11 de abril de 2019

Cartas Abelardinas – 5



El papel la mujer en la famosa rebelión de Tupac Amaru II. Perú y Bolivia, 1781.
http://elhistorico.com.ar/2018/04/20/resistencias-y-adaptaciones-indigenas-al-orden-colonial/


Cartas Abelardinas – 5


Medellín, jueves 11 de abril 2019
Abelardo
Hablemos de política:
“Los hombres luchan por su esclavitud (servidumbre) como si se tratara de su salvación” (Spinoza, Tratado Teológico-Político, Prefacio, I).
Claro que como muchos y a pesar de que somos seres sociales y, por lo mismo, políticos, yo también tengo prejuicios y repulsiones, pero más que por las ideas o las ideologías, por mi profundo, fisiológico y psicológico, rechazo a toda manifestación prepotente del poder. Pero eso también más por la represión con que se le impone que por la misma naturaleza del poder como aspecto constitutivo de la vida social.
Sin embargo, no es ese el asunto del que me gustaría hablar, ya Foucault y sus comentaristas han hablado más de la cuenta del asunto del poder. Lo que quiero es tratar de pensar sobre lo que esta sucediendo en Colombia y en todo el mundo, nada nuevo, pero si distinto a lo que siempre ha sucedido, porque ahora y gracias al poder de las nuevas tecnologías, se ha vuelto más confuso y complicado y, por supuesto, poderoso y tenebroso.
Veamos. Desde que la democracia es democracia es y ha sido un modelo de domesticación social en evolución que se desarrolla a partir de fuerzas sociales e individuales propias y contrarias, tal y como lo hacen la vida y la cultura en la evolución biológica y cultural. Y como en la evolución, la única cualidad inmodificable de la democracia es el conatus, ese concepto que propuso Spinoza y que ha sido ampliamente explicado e interpretado desde entonces y el cual se refiere a la persistencia de las cosas en su forma y el deseo de perdurar de la vida, eso que llamo el gran anhelo: el deseo de futuro.
Pues bien y para entrar en explicaciones. Ahora la democracia pasa por otro de sus momentos de fracaso y esperanza. Los políticos de todas la ideologías y tendencias fueron infectados por ese mal congénito de la humanidad: la corrupción. En consecuencia se ha levantado una ola de indignación con dos direcciones. La una, la de querer sanear la actividad política tradicional con mayores controles y férrea actitud ética. La otra, la de remplazar los gobiernos manejados por políticos tradicionales y corruptos, por gobiernos a imagen y semejanza de un capo y su mafia.
Y ahora me voy a explicar. Para confusión de las gentes, se está diciendo que esos nuevos personajes autoritarios son o populistas o fascistas, nada más inadecuado. Tanto el populismo como el fascismo, en todas sus posibles versiones, son, de alguna manera, políticos, así sea de ideologías extremas. Nada de lo cual se puede aplicar a estos individuos y mafias, pues sus únicos intereses son los del poder para obtener beneficios personales y de la mafia “a cualquier precio”. Mafia es un nombre más tradicional para llamar a una banda criminal. El poder absoluto a disposición de un capo.
Hoy precisamente le comentaba a un amigo su columna en El Colombiano y le preguntaba si era adecuado hablar de izquierdas o derechas en las dictaduras, pues en las dictaduras sólo son los que tienen la sartén por el mango y los que están en la sartén caliente. Y, por supuesto, los aparatos de represión a disposición del dictador. Como en el dicho del viejo político colombiano: “el poder para qué”.
Y es que todo eso no es gratuito. Desde hace años esos que llaman el 1% de la población, los que son los dueños de las mayores riquezas de mundo y las grandes corporaciones multinacionales, han sido los dueños de los políticos. Pero, parece que últimamente no estaban satisfechos con esos políticos que se movían hipócritamente entre dios y el diablo y si bien cumplían con las ordenes de los patrones, también le daban migajas a los mal llamados ciudadanos por sus votos. En cierta forma, algunas leyes de control a los dueños del capital. Así que, al parecer, estos decidieron tomar la sartén por el mango y manejar ellos mismo el poder de los países y todos a una organizaron la toma del poder por la vía sencilla: la propia democracia.
Lo primero que hicieron fue comprar a esas iglesias que llaman evangélicas, las que desde hace quinientos años ambicionan poder instaurar un poder universal similar al de la iglesia católica, el mismo que ya habían tratado de subvertir con la llamada Reforma. Esos evangélicos se sueñan con ejercer el poder absoluto de una nueva inquisición igualitica a la antigua congregación de la doctrina y la fe católica. Y con esos votos cautivos y masivos, ya son dueños del poder en Estados Unidos, Colombia, Brasil y no recuerdo donde más. ¡Y qué inquisición! Los nuevos herejes son los LGTBI; todos los de color de piel diferente, negros, pardos, amarillos; los de las otras religiones y razas y opiniones, etc. Y, por supuesto, como desde siempre, las mujeres, al fin que estas son la vaca familiar: crías y carne que hay que mantener bajo estricto sometimiento y dominio. O sino, para qué esas apps con las que los hombres árabes controlan los movimientos de sus mujeres.
Pero lo paradójico y terrible de lo anterior, es que el mayor enemigo y el mayor temor de esos capos y sus mafias no son ningún movimiento político que se levante para combatirlos y subvertir su poder. No, su nemesis no es otra que las mujeres. En los últimos años se ha desatado un movimiento de conquista del poder por parte de las mujeres. Llámense feminismo o “metoo” o igualdad, etc. las mujeres están sublevadas, todavía algo pordebajiadas por todos los sectores de la sociedad, pero en movimiento creciente y van por el poder. Así que los días de patriarcado están contados.
Pero eso no quiere decir que las cosas van a ser mejores o diferentes. Por lo que se puede apreciar y según lo que hacen las mujeres que actualmente ejercen algún poder importante, pareciera que lo hacen igual o peor que los hombres. Esta tragedia está cantada, a menos que en cualquier momento ellas vayan a proponer una visión diferente para el futuro de la humanidad. Esa podría ser una mutación en la evolución cultural que va subvertir la sociedad patriarcal. Amanecerá y veremos.
En fin, a la hora de la verdad, la cosa de la política y de los políticos es, más que un asunto del logos o de la razón o del pensamiento, es cosa de las emociones, los deseos, los sentimientos, las pasiones, mejor dicho, de los bajos instintos. Y volvemos a Spinoza.
Y ese es el asunto de la próxima carta.
Por ahora, que goces de
Salud y alegría,
Iván Rodrigo.



3 de abril de 2019

Cartas Abelardinas – 4



M. C. Escher, ¿Uróboros?
https://winkel.mcescher.nl/posters/vlakvulling-reproductie-zw-w


Cartas Abelardinas – 4


“[88] Además, dado que las palabras forman parte de la imaginación, es decir, que, como formamos muchos conceptos conforme al orden vago con que las palabras se asocian en la memoria a partir de cierta disposición del cuerpo, no cabe la menor duda de que también las palabras, lo mismo que la imaginación, pueden ser causa de muchos y grandes errores, si no los evitamos con esmero” (Tratado de la reforma del entendimiento, Alianza, Madrid, 1988, p. 113).


Medellín, miércoles 3 de abril 2019
Abelardo
Tus cogitaciones me pusieron a cogitar.
Y es que planteas un asunto y unas preguntas magníficas para un debate abierto. Por mi parte propondría que otros propongan lo que cada cual cree sobre lo bueno y lo malo tanto de la escritura como de la lectura. Y, por supuesto, hay que hacer una crítica a fondo sobre eso que denuncias que sucede en los círculos del infierno académico con el escribir.
Y vos que sos tan aficionado a la historia de los libros y la escritura, pues no sobra recordar que, desde que los griegos descubrieron el negocio de los libros, todo el que sabe leer y escribir quiere publicar, vender y volverse famoso con sus libros a como de lugar. Me imagino que eso era lo que indignaba a Platón. Así que ahora, la cosa no es muy diferente, sobre todo tratándose de un aumento de sueldo. Quién no, de comer tenemos.
Y sin denostar de “las palabras leídas y, sobre todo, dialogadas, razonadas”, ni de la conversación que si es una de las bellas artes, que no es el caso, si me permito proponer, igual de manera empírica, que también hacen falta los buenos libros; peor, hacen falta los buenos escritores, esos que escriben y se hacen inmortales. Porque de desperdicio de papel, tinta y tiempo, están llenas las bodegas de los procesadores de reciclaje, al fin que en la naturaleza hasta el desperdicio es útil … pero no para los estados superiores de la mente y el espíritu.
Y de eso voy a empezar a hablar. De la escritura y ya que reclamas la necesidad de palabras vivas “y, sobre todo, dialogadas, razonadas”.
De manera sucinta, empecemos por establecer unas diferencias necesarias. Escribir y leer son funciones y procesos mecánicos del cerebro. En cambio, la escritura y la lectura hacen parte de las actividades superiores de la mente y del espíritu cuando apunta al anhelo de futuro. Explicar esto último sería materia de un tratado, por ello y para mostrar que estoy en total acuerdo con lo que dices de la escritura y la lectura, me voy a auto-citar de un escrito que realice por allá en 2008 para tratar de explicarme esos asuntos. Esto es lo que dije:
Saber leer y escribir, son la repetición correcta y adecuada de unas acciones previamente marcadas, tanto en su funcionamiento como en su objetivo.
Lectura y escritura, son la interpretación, la comprensión y la creación del sentido y del contenido, en una actividad cuya dinámica se inicia con el leer y el escribir y cuya finalidad es el descubrimiento de conocimiento... hacía un horizonte sin fin.
Conocimiento que es aquello que es siempre lo nuevo. Novedad que, una vez, experimentada, probada y verificada, se convierte en información. Información que se acumula, se preserva y se maneja para continuar descubriendo conocimiento.
Por supuesto, la poesía, la literatura y todas las artes son fuentes productoras de conocimiento, placer y futuro, pero ese no es el asunto ahora. Para reincidir en una de las imágenes de la Carta Abelardina, digo que la lectura es conocer el pensamiento y las intenciones de los otros. La escritura es crear, para comunicar, el propio pensamiento e intenciones. Al fin que, la evolución ha dotado a los humanos con las habilidades de anticipar y dar significado a los pensamientos y las intenciones de los demás … es cuestión de vida o muerte.
Agrego esta apreciación: la escritura es la elaboración, organización y desarrollo de los pensamientos para poder ser comunicados. Lenguaje y pensamiento. Como puedes ver, no necesariamente es esa escritura de las palabras y todas esas teorías de la lengua, sino la de ejercer el pensamiento y la comunicación, algo mucho más antiguo que la invención de signos y alfabetos. Se me ocurre pensar que antes de estos ya se habían desarrollado las estructuras cerebrales que irían a permitir el desarrollo de la escritura y la lectura de signos y alfabetos, de palabras. Desde la emergencia de Homo sapiens ha usado métodos para expresar y recordar lo que siente y conoce, bien para su utilidad o su placer, lo que, bien dicho es también un asunto estético.
Para empalmar con tu analogía del uróboros, me gustaría decir que la escritura y la lectura son también “un circulo virtuoso” que, como lo sugieres, se alimentan la una de la otra.
En fin, para devolver el debate a su fuente clásica, te remito a Platón quien en su diálogo Fedro (274 y ss.) expone su crítica a la escritura y a la lectura: Platón, Fedro, Editorial Gredos, Madrid, 1998, página 400 y siguientes.
Y ya que hablo de Platón y ya que haces una referencia a la famosa frase del oráculo de Delfos: “conócete a ti mismo”, quiero agregar unas explicaciones y mostrar la otra de las famosas frases de los griegos clásicos, pero no tan conocida. Y vuelvo a auto-citarme (vanidoso que es uno) de una carta que escribí a mi hijo Nicanor cuando le comenzaron a perturbar los ardores de la adolescencia por allá en 2007.
"Gnothi seauton", "conócete a ti mismo".
Esta es la más popular tanto en ese entonces como también en la actualidad.
Era una inscripción que estaba tallada en lo alto del portal del templo y oráculo de Delfos, con la cual se invitaba a los peregrinos a consultar a las pitias sobre los sucesos que podrían afectar su vida cotidiana, desde un negocio personal hasta sobre una guerra entre imperios.
En aquella época, esa expresión se utilizaba para invitar a las personas a conocer sobre los sucesos y asuntos que, a su alrededor, afectaban la vida diaria. Bien, tratando de anticipar o adivinar lo que podría escurrirles, basados en la interpretación de las palabras del oráculo, o bien, siendo observador de los sucesos que ocurrían en el ámbito de su vida.
De esta manera, las palabras del oráculo o la Pitia, le servían a cada cual como un punto de partida para reflexionar sobre su vida, para así poder interpretar lo que le sucedía en su realidad y anticiparse o estar atentos a lo que podría afectarlos.
Esto tenía, además una función de educación civil, pues obligaba a quien consultaba a tener conocimientos previos, tal el caso de conocer las leyes para cumplirlas; conocer de los negocios para así saber cómo manejar mejor el dinero; conocer a aquellos con los que se establecen relaciones para así saber como tratarlos; estar consciente en todo momento lo que se siente y piensa para así saber como comportarse; conocer algún arte, algún oficio o tener una profesión para así disfrutar de una vida agradable. En fin, todas esas condiciones importantes que nos permiten relacionarnos con propiedad en y con el mundo en que vivimos.
La otra es:
“épiméleia/cura sui”, el cuidado de uno mismo o
"Epimelasthai sautou", "tomarse a sí mismo como objeto de desvelos".
Esa es la expresión que utiliza Platón en la voz de Sócrates para definir la educación y formación de Alcibíades, la cual está explicada ampliamente en el diálogo del mismo nombre que bien vale la pena leer.
Esta expresión se refiere a un conocimiento más profundo e intenso, pues requiere que la persona vaya más allá del simple conocimiento superficial del mundo externo, de las relaciones que se tengan con él y con los demás, pero, más importante aun, analizar y criticar las costumbres y paradigmas que impone la cultura y que hacen que todos actúen como "Vicente, para donde va la gente".
Esta recomendación lo que pide es que cada cual sea y actúe lo más conscientemente posible. Lo que la recomendación socrática propone es que es necesario aprender a conocer y manejar la propia interioridad, el ser más íntimo.
Me parece que vale la pena añadir que a esta frase también se la usa como “la preocupación de sí mismo”.
Te comento que esos asuntos del conocerse a sí mismo platónico fueron amplia, profunda y deliciosamente tratados por Michel Foucault en su curso del Colegio de Francia de 1981-1982. La publicación de la transcripción del curso fue publicada en español por el Fondo de Cultura Económica, con el título La hermenéutica del sujeto (México, 2002. Y de allí tomé buena parte de la información. Como no he podido encontrar la versión del Fondo, te mando otra que es una versión menos ... de los cursos, pero que también es fascinante por aquello de ver el pensamiento de Michel Foucaul funcionar en su exposición sobre un asunto tan … íntimo.
Mejor dicho, en estos asuntos y como dijo mi admirado Spinoza, la alegría está en la búsqueda del conocimiento, cuyo método expone en el Tratado de la reforma del entendimiento y que perfecciona en la Ética.
Así que sigamos buscando que el que busca …
Salud y alegría,
Iván Rodrigo.


28 de marzo de 2019

Cartas Abelardinas - 3


M. C. Escher, grabado.
https://blogs.scientificamerican.com/illusion-chasers/m-c-eschers-exhibition-in-brooklyn-opened-my-eyes/


Cartas Abelardinas - 3


Abelardo
Luego de la lectura a Spinoza, hablemos de la escritura.
“La escritura es una invención notable, porque permite fijar la palabra sobre un soporte permanente. Es como afirma el proverbio latino: “Las palabras vuelan, pero lo escrito queda”. La escritura se parece a un código secreto que encripta los sonidos, las sílabas o las palabras de una lengua. Como ocurre con cualquier código secreto, descifrarlo requiere aprendizaje. Un buen lector es un descifrador experto” (Stanislas Dehaene, Aprender a leer. De las ciencias cognitivas al aula, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2015, p. 21).
Ya sabes que me preocupan más los asuntos de la escritura que los de la lectura. En general en los ámbitos intelectuales y educativos hay más preocupación por lo contrario como si fuera un asunto de jerarquías o primacías o precedencias … Y, hablando de esto último, como en el cuento del huevo y la gallina, habría que preguntar qué fue primero, la lectura o la escritura. Y, por supuesto, habría que preguntar cuál de las dos es más importante, pero no, eso lo digo como una ironía.
Así que más bien me pongo en la labor de elaborar algunos comentarios sobre ese asunto de las precedencias.
Lo primero que se me ocurre decir es que las cosas funcionan, según lo han mostrado las ciencias, porque del habla se inventó la escritura y que, por lo tanto, la lectura sería el proceso contrario, de la escritura al habla. Eso se explica porque la escritura es la representación gráfica de los sonidos del habla y, por lo tanto, la lectura será el proceso de dar los sonidos del habla a esas representaciones gráficas que son las letras y, con ellas, las palabras.
Pero la cosa no es tan sencilla cuando se entra en los territorios de las neurociencias. Según mis lecturas sobre esos asuntos, me parece que tanto en la lectura como en la escritura el cerebro funciona de manera simultánea con diversos circuitos, áreas y procesos, al igual que lo hace en otras actividades físicas y mentales. Pero, para el caso y como dije antes, me da la impresión de que ambos procesos son un proceso reversible de una misma actividad. Me explico.
El ser humano hace solo aquello para lo que lo dotan los mecanismos desarrollados por la evolución, una evolución que está sometida a las leyes de la naturaleza, pero la que también ha dotado a los humanos para que afecten su mecánica y funcionamiento.
Y todo lo que hace e inventa el ser humano lo hace y lo inventa porque las estructuras del cerebro han evolucionado para hacerlo. Las neurociencias han demostrado que en el cerebro no existen áreas o sectores específicamente diseñados para el desarrollo de la escritura y la lectura. Pero si que existen áreas y sectores dispuestos por la evolución para el desarrollo y manejo del lenguaje.
En consecuencia, la invención de la escritura y, obvio, de la lectura, es algo nuevo en los desarrollos del cerebro y se ha logrado porque su constitución le ha permitido aprovechar la utilización de partes existentes para la invención, el desarrollo y el manejo de las habilidades de la escritura y la lectura a partir de las características de las neuronas, tal el caso de la plasticidad sináptica, es decir, las posibilidades de las neuronas para cambiar y adaptarse a nuevas funciones y actividades. La otra, la que propone Stanislas Dehaene, como “reciclaje neuronal”, o sea, que a partir de esa plasticidad sináptica las neuronas y los circuitos pueden cambiar de funciones y actividades ya en desuso para desarrollar nuevos usos. En estas cosas habría que pensar en la epigenética y en otros asuntos evolutivos, tal el caso del “efecto Baldwin”, es decir, de como el aprendizaje se hace instinto a lo largo de la evolución .
“Carmen no tiene una formación científica, pero tampoco le hace ninguna falta. Hace unos años me dijo: «Ya sé que todo eso son instintos, pero tengo la impresión de que lo que ahora son instintos fueron antes habilidades aprendidas». Supe mucho después que esa idea se llamaba efecto Baldwin, y que los científicos de la computación han derrochado ríos de líneas de programación sobre ella. Cuando un ordenador logre pensar, será posiblemente gracias al efecto Baldwin (creo que también se debe a ese efecto el hecho de que nosotros pensemos). El efecto Baldwin —el aprendizaje se hace instinto a lo largo de la evolución— no parece darwinismo, pero lo es estrictamente, y eso explica en parte que Carmen diera con la idea sin haberla leído en ningún lado” (Javier Sanpedro, Deconstruyendo a Darwin. Los enigmas de la evolución a la luz de la nueva genética).
Así pues que inventamos la escritura y la lectura no hace mucho tiempo y todo porque el cerebro evolucionado de los homínidos y de los primates había desarrollado las habilidades de reconocer, organizar y dar representación gráfica a los objetos diversos del ambiente y de su propio cuerpo. Lo otro, porque se desarrolló la habilidad de dar representación gráfica a los sonidos del habla y viceversa. Y de lo uno y lo otro a los sistemas de escritura y, por supuesto, a la lectura.
“No nacimos para leer. Los seres humanos inventamos la lectura hace apenas unos milenios. Y con ese invento modificamos la propia organización de nuestro cerebro, lo que a su vez amplió nuestra capacidad de pensar, que por su parte alteró la evolución intelectual de nuestra especie. La lectura es uno de los inventos más notables de la historia, una de cuyas consecuencias es precisamente la posibilidad de dejar constancia de esta última. El invento de nuestros antepasados pudo aparecer sólo gracias a la extraordinaria capacidad del cerebro humano para establecer nuevas conexiones entre estructuras preexistentes, un proceso posible gracias a la capacidad cerebral de moldearse de acuerdo a la experiencia. Esta plasticidad intrínseca del cerebro constituye la base de casi todo cuanto somos y de lo que podemos llegar a ser” (Maryanne Wolf, Cómo aprendemos a leer. Historia y ciencia del cerebro y la lectura, Ediciones B, Barcelona, 2008, p. 19).
En fin, como sea, en ese asunto como en el viejo dicho del catecismo del Padre Astete, doctores tienen las ciencias, o sea, que hay mucha información adecuada para los interesados en seguir por ahí. Yo, por mi parte, lo dejo así.
Lo que ahora me interesa es otro asunto relacionado.
Pareciera que hablar de la escritura es algo superfluo como si la lectura fuera “el asunto” y la escritura fuera un apéndice. Nada más injusto, como proceso cerebral y como actividad expresiva, la escritura es tanto o más compleja y significativa para la vida humana que la creatividad o el raciocinio o que la misma lectura.
Para empezar. La escritura es la expresión del pensamiento en un código que la soporta, la conserva y la somete a la lectura. Por contraste, la lectura es el descifrar ese código, dar sentido a lo allí expresado y a la interpretación que de ello se haga. Interpretación que es o comprender lo que dice el escritor, la lectura corriente. O es debatir lo que dijo el escritor y proponer una nueva escritura o nuevas ideas.
Y ahí es donde empieza lo difícil. Se insiste en que el buen lector es aquel que logra una buena comprensión del texto leído. Eso está bien, de eso se trata. Pero tengo otro par de inquietudes, las mismas que tenía Platón y que expresó en la última parte del Fedro. Claro que Platón también expresó otras inquietudes en La República cuando se refiere a los poetas, pero ese un asunto posterior y que Iris Murdoch trató de bella manera en sus conferencias en Las Romanes Lecture en Oxford y publicadas en libro: El fuego y el sol.
En particular, lo que preocupaba a Platón era aquello de que la escritura era simplemente un artefacto nemotécnico y que el lector no podría aprehender aquello que se ha dado en llamar “la sabiduría secreta de Platón”, es decir, aquellos aspectos en la elaboración y desarrollo del pensamiento del escritor que, por más que se quiera, le queda tan difícil expresar a la escritura.
La otra, que la sola lectura no era suficiente para que el lector emprendiera su propio proceso de pensamiento “más allá” del pensamiento del escritor, es decir, a elaborar, desarrollar y expresar sus propias ideas en la búsqueda del conocimiento como como tal es esa participación de cada persona en la evolución de la cultura humana y en el proceso acumulativo del saber.
Y aquí es donde las actuales investigaciones de la neurociencia están mostrando la naturaleza y el funcionamiento del cerebro lector, tal y como lo hacen Maryanne Wolf y Stanislas Dehaene, por ejemplo y, aunque ambos reconocen la importancia de la escritura, sus conclusiones están dirigidas al desarrollo de la lectura en especial para los niños. Remito a las citas, la una de Stanislas Dehaene es el epígrafe de este texto, la otra, la de Maryanne Wolf que reconoce la importancia de la escritura en el desarrollo intelectual de la humanidad, pero, en lugar de estudiar el cómo aprendemos a escribir, se dedica al cómo aprendemos a leer, según la cita anterior. Esto dice de la escritura:
“Si echamos un vistazo global a la historia, vemos que lo que ha fomentado el desarrollo del pensamiento intelectual de la humanidad no fue el primer alfabeto, ni siquiera la repetición óptima de un alfabeto, sino la escritura en sí. Como el psicólogo ruso del siglo XX Lev Vigotsky decía, el acto de poner la palabras y los pensamientos por escrito estimula y en sí mismo cambia las ideas (Lev Vigotsky, Pensamiento y lenguaje). A medida que los humanos fueron aprendiendo a utilizar la lengua escrita cada vez con más precisión para trasmitir sus ideas, su capacidad para el pensamiento abstracto y las ideas novedosas se incrementó” (Maryanne Wolf, Cómo aprendemos a leer. Historia y ciencia del cerebro y la lectura, Ediciones B, Barcelona, 2008, p. 86).
Por mi parte y como ya he dicho, mi interés se dirige al aspecto creativo de la escritura y ahora expreso una de mis razones para ello. Si bien la lectura enriquece intelectualmente al lector y lo hace más universal en su compresión de sí mismo, de los otros y del mundo, al mismo tiempo que lo dota de una mejor apreciación de sus propios sentimientos y los de los demás, es la escritura la mejor forma de aprender a ser, como diría un filósofo. La escritura es el mejor método de expresarse, de pensar de forma organizada y profunda, pues la escritura exige que el escritor produzca, organice, exponga, sus pensamientos, ideas, sentimientos, imaginaciones, etc. de tal manera que el lector pueda captarlos y comprenderlos de igual manera. He ahí la magia de la escritura, es la acción por medio de la cual “nos creamos” a nosotros mismos y, por la lectura, conocemos a los otros, o como en el verso de Quevedo, “escuchamos a los muertos con los ojos”, y compartimos nuestros propios pensamientos, ideas, sentimientos de forma original o, para decirlo con Spinoza, somos capaces de producir conocimiento.
Mejor dicho, que eso que se pretende que logre el buen lector lo logre el buen escritor en mayor abundancia.
Algo así, el escritor es el constructor de nuevos mundos y el lector es su inquilino.
Y aclaro. No pretendo que la enseñanza y estimulación a la escritura produzca genios como Cervantes, Shakespeare, Dante, etc., pero si que aquellos que tienen dotes para ser buenos escritores tengan mayores oportunidades para desarrollar sus habilidades creativas y estéticas, pero aun mejor, para exponerla con claridad y belleza. O sea, eso que dice Maryanne Wolf al final de la cita anterior.
Y espero que mi escritura hubiera cumplido con mis deseos.
Salud y alegría,
Iván Rodrigo.

21 de marzo de 2019

Cartas Abelardinas- 2




Spinoza (http://ciacentro.org.ar/node/2318)


Cartas Abelardinas- 2


“En el Tratado de la reforma del entendimiento, Spinoza define el método como “conocimiento reflexivo, o una idea de una idea; y dado que no hay una idea de una idea a menos que haya primero una idea, no habrá método a menos que haya primero una idea” (Warren Montag, Cuerpos, masa y poder. Spinoza y sus contemporáneos, Tierradenadie Ediciones, Madrid, 2005, p. 23).


Medellín, jueves 21 de marzo 2019
Abelardo
La lectura de la Ética demostrada según el modo geométrico de Barush Spinoza es uno de los más fascinantes y asombrosos desafíos que un buen lector pueda enfrentar, por un lado, es arduo seguir, armar y comprender aquel laberinto de definiciones, proposiciones, axiomas, escolios, corolarios. Por el otro lado, la forma como Spinoza los remite entre paréntesis y atravesados en el texto como si de notas de pie de página se tratara con el fin de sustentar, complementar, esclarecer y demostrar los argumentos con los que va construyendo su pensamiento y con los que va dándole forma a esa estructura de demostraciones que es la Ética, un diseño original para el saber pensar que es necesario aprender a descifrar y a manejar para sacarle el máximo provecho, que no es poco.
Pero, una vez comprendido el meollo del asunto, en particular y en general, y con el apoyo de las otras obras del autor y de algunos y bien escogidos escritos de los buenos estudiosos de su vida y filosofía (de los que iré nombrando algunos), el perseverante lector se encontrará con la mayor alegría, o sea y según el mismo Spinoza, con una mayor potencia de su esencia y capacidad de actuar. Algo así como un lector spinoziano, que es aquel cuya felicidad es el la búsqueda del conocimiento.
Pues bien y para empezar a nombrar los lectores spinozainos prometidos. El francés Laurent Bove y su libro La estrategia del conatus. Afirmación y resistencia en Spinoza (1996, traducción al español de 2009), así como en sus otros ensayos sobre Spinoza ha realizado la lectura que yo hubiera querido hacer, me explico.
Para mi, la Ética demostrada según el orden geométrico, es, además de la exposición rigurosa del pensamiento de Spinoza con una escritura estricta y sin adornos, la guía para trazar un holograma conceptual como si se tratara de un cuerpo trasparente, pero vivo, al que se puede contemplar en su funcionamiento tanto interior como exterior y que, a su vez, construye una figura geométrica de gran complejidad y, me imagino, de asombrosa belleza.
Pero, si bien Laurent Bove no dibuja aquel holograma, si expone y explica el pensamiento expuesto por Spinoza en su obra como una guía para que el buen lector y el Lector Ludí construyan la imagen de esa figura geométrica, así sea imaginaria y a su imagen y semejanza.
Y, lo mejor, Laurent Bove ha hecho algo mejor, ha seleccionado y destacado de manera independiente aquellos asuntos fundamentales del pensamiento de Spinoza como si se tratara de bloques fundamentales para la construcción de aquel edificio conceptual y así cada lector realice su propio ensamble y construcción.
Y el asombro llega cuando al ir haciendo la lectura de Spinoza se van estableciendo los descubrimientos que Spinoza anticipó sobre la naturaleza humana y, en particular, sobre el cuerpo humano y los que las neurociencias y otras ciencias han venido esclareciendo. Y no solo eso, agregar también las propuestas que hizo para las otras ciencias, en particular, para las ciencias exactas y no pocas para las ciencias biológicas y humanísticas.
Por ejemplo, para las neurociencias. Antonio Damasio en su libro En busca de Spinoza se refiere a lo que el filósofo dice en su Ética sobre la naturaleza del cuerpo (E, II, Postulados), tal el que la mente es la imagen del cuerpo, así como afirma la la unidad indivisible de cuerpo y mente. Asuntos todos ellos que inspiraron sus investigaciones sobre las funciones del cerebro y sus consecuencias en la acción y comportamientos humanos.
Pero que sea el mismo Antonio Damasio el que lo diga con sus propias palabras tomadas de su libro En busca de Spinoza:
“Considere el lector las palabras exactas de Spinoza: «El objeto de la idea que constituye la mente humana es el cuerpo», que aparecen en la proposición 13 de la parte 11 de la Ética. 22 La afirmación se escribe de otra manera y se complica en otras proposiciones. Por ejemplo, en la prueba de la proposición 19, Spinoza dice: «La mente humana es la idea o conocimiento mismo del cuerpo humano». En la proposición 23, afirma: «La mente no tiene la capacidad de percibir ... excepto en la medida en que percibe las ideas de las modificaciones (afecciones) del cuerpo».
Considérense, además, los siguientes pasajes relevantes, todos ellos de la parte II de la Ética:
a) El objeto de la idea que constituye la mente humana es el cuerpo, y el cuerpo tal como existe realmente ... Por lo cual, el objeto de nuestra mente es el cuerpo tal como existe, y nada más ... (De la prueba que sigue a la proposición 13.)
b) De esta forma comprendemos, no sólo que la mente humana está unida al cuerpo, sino también la naturaleza de la unión entre mente y cuerpo (y)
c) ... con el fin de determinar si es que acaso la mente humana difiere de otras cosas, y si acaso las sobrepasa, es necesario que conozcamos la naturaleza de su objeto, es decir, del cuerpo humano. Cuál sea su naturaleza, no soy capaz de explicarlo aquí, ni el que yo lo hiciera sería necesario para la prueba de lo que propongo. Sólo diré generalmente que en la misma proporción en que cualquier cuerpo dado es más capaz que otros para realizar muchas acciones o recibir muchas impresiones de una vez, también lo está la mente, de la que es el objeto, más capaz que otras para formar muchas percepciones simultáneas ... (De la nota que sigue a la proposición 13.)
Este último concepto se plasma de forma resonante en la proposición 15: «La mente humana es capaz de percibir un gran número de cosas, y lo es en la misma proporción en que su cuerpo es capaz de recibir un gran número de impresiones».
Quizá más importante todavía, considere el lector la proposición 26: «La mente humana no percibe ningún cuerpo externo como si existiera realmente, excepto a través de las ideas de las modificaciones (afecciones) de su propio cuerpo» (Antonio Damasio, En búsqueda de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos, Crítica, Barcelona, 2009, p. 201).


Otro caso, tanto más asombroso, es el del descubrimiento de las denominadas “neuronas espejo” por los neurocientíficos Giacomo Rizzolatti, Vittorio Gallese, Luciano Fadiga y Leo Fogassi, que palabras más o palabras menos ya había sido propuesto por Spinoza en la Ética:
PROPOSICIÓN XXVII
“Por el hecho de imaginar que experimenta algún afecto una cosa semejante a nosotros, y sobre la cual no hemos proyectado afecto alguno, experimentamos nosotros un afecto semejante” (Ética, III, 27).
Si se lee con atención lo que dice Laurent Bove en el capítulo 3 de su libro sobre ese asunto, se puede deducir la notable influencia que Spinoza tuvo sobre científicos, filósofos, artistas y otros, en los siglos que le siguieron. Para una mayor información, leer le volumen IV de la obra que León Dujovne realizó sobre la vida, obra y época de Spinoza en el que habla específicamente de sus influencias.
Para mostrar algo de esa influencia. El neurocientífico Marco Iacoboni en su libro Las neuronas espejo, hace una referencia a la anticipación que Edgar Allan Poe y otros tuvieron del funcionamiento de lo que se denominarán “neuronas espejo” y los comportamientos que manejan:
“En su famoso cuento “La carta robada”, Edgar Allan Poe escribe, a través de las palabras del protagonista C. August Dupin: “Si quiero averiguar si alguien es inteligente, o estúpido, o bueno, o malo, y saber cuáles son sus pensamientos en ese momento, adapto lo más posible la expresión de mi cara a la de la suya, y luego espero hasta ver qué pensamientos o sentimientos surgen en mi mente o en mi corazón, coincidentes con la ∗ expresión de mi cara”. ¡Cuánta preciencia! Poe no podría haber elegido una mejor manera de penetrar en la vida interna de sus personajes. Sin embargo, no fue el único. En la literatura científica sobre las emociones, la teoría de que la experiencia emocional cobra forma mediante los cambios de la musculatura facial –la “hipótesis de la retroalimentación facial”– tiene muchos antecedentes. Charles Darwin y William James fueron dos de los primeros en escribir sobre el tema (aunque Poe se adelantó a ambos por varias décadas). Darwin escribe: “La expresión libre de una emoción se intensifica por medio de signos externos. Por otro lado, la represión de todos sus signos exteriores suaviza nuestra emoción”. Para James, el fenómeno significa que “nuestra vida mental está entretejida con nuestro marco corpóreo, en el sentido más literal del término” (Marco Iacob0ni, Las neuronas espejo. Empatía, neuropolítica, autismo, imitación, o de cómo entendemos a los otros, Katz, Buenos Aires, 2009, pp. 120-121).
Más allá de estas referencias, es bueno tener en cuenta que los neurocientíficos mencionados atrás poseían también una sólida formación filosófica y humanística.
Igual puede decirse de Jean Pierre Changeux quien no solo reconoce la influencia de Spinoza sobre su trabajo, si no que también hizo buen uso de Demócrito, Epicuro y Lucrecio para inspirar su trabajo neurocientífico, los mismos que habían inspirado el pensamiento de Spinoza.
Y no fueron sólo ellos.
Pero también es del caso hacer una crítica a los filósofos actuales, a los que pareciera que menosprecian las enseñanzas de Spinoza y a los que todos estos descubrimientos y desarrollos científicos sobre el cerebro y las incidencias en la actividad cerebral y, por ende, en el comportamiento humano individual y colectivo, los estuviera dejando “pasmados” y ya no se atreven a especular y mucho menos a intentar proponer sus propias explicaciones o, al menos, a proponer sus propias hipótesis sobre el origen y finalidad de la acción y comportamiento humano, pues temen que las ciencias contradigan sus propuestas teóricas y, no se diga, las empíricas.
Se puede decir que, por un lado, las teorías evolutivas y, por el otro, las ciencias del cerebro, los amenazan con demostrar la certeza de lo que dijo Spinoza sobre la sustancia y la “causa sui”. Pero, por sobre todo, la alegría que provoca la gran labor, esa que es el conquistar el conocimiento como lo propuso Spinoza.
Y para finalizar de manera expedita. De entre las muchas e importantes explicaciones que ofrece el libro de Laurent Bove, me gustaría destacar las que hace en el capítulo IV sobre la alegría, a la que Spinoza considera el alimento de la vitalidad, la potencia de la vida, de la salud del cuerpo y la del espíritu:
“Dice Spinoza que la Hilaritas, es decir, el Regocijo o Jubilo, es una alegría que expresa un perfecto equilibrio afectivo de las partes del Cuerpo (y habría que decir que de todas las partes de nuestro ser) que están, en ese afecto, afectadas de igual o parecido modo)” (Lauren Bove, La estrategia del conatus. Afirmación y resistencia en Spinoza, Tierradenadie Ediciones, Madrid, 2009, p. 113).
Pero también y quizás el asunto principal del libro, es ofrecer una explicación a las propuestas políticas de Spinoza, tal y como lo anuncia en el mismo subtítulo del libro: La estrategia del conatus. Afirmación y resistencia. Se puede decir que es una revaloración del Spinoza político, más allá y en una dirección diferente a la realizada por los neo-marxistas a partir de lo dicho por Althusser de Spinoza, su filosofía y sus propuestas políticas. Algunos de aquellos neomarxistas: los franceses Etienne Balibar, Pierre François Moreau, Pierre Macherey, Martial Gueroult, Alexandre Matheron. O los italianos: Antonio Negri, Emilia Giancotti, Paolo Virno, Augusto llluminati, Vittorio Morfino, Filippo del Lucchese, Stefano Visentin. Y, por supuesto, el autor de la cita del epígrafe, Warren Montag. Por contraste, la lectura de Spinoza por parte de Gilles Deleuze de la que hablar requiere de otro empeño.
Y para concluir, en términos generales, lo que Laurent Bove propone es una lectura de la filosofía y de las propuestas políticas de Spinoza a partir de lo que él considera el punto de apoyo sobre el que Spinoza soporta sus propuestas para mover a ser libres y a la búsqueda del conocimiento: la “causa sui” y, luego, la sustancia: “Deus sive natura”.
Por aquello que dice Spinoza:
“Los hombres luchan por su esclavitud (servidumbre) como si se tratara de su salvación” (Spinoza, Tratado Teológico-Político, Prefacio, I).
Y lo que luego complementa al iniciar la conclusión de su libro cuando Laurent Bove dice:
“Tanto en el ámbito político, como en el ámbito ético, el proyecto filosófico spinozista es siempre acercarnos lo más posible al movimiento real de la autoreproducción de lo Real. Filosofía naturalista de la causa sui, el spinozismo, en su posición inmanentista radical es también la filosofía por excelencia del movimiento real – o, lo que es lo mismo, una filosofía de la sustancia -. Porque la “sustancia” es ese movimiento autonormativo, autoorganizador, autoconstitutivo “sin principio ni fin”, que (se) produce en una infinitud infinita de maneras (y según) una infinidad de cosas. Y esa realidad dinámica (en su complejidad casual), tanto para los hombres como para los pueblos, tanto para los cuerpos como para las ideas, es la Libertad, porque la libertad es movimiento” (Lauren Bove, La estrategia del conatus. Afirmación y resistencia en Spinoza, Tierradenadie Ediciones, Madrid, 2009, p. 331).


Mejor dicho, más allá de las lecturas especializadas a la filosofía de Spinoza, propongo una lectura lúdica, es decir, esa lectura que es un viaje al conocimiento, que es alegría y que aumenta la potencia de ser, estar, actuar y ser libre.
Salud y alegría,
Iván Rodrigo.


14 de marzo de 2019

Cartas Abelardinas- 1



Cartas Abelardinas- 1


“Lo grata que es para mí su amistad, podría juzgarlo usted mismo, si su modestia le permitiera reflexionar sobre las cualidades que posee tan abundantemente” (Spinoza, Carta a Enque Oldenburg).


“Y por esto que decimos que el placer es principio y fin del vivir venturoso” (Epicuro, Carta a Meneceo).


Medellín, jueves 14 de marzo 2019
Abelardo
Me explico. Estas cartas son Abelardinas por dos Maestros: Uno, Abelardo, Pedro Abelardo, fue maestro en los combates de la disputa. Y dos, Abelardo, Abelgomo, un Magister Ludi. Como quien dice dos personajes anacrónicos al día de hoy, pero no porque sus buenos oficios ya no sean necesarios, todo lo contrario: son más necesarios ahora que nunca. Y me explico.
Uno, los combates de la disputa no son combates de la disputa en busca de una verdad huidiza, pero al fin, una verdad. Por el contrario, los otros combates son enfrentamientos de fanáticos iracundos y energúmenos que anteponen la violencia física y destructora contra el otro como la única posibilidad de derrotar sus argumentos. Eso que llaman “troll” que la mayor parte de las veces se atrincheran en la clandestinidad.
Dos, porque en esta época el jugar con la propia imaginación y el propio pensamiento es ya algo, no inútil, sino superfluo y hasta ridículo: otros, con sus dispositivos tecnológicos, juegan con nuestras neuronas espejo y piensan por nosotros y opinan por nosotros. Somos, como en el poema de Barba Jacob, “briznas de paja al viento” o, mejor, dispersos en una tormenta de pixels.
Para superar esas catástrofes en desarrollo de nuestra humanidad, es necesario que estos Abelardos, muchos Abelardos, sean rescatados. Del primero, para que vuelva a enseñar el arte de la disputa. Del segundo, para que prosiga con su tarea de divulgar y entusiasmar a otros por la lectura y el disfrute de la lectura y el ejercicio de la conciencia crítica.
Y, por mi parte, escribo estas cartas porque soy un anacrónico admirador y escribidor de cartas, epístolas, correspondencias, en fin, correos electrónicos como cartas, esas que se escriben desde la intimidad para compartir la propia vida y existencia, junto con algunas reflexiones y con los mejores sentimientos por los amigos, esos seres humanos con los que establecemos relaciones personales, es decir, de persona a persona, cara a cara, así sea en la cara de una pantalla en blanco, para compartir las propias experiencias sobre los asuntos que nos interesan a ambos y no por contactos indiscriminados de muchos con muchos y sin otra intención que exhibir aquello que se presume es lo más excitante de nuestras vidas y para hacernos creer que nuestras vidas son espectaculares, porque la ven muchos, para envidia o escarnio, mejor dicho, eso es un espectáculo masivo de vacuidades. Algo así como el montaje editado de mínimas escenas inventadas con el único fin de despertar la envidia y no la honesta admiración.
En fin, escribo cartas para jugar a ejercitar un diálogo conmigo mismo y al mismo tiempo jugar a armar pensamientos con las palabras adecuadas.


La historia de la literatura incluye gran cantidad de libros denominados epistolarios o correespondencias, más todavía, ese tipo de escritura se ha constituido en un género particular. Pero hay que distinguir. Unos son los libros publicados como el intercambio de cartas de dos personas y otros son los libros que recopilan y editan las cartas personales eíntimas de algunas persona que, bien por su importancia como personajes de la vida pública o por la de sus cartas, se las publica para el uso público, según las intenciones de los editores.
Como género literario, las novelas escritas como intercambio de cartas o epistolarios estuvieron de moda en la Europa del siglo XVIII. Una de las más célebres fue Las penas del joven Werther de Goethe, en Alemania. En Francia, Las amistades peligrosas de Pierre Ambroise Choderlos de Laclos; Julia, o la Nueva Eloísa de Jean-Jacques Rousseau. En Inglaterra, Pamela o la virtud recompensada y Clarisa, la historia de una joven dama de Samuel Richardson, etc.
Para efectos de lo que escribo, las cartas de los personajes que atraen mi atención y gusto, son aquellas que son importantes por lo en ellas escrito, tal el caso de las cartas de Séneca conocidas como las Epístolas morales o a Lucilio, que no son propiamente un intercambio de cartas entre el maestro y el discípulo, sino la escritura de unos pensamientos con el propósito de ser publicados pero dirigidos, eso sí, al joven discípulo y amigo.
Pero más me atraen las cartas personales e intimas, es decir, aquellas que dos amigos o dos amantes, en fin, dos personas intercambian con el fin de compartir y debatir sus pensamientos íntimos como un proceso de su desarrollo y elaboración. Tal sería el caso de las cartas que se conservan de Epicuro dirigidas a sus amigos y alumnos con el fin de compartirles su pensamiento filosófico y científico. De no ser por ellas poco más se sabría de Epicuro la importancia de sus ideas científicas, políticas, filosóficas.
En este apartado, podrían incluirse las cartas de Spinoza, de las que se conservan un buen número y que son la materia para que sus estudiosos conozcan las propias opiniones del filósofo sobre sus obras y su pensamiento. Fueron varios y variados los corresponsales con los que intercambio Spinoza sus cartas.
Hay que incluir aquí las cartas de Hölderlin y las de los románticos de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, en las que compartían la amistad y las inquietudes artísticas, filosóficas y personales que los afectaban. Y no solo las de ellos, sino las de muchos otros que podrían agruparse como las cartas ensayo. Las hay de todas las especies.
Y en el grado sublime de la intimidad epistolar están las cartas de los amantes. A manera de ejemplo máximo las de Abelardo y Eloisa. En otro grado menor, las cartas de Rainer María Rilke y Lou Andreas Salome, que más que cartas íntimas son la intimidad de la necesidad y el apoyo emocional que el poeta solicitaba de su amiga y amante.
Más extrañas son las cartas de Nietzsche, extrañas en el sentido de que el filósofo tenía una forma muy peculiar de decir lo que quería y pensaba a sus amigos y a sus presuntas amantes y digo presuntas porque Nietzsche fue un impotente para amar.
Y ya en los tiempos recientes, destaco la extensa correspondencia entre Albert Camus y María Casares que es la exposición de una pasión en carne viva desvelada en el tiempo y en el espacio de sus vidas.
En fin, la lista podría ser todo lo extensa que se desee tanto en personajes como en motivos, las cartas son como la vida.
Pero lo cierto, como podrás leer en la cita final, la idea es la de darle sentido a la amistad. Hasta la siguiente.
Salud y alegría,
Iván Rodrigo.


“Que nadie, por joven, tarde en filosofar, ni, por viejo, de filosofar se canse. Pues para nadie es demasiado pronto ni demasiado tarde en lo que atañe a la salud del alma. El que dice que aún no ha llegado la hora de filosofar o que ya pasó es semejante al que dice que la hora de la felicidad no viene o que ya no está presente. De modo que han de filosofar tanto el joven como el viejo; uno, para que, envejeciendo, se rejuvenezca en bienes por la gratitud de los acontecidos, el otro, para que, joven, sea al mismo tiempo anciano por la ausencia de temor ante lo venidero. Es preciso, pues, meditar en las cosas que producen la felicidad, puesto que, presente ésta, lo tenemos todo, y, ausente, todo lo hacemos para tenerla” (Epicuro, Carta a Meneceo).






10 de enero de 2019

Martin Heidegger y “el ser” el macho alfa




Martin Heidegger, en el círculo.
http://filosofianews.blogspot.com/2012/01/la-coartada-de-heidegger.html


Martin Heidegger y “el ser” el macho alfa


Por Iván Rodrigo García Palacios


Martin Heidegger (1889-1976) siempre quiso ser ser el macho alfa, no solo de las atractivas hembras a su alrededor, sino y lo más visceral, entre los filósofos y, aunque al fin lo logró en ambos campos, por su cobardía fue más bien un logro triste y desgraciado en el que prevaleció la miseria del corazón humano. “Genio y figura ...”.
Resulta que cuando Heiddeger quiso “ser alguien” en el ámbito de la filosofía como catedrático de la Universidad de Friburgo, su primer trabajo como docente, parecía que en la filosofía alemana y universal ya todo estaba dicho y hecho, así como que también todos los puestos importantes ya estaban ocupados. Los maestros de la antigüedad casi agotados. Los maestros alemanes, ya superados. Así que el único lugar novedoso e importante de lo que estaba sucediendo en filosofía también estaba ocupado por Emund Husserl (1859-1938) con su fenomenología. Por lo que Heidegger se tragó ese zapo y con la falsa humildad que siempre lo caracterizó, se aguantó a Husserl, un judío, como su maestro y como la autoridad académica de la que dependía su futuro, por supuesto, no sin evidentes y hasta violentas repulsas. Igual y con el mismo rencor, soportó a otros maestros judíos como Jaspers y a los condiscípulos judíos y, luego, a sus alumnos judíos (Karl Löwith, Fritz Kaufmann, Werner Brock, Helene Weiß). Y, por supuesto, a las jóvenes discípulas judías a las que sedujo. Sus deseos afrodisíacos no eran para nada eugenésicos.
Tanto con las mujeres como con los filósofos y con otras personas, de ambos sexos, Heidegger fue un predador. Usó y descartó a sus jóvenes alumnas y a otras mujeres a las que sedujo para su placer y provecho. Igual hizo con los filósofos, tanto los antecesores a los que consideró, pero no como el aprendiz que con la humildad del sabio se reconoce sobre hombros de gigantes. Lo mismo hizo con sus maestros y con los colegas de su tiempo, a los que derrumba como a ídolos vencidos para elevar sobre esos escombros su propia inmortalidad de bronce o mármol.
Heidegger era poseído por dos fuerzas. Las de Eros, ese estro amoroso que impulsa a la generación en el espíritu, y por las de Afrodita, ese impulso biológico de poseer y fecundar en los cuerpos. Pero también, era poseído por las fuerzas destructivas que tanto Eros como Afrodita encarnan en la naturaleza: las veleidades de la adulación y el apetito de poder absoluto.
Si bien es posible que Heidegger no destruyera las vidas de las jóvenes a las que sedujo, si las afectó profundamente, para bien o para mal. La seducción más documentada, junto con las consecuencias de la misma, es la de Hannah Arentd, la que, a pesar del desprecio que Heidegger sentía por su obra, o precisamente por ello, ella creó y desarrolló una de las más importantes filosofía del siglo XX.
Sin embargo, no se puede decir lo mismo de los filósofos a los que destruyó, no tanto en su persona como en su obra, aun cuando no estuvo lejano de destruir las vidas de algunos judíos a causa de su antisemitismo, tal el caso particular la de su maestro Husserl que, además de ser judío, era, junto con su obra, aquello a lo que tenía que superar y destruir para así poder levantar su propio pedestal. Si en la sabiduría popular esta bien que el discípulo supere a su maestro, está mal que este lo haga de malas maneras.
Esto dijo Heidegger de su maestro:
“Husserl nunca fue filósofo, ni un segundo de su vida” y “cada vez es más ridículo” (Carta del 20 de febrero a K. Löwith en T. Kisiel y T. Sheehan (2015). […] “quizás el viejo advierta en verdad que le estoy retorciendo el cuello, y entonces se acaba la expectativa de la sucesión” (Carta del 8 de mayo de 1923 a K. Löwith en T. Kisiel y T. Sheehan (2015).
De todas maneras Husserl recomendó, aprobó y logró que Heidegger fuera nombrado como su sucesor en la cátedra de la Universidad de Friburgo, a pesar de lo que luego sucedió y que ya es una triste historia … que todavía levanta ampollas.
Es cierto también que, si bien no se sabe de que hubiera enviado a ningún judío a los campos de concentración o a la cámara de gas, si se sabe que negó su ayuda a aquellos judíos que creyeron ser sus amigos y a sus colegas judíos. Claro que el desquite llegó después de la derrota de los nazis cuando Heidegger pidió la ayuda de aquellos a los que se las había negado y alguno de ellos se la dieron, tal el caso de Karl Jaspers y Hannah Arentd. Ella fue criticada por haber promovido “el perdón y olvido” y así como la reincorporación de Heidegger a la cátedra en reconocimiento de la importancia de su obra. La historia no ha sentenciado todavía ese suceso.


Una revisión y re-consideración


Por allá en 2009 estaba investigando el enamoramiento de Nietzsche por Lou Andreas Salome y se me ocurrió que lo mismo les había sucedido a otros filósofos y fue así como me interesé en el enamoramiento de Heidegger por Hannah Arentd, igualmente celebre en la historia de la filosofía.
Pues bien, en ese entonces el amigo, filósofo y músico, Víctor León Jaramillo era profesor en la Universidad Luis Amigó y era el organizador de un congreso internacional de filosofía cuyo tema era algo así como “Del amor, el cuerpo y el deseo en la posmodernidad” y le pareció que yo podría decir algo sobre el asunto de los filósofos enamorados ya que lo habíamos conversado en las tertulias que hacíamos en mi casa. Y acepté.
En esa época también andaba entusiasmado estudiando la erótica platónica, esa que Platón propuso en Fedro, Banquete y República, razón por la cual le daba más importancia a la acción de Eros sobre los espíritus que al poder de Afrodita sobre los cuerpos, algo que el mismo Platón distinguía de manera clara y tajante, pero en lo que todavía yo no estaba interesado.
Fue por eso que las consecuencias de los enamoramientos de los filósofos que propuse en mi ponencia, fueron más eróticas que afrodisíacas o, mejor dicho, estas últimas no hacían parte de mi exposición porque yo mismo no establecía las diferencias en las causas y en los efectos de lo que son Eros y Afrodita tanto en la erótica platónica como en la misma evolución natural y cultural de los humanos, esos estados fisiológicos y anímicos a los que metaforizamos con ese par de motivos mitológicos griegos y sobre los que han corrido ríos de tinta.
Así que ahora, diez años después, vuelvo al asunto. Y es que, recientemente se encendió otra vez la intensa polémica sobre “el ser nazi” de y en la obra filosófica de Heidegger. Polémica en la que, además del asunto nazi, se desnudó el lado oscuro de Heidegger como predador sexual de jóvenes atractivas, en especial, entre sus alumnas, algo de lo que Heidegger se justificaba como lo justificó ante su esposa Elfride (Carta del 14 de febrero de 1950), porque, según él, le eran necesarios esos ardores afrodisíacos para poder encender el Eros que lo impulsaba a generar y escribir sus obras filosóficas.
Lo cierto es que ahora, y para empezar a reivindicarme, voy a proponer la diferencia que para mi tienen ambos asuntos: El sexo es un imperativo biológico - Afrodita/Venus. El deseo es un sentimiento – Eros. Es por ello que cualquier consideración que se haga sobre las motivaciones de los humanos para realizar sus obras y vidas y a partir de estas diferencias, va a demandar el que se esclarezca el punto y hora en el que un instinto provoca un deseo y el punto y hora en el que ese deseo se trasforma en el Eros del espíritu tal y como Diotima le enseñó a Sócrates. Mejor dicho, de vuelta a la polémica sobre ¿qué es el deseo? Y de allí en adelante, demostrar cómo y por qué el pensamiento se origina en el sentir.
Pero si a ese Eros platónico había atribuido en mi ponencia la importancia del enamoramiento de Heidegger por Hannah Arentd. También y si bien Heidegger parecía requerir de esa doble motivación, Eros y Afrodita, para generar su pensamiento, ello no lo justifica y con toda seguridad lo hubiera pasado muy mal en esta época del “me too”.
Claro que, y a pesar de la lascivia y lujuriosas debilidades de Heidegger ante las atracciones del poder y del sexo, hay que reconocer que su hermenéutica determinó la filosofía del siglo XX. Pero, aun así, tampoco lo uno justifica lo otro. Un acto criminal es un delito por donde quiera que se le mire.

7 de diciembre de 2018

Lecturas lúdicas - El escritor personaje - Post Scríptum ... y dos mujeres y otro hombre




https://www.aprendemas.com/es/blog/mundo-educativo/17-de-octubre-un-dia-por-las-mujeres-escritoras-71251


Lecturas lúdicas - El escritor personaje - Post Scríptum


… y dos mujeres y otro hombre


Por Iván Rodrigo García Palacios


Después de lo escrito en la publicación anterior sobre los personajes escritores, se evidenció una lamentable discriminación, tras una larga lista de hombres no había ninguna mujer escritora que hubiera escrito alguna narración en la que el personaje fuera también una escritora como la autora.
Pues bien, para pedir disculpas por esa injusticia y tratar de repararla de forma parcial, he aquí un nuevo escrito, esta vez con dos mujeres: Virginia Woolf (1882-1941) y Marguerite Duras (1914-1996) y una novela de cada una de ellas en la que cada autora se encarna en un personaje que es, a su vez, una escritora o que aspira a serlo.
Y agrego otro hombre escritor, Lawrence Durrel (1912-1990), porque soy ferviente lector de su hermosa, fascinante, monumental, novela: El cuarteto de Alejandría Y lo hago por tres razones. La una, obvio, porque el personaje narrador es un escritor. Las otras dos, por sus personajes mujeres que son de una belleza y grandeza que amerita su lectura y la tercera, porque el gran motivo de la novela es una exploración sobre el amor en el mundo caótico y en descomposición en el que habita la humanidad desde las dos grandes guerras del siglo XX y el que anda loco loco desde entonces en una locura delirante.





Virginia Woolf
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Virginia Woolf: En su primera novela profetizó su destino


Virginia Woolf (1882-1941), la escritora inglesa y exploradora de la fragilidad mental y psicológica en sus personajes.
Ahora bien, las preocupaciones e inquietudes literarias de Virginia Woolf no fueron ni la literatura ni la poética ni el ejercicio de su escritura. A ella le preocupaba e inquietaba explorar su propia psicología a través de sus personajes y, con ellos, sus relaciones consigo misma, con la psicología de los otros y de sus relaciones con el mundo. Al fin que sus estados mentales y su salud psicológica siempre estuvieron en un frágil equilibrio.
Si bien en su obra novelista y narrativa Virginia Woolf nunca se encarno en un personaje que, como ella, fuera escritora, en su primera novela, su primera experiencia de escritura narrativa, a la que se dedico por seis años, desde 1907 hasta 1915 cuando la publicó luego de cerca de cinco versiones, algunas de ellas quemadas, si hizo algo extraordinario: creo un personaje que profetizó el resto de su vida.
Final de viaje (1915), es una novela primeriza de Virginia Adelaide Stephen, nombre de soltera de Virginia Woolf, la cual es, además, completamente diferente a todas las demás que escribió después de casada, pero que, a diferencia de aquellas, fue profética y anticipó tanto su destino literario como su trágico fin. Además, esta novela es la versión revisada y corregida de una novela previa nunca publicada íntegra, pero de la que se publicó en 2002 una parte de su escritura y titulada: Melymbrosia. Por eso se pudo establecer que allí Virginia Woolf expuso de una manera más abierta y cruda que en Final de viaje los conflictos sociales, sexuales, el incesto, el abuso sexual y el lesbianismo. Esos fueron los traumas que afectaron la salud mental y psicológica de Virginia Woolf desde su infancia.
En Final de viaje, la narrativa de Virginia Woolf es diferente a todo lo demás de su narrativa posterior. En ella la narración es lineal y se cuenta el viaje en barco de un grupo diverso de personajes masculinos y femeninos en un viaje con destino de Londres a Lisboa y, de allí, en una expedición a Suramérica a una ciudad llamada Santa Marina y, luego, a un río no nombrado y en algún lugar no precisado del continente, el que, según especulaciones, bien puede estar localizado en Brasil o hasta en Colombia.
Final de viaje trata de un “viaje inicíatico”, en el cual Rachel Vinrace, el personaje en el que se encarna Virginia Woolf, va en búsqueda de las experiencias con las cuales empezar una carrera de escritora, poeta y narradora, igual que como para en ese momento de su vida la misma Virginia Woolf se enfrentaba al futuro de su vida.
Por extraños poderes proféticos, la escritora le profetiza una vida a su personaje similar a la suya: una intensa vida como escritora e intelectual y un final trágico. Claro que las aspiraciones de Rachel Vinrace se quedan en aspiraciones, pero no su muerte, la que es igual para ambas: ahogada, la una por voluntad propia en las aguas oscuras y profundas, la una en las aguas del Río Ouse, cerca de su casa en Sussex y la otra en las aguas oscuras y profundas de los delirios de la fiebre en aquella tropical ciudad de Santa Marina en algún lugar de Suramérica.


Marguerite Duras
https://www.filmin.es/directora/marguerite-duras


Marguerite Duras, la vida como materia narrativa


La vida de Marguerite Duras fue agitada e intensa, una vida de novela ella misma. Así que no es de extrañar que ella hubiera hecho de su vida la materia fundamental de su narrativa.
Prácticamente la cuarentena de las novelas, la docena de obras de teatro y los guiones que escribió Marguerite Duras (1914-1996), están inspiradas en ĺos eventos y sucesos de su propia vida, pero también parece que solo en una de ellas el personaje fue una mujer escritora: Emily L (1987), novela que es una intensa exploración sobre la escritura, el arte de escribir y el poder de los relatos
Una mínima sinopsis: En el principio, ahí, mirando, en la terraza de un café al caer la tarde, hay una mujer que querría escribir un libro pero que no sabe ni cuándo ni cómo podrá escribirlo, y que ve cómo se desarrolla la historia de otra mujer, Emily L., quien a su vez escribe poemas de los que nunca habla. La mujer que quiere escribir un libro queda atrapada al vuelo en la historia de Emily L., que evoca en ella aquel baile con los oficiales de a bordo y el joven guardián de la isla de Wight, con quien pudo, tal vez, vivir un gran amor.
Y es una intensa reflexión sobre la escritura y la vida de Marguerite Duras quien se siente atrapada entre su propia vida hecha literatura en un personaje que ella ha creado y que a su vez crea una escritora, personaje que es atrapado como personaje del personaje que ha creado ...
Dijo Marguerite Duras: «A veces ocurre que, de pronto, pase por ti una historia, sin escritor para escribirla, tan sólo visible. Nítida. (...) Es raro. Pero puede ocurrir. Es maravilloso cuando ocurre.»

Lawrence Durrel y Henry Miller
https://blogindieo.wordpress.com/2013/03/18/henry-miller-y-lawrence-durrell/


Lawrence Durrell, el tiempo, el espacio y el amor en la escritura


La novela de Lawrence Durrell (1912-1990), El cuarteto de Alejandría: Justine (1957), Balthazar (1958), Mountolive (1958) y Clea (1960), empieza cuando Darley, el escritor narrador, está listo para escribirla y reconstruir los recuerdos para ponerlos en la perspectiva de tiempo y espacio que permita contemplar y comprender la totalidad del conjunto de personajes, sucesos, lugares, etc., que actuaron y estuvieron allí en un momento y espacio específico de sus vidas, pero en un tiempo que no es propiamente el de la Historia (con mayúscula), sino en el que viven y se sienten los humanos a sí mismos y a su mundo. Son aquellos tiempos, previos y durante la II Guerra Mundial, cuando en El Cairo y, en especial, en Alejandría, se tejieron todas las intrigas y maromas que todavía hoy perturban al Medio Oriente y al resto del mundo y que fueran las consecuencias de un reparto de territorios y de los hombres que los habitaban para beneficiar a los vencedores, los nuevos poderoso se la tierra. Y en el medio, el conflicto de los árabes entre sí y de estos con los israelies.
Las tres primeras novelas del cuarteto narran los mismos acontecimientos desde tres puntos de vista diferentes, es decir, los tres lados del mismo espacio. La última novela es la dimensión del tiempo en el cual los eventos avanzan en el tiempo y alcanzan el desenlace.
Darley como Durrell, escribe su novela en una isla griega. Hay que recordar que Lawrence Durrell vivía en la isla griega de Corfu situada en el mar Egeo desde 1935. Allí recibió a su amigo Henry Miller en 1940, al que admiraba y apreciaba de manera muy especial y con quien, él y otros amigos de París, incluida Anaïs Nin, se propusieron crear un movimiento literario que expresara sus propias ideas y formas de escritura.
Pero será en Chipre donde Lawrence Durrell escribirá El cuarteto de Alejandría, toda esa historia en que se trasforman sus experiencias desde antes y durante la II Guerra Mundial, las que vivirá como funcionario diplomático británico. Allí en aquella ciudad conoció a Eve Cohen, su segunda esposa, quien será el modelo para el personaje de Justine.


Cartas Abelardinas – 10 Pietro Citati, charlando entre amigos sobre la y algunas novelas del siglo XIX

Lectura en grupo. https://elpais.com/elpais/2014/12/12/album/1418422523_273005.html Cartas Abelardinas – 10 Pietro Citati, ch...