27 de mayo de 2018

Lecturas Lúdicas a Shakespeare-3 Es “el espejo de Dionisios”, no el de Narciso, en Penas de amor perdidas de Shakespeare



'Love's Labour's Lost', Act II, Scene 1, the Arrival of the Princess of France Thomas Stothard (1755–1834) Royal Shakespeare Company Collection.
https://i.pinimg.com/originals/db/59/07/db5907c5b7dc6f89a7684b1906bc86f5.jpg

Lecturas Lúdicas a Shakespeare-3

Iván Rodrigo García Palacios

Es “el espejo de Dionisios”, no el de Narciso,
en Penas de amor perdidas de Shakespeare



BEROWNE.- ¡Sus ojos, villano, sus ojos!
("Their eyes, villain, their eyes")
(Shakespeare, Penas de amor perdidas, Acto V, Escena, II).


En las tragedias, Shakespeare explora la oscuridad de la condición humana y el poder es la materia oscura que consume el corazón humano. En las comedias, descubre la alegría y luz de la sabiduría por medio de Eros (enamoramiento) y el humor que son el combustible de su lámpara, de su candelero.
Toda gran obra de arte es la exposición de una metáfora (mito o imagen) primordial y de un enigma por resolver, porque el arte, a diferencia de las ciencias y de las filosofías, explora "lo desconocido" sin instrumentos establecidos a priori ni axiomas inderivados ni códigos establecidos, pero si consciente de que el conocimiento que descubre con el ingenio (fantasía, imaginación) serán la inspiración y punto de partida para las ciencias y las filosofías del inmediato futuro.
Sobre la naturaleza de la metáfora (mito o imagen) y del enigma 1 y de su función como instrumento de conocimiento, existe más que suficiente ilustración, así que obvio ese paso y procedo a desvelar la hipótesis descabellada que anuncio en el título de este escrito:
Cada una de las obras de Shakespeare, tragedias, comedias y sonetos, esta motivada por una metáfora (mito o imagen) primordial y por un enigma que la hacen única, pero que, a la vez, la integra como la pieza de un mosaico en la unidad de las ideas e intenciones de la totalidad de la obra de Shakespeare. Porque, como ninguna metáfora ni ningún enigma tienen una resolución definitiva, con esas metáforas y con esos enigmas lo que él propone es la búsqueda de una solución que, a su vez, dete5mina el que cada obra sea o tragedia o comedia o misterio, es decir, el enigma como condena de muerte, la antigua leyenda de la muerte de Homero 2 o como celebración de la vida o como “lo desconocido”.
En un escrito anterior había explorado el enamoramiento como la metáfora primordial y la imposibilidad de su realización como el enigma en Romeo y Julieta, ahora propongo la exploración, la mirada, los ojos, la contemplación, la visión, como la metáfora (mito o imagen) y el enigma en Penas de amor perdidas.
La metáfora (mito o imagen) y enigma primordial que Shakespeare expone en la comedia, Penas de amor perdidas, es el mito de Diónisos mirándose en el espejo, "el espejo de Diónisos" 3, que es el mismo espejo que Platón emplea para exponer los motivos centrales de su erótica en Banquete y Fedro y en la que asigna al ojo (la mirada, la vista, "la visión") y a los ojos del amante, la función del espejo en el que se contempla a la Belleza y se es Uno con el Todo: "la experiencia de conocimiento".
Y, el enigma, al igual que Platón, también Shakespeare plantea la imposibilidad de la escritura, de la retórica, para exponer y comunicar aquella "experiencia de conocimiento", salvo si se recurre a "la gracia" de la palabra y no a la de los escritos o los libros, tal y como Platón lo expone en Fedro.
"El espejo de Dionisios" es también motivo recurrente en los sonetos, en el cual el amante se contempla a sí mismo trasformarse en otro al contemplarse en los ojos-espejo del amado, tal y como lo muestra en los Sonetos 3, 22, 62, 77, 103, 126:
"Di al rostro que ves en el espejo
que ese rostro ya debe formar otro" (Soneto 3).
Este motivo de la trasformación en “el otro” por mirarse en sus ojos, es el mismo que Giordano Bruno propone en Los heroicos furores y San Juan de la Cruz en su poema La noche oscura. Pero también es un motivo más antiguo tanto en los poetas del Renacimiento temprano como en los poetas y los místicos árabes que influenciaron a aquellos. El mismo motivo que expone Berowne:
"[...] cuando nos miramos en los ojos de una mujer, ¿es que no vemos nuestra ciencia al mismo tiempo que nuestra imagen?" (ACTO IV, ESCENA III, En el parque).
Aclaro, como se verá más adelante, "el espejo de Dionisios" poco más tiene que ver, aun cuando se le relacione, con el espejo de Narciso que el neoplatónico Plotino asoció con la erótica platónica, ignorando el mito dionisíaco, más acorde con la propuesta platónica de Eros en Banquete y Fedro. Los dos mitos tienen la similitud de que ambos personajes se contemplan en un espejo, pero cada uno ve cosa distinta, Diónisos ve el mundo y Narciso su propio reflejo.
Y lo que Shakespeare propone en Penas de amor perdidas, es el mito del "espejo de Dionisios", y lo hace, desde la erótica platónica, por medio de los parlamentos de Berowne, quien es el encargado de explicarlo y mostrarlo, con "la gracia de su palabra", a sus otros tres compañeros, para, al final, los cuatro aceptar las condiciones de La Princesa, de Rosalina y de las otras dos damas. Condiciones, por las cuales deben consagrase durante doce meses a la purificación, un proceso de "iniciación", para así alcanzar los méritos por los cuales ellas les otorgarían su amor, es decir y según la erótica platónica: “el deseo de engendrar y procrear en lo Bello” (Banquete, 206e). Ese es el mismo proceso al que sometió Diotima al Sócrates de Banquete. O sea, una “experiencia de conocimiento” y de fortalecimiento del ánimo vital, tal y como se hacia en la celebración de los Misterios Eleusinos. Por similar motivo, la estructura de las comedias de Shakespeare se corresponden con el modelo eleusino de “iniciación” y de “contemplación” mística.
De esta manera, son los ojos lo más importante como motivo platónico en Penas de amor perdidas, véase lo que dice Platón de los ojos:
"Como íbamos diciendo, y por lo que a la belleza se refiere, resplandecía entre todas aquellas visiones; pero, en llegando aquí, la captamos a través del más claro de nuestros sentidos, porque es también el que más claramente brilla. Es la vista 4(*), en efecto, para nosotros, la más fina de las sensaciones que, por medio del cuerpo, nos llegan; pero con ella no se ve la mente -porque nos procuraría terribles amores, si en su imagen hubiese la misma claridad que ella tiene, y llegase a sí a nuestra vista 5(**) y lo mismo pasaría con todo cuanto hay digno de amarse. Pero sólo a la belleza le ha sido dado el ser lo más deslumbrante y lo más amable 6(***)" (Platón, Fedro, 250 d). [Todas las cita con sus correspondientes notas de pie de página son tomadas de la edición de Editorial Gredos, volumen 3].
Y así lo plantea Berowne:
BEROWNE.- ¡Por supuesto, que todos los placeres son vanos! Pero ninguno tanto como el que adquirido con pena, tan sólo penas nos procuraría. ¿Para qué permanecer con los ojos penosamente pegados a un libro, tratando de encontrar en él la luz de la verdad, si esta misma verdad nos ciega traidoramente con su brillo? Luz en busca de luz no es sino luz cogida en los lazos de la luz. Antes de descubrir la luz en el seno de las tinieblas, perdemos los ojos, y a causa de ello, la luz misma se nos torna tinieblas. Aprended, pues, más bien, a encantar vuestros ojos fijándolos sobre otros más hermosos que, con su brillo, os sirvan, de guía y os devuelva la luz tras haberos deslumbrado. El estudio, es como el resplandeciente sol del cielo, que no quiere ser escrutado por miradas insolentes. Los tragalibros asiduos, apenas han ganado jamás otra cosa en los libros escritos por otros que una ruin autoridad. Estos padrinos terrestres de las luces celestes que llaman por su nombre a cada estrella fija no gozan de más noches luminosas que los que se pasean ignorantes del nombre de tales estrellas. Conocer demasiado es conocer de segunda mano. Ser padrino no es sino dar nombre a otro” (Shakespeare, Penas de amor perdidas, ACTO PRIMERO, ESCENA PRIMERA, En el parque del rey de Navarra).
Así, Berowne, como se ha dicho y propongo, es un reconocimiento a Giordano Bruno, también es la fuente de la erótica platónica que Shakespeare expone en sus comedias. Y ambos se nutren del platonismo de Marsilio Ficcino y los renacentistas.
También puede decirse que Shakespeare conoció Il Caldelaio, la comedia que Giordano Bruno escribiera en Francia en 1582, poco antes de viajar a Inglaterra que, como puede verse, ahí está el mismo motivo de la mirada y de los ojos que expondrá el Berowne de Shakespeare en Penas de amor perdido y que prácticamente parafrasea el texto de Giordano Bruno.
Véase lo que dice el nigromante Scaramuré:
"La fascinación de amor llega con miradas muy frecuentes o incluso con una sola mirada intensísima, que hace que una mirada se prenda de otra, que los rayos visuales se encuentren, que la luz se una a la luz. Y entonces el espíritu se une al espíritu, y el brillo superior guía al inferior y brillan a través de los ojos corriendo y penetrando hasta el espíritu interno, donde está enraizado el corazón: así se produce el incendio amoroso" (Candelaio, Acto I, Escena X, pág. 172) .
Por supuesto que Shakespeare debió leer la comedia de Giordano Bruno y, también, Los heroicos furores, el último de los diálogos italianos de Giordano Bruno publicado en Inglaterra poco antes de viajar al continente en 1586. Y, por supuesto, De Amore de Marsilio Ficcino.
Más adelante ampliare un poco más sobre este asunto.
***
A diferencia de la interpretación de Harlold Bloom que considera que en Berowne lo que se encarna es el mito de Narciso, por mi parte, considero que lo que Berowne encarna y propone como realización primordial para los cuatro enamorados personajes de la comedia, es el mirarse en "el espejo" de los ojos de sus amadas para alcanzar "la experiencia" erótica propuesta por Platón. "La experiencia dionisíaca" del conocimiento 7.
Pienso que esta discrepancia del gran experto en Shakespeare es consecuencia de la cercana asociación que se ha atribuido a los mitos del "espejo de Diónisos" platónico y el de Narciso, tal como lo interpretó Plotino. Sin embargo, ambos mitos difieren sustancialmente, pues si bien proponen, el uno es una fragmentación del mundo y el otro un desdoblamiento en el reflejo del espejo. El espejo es juguete para Diónisos y espejo de agua para Narciso, ambas reflexiones tienen consecuencias diferentes 8. Como lo dije antes, lo que Diónisos ve es el mundo y Narciso su propio reflejo 9
Shakespeare aclara esa discrepancia con la respuesta de Rosalina a los reclamos de El rey:
"EL REY- ¡Dichosos celajes que tal suerte alcanzan! Dignaos, resplandeciente luna, y lo mismo vosotras, estrellas, quitar celajes y nubes y lucir con todo esplendor ante nuestros ojos humedecidos.
ROSALINA.- -¡Vana petición! Implorad algo que valga la pena, pues poco es solicitar, cual solicitáis, el reflejo de la luna en el agua" (ACTO V, ESCENA II, En el parque ante el pabellón de la princesa).
En la reflexión especular de Diónisos se produce el éxtasis erótico platónico: "el deseo de la unidad", una "experiencia" primordial. En cambio, en el desdoblamiento de Narciso lo que se produce es una tragedia, la imposibilidad de ser uno y tener que permanecer escindido como objeto y reflejo inalcanzables del propio deseo.
Comedia y tragedia y los enigmas de signo opuesto, entre unas y otras, la comedia celebra "el aliento vital", la tragedia es una condena de muerte. La imposibilidad de resolver el enigma en la tragedia se castiga con la muerte; en la comedia, el juego de situaciones absurdas mediante las cuales se trata de resolver esa imposibilidad, es la jocosa celebración de la vida que renace una, de nuevo, una y otra vez.
Por ello, Penas de amor perdidas es una comedia y no una tragedia. Es la celebración de "la experiencia dionisíaca", la del "conocimiento íntimo, de la interioridad", "la visión suprema", en contraposición a la experiencia apolínea, la de Narciso, que es la del conocimiento externo, el que se da por el "logos", el deseo de la sabiduría, que como toda experiencia apolínea, es indirecta y cruel, porque la flecha de Apolo también causa la muerte 10.
Sin embargo, no hay que olvidar que Diónisos y Apolo son el anverso y el reverso de la misma moneda. Pero ese es otro asunto.
***
Que en Penas de amor perdidas se trata de la erótica platónica, no me queda la menor duda. El edicto que Fernando, Rey de Navarra ha dictado para él y sus tres compañeros establece que durante los siguientes tres años ellos conformarán
[...] una pequeña academia, apacible y contemplativa, consagrada al arte” (ACTO PRIMERO, ESCENA PRIMERA, Parque del Rey de Navarra).
A lo que Dumaine, en nombre de todos, responde:
DUMAINE. - (...) Me comprometo a vivir con todos vosotros en la filosofía” (ACTO PRIMERO, ESCENA PRIMERA, Parque del Rey de Navarra).
Será en aquella “pequeña academia” donde se desarrollará el tema del “espejo de Diónisos”, el de la sabiduría y el de los diálogos platónicos sobre Eros y amor, de Banquete y Fedro, así como el de los malabares de la retórica, de Fedro. Esta “pequeña academia” se corresponde, igualmente, con la academia platónica de Marsilio Ficino en Florencia.
En esa "pequeña academia", Berowne es el Sócrates al que Rosalina, cual la Diotima socrática, "inicia en las doctrinas eróticas", doctrina que él luego expone y explica a sus compañeros y a las damas, tal y como el Sócrates original en Banquete. Al bello Fedro, habrá que buscarlo entrelineas. Por ello, es Rosalina la que se contrapone y provoca al Sócrates-Berowne, como lo hace Fedro en el diálogo de su nombre y con quien también comparte su entusiasmo dionisiaco:
Pero, querido Fedro, ¿no tienes la impresión, como yo mismo la tengo, de que he experimentado una especie de trasporte divino?
FED. - Sin duda que sí, Sócrates. Contra lo esperado, te llevó una riada de elocuencia.
SÓC. - Calla, pues, y escúchame. En realidad que parece divino este lugar, de modo que si en el curso de mi exposición voy siendo arrebatado por las musas no te maravilles. Pues ahora mismo ya empieza a sonarme todo como un ditirambo.
FED. - Gran verdad dices.
SÓC. - De todo esto eres tú la causa. Pero escucha lo que sigue, porque quizá pudiéramos evitar eso que me amenaza. Dejémoslo, por tanto, en manos del dios, y nosotros, en cambio, orientemos el discurso de nuevo hacia el muchacho” (Fedro, 238 c-d).
Un Berowne-Sócrates dueño él también de la peculiar ironía socrática y del poder encantador de sus palabras:
ROSALINA.- Por entonces le acompañaba otro de esos fervientes del estudio, el cual, si no me engaño, se llama Berowne. Nunca, por cierto, he empleado una hora de conversación con un individuo tan jovial, dentro de los límites de la alegría discreta. Sus ojos proporcionan ocasiones de ejercicio a su ingenio, pues en cada objeto que se fijan hallan tema para una alegre chanza. Con su verbosidad decidora, intérprete de sus locuciones, lanza chistes tan oportunos y graciosos, que los ancianos se perecen por escuchar sus historias, y los más jóvenes se quedan en completo éxtasis. Tan encantadores e ingeniosos son sus relatos.
***
La doctrina de Eros y amor, es el asunto, el enigma, que se discutirá, en tono de cómica dialéctica, entre los cuatro personajes, para quienes, las cuatro damas servirán de contrafiguras, tal y como si se tratara de los dos diálogos platónicos, Banquete y Fedro, salvo que aquí las contrafiguras son mujeres, algo inaudito en la Grecia antigua, a excepción de la presencia de Diotima, así sea de manera indirecta. Y, por supuesto, porque tanto en el teatro griego como en el de Shakespeare, los papeles femeninos eran representados por hombres jóvenes.
Los discursos de los diálogos platónicos también se corresponden con los sonetos que leerán los cuatro personajes enamorados en la comedia, pero y mucho más allá, serán la materia extendida de los 154 sonetos de Shakespeare.
Importantes expertos en Shakespeare han considerado que Berowne es el portavoz de Shakespeare, así como también, una representación de Giordano Bruno y que Rosalina es "La Dama Oscura" de sus sonetos y, por qué no, la Diotima shakespereana.
***
Al final de la comedia y como el enigma no se ha resuelto, los cuatro personajes se comprometen a someterse durante doce meses a la “purificación”, a la "iniciación amorosa" que los haga dignos merecedores del amor de sus amadas, o sea, del poder de acceder a la sabiduría. Serán doce meses que se contarán de primavera a primavera, luego de las palabras de Mercurio y los cantos de Apolo y se marcarán por los cantos del búho y del cuclillo, o sea, el enigma final irresoluto y el saber adquirido.
Se leen los poemas del cuclillo y el búho que ha propuesto Don Adriano de Armado:
"A este lado está Hiems, el Invierno; a este otro, Ver, la Primavera. Por uno habla el Búho; por el otro, el Cuclillo".
El cuclillo, el ave de la primavera que canta al renacimiento de la vida que retorna de dentro de la tierra, y el búho, el ave del invierno, que canta al encierro de las gentes en sus hogares y al retorno de la vida bajo tierra. Y así, Diónisos ha cumplido con su ciclo de eterno retorno y Apolo ha planteado su enigma. Además, el cuclillo es astuto como Odiseo y el búho es el emblema de Atenea diosa de la sabiduría.


Notas
1 Giorgio Colli, El nacimiento de la filosofía, Tusquets, Barcelona, 1977, p. 43 y ss.
2 Giorgio Colli, El nacimiento de la filosofía, Tusquets, Barcelona, 1977, p. 53 y ss.
3 Giorgio Colli, La sabiduría griega, Volumen I, Trotta, Madrid, 2008, pp. 44-48: Por el contrario, la alusión al espejo de Diónisos es de carácter indiscutiblemente esotérico. El espejo es uno de los atributos dionisíacos que aparecen en el ritual mistérico, un símbolo sapiencial que el mito órfico introduce precisamente en el momento culminante de la pasión del dios: «Armados de espadas asesinas, los Titanes se apoderaron violentamente de Diónisos, ensimismado en la contemplación de su imagen que se reflejaba en el espejo mendaz» (*). El espejo es símbolo de la ilusión, porque lo que vemos en él no existe en la realidad, sino que es un mero reflejo. Pero el espejo es también símbolo del conocimiento, porque, al mirarme en él, conozco quién y cómo soy. Por otra parte, ese simbolismo cognoscitivo incluye un aspecto mucho más refinado, pues la actividad cognoscitiva consiste en encerrar el mundo en un espejo y reducirlo a un reflejo que yo ya poseo. Y aquí surge el fogonazo de la imagen órfica: Diónisos se mira en el espejo, y ¡ve el mundo! (**). El tema del engaño y el del conocimiento van asociados, pero sólo así se puede resolver el enigma. El dios siente el atractivo del espejo, de ese juguete en el que se muestran toda clase de imágenes desconocidas — la visión lo clava al espejo, sin que se dé cuenta del peligro— , pero él no sabe que en realidad, está contemplando su propio ser. Y, sin embargo, lo que ve es el reflejo de un dios, el mundo en el que un dios se expresa en la apariencia. Mirarse al espejo, manifestarse, expresarse: eso, y nada más, es el conocimiento. Pero ese conocimiento del dios es precisamente el mundo que nos rodea, somos nosotros. Nuestra corporeidad, la sangre que pulsa en nuestras venas, ése es el reflejo del dios. No hay un mundo que se refleje en un espejo y se convierta en conocimiento del mundo:, ese mundo, incluidos nosotros que lo conocemos, es, ya en sí mismo, una imagen, un reflejo, un conocimiento. Es el conocerse a sí mismo de Diónisos, no tiene otra realidad sino la de Diónisos; pero también es un engaño, un mero reflejo, que ni siquiera se asemeja al dios en la figura.
La antítesis entre apariencia y divinidad, entre necesidad y juego, se reduce aquí a una sola imagen en la que todo se divide y se vuelve a unir, en la que la visión ilumina lo que el pensamiento oscurece. Sólo existe Diónisos; nosotros y nuestro propio mundo no somos más que su apariencia falaz, lo que él contempla en el espejo. De este modo, Diónisos está detrás de la sabiduría. Lo que realmente expresa Orfeo es el conocimiento como la esencia de la vida, como el culmen de la existencia. Entonces el conocimiento se convierte en norma de conducta, de suerte que teoría y práctica vienen a coincidir. De hecho, en un antiguo razonamiento órfico se habla de los «caminos», de los que hay que seguir y de los que conviene evitar, del de los iniciados y del de los vulgares (***). La vía, el sendero, es una imagen, una alusión frecuente en la época de los sabios, tanto en Heráclito como en Parménides o en Empédocles (****).
* Véase Nonnus.. Dionys.. 0 . 172-173.
** Cf. 4 [B 40] y la nota correspondiente.
*** Cf. 4 [A 6, 15 ], 4 [A7-9] (aparte de los pasajes de Plutarco, véase Turyn, Pínd., 332 -334 ). 4 [A 42. 67, 5] y las notas a 4 [A 40. 42 . 44. 62 .67].
**** Véanse Herácl.. B 45. 59. 60. 71 DK: Pann.. B 1.2. 1,5. 1,11. 1,27. 2 .3-4 . 2.6. 6 . 3-4. 6,9 . 7 .2 -3 . 8.1. 8 .1 8 DK; Emp.. B 35, 1 5 . 115,8 DK.
4 (*) La visión, como acto del más característico de los sentidos, es un motivo central de la cultura griega y, por supuesto, de Platón. eîdos, palabra esencial del platonismo, está etimológicamente unida a (F)ideîn (lat. videre), que significa «ver con los propios ojos» (en ophthalmoîsin ideîn, Hoyo, Ilíada I 587).
5 (**) Efectivamente, con la vista no alcanzamos ese nivel superior de conocimiento. El argumento que da Platón para esta imposibilidad, enraíza también con temas esenciales de su filosofía. No podemos «ver» la sabiduría misma. Sería demasiado fuerte para nuestros sentidos. El arrebato amoroso, la pasión, el deseo hacia el saber «visto», traspasan todas las fronteras de lo humano. La luz del saber mismo, la claridad del conocimiento puro, arrastran al hombre a un mundo que ya no es suyo. La sabiduría tiene, necesariamente, que limitarse, en principio, a las insuperables condiciones del cuerpo y de la sensibilidad, una vez que el alma, en su caída, ha tenido que agarrarse a la materia.
6 (***) La belleza es frontera entre ese conocimiento sensible y la forma superior e intuitiva del saber, cuyo supremo esplendor, como «mente», no podemos «ver». Pero la belleza sí «se deja ver». Su ser es, pues, fronterizo, su realidad inmanente y, en cierto sentido, trascendente; nos ata a la «visión» del instante, y nos traspasa también hacia ese deseo, que tensa el amor en un tiempo más pleno y largo que el de la temporalidad inmediata que los ojos aprehenden.
7 Giorgio Colli, Filósofos sobrehumanos, Siruela, Barcelona, 2o10.
8 Jean Pierre Vernant, El individuo, la muerte y el amor en la antigua Grecia, Barcelona, Paidos, 2001, cap. 8.
9 Para mayor información sobre el mito de Narciso y y su uso en la obra de Giordano Bruno, ver: Nuccio Ordine, El umbral de la sombra, Siruela, Madrid, 2008.
10 Giorgio Colli, El nacimiento de la filosofía, Tusquets, Barcelona, 2009, pp. 35-36.



20 de mayo de 2018

Lecturas lúdicas a Shakespeare-2 De lo cómico y lo trágico y el enamoramiento en Romeo y Julieta



Romeo y Julieta, el último beso, escena del balcón. Pintura de 1884 de Frank Dicksee (1853-1928).
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/a3/DickseeRomeoandJuliet.jpg


Lecturas lúdicas a Shakespeare-2
De lo cómico y lo trágico
y el enamoramiento en Romeo y Julieta


Por Iván Rodrigo García Palacios


FRAY LORENZO:
"[...] La tierra es la madre y la tumba de la naturaleza; su antro sepulcral es su seno creador, del cual vemos surgir toda clase de engendros, que de ella, de sus maternales entrañas, se nutren, la mayor parte dotados de virtudes numerosas, todos con alguna particular, ninguno semejante a otro".
(William Shakespeare, Romeo y Julieta, Acto II, Escena III).


Las obras de William Shakespeare, tal y como sus estudiosos y críticos lo han señalado, son, además de un misterio, la expresión poética y dramática de los grandes y de los pequeños asuntos de la existencia de los Homo-Humanos: la vida, la muerte, el poder, el amor, la mezquindad, etc.
De esos temas y asuntos me interesa destacar uno, el del amor, sobre el que Shakespeare hace especial énfasis en la mayoría de sus obras y sonetos, de los cuales, algunos, han sido convertidos en paradigmas, fuentes de inspiración y ejemplos sobre lo qué es y lo qué significa el amor.
Sin embargo, en todas mis lecturas a las interpretaciones de estudiosos y críticos de la obra shakesperiana, no he encontrado ninguna en la cual se vaya un poco "más allá" y se muestre que para Shakespeare eran claras las diferencias entre el amor y el enamoramiento como estados naturales, vitales y existenciales y no como conceptos idealistas o románticos, algo así como pasión y virtud.
Tampoco muestran que para él eran claras las conexiones, las diferencias y las consecuencias particulares, biológicas y psicológicas, que ejercían en las personas el amor y el enamoramiento, la sexualidad y el erotismo, la pasión o el amor apasionado o los celos, que, así sean asuntos que se relacionan, lo hacen de manera particular, como bien se podría demostrar.
Y para mayores asombros, esas visiones de Shakespeare sobre el amor, el enamoramiento, el sexo, la sexualidad, no eran las comunes y políticamente correctas de la época, una época dominada por la moral y la ética cristiana. Por el contrario, lo que Shakespeare exponía era una tendencia clandestina de muy vieja tradición que poco más se ha estudiado y que no es aquí ni ahora el momento de estudiar, así lo proponga como hipótesis descabellada de este escrito: un cuerpo bello, un espíritu bello, de la erótica platónica o, también, la alegría del cuerpo es la belleza del espíritu.
"Cuando de las bellezas inferiores se ha elevado, mediante un amor bien entendido de los jóvenes, hasta la belleza perfecta, y se comienza a entreverla, se llega casi al término; porque el camino recto del amor, ya se guíe por sí mismo, ya sea guiado por otro, es comenzar por las bellezas inferiores y elevarse hasta la belleza suprema, pasando, por decirlo así, por todos los grados de la escala de un solo cuerpo bello a dos, de dos a todos los demás, de los bellos cuerpos a las bellas ocupaciones, de las bellas ocupaciones a las bellas ciencias, hasta que de ciencia en ciencia se llega a la ciencia por excelencia, que no es otra que la ciencia de lo bello mismo, y se concluye por conocerla tal como es en sí. ¡Oh, mi querido Sócrates!, prosiguió la extranjera de Mantinea, si por algo tiene mérito esta vida, es por la contemplación de la belleza absoluta" (Platón, Banquete, 211 b-c).
Para empezar, hay que decir que el enamoramiento, a diferencia del amor, es un imperativo natural, un mecanismo evolutivo para el Homo-Humano, necesario, temporal, repetitivo e incontrolable, mediante el cual el cuerpo y la mente se trasforman. Pero también, el enamoramiento es, para la imaginación, un ideal, un anhelo de unidad y perfección, el anhelo de futuro que es el espíritu.
Porque el enamoramiento como fenómeno neurobiológico, vital, es instinto, apetito, emoción, deseo y sentimiento y como evento existencial, biográfico y cultural, se corresponde como un asunto sagrado, erótico, heroico, trágico y cómico:
Sagrado, porque es una experiencia de lo divino.
Erótico, porque, en la plenitud de sus significados, es la fuerza entrópica que forma y transforma el cuerpo y la mente de los amantes.
Heroico, porque hace que los enamorados desplieguen la totalidad de unas energías, fuerzas y poderes de las que no sabían eran poseedores.
Trágico, porque su fin es ineludible e ineluctable.
Cómico, porque el pícaro Eros siempre se sale con la suya" 1.
Por el contrario, si existe abundante literatura en la que, para Shakespeare, el asunto del amor era esencial, en todos los sentidos, pero sin ninguna diferencia con el enamoramiento. Es por ello que estudiosos y críticos continúan ciegos a esas diferencias y perpetúan las fusiones y confusiones entre el amor y el enamoramiento, las cuales podrían deducirse y demostrarse en una lectura acorde con las hipótesis descabelladas que propongo.
Así que es necesario ir un poco más allá de esas evidentes expresiones de Shakespeare sobre sexualidad, erotismo, amor, pasión, celos, para descubrir, cómo él lo hace, las claras diferencias entre amor y enamoramiento.
Shakespeare accede y deduce esas diferencias entre amor y enamoramiento de una larga tradición cultural: Grecia, Roma, los místicos al-Andaluces, así como de Boccaccio, Petrarca, Dante, Bruno, y de los poetas y los filósofos renacentistas. A partir de esa tradición, él, como esos antecesores, si bien se enfrenta con las fusiones y confusiones sobre el asunto, logra expresar, con suficiente ilustración, lo qué en realidad es el enamoramiento: ese momento sublime en el que se funden el espíritu y la carne y como estas, así fundidas, se expresan como un único Ser, ese momento, el único, en el que mujeres y hombres son iguales, "sagrados y divinos", en la unión de los contrarios: Ariadna y Dionisios. El enamoramiento es, también, la emergencia del estro amoroso y creativo. Es “el momento de la experiencia de conocimiento”2.
Es esa, la naturaleza "sagrada y divina" del enamoramiento, la razón que explica el por qué todo lo relacionado con el enamoramiento es expresado tanto en esa época como en los tiempos inmediatos, con el debido hermetismo que exige un asunto tan contaminado por prejuicios ideológicos y religiosos. Uno, porque está estrechamente conectado con el Islam sufí y con el paganismo dionisíaco de los Misterios Eleusinos y, dos, porque una exposición abierta y explicita expondría a su autor al rechazo y, peor aún, al riesgo de perder la vida por herético.
Por ejemplo, para Shakespeare era evidente que la hierofanía del enamoramiento es el momento y el estado en el cual los enamorados son poseídos por "los heroicos furores" 3 y se les revelan y acceden a las más altas esferas de su naturaleza y la sabiduría, tal y como lo expresa en Penas de amor perdidas (obra escrita entre 1595-1596):
[...] ¿cómo habríais podido encontrar en la fría meditación cadencias tan ardientes como esas con las que os han enriquecido los inspiradores ojos de las que os han enseñado, como verdaderas maestras que son en la ciencia de la belleza? (William Shakespeare, Trabajos de amor perdidos, Acto IV, Escena 2).
Penas de amor perdidas es la obra en la que Frances A. Yates 4 ha considerado que se conectan, corresponden y relacionan, los motivos de Shakespeare con los motivos de Giordano Bruno en los diálogos italianos, Los heroicos furores y La Expulsión de la bestia triunfante y, de manera más íntima, con la obra de teatro Il Candelaio, escrita en París en 1582, poco antes de viajar a Londres.
Tales conexiones, correspondencias y relaciones, se establecen, por ejemplo, con las alabanzas de los dioses al amor, de La Expulsión de la bestia triunfante, así como con la aventura de los nueve ciegos del diálogo quinto de la segunda parte, de Los heroicos furores, porque los mismos motivos son tratados por Shakespeare en el parlamento de Berowne, el personaje que encarna a Giordano Bruno en Penas de amor perdidas, en el Acto IV, Escena 3, ya antes citado.
Y no son los únicos ejemplos. Igual puede decirse de los temas y asuntos que en otros de los parlamentos conectan, corresponden y relacionan a Shakespeare con Bruno, como ya lo muestro en otra de de mis lecturas lúdicas a Shakespeare.
Prácticamente, todas las comedias de Shakespeare tratan sobre las paradojas y malentendidos que provocan el enamoramiento y el amor y de los cuales son víctimas los enamorados, pero, sin lugar a dudas, es en Sueño de una noche de verano en donde todo lo paradójico y todos los malentendidos del amor se mezclan con los del enamoramiento, hasta el punto de que todavía hoy se polemiza sobre ese aspecto de la comedia y la imposibilidad de saber si se trata del enamoramiento, de la sexualidad o del amor o de todos a una como ya se lo había explicado Diotima a Sócrates en Banquete. Es un bello asunto que ya insinué y que habrá que tratar como lectura lúdica, en algún buen momento.
Pero, es una de sus tragedias, Romeo y Julieta (escrito entre 1591-1595), la obra más paradigmática de Shakespeare sobre el amor, en la que se muestran con precisión, no sólo las diferencias entre amor y enamoramiento, sino, también, en la que se expone el exacto desarrollo de los procesos naturales, vitales, anímicos, existenciales y culturales del enamoramiento. Igual debe decirse que en Romeo y Julieta, Shakespeare establece con precisión las causas y las diferencias de la acción, según cada sexo, así como de las consecuencias de la sexualidad, el erotismo, la pasión o el amor apasionado y de los celos, cuando afectan a los enamorados en estado de enamoramiento, tal y como lo he explicado en mis hipótesis descabellada sobre el enamoramiento.
Es por ello que el enamoramiento, y no el amor, debe ser considerado el verdadero motivo y protagonista de Romeo y Julieta, tanto por ser una realidad natural, vital, existencial e íntima, como por su realidad cultural, ideológica y social.
Y, como motivo trágico, se confirma la imposibilidad de la permanencia del enamoramiento como estado duradero como si lo es el amor, pues, al fin, el enamoramiento es una explosión de juegos pirotécnicos, un despliegue excesivo de energía vital. Para Shakespeare era evidente que el enamoramiento es una fiesta, una comedia, mientras dura, pero su fin siempre será trágico, una tragedia. Todo ello será demostrado en Sueño de una noche de verano.
Pero en ese paso de la comedia a la tragedia se va del mundo exterior a lo más íntimo del ser, al anhelo de futuro, el espíritu.
Así es como lo plantea Harold Bloom:
"Muy pronto, en la triada romántica Romeo y Julieta, Ricardo III y Sueño de una noche de verano, Shakespeare salta a la perfección en la representación de la interioridad y sus permutaciones" 5.
Anotación sobre la que, y si se hace un bucle interpretativo, se podría decir que lo que Shakespeare representa en la tragedia de los dos jóvenes es el proceso de su enamoramiento. Enamoramiento por el cual, tanto Romeo y Julieta, como su ámbito cultural, son afectados y trasformados tanto en su representación social e ideológica como en su ser individual, íntimo, vital y existencial.
La representación social e ideológica es el impacto que el enamoramiento de los dos jóvenes produce en los personajes y situaciones -el ámbito cultural y social, el mundo exterior- que rodean a los enamorados y en los que se encarnan las voces, las actitudes, los comportamientos y los modelos, sociales e ideológicos, que asumen y representan ellos por causa del estado de enamoramiento de los dos jóvenes y porque, de acuerdo con las convenciones sociales y las ideologías vigentes, los enamorados subvierten lo establecido. Es esa la historia de voces, actitudes y comportamientos críticos en contra del enamoramiento que se inicia con Platón y que para Shakespeare ya ha pasado por Roma, la Edad Media, la cultura árabe, el Renacimiento y el poderoso dominio del cristianismo, en lo que Shakespeare está inmerso. Francesco Alberoni ofrece una explicación sobre estos asuntos en su libro Amor y enamoramiento.
Pero también, en la tragedia de los dos jóvenes se representa otro nivel aun más complejo: la realidad natural, vital, existencial e íntima, que subyace al estado de enamoramiento, la cual se puede abducir, por un lado, de la estructura de la obra y, por el otro, de los estados vitales y anímicos que ellos van manifestando y expresando, así como, y aún más complejo, por los cambios fisiológicos y psicológicos que los afectan y trasforman y que Shakespeare bien define y describe.
Pero, y lo más asombroso de Romeo y Julieta, es que, para Shakespeare, la naturaleza del enamoramiento de los dos jóvenes está representada y se corresponde con la naturaleza del sexo de cada uno de ellos: el Ser y la palabra de la mujer y el Ser y la palabra del hombre. Ser, estados y palabras que les son propios y diferentes de acuerdo con las necesidades y finalidades, naturales, vitales y anímicas, para cada sexo. Unas ciencias evolutivas que apenas están incursionando en los terrenos de las realidades y diferencias entre mujeres y hombres, tal y como intento exponerlo en mis escritos sobre Ser y palabra de mujer (http://serypalabrademujer.blogspot.com/).
Y, como debe ser en el enamoramiento, lo que se sucede en Romeo y Julieta, es un proceso natural de la vida que nace, muere y resucita en el ciclo del eterno devenir: el árbol florece para producir las flores, los frutos y las semillas de la nueva vida en la resurrección. Lo que muere en escena no son los amantes, sino el estado del enamoramiento, ese es el momento del renacimiento o de la resurrección en el amor de quienes estuvieron enamorados, como ya mostré antes.
A manera de digresión, Shakespeare también representa, como algunos de sus contemporáneos, la pervivencia clandestina del mito minoico de La Gran Diosa: Ariadna y Dionisios, como lo he mostrado en mi escrito: Ariadna, la diosa de la perdición para Nietzsche 6.
Ahora bien, que el enamoramiento es así y que así está representado en Romeo y Julieta, puede analizarse a partir de las hipótesis descabellada que he propuesto para el enamoramiento, análisis que deberían realizar aquellos aspirantes a convertirse en Lector Lúdi, por ejemplo, a partir de unas conexiones, correspondencias y relaciones, como las siguientes:
En el Primer Acto, escenas I, III, IV y V, es en donde Shakespeare presenta los estados vitales y existenciales que afectan a los jóvenes Romeo y Julieta: el estado de desasosiego, la Sobrecarga depresiva y el estallido del Estado naciente, tal y como los define Francesco Alberoni 7 y como yo los propongo:
En la Escena I, en primer lugar, hablan, Benvolio y el padre de Romeo, del desasosegado estado de ánimo de Romeo. Y, un poco más adelante, cuando Benvolio le inquiere por los motivos que lo afectan, Romeo le responde:
"BENVOLIO
Sí. ¿Qué tristeza alarga las horas de Romeo?
ROMEO
No tener lo que, al tenerlo, las abrevia".
En seguida, Romeo explica el motivo de su desasosiego, el cual se debe a un amor no correspondido e imposible.
Luego, en la Escena III, la madre y la nodriza de Julieta hablan con ella de matrimonio y la nodriza expone el motivo del estado de ánimo triste y desasosegado de Julieta:
SEÑORA CAPULETO
Pues de casamiento venía yo a hablar.
Dime, Julieta, hija mía,
¿qué te parece la idea de casarte?
JULIETA
Es un honor que no he soñado.
NODRIZA
¡Un honor! Si yo no fuera tu nodriza,
diría que mamaste listeza de mis pechos.
En la Escena IV, para dar sentido y explicar ese desasosiego, Mercucio confronta su teoría de los sueños con la de Romeo:
ROMEO
Anoche tuve un sueño.
MERCUCIO
Y también yo.
ROMEO
¿Qué soñaste?
MERCUCIO
Que los sueños son ficción.
ROMEO
No, porque durmiendo sueñas la verdad.
Y para ilustrarlo, Mercucio cuenta la leyenda de la reina Mab.
Es con este parlamento y con otros parlamentos del mismo Mercucio o de La Nodriza que Shakespeare pone en su lugar a las expresiones de la sexualidad, del erotismo, de la pasión o del amor apasionado y de los celos, incluida la obscenidad y, al mismo tiempo, marca las diferencias entre sus manifestaciones vulgares e idealizadas, vitales y líricas.
Finalmente, en la Escena V, se presentan los momentos de la explosión de “El Estado naciente” 8 para Romeo y Julieta, es el momento de su encuentro en el baile.
Para Romeo es una visión:
ROMEO
¡Ah, cómo enseña a brillar a las antorchas!
En el rostro de la noche es cual la joya
que en la oreja de una etíope destella...
No se hizo para el mundo tal belleza.
Esa dama se distingue de las otras
como de los cuervos la blanca paloma.
Buscaré su sitio cuando hayan bailado
y seré feliz si le toco la mano.
¿Supe qué es amor? Ojos, desmentidlo,
pues nunca hasta ahora la belleza he visto.
Y para Julieta, un beso:
ROMEO
Si con mi mano indigna he profanado
tu santa efigie, sólo peco en eso:
mi boca, peregrino avergonzado,
suavizará el contacto con un beso.
JULIETA
Buen peregrino, no reproches tanto
a tu mano un fervor tan verdadero:
si juntan manos peregrino y santo,
palma con palma es beso de palmero.
ROMEO
¿Ni santos ni palmeros tienen boca?
JULIETA
Sí, peregrino: para la oración.
ROMEO
Entonces, santa, mi oración te invoca:
suplico un beso por mi salvación.
JULIETA
Los santos están quietos cuando acceden.
ROMEO
Pues, quieta, y tomaré lo que conceden.
[La besa.]
Mi pecado en tu boca se ha purgado.
JULIETA
Pecado que en mi boca quedaría.
ROMEO
Repruebas con dulzura. ¿Mi pecado?
¡Devuélvemelo!
JULIETA
Besas con maestría.
Ya en el Segundo Acto, los jóvenes amantes se sumergen en el éxtasis del enamoramiento, cuya máxima expresión se consuma en el Tercer acto, Escena V, con la canción del alba de Romeo y Julieta, luego del único momento y de su única noche de plenitud, que es también lo único que permite el enamoramiento: un único momento de plenitud. Luego, todo es padecer y morir.
Y, partir de allí y hasta el final, es la alternancia de éxtasis y agonías, trabas, intrigas, fallidas ayudas y los absurdos y trágicos eventos que culminarán con la muerte de los amantes. Sucesos y muerte que, para efectos de esta interpretación, son el proceso y el fin por el que concluye todo enamoramiento, los que son universales para la especie pero particulares para cada enamorado.
Esa es la tragedia del enamoramiento, su muerte, su fin ineluctable, dura lo que dura una flor, porque, luego de su muerte, los enamorados renacerán o resucitarán, como otros, en ellos mismos, o al amor o al olvido.
El enamoramiento es el Acteón bruniano al que
"[...] "le dan muerte sus muchos y grandes canes", acabando aquí su vida según el mundo loco, sensual, ciego e ilusorio, y comenzando a vivir intelectualmente; vive la vida de los dioses, nútrese de ambrosía y de néctar se embriaga" (Los Heroicos Furores, I, 4).
Shakespeare lo sabía y sabía que era asunto claro y esencial para la mujer: el enamoramiento es una flor y es Julieta quien lo expone en el Acto II, Escena II:
"JULIETA
Este capullo de amor, con el aliento del verano que hace madurar,
Tal vez resultará una hermosa flor la próxima vez que nos veamos".
Como también ella sabía que es esencia de mujer el que el enamoramiento, mientras dura, es infinito y como lo infinito esta sometido a la Ley del Eterno Devenir, es la vida que anhela la eternidad como lo explicó Platón en Banquete.
Será otra vez Julieta quien lo diga:
"JULIETA
Sólo para ser generosa y volvértelo a dar;
Y sin embargo sólo deseo aquello que tengo.
Mi botín es ilimitado como el mar,
Mi amor igual de profundo: Cuanto más te lo doy
Más tengo, pues ambos son infinitos".
Lo que se sigue: a la muerte del enamoramiento, deviene el renacimiento o resurrección de los desenamorados, pero, para Romeo y Julieta, esa será otra vida, cuya representación queda a la consideración y a la imaginación del espectador.
Shakespeare tratará el tema del renacimiento o resurrección de después del enamoramiento en otras de sus obras y en los sonetos.
Pero eso sera materia prima para otra Lectura Lúdica a Shakespeare.


Notas
1 Iván Rodrigo García, El enamoramiento: http://enamoramientoyevolucion.blogspot.com/
2 Giorgio Colli, Filósofos sobrehumanos, Siruela, Barcelona, 2o10.
3Giordano Bruno, Los heroicos furores, Tecnos, Madrid, 1987.
4 Frances A. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética, Ariel Filosofía, Barcelona, 1983, pp. 408:
"Estas imágenes de alabanza al amor (se refiere a los versos en IV, 3, citados previamente) son pronunciadas por el homónimo de Giordano Bruno, Berowne, en la comedia de Shakespeare Trabajos o Penas de amor perdidos. Una larga serie de autores, entre ellos yo misma, han sostenido que el personaje de Berowne es un eco de la estancia de Bruno en Inglaterra, pero ninguno de nosotros ha sabido qué buscar en tal comedia al no comprender en absoluto sobre qué tema podría estar hablando Bruno. Ahora me parece absolutamente claro que el discurso de Berowne sobre el amor hace referencia muy concreta al Spaccio della bestia trionfante, donde todos los dioses, en una de las constelaciones, se deshacen en alabanzas al amor. Por otra parte, el hecho de que la comedia se halle ambientada en una corte francesa -la del rey de Navarra-, donde Berowne es el adalid de poetas y amantes, parece ser un hecho bastante significativo, por cuanto relaciona a Berowne-Bruno con el mensaje proveniente de la corte francesa y con la atmósfera europea de "esperanzada expectativa" ante el posible advenimiento de Enrique de Navarra al poder".
5 Harold Bloom, Shakespeare. La invención de lo Humano, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2001 p. 87.
6 Iván Rodrigo García Palacios, Ariadna, la diosa de la perdición para Nietzsche,
http://lectorludi.blogspot.com/2011/05/ariadna-la-diosa-de-la-perdicion-para.html
7 Francesco Alberoni, El misterio del enamoramiento, Gedisa, Barcelona, 2004.
8 Francesco Alberoni, El misterio del enamoramiento, Gedisa, Barcelona, 2004, pp. 26-27.





14 de mayo de 2018

Lecturas lúdicas a Shakespeare-1 De Séneca a Bruno, de Bruno a Shakespeare




Sueño de una noche de verano


Lecturas lúdicas a Shakespeare-1
De Séneca a Bruno,
de Bruno a Shakespeare


Por Iván Rodrigo García Palacios


Séneca influyó en Bruno y Bruno en Shakespear. Ese asunto de las influencias … los maestros, esas elecciones afectivas.
En estos días que he estado leyendo sobre las comedias de Shakespeare y sus conexiones con la obra de teatro y los diálogos italianos de Giordano Bruno, tuve la necesidad de indagar en la Internet sobre el asunto y, ya que estaba ahí, no resistí la tentación de entretenerme un rato con un "juego de biblioteca virtual" y así aprovechar y buscar algunos libros digitalizados que me interesaban. Uno de ellos fue: Los heroicos furores, de Giordano Bruno, del que apenas existe un par de traducciones al español y ya fuera del mercado.
Sin embargo, no todo fue tiempo perdido en la búsqueda, porque me apareció un artículo de José Carlos Fernández, sobre El Amor en la obra de Shakespeare que me llamó la atención, puesto que, por allá en julio y agosto de 2005 (LECTOR LUDI-20 y 21) 1, había comentado la hipótesis descabellada de la influencia que Giordano Bruno, junto con la cultura latina y renacentista, habían ejercido sobre la cultura inglesa del período isabelino y en especial sobre William Shakespeare, sin que en ese momento supiera de dónde había emergido semejante idea. Hipótesis descabellada que posteriormente revisé y complementé en mi libro: LECTOR LUDI. Manual de iniciación a la alquimia de la lectura 2.
Así que leí el texto de José Carlos Fernández y me encontré con el siguiente párrafo:
"El personaje principal de esta obra (Trabajos o Penas de Amor Perdidos) es Berowne, ardiente, apasionado, de enorme penetración, lucidez mental, ingenio y gracia en la expresión. Frances Yates insiste en que el modelo de este personaje teatral es Giordano Bruno; (véase la similitud de nombres), quien precisamente, y en Inglaterra, en los mismos años, escribió Los Heroicos Furores, que es un tratado del amor heroico y místico. Giordano Bruno y el autor de las obras de Shakespeare habrían coincidido en la corte de Isabel y la impresión que causara el filósofo italiano en el dramaturgo inglés debió de ser profunda e indeleble" 3.
Y se hizo la luz en mi memoria. Recordé que hacía muchos años había leído el libro de Frances A. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética 4, pero no me acordaba de la conexión que ella hacia entre Bruno y Shakespeare.
Así que salté del "juego de biblioteca virtual" al "juego con mi vieja biblioteca" y busqué el libro de Frances A. Yates. Claro, ella asociaba las obras de Giordano Bruno: Los heroicos furores y Spaccio della bestia trionfante, con la comedia, Trabajos o Penas de Amor Perdidos, de Shakespeare:
"Estas imágenes de alabanza al amor (se refiere a los versos en IV, 3, citados previamente) son pronunciadas por el homónimo de Giordano Bruno, Berowne, en la comedia de Shakespeare Trabajos o Penas de amor perdidos. Una larga serie de autores, entre ellos yo misma, han sostenido que el personaje de Berowne es un eco de la estancia de Bruno en Inglaterra, pero ninguno de nosotros ha sabido qué buscar en tal comedia al no comprender en absoluto sobre qué tema podría estar hablando Bruno. Ahora me parece absolutamente claro que el discurso de Berowne sobre el amor hace referencia muy concreta al Spaccio della bestia trionfante, donde todos los dioses, en una de las constelaciones, se deshacen en alabanzas al amor. Por otra parte, el hecho de que la comedia se halle ambientada en una corte francesa -la del rey de Navarra-, donde Berowne es el adalid de poetas y amantes, parece ser un hecho bastante significativo, por cuanto relaciona a Berowne-Bruno con el mensaje proveniente de la corte francesa y con la atmósfera europea de "esperanzada expectativa" ante el posible advenimiento de Enrique de Navarra al poder" 5.
Frances A. Yates hace también la conexión de los spiritus mágicos de Ficino con El Mercader de Venecia (V, 1), de Shakespeare, pero ese es otro asunto que tiene que ver con la presencia renacentista en la época isabelina, asunto para el cual, ahora, no es el momento ni el lugar.
Así que ese había sido el génesis de mi hipótesis descabellada de julio y agosto de 2005. Pero, ya que había empezado este "juego de biblioteca", tenía que continuar.
Así que pasé a los libros del experto bruniano, Miguel Ángel Granada y del experto en Shakespeare, Harold Bloom, pues, como se me presentaban las cosas, el influjo que Bruno ejerció sobre Shakespeare es mucho mayor y más profundo que el inferido por Frances A. Yates sobre Trabajos o Penas de Amor Perdidos. A lo que habría que añadir, como más adelante muestro, las conexiones que otro estudioso italiano establece con Antonio y Cleopatra.
Miguel Ángel Granada reconoce que la conexión existe y aporta otros elementos bien interesantes que remontan al pasado esta cadena genético-literaria de conexiones y correspondencias, tal el caso de la relación de Bruno con Séneca que muestro a continuación al transcribir las citas correspondientes, porque la relación de Bruno con Séneca, documentada por Miguel Ángel Granada, es la que, al mismo tiempo que conecta la obra de ambos y la de ellos, con Shakespeare. No hay que olvidar que Séneca también escribió un grupo de notables tragedias, ¿algo así como un “Maestro” para Shakespeare?
Esto es lo que dice Miguel Ángel Granada:
"La presencia de Séneca, más allá de la del estoicismo en general, en la obra de Giordano Bruno es de sobras conocido. En primer lugar tenemos la cita frecuente en los diálogos italianos de pasajes de las tragedias, por lo general sin indicación del nombre del autor latino. Es el caso, por ejemplo, de los versos de Medea citados en La cena de las cenizas, en el lugar importantísimo de la transición del elogio de Copérnico al elogio de Bruno mismo. La cena recurre también a una cita anónima del Oedipus para ilustrar mediante la relación entre Manto y su padre Tiresias la compleja relación entre Copérnico y Bruno. Finalmente, en Los heroicos furores el "trágico poeta" es de nuevo aducido, en cita de Fedra, versos 279-282 y 293, para ilustrar la furia del fuego amoroso" 6.
En el resto del ensayo, Miguel Ángel Granada muestra de manera detallada los diversos textos que Giordano Bruno toma de las obras de Séneca y en especial de sus Epístolas, las que Bruno incluye en algunas de sus obras. Pero, si bien, este es un asunto importante y se relaciona con lo que estoy mostrando, si requiere ser tratado en otro lugar y oportunidad.
Así que para concentrarme en la conexión Bruno-Shakespeare, transcribo la siguiente cita, en la que Miguel Ángel Granada la establece y la documenta:
"Que Shakespeare presente en Love's Labour's Lost, pieza en la que se ha señalado la presencia de tantos motivos brunianos e incluso de Bruno mismo a través del personaje de Berowne, a una princesa (con muchos rasgos de Isabel I) oficiando la caza-sacrificio de un ciervo cuya sangre -de origen celeste- es esparcida sobre la tierra, procurando a la celebrante "gloria" y "honor" (*), más allá de la aversión que le produce, es quizás algo más que una casualidad y acaso abone la tesis de un alineamiento bruniano con las posiciones anglicanas que teorizaría en el siglo siguiente Hobbes en su Leviatán" 7.
(*) A continuación transcribo el pie de página que Miguel Ángel Granada incluye en la cita anterior:
"William Shakespeare, Love's Labour's Lost, IV, 1, 20-35; IV, 2, 1-7. Desarrollamos sugerencias comunicadas epistolarmente por Gilberto Sacerdoti, autor de un importante libro sobre la relación de Bruno-Shakespeare, Nuovo cielo, nueva terra. La rivelazione copernicana di "Antonio e Cleopatra" di Shakespeare, Il Mulino, Bolonia 1990. Para nuevos trabajos de Sacerdoti sobre el tema véase: "Cosa significa questo? Sopra uno "strano trucco" shakespereano in Antonio e Cleopatra", Intersezioni XII (1992), pp. 35-62; "T re re, Erode di Giudea e un bambino", Intersezioni, XIV (1994), pp. 171-2009. Pero véase ahora sobre la cuestión G. Sacerdoti, "Caccia al cervo e potestas ecclesiastica in "Pene d'amore perdute", Intersezioni (1997), pp. 229-249 8.
Por el contrario, los expertos shakesperianos de lengua inglesa han sido renuentes a considerar la conexión Bruno-Shakespeare. Es lo que sucede con Harold Bloom, quien ni tiene en cuenta esa conexión Bruno-Shakespeare ni menciona la propuesta de Frances A. Yates. Sin embargo, al leer su análisis de Trabajos o Penas de Amor Perdidos 9, se puede inferir la evidente pero tácita presencia de Giordano Bruno en esa obra, especialmente de Los heroicos furores, de la misma forma como reconoce lo que Trabajos o Penas de Amor Perdidos significó para la obra posterior de Shakespeare. Es evidente el interés que manifiesta Harold Bloom por el estoicismo y por Maquiavelo en Shakespeare, procedente, por supuesto, de Bruno y de la cultura latina y renacentista:
"C. L. Barber llamó Penas de amor perdidas "un comienzo impresionantemente fresco, una ruptura más completa con lo que [Shakespeare] había estado haciendo antes" que cualquiera otra parte de su carrera excepto la transición de las tragedias a las últimas historias caballerescas. El descubrimiento de que sus recursos verbales eran ilimitados alimentó a Shakespeare para un crescendo lírico de 1595-1597 que incluye Ricardo III, Romeo y Julieta, Sueño de una noche de verano y el sorprendente acto V de El Mercader de Venecia. En cuanto a mí, yo interpretaría este movimiento hacia el drama lírico como parte de la final emancipación de Shakespeare respecto de Marlowe, puesto que fue seguido por el gran acto de capacitación que fue la creación de Falstaff, el anti-Maquiavelo y por ende anti-Marlowe" 10.
Estoy seguro de que si Harold Bloom hubiera explorado la conexión Bruno-Shakespeare, se había encontrado con más de una sorpresa y algunos buenos enfoques para el análisis de las obras que le siguieron a Trabajos o Penas de Amor Perdidos.
Porque, no me queda duda, que Shakespeare, por una parte, o conoció a Giordano Bruno y sus obras o supo por buena fuente de su estancia en Londres entre 1584 y 1586, y, por la otra, que leyó algunas de las obras de Bruno, en especial la comedia Il Candelaio, la que Bruno había escrito en Francia en 1582, antes de viajar a Inglaterra, así como los diálogos italianos escritos publicados en Londres, con particular énfasis, como se dijo antes, Los heroicos furores y Spaccio della bestia trionfante como lo resalta Frances A. Yates.
Porque, si se hace una juiciosa lectura comparada de Trabajos o Penas de Amor Perdidos con Il Candelaio, Los heroicos furores y Spaccio della bestia trionfante, se podrá notar que las conexiones entre ellas son más que meras coincidencias. De eso hablaré en una próxima lectura lúdica a Shakespeare.
Bien se sabe que Shakespeare era buen conocedor de la historia y la literatura griega y romana, así como de la literatura latina y renacentista y que en sus obras manifiesta una especial predilección por sus personajes, al igual que por algunos lugares de Italia. Sin embargo, es en Trabajos o Penas de Amor Perdidos en donde, además de las transformaciones anotadas por los expertos en Shakespeare, se pueden notar otras que, si bien pueden estar relacionadas con Bruno y sus diálogos ingleses y con Los heroicos furores y con Spaccio della bestia trionfante y con Il Candelaio, también pueden responder a la corriente de pensamiento que Bruno encarnaba y que se extendía por Europa, muy notoriamente en los países nórdicos, la cual proponía una postura subversiva frente a la dictadura radical y fundamentalista de la Iglesia Católica Romana sobre los asuntos científicos, sociales, políticos, etc. Los intelectuales europeos proponían una nueva visión del Ser humanos, del ejercicio de la filosofía y del papel del filósofo, así como del conocimiento científico a partir de las ideas copernicanas que el mismo Bruno defendía, discutía y divulgaba. Y, por supuesto, no se debe olvidar que Giordano Bruno fue un “enviado especial” y un protegido del monarca Francés, quien estaba interesado en un entendimiento con la monarquía inglesa. Es significativo entonces el que Trabajos o Penas de Amor Perdidos, se desarrollen en la corte francesa del rey de Navarra y que la protagonista sea la Princesa de Francia.
También es de anotar que, en Trabajos o Penas de Amor Perdidos, además de la relación Bruno-Berowne, se destaque el tratamiento que Shakespeare le da a los personajes femeninos y a ese personaje hermético que es Amor, el cual parecieran encarnar esa corriente hermética en la cual la Dama, Amor, Eros, representaban la guía de acceso a la Sabiduría, a lo que habría que agregar el espíritu subversivo de Bruno-Berowne.
O, como ya sugirió Miguel Ángel Granada, La Dama que en Los heroicos furores también puede referirse a Isabel I como la elegida para esparcir esa revolución por la anquilosada Europa. No hay que olvidar que las relaciones de los ingleses con el catolicismo romano no eran las mejores, pero esa es otra historia que también influye en Shakespeare, en el teatro isabelino y en general en la política y la cultura inglesa como en la europea.
En fin, eran aquellos tiempos en los que se desarrolló un bello lenguaje hermético y alegórico con los cuales poder escribir y hablar de aquellos asuntos que no se ajustaban a las disposiciones del "recto pensar", hoy se dice, “políticamente correcto”, cuyas transgresiones eran castigadas con la hoguera y de la que Giordano Bruno, junto a tantos otros, fue su víctima expiatoria en Campo dei Fiori el 17 de febrero del año 1600.

Notas
 
1 Publicado en el Blog: http://lectorludi.blogspot.com/, Medellín, agosto de 2005.
2 Iván Rodrigo García Palacios, LECTOR LUDI. Manual de iniciación a la alquimia de la lectura, Séptima parte: Hipótesis descabelladas sobre genética literaria en Fernando González.
3 José Carlos Fernández, El Amor en la obra de Shakespeare, www, nueva-acropolis.org.ar/El-Amor-en-la-obra-de-Shakespe.
4 Frances A. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética, Ariel Filosofía, Barcelona, 1983.
5 Frances A. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética, Ariel Filosofía, Barcelona, 1983, pp. 408.
6 Miguel Ángel Granada, La reivindicación de la filosofía de Giordano Bruno, Apéndice 2: "Quel che viviamo é un punto...". Nota sobre el uso de Séneca por Giordano Bruno en De Gli Eroici Furori", Herder, Barcelona, 2005, p. 259.
7 Miguel Ángel Granada, Giordano Bruno. Un universo infinito, unión con Dios, perfección del hombre, Segunda parte, capítulo 4: "Maquiavelo y Bruno: religión civil y crítica del cristianismo", Herder, Barcelona, 2002, p.p. 195-196.
8 Miguel Ángel Granada, Giordano Bruno. Un universo infinito, unión con Dios, perfección del hombre..., p. 196.
9 Harold Bloom, Shakespeare. La invención de lo humano, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2001, p.p. 149 a 176.
10 Harold Bloom, Shakespeare. La invención de lo humano..., p. 163.




Cartas Abelardinas – 10 Pietro Citati, charlando entre amigos sobre la y algunas novelas del siglo XIX

Lectura en grupo. https://elpais.com/elpais/2014/12/12/album/1418422523_273005.html Cartas Abelardinas – 10 Pietro Citati, ch...