6 de septiembre de 2015

Lector Ludi No. 79: El bosque de los hombres-libro


Giuseppe Arcimboldi, El bibliotecario.


"-¿Cuántos son ustedes?
-Miles, que van por los caminos, las vías férreas abandonadas, vagabundos por el exterior, bibliotecas por el interior. Al principio, no se trató de un plan. Cada hombre tenía un libro que quería recordar, y así lo hizo. Luego, durante un período de unos veinte año, fuimos entrando en contacto, viajando, estableciendo esta organización y forzando un plan. Lo más importante que debíamos meternos en la cabeza es que no somos importantes, que no debemos de ser pedantes. No debemos sentimos superiores a nadie en el mundo. Sólo somos sobrecubiertas para libros, sin valor intrínseco." (Ray Bradbury, Farenheit 451).


Lector Ludi No. 79
Iván Rodrigo García Palacios
I. El bosque de los hombres-libro


Hay "hombres y mujeres-libro", hay "hombres y mujeres-literatura", pero, también hay "hombres y mujeres de El Libro", son tres especies diferentes sin otra relación de que la tercera es la predadora de las dos primeras. Los libros de los que aquí se trata, son tanto los de formato digital como los de papel.
"Los hombres de El Libro". Son aquellos que ven, sienten y se gobiernan a sí mismos, a los otros y al mundo, por lo que está escrito en El Libro que, según ellos, les fue dictado por su dios y fue copiado por los profetas con la expresa orden divina de someter a todos, hombres, mujeres, niños y al mundo, a sus dictados, bajo una obediencia absoluta a consta de perder la vida temporal, porque la espiritual ya les ha sido anulada. Y, para ser congruente con el motivo de este escrito, son ellos los que condenan a la hoguera a los libros, a sus autores y a sus lectores.
"Los hombres y mujeres-libro". Por el contrario, son la manifestación humana y cultural de la característica más asombrosa del universo y de la materia viva: la diversidad, la variedad, la multiplicidad. Son tantos "hombres y mujeres -libro" como hombres y mujeres hayan deseado ser lectores y sentir y vivir y pensar con la diversidad, multiplicidad y variedad, que ofrecen los libros, algo así como el infinito de las posibilidades o la comunidad de los hombres y mujeres libres e iguales para ponerlo en esos términos tan trascendentes y caros a los filósofos, los científicos, los artistas, en fin, para los intelectuales (los que usan el intelecto), etc. Pero y para los efectos del juego que propongo, "los hombres y mujeres-libro" son aquellos personajes de las obras de la literatura universal, que su existencia, dentro de la narración o el poema, está determinada por un libro o los libros o el ámbito de los libros, como ya se explicará y mostrará más adelante.
Como también el asunto es con la literatura, existen autores que pareciera que la materia literaria de sus obras es precisamente la literatura y sus historias, personajes, situaciones, etc. están determinados por asuntos literarios y por los libros. A estos también es necesario abrirles una categoría propia y, en lo posible, diferenciada de las otras aquí tratadas. Y esos son "los hombres y mujeres-literatura". Por ejemplo, los narradores que escriben sobre asuntos literarios o sobre escritores o profesores de literatura o bibliotecarios o libreros o coleccionistas de libros, etc., como personajes de sus novelas y relatos que existen en función de la literatura y de los libros. Por ejemplo, los casos de Nikos Kazantzakis en Zorba el Griego y de Lawrence Durrel en El cuarteto de Alejandría, esta última, una novela en la cual los personajes escritores escriben sobre los mismos personajes y situaciones de la novela, los que, a su vez, leen lo que los otros personajes escritores han escrito para así investigar y escribir sus propias novelas como parte de la narración en sus novelas.
El ejemplo por excelencia de esta categoría es Jorge Luis Borges, por obvias razones. Otro, más reciente, sería el español Enrique Vila-Matas, al que menciono en esta introducción vinculado por el recuerdo de Roberto Bolaño, un narrador excelso de personajes "hombres-libro". Ya se hablará de todos ellos.
¡Ah!, por supuesto y para hacer un homenaje a Giordano Bruno y a su Arte de la memoria y sus vínculos mágicos, también quiero llamar la atención sobre ese asunto de la memoria que antes fuera un arte y que ahora ni se sabe qué es, pero que, como están las cosas por el lado de las neurociencias, la memoria es cada vez más lo que somos de lo que somos. En fin, un tema para pensar. Pero lo digo para justificar el no hablar en este inventario de aquellos personajes de la historia que tenían por oficio repetir con exactitud aquello que memorizaban, como Funes el memorioso de Borges, que en la realidad son más bien personajes de circo.
Pero y como homenaje y motivo, en esta tradición de la memoria hay que recordar a aquellos que recuerdan los libros de otros para contarlos a otros. Mejor dicho para justificar el no hablar explícitamente de los precursores de "los hombres y mujeres-libro" de la novela de Ray Bradbury y de la película de François Truffaut, Farenheit 451, que me motivaron a escribir esto.
Visto así, este parece un tema muy serio y solemne, que es precisamente lo que no quiero que parezca. Así que para proponer algo más frívolo y lúdico, me propongo, junto con mis amigos Lectores Ludi, ir catalogando o inventariando, que no listando, porque el propósito es dar una pequeña reseña y explicación de cada item, de aquellos personajes de la literatura cuya existencia en cada obra esté determinada por uno o por varios o por los libros en general o por alguna situación relacionada, conectada o correspondiente con los libros, porque para el caso, esos son también "los hombres y mujeres-libro", pero, habitantes en un libro: bibliotecas y bibliotecarios, librerías y libreros de libros nuevos y viejos, coleccionistas y mercaderes de ediciones "raras", buscadores de libros perdidos, tal el caso excepcional de Poggio Braciollini o Poggio el Florentino, el escribiente en el Vaticano y secretario del Papa Juan XXIII que en 1417 descubriera en un monasterio alemán un manuscrito de la obra perdida de Tito Lucrecio Caro, De rerum natura, con lo que trasformó el mundo de las artes, las ciencias y las filosofías de la época y de ahí en adelante, tal y como lo narra Stephen Greenblatt, en su novela El giro. De cómo un manuscrito olvidado contribuyó a crear el Mundo Moderno. Porque eso es lo que los libros y "los hombres y mujeres-libro" hacen: crear un mundo, el mundo.
En fin, como este es un ámbito inmenso, diverso, múltiple y variado, pareciera que las categorías y las definiciones generales o universales y hasta particulares, son apenas posibles, tal y como es en la vida. En consecuencia y para ser congruente con el propósito del juego y dado que, en esas condiciones, cada caso parece ser único, me limitaré a lo anunciado: ir presentado cada caso y que cada quien realice las agrupaciones, ordenamientos, organizaciones y catálogos que desee. Yo iré ofreciendo los míos. Este es un juego de búsquedas y encuentros y que cada cual se ocupe de ir añadiendo nuevos items al juego.
***
Aquí se hace necesaria una explicación. Este juego comenzó por el recuerdo, esa memoria de los sentimientos, de la re-lectura a la novela de Ray Bradbury, Farenheit 451 y, luego, de volver a ver la película que realizara François Truffaut, a lo que se sumó la facilidad con la que las actuales tecnologías permiten revisar aquellos materiales y materias que emergen de nuestros recuerdos y verificar su certeza.
Así pues que consulté en internet las palabras clave y me encontré con un video de una de las escenas finales de la película y del libro, en la cual se presentan "los hombres-libro" y que en la película son mostrados paseando por un brumoso bosque con el acompañamiento de la música compuesta por Bernard Herrmann para la película. Escena en la que se explica, al igual que en la novela, que el propósito de esos "hombres-libro" es la preservación y salvación de los libros, porque el gobierno del mundo los ha declarado peligrosos para la sociedad y se ha propuesto incinerarlos todos, junto con sus autores y lectores.
Una parte del drama de este final de la película y del libro, está en que Guy Montag, uno de los más acérrimos y exitoso incinerador de libros y perseguidor de sus poseedores y dueños, es asaltado por la duda sobre la bondad de su actividad, porque Clarisse, su joven vecina, le pregunta si ha leído alguno de los libros que quema y él, luego de leer uno, es afectado por una trasformación que lo lleva a incorporarse a la causa de los preservadores y en esa escena es el momento en el que está siendo presentado a la comunidad de "los hombres-libro" e informado de su funcionamiento.
Así que, pensando en que la realidad actual es más perversa en contra de la existencia de los libros y de su función en la vida de la humanidad, sus comunidades y los individuos, porque, si bien ya poco se queman físicamente los libros, aunque si se persigue y reprime a los autores y a los lectores, su destrucción está siendo peor, porque los libros, los de papel como los digitales, están siendo convertidos en objetos insulsos e inútiles y vanos y frívolos, junto con todo lo que ellos representan: el conocer, el sentir, el imaginar, el pensar, el anhelar, etc., todo aquello que es y representa ser humano: el Espíritu o el anhelo de futuro.
Es cierto, ya no se queman los libros, porque estos se resisten a desaparecer por ese método de destrucción y porque, aun quemados y mientras existan "los hombres-libro", como Aves Fénix, renacerán de sus cenizas. Siempre, en algún lugar una memoria olvidada se preserva.
Por eso, lo trágico, es que ahora lo que se destruye y se degenera es algo esencial: el deseo de la lectura, ese deseo que es la esencia de lo humano, según Spinoza, otro "hombre-libro" y generador de innumerables "hombres-libro". Ese mismo deseo que ahora las neurociencias están demostrando que es el motivo que hace decidir y actuar a los humanos y a toda la materia viva. Ese deseo que ahora está siendo manipulado para que los humanos deseen someterse al dominio de ...
Mejor dicho, como están las cosas, la lectura y la escritura, como tales y no como simplemente saber leer y escribir, están en peligro de extinción. Si ya nadie siente ese deseo de ser lector y escritor, no habrá reproducción de lectores y de escritores y el destino de la humanidad quedará así en las manos de "los hombres de El Libro", o sea, de la esterilidad emocional, imaginativa, intelectual, espiritual. Algo así como la reproducción artificial y controlada de hombres y mujeres en serie y a la carta ... Y así, la humanidad se convertirá en otra especie más, domesticada y doméstica, sobre la tierra, como alguna vez lo narró Aldous Huxley en su novela Un mundo feliz.
***
Ante ese escenario de dogmas, superstición, miedo, terror, ignorancia, se me ocurrió que había que hacer algo, así fuera la simple y sencilla acción de un hombre-libro y Lector Ludi, solo ante los poderes del mundo, pero que busca la complicidad de sus amigos para sembrar una semilla del deseo de la lectura.
Para empezar, había que recuperar el poder de esa mínima recompensa que la lectura ofrece al lector: el poder de jugar, la lectura lúdica. Con el juego vendrán el placer, la alegría, la sensualidad, la imaginación y eso que llaman creatividad. El juego, al igual que la risa, disuelve los dogmas, los miedos, las supersticiones, la ignorancia. El juego, como el deseo, es una expresión natural de la vida.
Fue por ello que propuse este juego: catalogar o inventariar con una buena y mínima descripción y explicación, a "los hombre y mujeres-libro", así como a "los hombres y mujeres-literatura" que recordáramos de nuestras lecturas o aquellos que descubriéramos de otras o por ajenas lecturas. Pero sólo por el placer de jugar y de desear ... a tener futuro.
He aquí y reseñados al gusto y modo, tanto los que he propuesto como los que han propuesto aquellos amigos que respondieron la invitación a participar en el juego.


1. Ray Bradbury, Farenheit 451
y la película del mismo nombre de François Truffaut
En primer lugar y como homenaje, "los hombres-libro" de la novela de Ray Bradbury, Farenheit 451, y la película del mismo nombre de François Truffaut, una de cuyas escenas finales fue el título y el motivo para este juego y que, al mismo tiempo, muestra como dos formas de arte asocian sus expresiones. Estos son algunos de "los hombres-libro" mencionados en la novela:
"Nosotros tenemos memorias fotográficas, pero pasamos la vida entera aprendiendo a olvidar cosas que en realidad están dentro. Simmons, aquí presente ha trabajado en ello durante veinte años, y ahora hemos perfeccionado el método de modo que podemos recordar cualquier cosa que hayamos leído una vez. ¿Le gustaría algún día, Montag, leer La República de Platón?
-¡Claro!
-Yo soy La República de Platón. ¿Desea leer Marco Aurelio? Mr. Sirnmons es Marco.
-¿Cómo está usted? -dijo Mr. Simmons-.
-Hola -contestó Montag-.
-Quiero presentarle a Jonathan Swift, el autor de ese malicioso libro político, Los viajes de Gulliver. Este otro sujeto es Charles Darwin, y aquél es Schopenhauer, y aquél, Einstein, y el que está junto a mí es Mr. Albert Schweitzer, un filósofo muy agradable, desde luego. Aquí estamos todos, Montag, Aristófanes, Mahatma Gandhi, Gautama Buda, Confucio, Thomas Love Peacock, Thomas Jefferson y Mr. Lincoln. Y también somos Mateo, Marco, Lucas y Juan" (Ray Bradbury, Farenheit 451).


2. Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha
El más famoso, célebre y conocido de "los hombres-libro" e inspirador de muchos otros "hombres-libro" más, es don Quijote, veamos por qué:
Primero. Don Quijote es "el hombre-libro" más conocido, porque enloqueció por "leer libros de caballerías":
"Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda. Y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos" (Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha, I, cap. I).
Segundo. El autor del libro en la novela es un autor inventado por el autor y el que es, a su vez, un escritor de una tradición y disciplina de escritores:
"La historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo" (Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha, I, cap. IX).
Tercero. En la historia se habla de otro libro con las aventuras del mismo personaje pero de otro autor, pero con una versión espuria del personaje y de la historia:
"Llegóse en esto la hora de comer; comieron juntos don Quijote y don Álvaro. Entró acaso el alcalde del pueblo en el mesón, con un escribano, ante el cual alcalde pidió don Quijote, por una petición, de que a su derecho convenía de que don Álvaro Tarfe, aquel caballero que allí estaba presente, declarase ante su merced como no conocía a don Quijote de la Mancha, que asimismo estaba allí presente, y que no era aquél que andaba impreso en una historia intitulada: Segunda parte de don Quijote de la Mancha, compuesta por un tal de Avellaneda, natural de Tordesillas" (Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha, II, Capítulo LXXII ).
Cuarto. Visto lo anterior, Don Quijote de la Mancha es un libro de libros: uno, el libro escrito por Miguel de Cervantes; dos, el libro escrito por Avellaneda y tres, el libro que al final y según la propia declaración de Cide Hamete Benengeli, el autor de ficción, fue escrito por su pluma "fantástica", la misma del cálamo de la tradición islámica en la que se inserta Don Quijote , según lo explica la portorriqueña Luce López Baralt y como lo dice el propio Cide Hamete:
"Y el prudentísimo Cide Hamete dijo a su pluma:
[...]
Para mí sola nació don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo escribir; solos los dos somos para en uno, a despecho y pesar del escritor fingido y tordesillesco que se atrevió, o se ha de atrever, a escribir con pluma de avestruz grosera y mal deliñada las hazañas de mi valeroso caballero" (Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha, II, Capítulo LXXIV ).
Además, Don Quijote de la Mancha es un libro que fue escrito para condenar los libros de caballerías
[...] todo en él es una invectiva contra los libros de caballerías” (Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha, Prólogo, I).
Y no para finalizar, pero para abrir un pasaje: hay que considerar el infinito de libros y escrituras que se han hecho sobre Cervantes y su don Quijote. O los que ha inspirado. O, las re-escrituras que ha provocado, para ir más allá y adelantarme y mencionar a Jorge Luis Borges, "el autor-literatura" por excelencia, autor del cuento: Pierre Menard, autor del Quijote.


3. Elias Canetti, Auto de fe
Y hablando de los libros que inspirara Don Quijote, el de Elias Canetti, Auto de fe, el que su autor reconoce y certifica haber escrito teniendo a don Quijote como uno de los modelos de su personaje, Peter Kien, otro "hombre-libro" que también enloquece por tanto leer y el que quema y se quema con su gran biblioteca. A diferencia de don Quijote que si se salva, pero no sus libros "políticamente incorrectos", de la quema de libros que hicieron su sobrina, el cura y demás.


4. Otro "hombres libro" y una "mujer-libro
En la misma senda de los anteriores, otro personaje que enloquece de tanto leer es el doctor Nahum Fischelson, el personaje de Isaac Bashevis Singer en su relato: El Spinoza de la calle Market. Este es hombre de un sólo libro: la Ética de Spinoza. Libro y hombre y filósofo que ha inspirado las más asombrosas trasformaciones y mutaciones en la cultura y en los mismos hombres y mujeres que lo han leído.
Y para que no se considere machista esta inquisición, otra categoría corresponde a las mujeres, mujeres-libro, de las que el personaje más emblemático es Emma Bovary, en la novela del mismo nombre, de Gustave Flaubert, a la que sus lecturas de novelas románticas afectan profundamente hasta la perdición y el suicidio, esas terribles locuras de la moral cristiana.
***
II. "Los hombres y mujeres-libro" de mis amigos


Como este es un juego con mis amigos y en vista de que sus respuestas no sólo aportaron excelentes items, sino que también estos atrajeron desde el recuerdo a otros tan representativos como todos los demás.
La primera respuesta a mi invitación, fue la del amigo Abelardo Gómez, quien propuso dos muy buenos especímenes.
El primero, el personaje, escritor y narrador, de la novela Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino.
"La empresa de tratar de escribir novelas «apócrifas», que me imagino escritas por un autor que no soy yo y que no existe, la llevé a sus últimas consecuencias en este libro. Es una novela sobre el placer de leer novelas; el protagonista es el lector, que empieza diez veces a leer un libro que por vicisitudes ajenas a su voluntad no consigue acabar. Tuve que escribir, pues, el inicio de diez novelas de autores imaginarios, todos en cierto modo distintos de mí y distintos entre sí: una novela toda sospechas y sensaciones confusas; una toda sensaciones corpóreas y sanguíneas; una introspectiva y simbólica; una revolucionaria existencial; una cínico-brutal; una de manías obsesivas; una lógica y geométrica; una erótico-perversa; una telúrico-primordial; una apocalíptica alegórica. Más que identificarme con el autor de cada una de las diez novelas, traté de identificarme con el lector..." (Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero).
El otro, un delicioso personaje al que hacen los libros. Se trata de Daniel Sempere, hijo de un librero viudo, al que su padre "inicia" en "los misterios" de El cementerio de los libros olvidados, un lugar "oculto" en el que niño encuentra la novela, La sombra del viento, la que propiciará todo su proceso de "iniciación y transición" de niño a joven, el que se desarrolla y realiza en ese ámbito de los libros y las aventuras en una Barcelona "negra". Daniel Sempere es el personaje de la novela y saga de Carlos Ruiz Safón que comienza con la novela titulada, precisamente, La sombra del viento.


1. Las propuestas de Jaime Flores Mesa
Las propuestas de Jaime, en un principio sencillas, tuvieron el encanto de desatar una posterior tormenta de vínculos mágicos de esa memoria inventada por Giordano Bruno, en la que fuimos construyendo todo un mundo de "hombres y mujeres-libro", junto con "autores-literatura".
Vamos por orden: En la primera respuesta a la invitación, propuso a García Madero y su amigo, Ulises Lima, su amigo, a su vez poetas, los personajes que en la novela de Roberto Bolaño, Los detectives, buscan a la mujer-libro y poeta, Cesárea Tinajero, perdida en algún lugar desconocido del desierto de Sonora en México.
A esta primera respuesta siguió otra abundante y maravillosa. En primer lugar, proponía al personaje-narrador de las novelas-biografía del escritor colombiano y antioqueño, Fernando Vallejo, El mensajero, sobre la vida del poeta, también antioqueño, Porfirio Barba-Jacob. Y la novela, Almas en pena, Chapolas negras, sobre la vida del poeta bogotano, José Asunción Silva.
Por esos vínculos mágicos de la memoria, lo anterior atrajo el vínculo con el narrador de Fernando Vallejo en El río del tiempo y otras novelas sueltas, ese conjunto de novelas-biografía, el cual se me parece a Del tiempo y el río, la extensa novela-biografía de Thomas Wolffe, el novelista del Sur y no el periodista del Nuevo Periodismo y novelista del Norte cuyo nombre es sólo Tom.
Así se explica y además agrega tras propuestas el amigo Jaime:
"Y para la lista no sé si concuerdes en incluir al narrador de las novelas de Fernando Vallejo, es decir, él mismo, sobre todo el de las biografías de Barba Jacob y Silva. Y como en su obra ya los límites entre ficción y realidad se desdibujan, el propio Vallejo es o fue un hombre-libro que se hizo personaje literario. Tengo otros candidatos para la lista: Guillermo de Baskerville, de El nombre de la rosa, y los tres amigos intelectuales de otra novela de Eco, El péndulo de Foucault: Belbo, Casaubon y Diotavelli; el Doctor Fausto, de Goethe, que ya debe estar en tu lista; el cura Ibacache, de Nocturno de Chile (Bolaño). Por el momento esos mientras mi memoria se reajusta".
En correo posterior, Jaime incluye en sus propuestas a otros ejemplos excelsos de "hombre-libro" y "autor-literatura". El uno, Leopoldo Bloom, el personaje de Ulises y su autor James Joyce, novela escrita sobre los rastros de la escritura de Homero y de un número no precisado todavía de otros escritores, para parodiar la definición de palimpsesto de Borges:
(Un texto)... "En el que deben traslucirse los rastros -tenues pero no indescifrables- de la "previa" escritura de nuestro amigo" (Jorge Luis Borges, Ficciones).
A manera de otra digresión, habría que explorar la conexión de James Joyce con Italo Svevo y su novela La conciencia de Zeno y su burla del psicoanálisis. Una burla profética hecha en los años 20 cuando el seudocientífico negocio de Freud apenas estaba empezando a causar los primeros dislates y desastres.


El otro ejemplo propuesto por Jaime y como para equilibrar la equidad de género, La Maga, ese radiante personaje y "mujer-libro" de Julio Cortázar en Rayuela, novela de "hombres-libro" y de un "autor-literatura" por excelencia.
Sin embargo, de su primera respuesta surgió otro vínculo mágico de la memoria. Y fue el de otras dos novelas de Roberto Bolaño, Nocturno de Chile y su personaje, el cura Ibacache, ya mencionado y el otro, más asombroso, de 2666 y sus personajes.
Para empezar, el personaje principal de 2666, es Benno von Archimboldi, del que no me atrevo a decir que sea el protagonista. En la novela, Benno von Archimboldi es un escritor alemán más bien desconocido pero con un buen número de novelas publicadas que difícilmente se conseguían en las librerías de las principales ciudades o se encontraban en las estanterías de las bibliotecas de las universidades europeas. Además, Archimboldi ha desaparecido y su búsqueda será el motivo de la actividad de los cuatro académicos literarios que quieren encontrarlo para consagrarlo junto con los trabajos de investigación y divulgación que sobre su obra han realizado, hasta apropiárselo y competir 'a muerte' por tal propiedad y leyenda con otros críticos y académicos.
Archimboldi sólo aparece en la acción de la novela justo al final y en el momento en el que se dispone a desaparecer en un viaje a México. Me parece que esta desaparición es una referencia a la poeta desaparecida de Los detectives salvajes, como también al desconocido y desaparecido B. Traven, escritor alemán autor de la novela en la que se basa la famosa película El tesoro de Sierra Madre, dirigida por John Huston y protagonizada por Humphrey Bogart. B. Traven, que es uno de los seudónimos atribuidos al escritor, fue motivo de leyendas en el ámbito de la literatura mexicana y estadounidense, por los misterios alrededor de su vida y de su real existencia.
Lo cierto es que la conexión entre B. Traven y Benno von Archimboldi, aun va más allá, pues ese es el seudónimo de Hans Reiter, escritor alemán desaparecido en México. Pero esta genealogía es mejor explicada por otro de esos eventos mágico-virtuales. Si se busca en Google el nombre de Benno von Archimboldi, aparece en Wikipedia su perfil, al tiempo que se exponen algunas de sus posibles genealogías literarias, no exenta de asombros, pues se le relaciona, obviamente, hasta con el pintor Giuseppe Arcimboldo:
(ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Benno_von_Archimboldi ).
Por esas circunstancias me parece que los verdaderos protagonistas y actores de la trama son los cuatro académicos literarios: Jean-Claude Pelletier , Piero Morini , Manuel Espinoza y Liz Norton:
"Para ella (Liz Norton) la lectura estaba relacionada directamente con el placer y no directamente con el conocimiento o con los enigmas o con las construcciones y laberintos verbales, como creían Morini, Espinoza y Pelletier" (Roberto Bolaño, 2666, Anagrama, Barcelona, p. 22).
En el asunto de "los hombres-libro", me cuesta decidir si tratar a estos cuatro académicos literarios como tales o, mejor, como "hombres de El Libro", pues me parece que la intención de Roberto Bolaño es satirizar la enseñanza académica literaria en las universidades europeas al anteponer como pedagogía una mecánica académica y una práctica competitiva a muerte por adueñarse de los autores y de publicar hipótesis, a cual más descabellada, sobre sus vidas y obras, en las que lo que menos importa es el autor y su obra, así como también poco importa la verdadera naturaleza de la literatura: ser un arte. Para universidades y académicos el asunto es de intereses personales y de negocios particulares.
Hablando de posibles genealogías, voy a proponer otras variantes del juego que estamos jugando. Es que Benno von Archimboldi me parece que se conecta con el personaje de Archibaldo Olson Barnabooth, de la novela de Valery Larbaud, otro personaje hombre-libro y otro escritor hombre-literatura, del que bien valdrá la pena tratar. Valery Larbaud fue quien divulgó he hizo reconocer en París a José Asunción Silva y a otros poetas y escritores latinoamericanos y españoles. Archibaldo Olson Barnabooth es el escritor y personaje que, junto con Bartleby, a su vez, se conectan con Bartlebooth, el nombre del personaje de la novela de George Perec, mencionada antes y de la que también hay que hablar.
Y es que, continuando por los lados de Bolaño, está su amigo y hasta mentor, el escritor español, Enrique Vila-Matas, un novelista que afirma y escribe:
"Yo creo que mis libros deberían ser vistos como lo que realmente siempre han sido: libros escritos por personajes de novela".
Las novelas y otras obras de Vila-Matas están hechas de literatura, de autores y de personajes, de "hombres y mujeres-libro", tal el caso de la novela El mal de Montano, esa enfermedad de convertirse en literatura y en la cual el narrador se firma con el matrónimo de Rosario Girondo y quiere encarnarse en un hombre-libro como si fuera una Biblioteca Universal y así formar parte de una sociedad secreta de conjurados contra los enemigos de lo literario. Casi como para decir que Vila-Matas es un autor-literatura, como también podría deducirse de su novela Bartleby y compañía, en la cual el narrador escribe un diario de notas y pies de página en su búsqueda de escritores que, como el personaje y escribano de la novela de Herman Melville, Bartleby, prefieren no hacerlo, es decir, prefieren no escribir o no volver a escribir (Rulfo, Rimbaud, Salinger ...), lo mismo que el narrador de la novela que investiga sobre ellos.
Vila-Matas es, a su vez, un admirador incondicional de Valery Larbaud:
"[...] Valery Larbaud, que hoy es mi escritor preferido" (Enrique Vila-Matas, El viento ligero en Parma).
Es por ello que ahora y con ese mismo doble sentido, estoy explorando a Valery Larbaud como hombre-literatura y a su bien elaborado hombre-libro: Archibaldo Olson Barnabooth, ese personaje cuyo apellido suministra una de las partículas del nombre de Bartlebooth, el personaje de La vida instrucciones de uso, de Georges Perec (la otra la aporta Bartleby el escribiente, el personaje de Herman Melville). Perec es otro hombre-literatura, que construye esa novela como un juego de referencias o de la hipertextualidad que dijera Genette. Esa novela de Perec me parece que es la única que viene acompañada de índices de nombres, analítico, de cronología, de referencias cronológicas y de algunas de las historias contadas en la novela, mejor dicho, algo así como una novela-tratado, a diferencia de tantas novelas-ensayo, como las de Milan Kundera o las de Jean Paul Sartre o las de Albert Camus o las mismas de Enrique Vila-Matas.
Y de paso, con Georges Perec habría que revisar la vida y obra de los integrantes del OuLiPo (acrónimo de «Ouvroir de littérature potentielle», en español «Taller de literatura potencial») del que también hace parte Italo Calvino y todo el potencial de esta literatura y sus hombres-literatura y no sé si alguno con alguna obra de hombres-libro.
Lo que me lleva a otro salto maravilloso. Dos hombres-libro, Bouvard y Pecuchet, los personajes de la novela del mismo título, de Gustave Flaubert, el mismo de esa fascinante "mujer-libro", Emma Bovary, "hombres-libro" que se llenan de información y literatura en su búsqueda de "lo último y lo máximo" en ciencias y cultura.
Y hablando de clásicos hombres-libro y hombres-literatura y para acabar de ajustar, poeta, el único de todo este catálogo o inventario, hasta el momento, otro favorito de Vila-Matas y de tantos más, el poeta de los más famosos heterónimos: Fernando Pessoa, un hombre-literatura multiplicado por cuatro hombres-libro. Y por mencionar, la novela de José Saramago, El años de la muerte de Ricardo Reis, uno de los heterónimos de Fernando Pessoa.
Claro que un inventor previo de heterónimos fue, en 1911, Valery Larbaud: X. M. Tournier de Zamble, el supuesto autor de la biografía y editor de la obra de Archibaldo Olson Barnabooth.
Queda también pendiente Umberto Eco, el novelista que escribe novelas para mostrar o demostrar alguna que otra teoría literaria y algunos de cuyos personajes bien pueden ser ejemplares hombre-libro.


2. Los descubrimientos del amigo Diego Firmiano
La respuesta de Diego Firmiano fue pronta y asombrosa, pues no sólo proponía un excelente hombre-libro, sino que también me descubría una deliciosa y joven novelista, con tantas novelas publicadas que no queda más que pensar de ella que es una mujer-literatura.
El personaje, Prétextat Tach, un hombre-libro que escribe libros en la novela de Amélie Nothomb, Higiene del asesino, que es a la vez el título de la novela autobiográfica del propio Prétextat Tach, en la que revela el oscuro secreto que motiva su escritura.
La novela, además, trata sobre la escritura, el escritor, el lector, mejor dicho, sobre la materia de los libros, las novelas y, por supuesto, una crítica a los críticos y a los lectores que leen sin leer o que son tan cortos de imaginación e intelecto que sólo leen lo que quieren leer y no hacen el mínimo esfuerzo por desvelar lo que el escritor escribió en clave hermética:
"-Pues claro. Sabe usted, siempre hay un puñado de ociosos, de vegetarianos, de críticos nocivos, de estudiantes masoquistas o incluso de curiosos que llegan a leer los libros que compran. Era a ese tipo de gente a la que quería poner a prueba. Quería demostrar que podía escribir las peores atrocidades sobre mí con total impunidad: este acto de autoacusación, como lo define usted con precisión, es rigurosamente auténtico. Sí, señorita, tenía usted razón de cabo a rabo: en este libro, ningún detalle es inventado. Se podrían, claro está, buscar excusas para los lectores: nadie sabe nada de mi infancia, no es el primer libro espantoso que escribo, cómo imaginar que haya podido ser tan guapo, etc... Pero yo afirmo que esas excusas no valen. ¿Conoce la crítica que leí en un periódico hace veinticuatro años referida a Higiene del asesino? «Un cuento de hadas rico en símbolos, una metáfora onírica del pecado original y, por ende, de la condición humana.» ¡Cuando le decía que me leen sin leerme! Puedo permitirme el lujo de escribir las verdades más arriesgadas, sólo verán en ello metáforas. No tiene nada de sorprendente: el pseudolector, acorazado en su escafandra, pasa con toda impermeabilidad a través de mis frases más sangrantes. De vez en cuando, exclama, satisfecho: «¡Qué hermoso símbolo!» Es lo que se llama la lectura limpia. Un invento maravilloso, muy agradable para ser practicado en la cama antes de acostarse; relaja y ni siquiera mancha las sábanas" (Amélie Nothomb, Higiene del asesino).
A manera de hipótesis descabellada: ¿Hace Amélie Nothomb una catarsis de su condición de mujer con el personaje y la historia de Léopoldine?
***
Me parece que es pertinente, pues me provocó gran placer, reproducir la respuesta y propuestas del amigo Diego Firmiano, pues él habla mejor por él mismo:
"Saludos Amigo
Enhorabuena por lo del gran Bradbury.
Y respecto al interesante catálogo que como empresa te propones y que esperamos tener un día completo no solo para leer sino para releer, propongo tres personas, sino personajes.
El primero es Khalil Gibran, que como sabemos, poeta, prosador, escritor, filosofo, pintor, centrado en su temática de la locura, el amor y las letras, terminó su obra al mejor estilo de Nietzche, es decir, al final de sus días considero la locura como el más bello resumen de su vida. Su obra Espiritus Rebeldes, nunca vio la luz enteramente, pues fue quemada en la plaza de su Beirut natal, al poco tiempo de su publicación. Fue por este libro que Gibran fue exiliado de su país y al mejor estilo de Spinoza, fue excomulgado de la iglesia católica Maronita. En su poética dice:
"Dijo entonces un maestro: háblanos del Enseñar. Y él respondió: "Nadie puede revelarnos más de lo que reposa ya dormido a medias en el alba de nuestro conocimiento".
El segundo que propongo es el escritor Pretextat Tach, personaje de Amélie Nothomb en su obra "La higiene del asesino", que murió en la hoguera de su fama. Hombre-libro por su capacidad de dejar su biografía oculta entre veintidós libros publicados y cuya vida es una metáfora:
"-¿ha vendido millones de ejemplares China, y eso no le ha hecho reflexionar?
-Cada día, las fábricas de armamento venden millones de misiles en todo el mundo, y eso tampoco les hace reflexionar.
-Eso no tiene nada que ver.
-¿Usted cree? El paralelismo, sin embargo, salta a la vista. La acumulación, por ejemplo: se habla de carrera armamentística, también debería hablarse de "carrera literaria". Es un argumento de peso como cualquier otro: cada pueblo enarbola su escritor o sus escritores como si fueran cañones. Tarde o temprano me enarbolarán, a mi también, y le sacarán brillo a mi premio nobel.
-Si lo cree así, estoy de acuerdo. Pero, gracias a Dios, la literatura resulta menos nociva.
-No la mía. La mía es más nociva que la guerra" (Amélie Nothomb, Higiene del asesino).
Y por último, quizá Antonin Artaud lo considero hombre-libro. Hermano patético de Van Gogh, con el que se identificó desde ese trabajo minucioso titulado: "Van Goh: un suicidado por la sociedad". Fue un escritor comprometido con la existencia; existencia que afrontó con todas sus consecuencias, descubriendo nuevas formas de crear arte, sobrepasando más allá de sus límites. No sólo por la experimentación con el peyote, sino en su choque contra la guerra y el absurdo humano. Desde esas fronteras es que Artaud relaciona literatura y enajenación. Igual que los grandes hombres y mujeres de ideas a los cuales les han quemado sus escritos pero no sus ideas. La hoguera es un intento por quemas esas ideas, pero ellas no habitan en cuerpos sino en espíritus. Este escritor francés finaliza su viaje atormentado en el asilo de Rodez en 1948. Su locura y su censura lo ocultaron durante mucho tiempo, al punto que en su Francia natal, es muy poco conocido como escritor, poeta y dramaturgo.
Por lo demás, no sé si cabría dentro de la categoría de "hombre-libro" el italiano Emilio Salgári o la poeta china Li Qingzchao.
Amigo, por ahora está es mi propuesta de "hombres-libro".
Un abrazo y a la espera de sus buenos comentarios".
***
Y, para corresponder, también trascribo una parte de mi respuesta:
Diego
Ya llegará el momento en el que organice las respuestas, propuestas y encuentros que sobre los hombres-libro estoy tratando de elaborar como catálogo o inventario pero nunca como otra lista más. Y digo catálogo o inventario porque, a diferencia de las listas, ofrecen o permiten una descripción y alguno que otro comentario que sería bueno hacer sobre uno u otro o todos los items acumulados para que los amigos Lector Ludi continúen con el juego de agregar nombres, descripciones y comentarios al gusto. Las respuestas y propuestas recibidas han sido y han ido en ascenso de calidad y cantidad.
Ahora al otro asunto. Si bien tus propuestas y sugerencias son deliciosas e intrigantes, sólo una se acoge a la regla original: se trata sólo de personajes, protagónicos o secundarios de novelas, cuentos, relatos o poemas que son hombres o mujer-libro por el sólo hecho de ser hechos de libros, es decir, que su existencia en la obra se debe a que su existencia es libresca, porque, como don Quijote, son a la vez personajes de un libro que se anuncia o se narra o se publica en la narración y porque el motivo de su existencia es la lectura que los nutre o los enloquece o la escritura que los hace o la investigación de critica literaria que los disecciona. Son válidos los personajes que cumplen una u otra condición o varias o todas las anteriores u otra similar, como es el caso de tu propuesta de Prétextat Tach, un hombre-libro como personaje que escribe libros en la novela de Amélie Nothomb, La higiene del asesino. Las novelas o cuentos sobre escritores es una buena categoría.
Entre otras cosas, Amélie Nothomb me era desconocida hasta el momento de tu noticia y con ella me sucedió una hierofanía, como con tantas escritoras y tantos escritores cada vez más recientes que no he leído, porque mi catálogo de lecturas cada vez se hace más hacia atrás y muy poco o casi nada hacia adelante (para eso son los amigos jóvenes que nos hacen voltear a leer a futuro). Además, Amélie Nothomb podría integrar la subespecie de mujer-literatura, es una escritora prolífica con una abundante producción novelística publicada.
En cuanto a Khalil Gibran y Antonin Artaud, son dos asombrosos escritores y quizás hombres-literatura, como lo son tantísimos otros y otras que, me parece, merecen un catálogo o inventario propio y particular. Estos serían una especie única y particular que se corresponderían con las características que propuso Borges y que están consignadas en la cita de Gerard Genette que te cité hace algunos días ...


3. Jairo Hernán Uribe Márquez muestra que por la Cruz del Sur
la cosa es de genética literaria
En un poco más de un par de siglos, en la Argentina se ha desarrollado y evolucionado una literatura propia a partir de las cepas europeas. Eso es lo que muestra el amigo Jairo Hernán Uribe Márquez con su aporte a este juego.
Propone Jairo Hernán:
"[...] a 'Adán Buenosayres', el protagonista de la novela homónima de Marechal.
Y no porque Adán, el personaje central, estuviese leyendo algún libro en especial. Sino por su dedicación a la escritura y cuidado de dos cuadernos: el 'Cuaderno de Tapas Azules' y el 'Viaje a la oscura Ciudad de Cacodelphia'. Éste ultimo (si usted lo ha leído y recuerda) cierra el ciclo de Adán con un bibliotecario y una increíble 'Casa de libros'."
Además de lo que dice Jairo Hernán, se me ocurre decir algo descabellado y recordando la muy antigua lectura de Adán Buenosayres, que este "hombre-libro", también y además de lo que lo han ponderado los críticos literarios y escritores como Julio Cortázar, hace una parodia de su tiempo, ese tiempo de las polarizaciones políticas, sociales, religiosas, literarias y todo lo habido y por haber. En las literarias, como que en Buenos Aires se confrontan a fondo los escritores de las tertulias de Bodeo y La Florida y sus posiciones y compromisos ideológicos.
Pero, con su propuesta, Jairo Hernán, muestra que la evolución, selección cultural y las muy particulares mutaciones de la literatura argentina no son un asunto de bastardías, sino una muy legítima herencia de las tradicionales culturas europeas evolucionadas durante los años de la Colonia y la Independencia, hasta generar su propio patrimonio y herencia.
Y es que en este asunto de "los hombres y mujeres-libro" y "los hombres y mujeres-literatura", los especímenes argentinos han sido, además de fantásticos, asombrosos y maravillosos. Para sólo mencionar los grandes padrones del siglo XX: Macedonio Fernández, Oliverio Girondo, Leopoldo Marechal y Jorge Luis Borges.
Y como el aporte de Jairo Hernán atrajo la atención sobre una literatura en particular, tal la de La Cruz de Sur, es necesario también evidenciar que por aquellos lados de pampas y gauchos, no sólo hubo padrones, sino también matrices. Voy a mencionar dos, las que, por coincidencia fantástica o asombrosa, nacieron el mismo año con un mes de diferencia, 1892 en marzo y mayo, respectivamente: Juana de Ibarbourou y Alfonsina Storni, dos excelsas poetas y "mujeres-literatura". Para que no se diga que ignoro a las mujeres, aunque si reconozco que me faltan casi todas.
***
III. Los hombres y mujeres-literatura


¿Otra variante al juego inicial la de los hombres y las mujeres literatura?. Y, como la literatura "es inagotable", por supuesto, habría que empezar por Jorge Luis Borges, el hombre-literatura por excelencia. Él llevo ese el juego hasta el infinito con la especial característica de que su literatura está hecha de literatura y hasta de re-escritura e hizo de obras apócrifas de la literatura su fuente de referencias y de las enciclopedias un genero narrativo más que fantástico, asombroso, un Aleph. O, ¿será ese ojo de la mente del que habló Giordano Bruno hecho literatura?
Lo que nos lleva a lo que dice Gérard Genette en Palimpsestos. La literatura en segundo grado (Taurus, Madrid, 1989, p. 497) y, por supuesto, a Borges:
"La memoria, dicen, es «revolucionaria» -a condición, claro está, de que se la fecunde y de que no se limite a conmemorar-. «La literatura es inagotable por la razón suficiente de que un solo libro lo es» (438). Este libro no basta sólo con releerlo, sino que hay que reescribirlo, aunque sea como Ménard, literalmente. Así se cumple la utopía borgiana de una Literatura en transfusión perpetua -perfusión transtextual- constantemente presente a sí misma en su totalidad y como Totalidad, en la que todos los autores no son más que uno, y en la que todos los libros son un vasto Libro, un solo Libro infinito. La hipertextualidad no es más que uno de los nombres de esta incesante circulación de los textos sin la que la literatura no valdría ni una hora de pena. Y cuando digo una hora ... ".
(438) Otra vez (por supuesto) BORGES, Enquétes, pp. 307 Y 244.
(Nota página 325:
(286) 1932; trad. fr., Gallimard, 1966; supongo que podría decirse lo mismo de Inquisiciones (1925), que Borges suprimió de su catálogo y que es inencontrable. Recuerdo que Enquétes (Gallimard, 1957) es la traducción de Otras inquisiciones, 1937-1952).
Y como de juegos se trata, los juegos no tienen ni límites ni otras reglas que las que el mismo juego se marca.
La especie de "los hombres y mujeres literatura", de la que ya he mostrado algunos especímenes más atrás, es aquella de los autores de obras, que como en el ejemplo excelso de Jorge Luis Borges, realizan sus obras con materiales de literatura (en el caso de otras artes y otros artistas, con materiales de sus respectivas artes).
Para ponerlo en el contexto de la genética literaria que implica la cita de Gérard Genette, en las obras de estos artistas se pueden rastrear los elementos de un ADN que no sólo los emparienta, sino que muestra el proceso evolutivo, de selección y de mutación artístico, a través del cual se engendra, gesta y produce una nueva obra de arte.
Una vez abierta esta nueva especie: la de "los hombres y mujeres literatura" ... suspendo esta escritura hasta tanto les proponga este otro juego a mis amigos. Ya nos volveremos a encontrar para descubrir esos territorios de las maravillas literarias que hacen que el espíritu sea.
***
Y como el juego apenas empieza, que aquel que quiera jugar, lo haga, bien aquí o bien con sus amigos ... como en Farenheit 451:
"Al principio, no se trató de un plan. Cada hombre tenía un libro que quería recordar, y así lo hizo".
Yo, por mi parte, quisiera recordar Los heroicos furores de Giordano Bruno.

1 comentario:

martiniano dijo...

Querido Ivancho: el juego es infinito y antiquísimo: los espejos enfrentados, las cajas chinas, las muñecas rusas. En eso consiste en últimas el oficio literario : una historia dentro de otra. Al final los lectores somos apenas otra puntada del tejido.
Quizás el mejor ejemplo sea el arte de la fuga en música : una pieza que solo puede avanzar volviendo sobre sí misma: el canon cangrejo le dicen a eso.

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Lector Ludi por Iván Rodrigo García Palacios se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.