26 de abril de 2006

LECTOR LUDI-29

O, ser amante de la sabiduría
O, ser estudiante de filosofía


- Carta a un joven en la búsqueda de sí mismo
- Filosofar es comprender y realizar los sueños de sí mismo
- Para aprender a filosofar, también es necesario conocer a los filósofos
- La sabiduría no está en los libros, pero si algunos de sus mejores ingredientes y condimentos
- Sólo el amor tiene las respuestas
- ¿Qué tiene que ver esto con la amistad, el amor, los romances, la sexualidad...?


Por Iván Rodrigo García Palacios

Entrañable Nicanor

Desde que me contaste que una amiga te había invitado a participar en un grupo de conversaciones sobre filosofía, no hecho otra cosa que pensar en el asunto. Son incontables las preguntas y repuestas que una actividad como esta implica para jóvenes adolescentes cuya mayor preocupación existencial es la encontrarse a sí mismos y entender las necesidades y significados de relacionarse con los demás y, por supuesto, qué va a ser de ellos en la vida. Es decir, cómo encontrar la felicidad.

Sé que junto con lo anterior hay unos asuntos relacionados y quizás más importantes e imperativos, por ello, más adelante te mostraré qué tiene que ver esto con la amistad, el amor, los romances, la sexualidad... en fin, esos temas tan sensibles, tan complicados y tan difíciles de comentar con transparencia, confianza e intimidad.

Antes de hablar de las condiciones subjetivas y emocionales que una iniciativa de estas parece contener, me gustaría tratar de explicarte una fórmula sencilla que los sistemas educativos, los programas escolares, las pedagogías y las didácticas, parecen no entender, y con lo cual confunden todo y hacen imposible que en la escuela y en la juventud se aprenda a pensar, mejor dicho, a filosofar, y en consecuencia, a vivir coherentemente y mucho menos a aprender filosofía.

Resulta que para mí, como pensaban los antiguos filósofos griegos, una cosa es filosofar, o aprender a pensar por sí mismo, y otra, muy distinta, es estudiar filosofía, o aprender la filosofía. Como ya te había dicho, filosofar es comprender y realizar los sueños de sí mismo.

Los presocráticos, así como Sócrates, Platón y en la Academia, de este último, consideraban que lo más importante era filosofar. Sobre este tema son ricas, variadas y hasta agradables de leer, las explicaciones y propuestas que da Platón a través de la voz de Sócrates, en sus diálogos, Alcibíades y Fedro, entre otros y de los que ya te comentaré luego. Permíteme sólo anticiparte lo siguiente: "Los verdaderos filósofos son los que aman contemplar la verdad", como bien lo dijo Platón en su diálogo La República.

Pero no vayas a pensar que la ignorancia y la vanidad son asuntos nuevos, de ahora, ya en la misma Grecia, de aquellos tan mitificados tiempos clásicos, tenían iguales problemas de enseñanza en su paideia, como bien puede deducirse por el enfrentamiento entre socráticos y sofistas.

Esos sofistas, quienes y sin desconocer la importancia que a pesar de todo tuvieron, fueron, en su época, lo que ahora, en nuestro tiempo, son esas estrellas farandulescas o "gurús" que, cobrando grandes cantidades de dinero, pretenden enseñarles, a quienes tienen con que pagarles sus seudo enseñanzas o comprar sus costosos libros, en los que ofrecen, como "el oro y el moro", los secretos sobre los misterios de la felicidad, el éxito, la fama y la fortuna, bien en temas de la vida personal y espiritual, o bien en aquellos otros temas que se supone que los convertirán en personas exitosas en la vida laboral o empresarial o económica. Por supuesto, antes como ahora, la idea era enriquecerse a costillas de los ingenuos e ignorantes En aquellos tiempos hubo mejores críticos sobre ellos: el mismo Platón o, claro y gracioso, Aristófanes, en su comedia Las nubes.

Como puedes ver, el asunto tiene su historia que será importante considerar al filosofar o aprender a pensar por sí mismo, que ya te mencioné y de lo que volveremos a hablar. Pero también es necesario explicarte qué es eso de estudiar filosofía, o aprender la filosofía, que es el punto donde parecen coincidir todas las confusiones.

Pues resulta, que también, al viejo estilo sofista, el estudio de la filosofía o el aprendizaje de la filosofía, se convirtió en un producto comercial más de la canasta académica y de ello se encargaron los comerciantes académicos que a partir del éxito de los grandes filósofos alemanes del siglo XIX, instauraron un paquete escolar llamado Historia de la Filosofía (con todo y mayúsculas), con el cual se pretendía vender a los estudiantes una síntesis al tamaño y precio de las necesidades del comprador, pero a su vez, requisito para poder acceder a las cátedras de los grandes maestros y filósofos.

Fue así como la Historia de la Filosofía se convirtió en un buen negocio para universidades y profesores, hasta el punto que hoy por hoy es un producto paradigmático que se vende obligatoriamente en las instituciones educativas tanto en secundaria como en la universidad y, del cual, por épocas de moda, viven, más o menos, los profesores profesionales de la materia y se lucran las empresas educativas.

Pero lo peor no es eso. Resulta que por esas mismas condiciones, que quien compra y se aprende la Historia de la Filosofía o alguna de sus versiones comerciales, se le considera filósofo, igual que, quien se ha informado sobre algunos lugares comunes de la psicología, la sociología, la antropología, etc., y los cita en sus conversaciones con cierta pomposidad, se cree en el derecho y capacidad de descrestar ingenuos, como la gran cosa.

Una cosa es aprenderse poemas para recitarlos y otra, ser verdadero poeta. Esta bien que para filosofar o pensar por sí mismo sea necesario conocer las ideas y lo qué pensaron y vivieron los grandes filósofos, sociólogos, antropólogos, etc., pero otra y muy distinta, es repetir sus citas como loros o reproductores de sonidos.

Para redundar en los argumentos y ejemplos. Es más fácil aprenderse las biografías y el resumen de las ideas más célebres y conocidas de los grandes filósofos que aprender a pensar como ellos pensaron: con visión, originalidad y anticipación. O, cómo ellos interpretaron y formaron las ideas y formas de verse en su tiempo y en sus mundos, para así determinar cómo sería el futuro.

Como puedes ver, al hacer el anterior análisis ya estamos filosofando, es decir, estamos haciendo la crítica de la realidad que nos toca vivir, como proponían los pensadores e intelectuales de la Ilustración en el siglo XIX, pero sin tener que llegar a los extremos ni la complejidad de Immanuel Kant y sus Críticas, por ejemplo, al que, en algún momento, es bueno conocer y criticar, un poco más allá de la simple Historia de la Filosofía comercial, de la mano de un buen interprete (y cuando digo interprete, estoy pensando también como en la buena música), pues sus obras y pensamiento ofrecen conceptos y aspectos del ser humano y sus realidades que son intrigantes, fascinantes e interesantes.

Espero que ya tengas una idea sobre lo que te estoy proponiendo, así que para dejarte pensar en ello y sugerirte otro camino para llegar a filosofar o aprender a pensar por sí mismo y antes de entrar a analizar ese tema con mayor proximidad, voy a comentarte sobre los otros asuntos que dejamos pendientes al principio: las condiciones subjetivas y emocionales de la iniciativa de formar y participar en un grupo de amigos de la filosofía.

Como ya te había dicho, la mayor preocupación existencial de los muchachos y muchachas, es la encontrarse a sí mismos y comprender las necesidades y significados de relacionarse con los demás. Y, por supuesto, qué va a ser de ellos en la vida. Es decir, cómo encontrar la felicidad. Eso merece algunas reflexiones.

NADIE ME ENTIENDE

Sé por experiencia y observación que en estos momentos estás más preocupado por otros asuntos que, aparentemente, nada tienen que ver con la filosofía o el filosofar, pero, si lo piensas bien, esos asuntos y esas circunstancias son el exacto tema y momento en el que se empieza a filosofar, es decir, a sentir emociones y sensaciones desconocidas o, por lo menos, extrañas que nos hacen actuar de maneras erráticas y, a veces, hasta violentas, sin que sepamos por qué. Es también el tiempo en que se empieza a hacerse preguntas para las que no se tienen ni conocimientos ni respuestas.

Eso es exactamente empezar a filosofar, sólo, que la mayor parte de las veces, no nos damos tiempo para "contemplar la verdad", comprender lo que sentimos, ni comenzar a construir el conocimiento o comprensión de nosotros mismos, que es el filosofar y lo que, en última instancia, será nuestra propia filosofía.

Pero, antes de seguir por este camino, que retomaremos más delante, es necesario mirar primero qué son esas preguntas, emociones y sensaciones, pues cuando tengamos conciencia y seamos conscientes de ellas, es que hemos empezado a filosofar, que es lo que se propone Sócrates cuando confronta a Alcibíades sobre lo que cree qué es él y lo qué él quiere ser.

Lo primero, es cuando empezamos a hacernos preguntas sobre nosotros mismos. ¿Cómo nos podemos relacionar hombres y mujeres, amorosa, agradable y satisfactoriamente? ¿Quién soy yo? ¿Porqué nadie me entiende (a veces, ni yo mismo)? ¿Qué voy a ser y hacer en la vida? ¿Cómo puedo ser feliz? ¿Por qué me da miedo o me siento culpable por tantas bobadas? ¿Estoy solo o es posible la verdadera compañía? ¿Por qué la gente es así? ¿Cómo funciona el mundo y por qué no funciona como debiera ser, si es tan fácil? ¿Qué es el universo, de dónde vino y cómo funcionan las cosas? ¿Fué o no creado por un dios? ¿Qué significa todo esto? ¿Qué es la realidad?, etc.

En fin, son sólo algunos ejemplos para señalarte el camino que te conduzca a que te hagas tus propias preguntas

Ahora bien, si observas con detenimiento, verás que podrás organizar esas preguntas según tus propias categorías: unas están relacionadas con tu propia subjetividad, son esas que están relacionadas con lo que sientes, con lo que piensas, con lo que imaginas, etc., es decir, asuntos de tu intimidad.

Otras, se relacionan con lo que son, piensan y sienten las demás personas, bien sobre sí mismos y sobre los demás, lo que opinan sobre ti y, por supuesto, sobre el mundo en que vivimos, esos son los asuntos externos, lo que está por fuera de ti.

Y, otra categoría, de muchas otras que puedes establecer, sería para aquellas preguntas sobre las cosas que percibimos y queremos conocer: las personas, el mundo, el universo y su funcionamiento, esto último es lo que podría llamarse el conocimiento científico y es lo que tratan de enseñarnos en la escuela y la universidad, pues el conocimiento sobre nosotros mismos, nuestra intimidad, es asunto de existir, experimentar y conocernos: contemplarnos a nosotros mismos.

Encontrar las respuestas, acertada o equivocadas, a tales preguntas es filosofar y establecer el método o métodos para organizar y aprovechar esas repuestas y formular nuevas preguntas, es filosofía, es tener una filosofía propia que se alimenta con mis propios conocimientos y se complementa con los conocimientos que ha ido acumulando la humanidad.

Todo lo anterior es válido y cierto para conocer tanto para las propias circunstancias existenciales, como para el conocimiento que adquiera sobre los demás y las ciencias que se ocupan de la naturaleza del universo. A partir de todo ello se puede definir mi visión del mundo (ideología) y la forma como me comporto en él (ética).

Como puedes ver, no será tan complicado y complejo, aun cuando lo parezca en principio, que los hombres y las mujeres se relacionen amorosa, agradable y satisfactoriamente, sin tanta confusión y que, en consecuencia, podamos amarnos los unos a los otros... como pensamos, imaginamos y soñamos. Al menos, ya tenemos muchas cosas de que hablar y compartir: opiniones personales, artes, músicas, modas, juegos, gustos, confidencias, en fin, una propia filosofía.

CONÓCETE A TI MISMO

Siguiendo con el cuento de los antiguos griegos de la época clásica, estos tenían dos expresiones de distinta profundidad e intensidad para referirse al conocimiento de sí mismo y lo qué significaba para el bienestar personal y una saludable existencia.

Una, era "gnothi seauton", "conócete a ti mismo", la más popular tanto en ese entonces como también en la actualidad, que correspondían a la inscripción que estaba tallada en lo alto del templo de Delfos y que invitaba a los peregrinos a consultar sobre los sucesos de su vida cotidiana. A diferencia del significado que hoy por hoy se le da, que pretende que cada cual se conozca a sí mismo lo mejor posible, en aquella época se utilizaba para invitar a las personas a conocer sobre los sucesos y asuntos que, a su alrededor, afectaban la vida diaria, bien, tratando de anticipar o adivinar lo que podría escurrirles, basados en la interpretación de las palabras del oráculo, o bien, siendo observador de los sucesos que ocurrían en el ámbito de su vida, para así poder interpretar la realidad y anticiparse o estar atentos a lo que podría afectarlos, tal el caso de conocer las leyes para cumplirlas, conocer de los negocios para así saber cómo manejar mejor el dinero, conocer a aquellos con los que se establecen relaciones para así saber como tratarlos, saber en todo momento lo que se siente y piensa para así saber como comportarse, conocer algún arte, algún oficio o tener una profesión para así disfrutar de una vida agradable; en fin, todas esas condiciones importantes que nos permiten relacionarnos con propiedad en el mundo en que vivimos.

Como puedes ver, este conocimiento de sí mismo es el mismo que hoy te ofrece la educación, institucionalizada o no, para que conozcas y comprendas tu papel en el mundo y te adaptes al medio y la cultura en que vives; ya dependerá de ti hasta donde quieras llegar en este conocimiento.

Para ponerte un ejemplo, te diría que el "gnothi seauton", te permitiría establecer relaciones, tal vez de conveniencia, con los demás, pero no te capacita para hacer que esas relaciones sean más íntimas, honestas, próximas a tu corazón. Serían, lo que hoy se podría decir, tener buenas relaciones sociales, en la casa, en la escuela, en el trabajo, en fin, en la vida pública.

LA PREOCUPACIÓN DE SÍ MISMO

La otra, "epimelathenai seautou", "tomarse a sí mismo como objeto de desvelos", que es la que Sócrates le recomienda a Alcibíades, en el diálogo del mismo nombre, es más profunda e intensa, pues implica ir más allá de la simple superficie o conocimiento del mundo externo y las relaciones que se tengan con él. Aquí, la recomendación socrática propone que es necesario aprender a conocer y manejar la interioridad: la forma como están hechos y como funcionan nuestros procesos mentales, nuestras emociones, nuestras inteligencias, nuestros dones y talentos, en fin, para de esa manera poder responder acertadamente tanto a lo que sucede en nuestra subjetividad, nuestra realidad interna (cómo percibimos, cómo sentimos y cómo nos expresamos), así como a las dinámicas y sucesos de nuestras realidades externas (qué sucede al rededor, qué cambia y para dónde van las cosas y cómo me afectan).

Haciendo el comentario paralelo, te diría irónicamente que el "epimelathenai seautou" no se consigue en el mercado. Tanto ahora como en los tiempos de Sócrates, alcanzar ese estado de preocupación o desvelo permanente por sí mismo, demanda, por un lado, otra voluntad, otro esfuerzo, otra disposición, otra disciplina personal, en fin, un entrenamiento, un ejercitarse, un supervisarse, un evaluarse, un actuar en consecuencia y congruencia, constantes y pendientes de aquello que me sucede, me afecta o influencia, me altera o me atrae, me cambia, me mejora o me perjudica, etc., lo cual determina las formas como yo me relaciono conmigo mismo y con los demás. Para lograrlo, me necesito a mí mismo y, ojalá, un buen maestro: un amigo sabio que me oriente y me critique con total honestidad, para finalmente poder decir con certeza: Yo sé quien soy... así el proceso sea de toda una vida.

Y, para ponerte también un ejemplo. Te podría ilustrar sobre los múltiples beneficios que te atraerían esta preocupación por ti mismo en los asuntos de la vida diaria, pero prefiero dejarlos para otra ocasión, y mejor, te comento una situación más sensible y delicada para ustedes los jóvenes: las relaciones con los miembros del sexo opuesto, esos asuntos tan complicados del amor.

Lo voy a hacer comparativamente. Con el "gnothi seauton", podrás manejar con eficacia las relaciones con los otros, pertenecer y adaptarte a grupos, compartir intereses comunes, realizar actividades en conjunto, practicar deportes o divertirte, rumbiar, etc., y hasta tener ese tipo de relaciones sexuales tan comunes ahora en lo que llaman la "liberación sexual", pero, nunca, en este nivel, llegarás realmente a conocerte a ti mismo ni conocer verdaderamente a los otros. Aquí, el amor no está presente.

Es aquí donde interviene el "epimelathenai seautou"... Porque si piensas que Amor es algo más, empezaré por citarte unos versos de don Francisco de Quevedo y Villegas, un poeta español del Siglo de Oro, burlón, satírico y profundo, pero también, uno de los más acertados al hablar de amor:

"Este amor que yo alimento
de mi propio corazón,
no nace de inclinación,
sino de conocimiento".

Es de ese conocimiento que trata Amor, pues deberás saber que cuando te enamoras estarás emprendiendo el viaje más maravilloso e intenso para explorar y descubrir, en compañía, los territorios de tus tinieblas interiores, tan misteriosos que ni siquiera te imaginabas que existían en ti... Cada Amor, con sus agonías y éxtasis, te hará nuevo, te hará mejor...

CONCIENCIA Y CONSCIENTE

Y, aunque pareciera que cuando estamos enamorados sólo somos percepción, sensación, emoción e imaginación, ya te darás cuenta, si te "tomas a ti mismo como objeto de desvelos", que es en ese estado extremo en el que se manifiesta, en su máxima expresión, todo aquello que eres y serás, pero que, para aprehenderlo, comprenderlo y conocerlo, tendrás que entrenar y ejercitar tu conciencia y así poder ser consciente.

Me explico, tenemos conciencia de que somos, sentimos, pensamos, imaginamos, etc. Pero, ¿somos conscientes de ello, de su funcionamiento, de su contenido, de sus efectos en mí y en lo que proyecto ser? Cuando se responda afirmativa y honestamente a estas preguntas, se podrá decir: Soy consciente de mi mismo.

Pero, ojo, esto nada tiene que ver con eso que llaman tener identidad, tener seguridad en si mismo, tener autoestima, tener personalidad, en fin, esos asuntos que los mercaderes de la autoayuda venden como baratijas de "autoestima chatarra".

Cuando todo lo anterior te esté sucediendo, sabrás que ya estás filosofando en uno de los sentidos que le daban los filósofos griegos clásicos: la filosofía es la medicina para el alma, y eran los filósofos quienes la aplicaban a sus alumnos.

Te cuento, a manera de anécdota, que para los filósofos clásicos árabes, cuya filosofía difiere de la occidental, pues en ella no se separan los asuntos temporales de los trascendentes. El alumno que quería filosofar debía realizar el viaje iniciatico que lo llevaría a percibir, como cosa propia, que las realidades materiales y las espirituales eran una y todo. Pero este será otro asunto de estudio si quieres ser, también, estudioso de la filosofía.

Como punto de partida o insinuación, te propongo un ejemplo de definición de hombre o humano, entre las imaginables e imposibles que se puedan dar, para que tu también empieces tu propio viaje iniciatico con la formulación de tu propia definición filosófica de qué es ser hombre o que es ser humano:

- "El hombre es el único animal que es consciente de tener conciencia".

Pero, mejor cierro esta asunto, por el momento, para que tratemos el otro punto que tenemos pendiente.

EL ESTUDIANTE DE FILOSOFÍA

Voy a terminar esta extensa carta con una aparente paradoja:

- La sabiduría no está en los libros, pero si algunos de sus mejores ingredientes y condimentos.

Y, te lo digo, no porque después de toda una vida dedicada a tratar de ser un LECTOR LUDI, y ya más cerca del final que del principio, comprendí lo que dijo Platón en su diálogo Fedro:

"Verdaderamente, aun los mejores escritos no son otra cosa más que medios para ayudar a la memoria de aquellos que saben".

Me explico. En los libros, por geniales o eruditos que sean sus autores o por que su contenido y calidad literaria sean excelentes, sólo encontrarás aquello que su autor pudo expresar por escrito, pues bien sabes, nunca es posible expresar total y exactamente todo aquello que se piensa, se siente y se sabe, "ese algo" que constituye la verdadera sabiduría de su autor.

Es por ello que puede pensarse que, novelistas, poetas, filósofos, científicos, etc., escriben para mantener viva y dinámica la memoria de lo que verdaderamente saben y la trasmiten a los demás para que ellos puedan seguir los caminos que los conducen a encontrar sus propias sabidurías, es decir, a filosofar, a tomarse como objetos de sus propios desvelos y, en consecuencia, a tener conciencia y ser conscientes de sí mismos.

Como sé que eres un muy buen lector, siento la tranquilidad de que ya tienes los elementos necesarios para continuar el gozoso, pero arduo, camino de la sabiduría... además de otros patrimonios que te lego en mi testamento.

A MANERA DE TESTAMENTO

Quizás si yo me lo hubiese propuesto, habría podido ser un hombre de grandes riquezas en bienes materiales o, a lo mejor, un personaje importante para los libros de esa historia efímera que inventan diariamente los medios de comunicación, y ese sería el legado que te dejaría y que, se podría pensar, te haría sentir orgulloso de haber tenido un padre adinerado y célebre.

Pero no, mi vida la hice y se fue haciendo de otra manera, unas veces más por un azar que me dirigía del caos al orden, y otras, consciente de que mis decisiones y actos determinarían mi futuro.

Una de esas decisiones, la más importante de todas y la que más afectaría tu existencia, fue la que tu mamá (si ella pudiera escribir como tú y yo, te diría un infinito de ideas y de amores) y yo tomamos desde el principio de los principios:

- Amarte por sobre todas las cosas y actuar en consecuencia y congruencia.

Éramos conscientes de que ello no garantizaría tu felicidad, pero si confiábamos y creíamos en que tú pudieras buscarla por tu propia cuenta, porque te dábamos otras, quizás muchas más opciones de aquellas que, paradigmáticamente, la cultura y las ideologías, sociales, políticas, religiosas, etc., en las que te corresponda vivir, ofrecen a cada una de esas generaciones, que se replica una y otra vez, en una evolución lenta y con pocas mutaciones. O que, al menos, le puedan ofrecer a la humanidad un mundo mejor.

Para todo lo anterior y muchas cosas más, es que sirve el filosofar, esa es la única riqueza e importancia que se pueden adquirir con ello, de ahí que ese sea el patrimonio que te dejamos por herencia.

Tu padre, que se alegra de que ya estés en edad de querer participar en grupos de estudios filosóficos, en tomarte como objeto de desvelos, y que te desea, para el resto de tu existencia, todo lo mejor de aquello que puedas adquirir por ti mismo.

Un abrazo,

Iván Rodrigo.

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