8 de abril de 2013

Lector ludi No. 68: ¿Humanización o desnaturalización?


Goya, El aquelarre


Lector Ludi No. 68
Iván Rodrigo García Palacios


¿Humanización o desnaturalización?


"Mi buen señor Milo ¿qué me dice usted? Aprenda usted a hablar, hablar y hablar; lo demás vendrá por sí. Hable usted ex abundantia cordis, ab irato, in abstracto, o como sea, pero hable, hable y hable, eso es todo. Usted mismo se asombrará al ver cómo las ideas le vendrán conforme vaya hablando, cómo surgirá en usted la ciencia y lo llevará a todas las profundidades sapienciales. Generalmente, no sabrá usted lo que está diciendo y eso es porque estará inflamado por el fuego de la inspiración. Siempre convendrá que aprenda de memoria algunas expresiones que valen para todo. Hay que hablar mucho, por ejemplo, de la finalidad del arte, del ideal...". "- Mi querida Pipi, ¡qué verdad más grande me dijo aquel hombre! ¡Que presta acudió a mí la sabiduría a la vez que la palabra! He visto en el espejo cómo mi frente, arrugada de por sí, se pone elegantemente tersa cuando hablo del ideal, el arte o los poetas que no entiendo..." (E. T. A. Hoffmann, Reporte de un educado joven, Carta de Milo, un educado mono, a su amiga Pipi en Norteamérica, 1810).
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"[...] por primera vez en mi vida, me encontraba sin salida [...] Había tenido hasta entonces muchas y ahora no tenía ninguna. Estaba atrapado. Si me hubieran sujetado con clavos, mi libertad de movimiento no hubiera sido menor [...] no tenía salida, pero la tenía que conseguir porque, sin ella, no podía vivir [...]; entonces dejé de ser mono [...].
Temo que no se entienda puntualmente lo que yo entiendo por salida. Uso la palabra en su sentido más habitual y pleno. No pienso en ese gran sentimiento de libertad por los cuatro costados. Quizás lo conocí como mono y he conocido hombres que lo añoran [...].
No; yo no quería libertad. Sólo una salida; a la derecha, a la izquierda, a donde fuera; no pedía otra cosa; aunque la salida no fuera más que un chasco; la petición era pequeña, así que el chasco no sería mayor. ¡Salir adelante, salir adelante! [...]. Visto desde aquí , me parece como si, al menos, hubiera adivinado que tenía que encontrar una salida si quería vivir, pero que esa salida no se conseguía mediante la huida. Ya no sé si la huida era posible, pero creo que sí; a un mono le tiene que ser posible la huida siempre [...].
[...] Se me fue haciendo claro un objetivo elevado. Nadie me prometió que, si me volvía como ellos, se me liberaría del grillete [...] Repito; no me atraía imitar a los hombres; los imité sólo porque buscaba una salida, por ningún otro motivo.
[...] Ay, uno aprende cuando hace falta; uno aprende cuando quiere una salida; uno aprende sin piedad [...] Merced a un empeño que hasta ahora no se ha repetido sobre la tierra, he alcanzado la formación media de un europeo. Tal vez eso no sea, en sí, gran cosa; pero algo será, cuando me ayudó a salir de la jaula y me procuró esta salida especial, esta salida humana [...]" (Franz Kafka, Informe para una academia, 1917).
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Hasta el comienzo de la civilización como proceso de trasformación y domesticación de la naturaleza, el cuerpo del Homo-Humano evolucionó y se adaptó acorde con las condiciones y tiempos de la necesidad. A partir de allí, la evolución cultural impuso sus condiciones y ritmo, la humanización, pero, al mismo tiempo, el cuerpo se desnaturalizó, es decir, la evolución natural no ha podido adaptar el cuerpo con la velocidad necesaria que le imponen la naturaleza y necesidades desarrolladas por la cultura.
Lo aterrador es que, a medida que la evolución de la cultura se acelera, se acelera también la desnaturalización del cuerpo y, lo peor, se incrementa la violencia con la que se le impone la cultura.
Mitos, leyendas, fábulas, relatos, cuentan de dioses y hechiceros que se trasforman en animales, de humanos que absorben el espíritu de animales, de humanos que se trasforman en animales y viceversa, de animales que hablan y se comportan como humanos, en fin, existe una extraña fascinación cultural por la humanización y la animalización que quizás explique el miedo a aceptar que el humano es animal antes que humano y que, tener conciencia, pensamiento e inteligencia, es sólo cuestión de sentir y sentirse, de tener sentimientos y memoria, lo demás viene por añadidura: saber reconocerse en un espejo o saber usar un objeto como herramienta o saber hablar, leer, escribir, sumar y restar, etc.
La diferencia entre el animal y el Homo-Humano, es que este último evolucionó hasta poseer un cerebro con la capacidad de desarrollar una memoria de más largo plazo, así como la capacidad de conservarla, extenderla y trasformarla, en el espacio y en el tiempo, más allá de su propio cuerpo (sentimiento, imaginación, pensamiento y cultura), en un cuento maravilloso y aterrador. Maravilloso, porque el animal se hace humano. Aterrador, porque el humano se pretende dios y como dios, se empeña en desnaturalizarse.
Para mi gusto, humanizarse es ingresar desde la naturaleza a ese mundo que el Homo-Humano se ha inventado. Desnaturalizarse, es excluirse de la naturaleza, pretender ser superior a ella, lamentarse de haber perdido el paraíso y sentirse atrapado en un mundo extraño y ajeno.
No debiera ser así. El Homo-Humano, antes que humano, es animal y como tal, antes que excluirse de la naturaleza, debe, como lo hiciera en tiempos remotos, humanizarse, hacerse humano en y a partir de la naturaleza. Al fin y al cabo, la naturaleza es tan maravillosa que, por aun desconocidos procesos, fue capaz de generarlo y producirlo. Los mismos procesos que algún día, también, lo trasformarán ... En qué, cómo y por qué, son las preguntas que se intenta responder, no siempre de la mejor manera.
Para el asunto que me interesa, humanizarse no es buscar una salida de la naturaleza, sino, desde la misma naturaleza, alcanzar la naturaleza humana: la materia que siente, se siente, actúa, recuerda, imagina, piensa, se expresa y anhela (el espíritu es el anhelo de futuro). La materia que crea una memoria de sí misma 1.
Es esa memoria la que se humaniza o se desnaturaliza. Y se desnaturaliza cuando el Homo-Humano, al humanizarse, destruye el vínculo con la naturaleza, el de la primera memoria, la del sentir, la del sentirse y la del sentimiento (placer, dolor, desear, imaginar, anhelar), y en su lugar, violenta la creación de otra memoria, la memoria de la cultura, la del hablar y la del comportarse (pensar), algo extraño, ajeno, artificial.
Los conceptos se originan en el sentir, en el sentirse y en los sentimientos y no al contrario. Sentir, sentirse y sentimientos, son las conexiones y correspondencias que establece el cerebro entre sus propias sensaciones, las sensaciones que percibe por los estímulos internos y externos, a partir de las y los cuales desarrolla la memoria del cuerpo, es decir, la mente y, por consecuencia, las demás memorias, los recuerdos, el pasado, el presente y el futuro, la organización sensorial del espacio y del tiempo. De esta manera, el cuerpo es la medida de todas las cosas.
Por ello, cuando la cultura sustituye la sensación y los sentimientos, como principios del sentido, el significado, para imponer el concepto, destruye el vínculo con la naturaleza y, lo que era real, deja de serlo para convertirse en idea, en representación y el mundo deja de ser mundo sensorial y sensual, sustituido por el mundo artificial de la representación de lo sensible, sin las originales conexiones y correspondencias con los estímulos y las sensaciones y, por lo tanto, sin conexiones ni correspondencias con la naturaleza del cuerpo, un Homo-Humano escindido, disociado y aterrorizado, es decir, esquizofrénico, porque se le ha escindido naturaleza de inteligencia y se le ha puesto contra un abismo insalvable y aterrador, se le ha convertido en paranoico. Así se forjan los guerreros (esquizofrenia y paranoia en sus etimologías originales).
Ese es el Homo-Humano habitante de un mundo abstracto, sin conexiones ni correspondencias con el mundo natural, concreto, sensual, es como los monos de Hoffmann y Kafka.
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Como lo propuso Spinoza: "La mente humana es la idea del cuerpo humano" 2. Entonces, es a partir del cuerpo que el Homo-Humano se conoce y conoce. El cuerpo es el punto de partida, fundamento y desarrollo de todo conocimiento. Antes que pensar, el Homo-Humano siente, se siente y tiene sentimientos. En consecuencia, si ese sentir, sentirse y tener sentimientos, no se desarrollan adecuadamente, la adquisición y desarrollo del conocimiento del Homo-Humano, será inadecuado, es decir, el Ser y Estar en el mundo del Homo-Humano será del tamaño, espacio, peso y duración, así como del color, olor, sabor, sonido y tacto, de como lo aprehendió, aprendió, comprendió y desarrolló, en el cerebro. Y, en consecuencia, el desarrollo de los sentimientos.
El conocimiento es lo que le da sentido (sensaciones, entendimiento y sentimiento) al Ser y Estar en el mundo. El cuerpo del Homo-Humano evolucionó hasta desarrollar un cerebro que desarrolla una mente que es la memoria del cuerpo, en la cual se conservan, organizan y manejan los recuerdos.
Ahora bien, si esa memoria y esos recuerdos no se desarrollan adecuadamente a partir de las sensaciones y sentimientos, porque se les impone y sustituye por conceptos, el conocimiento será un vacío mecánico sin correspondencia con el Ser y Estar en el mundo, porque los conceptos los desplazan y remplazan, no por recuerdos sentidos, sino por significados. Antes que ser concepto, el mundo fue sensación. El concepto, antes que ser significado, fue sentido. Después, el concepto será lo que sea.
Ahora bien, el concepto es un código para la organización y manejo (comprensión, interpretación, etc.) del espacio y del tiempo de la memoria. Un código que se elabora con palabras, números, etc., y que permite su conservación y desarrollos.
A manera de ejemplo, el cuerpo, la mente, está en el mundo y por los sentidos se ubica en el espacio y en el tiempo, los percibe, los siente, los organiza y los maneja: placer y dolor, luego les da nombres y significados para manejarlos, desarrollarlos conservarlos y expresarlos, en su existencia sensorial y racional.
Si la mente del Homo-Humano ha percibido, sentido, organizado, en su memoria mental, el placer y el dolor, el espacio y el tiempo, de manera adecuada, es decir, como un placer y un dolor, un espacio y un tiempo, que ni física ni emocionalmente son ni un enemigo ni un amigo ni un algo para conquistar, domesticar, destruir o un algo aterrador al que se ha sido desterrado desde un hipotético paraíso (¿si existe vida después de la muerte, existió antes del nacer?). Si ese algo es un espacio y tiempo en los que se siente placer o dolor según se perciba, sienta, organice y maneje la ubicación y la duración, con ello se codifica la memoria y con el manejo de los recuerdos buscará y descubrirá lo que le es bueno o le es malo en lo desconocido, así construirá el Ser y Estar en el mundo con la única certeza de principio y fin.
Es a partir de esa única certeza que los Homo-Humanos inventan los códigos, ese es el primer código: tiempo y espacio referidos al placer y al dolor. Luego vendrán los códigos del existir, de las ciencias, de las artes y, por supuesto, de lo sobrenatural, que es aquello que antes fue "lo desconocido" y que después se codificó en cosmogonías y teologías.
Los Homo-Humanos inventan códigos para conocerse, conocer y explicarse su sí mismo y el mundo que los rodea, para preservar la memoria de ese saber 3 y para relacionarse entre si.
Los Homo-Humanos inventan códigos a partir de las percepciones y sensaciones que les provoca la Naturaleza y, partiendo de ésta como modelo, organizaron, manejaron y preservaron la memoria para así conservarla, expresarla, compartirla e interpretarla.
Un código es un sistema articulado de signos o señales o símbolos, etc., mediante el cual se establecen o se asignan significados particulares o generales a los mismos o a la combinación de varios de ellos o a los resultantes de estas combinaciones y así sucesivamente, hasta alcanzar el límite de tales combinaciones.
Un código llega a su límite cuando el sistema que lo forma ya no es capaz de asignar y establecer significados para organizar y explicar los fenómenos y es necesario ajustar o inventar otro código.
Pero, ¿qué sucede cuando la mente aun no ha sido codificada?
Antes de que la mente sea codificada, con y por los códigos de la cultura, el conocimiento del Homo-Humano, de sí mismo y del mundo que lo rodea, es un conocimiento sensorial y sensual cuya única referencia son las sensaciones, es lo que se ha denominado un "conocimiento total", pero ese es otro asunto.
Lo que si es cierto, es que todo Homo-Humano es el resultado de sus propios códigos biológicos y genéticos, los que se expresan de forma particular en cada individuo. Así como que también cada individuo será inscrito por y en los códigos de la cultura. Pero, lo asombroso, es que cada individuo también creará con esa codificación significados y sentimientos propios y particulares con los que se se conectará y expresará en la comunidad de su especie.
Al final de cuentas y por más que se pretenda homogeneizar y estandarizar a la humanidad, cada Homo-Humano es único, exclusivo, irrepetible e intransferible.
Y, ¿la humanidad?, es la mezcla de todas las diferencias que anhelan el futuro: el Espíritu.

1 La materia posee memoria físico-química y en la materia viva (bios) esta memoria es biológica, genética, metabólica, fisiológica. Son las mismas memorias que luego el cerebro interpreta y convierte en imágenes sensoriales, las que la mente expresa en sonidos, signos, señales, símbolos, etc.: la cultura.
2 Como lo definía Spinoza y las modernas neurociencias lo están demostrando, mente y cuerpo son atributos paralelos, manifestaciones de la misma sustancia (Ética, parte I), para luego agregar:
"PROPOSICIÓN XIII
"El objeto de la idea que constituye el alma (mens) humana es un cuerpo, o sea, cierto modo de la Extensión existente en acto, y no otra cosa" (Spinoza, Ética, II, Proposición XIII).
3 Conocer y saber son dos actividades diferentes pero relacionadas.

1 comentario:

martiniano dijo...

Hola, viejo. Mi abuela Ana María utilizaba la expresión "desnaturalizado" para referirse a las inconsecuencias y abusos del prójimo. Sospecho que apuntaba en la misma dirección de tus inquietudes.

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