26 de mayo de 2010

Lou Andreas Salomé

Iván Rodrigo García Palacios

¿Por qué Así habló Zaratustra
es un poema enamorado?


Friedrich Nietzsche escribió Así habló Zaratustra como un poema épico-filosófico, pero también es un poema enamorado, porque Empédocles, enamorado de Cósima Wagner (1), se trasforma, por "el furor" (2) del enamoramiento (3), en Zaratustra enamorado de Lou Andreas Salomé.
Es un poema enamorado, porque fue una ofrenda de su enamoramiento por Lou Andreas Salomé, escrito para conquistar su corazón y su mente y porque es a ella, a la única, a la que quiere ofrendarle, además de su ferviente amor, una nueva Ética, una que le remplace a ella, en su vida y en sus pensamientos, la admiración que sentía por la obra de Spinoza, así como para recordarle los momentos y los asuntos de los que tanto hablaron y compartieron durante las noches y los días felices "del idilio de Tautemburg" (4), ese idilio que él, ilusionado, deseaba reinstaurar.

Días y noches felices que Lou recuerda así en su Mirada retrospectiva:

"En una de mis cartas a Paul Rée desde Tautenburg la del 18 de agosto, ya puede leerse: “Muy al comienzo de mi relación con Nietzsche le escribí a Maldiwa que éste era una naturaleza religiosa, despertando con ello la más fuerte resistencia de su parte. Hoy quisiera subrayar doblemente esta expresión” “Veremos el día en que se presente como heraldo de una nueva religión, y será entonces una religión que reclute héroes como discípulos. Cuán igual pensamos y sentimos al respeto, y cómo nos quitábamos cabalmente las palabras y los pensamientos de la boca. Literalmente nos matamos hablando estas tres semanas, y lo notable es que, de pronto, él soporta ahora charlar cerca de diez horas al día.” “Es extraño que con nuestras conversaciones vayamos a dar involuntariamente a los abismos, a aquellos lugares de vértigo a los que alguna vez uno ha llegado trepando solo, para asomarse a las profundidades. Constantemente hemos escogido los senderos de las gamuzas, y si alguien nos hubiese escuchado habría creído que eran dos diablos conversando".

Esta es una hipótesis descabellada que puede y debe ser demostrada a partir de las propias palabras, obras y biografías de los protagonistas y de los testimonios de aquellos cercanos a los eventos de esa época.
Para fundamentar este escrutinio, me acojo a lo que el mismo Nietzsche escribiera a Lou en su carta de Leipzig, posiblemente, el 16 de septiembre 1882:
"Mi querida Lou: su idea de reducir los sistemas filosóficos a los actos personales de sus autores es precisamente una idea de su "cerebro hermano" (otros traducen: "alma gemela"). En este sentido yo mismo enseñé historia de la filosofía antigua en Basilea y me agradaba decir a mis oyentes "este sistema está refutado y muerto pero la persona que se esconde tras él es irrefutable, a la persona no es posible matarla" - por ejemplo Platón" (D, p. 163) (5).

Y que luego vuelve a reafirmar en Más allá del bien y el mal:
"Poco a poco me he dado cuenta de lo que ha sido hasta el presente toda gran filosofía es una confesión de su autor, y una especie de memorias involuntarias y desapercibidas" (Más allá del bien y el mal, Sección primera. De los prejuicios de los filósofos).

Ateniéndome a estas palabras y porque muchas de las obras de los hombres son motivadas más por el ardor en la sangre que por el frío intelecto, es necesario entonces interpretar, como materias constitutivas, los eventos biográficos, los estados existenciales, los escritos y los testimonios que se presentaron y afectaron la vida de Nietzsche y que convergen y se conectan con la escritura de Así habló Zaratustra.
Algunas interpretaciones sobre tales asuntos ya las he realizado en otros de mis textos y a ellos remito al lector (6).
Ahora me concentraré en tratar de mostrar y demostrar los asuntos que inciden y determinan el que Nietzsche escribiera, además de un extenso poema épico-filosófico, un evidente poema enamorado. Un poema único y excepcional en el contexto de sus obras y extrañamente conectado con los dos enamoramientos que marcaron y determinaron su existencia, pensamiento, ideas y escritura.
Para empezar y como ya lo he propuesto en mis hipótesis descabelladas sobre el enamoramiento, uno de los poderes y efectos del estado de enamoramiento, es el de lograr que el enamorado como Ave Fénix se consuma en el "furor" de su fuego y renazca o resucite de sus cenizas como uno nuevo, pero el mismo hombre.
Eso podría explicar el por qué Nietzsche, enamorado de Lou, se renueva y renace y que es por ello que retorna a los recuerdos felices de aquellos tiempos y de aquellas obras que le significaron su transición de filólogo a filósofo: El nacimiento de la tragedia, La filosofía en la época trágica de los griegos y el fragmento de su drama Empédocles. Aquellos tiempos y escrituras de la época de su enamoramiento por Cósima Wagner, para, en ellos y en ellas, volver a encontrar la materia de un poema, uno nuevo que al fin generara el poema/drama que deseó escribir para Cósima, pero que esta vez será el poema para Lou: ya no Empédocles, si no Zaratustra.
Tanto el poema nunca escrito como Así habló Zaratustra, germinan y extienden sus raíces, tronco y ramas, desde aquellas antigüedades, las de antes de Grecia, las del nacimiento de la filosofía occidental y las del nacimiento de la filosofía alemana. La primera, la de los tiempos de Zaratustra. La segunda, la de los presocráticos y, en particular, la de dos filósofos poetas: Parménides y Empédocles. Y la tercera, la de los grandes poetas y filósofos, latinos, renacentistas, modernos y alemanes.
Con ellos, una extensa tradición de poemas y poetas-filósofos: Homero y los poetas griegos; Virgilio y los poetas y filósofos romanos y latinos; Petrarca, Dante, Bruno y el humanismo italiano; Descartes, Spinoza y aquellos del nacimiento de la modernidad. En la Alemania de los siglos XVIII y XIX, Hölderlin y sus poemas: Empédocles e Hiperion, así como otros tan posibles como discutidos, a lo que se suma una extensa lista de obras y autores de la poesía, la filosofía y las ciencias de la época. Y, por supuesto, un profundo y conflictivo sustrato bíblico.
Que Nietzsche quería escribir un poema épico y filosófico en esa época y en ese enamoramiento por Cósima, lo prueba el fragmento de su drama Empédocles, escrito en 1870.
Esto se explica, en parte, porque Empédocles es uno de los filósofos presocráticos del que, junto con Parménides, se conservan fragmentos de los poemas épico-filosóficos con los que expusieron sus ideas. Del primero Canto a la naturaleza y Purificaciones, del segundo, el Poema del ser. Filósofos, poemas e ideas que también marcarán el origen, el nacimiento, la forma y las ideas de Así habló Zaratustra.
Es por ello que, doce años después, en la primavera y en el verano de 1882, y ya enamorado de Lou, Nietzsche, en el aforismo 342 de la Gaya ciencia, al fin contempla la Esfera del solitario sol de Empédocles, así como "la bien redonda verdad", el sol de Parménides, esa Esfera y ese "sol" a los que Zaratustra entona su canto inicial, el mismo canto que volverá a entonar al final de Así habló Zaratustra.
En el siguiente fragmento del Canto a la Naturaleza de Empédocles, citado por Simplicio, se presenta "el solitario sol", la Esfera, antes inmóvil y luego agitada:
"358. Fragmentos 27 y 31, Simplicio, in Phys. 1183, 28:
Eudemo entiende que la inmovilidad (sc. de la que Aristóteles habla en Phys. 252 a 9) se aplica a la Esfera en la supremacía del Amor, cuando todas las cosas están mezcladas —"allí ni se distinguen los rápidos miembros del sol", sino que, como dice "tan adherida está a la densa obscuridad de Harmonía, una esfera redonda, que se regocija en su gozosa soledad".
Pero, cuando la Discordia comienza a prevalecer, de nuevo, surge entonces, una vez más, el movimiento en la Esfera: «pues todos los miembros, uno a uno, del dios comenzaron a agitarse" (7).

Esa es la Esfera y ese es el "sol" que para Nietzsche son la unidad en el Amor de sus éxtasis amorosos de la primavera y el verano de 1882, y que luego, ya en el invierno de 1882-1883, al comenzar a agitarse, por la prevalencia de la Discordia, es la agonía de su fracaso amoroso con Lou.
Es así como nace el canto al "solitario sol" y comienza el ocaso de Zaratustra, cuando, el 1 de febrero de 1883, con casi el mismo texto del aforismo 342 de la Gaya ciencia, inicia la escritura de Así habló Zaratustra:
"1/ Cuando Zaratustra tenía treinta años abandonó su patria y el lago de su patria y marchó a las montañas. Allí gozó de su espíritu y de su soledad y durante diez años no se cansó de hacerlo. Pero al fin su corazón se transformó, - y una mañana, levantándose con la aurora, se colocó delante del sol y le habló así:
«¡Tú gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!.
Durante diez años has venido subiendo hasta mi caverna: sin mí, mi águila y mi serpiente te habrías hartado de tu luz y de este camino.
Pero nosotros te aguardábamos cada mañana, te liberábamos de tu sobreabundancia y te bendecíamos por ello. ¡Mira! Estoy hastiado de mi sabiduría como la abeja que ha recogido demasiada miel, tengo necesidad de manos que se extiendan.
Me gustaría regalar y repartir hasta que los sabios entre los hombres hayan vuelto a regocijarse con su locura, y los pobres, con su riqueza.
Para ello tengo que bajar a la profundidad: como haces tú al atardecer, cuando traspones el mar llevando luz incluso al submundo, ¡astro inmensamente rico!
Yo, lo mismo que tú, tengo que hundirme en mi ocaso, como dicen los hombres a quienes quiero bajar. ¡Bendíceme, pues, ojo tranquilo, capaz de mirar sin envidia incluso una felicidad demasiado grande!
¡Bendice la copa que quiere desbordarse para que de ella fluya el agua de oro llevando a todas partes el resplandor de tus delicias!
¡Mira! Esta copa quiere vaciarse de nuevo, y Zaratustra quiere volver a hacerse hombre.»
- Así comenzó el ocaso de Zaratustra" (Así habló Zaratustra, Prólogo, 1).
Y, para complementar el motivo solar de ese canto y de otros motivos de Así habló Zaratustra, será en el Poema del Ser de Parménides:
"Siempre mirando hacia los rayos del sol" (Parménides, Fragmento 14).

De allí emergen el carro y las doncellas que conducirán a Nietzsche, "abandonadas ya las moradas de la noche hacia la luz", ante las puertas del abismo del "eterno retorno de lo mismo", ya pre-visto en el aforismo 341 de la Gaya ciencia, y ante el Superhombre, "de auriga inmortales compañero compañero", y hacia aquel lugar donde:
"...la diosa benevolente me recibió" (Parménides, Fragmento 1).

Esa diosa es la misma a la que Nietzsche se dirige, sin mencionarla, en el aforismo 342 de la Gaya ciencia. Esa diosa (o Lou) a la que ofrenda su poema enamorado. Ese poema en el que también él habla con aquellas palabras que compartió con Lou en aquellos tiempos en Tautemburg, en los que y de igual forma que en el poema de Parménides:
"... con su mano mi mano derecha cogiendo, con estas palabras a mi se dirigió" (Parménides, Fragmento 1).

La diosa (Lou) que toma la mano de Nietzsche y le habla de las tres vías del conocimiento y de su futura misión:
"24. Mancebo, de auriga inmortales compañero compañero,
25. que con sus caballos que te traen, a nuestra morada llegas,
26. ¡salud!, que no una mala moira te envió a seguir
27. este camino (pues fuera del sendero de los humanos está),
28. sino Themis y Dike. Y así tendrás todo que averiguar,
29. tanto de la bien redonda verdad el corazón imperturbable
30. como de los mortales los pareceres en los que verdadera fidelidad no hay,
31. y aprenderás también esto: cómo lo múltiple pareciente
32. tenía que hacerse aceptable, penetrándolo todo por todas partes" (Parménides, Fragmento 1) (8).
Esas tres vías del conocimiento que luego para Spinoza serán los tres géneros del conocimiento: empírico, racional e intuitivo. Y que para Nietzsche serán las tres trasformaciones: camello, león, niño.
Es así como, para el resucitado y renovado Nietzsche, Ave Fénix del enamoramiento, los éxtasis de la primavera y el verano de 1882 y las agonías de su fracaso amoroso del invierno de 1882-1883, son "los furores" que encienden las materias de "mi sabiduría", las antiguas y las nuevas, las mismas que él consumirá en la escritura de Así habló Zaratustra.
Resucita un Nietzsche / Superhombre, como en el famoso fragmento de Píndaro:
"410. Píndaro. Fr. 133, Snell, Platón, Menón, 81b:
En el noveno año devuelve Perséfone al sol de los dioses las almas de aquellos de quienes recibe satisfacción por su antiguo duelo. De ellos surgen nobles reyes, hombres rápidos por su fuerza, y los más grandes en sabiduría; y por el resto del tiempo son llamados héroes y sagrados por los hombres".

Un superhombre que Empédocles describe en sus Purificaciones:
"259 Empédocles, fr. 129, Porfirio, Vida de Pitágoras 30:
... Y entre ellos vivía
Un hombre de raro saber, poseedor de las mayores riquezas del espíritu
Y maestro en toda especie de ingeniosa destreza;
Pues siempre que ponía todos sus talentos en tensión, podía mirar
Con facilidad a todo lo existente, habiendo vivido
Diez y veinte vidas de hombres".

Un Superhombre ya en la "vía" (9) del ciclo de aquel primitivo "eterno retorno de lo mismo" de los misterios órficos que inspiraron lo místico y lo religioso en Empédocles.
Un Nietzsche / Zaratustra de quien, en su final, no es posible saber si concluye o comienza su misión: Ave Fénix o profeta Elias o el mismo Empédocles:
"Así habló Zaratustra, y abandonó su caverna, ardiente y fuerte como un sol matinal que viene de oscuras montañas" (Z, IV, El signo).

En fin, Así habló Zaratustra es un poema épico-filosófico, pero también, es un poema enamorado y se podrán proponer, y hasta demostrar, infinidad de razones, motivos y pruebas, por los cuales Nietzsche escribiera Así habló Zaratustra como un poema enamorado y, sin embargo, al final de todo esfuerzo y pesquisa, sólo existirá una:
La única palabra posible del enamoramiento es la poesía.


NOTAS
(1) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche. 2. Los diez años de Basilea, (1869-1879), Alianza, Madrid, 1981, p. 98 a 100:
"El fragmento Empédocles
De este modo, poco a poco, va creciendo en él un nuevo y personal sistema de pensamiento y sistema del mundo que irá ampliando de modo constante a espaldas de su entorno más próximo: en Naumburg escondido tras la máscara de un Fritz jovial, alegre, amable y social; en Basilea oculto trás el profesor diligente.
Así fue como surgió, fechado el 22 de septiembre de 1870 en Naumburg, y de su problemática en torno a la tragedia, el bosquejo de un libro, "La tragedia y los librepensadores", que ya iba con mucho más allá del tema original: una historia del desarrollo de la tragedia griega. Y poco después nos topamos con otro proyecto de un drama, Empédocles, en el que de modo francamente inquietante se prefigura ya el camino del Nietzsche posterior y en el que aparecen símbolos fundamentales. Como más tarde con Zaratustra, también aquí toma una figura histórica -la del filósofo siciliano, médico prodigioso, poeta y fundador religioso del siglo quinto antes de Cristo, el legendario Empédocles- como máscara en la que él mismo aparece idealmente, sólo que en este caso permanece más cercano a la tradición, mientras que del legendario-histórico persa Zaratustra sólo queda el nombre y su función como fundador religioso. Conocía a Empédocles a través de Diógenes Laercio. De su concepción filosófica del mundo hubo de interesar a Nietzsche el proyecto de unir lo místico-pitagórico con la ciencia natural moderna. En la doctrina de Empédocles de la trasmigración de las almas está uno de los impulsos para lo doctrina de Nietzsche del eterno retorno de lo mismo como hipotética ética. Pero lo que toma muy especialmente son las leyendas sobre la autodivinización de Empédocles y su muerte en el Etna, leyendas que ya el tiempo ilustrado de Diógenes Laercio narra como curiosidad. Separándose completamente de la tradición y yendo mucho más allá de los límites de la elaboración del tema, tal como se encuentra en el fragmento de Hölderlin (en relación a cuyo Empédocles, extrañamente, no puede encontrarse referencia alguna), da por compañera a su Empédocles, junto a su amado Pausanias, que también le reconocen Diógenes Laercio y Hölderlin, a una tal Corina". Existe una Corina histórica; fue una poetisa beocia que vino de Tesalia y según la leyenda habría sido maestra de Píndaro y le habría vencido en una competición poética. En cualquier caso se trataba de una mujer altamente intelectual.
Y con ello comienza la simbólica personal que habría de acompañar a Nietzsche toda la vida, incluso hasta en la locura. Empédocles se convierte más tarde en Dionisos, Corina en Ariadna. Empédocles es un disfraz de sí mismo, y bajo Corina / Ariadna habría que suponer ya ahora, en el otoño de 1870, a Cósima. Algunas citas del borrador que apoyarían esta interpretación:

"Tercer acto: Teseo y Ariadna. El coro, Pausanias y Corina. Empédocles y Corina en el escenario. Vértigo de muerte en el pueblo ante el anuncio de la reencarnación. Se le venera como al dios Dionisios, mientras que él comienza sufrir de nuevo. (El actor Dionisios ridículamente enamorado de Corina)... Quinto acto... Dos ríos de lava de los que no pueden escapar (Empédocles y Corina). Empédocles se siente asesino, digno de un castigo infinito, espera el renacimiento de una muerte expiatoria. Esto lo arrastra hacia el Etna. Quiere salvar a Corina. Un animal se les acerca. Corina muere con él. "¿Huye Dionisios de Ariadna?".

También el "Dios ha muerto" de Zaratustra se encuentra ya en este fragmento en la frase: "¡El gran Pan ha muerto", igual que otros muchos rasgos en general de la leyenda de Empédocles que entran a formar parte del Zaratustra. Al comienzo del fragmento Nietzsche expresa su propia problemática filosófica: "Empédocles que es empujado a través de todos los peldaños: religión, arte, ciencia, y que al superar el tercero se dirige contra sí mismo. Es empujado fuera de la religión por el reconocimiento de que es un engaño. Ahora, sagrado en la apariencia artística. Fuera de ella por el impulso del reconocimiento del dolor del mundo. Ahora considera como anatomista el dolor del mundo, se convierte en un tirano que usa de la religión y el arte, y se endurece cada vez más... El pueblo reunido en torno al cráter: Empédocles enloquece y antes de su desaparición anuncia la verdad de la reencarnación... Tras larga lucha reconoce la ilusión de la religión". Aunque con variaciones en la forma, se utilizan aquí las tres potencias de la Consideraciones sobre la historia universal de Jacob Burckhardt. Si en el caso de Burckhardt se trata de dos potencias estáticas, religión y estado, y una dinámica, la cultura, las que hacen las veces de fuerzas activas de la historia, en el de Nietzsche sólo se admite una estática, la religión, y se divide la cultura en dos elementos dinámicos, el arte constructor de mundo de apariencia y de fantasía , y la "ciencia", que disuelve y disgrega toda ilusión y todo producto figurativo. El estado desaparece totalmente como auténtica fuerza creadora de historia; es expresión, resultado, pero no potencia".
(2) Giordano Bruno, Los heroicos furores, Tecnos, Madrid, 1987, pp. 56-57:
"CICADA: Entiendo: porque el amor transforma y convierte en la cosa amada".
(...)
"TANSILLO: Así es. He aquí pues cómo Acteón, convertido en presa de sus propios canes, perseguido por sus propios pensamientos, corre y "dirige los nuevos pasos" -renovado en cuanto procede divinamente y con mayor ligereza, es decir, con mayor facilidad y con más eficaz vigor- "hacia la espesura", hacia los desiertos, hacia la región de las cosas incomprensibles; de hombre vulgar y común como era, se torna raro y heroico, tiene costumbres y conceptos raros, y lleva una vida extraordinaria. Y en este punto "le dan muerte sus muchos y grandes canes", acabando aquí su vida según el mundo loco, sensual, ciego e ilusorio, y comenzando a vivir intelectualmente; vive la vida de los dioses, nútrese de ambrosía y de néctar se embriaga" (Los Heroicos Furores, I, 4).
(3) Iván Rodrigo García, El enamoramiento:
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(4) Iván Rodrigo García Palacios, Ensayos de un Lector Ludi: Presencia de Bruno y Spinoza en el enamoramiento de Nietzsche:
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------------ Iván Rodrigo García Palacios, Lector Ludi: Crónica del enamoramiento de Nietzsche por Lou Andreas Salomé y Así habló Zaratustra:
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(5) Friedrich Nietzsche, Lou van Salome, Paul Rée, Documentos de un encuentro, Laertes, Barcelona, 1982, p. 163.
(6) Iván Rodrigo García Palacios, "Zaratustra, mi hijo". Así nació Zaratustra en los tiempos del amor, en blog:
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----------- Iván Rodrigo García Palacios, Ensayos de un Lector Ludi: Nietzsche enamorado:
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(7) G. S. Kirk, J. E. Raven y M. Schofield, Los filósofos presocráticos, Gredos, Madrid, 1994, pp. 419-420.
(8) Parménides, Poema del Ser, Fragmento 1 D-K (Sexto Empírico: Adv. Math. VII 111 ss. (cod. N del s. XIII, codd. LE del XV).
Proemio:
"1. Las yeguas que me arrastran, tan lejos como el ánimo anhela
2. me llevaron. Y una vez que en el renombrado camino
3. de la Diosa me hubieron puesto, que lleva por toda la ciudad al hombre que sabe,
4. por allí me condujeron. Por allí me llevaban los hábiles corceles
5. tirando del carro; las doncellas indicaban el camino.
6. En los cubos del eje con estridente sonido rechinaban
7. ardiendo (acelerado por dos vertiginosas
8. ruedas, de ambos lados) cuando se apresuraban a escoltar
9. las doncellas Helíadas, abandonadas ya las moradas de la noche
10. hacia la luz, habiendo con sus manos los velos de la cabeza retirado.
11. Allí [están] las puertas de los senderos de la noche y del día
12. y en torno a ellas, dintel y umbral de piedra,
13. y ellas mismas, etéreas, cerradas por inmensas batientes hojas
14. de las que Dike, la de los múltiples castigos, las llaves guarda de doble uso.
15. Le hablaron las doncellas con blandas palabras
16. y sabiamente persuadieron a que el enclavijado cerrojo
17. prontamente de las puertas les quitase. Y éstas de la entrada
18. el inmenso abismo produjeron al abrirse. Los broncíneos
19. postes en sus goznes uno tras otro giraron
20. clavados de goznes y flejes. Y a través de las puertas,
21. derecho por el camino, carro y caballos las doncellas condujeron.
22. Y la diosa benevolente me recibió; con su mano
23. mi mano derecha cogiendo, con estas palabras a mi se dirigió:
24. Mancebo, de auriga inmortales compañero compañero,
25. que con sus caballos que te traen, a nuestra morada llegas,
26. ¡salud!, que no una mala moira te envió a seguir
27. este camino (pues fuera del sendero de los humanos está),
28. sino Themis y Dike. Y así tendrás todo que averiguar,
29. tanto de la bien redonda verdad el corazón imperturbable
30. como de los mortales los pareceres en los que verdadera fidelidad no hay,
31. y aprenderás también esto: cómo lo múltiple pareciente
32. tenía que hacerse aceptable, penetrándolo todo por todas partes".
(9) Werner Jaeger, La teología de los primeros filósofos griegos, Fondo de Cultura Económica, Bogotá, 1997, pp. 102-103.

Medellín, 21 de mayo de 2010

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