26 de julio de 2015

Lector Ludi No. 78 El Homo-Humano, doméstico



M. C. Escher, Metamorfosis II.


Lector Ludi No. 78
Por Iván Rodrigo García Palacios
El Homo-Humano, doméstico


Publio Ovidio Nasón, Metamorfosis, Invocación:
"Mi espíritu me induce a relatar cambios de forma de unos cuerpos en otros nuevos; dioses, inspirad mis comienzos (puesto que también vosotros los cambiasteis) y llevad mi poema sin interrupción desde el origen del mundo hasta mi época".


Sin obviar la inmensa complejidad que se le da al concepto de cultura, pero obviando todos esos complejos conceptos, teorías, interpretaciones y definiciones que las filosofías y las mal llamadas ciencias sociales y humanas hacen de él, prefiero pensar la cultura en el contexto de la teoría de la evolución y de la selección natural y sexual y proponerla como aquellas expresiones resultantes de la evolución de las características que la selección natural y la selección sexual han privilegiado y desarrollado en la biología y anatomía del cuerpo y por medio de las cuales cada especie establece y desarrolla pautas de conducta, comportamiento y acción con los cuales mejorar el éxito de su reproducción, supervivencia y adaptación y cuyas consecuencias inciden, a su vez, sobre el proceso evolutivo tanto del organismo mismo como de su actividad 1.
A manera de ejemplo. Sólo en el momento en el que, por la evolución y selección biológica, se desarrolló el aparato y el sistema fonador humano, fue posible que se pudieran desarrollar los códigos y los lenguajes 2, empezando por los sonidos, la música, y todo lo que ellos significan en la historia de la evolución y del desarrollo humano, hasta el punto de que los lenguajes y códigos son el fundamento de lo que se llama la naturaleza y la condición humana: lo humano como naturaleza y condición biológica y anatómica universal y propia de la subespecie Homo sapiens sapiens, pero, también, como característica, propiedad y cualidad de lo que llamaré Homo-Humano, o sea, el Homo que se hace humano en la evolución cultural.
Además, la cultura es, a su vez, el conjunto de mecanismos y dispositivos mentales y conductuales resultantes de la evolución biológica y de la evolución cultural, mediante los cuales, tanto la subespecie hombre moderno, como el Homo-Humano, son domesticados y se domestican a sí mismos, es decir, mediante los cuales se adaptan tanto a las condiciones del ambiente como a las normas y condiciones que ellos mismos se imponen como individuos y colectivos para determinar y regir sus visiones y sus acciones consigo mismos, con los otros y con el mundo: la domesticación, que, a su vez, es la finalidad de la ética, la política, la religión, etc.
La naturaleza humana es todo aquello que hace humano al humano en el genoma, o sean las características biológicas y anatómicas propias de la especie humana. La naturaleza cultural es todo aquello que a partir de las condiciones de la naturaleza biológica y anatómica le permiten al humano desarrollar los mecanismos y dispositivos con los cuales expresarse, conectarse y relacionarse consigo mismo, con los otros y con el mundo, eso que se define como cultura, cualquiera sea el concepto y el significado que se acepte.
Lo humano es aquello que a partir de la naturaleza biológica y anatómica le permite al Homo sapiens sapiens elaborar y desarrollar las expresiones y manifestaciones propias de los humanos, lo que lo hace Homo-Humano. Lo humano es esa naturaleza y es la generación de cultura a partir de esa naturaleza. La cultura es la domesticación de la naturaleza.
Y será la complejidad de cada cultura la que determine el grado y las condiciones de la domesticación, es decir, hasta que punto los miembros de una comunidad cultural han desarrollado sus capacidades de definir y de medir conceptos y actividades tan complejos, por abstractos, como la felicidad y la libertad, el bien y el mal, el espacio y el tiempo, etc., que no son otras cosas que la evolución de una abstracción que se inició en el sentir placer y dolor. Y cada cultura inventa y desarrolla sus propios mecanismos y dispositivos según sus necesidades y anhelos, y cada Homo-Humano lo hará según sienta al mundo, a los otros y a sí mismo y se conecte, corresponda y relacione con todo ello.
El grado de domesticación se puede establecer según prime lo natural o lo cultural en la acción, los comportamientos, las expresiones y las manifestaciones de los Homo-Humanos.
***
¿En que momento el Homo sapiens sapiens se domesticó y se transformó en Homo-Humano?
En el momento en el que se inventó a los dioses masculinos como motivo y figura de poder e impunidad mediante los cuales dominar y someter a sus deseos a las hembras, a los otros y a la Naturaleza y, por supuesto, a toda la cultura que a partir de allí se desarrollo. Las culturas que de allí emergieron fueron el resultado de cambiar la visión del mundo, de los otros y de sí mismos como hijos de la Naturaleza, de La Gran Madre, lo matricial, para empezar a considerar a la Naturaleza y los Homo-Humanos como creaciones y criaturas de dioses masculinos autocreados, sin madre, lo patricial 3. Hoy por hoy, ni lo uno ni lo otro, pero ese asunto, junto con la significación de las diosas femeninas, requiere otra explicación.
¿Qué es el Homo-Humano? El Homo sapiens sapiens es la subespecie de los Homo en la cual la paleo-antropología agrupa a los humanos modernos clasificados por su anatomía.
A diferencia de la clasificación anatómica, voy a utilizar el término Homo-Humano para definir a los humanos, no por su especie, sino por lo que se entiende son sus cualidades de humanos. Ese proceso de humanización y culturización que propongo como el proceso de su domesticación, es decir, el desarrollo de aquellas características no anatómicas que hacen humano al Homo sapiens sapiens.
Ahora bien, ese proceso de humanización y culturización se inició en el momento en el cual las expresiones y comportamientos, naturales o salvajes, del Homo sapiens sapiens empezaron a ser regidos por la naturaleza cultural o por la cultura, es decir, en el momento en el cual la cultura empieza a regir y determinar los comportamientos de los Homo-Humanos por sobre las expresiones y comportamientos naturales o salvajes. Esto es lo que podría denominarse como el momento en el cual el comportamiento cultural o doméstico prima sobre el comportamiento natural o salvaje.
Lo anterior se puede afirmar porque, como lo dice en antropólogo cultural Marvin Harris, los antropólogos, al igual que, paleontólogos psicólogos, sociólogos, etc., aceptan que las distintas subespecies de Homo desarrollaron dispositivos culturales con los cuales tener éxito como especie 4. Y no sobra enfatizar, con la teoría evolutiva, que todo ello se hace para lograr el éxito de la reproducción, de la supervivencia y de la adaptación de la especie.
Al igual que otras especies animales a las que el Homo-Humano domesticó a lo largo de su evolución natural y cultural, él mismo, como animal, ha sido sometido por el proceso de domesticación desarrollado por la propia especie y por las distintas culturas por ella desarrolladas a lo largo de la evolución cultural 5, y vuelvo a decirlo, la humanización y la culturización del Homo-Humano son un proceso de domesticación. La lucha, entonces, es entre la expresión salvaje y la expresión doméstica. Domesticar: dominar lo salvaje para construirse a sí mismo, construir a los otros y construir al mundo a "imagen y semejanza" de lo que inventa el Homo-Humano.
Consecuencia final. Gústenos o no, la naturaleza salvaje jamás podrá ser domesticada ... totalmente. La vida es una fuerza que se manifiesta en el imperativo de la reproducción y la supervivencia de la especie. Una fuerza a la que en la cultura se le denomina Eros, tanto como eros vulgar o como el Eros cósmico, ese que todo construye y todo destruye.
La aporía. El anhelo de futuro, eso que ya he definido como El Espíritu, es infinito como infinito es el universo.
La tragedia. El Homo-Humano es la única especie sobre la tierra que tiene en sus manos el destino final de la habitabilidad en el planeta y, con ella, del destino de la especie: la extinción. Nada de que extrañarse, al fin y al cabo, si el universo se formó en un Big Bang, acabará en un Big Crunch, estemos nosotros o no.


Notas

1 Michael S. Gazzaniga, ¿Qué nos hace humanos? La explicación científica de la singularidad de nuestra especie, Paidós, Barcelona, 2010, p. 43. "El cerebro humano es en verdad un extraño mecanismo, diseñado por la selección natural con un propósito principal: tomar decisiones que favorezcan el éxito reproductor".
2 Daniel Everett, Language: The Cultural Tool, Profile Books Ltd. London 2013.
3 Fue aquel momento en el que aquellas cosmogonías y mitologías de la Gran Madre, “matriciales”, horizontales, solidarias e igualitarias, fueron sustituidas por las nuevas cosmogonías y mitologías invocadas por los hombres: “patriciales”, verticales, jerarquizadas y violentas, el Gran Padre que discrimina entre hombres y mujeres, fuertes y débiles, etc.
Matricial: La Naturaleza era la gran diosa, La Gran Madre de todo lo existente, en un mundo y las comunidades de humanos regidas por la Ley de la Madre, el matriarcado.
Patricial: Dioses masculinos, autocreados, con o sin la participación de diosas mujeres, crearon el universo y en él a las mujeres y a los hombres y al resto de las cosas. Un mundo y las comunidades de humanos regidos por la Ley del Padre, el patriarcado.
Ley de la madre: Es aquella que se origina en la necesidad de la madre de proteger a sus hijos y que se representa en el hogar, la fogata, el fogón, que crea una esfera cálida y solidaria donde se acogen, se refugian, los miembros del grupo o la comunidad, los hijos de la Madre Tierra, para enfrentar unidos el miedo y la necesidad por medio de la solidaridad.
Ley del Padre: Es la ley institucionalizada, de las instituciones, que el macho, se ha inventado para imponer su dominio sobre las hembras y sobre los otros, construyendo fronteras, barreras, muros, con el fin de establecer y perpetuar su poder y propiedad.
4 Marvin Harris, Antropología cultural, Alianza, Madrid, p. 30. "La mayoría de los antropólogos coincidirá en que todas las sociedades humanas han de tener dispositivos culturales de índole conductual y mental para satisfacer las necesidades de la subsistencia, la reproducción, la organización del intercambio de bienes y trabajo, la vida en el seno de grupos domésticos y grandes comunidades, así como los aspectos creativos, expresivos, lúdicos, estéticos, morales e intelectuales de la vida humana".
5 Luigi Cavalli Sforza, La evolución de la cultura. Propuestas concretas para futuros estudios, Anagrama, Barcelona, 2007.



7 de julio de 2015

Lector Ludi No. 77 - El Espíritu es el anhelo de futuro



"Un misionero medieval cuenta que había encontrado el lugar en el que el Cielo y la Tierra se encuentran".
(Pie de página en Universum, Flammarion, grabado, París (1888); versión coloreada de Hugo Heikenwaelder, Viena (1998). Publicada en el libro: L'Atmosphere: Météorologie Populaire (París, 1888) versión modificada).


Lector Ludi No. 77


Iván Rodrigo García Palacios
El Espíritu es el anhelo de futuro


Anhelar. (Del latín anhelāre). Tener ansia o deseo vehemente de conseguir algo.


Según esta definición del diccionario de la Academia de la Lengua Española, el anhelo es algo mucho más intenso que el deseo 1 o, para ponerlo en otras palabras, es el máximo deseo: la hipotética inmortalidad o, en términos evolutivos, la necesaria supervivencia, individual y de la especie.
Supervivencia e inmortalidad, esos son los elementos del anhelo de futuro, ese sentimiento que es El Espíritu. En la física, son las leyes de la energía y la materia, de la construcción y destrucción de todas las cosas.
Todo ser vivo siente y expresa ese anhelo de futuro, ese Espíritu, pero, en ese contexto, para explicarlo, son los poetas quienes mejor lo expresan. Y entre los poetas, uno de los que mejor padece ese anhelo y encarna ese Espíritu, es Hölderlin, tanto por un patrimonio de arcaica sabiduría griega como por un no tan lejano patrimonio, el de Bruno y Spinoza y, por supuesto, por haber sido "tocado" por las cuatro manifestaciones de la locura divina, esa que explica Sócrates en Fedro, la que, en el poeta y en todos los verdaderos poetas, se manifiesta de manera plena y que, como fuego sagrado, los consume.
"SÓCRATES: En la [locura] divina, distinguíamos cuatro partes, correspondientes a cuatro divinidades, asignando a Apolo la inspiración profética, a Dioniso la mística, a las Musas la poética, y la cuarta, la locura erótica, que dijimos ser la más excelsa, a Afrodita y a Eros" (Platón, Fedro: 265 a-b).
Para los científicos el anhelo es la expresión anímica de un proceso biológico: la homeostasis 2 3. Para la mayoría de los filósofos, salvo Spinoza, quien lo define como conatus 4, y para Nietzsche quien lo expresa como una necesidad 5, el Espíritu es una supuesta hipóstasis de lo que se llama alma, algo que nada tiene que ver ni con el anhelo ni con el Espíritu del que hablo y que, por su complejidad dogmática, dejo a los doctores su explicación.
Se ha tratado de explicar el Espíritu de mil formas que no me interesan ahora, pues mi intención es hablar de ese Espíritu que nace y vive de la carne y en ella persevera, mejor dicho, el sentimiento que se hace anhelo y el anhelo que se hace Espíritu, como lo expresa el neurocientífico Antonio Damasio:
"El anhelo es un rasgo profundo de la mente humana. Esta implantado en el diseño del cerebro humano y en el acervo genético que lo engendra, no menos que los rasgos profundos que nos conducen con gran curiosidad hacia una exploración sistemática de nuestro propio ser y del mundo que lo rodea; los mismos rasgos que nos impulsan a construir explicaciones para los objetos y situaciones de este mundo. El origen evolutivo del anhelo es completamente plausible, pero la explicación necesita otro factor para que uno pueda comprender por qué la constitución humana acabó por incorporar el rasgo. Creo que en los seres humanos primitivos funcionó un parecido factor de la misma manera que está funcionando ahora. Su consistencia tiene que ver con el poderoso mecanismo biológico que hay tras él: la misma empresa natural de autopreservación que Spinoza enuncia de forma tan clara y trasparente como esencia de nuestro ser, el conatus, es llamado actuar cuando nos enfrentamos a la realidad del sufrimiento y, en especial, de la muerte, real o anticipada, ya sea la nuestra o la de los que amamos. La perspectiva misma del sufrimiento y la muerte trastorna el proceso homeostático del espectador. La empresa natural para la autopreservación y el bienestar responde al trastorno con una lucha para evitar lo inevitable y corregir el equilibrio. La lucha provoca que encontremos estrategias compensadoras para la homeodinámica que se ha desviado del camino recto; y el darse cuenta de toda la situación comprometida es causa de profunda aflicción" (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobilogía de la emoción y los sentimientos, Crítica, Barcelona, 2009, p. 249).
***
Esta propuesta evolutiva del anhelo en Espíritu, la que ahora es demostrada por las neurociencias, ya tenía sus antecedentes pre-científicos en la antigüedad griega, como bien lo muestra Ioan P. Culianu en su libro Eros y magia en el Renacimiento 1484 6, cuando ese Espíritu fuera denominado como "pneuma fantástico" o "pneuma vital", esa fuerza que impulsa a la vida hacia las estrellas y que si bien, tanto en ese antes como ahora, estaba constituida de la misma sustancia de la que están hechas las estrellas y en unidad con el cuerpo. Hasta no hace mucho era considerada como un mediador entre cuerpo y el alma.
El "pneuma" a través de los tiempos ha sido interpretado o bien como asunto de medicinas o bien como asunto de filosofías.
Como asunto de medicinas, Ioan P. Culianu remonta sus antecedentes a la ciencia premoderna con Alcmeón de Crotona, médico siciliano del siglo VI a.C. También Hipócrates hizo su particular propuesta sobre la naturaleza del "pneuma" diferente a la del siciliano. Desde entonces el concepto y su aplicación científica ha evolucionado hasta la actualidad, cuando se le considera una mera curiosidad teórica e hitórica, la que, sin embargo, no deja de proponer nuevas visiones, pero ya en del ámbito de las ciencias y de la teoría de la evolución, como bien puede ser esa definición que Antonio Damasio y otros neurocientíficos hacen del anhelo y, en general, de los sentimientos.
Como asunto de filosofías quiero destacar que será en el Renacimiento y particularmente con Giordano Bruno que el "pneuma" se convierte en "las fuerzas que ligan" 7 y que serán las que operen con "la magia", esa cualidad de hacer las maravillas que "el furioso heroico" puede desarrollar y a la que, en la modernidad, le serán negados sus atributos misteriosos y sagrados para convertirlas en asunto de ciencias puras y duras, pero las que, por más que se pretenda, no dejarán de ser anhelo de futuro, ese Espíritu que aspira a la inmortalidad, como ya bien lo dijera Giordano Bruno:
"Así nos vemos llevados a descubrir el infinito efecto de la infinita causa, el verdadero y vivo vestigio del infinito vigor, y sabemos que no hay que buscar la divinidad lejos de nosotros, puesto que la tenemos al lado, incluso dentro, más de lo que nosotros estamos dentro de nosotros mismos" (26).
(26) La inmanencia de Dios al mundo (Natura est Deus in rebus, dirá Bruno en el Spaccio) se manifiesta también en la divinidad del hombre. El hombre, sujeto divino, es un animal activo en la reproducción de su existencia, mediante la apropiación de la naturaleza (de Dios) por la magia y el trabajo y mediante la búsqueda heroica por el filósofo de la unidad. No hay necesidad de Gracia, ni de Encarnación, ni de Redención. Vemos claramente la incompatibilidad de Grecia y el naturalismo con el cristianismo.
(Giordano Bruno, La cena de las cenizas, Introducción, traducción y notas de Miguel Angel Granada, Alianza, Madrid, 1994, p. 71).
Otra cosa es pretender que ese Espíritu no existe o que existe como "una cosa sobrenatural".
Bruno, y también Spinoza, consideró Dios a la naturaleza. Y es a partir de allí que la historia del Espíritu se hace compleja y sólo los poetas sabrán expresarlo en su misteriosa y sagrada naturaleza o bien como emanación o bien como encarnación de la materia. Y esa es una historia que sólo ahora es posible descubrir sin que por ello ni la materia ni el Espíritu tengan que desprenderse de sus maravillosos misterios ni de su naturaleza sagrada.

NOTAS

1 "[...] el deseo es la esencia misma del hombre, en cuanto que es concebida como determinada a hacer algo" (Spinoza, Ética, III).
2 homeóstasis, homeostasis. Nombre femenino. Conjunto de fenómenos de autorregulación, conducentes al mantenimiento de una relativa constancia en la composición y las propiedades del medio interno de un organismo.
3 Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobilogía de la emoción y los sentimientos, Crítica, Barcelona, 2009, p. 33 y ss.
4 "PROPOSICIÓN IX. El alma [mens], ya en cuanto tiene ideas claras y distintas, ya en cuanto las tiene confusas, se esfuerza por perseverar en su ser con una duración indefinida, y es consciente de ese esfuerzo suyo" (Spinoza, Ética, III).
5 "El cuerpo creador se creó el espíritu como una mano de su voluntad". "[...] Espíritu - es la vida que muerde en la propia carne ¡en su padecimiento acrecienta su saber!" (Nietzsche, Así habló Zaratustra, I, De los despreciadores del cuerpo).
6 Ioan P. Culianu, Eros y magia en el Renacimiento 1484, Siruela, Madrid, 1999. p. 32 y ss.
7 Giordano Bruno, De la magia de los vínculos en general, Cactus, Buenos Aires, 2007.

22 de junio de 2015

Lector Ludi No. 76 : El enamoramiento, el sexo sublimado


Eros y Afrodita excitando a una mujer y a un hombre.


Lector Ludi No. 76
Iván Rodrigo García Palacios
El enamoramiento, el sexo sublimado


(Sublimar: cambiar de estado).
En la teoría de la evolución y en la selección natural y sexual tanto del enamoramiento como de su derivado el amor, se puede explicar su evolución, los procesos de selección y se pueden establecer las razones y utilidades por las cuales unos comportamientos metabólicos e instintivos se convierten en sentimientos trascendentes, sublimados.
Desde el momento en el cual la evolución y la selección natural cambiaron la forma de reproducción de los organismos del replicarse a sí mismos a la reproducción por el sexo y con ello a la selección sexual, condenaron a la materia viva a la agonía y al éxtasis de buscar su otra mitad, como en el mito que expone Aristófanes en Banquete de Platón. Es a eso a lo que podría considerarse es el enamoramiento.
En consecuencia, si la reproducción por el sexo es universal en las especies sexuadas y está se produce mediante la combinación de materiales genéticos aportados por hembras y machos, salvo excepciones específicas, y que también son universales los mecanismos de selección natural y sexual, y que también es universal el necesario proceso de atracción entre ambos sexos (el estro o ese período de celo o ardor sexual de los mamíferos) para que se produzca tal unión y combinación, entonces el enamoramiento, como ese proceso de atracción, también es universal.
Sin embargo, los que no son tan universales son las creencias y los conceptos con los que se definen, explican y describen los sentimientos, los estados de ánimo y los estados fisiológicos referidos a las manifestaciones naturales y culturales de ese mecanismo evolutivo y de la respectiva selección natural y sexual que lo produjo en los organismos y que alcanza la mayor complejidad en los mamíferos y, en particular, en las mujeres y en los hombres, pues en cada uno de los sexos el enamoramiento se manifiesta de manera propia y particular, pero aun más, en cada individuo también esa manifestación se expresa de manera propia y particular. Además, como muchos otros mecanismos biológicos, el enamoramiento también provoca expresiones naturales y culturales que afectan a la vida social en todas sus expresiones 1 2 3. A lo que habría que agregar las fusiones y confusiones conceptuales e ideológicas provocadas por las creencias, las ideologías y los intereses que han afectado no sólo las expresiones del sexo y la vida sexual, sino también su estudio y tratamiento tanto por las ciencias naturales como por la moral, la ética, las religiones, la política, las ciencias sociales y humanistas y por el arte, como puede verse en la historia universal de la cultura 4.
¿Dónde se origina el enamoramiento en la selección natural y sexual? Lo obvio, en el sexo 5. Desde el momento en el cual la reproducción de los organismos también se pudo realizar por el sexo, empezó la evolución y la selección natural y sexual de aquel mecanismo que ahora los Homo-Humanos llaman, definen, explican y describen como enamoramiento, junto con sus derivados, el amor y los estados afectivos. El enamoramiento es un mecanismo de gran complejidad, pues en él se implican tanto mecanismos naturales como conceptos y acciones culturales.
Se puede afirmar que todos los organismos que se reproducen por el sexo se enamoran, pero solo los Homo-Humanos han hecho de esa conciencia un consciente, es decir, toda una historia a la que llaman deseo, amor, pasión, etc., historia con la que expresan lo que se siente cuando el organismo es atraído o rechazado por aquel otro organismo correspondiente para la reproducción sexual. Historia que es la descripción de los placeres y dolores, los instintos, los apetitos, los deseos, las emociones, los sentimientos, los afectos, las pasiones, las imágenes y los pensamientos que tales estados provocan, con el fin de asignarles algún sentido, único y propio para cada individuo, pero universal en los procesos fisiológicos de las sensaciones.
Pero, simplificando las cosas, si bien el cuento del enamoramiento, sentido, definido, explicado, descrito, poetizado y contado por los Homo-Humanos, es de una complejidad inconmensurable, visto desde su origen, evolución y selección natural, es de una sencillez "elegante", si se le estudia, como dicen los científicos, desde las teorías capaces de predecir y acumular el saber gracias a su estructura deductiva y experimental.
Y ello es así porque en el enamoramiento también se cumplen las leyes que rigen al universo. La materia se une y se separa por reactividad, es decir, por atracción y rechazo, por la que se forman todos los cuerpos que existen y que, también por esa reactividad, esos cuerpos se construyen, mantienen, evolucionan, mutan y se destruyen y que, en ese proceso se requiere y se invierte energía.
Saltando toda la historia de la evolución de la materia en el universo, empecemos ahora desde el momento en el cual se organizan y se forman los organismos y estos convierten los procesos de manejo de la energía en la capacidad de sentir placer y dolor, es decir, la atracción por lo que les resulta placentero y el rechazo de lo que les produce dolor.
De allí en adelante y por evolución, selección natural y sexual, ese sentir se hará cada vez más complejo, en el sentido de que los organismos seleccionaran y desarrollaran los mecanismos y procesos mediante los cuales memorizar y recordar ese sentir y, junto con ello, para su adecuada organización, darle sentido, desde lo más simple de las percepciones y la sensaciones, hasta desarrollar los códigos tanto biológicos como culturales, mediante los cuales etiquetar, ordenar, memorizar, recordar y expresar lo que se percibe y se siente, desde el nivel metabólico hasta la invención de los más complejos códigos y sistemas articulados mediante los cuales se expresan pensamientos, imágenes, emociones, sentimientos y anhelos 6.
Ahora bien, el sentir y la reproducción sexual se hacen enamoramiento desde el momento en el que la materia atrae y es atraída. La que atrae y es atraída, la que "desea" reproducirse, se encuentra, siente, atrae o rechaza, con la materia adecuada que la atrae para combinarse, fecundarse y reproducirse. Los organismos que se reproducen por medio del sexo buscan y encuentran la materia para su reproducción al exterior del organismo o en el interior mismo del organismo en los casos especiales en los cuales el mecanismo de los sexos hace parte del mismo cuerpo. En el caso de los organismos que se replican a sí mismos, en esa forma de reproducción los mecanismos de atracción o rechazo actúan de forma específica al interior del organismo.
Es ese proceso de sentir la atracción y el rechazo, lo que en la evolución y selección natural y sexual, así como en la evolución y la selección cultural, se convertirá en el complejo mecanismo de reacciones y sentimientos mediante los cuales se expresan el placer y el dolor que se experimentan con el cuerpo y en el estado de ánimo y el cómo a esas sensaciones y a esos sentimientos se les asigna sentido y se expresan en la cultura y se manifiestan como enamoramiento.


Sentir en el cuerpo
Hasta ahora que se empiezan a utilizar los modelos, instrumentos y herramientas adecuados para descubrir, detectar y medir las reacciones corporales provocadas por la reactividad y los "influjos" del enamoramiento, se ha podido establecer que, al contrario de lo que se sostenía, el enamoramiento no es un estado o situación patológica ni mental ni fisiológica y que si bien, como en otros procesos fisiológicos sus mecanismos son similares, la totalidad del proceso es específico y particular para la acción que se realiza.
El enamoramiento es una intensa reacción fisiológica y anímica, cuya explicación en la selección natural y sexual no es otra que la de garantizar la adecuada reproducción de los organismos 7.

El sentir en la cultura
En la cultura, las cosas son aun más complejas, pues los Homo-Humanos han inventado un sin fin de formas para definir y expresar las inconmensurables variaciones del placer y del dolor que se sienten en y con el cuerpo y que afectan al estado de ánimo y que, como en todo lo que tiene que ver con la necesidad de expresarse, son el mecanismo cultural por medio del cual compartir los sentimientos, las intenciones, y tratar de comprender y anticipar los sentimientos, las intenciones y las acciones de los otros y de sí mismo. Y, por supuesto, el formar parejas y comunidades.
En consecuencia y como se dijo atrás, el enamoramiento es el estado en el cual se sienten intensas reacciones de placer y de dolor, fisiológico y anímico, cuya finalidad es la misma que la de la selección natural y sexual, el éxito reproductivo y que se expresa por medio de complejos y elaborados códigos tanto biológicos como culturales.
Pero hay un antes y ahí está el quid de la cuestión y el motivo de la gran polémica. Como en la infinidad de muchos otros procesos fisiológicos del cuerpo del Homo-Humano, el enamoramiento comienza antes de que el cuerpo, el cerebro incluido, tenga conciencia, sienta e identifique los procesos que lo provocan, desarrollan y concluyen. Lo mismo es válido para muchos otros procesos relacionados, de los que no se tiene conciencia durante el período del enamoramiento.
Pero no son esos procesos no conscientes los que me interesan y los dejo a los científicos descubrir y explicar. Los que atraen mi atención son aquellos que si se sienten y se identifican y que hacen parte de la conciencia, porque son esos los que el Homo-Humano hace conscientes y los convierte en poesía, filosofía, ciencias, ideologías, religiones, etc., mejor dicho, en cultura y en la cultura del sentir.


Sublimar: cambiar de estado
De la carne al espíritu, ese es el cambio de estado que provoca el enamoramiento.
De manera menos poética, se puede decir que el enamoramiento comienza en un proceso físico y químico al interior del cuerpo, en el cual se liberan y producen las sustancias químicas y se suceden los procesos físicos, mediante los cuales la hembra y el macho se preparan para la reproducción sexual y, además, generan las condiciones y circunstancias para que el proceso de fecundación, gestación y crianza del nuevo espécimen se realice en las mejores condiciones, acorde con las instrucciones particulares codificada en el ADN de cada especie.
Es esa carne la que se sublima en espíritu. La carne anhela y ese anhelo es deseo vehemente de futuro: ese es el espíritu. Spinoza lo llama conatus, del cual el sexo es especial manifestación, como que es el esfuerzo de la carne por perseverar en su identidad. He ahí el enamoramiento.


El enamoramiento transforma
En el enamoramiento, el enamorado se funde y se fusiona con aquello que le ha desatado el anhelo. Una visión que bien puede ser la visión del dios de los mitos o de los místicos o de la persona amada o el descubrimiento e invención de algo original o el sueño de viajar por el universo o de realizar una acción o una actividad, en fin, ese estro amoroso y creativo, ese momento exaltado en el cual se tiene plena conciencia y saber de haber desvelado y revelado un misterio: una hierofanía, una revelación que todo lo trasforma y un acto heroico en el que se la concreta.
Porque, y para evitar objeciones, lo que en el enamoramiento se presenta como causa externa, de inmediato se transforma en causa íntima o inmanente, si se quiere, como poéticamente lo expresa San Juan de la Cruz:
"¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el amado transformada!".
(San Juan de la Cruz, La noche oscura).
Antes que San Juan de la Cruz, Giordano Bruno había expresado el mismo fenómeno, pero para "el furioso heroico":
"CICADA: Entiendo: porque el amor transforma y convierte en la cosa amada".
(...)
"TANSILLO: Así es. He aquí pues cómo Acteón, convertido en presa de sus propios canes, perseguido por sus propios pensamientos, corre y "dirige los nuevos pasos" -renovado en cuanto procede divinamente y con mayor ligereza, es decir, con mayor facilidad y con más eficaz vigor- "hacia la espesura", hacia los desiertos, hacia la región de las cosas incomprensibles; de hombre vulgar y común como era, se torna raro y heroico, tiene costumbres y conceptos raros, y lleva una vida extraordinaria. Y en este punto "le dan muerte sus muchos y grandes canes", acabando aquí su vida según el mundo loco, sensual, ciego e ilusorio, y comenzando a vivir intelectualmente; vive la vida de los dioses, nútrese de ambrosía y de néctar se embriaga" (Los Heroicos Furores, I, 4).
(Ver: Iván Rodrigo García Palacios, El ferino furor del enamoramiento).
Es por concepciones como estas que en las palabras el enamoramiento y el amor se trasforman también en universo de imaginación y pensamientos en los que la existencia humana se expresa en todos los sentidos imaginables. Todo, el arte, las ciencias y las filosofías, se empeñan en desvelarlo y revelarlo, pero, como en un juego aporístico, lo velan y lo ocultan.
Ya había sucedido así desde las más antiguas de la antiguas mitologías y no fueron menos complejos los mitos con los que Platón fundó las concepciones que rigen sobre las visiones que en todas las culturas occidentales nos formamos desde entonces sobre el enamoramiento y el amor.
Para Platón el asunto del enamoramiento y del amor está regido por Eros y Afrodita, que son dos de cada uno. Un Eros y una Afrodita celestes en los que se encarnan los asuntos trascendentes del espíritu y un Eros y una Afrodita vulgares en los que se encarnan los asuntos de la carne, del sexo, como lo explica en Banquete. Pero, además, en Fedro, Eros y Afrodita también encarnan la cuarta de las divinas locuras:
"[...] la locura erótica, que dijimos ser la más excelsa, a Afrodita y a Eros" (Platón, Fedro: 265 a-b).
En palabras actuales, el enamoramiento y el amor siempre han sido carne y espíritu. Carne que engendra y que también se sublimiza que se trasforma en el espíritu, ese anhelo de futuro.
***
Por fin. Si bien para la evolución natural el sexo y el enamoramiento son mecanismos biológicos necesarios y útiles, sin otro misterio que el de la calidad de las herramientas científicas con los que se le observa y describe, también son, a su vez, un gran misterio para la evolución cultural, la que, debido a la profundidad y complejidad de los sentimientos y anhelos implicados en sus procesos biológicos y en sus expresiones anímicas, todavía no es posible explicarlos.

Notas

1Helen Fisher, El primer sexo, Suma de Letras, Madrid, 2001.
2Jared Diamond, ¿Por qué es divertido el sexo? La evolución de la sexualidad humana, Deabate, Barcelona, 2007.
3José Antonio Marina, El rompecabezas de la sexualidad, Anagrama, Barcelna, 2002.
4Francesco Alberoni, Enamoramiento y amor. Nacimiento y desarrollo de una impetuosa y creativa fuerza revolucionaria, Gedisa, Barcelona.
5Lynn Margulis & Dorion Sagan, ¿Qué es el sexo?, Tusquet, Metatemas, Barcelona, 1997.
6Gerald M. Edelaman y Giulio Tononi, El universo de la conciencia. Cómo la materia se convierte en imaginación, Crítica/Drakontos, Barcelona, 2005.
7"Todo discurso acerca de la evolución parte de una interrogante: ¿para qué sirve tal o cual estructura? Por ejemplo, si estudias la evolución del riñón, debes saber qué función cumple (secretar orina, desechar basura) para tratar de deducir cómo ha evolucionado. Lo mismo vale para el cerebro. Ahora bien, la mayoría de los neurocientistas se ha mostrado incapaz de resolver la interrogante, pero los biólogos evolucionistas pueden dar la repuesta sin vacilar: el cerebro sirve para tomar decisiones destinadas a asegurar el éxito reproductivo" (Michael S. Gazzaniga, El pasado de la mente, Editorial Andrés Bello, Barcelona, 1999, pp. 59-60).

4 de mayo de 2015

Lector ludi No. 75: Humano, materia que siente y lo recuerda

Lector ludi No. 75



"La Bacanal de los Andrios", Tiziano (1520, Museo del Prado, Madrid)


Iván Rodrigo García Palacios


Humano, materia que siente y lo recuerda


Entre el delirante creer que el Homo-Humano es una criatura animada por un "algo sobrenatural", La Gran Excepción, o aceptar que es otro objeto más de materia y energía en la evolución del universo con cualidades y propiedades asombrosas, prefiero la segunda opción.
Pero, ¿qué es lo que hace asombroso al Homo-Humano?: Su propiedad de recordar, ese algo de lo que sólo la materia viva está dotada, porque memoria tiene toda la materia.
Es ahí en donde se asienta la particularidad del Homo-Humano, ese objeto material con capacidad de sentir y sentir que siente y en consecuencia, de imaginar e imaginarse, de pensar y pensarse, de anhelar, mejor dicho de recordar, es decir, memorizar y recordar, eso que es sentir lo que se ha sentido y darle algún sentido o, aun más asombroso, inventarse sentir algo que no ha sentido pero que se siente como si se lo hubiera sentido, porque con los recuerdos también se inventan recuerdos; eso es lo que hace asombroso al Homo-Humano y a los mundos que se inventa con su capacidad de recordar para inventar (adaptación).


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Eric R. Kandel, En busca de la memoria: nacimiento de una nueva ciencia de la mente, - 1a ed. - Buenos Aires : Katz, 2007. pp. 14-15.
"Ha surgido así una nueva ciencia de la mente que recurre a la poderosa biología molecular para estudiar los misterios de la vida que aún se nos ocultan.
Cinco principios son el fundamento de esta ciencia mixta. En primer lugar, no cabe separar la mente del cerebro. El cerebro es un órgano biológico complejo que tiene una enorme capacidad de cómputo y construye nuestras experiencias sensibles, regula nuestros pensamientos y emociones y controla nuestras acciones. No sólo se encarga del comportamiento motor relativamente simple que desarrollamos para correr o comer, sino de complejos actos que reputamos como la quintaesencia de lo humano: pensar, hablar y crear obras de arte. Desde esta perspectiva, la mente es un conjunto de operaciones que lleva a cabo el cerebro, así como caminar es un conjunto de operaciones que llevan a cabo las piernas, con la salvedad de que se trata de algo radicalmente más complejo.
En segundo lugar, en cada función mental –desde el reflejo más simple hasta las actividades creativas como el lenguaje, la música y el arte– intervienen circuitos neurales especializados de distintas regiones cerebrales. Por esa razón, es preferible hablar de la “biología mental” para referirnos al conjunto de operaciones mentales que llevan a cabo esos circuitos neurales especializados, en lugar de hablar de la “biología de la mente”, expresión que sugiere que todas las operaciones mentales se desenvuelven en un lugar preciso y entrañan un emplazamiento cerebral único.
En tercer lugar, todos esos circuitos están constituidos por las mismas unidades elementales de señalización, las células nerviosas. En cuarto lugar, los circuitos neurales utilizan moléculas específicas para transmitir señales en el interior de las células nerviosas y también entre dos células distintas. Por último, esas moléculas específicas que constituyen el sistema de señales se han conservado a lo largo de millones de años de evolución. Algunas de ellas ya estaban presentes en las células de nuestros antepasados más remotos y pueden hallarse hoy en nuestros parientes más lejanos y primitivos desde el punto de vista evolutivo: los organismos unicelulares como las bacterias y las levaduras, y los organismos multicelulares simples como los gusanos, las moscas y los caracoles. Para organizar sus andanzas en su medio ambiente, estas criaturas utilizan las mismas moléculas que empleamos nosotros para gobernar nuestra vida cotidiana y adaptarnos al nuestro.
Así, la nueva ciencia de la mente no sólo nos ilumina sobre nuestro propio funcionamiento –cómo percibimos, aprendemos, recordamos, sentimos y actuamos– sino que, además, nos sitúa en perspectiva en el contexto de la evolución biológica. Nos permite comprender que la mente humana evolucionó a partir de las moléculas que utilizaban nuestros antepasados más humildes y que los mecanismos moleculares que regulan los diversos procesos biológicos también se aplican a nuestra vida mental"
Eric Richard Kandel es un científico estadounidense, nacido en Viena (Austria) el 7 de noviembre de 1929. Se destacó especialmente en los ámbitos de la medicina, la psiquiatría y la neurofisiología, recibiendo como reconocimiento a su labor el Premio Nobel en el año 2000 debido a sus estudios científicos de la aplysia, una especie de caracol marino que tiene unos mecanismos neuronales que funcionan de manera parecida a los humanos.


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Somos humanos porque en la evolución y en la selección natural se desarrollaron los mecanismos necesarios con los cuales darle sentido y significado al sentir placer y dolor y, desde allí, a inventar y desarrollar eso que llamamos cultura y que, se supone, nos dice qué es lo que sentimos y somos.
Considero que el primero de esos mecanismos es el de la homeostasis, ese mecanismo de autorregulación de la materia y de la energía que mantiene, según las definiciones comunes, una condición interna estable, compensando los cambios en su entorno, de cualquier organismo.
En los organismos vivos, a los que primero se les atribuyó ese concepto, la homeostasis opera mediante el intercambio de materia y energía con el exterior (metabolismo). Según también esas definiciones comunes, se trata de una forma de equilibrio dinámico que se hace posible gracias una red de sistemas de control realimentados que constituyen los mecanismos de autorregulación de los seres vivos.
Pero, más allá de esas definiciones un tanto técnicas, también considero la homeostasis como el mecanismo mediante el cual la selección natural provoca la evolución de los organismos vivos tanto en la evolución biológica como en la evolución cultural, mejor dicho, la homeostasis es la madre de la diversidad tanto biológica como cultural en toda su inconmensurable complejidad.
Pero, como la homeostasis biológica ha sido mejor estudiada y explicada, voy a hablar ahora de mi hipótesis descabellada mediante la cual atribuyo la incidencia de ese mecanismo en la evolución cultural y en la selección cultural.
Para empezar, considero a la homeostasis como la balanza del placer y del dolor, es decir, la manifestación en los organismos vivos de aquellos mecanismos que en la materia y en la energía constituyen la reacción, o sean, la atracción y el rechazo. Además y para extremar mi hipótesis descabellada, considero que sentir placer y dolor son el principio desde el que se elabora el primer código y, a partir de allí, todos los códigos tanto los de la materia viva como los de la cultura, por ejemplo, el código genético en la biología y el lenguaje en la cultura.
El placer y el dolor, como elementos para la codificación, le permiten a los organismos vivos, desde el más simple hasta el más complejo, "marcar" y memorizar todo aquello que lo afecta y, a partir de allí, clasificar y ordenar tanto en códigos como en sistemas de relaciones e interpretaciones mediante los cuales cumplir con los imperativos biológicos y con la evolución y la selección natural y con la evolución y la selección cultural.
Como la filosofía y las ciencias se han encargado de definir y establecer todo lo relacionado con la elaboración y desarrollo de los códigos y sistemas, a ellas remito y me conformo con decir algo sobre las conexiones del placer y del dolor con el conocer y el aprender.
Y es que en el sentir empieza todo aquello que es conocer, aprehender y aprender que es donde se originan esos dos inventos que son las caras de la misma moneda: el lenguaje y la sociedad.
Se conoce, se aprehende y se aprende lo que se siente y sentir que se siente es la conciencia y la mente es el mapa y la memoria de la conciencia del cuerpo. Y para que la conciencia se haga consciente, es necesario la conexión, relación e intercambio de sentires consigo mismo, con otros individuos y con el universo, mejor dicho para que la conciencia se haga consciente se tuvo que inventar el lenguaje y la sociedad. El lenguaje, para identificar, definir y darle sentido a lo que se siente. La sociedad, para que los sentidos asignados a los códigos, lenguajes y conceptos inventados se conecten, relacionen, integren, compartan y expandan con los otros individuos y así inventar las herramientas del conocer, del saber, del memorizar, del recordar, del acumular y del compartir las experiencias y saberes en esa otra evolución que es la evolución cultural y la vida en comunidad.
A lo anterior hay que agregar las utilidades que la selección natural busca resolver al desarrollar los mecanismos y procesos que hacen posible inventar y utilizar los códigos y lenguajes, así como las habilidades para la socialización que como es obvio resuelven necesidades imperativas de supervivencia, reproducción y adaptación que no es del caso explicar ahora.
En ese contexto, el código, el sistema y el lenguaje del sentir se inician con el sentir placer y dolor y con la infinidad de placeres y dolores que se puedan sentir entre un extremo y el otro, sin llegar a agotar la variedad. Ahora, darle sentido y conceptualizar cada placer y cada dolor es el comienzo del proceso mediante el cual el cerebro cumple con una de las leyes de la Naturaleza:
A la Naturaleza le repugnan el desorden y el vacío, por ello todo lo ordena y todo lo llena. Y el cerebro no es la excepción. Si hay algo que haga el cerebro con plena naturalidad es diferenciar, organizar, categorizar, clasificar, catalogar, codificar. Y la mente humana a todo lo tiene que ordenar, encontrarle sentido y darle significado. Para ello inventó los símbolos, los signos, las señales y con ello, los códigos y lenguajes, para ordenar, organizar, memorizar y expresar para compartir. La memoria es acumulación, los recuerdos son la memoria con emociones y sentimientos. Recordar es volver a sentir.
Y las emociones y los sentimientos son la infinidad de reacciones mediante las cuales el cerebro le da sentido a la infinita variedad de placeres y dolores que el cuerpo siente, desde la propia sensación y reacción físico-química, pasando por las sensaciones, las reacciones fisiológicas y hasta a aquellas sensaciones y reacciones anímicas de tan compleja manifestación, expresión y explicación, eso que también se llaman sentimientos y que culminan en lo que llamo El Gran Anhelo de Futuro: El Espíritu. En el contexto de la evolución y de la selección natural El Espíritu es lo que sentimos. En la evolución y selección cultural El Espíritu es lo que decimos de lo que sentimos.
El gran anhelo explica el deseo de trascendencia y todo eso de la espiritualidad y las angustias etc., así como eso del creer que el Homo-Humano es La Gran Excepción.


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Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobilogía de la emoción y los sentimientos, Crítica, Barcelona, 2009, p. 249:
"El anhelo es un rasgo profundo de la mente humana. Esta implantado en el diseño del cerebro humano y en el acervo genético que lo engendra, no menos que los rasgos profundos que nos conducen con gran curiosidad hacia una exploración sistemática de nuestro propio ser y del mundo que lo rodea; los mismos rasgos que nos impulsan a construir explicaciones para los objetos y situaciones de este mundo. El origen evolutivo del anhelo es completamente plausible, pero la explicación necesita otro factor para que uno pueda comprender por qué la constitución humana acabó por incorporar el rasgo. Creo que en los seres humanos primitivos funcionó un parecido factor de la misma manera que está funcionando ahora. Su consistencia tiene que ver con el poderoso mecanismo biológico que hay tras él: la misma empresa natural de autopreservación que Spinoza enuncia de forma tan clara y trasparente como esencia de nuestro ser, el conatus, es llamado actuar cuando nos enfrentamos a la realidad del sufrimiento y, en especial, de la muerte, real o anticipada, ya sea la nuestra o la de los que amamos. La perspectiva misma del sufrimiento y la muerte trastorna el proceso homeostático del espectador. La empresa natural para la autopreservación y el bienestar responde al trastorno con una lucha para evitar lo inevitable y corregir el equilibrio. La lucha provoca que encontremos estrategias compensadoras para la homeodinámica que se ha desviado del camino recto; y el darse cuenta de toda la situación comprometida es causa de profunda aflicción" .


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Carlos Muñoz Gutiérrez, Gerald M. Edelman. Bright Air, Brilliant Fire. On the Matter of the Mind. Basic Books, 1992:
"[...] el sistema inmunitario no es un mecanismo que aprenda o se le enseñe que anticuerpos fabricar, sino que es un sistema selectivo acorde con los principios darwinistas de la selección.
Este fue el punto de partida de Edelman para concebir al cerebro como un sistema selectivo, en el que la selección opera durante el tiempo de vida del sistema.
Efectivamente Edelman toma la actitud metodológica de construir una teoría científica de la mente basándose en la estructura y función del cerebro. Por científica aquí debemos entender:
(1) Ofrecer una descripción de la mente basada en la organización neural y fenotípica de un individuo, formulada en términos de mecanismos físicos y químicos.
(2) Que el modelo de conciencia o mente basado en tal descripción debe ser corroborable por experimentación, o al menos consistente con modelos del cerebro que sean verificables empíricamente.
Este punto de partida tiene que ver con el rechazo que Edelman realiza al funcionalismo como método de trabajo en el tema de la conciencia, al contrario intenta probar que la conciencia es una propiedad de la materia. Y es que el funcionalismo, en la medida en que es indiferente al sistema concreto que realiza la función, en la medida en que es indiferente al contenido concreto que se procesa y en la medida en que supone lo que precisamente hay que explicar es inconsistente con los datos de partida que una teoría psicológica debería explicar. En concreto.
(1) Los sistemas nerviosos individuales muestran una enorme variación funcional y estructural en muchos niveles: molecular, celular, anatómico, fisiológico y conductual (yo agregaría: afectivo y cognitivo). A pesar de las semejanzas en los individuos de una especie, el grado de variación individual de cerebro en cerebro excede lo que podía tolerarse en una ejecución fiable en cualquier máquina construida de acuerdo a principios funcionales de ingeniería. De tal manera, entonces, la variación no es un ruido sobreimpreso sobre el conjunto de procedimientos programados sino que es fundamental en el trabajo del sistema de variación.
(2) Para sobrevivir, un organismo debe o heredar o crear criterios que le permitan clasificar el mundo en categorías perceptivas de acuerdo con sus necesidades adaptativas. Aun después de que esta clasificación se haya realizado en función de la experiencia, el mundo mantiene lugares llenos de novedad que todavía no han sido categorizados. Así la información de entrada del mundo no encaja con los requisitos de una información prexistente y estable de los sistemas de procesamiento de información.
A partir de aquí Edelman enuncia su tesis fundamental, a saber, que el cerebro es un sistema selectivo, en el que la selección opera durante el tiempo de vida del individuo. Para el desarrollo de esta tesis fundamental elabora lo que él denomina la teoría de la selección del grupo de neuronas (TNGS).
La TNGS es una teoría de poblaciones que postula precisamente que la habilidad de los organismos para categorizar un mundo no etiquetado y para comportarse en él de una manera adaptativa surge no de la transferencia de instrucciones o de información sino de procesos de selección bajo variación. La TNGS considera que hay una generación continua de diversidad en el cerebro. En el cerebro embrionario, hay variación y selección en la migración de poblaciones celulares y durante la muerte de células. También en la formación de las sinapsis. En el cerebro maduro, en la amplificación diferencial de la eficacia de las sinapsis.
Esto tiene como consecuencia la formación de grupos neuronales y que el proceso es modificado continuamente por reentradas de señales".


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Los sentimientos


Y es que en eso de los sentimientos, las neurociencias han ido descubriendo el origen o el fundamento o la razón del ser y del hacer del Homo-Humano, porque son los sentimientos los que le determinan lo que es y lo que hace, mejor dicho, la respuesta a las grandes preguntas.
Pero ese es otro asunto de la filosofía, lo que interesa ahora es la mera naturaleza biológica de los sentimientos y para ello, un par de citas, con la advertencia de que son muchos más los neurocientíficos que han mostrado y demostrado esa naturaleza que dice que el Homo-Humano es un complejo sistema de sentir.
He aquí lo que dice Antonio Damasio:
"Los sentimientos, en el sentido que se emplea en este libro, surgen de cualquier conjunto de reacciones homeostáticas, no únicamente de las emociones propiamente dichas. Traducen el estado de vida en curso en el lenguaje de la mente" (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos, Crítica. Barcelona, 2009, p. 85).
[...]
"Para que se produzca un sentimiento o sensación en el sentido tradicional del término se requiere que su contenido sea conocido por parte del organismo; es decir, la conciencia es un requisito. La relación entre sentimiento y conciencia es delicada. En términos sencillos, no podemos sentir si no somos conscientes. Pero resulta que la maquinaria de las sensaciones contribuye en sí misma al proceso de conciencia, a saber, a la creación del yo, sin el cual no se puede conocer nada. La manera de salir de esta dificultad pasa por darse cuenta de que el proceso de sentir es múltiple y ramificado. Algunos de los pasos necesarios para producir una sensación son exactamente los mismos que se precisan para producir el protoyo, del que dependen el yo y eventualmente la conciencia. Pero algunos de los pasos son específicos del conjunto de cambios homeostáticos que se sienten, es decir, específicos de un objeto determinado." (Antonio Damasio, En busca de Spinoza, p. 109).


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El pensamiento


El pensamiento, cualquier pensamiento, esas palabras que resuenan en la conciencia o eso que llaman desde filosofía personal hasta un sistema filosófico o un sistema matemático o el acumulado de saberes de una ciencia, o lo que constituyen las ideas sobre las que una persona piensa, etc. no es otra cosa que un relato o un cuento que es relatado y contado en los códigos de los lenguajes correspondientes, pero que al relatarse y contarse de nuevo ya es otro relato o cuento porque el sentir, los sentimientos, etc., lo trasforman cada vez que lo cuentan en una memoria y unos recuerdos dinámicos y sensuales, en eso que las neurociencias llaman plasticidad del cerebro y evolución de la cultura.
Otra cosa, ese pensamiento evoluciona y se trasforma, porque cada vez que se sucede una mutación en los códigos de los lenguajes, en los sistemas y en los conceptos que lo soportan o que lo relatan o que lo cuentan, cambia todo, por ejemplo: cuando se introdujo el "0" (el cero) en el lenguaje de las matemáticas, estas cambiaron todo en las matemáticas, tanto hacia adelante como hacia atrás en la historia. Igual sucede con los códigos, relatos y cuentos de todos los demás lenguajes y conceptos del pensamiento, tal y como sucedió en el momento en el que los códigos de los lenguajes hablados se convirtieron en alfabetos de vocales y consonantes y, a su vez, en signos gráficos. O con la incorporación de los conceptos científicos y físicos de Copérnico, Galileo, Newton y tantos otros que "en hombros de gigantes" acrecientan las ciencias y las artes.
Y, por supuesto, un cambio o mutación en los códigos, sistemas y lenguajes, obliga a un cambio o mutación en los estados mentales, es decir, en los modos y maneras como el cerebro procesa el pensamiento, los conceptos, la información y el saber, porque con ello, se produce un cambio en el sentir y en la visión de sí mismos, de los otros y del mundo, por ejemplo, lo sucedido en la cultura de la Grecia antigua y lo que sucedió en las culturas que de allí siguieron.
Lo mismo podría decirse para todos los códigos que ha inventado el Homo-Humano y que se corresponde con lo mismo que sucedió con eso que se llama código genético o genoma, el que, por ejemplo, generó el mayor mecanismo de evolución y mutación en el momento en el cual los cromosomas se dividieron en X y Y y, a partir de allí, cuando la reproducción biológica se hizo por sexos, de lo cual somos consecuencia.
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Antonio Damasio, Sentir lo que sucede. Cuerpo y emoción en la fábrica de la conciencia, Andrés Bello, Santiago de chile, 2000, pp. 129-130:
"El lenguaje apenas necesita la consciencia como una más entre las importantes habilidades por las que los humanos debieran agradecerle. Las glorias del lenguaje se hallan en otra parte: en la habilidad de traducir pensamientos en palabras y frases precisas, y palabras y frases en pensamientos; en la capacidad de clasificar económica y rápidamente conocimientos bajo el alero protector de un vocablo; y en la capacidad de expresar construcciones imaginarias o abstracciones remotas con una palabra simple y eficaz. Pero ninguna de estas notables habilidades -que permitieron a la mente humana crecer en saber, inteligencia y creatividad, y consolidaron las sofisticadas modalidades de consciencia ampliada que hoy poseemos tiene que ver con la fábrica de consciencia nuclear, ni con la producción de emoción o percepción".


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Gerald M. Edelman, Giulio Tononi, El universo de la conciencia. Cómo la materia se convierte en imaginación, Crítica, Barcelona, 2005, p. 235:
"La emergencia del yo conduce a un refinamiento de la experiencia fenomenológica, a enlazar los sentimientos con el pensamiento, la cultura y las creencias. Libera la imaginación y abre el pensamiento a los vastos dominios de la metáfora. Puede incluso llevar a escaparse temporalmente, pero manteniendo la conciencia, de las ataduras temporales del presente recordado. Con la ayuda de una visión combinada de la conciencia primaria y la conciencia de orden superior, podemos clarificar, si no disipar completamente, tres grandes misterios -el de la conciencia continua, el del yo, y el de la construcción de historias, planes y ficciones".
Ver también: -Antonio Damasio, Sentir lo que sucede. Cuerpo y emoción en la fábrica de la conciencia, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 2000. -Antonio Damasio, Y el cerebro creó al hombre. ¿Cómo pudo el cerebro generar emociones, sentimientos, ideas y el yo?, Destino, Barcelona, 2010.


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Mí cerebro y yo:
amo o esclavo, amigo o enemigo


Eric R. Kandel, En busca de la memoria: nacimiento de una nueva ciencia de la mente - 1a ed. - Buenos Aires : Katz, 2007. p. 82:
"La biología de las células nerviosas se fundamenta en tres principios que surgieron en su mayor parte durante la primera mitad del siglo  y que hasta hoy constituyen el núcleo de lo que sabemos sobre la organización funcional del cerebro. La doctrina de la neurona (la teoría celular en lo que concierne al cerebro) sostiene que la célula nerviosa o neurona es la unidad estructural del cerebro y su elemento unitario de señalización. La hipótesis iónica incumbe a la transmisión de información en el interior de la célula nerviosa. Describe los mecanismos utilizados por la célula para generar señales eléctricas –denominadas potenciales de acción– que pueden propagarse en su interior a una distancia considerable. La teoría química de la transmisión sináptica concierne a la transmisión de información entre células nerviosas. Describe cómo se comunica una célula nerviosa con otra liberando una señal química llamada neurotransmisor: la segunda célula reconoce la señal y responde a ella mediante una molécula específica de su membrana superficial, que recibe el nombre de receptor. Los tres conceptos tienen que ver con las células nerviosas individualmente".


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Por paradójico que lo parezca, yo soy lo que mí cerebro es y recuerda, sin embargo, esa propiedad no necesariamente es ni unidimensional ni unilateral ni inmodificable, mí cerebro y yo podemos compartir las cualidades y propiedades de lo que yo soy y de lo que él es, para bueno o para malo, ser amo o esclavo, amigos o enemigos.
En un símil sencillo, mí cerebro y yo funcionamos en una relación de hardware y software, memoria física y memoria virtual (memorias ROM y RAM). Si ambos funcionan armónica y saludablemente, yo funciono adecuadamente. Y, también, consecuente con ese símil y como en los computadores, ese hardware y ese software, deben ser instalados, iniciados y configurados, adecuadamente, para que funcionen correctamente.
Por supuesto, mí cerebro y yo somos un hardware y un software más complejos y todavía muy desconocidos. Pero, por lo que ya se sabe, el símil es válido para explicar lo qué, cómo y por qué, somos y funcionamos, hasta cierto punto.
Sin entrar en una exposición científica de ciencias computacionales, por lo que ya se sabe, el cerebro se desarrolla y funciona a partir de un hardware y de un software ya determinados por el código genético 1, filogenia y memoria genética, resultante al momento de la fertilización del óvulo, pero, a partir de ese momento, ese desarrollo y ese funcionamiento serán afectados por la infinidad de sucesos y situaciones internas y externas que intervengan ya afecten la gestación, vida y existencia de cada persona desde el comienzo hasta el fin de la vida, en una interrelación e integración de infinidad de posibilidades y resultados que se afectan entre sí y que pueden ser rígidos o flexibles o plásticos, como es posible. Ese es el motivo por el cual cada individuo es único y exclusivo, sin que importen las similitudes o diferencias genéticas, epigenéticas o culturales en su gestación y desarrollo.
Por ejemplo, el código genético determina, entre muchas otras cosas, el sexo del nuevo individuo, pero las circunstancias y condiciones de la gestación pueden alterar la bioquímica de la sexualización y, por ello, determinar la fisiología y psicología de ese individuo en su desarrollo posterior, lo cual, a su vez, condiciona su existencia, su comportamiento y sexualidad.
Lo anterior, en cuanto a los mecanismos biogenéticos, para los cuales las ciencias ya tienen herramientas y métodos para explorar, identificar, describir, predecir y hasta manipular. Pero, si bien, esos mecanismos biogenéticos determinan el resto de la vida, existen otros mecanismos biológicos, epigenéticos y culturales más complejos y desconocidos que afectan al cuerpo y al comportamiento, es decir, al Ser y Estar del individuo en el mundo.
Tal el caso de las neuronas, desde el mismo momento en el que se inicia su formación, estas desarrollan también un proceso de funcionamiento especializado y condicionante que puede ser rígido y definitivo o flexible y plástico, pero siempre interactuante e integrado. Por ejemplo: las neuronas que controlan la motricidad, desde la motricidad automática del corazón o de los pulmones, hasta la motricidad voluntaria o involuntaria de los músculos, que, si bien, para el primer caso es rígida y definitiva y para el segundo es flexible y plástica, en el desarrollo y ejercicio de sus actividades pueden ser afectadas, alteradas, controladas y modificadas por circunstancias internas o externas al organismo.
Lo mismo es válido para el resto de las neuronas del sistema nervioso total. Si bien, el cerebro se desarrolla y funciona como un todo, a medida que el organismo se desarrolla, las neuronas se localizan en áreas específicas y se especializan y forman circuitos neuronales que se extienden por todo el sistema nervioso y que interactúan entre sí, desde lo micro hasta lo macro. El resultado de esa actividad es el mecanismo homeodinámico que mantiene en funcionamiento, autoregulación y equilibrio al organismo, desde sus funciones biológicas, metabólicas y fisiológicas, hasta las funciones superiores, mentales, extensivas y expresivas, en una relación íntima y única que determina la conciencia, el qué, cómo y por qué se Es y se Está en el mundo y en la complejidad de tal condición que todavía es imposible medir, es decir, eso es lo que hace que cada individuo sea único y que esa exclusividad, a su vez, afecte a los demás individuos, con consecuencias imprecisables.
Pero, lo que si se puede afirmar, es que, de las circunstancias y condiciones de esos desarrollos, dependerá lo qué, cómo y por qué sera la vida y la existencia de cada individuo, en particular, y la de sus comunidades, en general. Mejor dicho, la selección natural y la selección cultural en funcionamiento.
En principio, sólo me interesa el desarrollo de cada individuo y, en lo particular, sólo en aquellos desarrollos que dependen, en primer lugar y primordiales, de la crianza y, en segundo lugar, los que dependen de la voluntad y acción del individuo mismo, es decir, me interesan, primero, el impacto y efecto que el ámbito y las personas, trátese de los padres o demás personas que afectan la crianza y desarrollo del individuo y, segundo, el manejo y control que cada individuo puede tener sobre sí mismo y su ámbito, física, biológica, anímica e intelectualmente.
De acuerdo con lo anterior, y sin entrar en las particularidades científicas, se puede afirmar que cada individuo es y será afectado por todo aquello que afectó su desarrollo y lo que afecta sus ser y hacer en todo momento. Y que, de lo saludable de ese desarrollo, depende la salud fisiológica, anímica e intelectual, de su vida y existencia. Su Ser y Estar en el mundo.
Sin entrar en inquisiciones ni filosóficas ni científicas, la vida y la existencia (bios y zoe) de cada individuo empieza por formar y desarrollar los mecanismos y procesos vitales y existenciales que lo conectan y relacionan consigo mismo, con los otros y con el mundo y que, de ese desarrollo, dependerá el qué, cómo y por qué se relacionará y actuará durante su vida. Es decir, cada individuo es y será, para sí mismo y para los demás, tal y cómo aprendió a sentir y a sentirse.
De manera sucinta, ese desarrollo empieza por instalar, iniciar, configurar, formar y desarrollar los circuitos neuronales genéticos, epigenéticos y culturales, de las percepciones 2 y sensaciones que le provocan los sentidos tanto interna como externamente, a partir de las dos reacciones básicas de todo organismo: placer y dolor (la reactividad de la materia: atracción y rechazo). Esos circuitos forman la mente, es decir, la memoria del cuerpo, algo así como el software del sistema operativo y de los demás programas que se instalen en el hardware que es el cuerpo 3.
Ahora bien, todo eso es y funciona en las articulaciones básicas establecidas por los códigos de la cultura: placer y dolor, espacio y tiempo. Eso quiere decir que cada individuo comienza su vida por establecer, uno, a partir de las dos reacciones básicas de su organismo: placer y dolor y dos, de la percepción y sensación de su propio espacio y de su propio tiempo tanto interior como exterior, cuerpo y mundo y, del saludable establecimiento de esas dimensiones sensuales, dependerá lo saludable de las relaciones y conexiones que se establezcan consigo mismo y con todo lo demás. Circuitos neuronales atrofiados o dañados o dolorosos, provocarán el sentir un Ser y Estar distorsionados o, si por el contrario, se han establecido circuitos neuronales fluidos y armónicos, placenteros, de esa forma se sentirá el Ser y Estar en consonancia y armonía consigo mismo y lo demás.
En otras palabras, la vida y la existencia saludables del Homo-Humano serán lo que se haga de ellas, del buen sentir al bien pensar, es decir, el adecuado desarrollo de los códigos que forman y conforman la vida y la existencia, por un lado, los códigos físico-químicos, biológicos y por el otro, los códigos culturales, mejor dicho, mecanismos de la selección natural y la selección cultural.


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Carlos Muños Gutiérrez, La Teoría de la Selección del Grupo de Neuronas. G.M. Edelman :
"Para sobrevivir, un organismo debe o heredar o crear criterios que le permitan clasificar el mundo en categorías perceptuales de acuerdo con sus necesidades adaptativas. Además el mundo, incluso para el tiempo de vida de un organismo, está lleno de novedad, lo que exige que estos procesos de categorización puedan reestructurarse, renovarse y reiniciarse continuamente. El mundo, para el organismo, no se da por completo de una vez, sino que se construye en un proceso constante y continuo. Por tanto, los órganos que se encargan de estas tareas, es decir, el cerebro en último término, debe ser flexible, pero también, como consecuencia, único. Esto está de acuerdo con la enorme variación funcional y estructural en muchos niveles: molecular, celular, anatómico, fisiológico y conductual, que muestran los sistemas nerviosos por lo que, a pesar de las semejanzas en los individuos de una especie, el grado de variación individual de cerebro en cerebro excede lo que podía tolerarse en un proceso de fabricación de ingeniería. Visto así, cualquier teoría interesante sobre la mente tendrá que tener en cuenta estas observaciones y no podrá generalizar, a menos que contemple en la descripción estructural, orgánica, las fuertes diferencias y la exigencia de flexibilidad y variación que impone la novedad del mundo. Por eso Edelman rechaza las teorías que contemplan el cerebro como un sistema que procesa información.
A partir de aquí Edelman enuncia su tesis fundamental, a saber, que el cerebro es un sistema selectivo, en el que la selección opera durante el tiempo de vida del individuo. Para el desarrollo de esta tesis fundamental elabora lo que él denomina la teoría de la selección del grupo de neuronas (TNGS).
La TNGS es una teoría de poblaciones que postula precisamente que la habilidad de los organismos para categorizar un mundo no etiquetado y para comportarse en él de una manera adaptativa surge no de la transferencia de instrucciones o de información sino de procesos de selección bajo variación. La TNGS considera que hay una generación continua de diversidad en el cerebro. En el cerebro embrionario, hay variación y selección en la migración de poblaciones celulares y durante la muerte de células. También en la formación de las sinapsis. Y en el cerebro maduro, en la amplificación diferencial de la eficacia de las sinapsis. Esto tiene como consecuencia la formación de grupos neuronales y que el proceso es modificado continuamente por reentradas de señales".


Notas


1Para explicarse la naturaleza de la Naturaleza y la naturaleza de su Ser y Estar en el mundo, el Homo-Humano inventa los códigos con los cuales ordenar, organizar, memorizar y asignar sentido a lo que percibe y siente, en un proceso exponencial y ascendente de acuerdo con la complejidad de cada materia a codificar.
Un código es la articulación sistematizada de señales, signos o símbolos, arbitrarios con el cual se representa un orden u ordenamiento de las cosas de acuerdo con la asignación de sentido a la unidad de una materia y regido por normas preestablecidas.
El conocimiento es la codificación de los elementos y partes de una materia según un código preestablecido.
El saber es la acumulación del conocimiento codificado con un determinado código.
2 Ramón Román Alcalá, El enigma de la Academia de Platón. Escépticos contra dogmáticos en la Grecia Clásica, Berenice, Córdoba, 2007, nota: p. 61:
"A la luz de las investigaciones neurofisiológicas actuales, podríamos argumentar con razón que las cosas tal como nosotros las percibimos son invenciones, construcciones nuestras, y por tanto los académicos tenían razón, y con ellos todo el escepticismo, al afirmar que asentimos a la percepción y no a la cosa misma. Todas las células sensoriales, ya sean sensibles a la luz, táctiles o cualquiera de los demás receptores relacionados con sensaciones de calor, frío, sonido, etc., son ciegas a la calidad de la excitación y responden únicamente a la cantidad de aquella. Es más, como diría Von Foester, eminente biofísico y experto en computación en biología, ahí afuera (refiriéndose a lo que llamamos realidad fuera de nuestro cerebro) "no hay luz ni color, sólo existen ondas electromagnéticas; tampoco hay "allí afuera", sonido ni música, sólo existen fluctuaciones periódicas de la presión del aire; "allí afuera" no hay ni calor ni frío", en resumen, es nuestro sistema nervioso el que computa una realidad estable que no sabemos exactamente cómo es, por lo que la fantasía kataleptiké, de existir, sólo existirá como tal en nuestro cerebro y no podrá acudir a la cosa exterior como verificación de su verdad, cf. VON FOESTER, Heinz, "Construyendo una realidad", en La realidad inventada, WATZLAWICK, Paul et al., Barcelona, 1988, pp. 38-56, principalmente p. 42. No querríamos entrar aquí en un nuevo fenómeno producido por los desarrollos de la informática, como es la realidad virtual, pero está claro que los estoicos tendrían muchos problemas para activar este criterio en la actualidad, y mucho más en el futuro inmediato".
3Gerald M. Edelaman y Giulio Tononi, El universo de la conciencia. Cómo la materia se convierte en imaginación, Crítica/Drakontos, Barcelona, 2005.

Cartas Abelardinas – 10 Pietro Citati, charlando entre amigos sobre la y algunas novelas del siglo XIX

Lectura en grupo. https://elpais.com/elpais/2014/12/12/album/1418422523_273005.html Cartas Abelardinas – 10 Pietro Citati, ch...