2 de agosto de 2008

De Malcolm Lowry a Gabriel García Márquez

LECTOR LUDI-62

Desde las entrañas de Bajo el volcán
al “furor” de Cien años de soledad



INTRODUCCIÓN



El enigma de Cien años de soledad: ¿Quién es Melquíades?


El discurso que Carlos Fuentes leyó en el homenaje a Gabriel García Márquez en Cartagena el 24 de abril de 2007, con motivo de cumplir los 80 años y los 40 de la publicación de Cien años de soledad, podría haber sido sólo eso, un emotivo texto para una emotiva ocasión (el texto completo del discurso se puede leer en el Apéndice 1).

Por los sucesos que rodearon esa ocasión y por el juego de lectura lúdica que de allí se derivó resultó ser todo menos inocente e ingenuo, lo que allí ocurrió tenía que ser "algo más".

Considerados lo eventos de esa manera, viendo la forma de lectura del discurso por parte de Carlos Fuentes y la simultánea actuación de Gabriel García Márquez y su esposa, Mercedes Barcha, las historias que Carlos Fuentes contaba, podían tomarse por una provocación o el lanzamiento de un desafío o una indiscreción calculada, o las tres cosas a la vez, asumiendo que, dado el hermetismo del texto y lo sagrado del secreto que ellos compartían y allí se exponía, no sería fácil desvelarlo.

O, para ser más garciamarquiano, aquellos sucesos era un motivo de diversión rejuvenecedora en la que "los tres alegres compadres" se burlaban picarescamente del mundo en su propia cara.

Fuera lo que fuera, nada de lo anterior hubiera sido posible si aquel discurso no hubiera sido, como voy a demostrarlo, la historia de una confabulación en la que se "urdió la estratagema" y se fabuló la trama de engaños, imposturas, ocultamientos, magias y alquimia literaria, tras la que se ocultaba, hermético y codificado, el gran secreto del origen y el "nacimiento" de Cien años de soledad.

Sí, aquel discurso resultó ser un hermético texto de alquimia en el cual un maestro de alquimia literaria le recordaba al otro, con gracia y sentimiento, los viejos buenos tiempos, cuando ambos eran iniciados y desarrollaban su proceso de transmutación descifrando el Opus Magnun, La Gran Obra: Bajo el volcán, la novela del maestro alquimista Malcolm Lowry, así como de otras obras de maestros alquimistas.

Al mismo tiempo que allí se recapitulaban los pasos de aquel proceso alquímico literario que culmina en la Gran Obra que es Cien años de soledad.

Por alguna razón, que voy a tratar de demostrar, Carlos Fuentes llamaba a Gabriel García Márquez, al final de su discurso:

"[...] mago iniciático de un exorcismo sin fin".

Como en cuestiones de literatura y hermetismo todo es posible, voy a contar los descubrimientos a los que me condujo ese juego de lectura lúdica acuciado por el daimón de la certeza/duda que me habita desde siempre, con la única seguridad de que los descubrimientos de mi exploración de alquímica literaria son sólo transmutación de materia que me transmuta a mí mismo y al LECTOR LUDI que así lo desee.

En un principio, del discurso de Carlos Fuentes, sólo atrajo mi atención aquello que podía conectar con el asunto de la alquimia y el ocultismo, a partir de una anotación realizada por Gustavo Arango sobre Melquíades y el tema, lo que me permitió relacionar lo del "Cañón del Zopilote" con Malcolm Lowry, su correspondencia y su novela Bajo el volcán.

Así fue como una cosa fue llevando a otra. De allí salté a la mención de Kafka y a lo del viaje a Acapulco de Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, con otro viaje de Malcolm Lowry, también a Acapulco.

De ahí, Gustavo Arango me comentó lo de la correspondencia que intercambiaron Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes durante el período de escritura de Cien años de soledad, la cual se encuentra secreta y reservada en la Universidad de Princeton hasta 2015.

Esa era toda la información de la que disponía hasta ese momento, así que me concentré en desvelar esas conexiones y correspondencias, porque, a partir de ellas tendría que emprender la labor de descifrar el código encriptado en el texto de Carlos Fuentes.

A medida que avanzaba en mis demostraciones, como una piedra de Rosetta, el jeroglífico iba revelando sus secretos y lo que era un simple código, se convirtió en "un mural de sombras", un teatro de sombras proyectado sobre un muro de "la cantina" de Bajo el volcán y, desde allí, a las páginas de Cien años de soledad.

El discurso comienza con el relato de cómo se conocieron Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes para trabajar juntos en guiones del cine mexicano de los años 62 a 64. Así como el reconocimiento a la experiencia existencial y literaria obtenida en Europa por Gabriel de García Márquez, pero de forma notoria enfatizaba en la magia narrativa de sus cuentos y de su primera novela.

Mediante esta colaboración y por su amistad íntima, el maestro, Carlos Fuentes, inicia un proceso de enseñanza con el alumno Gabriel García Márquez, quien, como la esponja de aprender que era, absorbió las claves de la escritura para cine, los experimentos y las novedades de la literatura latinoamericana y europea y descubrió la cultura y magia del pueblo mexicano, así como las de su literatura: Juan Rulfo y un largo etc.

Es también la época en la cual trabajaba con los directores y productores españoles exiliados en México, quienes aportaron materias de enseñanza fundamental para el proceso de iniciación de Gabriel García Márquez, puesto que por exigencia de ellos le tocó re-escribir para el cine las obras de los novelistas españoles de finales del siglo XIX: Ramón María del Valle-Inclán, Benito Pérez Galdós, etc.

Con estos datos se desvelaron las pistas y claves para establecer otras conexiones y correspondencias de aquellas materias ocultas que participaron en la escritura de Cien años de soledad.

El texto se extiende en un largo reconocimiento a las calidades y cualidades de la narrativa que de Gabriel García Márquez conocía Carlos Fuentes y que este había publicado antes de que él llegara a México en 1962, por lo cual su ferviente deseo de conocerlo en persona.

En ese punto, cita al presidente François Mitterrand, quien exalta la naturaleza de la imaginación de Gabriel García Márquez y el poder embrujador de Cien años de soledad.

Luego narra el periplo del exilio y formación que realiza Gabriel García Márquez desde Aracataca a México y que culmina con el viaje iniciático a través de los desiertos mágicos del norte de México y su inmersión, mediada por una Venus renacentista y, a la vez, azteca, en la identidad mexicana a la que él "se acomodó con la sabiduría de hechicero que le atribuía Mitterrand".

Se iba reuniendo un aquelarre de "magos y hechiceros".

Le seguían los tres apartes del discurso que me habían llamado la atención y que había descifrado con cierta facilidad: el kafkiano viaje de Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes a Acapulco, la anécdota del "nacimiento" de Cien años de soledad y la correspondencia entre ellos, Europa-México, durante la escritura de la novela.

Luego de esos tres apartes viene la narración del viaje a Europa de Carlos Fuentes, la cual se divide en dos relatos bien marcados y codificados:

El primero, relacionado con el primer viaje europeo de Carlos Fuentes en los años cincuenta, su encuentro con la ruina y desesperación que dejó la II Guerra Mundial y el renacimiento de las cenizas en París. Allí, en La Ciudad Luz:

"En un apartamento vasto y congelado de la avenida Víctor Hugo vivían la pareja literaria de Octavio Paz y Elena Garro, siempre acompañados de otra pareja, esta argentina, formada por Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo: fuego graneado de citas poéticas, juegos surrrealistas del cadáver exquisito y correrías nocturnas por Sain-Germain-des-Prés" (1).

En este punto, emergen como protoplasmas las vidas y las obras de Jorge Luis Borges y de Julio Cortázar.

Fue Octavio Paz, quien puso a Carlos Fuentes en contacto con la materia del surrealismo, con Max Ernst y su exposición de "un solo cuadro, titulado Europa después de la lluvia" y, por supuesto, con la materia primordial del "realismo mágico", emanada del surrealismo alemán y español y la postura asumida en 1930 por Miguel Ángel Asturias, Arturo Uslar Pietri y Alejo Carpentier frente al surrealismo francés para nominar "lo real maravilloso", el padre del "realismo mágico".

Para complementar ese primer relato, Carlos Fuentes cuenta la estancia de 1957 de Gabriel García Márquez en París a donde van, como él lo había dicho, "los buenos latinoamericanos a escribir".

El segundo relato se inicia en 1966 cuando Carlos Fuentes regresa a Europa y se instala en un palazzo veneciano "para ver que se sentía ser Henry James", que conduce a otra pista y clave del código secreto del discurso: a una novela de Henry James: Los papeles de Aspern y, de ella, a la inclusión de Mercedes Barcha, con los que así pude desvelar, al leer el primer párrafo de la novela, la "estratagema" que urdieron Mercedes y los alegres conspiradores y, de cómo, el resto de la novela de Henry James, opera como el sustento de una trama de imposturas y enmascaramientos que revela la intención y la trama de esa "estratagema" y del discurso, en general.

Le sigue la cita de un fragmento de una de las cartas de Gabriel García Márquez a Carlos Fuentes y se revela el misterio final, los motivos y la confirmación de la ocultación: crear un mito o leyenda que no permitiera que todo aquello se relacionara con Malcolm Lowry, ocultándolo pero no negándolo y desviar la atención hacia Rabelais y hacia muchos otros asuntos y temas. Lo cual tuvo el mayor de los éxitos.

Pero, además, en esta carta Gabriel García Márquez comenta con su maestro las luchas y aspiraciones del alumno en su proceso de realización de la Gran Obra.

Al final, los fragmentos de la exaltada carta que Carlos Fuentes le envía a Julio Cortázar al momento de recibir y leer el manuscrito de Cien años de soledad.

Esa carta si que es un texto hermético, el cual me permite una especulación de detective literario y, lo más portentoso, leer el texto que une, en simpatía de alquimia literaria, a estos tres "magos y hechiceros".

En esos fragmentos, tras el evidente festejo de un maestro alquímico de la literatura con los logros de un aprendiz que ha logrado culminar su Opus Magnun, se oculta toda esta historia y la seña de que todo lo escrito es la recapitulación de ese proceso de maestros y alumnos.

Antes de concluir, quiero llamar la atención sobre otra clave, la de la historia de Julio Cortázar en Francia, sobre la cual y al no tener referencia alguna, se me ocurrió conectarla con Rabelais.

Finalmente, en la carta a Julio Cortázar se hace mención a uno de los Aurelianos de cruz de ceniza en la frente, que como demostraré, establece una conexión de Remedios, la Bella e Yvonne, la esposa de Geoffrey Firmin, el Cónsul.

Hecha esta lectura del discurso de Carlos Fuentes, era también el momento de festejar la feliz culminación de mi obra. Era el momento de desvelar el enigma por el cuál se había iniciado este juego el 16 de abril de 2007:

¿Quién es el personaje real y concreto que inspiró al personaje de Melquíades en Cien años de soledad?:

¡Era Malcolm Lowry!

No podía ser otro. Era un homenaje codificado, casi anagramático, a Malcolm Lowry, en cuya novela, Bajo el volcán y en sus cartas, se encuentran inscritos, no escritos, los pergaminos que profetizan la genealogía de los Buendía y la historia de Macondo.

Así se presenta a Melquíades en Cien años de soledad:

"Aquel ser prodigioso que decía poseer las claves de Nostradamus, era un hombre lúgubre, envuelto en un aura triste, con una mirada asiática que parecía conocer el otro lado de las cosas". (CAS: p. 105).

(En el capítulo 5 adjunto foto de Malcolm Lowry para hacer la verificación de esa mirada asiática).

Pero, en esa demostración será necesario también absolver y demostrar otra pregunta:

¿Quiénes son los Buendía que se empeñan en descifrar los pergaminos de Melquíades?:

Cada uno de ellos representa la descripción del proceso de alquimia literaria al que se sometió Gabriel García Márquez en su lectura de Bajo el volcán y de las cartas de Malcolm Lowry para su escritura de Cien años de soledad. Algo así como un Proteo que se transforma a necesidad.

El proceso de esos descubrimientos y los procesos implícitos en ello, es lo que voy a contar en este libro.

Los capítulos de la primera parte están dedicados a demostrar como se desvelaron y descifraron las pistas y claves que el discurso de Carlos Fuentes expone de la historia secreta del origen y "nacimiento" de Cien años de soledad.

Los capítulos de la segunda parte se empeñan en demostrar que, además de las conexiones y correspondencias establecidas entre Malcolm Lowry, Bajo el volcán y su coincidente lugar y momento de "nacimiento" con Cien años de soledad, existen otras tan asombrosas que no teniendo otro concepto, las llamo palimpsestos o intertextualidades.

Los cuatro apéndices son complemento y un par de lecturas de otras obras de Gabriel García Márquez, con las que pretendo dar por zanjado mi ajuste de cuentas con mis cuarenta años de la lectura de todas sus obras.

Los dos primeros apéndices corresponden, el primero, al texto completo del discurso de Carlos Fuentes y el segundo, a las citas en las cuales se menciona "paraíso" o "jardín" en Cien años de soledad por su orden de aparición dentro de la novela.

En el tercer apéndice la emprendo con mi lectura de Memorias de mis putas tristes, la última de sus novelas, la cual me correspondió reseñar cuando era lector profesional del suplemento literario de El Colombiano, y la que, ahora, he convertido en otro de mis juguetes de aspirante a Maestro LECTOR LUDI.

El cuarto apéndice esta dedicado a filosofar "a vuelo de zopilote", para sugerir una reflexión sobre la metafísica de la imaginación en Gabriel García Márquez, explorando la posible conexión de su lectura de las obras de Fernando González.

En fin, este libro es la narración de las aventuras exploratorias, interpretativas y búsquedas de nuevos sentidos, de un LECTOR LUDI y sugerir un juego de lecturas, un poco menos académicas o mediáticas, pero sí más lúdicas e intrigantes, a las obras involucradas en este proceso alquímico.

Medellín, 16 de mayor de 2007 a 2 de agosto de 2008.


NOTAS

(1) Carlos Fuentes, Para darle nombre a América, edición conmemorativa de Cien años de soledad, RAE, 2007, p. XX.G

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