa, cuando yo era joven..." (Libro de los Viajes o de las Presencias).

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"Ambiente del libro.

Al regresar a mi tierra y gente me sentí como en casa y me di nuevamente a callejear, caminar por la carretera, sentarme en las barrancas y en los cafés de las aceras, para atisbar agonías, entierros y mujeres, que son mi vocación. Primero son las agonías; segundo, los entierros; tercero, las muchachas y, como si en ellos estuviesen estos temas, los tipos como idos, que se quedan por ahí parados, mirando sin ver y de quienes la gente se aparta desde lejos y dicen que vinieron no se sabe de dónde y les atribuyen todo lo que les asusta y presienten. Son agonizantes. En realidad, las cuatro son una sola vocación" (Libro de los Viajes o de las Presencias).

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"En estas iba, cuando se levantó, y yo me apresuré a hacer lo que tenía proyectado: pagar yo. Y cuando me dijo: adiós González, le respondí: adiós maestro, y no me abandone, porque tengo necesidad de usted. Noté que se fue con menos disgusto. Lo de maestro, se lo dije porque siempre he sabido que uno se ama infinitamente a sí mismo. Y lo otro, se lo dije porque sé que nada me comunicará mientras crea que yo le busco para publicar libros, pues cuando Ml SIMÓN BOLÍ VAR, me dijo:

—¿Eres tú eso? Ya te veo como pavo real al oír las preguntas: ¿Qué libro prepara ahora? Tú eres de la ralea de los que viven de la curiosidad de los señoritos, señoritas, dactilógrafas. Perteneces a la industria floreciente en yanquilandia, cuentos, escándalos, manjares sápidos para paladares pervertidos. ¿Qué tiene que ver eso conmigo? Yo anoto o converso para conocer, y creí que tenías la angustia del espíritu y que te sería útil.

Por eso le dije que tenía necesidad de él" (Libro de los Viajes o de las Presencias).

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9. Tragicomedia del Padre Elías y Martina la Velera:

"DEDICATORIA
A
Fernando de Rojas de Montalbán
y a
Juan Pablo Sartre

Aquella mañana, Fabricio Sacristán, el idem y acompañante de toda la vida del Padre Elías, había ido a bañarse al Rincón, remanso que forma el río Cañafístol al recibir y ser empujado por la quebrada Circe, en el lugar en que el caminito de Entremontes desemboca también en la carretera que conduce a Medellín por un lado y a Cañafístol, por el otro.

En la tienda y fonda “La Fe y la Esperanza” le entregaron a Fabricio una carta muy vieja, venida de Salónica. Era de unos sabios judíos, sefarditas cristianos, entre los que vive hace tiempos Lucas de Ochoa, quien estuvo algún tiempo en Entremontes y conversó con Fabricio.

Entre otras cosas decía la carta:

“Se trata del certamen para premiar la mejor tragicomedia de LA VIDA. El premio será un viaje a vivir con los Padres Antiguos”. “Incitamos a vuestra merced a participar, movidos por lo que aconteció con V.M. a uno de nosotros que habitó en los Andes, en Entremontes, y nos informó de la escena vivida con vuestra merced el día en que lo llevara a la sacristía a mostrarle y enseñarle el Judas Iscariote tallado en guayacán por don Florín, teniendo por modelo al Juancho Palacio, prendero de Las Alfardas”. “El premio no lo conocerá vuestra merced, si lo obtuviere, sino en PRESENCIA, o sea, realmente. ¿Entiende? Por eso, el librito debe ser editado allá, y nosotros lo sabremos. El Lucas de Ochoa, (1) (Ver nota más adelante) que mora entre nosotros, dícenos que cuando eso de la sacristía, sospechó que vuestra merced era el que daría la versión andina de la Tragicomedia de Calixto y Melibea de que hoy tiene necesidad la gente. En fin, ¿entiende vuestra merced? Si no entendiere, vuestra Merced no es el mismo que enantes vivió en Montalbán”.

Fabricio recordó instantáneamente que en la biblia del Padre Elías, escritas en las hojas en blanco que le hizo agregar al hacerla empastar de nuevo, y en las márgenes de ella, había muchas apostillas del Cura, breves las unas, prolijas las otras, en que se repetía mucho este nombre: LA NOVELA. Recordó o se le hizo patente también que esas apostillas eran su lectura y meditación constante y diligente y que estaba segurísimo de que el Padre Elías era el hombre que sabía más de LA NOVELA, tanto, que su gran anhelo era el acabar con las novelas, para que cada uno estuviese atento a LA NOVELA que en él se representa y vive, pero, ¡ay, con vida inconsciente y vergonzante!- Vio clarísimamente que su apego al Padre Elías y su asombro ante él acaban de centuplicarse al leer la carta de los sefarditas.

—Eso, si logro realizarlo, puede que, o es seguro que se gane el premio de ir a vivir con los Padres Antiguos...

Y siguió así: . . . . . . . . .

—Pero ésta es la tentación de vender al que es como mi verdadero padre; esto es como los treinta denarios de la tentación... Pero, nó; será regalo divino para todos, hará conocer en el mundo a este tesoro entremontesino... ¿No es deber cristiano el colocar la vela en el candelabro?... Además, en la Curia no ven con buenos ojos ese vivir patente del pobre Padre Elías, y no están a gusto con sus pláticas y, si a él pasare algo, yo soy el que lo sostendrá... y ¡eso de realizar mi traslado del nudo andino a la patria de Los Padres!

Así fue como nació este librito. Fabricio escogió de entre las anotaciones de la vieja bilbia, para darle comienzo al movido drama, precisamente las hechas el mismo día en que le escribieron desde Salónica, que son las que tratan del encuentro del Padre Elías con la muerte de su primo, el abogado de Entremontes, Palillo Elías, y el encuentro con las manos de Martina la Velera, momento propicio entre todos para el movimiento, como lo son esos viaductos parabólicos que tienen las carreteras, que despiertan en los automovilistas la conciencia del movimiento y evitan que se enerven.

—Así, decíase Fabricio, la novela se irá patentizando y no será yo el que la imagine. ¡Viva! Lo otro son novelas. Tengo fe en la novela que es el Padre Elías" (Tragicomedia del Padre Elías y Martina la Velera).

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"Y, para terminar, explicaré cómo hube estos manuscritos y personaje del drama: así como hay que atisbar en el silencio de las noches para ver las estrellas viajeras, yo me he dado a atisbar en soledad, y he recibido en casa la visita de misteriosos viajeros. No hay tal soledad; lo que así llaman es precisamente la compañía y viceversa" (Tragicomedia del Padre Elías y Martina la Velera).
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"(1) Nota:

Este Lucas de Ochoa es una de las presencias o de las personas que suelen visitar al autor. Los libros Mi Simón Bolívar y el de Los Viajes o Presencias fueron redactados y publicados durante visitas suyas al autor, y puede decirse en tal sentido que él es el autor.

Apenas el Lucas de Ochoa partió para el cercano oriente, el autor fue visitado por el padre Elías y Fabricio, los cuales (apenas ahora principia a entreverlo) fueron enviados por aquél.

Por eso es por lo que se dicen esas cosas en el prólogo acerca de la compañía que nos llega cuando nos abrimos en soledad y ese enigma de que La Soledad es La Compañía y la compañía es la soledad.

No son uno solo el autor, Lucas de Ochoa, el padre Elías y Fabricio en el sentido de “una persona”, pero en el lenguaje del entendiendo se dice que los cuatro son representaciones de un inteligible; en “la ciencia” dicen “múltiple desdoblamiento o descomposición del yo”.

Todo lo anterior muestra que todos somos un inteligible, al que llaman los padres antiguos Adán.

Con esta nota se pretende dar desde ahora una idea aproximada de la finalidad de la Tragicomedia, que es revelar que “esta vida” es oportunidad única y trascendentalísima en que toda veracidad, vigilancia y atención es poca para desempeñarse en ella humanamente; que eso de considerar a los demás como “otros” es apenas el punto de partida de “esta vida”... ¿Hay varias vidas? No. Es unitotal, pero en sucediendo o siendo infinito.

El autor no espera que esto lo entiendan, pero sí que lo entenderán después, y ya hay muchos que lo entienden, pero no se ven. Cuando úno principia a entender esto, se hace invisible para “este mundo”, que es a lo que llaman “morir”.

Hay que advertir que hay descomposiciones del yo patológicas, que suceden por lesiones en la apariencia fisiológica.

“Prueba evidente”, como dicen en “la filosofía perenne” de que Fabritius, el padre Elías y Lucas de Ochoa no son el autor, es que éste quiso y quiso enviar la Tragicomedia a un concurso y aquéllos no se lo permitieron, convenciéndolo de que, si la enviaba, se perdería en el camino, o la perdería el jurado, o, en último caso dirían: “No se tiene en cuenta por imbécil”, y ya le parecería imbécil al autor, que es precisamente el castigo de no obedecer a los dioses: en presencia negativa, así como el premio es en presencia positiva. Pero ellos y yo somos uno solo, pues viven aquí y hablan por mí. El que no sepa esto, no sabe quién sea... Y yo no sé que hoy lo sepa alguien sino los que lo están siendo. Así, Martín Heidegger no sabe aún qué sea arte; va muy bien, por su camino, pero hasta que viva el misterio del segundo nacimiento nada sabrá; ¿Juan XXIII? Parece, pero lo tienen “encerrado en el Vaticano”. ¡Sartre está en... la nada! Bellísimos análisis, pero no ve la salida: No quiere ver La Puerta; la niega, que es el modo de cerrarla, porque no está en el mundo mental; el que pretende abrirla con llave que no es, la cierra del todo. La Puerta es úno mismo. Cristo es úno mismo vacío. Dioses somos" (Tragicomedia del Padre Elías y Martina la Velera).

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Lector Ludi por Iván Rodrigo García Palacios se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.