6 de enero de 2009

Crítica a la lectura y a la escritura
en Sócrates y Platón


Por Iván Rodrigo García Palacios

Sócrates y Platón tenían la razón en contra de lo que la casi totalidad de sus estudiosos han considerado como una crítica y un rechazo a la lectura y a la escritura, así como un supuesto elogio de la memoria.

Lo que ambos nunca plantearon fue un rechazo de la lectura y de la escritura, sino y por el contrario, lo que anunciaron fue una apocalíptica profecía sobre lo qué sucedería con la alfabetización sin "alma" ni sentido. La formación masiva de alfabetos funcionales. Profecía que se encargaron de cumplir cabal y macabramente las religiones de El Libro: La Biblia y El Corán. Y, junto a ellas, los absolutismos y los mismos cultos y rituales de trágico terror reproducidos por el pedantismo academicista moderno... hasta hoy: Producir hombres como objetos estandarizados y de consumo masivo.

Lo que Sócrates y Platón criticaron y rechazaron fue la memoria que repite mecánicamente, al igual que el leer y el escribir mecánico o imitativo. Eso es lo que debe entenderse de su supuesta crítica a la lectura y a la escritura, cuando en Fedro Platón establece las nueve jerarquías de las almas según el grado de verdad que han "visto" o "contemplado".

La primera jerarquía corresponde al verdadero filósofo:

"Es ley que el alma que ha visto el mayor número de seres se trasplante en una simiente de hombre que deberá convertirse en amigo del saber y amigo de lo Bello, o amigo de las musas, o deseoso de amor" (Fedro, 248d-e).


La sexta está dedicada a los poetas y a aquellos que son imitadores o reproductores de lo establecido:

"A la sexta convendrá la vida de un poeta o de algún otro de los que se ocupan de imitación" (Fedro, 248d-e).


Las dos últimas y las más bajas en la escala humana, corresponden:

"A la octava, la vida de un sofista o de un cortejador del pueblo. A la novena, la vida de un tirano" (Fedro, 248d-e).


Para luego sentenciar categóricamente:

"El alma que no haya contemplado nunca la verdad no podrá alcanzar jamás la forma de hombre" (Fedro, 249b).


Porque ese hombre es el filósofo que Platón define en República:

"Los verdaderos filósofos son los que aman contemplar la verdad" (República, V 475e).


Y, como más adelante mostraré, el camino de quien aspira a ser lector y escritor, será el que conduzca a esa "visión" y a esa "contemplación", las mismas en las que se inspiraron los humanistas italianos del Renacimiento y algunos otros visionarios, al interpretar esta idea platónica:

"Por eso, el filósofo, teniendo familiaridad con lo que es divino y ordenado, se torna él mismo también en ordenado y divino, en la medida en que es posible a un hombre" (República, VI 500b-d).


El hombre, cuerpo y alma, es materia divina que se hace a sí mismo, con esfuerzo y voluntad, a imagen y semejanza de sus dioses y demonios y que no se con-forma, pasivamente, según los caprichos y designios de esos dioses y demonios.

Lectura sobre el ser del hombre que Sócrates, Platón y sus inmediatos predecesores oponían a las visiones de las realidades que poetas, sacerdotes, gobernantes y políticos, hacían y mantenían de la tradición por medio de la memoria mecánica. Para aquellos nuevos griegos, el poder no será ya un atributo que los dioses otorgan a unos cuantos privilegiados, esa ideología que reinterpretarán las religiones del Libro, los absolutismos y las dictaduras para su beneficio y con sus macabras consecuencias.

Idea del poder de devenir en dioses por sí mismo que Giordano Bruno, al igual que los humanistas italianos renacentistas, expresa y explica así para definir su "furioso heroico":

"He aquí pues cómo Acteón, convertido en presa de sus propios canes, perseguido por sus propios pensamientos, corre y "dirige los nuevos pasos" -renovado en cuanto procede divinamente y con mayor ligereza, es decir, con mayor facilidad y con más eficaz vigor- "hacia la espesura", hacia los desiertos, hacia la región de las cosas incomprensibles; de hombre vulgar y común como era, se torna raro y heroico, tiene costumbres y conceptos raros, y lleva una vida extraordinaria. Y en este punto "le dan muerte sus muchos y grandes canes", acabando aquí su vida según el mundo loco, sensual, ciego e ilusorio, y comenzando a vivir intelectualmente; vive la vida de los dioses, nútrese de ambrosía y de néctar se embriaga" (Los Heroicos Furores, I, 4).


Trátese del filósofo, según Sócrates y Platón o del "furioso heroico", según Giordano Bruno o el Hombre Nuevo de los humanistas italianos renacentistas, seguir ese camino es una labor, un trabajo y una misión que el hombre asume y lleva a cabo con duro esfuerzo y plena voluntad. Sólo aquel que sabe dónde está parado, sabrá hacía dónde deseará ir.

En fin, las mismas ideas que inspiraron a Jean-Jacques Rousseau, a la Ilustración y a la Revolución Francesa.

Pero, esos son otros asuntos que será necesario explorar en ocasión propicia, lo que ahora interesa es distinguir: leer y escribir de lectura y escritura.

Lo primero que debe entenderse es: en la mayoría de los idiomas se acepta que leer y escribir son lo mismo que lectura y escritura y que como tales operan tanto en la práctica lingüística como en la investigación científica.

Es por ese motivo que, a la hora de reflexionar, se hace casi imposible diferenciar las naturalezas del leer y del escribir, de las naturalezas de la lectura y de la escritura, lo cual hace casi que imposible el diferenciar y definir a quienes saben leer y escribir de quienes son lectores y escritores.

Para los efectos de estas anotaciones y para precisar el empleo de los conceptos, propongo las siguientes definiciones para leer y escribir, y para lectura y escritura.

Saber leer y escribir, son la repetición correcta y adecuada de unas acciones previamente marcadas, tanto en su funcionamiento como en su finalidad.

Por su parte, la lectura y la escritura, como actividades mentales que son, si bien se apoyan en las funciones cerebrales de leer y escribir, implican, conjunta y simultáneamente, la totalidad de la actividad cerebral y mental: percibir, analizar, interpretar, pensar, imaginar, asociar, recordar (memoria), sentir (sensaciones), simbolizar, emoción, ánimo, expresión, etc.

Lectura y escritura, son el análisis, la interpretación, la comprensión y la dotación de sentido, tanto del contenido, forma y funcionamiento de la propia conciencia como de todo aquello que se percibe por los sentidos. Lectura y escritura son una actividad cuya dinámica se inicia con el leer y el escribir y cuya finalidad es el descubrimiento de conocimiento... hacía un horizonte sin fin.

Conocimiento que es aquello que se intuye, imagina, se anticipa y se descubre en lo desconocido, que es siempre lo nuevo. Novedad que, una vez experimentada, probada y verificada, se convierte en información. Información que se acumula, se preserva y se maneja para continuar descubriendo conocimiento. La imaginación explora en el misterio y en lo desconocido para que la razón convierta, lo descubierto, en conocimiento e información.

A manera de ejemplo y para diferenciar leer de lectura y escribir de escritura, pienso que quien sabe leer un manual de instrucciones y las sigue correctamente, no necesariamente es un lector. O, quien trascribe un texto, sabe escribir pero no es escritor. Sin embargo, quien escribe el manual, tiene, por necesidad, que ser lector y escritor.

Lo mismo sucedería con quien al leer una obra literaria, ensayística o científica, entiende y comprende sólo la literalidad de lo escrito, es cierto, sabe leer, pero no es lector, puesto que no realiza el análisis, la interpretación, la dotación de sentido y el descubrimiento de conocimiento, que lo conducirán a convertirse en escritor, que es quien, luego de haber realizado una lectura, produce la trascripción del resultado de su análisis, interpretación, dotación de sentido y convierte en información el conocimiento que ha descubierto.

EL "CÍRCULO HERMENÉUTICO"

Es a partir de esos conceptos que interpreto la crítica de Sócrates y Platón sobre la lectura y la escritura. Ellos, al criticar la mecánica de la memoria que repite y guía los actos y pensamientos por ideas, palabras y frases establecidas y aceptadas, retoman aquello que los intelectuales, filósofos y científicos griegos de los siglos V y IV, combatían y criticaban: el pensamiento mítico homérico, la superstición, proponiendo, en su lugar, el pensamiento racional (1), el "theorizar", ese resultado de la "visión" o "contemplación" de las realidades (2) para descubrir el conocimiento y convertirse o ser dioses ellos mismos, tal y como lo asumieron luego los humanistas italianos del Renacimiento (3).

La propuesta de Sócrates, maestro de la "contemplación" y del pensar dialéctico, y de Platón, excelente lector y escritor, sobre las verdaderas lecturas y escrituras, es la misma que formuló Gadamer para el "círculo hermenéutico" y para la que él partió de Schleiermacher:

"El patrimonio lingüístico de un autor y la historia de su época se comportan como el todo a partir del cual deben comprenderse sus escritos como el elemento singular, y, a la inversa, este todo debe comprenderse a su vez a partir de lo singular".

(...)

"También dentro de un solo escrito, el elemento puede comprenderse solamente a partir del todo" (4).


Y, sobre todo, de Heidegger:

"Este círculo no debe rebajarse al nivel de un circulus vitiosus, ni siquiera tolerado. En él se alberga una positiva posibilidad de conocer en la forma más original, aunque una posibilidad que sólo es empuñada de un modo genuino cuando la interpretación ha comprendido que su primera, constante y última función es evitar que las ocurrencias y los conceptos populares le impongan en ningún caso el "tener", el "ver" y el "concebir" "previos", para desenvolver éstos partiendo de las cosas mismas, de suerte que quede asegurado el tema científico" (5).


"Círculo hermenéutico" que Giovanni Reale (6) considera que ya había sido propuesto por Platón, en Fedro:

"Todo discurso debe estar compuesto como un ser viviente que tiene un cuerpo, de tal modo que no resulte sin cabeza ni sin pies, sino que tenga las partes del medio y las extremidades escritas de tal manera convenientemente una respecto de la otra y respecto al todo" (Platón, Fedro: 264c).

"Quien considerase poder transmitir un arte con la escritura, y quien lo recibiese convencido de que, a partir de esos signos escritos, podrá extraer alguna cosa clara y consistente, debería estar colmado de gran ingenuidad e ignorar verdaderamente el vaticinio de Amón (a saber, que la escritura no da memoria sino solamente capacidad de atraer a la memoria, ni sabiduría sino sólo opinión), si considera que los discursos puestos por escrito son algo más que un medio para traer a la memoria de quien sabe las cosas sobre las cuales versa el escrito" (Platón, Fedro: 275c-d).

"Verdaderamente, aun los mejores escritos no son otra cosa más que medios para ayudar a la memoria de aquellos que saben" (Platón, Fedro: 278a).

O, para ser más trágico, tal y como dice Esquilo en Agamenón:

"De buena gana hablo a los que saben, y de los que no saben me escondo".


Será, en esa tradición de hombres que emprenden el camino del descubrimiento de la verdad o, para ser posmodernos, del conocimiento, que será posible transformarse de hombres que saber leer y escribir en verdaderos hombres, lectores y escritores, aquellos que, como dijera Platón, tras contemplar lo divino "se tornan ellos mismos también en ordenados y divinos". Y que, como dice Giordano Bruno, "viven la vida de los dioses, nútrense de ambrosía y de néctar se embriagan".

Para legitimar mi invitación a la "visión" y a la "contemplación" de la lectura y la escritura, cito una de las razones por las cuales Platón consideraba que saber leer y escribir no eran suficientes:

"El conocimiento de estas cosas no es en modo alguno comunicable como los demás conocimientos, sino que, tras muchas discusiones sobre estas cosas y después de una comunidad de vida, como una luz que se enciende por una chispa que salta, él nace de improvisto en el alma y se alimenta de sí mismo" (Carta VII, 341c-d).


NOTAS

(1) Jost Herbig, La evolución del conocimiento. Del pensamiento mítico al pensamiento racional, Herder, Barcelona, 1996.

(2) Giovanni Reale, Platón, en búsqueda de la sabiduría secreta, Herder, Barcelona, 2001, p. 260:

"El ejemplo más importante está en su uso de la palabra griega para "visión" o "contemplación" (theoria), que, por supuesto, se ha convertido, con toda facilidad, en nuestra palabra "teoría", por la que denotamos un nivel de discurso totalmente abstracto, pero que Platón utiliza para sugerir la "contemplación" de realidades que, una vez alcanzadas, están ahí para ser vistas".


En esta obra, Reale demuestra que la postura de Platón sobre la lectura y la escritura, como en tantas otras cosas, no era lo que se creía.

(3) Ernesto Grassi, El poder de la fantasía. Observaciones sobre la historia del pensamiento occidental, Anthropos, Barcelona, 2003, pp. 135-136. Ver la explicación completa en las páginas 131 a 135.

"[...] los significados originarios de "theoria" como visión de lo divino, suma de la festividad, experiencia de lo inesperado y de la transformación subsiguiente tal como se produce mediante la experiencia del viaje".


(4) F. D. E. Schleiermacher, Ermeneutica, Milano, 1996, pp. 331 y 335.

(5) Martín Heidegger, El ser y el tiempo, Fondo de Cultura Económica, 1971, p. 171 ss.

(6) Giovanni Reale, Platón, en búsqueda de la sabiduría secreta..., p. 349 y ss.

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