28 de agosto de 2011



Michel Onfray y "el traje"
de Freud y el psicoanálisis

Iván Rodrigo García Palacios
¡El emperador está desnudo!
Lo mismo que en el célebre cuento, El traje del emperador, Michel Onfray desnuda las patrañas e intrigas de Freud y de su "sacrosanta iglesia psicoanalítica" y se arma un gran alboroto.
Para reseñar mi lectura del libro de Michel Onfray, Freud. El crepúsculo de un ídolo (Taurus, México, 2011), primero quiero contar una historia.
A comienzos del 2008, alguien me pidió que le ayudara a corregir el texto de un proyecto de trabajo con el que pretendía optar a ser aceptado en el doctorado de filosofía de la Universidad de Antioquia y en el cual se proponía un análisis al diálogo platónico Fedón con el propósito de demostrar algo así cómo que Freud es una reencarnación de Sócrates.
Confieso que era algo así, pues, durante el tiempo que duró la colaboración, no pude entender de qué realmente se trataba, así que opté por sólo hacer corrección de estilo y, además, con un grupo de sus amigos, traté de impulsarlos a desarrollar la lectura y la escritura como un punto de partida para formarse y expresar ideas a partir de una propia idea. Aquello terminó en un conflicto de irreconciliables modos y maneras (muy al estilo freudiano de las sociedades de los psicoanalistas).
Sin embargo, de todo naufragio se rescatan cosas útiles y, de entre ellas, dos me fueron de gran beneficio. La primera, me obligó a realizar una exploración más detenida sobre la evolución de las ideas filosóficas. La segunda y la más importante, me permitió conocer el Proyecto de psicología 1895/1950, ese extraño texto en el que Freud proponía una psicología como ciencia natural.
Como desde hacía muchos años mantenía una relación de desconfianza y crítica sobre Freud, su psicoanálisis y de todos y de todo lo que de allí partía, hice una primera exploración sobre el origen, la historia y el contenido del Proyecto de Freud, la cual comuniqué, el 9 de abril de 2008, al presunto demostrador de la reencarnación de Sócrates en Freud, sin ninguna consecuencia aparente.
Algún tiempo después, en el segundo semestre de 2010 y a comienzos de 2011, volví a interesarme por aquella comunicación y realice una segunda exploración, esta vez, un poco más amplia y mejor complementada, cuyos resultados publiqué el 12 de enero de 2011, con el título de Imposturas de Freud, 1 y 2, en mi blog (lectorludi.blogspot.com), en donde pueden leerse.
Nada extraordinario, hasta ese momento, esos textos eran los productos de la mente de un solitario viejito que se entretiene, divierte y entusiasma, escribiendo los resultados de sus juegos de Lector Ludi.
Pero y he aquí, ahora sí, lo extraordinario.
Resulta que cuando escribí mi primera aproximación al Proyecto de Freud, ya Michel Onfray debió estar esculcando en la maraña de la vida y la obra de Freud, de cuya investigación publicó en francés, a mediados del 2010, su libro: Freud. El crepúsculo de un ídolo, provocando un inmenso pogrom en su contra por parte de los papas, cardenales, obispos, curas, sacristanes y monaguillos de la "sacrosanta iglesia psicoanalítica", la francesa y las de otras provincias del mundo. Los mismos y las misma que, como puede leerse en la bibliografía del libro de Onfray, ya habían salido mal librados del pogrom que desataron en 2005, contra El libro negro del psicoanálisis: vivir, pensar y estar mejor sin Freud, el cual, entre otros, motivó a Onfray para escribir su libro. Pogrom que tenía sus antecedentes en el informe de febrero de 2004 del Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia que demostraba que el psicoanálisis ocupaba, muy lejos, el último lugar en éxitos terapéuticos relacionados con la psicoterapia, mientras que las terapias conductistas cognitivas (TCC), ocupaban el primer lugar.
El libro de Onfray fue publicado en español en abril de 2011 y a mis manos y ojos llegó el 5 de agosto de 2011.
Y, ¡oh asombro! Onfray, guardadas inmensas diferencias y en proporciones mayúsculas, demuestra los mismos asuntos que yo me había encontrado en mis exploraciones y, por supuesto, muchos más, para mi regocijo...
Excepto por un punto, el que me cobro con gusto: entre las fuentes, de las que Onfray muestra que Freud medró para apañar su psicoanálisis, se le escapan dos que considero tan importantes como todas las demás y que merecen un más amplio estudio:
La primera, el libro Psyché de Carl Gustav Carus, en el que este postula un "inconsciente" tanto de condición psicológica como biológica. Ese es el mismo libro que Dostoievski pidió a su hermano y estudió inmediatamente fue liberado de Siberia y antes de escribir sus grandes novelas:

"Recién liberado de su prisión siberiana, Dostoievski solicita a su hermano que le envié, junto con una significativa lista de libros, "el Carus": Psyche, que le era un libro familiar y conocido desde mucho antes, tanto para él como para su hermano" (Joseph Frank, Fiódor Mijáilovich Dostoievski, Los años de prueba, 1850-1859, biografía, Fondo de Cultura Económica, México, 2010, p. 244).

El filósofo y psicólogo alemán, Carl Gustav Carus (1789-1869), fue uno de los precursores en la teorización del inconsciente, al que consideraba subjetividad y naturaleza. Un inconsciente que era tanto natural como espiritual. Esos asuntos incidirán de manera notable en la naturaleza psicológica y espiritual de los personajes de las grandes novelas de Dostoievski
¿Leyó Freud, como lo hizo Nietzsche, las novelas de Dostoievski, pero para inspirarse en sus habilidades narrativas al presentar sus famosos y ficticios casos de curación psicoanalítica? ¡Vaya a saberse!
La segunda, el libro Interpretación de los sueños y hechicería (1866), de Theodor Gomperz (1832-1912), filólogo y filósofo austriaco que fue amigo de Freud y de quien su esposa e hija fueran pacientes del "diván". Esta obra debió servir a Freud para inspirarse en aquello que del mago y de la magia él le aplica al psicoanálisis, tal y como Onfray lo muestra.
Así que y en ese contexto, parece que no llegué tan tarde al pogrom de enanos y gigantes organizado por "la sacrosanta iglesia psicoanalítica" contra Onfray, del que, con toda seguridad, saldrá todavía más apaleada.
Por lo que he leído en el libro y sobre el libro de Michel Onfray, constato que se queda corto en sus acusaciones y que no es una aventura para denunciar los fraudes y las imposturas personales y teóricas de Freud y las posteriores de sus secuaces y seguidores, sobre lo que ya bastante tinta ha corrido.
Pero, la desesperada reacción de los psicoanalistas y su institución, si demuestra que están ante un melodrama, pues para ellos y parodiando al Nietzsche que Freud tan rotundamente niega haber leído, tienen que aceptar que "Freud ha muerto" y el psicoanálisis también ... por más que lo reformen o lo resuciten. Poco más pueden ver enanos y gigantes en el oscurantismo.
Y, de mi parte, es compasión y nunca odio (para Roudinesco y los demás).
Los psicoanalistas (de todos los pelambres), como los buenos sectarios fundamentalistas, defienden a su mesías-fundador, a su institución y a sus creencias, así como a sus bolsillos, acusando, tergiversando y estigmatizando a quienes los denuncian, porque, hasta el momento, no han podido demostrar nada en su defensa.
Ellos, al igual que los fanáticos de las religiones institucionalizadas y de los partidos políticos unanimistas, son maestros del engaño y el disimulo, así como efectivos inquisidores que dirigen sus acusaciones contra los defectos y los errores superfluos del acusador para así ocultar el meollo de la acusación y justificar su exterminio. Así lo hicieron con Bruno, Spinoza, Galileo. Los errores históricos de Onfray y la historia de su vida, no son argumentos suficientes para invalidar las verdades esenciales de sus denuncias.
El haber vivido experiencias aterradoras y cometer errores, no deslegitima la verdad de Onfray. Y, al contrario, tener un prontuario delictivo, como el de Freud y el del psicoanálisis, si que desautoriza. Cualquier acción que los sectarios psicoanalistas emprendan, debe ser tomada, como mínimo, por sospechosa y peligrosa, al fin y al cabo, son delincuentes, así se burlen de la justicia.
Que se cuide Onfray de sus hogueras. Basta leer la lista de sus macabros detractores: que todos ellos "tienen rabo de paja".
No hay que confundir como un ataque personal contra Freud el que Onfray denuncie y exponga su prontuario delictivo, personal y científico, el que ya ha sido reseñado y juzgado en numerosas publicaciones, quizás no tan mediáticas.
Por fortuna y al fin, un personaje influyente y mediático como Onfray, amplificó el poder de las denuncias que desde hace un siglo se vienen haciendo en los ámbitos más discretos de las ciencias contra Freud y contra el pernicioso daño que el psicoanálisis ha causado y causa en los individuos, en la familia y en la sociedad.
No se puede seguir legitimando el que los acusadores y los débiles continúen cargando y pagando las culpas y condenas de los criminales, a los que, además, deben perdonar y pagar, que es lo que hace el psicoanálisis, al costo de altos honorarios.
Ojalá el libro de Onfray se convierta en "bola de nieve". Es mucho lo que todavía queda por denunciar. Es necesario erradicar de la cultura popular toda esta superchería freudiana de magias y ocultismos.
Para empezar, es necesario preguntarse: ¿Qué es el inconsciente? y qué son todos esos vanos y vacuos conceptos psicoanalíticos (sofismas como demuestra Onfray), antes que entrar en bizantinos debates sobre su existencia y validez, que es sobre lo que soportan e imponen sus dogmas todas las sectas fundamentalistas. El problema no es preguntarse por la existencia de dios, sino: ¿qué es dios? ... Acaso, ¿es Edipo?
Igual habría que preguntarse qué es la psicología, el psicoanálisis y el resto de esas ciencias metapsicológicas, a la luz de las neurociencias.
Es por ello que el hombre psicoanalítico de Freud (El porvenir de la ilusión) y el del psicoanálisis, crea y alucina con dioses metafísicos para que lo amen y lo protejan, porque nunca tuvo padres físicos que lo amaran y lo protegieran, como corresponde, sino que y por el contrario, siempre lo aterrorizaron o, simplemente, lo maltrataron y lo abusaron (nada que ver con la Teoría de la seducción). Vivimos en un mundo de dioses desmadrados y de padres desnaturalizados. Cualquier parecido con la realidad no es una mera coincidencia.
Al fin y al cabo, el psicoanálisis de Freud, Jung, Lacan y de todos los demás, ortodoxos y renegados, no es más que otra esquizoide ideología (toda ideología es esquizoide) con las que se justifica la perversidad del poder. Poder de cualquier tamaño, dirección y orientación, cuyo único principio es eliminar de faz de la tierra cualquiera otra visión del mundo. Luego se preguntan, ¿por qué la violencia?
Y, para concluir y resumir. Las denuncias de Michel Onfray contra Sigmund Freud y el psicoanálisis son sencillas y bien documentadas.
1. La verdadera biografía de Freud es un prontuario delictivo: penal, civil, moral y ético.
2. El psicoanálisis es una teorización filosófica de la biografía de Freud con imposibles pretensiones científicas y con la cual él buscaba justificar sus perversiones.
3. Como terapia psicológica, el psicoanálisis es inútil y por lo tanto no cura nada.
4. Por supuesto, las diez contrapostales que Onfray expone al comienzo de su libro.
Y, al final, Onfray también demuestra que Freud es otro más de esos antifilósofos de los tiempos de la Ilustración, es el hombre de la anti-razón y de la sin-razón: el pastiche caricaturesco de "hombre de las Luces" que se inventaron Freud y sus secuaces, el mismo al que pretendía contribuir el psicoanalítico fulano de mi cuento con la reencarnación de Sócrátes en Freud.
En fin, Onfray propone el ejercicio de la necesaria investigación con la cual desmontar la maquinaria de desinformación de "la sacrosanta iglesia psicoanalítica" con el fin de desvirtuar las falsas leyendas sobre Freud y su psicoanálisis y el psicoanálisis que es lo que los secuaces del psicoanálisis se han esforzado en perpetuar como herencia sagrada.
Siendo congruentes, es entonces necesario "matar al pater Freud" y a "su hijo, el psicoanálisis", pero no para devorarlos, según su Edipo, porque pueden renacer de la materia fecal, sino para "sublimarlos" con el fuego prometeico, pues así será posible volver a vivir en paz con el mundo, con el sí mismo y con el cuerpo.
¡Leer para saber!

1 comentario:

martiniano dijo...

Ese es el problema- común a todas las sectas que en el mundo han sido- de convertir en verdad revelada y por lo tanto inapelable lo que en principio son las opiniones, agudas o vanas, de un mortal que se pregunta por alguna faceta de la existencia.
Sucedió lo largo del siglo XX con el marxismo, devenido iglesia por obra y gracia de exégetas que en lugar de someterlo a crítica optaron por el Gulag para eludir cualquier tipo de confrontación inteligente.
En el caso del sicoanálisis, sus propagandistas- ilustres unos, deslustrados otros- llevaron al terreno de la mente humana lo que sus pares comunistas quisieron hacer con la sociedad entera, es decir, reducir su asombrosa y por fortuna inabarcable complejidad, a una decena de lugares comunes conocidos en la jerga con el nombre de pulsiones, de modo que todo aquello susceptible de trascender esa noción queda de facto condenado al universo de las patologías, lo que nos pone de entrada a los mortales en manos de los iniciados, en este caso los sicoanlistas.
A propósito, comparto la anécdota de un viejo y querido amigo a quien un prosélito de la secta, preocupado al verlo poseído por una de sus periódicas depresiones que el hombre combatía con tragos de ron Caldas, lecturas de Antonio Machado y sonatas de Mozart, le recomendó visitar un sicoanalista famoso en el Eje Cafetero.
- " Ni loco que estuviera para ir por allá". Fue su lapidaria respuesta.

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