6 de abril de 2015

Lector ludi No. 74: De qué hablamos cuando hablamos de familia


Lector ludi No. 74




“El pensador y La Mujer sentada” dos cerámicas, procedentes de Cernavodă, Cultura Hamangia, 5000-4600 AC National History Museum of Romania.

Por Iván Rodrigo García Palacios


De qué hablamos cuando hablamos de familia


Antes de decir algo acerca de la familia y de la crianza, es necesario decir que decir algo sobre la familia parece una paradoja y una broma cruel cuando mucho más de la mitad de los niños (y niñas para seguir las imposiciones del lenguaje inclusivo) que nacen en el mundo carecen de las más mínimas condiciones, suficientes y necesarias, para una crianza adecuada, pues su infancia y casi todo el resto de sus vidas están condenadas a soportar y padecer hambre, necesidades, violencia, dolor, miedo, precisamente aquello contra lo que la selección natural ha desarrollado como crianza y que la evolución cultural ha establecido como familia 1.
En una historia de la familia y de la crianza, habría que empezar por distinguir los modelos de familia y de crianza en un ámbito matricial y en un ámbito patricial. Un ámbito matricial es aquel en el que predomina una visión de sí mismo, de los otros y del mundo, a partir de considerar a la Naturaleza y a sus leyes desde la metáfora de la Gran Madre Tierra. Por su parte, un ámbito patricial es aquel en el que predomina una visión de sí mismo, de los otros y del mundo a partir de la consideración de que la Naturaleza y todo lo existente y lo no-existente son creaciones de un dios o dioses masculinos, nacidos ellos mismos de ninguna madre, o sea, de dioses sin madre.
Es muy probable que en el ámbito matricial el modelo de familia y crianza fuera colectivo y solidario, en contraposición al modelo trinitario heterosexual -padre, madre, hijo, eso que llaman familia nuclear- del ámbito patricial que es el que ha estado vigente desde la invención de los dioses masculinos y en los miles de años de historia conocida y documentada, muchas veces explorada y explicada a partir de prejuicios y discriminación, es decir, los científicos parten del supuesto de que la historia de la humanidad ha sido determinada en un ámbito patricial.
También hay que decir que, junto con el modelo de familia trinitario heterosexual, es necesario considerar los nuevos modelos de las familias constituidas por parejas del mismo sexo que si bien conservan la característica trinitaria, los miembros de la pareja no son heterosexuales, pero los hijos e hijas bien pueden serlo o no. También se presentan casos de familias monoparentales o familias mixtas, o sea, aquellas en las que se crían los hijos de uno o de ambos miembros de la pareja, pero habidos con otra pareja en otra relación familiar y la familia extensa o extendida, esa de toda la parentela.
En cuanto a la crianza, sus modelos estarán determinados tanto por los anteriores modelos de familia como por otras características propias de los sistemas sociales y jurídicos, tal el caso de la adopción o, en el peor de los casos, pero no tampoco menos escasos, el de aquellos niños abandonados y criados por extraños.


Los estilos de familia


En cuanto a las familias trinitarias heterosexuales o no, podría ser que esos modelos de familia y crianza se encuadren en aquellos "marcos" que George Lakoff describe en su libro No pienses en un elefante:
"[...] dos estilos diferentes de familia: la familia del padre estricto y la familia de los padres protectores (Nurturant)" (1).
(1) En el original, nurturant parent family. Nurturant, neologismo acuñado por Lakoff. Derivado del verbo nurture, alimentar, amamantar, criar, cuidar, cultivar, educar, nutrir, y, como nombre, alimento, crianza, educación... En lo sucesivo, y al igual que en este contexto, utilizaré principalmente «proteger», «protección» y sus derivados porque, hasta cierto punto, son los que más se aproximan en castellano a los significados y a la dimensión metafórica que confiere Lakoff a un término ya de por sí tan polisémico como nurturant, y, por otra parte, «raro» en inglés. Ahora bien, en determinadas ocasiones, y cuando el contexto lo exija, utilizaré, como veremos, algunos de los otros significados que acabo de mencionar, emparentados con aquel término, e indicándolo en nota. (N. de la T.) (George Lakoff, No pienses en un elefante, p. 8).
Yo preferiría llamar a estos modelos de familia y de padre: "padre egoísta" 2 y "padre solidario" 3. Me explico. Se es estricto porque se tiene una visión de sí mismo, de los otros y del mundo, única e indiscutible, mejor dicho, egoísta. Y, por supuesto, se es solidario porque se tiene una visión de sí mismo, de los otros y del mundo compartida y comunitaria, mejor dicho, la celebre frase de los tres mosqueteros de Alexander Dumas: "Uno para todos y todos para uno".
Otra cosa. Prefiero traducir nurturant, el término y neologismo en inglés que utiliza George Lakoff, como solidaridad, en lugar de protector que explica la traductora, pues en español, protector se refiere sólo a una de las cualidades que debe tener un padre según el término nurture del que se deriva el neologismo nurturant. Además, vale la pena anotar que estos términos latinos tienen una larga historia filológica y filosófica: natura naturans, lo que hace nacer, engendrar, “lo que surge”, “lo que nace”, “lo que engendra” y natura naturata, lo que ha nacido, naturaleza generada, engendrada. O lo que en términos comunes se usa para implicar natura y cultura. Por mi parte, prefiero referir estos asuntos y términos a Spinoza 4.


Padre egoísta y padre solidario


Hechas las anteriores aclaraciones, estos son los estilos de familia descritos por George Lakoff:


1. Familia de padre estricto (egoísta):
El padre estricto de James Dobson, según el análisis de George Lakoff en No pienses en un elefante, pp. 9-10:
"El modelo del padre estricto parte de esta serie de supuestos:
El mundo es un lugar peligroso, y siempre lo será, porque el mal está presente en él. Además, el mundo es difícil porque es competitivo. Siempre habrá ganadores y perdedores. Hay un bien absoluto y un mal absoluto. Los niños nacen malos, en el sentido de que sólo quieren hacer lo que les gusta, no lo que es bueno. Por tanto, hay que conseguir que sean buenos.
Lo que se necesita en un mundo como éste es un padre fuerte, estricto, que pueda:
• proteger a la familia en un mundo peligroso
• sostenerla en un mundo difícil
• enseñar a los niños la diferencia entre el bien y el mal.
Al niño se le pide obediencia, porque el padre estricto es una autoridad moral que distingue el bien del mal. Después se asume que el único modo de enseñar a los niños a obedecer —es decir, el bien del mal— es el castigo, un castigo doloroso, cuando se comportan mal. Esto incluye pegarles, y algunos autores de orientación educativa conservadora recomiendan que se les golpee con palos, cinturones y zapatillas de felpa en el trasero desnudo. Algunos autores sugieren que esto debe comenzar desde que nacen, pero Dobson es más liberal. «No hay excusa para dar azotes a los niños menores de quince o dieciocho meses» (Dobson, The New Dare to Discipline).
La justificación del castigo físico es ésta: Cuando los niños hacen algo mal, si se los castiga físicamente, aprenden a no volverlo a hacer, lo que significa que desarrollarán una disciplina interna que los librará de obrar mal, y así en el futuro serán obedientes y actuarán moralmente bien. Sin ese castigo, el mundo se iría al traste. Sería un mundo sin moral.
Esa disciplina interna tiene un efecto secundario. Trata de lo que se necesita para tener éxito en un mundo difícil, competitivo. Es decir, si las personas son disciplinadas y persiguen su propio interés en un país de oportunidades como América, prosperarán y serán autosuficientes. Así, el modelo del padre estricto asocia moralidad con prosperidad. La misma disciplina que se necesita para ser moral es la que permite prosperar. El engarce entre ambas es la búsqueda del propio interés.
La existencia de oportunidades y la disciplina en la búsqueda del propio interés te permitirán prosperar.
Ahora bien, Dobson tiene muy clara la conexión entre la visión del mundo del padre estricto y el capitalismo de libre mercado. El engarce lo constituye la moral del propio interés, que es una versión de la concepción capitalista de Adam Smith. Adam Smith sostuvo que si cada uno persigue su propio beneficio, el beneficio de todos será maximizado por la mano invisible —es decir, por naturaleza— de manera natural. Cuando persigues tu propio beneficio, ayudas a todo el mundo.
Esto enlaza con una metáfora general que identifica el bienestar con la riqueza. Por ejemplo, si yo te hago un favor, tú dices: «Te debo otro.» Hacerle algo bueno a alguien es, metafóricamente, como darle dinero. El te «debe» algo. Y dice: «¿Cómo podré pagarte?»
Aplicando esta metáfora a la «ley de la naturaleza» de Adam Smith, si cada uno persigue su propio interés, entonces, a través de la mano invisible, por naturaleza, se maximizará el interés de todos. Es decir, es moral perseguir tu propio interés, y hay una expresión para definir a aquellos que no lo hacen. Esa expresión es «los que van de redentores por la vida» (5). Una persona que va de redentora por la vida es alguien que está tratando de ayudar a los demás sin que nadie se lo pida, interfiriéndose en el camino de quienes persiguen su propio interés. Los redentores estropean el sistema.
En este modelo hay también una definición de lo que significa llegar a ser una buena persona. Una buena persona —una persona moral— es alguien lo bastante disciplinado como para ser obediente, para aprender lo que es bueno, para hacer lo que está bien y no hacer lo que está mal, y alguien que persigue su propio interés para prosperar y llegar a ser autosuficiente. Un niño bueno se desarrolla para llegar a ser así. Un niño malo es el que no aprende a ser disciplinado, no funciona moralmente, no hace lo que está bien y, por tanto, no es lo bastante disciplinado para prosperar. No sabe cuidarse a sí mismo y así se hace dependiente.
Cuando los niños buenos se hacen mayores, o han aprendido disciplina y pueden prosperar, o no la han aprendido. A partir de ese momento, el padre estricto no se entrometerá más en sus vidas. Políticamente, esto se traduce en que el gobierno tampoco se entrometerá".
(5) En el original, do-gooders; literalmente, «los que hacen el bien», en el sentido irónico del texto. (N. de la T.) (George Lakoff, No pienses en un elefante, pp. 9-10).


2. Familia de padre protector (solidario):
El padre protector (Nurturant) según George Lakoff, No pienses en un elefante, pp. 12-14:
"Pero hablemos un poco ahora de cómo conciben los progresistas su moralidad y de su sistema moral. Este sistema procede también de un modelo de familia, el que llamo el modelo familiar protector. La visión del mundo del padre estricto recibe este nombre porque, de acuerdo con sus creencias, el padre es el jefe de la familia. La visión del mundo de la familia protectora es neutral por lo que se refiere al género.
El padre y la madre son igualmente responsables de la educación de sus hijos. Se parte del supuesto de que los niños nacen buenos y pueden hacerse mejores. El mundo puede llegar a ser un lugar mejor y nuestra tarea es trabajar para conseguirlo. La tarea de los padres consiste en criar a sus hijos y en educarlos para que ellos, a su vez, puedan criar y educar a otros.
¿Qué entendemos por crianza? Dos cosas: empatía y responsabilidad. Si tienes un hijo, tienes que saber lo que significa cada grito, tienes que saber cuándo tiene hambre, cuándo hay que cambiarle el pañal, cuándo tiene pesadillas. Y tienes una responsabilidad: tienes que cuidar a ese hijo. Como tú no puedes cuidar a alguien si no te cuidas a ti, tienes que cuidarte lo bastante para poder cuidar a tu hijo.
No es nada fácil. Cualquiera que haya criado un hijo sabe que es duro. Hay que ser fuerte. Hay que dedicarse. Hay que trabajar mucho. Hay que ser muy competente. Hay que saber muchas cosas.
Además, de la empatía y la responsabilidad derivan inmediatamente otra serie de valores. Piénsalo.
En primer lugar, si tienes empatía con tu hijo, le proporcionarás protección. Esto se mezcla con la política de muchas maneras. ¿De qué proteges a tu hijo? Desde luego, del crimen y de las drogas. Lo proteges también de los coches que no tienen cinturones de seguridad del tabaco, de los aditivos tóxicos en la comida. Asimismo la política progresista se centra en la protección del medio ambiente, la protección de los trabajadores, en la protección del consumo y en la protección frente a la enfermedad. Ésas son las cosas de que los progresistas quieren que el gobierno proteja a los ciudadanos. Pero hay también ataques terroristas, respecto a los cuales ni los liberales ni los progresistas se han pronunciado con mucho acierto en términos de protección. La protección forma parte del sistema moral progresista, pero no se la ha puesto en práctica di manera suficientemente eficaz. El 11-S los progresistas no tuvieron gran cosa que decir. Fue desafortunado porque los padres protectores y los progresistas si se preocupan por la protección. La protección es importante. Forma parte de nuestro sistema moral.
En segundo lugar, si tienes empatía con tu hijo, quieres que se realice en la vida, que sea una persona feliz. Y si tú no eres feliz y no te has realizado, no querrás que otros sean más felices que tú. El Dalai Lama nos lo enseña muy bien. Por tanto, tienes la responsabilidad de ser una persona feliz y realizada. Tienes esa responsabilidad moral para contigo mismo. Además tienes la responsabilidad moral de enseñarle a tu hijo a ser una persona feliz y realizada, que quiere que otros sean felices y se realicen. Esto forma parte de la vida familiar protectora. Es una precondición común para preocuparse por los otros.
Hay otros valores relacionados con la crianza y la protección:
• Si quieres que tu hijo se realice en la vida, tiene que ser lo bastante libre para hacerlo. Por tanto, la libertad es un valor.
• No puedes tener una gran libertad sin oportunidades y sin prosperidad. Por tanto, las oportunidades y la prosperidad son valores progresistas.
• Si realmente te preocupas por tu hijo, quieres que sea honestamente tratado por ti y por los demás. Por tanto, la honestidad es un valor.
• Si te relacionas bien con tu hijo y tienes empatía con él, debes tener una comunicación abierta en las dos direcciones. Una comunicación sincera. Ésta se convierte en un valor.
• Vives en una comunidad, y esa comunidad influirá en la manera de crecer de tu hijo. Por tanto, la construcción de una comunidad, el servicio a la comunidad y la cooperación con una comunidad se convierten en valores.
Para que haya cooperación debes tener confianza, y para tener confianza debes tener sinceridad y una comunicación abierta en las dos direcciones. La confianza, la sinceridad y la comunicación abierta son valores progresistas fundamentales, tanto en una comunidad como en una familia" (George Lakoff, No pienses en un elefante, pp. 12-14).


A manera de conclusión
En algún sentido moral y político, que parecen ser la misma cosa, en la medida que los modelos de familia y crianza diferentes del modelo trinitario y heterosexual imperante, se hagan más comunes y aceptados social y jurídicamente, será posible romper el dominio de la visión y de la conciencia unidimensional que imponen las instituciones patriciales sobre la cultura y las personas, al mismo tiempo que se podrá sanar esa disociación y consecuente esquizofrenia con las que, desde la leche materna, se nos alimenta en la cuna, es decir, aquello del cuerpo y el alma, de este mundo y el "otro mundo" y eso de los premios y castigos después de la muerte y la resurrección imposible de las almas en unos mundos sobrenaturales.

Notas

1 Jordi Agustí, Enric Bufill y Marina Mosquera, El precio de la inteligencia. La evolución de la mente y sus consecuencias, Crítica, Barcelona, 2012, p. 187. "Entorno social, flexibilidad conductual y plasticidad cerebral: "Lo que todos los investigadores sí parecen apoyar es que prácticamente no hay aprendizaje si no hay entorno social, y que el incremento de aquel está en función directa del incremento de este. De hecho, la explicación de ello podría estar en cierta particularidad que presentan todos los mamíferos, especialmente intensificada en el caso humano: que gran parte de su desarrollo se lleva a cabo mientras el individuo ya está interactuando con el entorno, ya que existe un largo periodo de desarrollo extrauterino entre su nacimiento y su total desarrollo o madurez.
Este periodo es muy largo en los primates y excepcional en el ser humano, único género que parece presentar una fase de "niñez" en su ontogenia. Todos los demás géneros y especies parecen pasar de la infancia a la madurez, pasando por la pubertad. En el caso humano, el periodo que dista entre la infancia y la pubertad se ha hecho extremadamente longevo, y a eso que llamamos niñez. Este periodo, como el de la infancia, es extraordinariamente rico en estímulos para el individuo; ambos juntos supen, por tanto, una "ganancia" exponencial en el potencial de aprendizaje. Por tanto, cuanto más largo sea el periodo de desarrollo extrauterino en un ámbito social, más se incrementará el potencial de aprendizaje del individuo. Los datos obtenidos del estudio de un cráneo de Australopithecus afarensis de tres años de edad hallado recientemente en Etiopía, sugiere que en esta especie se había iniciado ya el alargamiento de la niñez, aunque solo con la emergencia del género Homo se produjo un aumento significativo del periodo de dependencia y la aparición de la infancia. El que la complejidad cognitiva esté relacionada con el tiempo de desarrollo ontogenético y con el desarrollo cerebral parece demostrarse por el hecho de que el cerebro de los niños superdotados crece durante más tiempo, siendo, además, un cerebro más moldeable o flexible que de que el de los demás niños (Shaw et al., 2006).
La desventaja adaptativa de este largo periodo de inmadurez es que requiere de un constante cuidado y alimentación, pero la ventaja está en que permite al organismo en desarrollo la incorporación de una gran cantidad de conocimientos, el desarrollo de su cognición, sintonizada con el medio ambiente social y natural circundante. Esta ventaja es especialmente adaptativa para los humanos, género notablemente flexible a escala ecológica, ya que somos capaces de adaptarnos a hábitats muy diferentes o que varían con cierta rapidez.
Una vida larga implica enfrentarse a un mayor número de situaciones imprevistas y experimentar un mayor número de riesgos y fluctuaciones ambientales, lo que requiere a su vez una mayor dependencia del aprendizaje para sobrevivir. La larga infancia de los miembros del género Homo hizo que dicho aprendizaje tuviera lugar mientra los jóvenes se encontraban bajo la protección familiar. El periodo que conocemos como adolescencia permitió un alargamiento adicional del periodo de desarrollo cerebral y más tiempo para el aprendizaje de las habilidades necesarias para un adulto. La adolescencia parece haber aparecido relativamente tarde en la evolución humana".
2 Egoísmo: Excesivo aprecio que tiene una persona por sí misma, y que le hace atender desmedidamente a su propio interés, sin preocuparse del de los demás (RAE).
3 Solidaridad: es la unión voluntaria de las fuerzas individuales de los miembros de un grupo o comunidad para enfrentar, unidos, al miedo y al peligro y así satisfacer, con equidad, las necesidades, físicas y anímicas, individuales y colectivas, de todos y cada uno. La solidaridad puede estar acompañada por la fraternidad.
4 En cuanto a la Naturaleza, ya en el Tratado Corto (KV) establece Spinoza una clara distinción:
"Antes de pasar a otra cosa, dividiremos ahora brevemente toda la naturaleza, a saber, en naturaleza naturante y naturaleza naturada. Por naturaleza naturante entendemos un ser que captamos clara y distintamente por sí mismo y sin tener que acudir a algo distinto de él, como todos los atributos que hemos descrito hasta aquí, y ese ser es Dios... La naturaleza naturada debemos dividirla en dos: una universal y otra particular. La universal consta de todos los modos que dependen inmediatamente de Dios (...) La naturaleza particular consta de todas las cosas particulares que son causadas por los modos universales. De suerte que la naturaleza naturada necesita algunas substancias [i.e, los atributos de la Ética] para ser correctamente concebida.55 (KV 1/8).
Y con total claridad se expresa Spinoza en la Ética:
Por Naturaleza naturante debemos entender lo que es en sí y se concibe por sí, o sea, los atributos de la sustancia que expresan una esencia eterna e infinita, esto es (por el Corolario 1 de la Proposición 14 y el Corolario 2 de la Proposición 17), Dios, en cuanto considerado como causa libre. Por Naturaleza naturada, en cambio, entiendo todo aquello que se sigue de la necesidad de la naturaleza de Dios, o sea, de cada uno de los atributos de Dios, esto es, todos los modos de los atributos de Dios, en cuanto considerados como cosas que son en Dios, y que sin Dios no pueden ser ni concebirse.56 (E, I, P19, S).


20 de enero de 2015

Lector Ludi No. 73 ¿Por qué un cerebro-centrismo? O, mejor decir, un cuerpo-centrismo


Rembrandt, La lección de anatomía del Dr. Joan Deijman.


Iván Rodrigo García Palacios
Lector Ludi No. 73
¿Por qué un cerebro-centrismo? O, mejor decir, un cuerpo-centrismo
¿Puede la psicología convertirse en una ciencia natural y exacta?


Si, cuerpo-centrismo, porque lo único cierto es que somos un cuerpo con un cerebro, todo lo demás es consecuencia de lo que hacen ese cuerpo y ese cerebro. Somos materia/energía que siente y se siente sentir, que imagina y se imagina, que piensa y se piensa, que anhela y que actúa.
Materialismo puro y duro, porque somos libres en el infinito de nuestro sentir, de nuestro imaginar y de nuestro pensar y por ello somos la especie que puede inventar un propio, individual y/o colectivo, significado o sentido de su existencia, independiente de que tal sentido se corresponda con la realidad de la Naturaleza.
Pero también somos la especie capaz de "crear un mundo", "más allá" de las leyes de la Naturaleza, y de regir la vida y la existencia de la especie y de la materia por sus leyes. Y de inventar mundos imaginarios para convertirlos en "la materia de sus sueños" y de sus pesadillas.
Ahora bien, otra cosa es que buena parte de lo que hacen ese cuerpo y ese cerebro sean todavía cosas desconocidas y tan complejas que no las podamos entender en su totalidad con los medios científicos existentes. El que todavía no sepamos con certeza y en su totalidad qué, cómo y por qué son, sienten, imaginan, piensan y hacen, el cerebro, la mente, la conciencia y el cuerpo, no quiere decir que no sean consecuencias de lo que son y lo que hacen sólo ese cuerpo y ese cerebro. Al fin y al cabo, somos cuerpo, sólo cuerpo con un cerebro y con otros órganos todos dedicados a cumplir con un propósito ...
Además del "misterio" de las relaciones de mente y cerebro, habría que desvelar las de cuerpo y cerebro.
"Mi manera de enfocar el trabajo del cerebro arraiga en una perspectiva evolucionista, que parte de la base de que nuestra vida mental refleja las acciones de muchos, acaso millares de dispositivos neurales instalados previamente en el cerebro. Estos dispositivos ejecutan tareas cruciales para nosotros, desde gobernar nuestra locomoción y respiración hasta ayudarnos a resolver silogismos. Hay múltiples tipos y formas de dispositivos nerurales, pero todos son inteligentes.
Al principio es difícil creer que la mayoría de esos dispositivos cumple su tarea antes de que reparemos en ello" (Michael S. Gazzaniga, ¿Qué nos hace humanos, p. 15).
[...]
"El cerebro humano es en verdad un extraño mecanismo, diseñado por la selección natural con un propósito principal: tomar decisiones que favorezcan el éxito reproductor. Este simple hecho tiene muchas consecuencias y yace en el corazón de la biología evolutiva. Una vez comprendido, ayuda al neurocientífico a entender un fenómeno fundamental del funcionamiento del cerebro humano: la especialización generalizada de sus hemisferios laterales. En ninguna otra parte del reino animal existe una especialización en funciones tan extendida. ¿Por qué y cómo se generó semejante especialización?" (Michael S. Gazzaniga, ¿Qué nos hace humanos, p. 43).
***
"¿Qué tipos de mentes hay? ¿Y como lo sabemos? La primera pregunta se refiere a lo que existe: a la ontología, en lenguaje filosófico. La segunda pregunta se refiere a nuestro conocimiento: a la epistemología. El propósito de este libro no es responder a estas dos preguntas de una vez por todas, sino más bien mostrar por qué estas dos preguntas han de responderse conjuntamente. Los filósofos suelen advertirnos de que no confundamos cuestiones ontológicas con cuestiones epistemológicas. Lo que existe, dicen, es una cosa, y otra distinta es lo que podemos conocer. Puede que haya cosas que sean absolutamente incognoscibles para nosotros, de manera que debemos ser cuidadosos y no considerar los límites de nuestro conocimiento como guías seguras acerca de los límites de lo que hay" (Daniel C. Dennett, Tipos de mente. Hacia una comprensión de la conciencia, Debate, Barcelona, 2000, p. 12).
"[...] nuestras mentes no son otra cosa que lo que hacen nuestros cerebros, sin ninguna intervención milagrosa, y los talentos de nuestros cerebros son necesariamente el fruto de la evolución, igual que cualquier otra maravilla de la naturaleza" (Daniel C. Dennett, La evolución de la libertad, 2003).
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¿Puede la psicología convertirse en una ciencia natural y exacta?
Si, siempre y cuando pueda explicar y precisar con exactitud las causas y consecuencias del qué, cómo y por qué las personas sienten, desean, imaginan, piensan y actúan. Mejor dicho, la conciencia, la mente, la decisión y la acción: las relaciones y las consecuencias de un sistema dinámico abierto entre cuerpo, cerebro, ámbito y la historia de "¿quién soy yo?".
Además, como todas las otras ciencias, debe poder llegar a conformar un saber acumulativo que se conserva y avanza a medida que se investiga, se estudia y se prueba y se comprueba todo nuevo conocimiento, bien de manera propia o bien con la participación de otras ciencias.
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El gran mérito de Lev Vygotski fue haberse propuesto hacer de la psicología una ciencia natural y exacta tal y como las demás ciencias naturales y exactas de su tiempo, sólo que su tiempo de vida y las circunstancias de su tiempo no se lo permitieron. Lo primero, por su muerte temprana y lo segundo, porque el desarrollo de las ciencias y tecnologías aun no habían alcanzado los avances necesarios para lograrlo. Pero, aun así, los logros de Vygotski fueron excepcionales, hasta el punto de que las circunstancias que rodearon la divulgación y estudio de sus obras no han permitido que se la conozca, reconozca y estudie en su total plenitud, pues todavía sus intuiciones y anticipaciones ofrecen propuestas novedosas y originales para el desarrollo de una ciencia psicológica, ahora que, como en su tiempo él lo expusiera, la psicología todavía está en crisis.
O como lo dice Michael S. Gazzaniga:
"La psicología propiamente tal ha muerto. Quizás sea mejor decir que hoy se halla en una situación extraña" (Michael S. Gazzaniga, El pasado de la mente, Andrés Bello, Santiago de Chile, 1999, p. 13).
Por ello, lo grave ahora es que las ciencias y tecnologías han alcanzado desarrollos tales que si Vygotski viviera le permitirían proponer un modelo científico propio y particular para la psicología, por una parte, a la par con los desarrollos de las neurociencias en el estudio del cerebro, la conciencia y la mente, como los objetos de su razón de ser. Y, por la otra, en proponer los fundamentos científicos de un saber acumulativo sobre la naturaleza afectiva, emotiva, cognitiva y activa, del Homo-Humano como el objeto de su actividad. Mejor dicho, una nueva definición de una nueva ciencia psicológica que a partir de conocer lo que ocurre en el cerebro, la mente y la conciencia, pueda definir y predecir el funcionamiento y las consecuencias de ese funcionamiento y actividad del cerebro, de la mente y de la conciencia y sus manifestaciones y expresiones en las sensaciones, los instintos, los apetitos, los deseos, las emociones, los afectos, los sentimientos, el conocimiento, la intencionalidad, la acción, la conducta de cada persona consigo misma y en sus relaciones con los otros y en la comunidad.
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Porque, si algo nuevo puede decirse de la naturaleza psicológica del Homo-Humano como ciencia natural y exacta, es en el asunto de las emociones y de la cognición, en lo que Vygotski y su Teoría de las emociones, también se anticipó, a pesar de las limitaciones de los medios con que contaba para considerar al cerebro como "creador del Homo-Humano". Es posible que por allí se encuentre la puerta y la clave para entrar a los territorios del cerebro, la mente y la conciencia como resultados de la selección natural.
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Una teoría de la conciencia y de la mente
De la reseña de Carlos Muñoz Gutiérrez a: Gerald M. Edelman. Bright Air, Brilliant Fire. On the Matter of the Mind. Basic Books, 1992 (fragmento):
[...] el sistema inmunitario no es un mecanismo que aprenda o se le enseñe que anticuerpos fabricar, sino que es un sistema selectivo acorde con los principios darwinistas de la selección.
Este fue el punto de partida de Edelman para concebir al cerebro como un sistema selectivo, en el que la selección opera durante el tiempo de vida del sistema.
Efectivamente Edelman toma la actitud metodológica de construir una teoría científica de la mente basándose en la estructura y función del cerebro. Por científica aquí debemos entender:
(1) Ofrecer una descripción de la mente basada en la organización neural y fenotípica de un individuo, formulada en términos de mecanismos físicos y químicos.
(2) Que el modelo de conciencia o mente basado en tal descripción debe ser corroborable por experimentación, o al menos consistente con modelos del cerebro que sean verificables empíricamente.
Este punto de partida tiene que ver con el rechazo que Edelman realiza al funcionalismo como método de trabajo en el tema de la conciencia, al contrario intenta probar que la conciencia es una propiedad de la materia. Y es que el funcionalismo, en la medida en que es indiferente al sistema concreto que realiza la función, en la medida en que es indiferente al contenido concreto que se procesa y en la medida en que supone lo que precisamente hay que explicar es inconsistente con los datos de partida que una teoría psicológica debería explicar. En concreto.
(1) Los sistemas nerviosos individuales muestran una enorme variación funcional y estructural en muchos niveles: molecular, celular, anatómico, fisiológico y conductual (yo agregaría: afectivo y cognitivo). A pesar de las semejanzas en los individuos de una especie, el grado de variación individual de cerebro en cerebro excede lo que podía tolerarse en una ejecución fiable en cualquier máquina construida de acuerdo a principios funcionales de ingeniería. De tal manera, entonces, la variación no es un ruido sobreimpreso sobre el conjunto de procedimientos programados sino que es fundamental en el trabajo del sistema de variación.
(2) Para sobrevivir, un organismo debe o heredar o crear criterios que le permitan clasificar el mundo en categorías perceptivas de acuerdo con sus necesidades adaptativas. Aun después de que esta clasificación se haya realizado en función de la experiencia, el mundo mantiene lugares llenos de novedad que todavía no han sido categorizados. Así la información de entrada del mundo no encaja con los requisitos de una información prexistente y estable de los sistemas de procesamiento de información.
A partir de aquí Edelman enuncia su tesis fundamental, a saber, que el cerebro es un sistema selectivo, en el que la selección opera durante el tiempo de vida del individuo. Para el desarrollo de esta tesis fundamental elabora lo que él denomina la teoría de la selección del grupo de neuronas (TNGS).
La TNGS es una teoría de poblaciones que postula precisamente que la habilidad de los organismos para categorizar un mundo no etiquetado y para comportarse en él de una manera adaptativa surge no de la transferencia de instrucciones o de información sino de procesos de selección bajo variación. La TNGS considera que hay una generación continua de diversidad en el cerebro. En el cerebro embrionario, hay variación y selección en la migración de poblaciones celulares y durante la muerte de células. También en la formación de las sinapsis. En el cerebro maduro, en la amplificación diferencial de la eficacia de las sinapsis.
Esto tiene como consecuencia la formación de grupos neuronales y que el proceso es modificado continuamente por reentradas de señales.
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Cita en el Aquelarre No. 2:
"No hay duda de que la pregunta que debemos contestar en el siglo veintiuno es de qué manera el cerebro habilita la mente. La siguiente pregunta es cómo pensar el asunto" (Michael S. Gazzaniga, El pasado de la mente, Editorial Andrés Bello, Barcelona, 1999, p. 15).
Para empezar, ¿cómo va a pensar la psicología el asunto?
Si la materia de estudio y trabajo de la psicología son los procesos mentales, es sobre la naturaleza de esos procesos mentales por donde es necesario empezar a pensar la psicología y, si bien, ciencias y tecnologías han avanzado mucho, tampoco es tanto como para tener claro y definido lo de la mente y lo de los procesos mentales, mejor dicho, las polémicas abundan en esos campos.
Sin embargo, con lo que hay, hay bastante y suficiente como para aventurarse a explorar los territorios primitivos de la mente y de los procesos mentales y de ello ya hay suficiente información en las neurociencias como para extraer algunos mapas confiables con los cuales cartografiar algunos puntos fundamentales de la psicología, claro que con mucho de esfuerzo, pero con mucho más de imaginación científica.
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Del buen sentir al bien pensar: Emoción y cognición.
La mayor parte de las funciones y procesos del cuerpo y del cerebro son innatos, ya vienen codificados (Steven Pinker, La tabla rasa, 2002). La parte restante es aquella que si bien cuenta con el respaldo del cerebro y su codificación, su desarrollo y su funcionamiento será codificado a partir de la sensación que es el primer paso del conocer, del hacer y del actuar. En otras palabras, seremos, sentiremos, conoceremos, haremos y actuaremos de acuerdo a como fuimos y somos codificados y, ética y psicológicamente, nos expresaremos desde el buen sentir al bien pensar.
De esa manera, cuerpo y cerebro codifican y desarrollan el conocer, el saber y el responder a los estímulos que afectan el sentir que es el que provoca el moverse, el imaginar, el pensar, al ser condicionados y "afectados" por las los instintos, los apetitos, los deseos, las emociones, los sentimientos, de tal manera que ese proceso de codificación será el que "marque" la actividad mental que constituirán los procesos mentales que la ciencia psicológica investigará para proponer sus teorías científicas sobre las emociones, la conducta o comportamiento y la cognitividad.
En consecuencia, el punto de partida de una ciencia psicológica será el desarrollo del proceso de codificación neuronal (Edelman y Tononi, El universo de la conciencia. Como la materia se convierte en imaginación, 2000) y el desarrollo del proceso de codificación mental (sensaciones, sensorial, etc. Antonio Damasio, Sentir lo que sucede. Cuerpo y emoción en la fábrica de la conciencia, 1989).
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El Arte y el teatro de la memoria
La memoria es asunto de múltiples caras a cuál más enigmática e intrigante. La evolutiva, la mitológica, la darwiniana, la memoria mágica de Giordano Bruno, para mencionar sólo esas que, con toda seguridad, atraerán otras conexiones. Y, por supuesto, el Teatro de la Memoria que, de alguna manera, parece un escenario común a los muchos métodos mnemotécnicos desarrollados desde que en el siglo VI a. C. el griego Simónides de Ceos, elaborara la primera mnemotecnia registrada.
La memoria mitológica:
Mnemosine (hija de Gea y Urano, y madre de las Musas).
La memoria, además de ser la madre de las Musas y parodiando esa maternidad, es la madre de la conciencia y de las emociones, mejor dicho, de lo que hace humanos a los humanos.
La memoria evolutiva:
La materia tiene memoria, la materia viva, recuerdos.
La memoria es la cualidad de la materia mediante la cual esta conserva la habilidad de reproducir un proceso físico-químico cada vez que se presenta el estímulo correspondiente.
Y en la materia viva, según un neurocientífico:
“Tome la forma que tome, la memoria es siempre la habilidad de repetir una actuación (performance)” (Gerald M. Edelman, Bright Air, Brilliant Fire: On the Matter of de Mind, Basic Books, 1992), p. 102).
Y según un filósofo:
"El conocimiento es memoria solamente, nunca verdadera inmediatez. Las sensaciones, incluso las impresiones sensoriales y, en general, todo aquello que los filósofos han llamado conocimiento inmediato, no son otra cosa sino recuerdos. Y el tejido entero de la conciencia -es decir el conocimiento efectivo de un sujeto humano- lo que sentimos, representamos, queremos, hacemos, nuestra alma o una estrella, es una simple concatenación de recuerdos que se enlazan para constituir el mundo de la representación, el mundo exterior" (Giorgio Colli, Filosofía de la expresión, Siruela, Madrid, 1996, p. 63).
La memoria de la mnemotecnia:
La memoria mágica de Giordano Bruno que es más que aquello con la que se le asocia, la mnemotecnia, y que más bien se corresponde con una propuesta de método científico, así como con la anticipación del complejo asunto de los afectos y las emociones y sus conexiones con el pensamiento, como puede notarse en la reseña de Eduardo Vinatea a una de las obras sobre el arte de la memoria de Bruno:
"De umbris idearum (1582) es la primera de las obras de carácter mnemónico en la que Bruno expone lo que metafóricamente llama escritura interna, pues del mismo modo que se escribe con un cálamo sobre un pergamino, la memoria y la facultad imaginativa pueden articular una escritura interior, con su morfología, su sintaxis y su semántica propias. Y ese lenguaje puede plasmar en el alma todos aquellos contenidos que la memoria natural no alcanza, ampliando los límites del entendimiento mediante el uso de imágenes y símbolos"
[...]
"El arte de la memoria, al que De umbris idearum pertenece por derecho propio, nos enseña que frente a una lógica de los conceptos, que se ha impuesto durante siglos en la filosofía occidental, es posible una mnemónica de los afectos, basada en representaciones y simbolismos imaginarios, en la que el mundo y el alma se unen con el entendimiento, para potenciar cognoscitiva y moralmente la personalidad del sujeto, como así lo corrobora la fascinante historia de esta antigua técnica". (Eduardo Vinatea, prólogo a Las sombras de las ideas: una arquitectura discursiva del alma , Siruela, Madrid, 2009, p. 10).
Como puede verse, Giordano Bruno ya propone una serie de conceptos que se asemejan a los actualmente propuestos por las neurociencias en sus investigaciones sobre "los misterios" de la naturaleza humana: emoción y cognición, que él anticipa y que, si bien han provocado violentas reacciones, también han sido fuente de inspiración de muchos científicos.
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Postulados
El sentir, el imaginar, el pensar, el decidir, el actuar, el memorizar.
Imaginar es formar imágenes con lo que se siente. Pensar es asignarle sentido, sentimiento, a las imágenes mentales. Actuar es decidir realizar aquello a lo que se le ha dado sentido, bien de manera concreta o bien de manera abstracta. Y, por supuesto, memorizar y recordar todo lo anterior para otras ocasiones.
El pensar y el imaginar son lo mismo que el ver, oír, gustar, oler y sentir el tacto, son imágenes mentales de objetos concretos o abstractos que se manifiestan, se expresan en códigos y se memorizan para su uso posterior, una memoria y un uso que en su dinámica se trasforman y se cambian permanentemente por la intervención del sentir (instintos, apetitos, deseos, emociones, afectos, pasiones, sentimientos y anhelos), del imaginar, del pensar, del decidir y del actuar.
El pensamiento es la manifestación y expresión de los sistemas de códigos inventados para dar nombre y medida a lo que se siente y a lo que se le da sentido y sentimiento cada vez. Se piensa lo codificado y se le re-codifica cada vez.
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Cerebro, mente y conciencia
Por donde quiera que se busque, es en el cerebro en donde se originan la mente y la conciencia. Ese es un ámbito en el cual el cerebro funciona, como el resto del cuerpo, por códigos físicos y químicos, más o menos conocidos, que se integran con los códigos y sistemas simbólicos inventados por el Homo-Humano. De esa integración de códigos y sistemas puede decirse lo mismo que de los códigos físicos y químicos, que algunos ya se conocen, pero muchos otros son todavía desconocidos. Por ejemplo, los códigos que provocan la percepción, las sensaciones, el sentir, que son los que a nivel consciente provocan las emociones, los sentimientos, los estados de ánimo, los que, a su vez, se integran con los códigos y sistemas simbólicos para dar sentido, manifestar, expresar y explicar las diversas emociones, afectos, pasiones, sentimientos, estados de ánimo, etc. Mucho de ello ya se conoce.
Ahora bien, de esa integración de códigos físicos y químicos con los códigos y sistemas simbólicos, culturales, resultan la conciencia y la intencionalidad, entre otras cosas, que son los estados que localizan el cuerpo en el espacio-tiempo, en si mismo, en el mundo y que le dan intención a sus acciones.
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Una teoría de la mente incorporada
Reseña: Carlos Muñoz Gutiérrez, Philosophy in the Flesh. The embodied mind and its challenge to western thought. George Lakoff y Mark Johnson. Basic Books, New York, 1999 (fragmento):
"Principales resultados de la Ciencia Cognitiva
• La mente es inherentemente in-corporada.
• El pensamiento es mayormente inconsciente.
• Los conceptos abstractos son fundamentalmente metafóricos.
Cuando confrontamos estos resultados con los conceptos centrales de la filosofía encontramos importantes inconsistencias. Ante esto caben dos posturas: pensar la filosofía como tradicionalmente ha sido pensada o, como hacen Lakoff y Johnson, repensar la filosofía teniendo en cuenta estos resultados y producir una filosofía empíricamente responsable. Este enfoque obligará a reconsiderar los principales conceptos filosóficos.
Exige un cambio radical, por ejemplo, en el propio concepto de Razón:
• La razón surge de la naturaleza de nuestro cerebro, del cuerpo y de la experiencia corporal. Los mismos mecanismos neurales y cognitivos que nos permiten percibir y movernos también crean nuestro sistema conceptual y nuestros métodos racionales. La razón, pues, no es un rasgo transcendental del universo o de una mente descarnada.
• La razón es evolutiva, en el sentido de que la razón abstracta se construye sobre y hace uso de las formas de la percepción y de la inferencia motora que están presentes también en los animales "inferiores". Así la razón no es una esencia que nos separa del resto de los seres vivos, sino, al contrario, que nos sitúa en un continuum con ellos.
• La razón no es universal en el sentido transcendente, no es parte de la estructura del universo. Es universal, a lo sumo, en tanto que es una capacidad que compartan todos los seres humanos. Con lo que encontramos afinidades en cómo la mente está incorporada en todos los hombres y mujeres.
• La razón no es completamente consciente, sino principalmente inconsciente. Esta idea es la consecuencia del concepto que Lakoff y Johnson ponen en escena de la inconciencia cognitiva. El pensamiento es fundamentalmente inconsciente, no en el sentido freudiano, sino en el sentido en que opera detrás del nivel consciente, inaccesible a él y tan rápido que no podemos contemplarlo de un modo directo.
• La razón no es literal, sino metafórica e imaginativa.
• La razón no es desapasionada sino enlazada emocionalmente".
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Comportamiento y conocimiento
"Aunque es legítimo e interesante estudiar el interface entre neurociencia y ciencia psicológica, las cuestión por lo que aquí importa destacar es que lo que compete a la psicología es entender el funcionamiento psicológico, no lo que ocurre en el cerebro. La psicología estudia cómo funciona la mente, si se prefiere a decir la conducta, no dónde funciona el cerebro. Como dice Mike Page (2006), después de gran inversión de tiempo y dinero, los hallazgos neurocientíficos no suponen un avance en el conocimiento psicológico" (Marino Pérez Álvarez, El magnetismo de las neuroimágenes: Moda, mito e ideología del cerebro, Papeles del Psicólogo, 2011. Vol. 32 (2), pp. 98-112
http://www.cop.es/papeles).
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Pero, y ¿qué es la mente?




19 de diciembre de 2014

La Utilidad y su contraparte, la inutilidad








Lucas Cranach El Viejo, La fuente de la juventud.

La Utilidad y su contraparte, la inutilidad


Yo sé que ya hemos hablado del asunto, pero nunca un asunto de estos parece agotarse, a menos que los agotados seamos nosotros.
Nada hay útil o inútil en el universo, la libertad existe per se. Son sólo las leyes de la Naturaleza.
Así que eso de la utilidad y la inutilidad es otras más de las valoraciones que nos inventamos para medirlo todo y que se puede mirar tanto como algo natural o como algo cultural o como algo positivo o como algo negativo, al fin y al cabo, lo que cuenta es el resultado, bien sea físico o abstracto, lo útil es lo que produce algo o, al menos, se espera que lo produzca, lo que sea, algo bueno o algo malo, según se le mire: un cáncer o un embarazo, o también algo así como aprender algo o ser condicionado a sentir y pensar en algo. Lo inútil, según tu concepto, sería lo que carece de valor, lo gratuito, lo que da o lo que se da y lo que se recibe sin esperar recompensas ni premios ni castigos. Me parece que ese es otro asunto relacionado con la utilidad y la inutilidad, pero que mejor lo dejo pendiente.
Ahora bien, también la utilidad puede ser "inútil" como lo dices, tanto por eso de las trascendencias como en lo del mito y otras cosas de las que ya has dicho algo en el pasado o para ser más libresco, como en el manifiesto de Nuccio Ordine. En eso estamos de acuerdo. También puede ser considerada una medida de la felicidad como en el caso del utilitarismo: eso de darle valor al placer y al dolor o del utilitarismo de J. S. Mill de establecer las medidas para la felicidad. En fin, todo eso de la utilidad como medida hedonista.
Lo que bien vale la pena pensar, es en la utilidad según se la mire como resultado de un proceso natural o conceptual o ideológico, que al fin y al cabo, la naturaleza humana también se desarrolla y mueve en esos ámbitos, los que no se pueden escindir en sus conexiones, aunque posiblemente si y en algo en sus consecuencias, es decir, para eso del teorizar.
Por ello, antes de cualquiera otra explicación, una clasificación quizás arbitraria:
Utilidad evolutiva: la que se obtiene por el desarrollo de los procesos evolutivos, eso de la selección natural y la supervivencia, la reproducción y la adaptación. En esta categoría, la inutilidad podría ejemplificarse con eso del apéndice, un apéndice que no tiene utilidad conocida.
Utilidad lúdica: la que se obtiene o disfruta con el juego, arte, ensoñación, mística (de la mística y de la ensoñación nada hemos hablado, todavía). Razón lúdica: suspensión de la razón suficiente. La utilidad lúdica se conecta con la utilidad evolutiva en el sentido que son aquellas actividades mediante las cuales el cuerpo desarrolla, aprehende y aprende, ejercita y fija los funcionamientos y procesos de los circuitos neuronales que dan origen a la mente, a la conciencia, en fin, a todo eso que hace que seamos lo que somos y hacemos (Edelman, 2004 y Edelman y Tononi, 2002).
Utilidad cultural: aquellas que el Homo-Humano se inventa para darle valor, valorar sus acciones y actividades y, por supuesto, sus posesiones (posesiones son todo aquello que el Homo-Humano usurpa de la naturaleza): valor moral o ético, valores económicos, políticos, religiosos, etc. Razón suficiente.
Utilidad metafísica: aquella que se le da a la existencia, sentido de la vida o sentido de la existencia. En última instancia la justificación de la libertad o de otros conceptos invaluables.
Lo útil y lo inútil, al fin de cuentas, no son otra cosa que valores morales y la moral es un invento del Homo-Humano y no de la Naturaleza.
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Lo que me interesa ahora es lo de la utilidad del juego, del arte, de la ensoñación y de la mística como utilidades evolutivas y lúdicas, nada que ver ni con morales, ni con éticas ni con medidas de placer, dolor o felicidad. Aquí de lo que se trata es de mirar la utilidad en el contexto de la selección natural, o sea, esa que funciona tanto a nivel biológico (darwinismo) como en ámbito social -psico o socio-, esa de Herbert Spencer.
Tal el caso de esta cita de Daniel C. Dennett en La peligrosa idea de Darwin:
"Permítaseme poner las cartas sobre la mesa. Si se tratase de conceder un premio a la mejor idea que alguien haya tenido, yo se lo concedería a Darwin, por delante de Newton y de Einstein y algunos otros. De un solo golpe, la idea de la evolución por selección natural unifica la esfera de la vida, su significado y su propósito, con la esfera del espacio y el tiempo, de la causa y del efecto, de los mecanismos físicos y de las leyes que los rigen. Pero no se trata solamente de una admirable idea científica. Es, también, una idea peligrosa. Aunque mi admiración por la magnífica idea de Darwin no tiene límites, estoy de acuerdo, además, con muchas de las ideas y proyectos que parecen haber sido puestos en jaque por esta idea y deseo protegerlos".
Aparte de filosofías y polémicas, volvamos a lo de la utilidad del juego, del arte, de la ensoñación y de la mística, como utilidades evolutivas y lúdicas. Si algo se puede decir, para empezar, es que todas ellas son motivo o actividad de "experiencia de conocimiento", tanto "el conocimiento" desde las entrañas, como desde el conocimiento spinoziano y de otros asuntos gozosos de los que habla la cita siguiente y que pone esas cosas en una perspectiva de horizonte, mejor dicho, del poder de los deseos y las creencias en eso de la selección psico y socio social y pone en otra perspectiva lo de la selección natural, de los que tratare de hablar más adelante.
Dice Vidal Peña:
"La alegría es un notorio tema espinosiano, y, muy especialmente, de la Ethica ordine geometrico demonstrata. En los últimos años las versiones que proponen un Espinosa deseante tanto o más que racionalista (a partir, sobre todo, de Gilles Deleuze) han subrayado la importancia de ese tema. Pero decir que es un tema no es enunciar una obviedad insípida; justificar por qué no es así va a ser, al menos, en parte, el tema -a su vez- de este estudio, que, en cierto modo, versa acerca de si es posible "tematizar" la alegría.
Empecemos recordando cosas muy conocidas. Espinosa lleva a cabo, en la parte tercera de su Ética, una construcción ordine geometrico de los afectos (construcción que tiene su precedente, aunque éste no sea estrictamente "geométrico", en la segunda parte de Las pasiones del alma, de Descartes). Esa construcción es previa a la distinción entre afectos buenos y malos ("buenos" y "malos", claro está, por relación al hombre, pues, hablando en términos absolutos, ya se sabe que, para Espinosa, no hay en la Naturaleza ni bien ni mal). Tras esa distinción entre afectos buenos y malos, efectuada en la parte cuarta, pasará, en la quinta, a indicar el camino de la salvación, de la beatitud. Pues bien: aquella construcción de las nociones de los efectos empieza por establecer tres afectos primitivos (Deseo, Alegría, Tristeza), a partir de los cuales va derivándose la complejidad de los afectos secundarios que Espinosa considera más importantes.
El Deseo es presentado nada menos que como motor primordial de la conducta humana; más aún, la Definición primera de los afectos (en esa misma parte tercera) enuncia que "el deseo es la esencia misma del hombre, en cuanto que es concebida como determinada a hacer algo". . . Fijémonos en que Espinosa dice que la esencia humana es Deseo; no dice que sea Razón, y eso parece orientar la ética espinosiana, en relación con su racionalismo, de manera muy especial. Por otra parte, la Alegría y la Tristeza son presentadas -al parecer- como piedras de toque de la racionalidad e irracionalidad de nuestra conducta; al menos, eso parece desprenderse de la Proposición 8 de fa parte IV, que reza así: "el conocimiento del bien y el mal no es otra cosa que el afecto de la alegría o el de la tristeza, en cuanto que somos conscientes de él". Teniendo en cuenta, además, que según la Proposición 44 de esa misma parte IV "el conocimiento del mal es siempre un conocimiento inadecuado", entonces la Tristeza se vincula a la irracionalidad ("conocimiento inadecuado") tanto como la Alegría a la racionalidad ("conocimiento adecuado")" (Vidal Peña, Espinoza: orden geométrico y alegría, Contextos, III/5, 1985, pp. 7-24).
Digamos que "la alegría" espinosiana es "la utilidad" del juego, del arte, de la ensoñación y de la mística, en cuanto a individuo deseante y pensante, ya diré algo sobre la utilidad y la selección natural.
Mientras tanto, véase lo que dice Spinoza:
"Escolio: Entre la irrisión (que, como he dicho en el Corolario I, es mala) y la risa, reconozco que hay una gran diferencia. Pues la risa, como también la broma, es pura alegría y, por tanto, con tal que no tenga exceso, es de por sí buena (por la Proposición 41 de esta Parte). Pues, ciertamente, sólo una torva y triste superstición puede prohibir el deleite. ¿Por qué saciar el hambre y la sed va a ser más decente que desechar la melancolía? Tal es mi regla, y así está dispuesto mi ánimo. Ningún ser divino, ni nadie que no sea un envidioso, puede deleitarse con mi impotencia y mi desgracia, ni tener por virtuosos las lágrimas, los sollozos, el miedo y otras cosas por el estilo, que son señales de un ánimo impotente. Muy al contrario: cuanto mayor es la alegría que nos afecta, tanto mayor es la perfección a la que pasamos, es decir, tanto más participamos necesariamente de la naturaleza divina. Así, pues, servirse de las cosas y deleitarse con ellas cuanto sea posible (no hasta la saciedad, desde luego, pues eso no es deleitarse) es propio de un hombre sabio. Quiero decir que es propio de un hombre sabio reponer fuerzas y recrearse con alimentos y bebidas agradables, tomados con moderación, así como gustar de los perfumes, el encanto de las plantas verdeantes, el ornato, la música, los juegos que sirven como ejercicio físico, el teatro y otras cosas por el estilo, de que todos pueden servirse sin perjuicio ajeno alguno. Pues el cuerpo humano está compuesto de numerosas partes de distinta naturaleza, que continuamente necesitan alimento nuevo y variado, a fin de que todo el cuerpo sea igualmente apto para hacer todo lo que puede seguirse de su naturaleza, y, consiguientemente, a fin de que también el alma sea igualmente apta para conocer al mismo tiempo muchas cosas. Y así, esta norma de vida concuerda muy bien con nuestros principios y con la práctica común; por lo cual, si hay alguna regla de vida que sea la mejor, lo es ésta, así como la más recomendable en todos sentidos. Y no es preciso tratar de este tema con mayor claridad ni extensión" (Espinoza, Ética, (traducción de Vidal Peña), IV Parte, p. 148: Escolio a la proposición XLV).
Pero dejemos a Spinoza en su sitio con lo de las necesidades lúdicas del cuerpo y de la "mens" y volvamos al tema de la utilidad en la selección natural en el juego, en el arte, en la ensoñación y en la mística, mejor dicho, a eso de la utilidad lúdica en la selección natural.
Ahora si voy a tratar de explicarme hasta donde me sea posible.
Empiezo por decir que para que ese asunto tenga alguna validez, es necesario que se muestre alguna universalidad y esta se presenta en la naturaleza de los mamíferos, incluidos nosotros los Homo-Humanos.
O sino, considérese que todos los mamíferos aprehenden y aprenden, desarrollan y fijan en sus cerebros los comportamientos motores y "mentales", al menos, por medio del juego, de la ensoñación y de la mística , para no entrar en ambigüedades con lo del arte, eso sí considerado algo exclusivo y patrimonio de la humanidad.
Pero entonces, tengo que decir ahora lo que quiero decir con juego y no solo con la infinidad de actividades que se llaman juego y que van desde la actividad y el ejercicio físico con algún sentido deliberado o no, lo que, al fin y al cabo, no tiene ningún otro sentido que el hacer algo por hacerlo, por lo general, por el placer de hacerlo y cuyo resultado, utilidad, será, por un lado, obtener placer, aun en el dolor del esfuerzo y el cansancio de haberlo hecho, así sea solo o en compañía, pero, por otro lado, que también produce otro beneficio, utilidad: hacer que las habilidades motoras se desarrollen y se integren con las demás habilidades cerebrales (circuitos neuronales) y metales, tales las de reaccionar y actuar con oportunidad y precisión cuando sea necesario. Y, mucho más humano aun, saber cuándo, cómo y por qué reaccionar o actuar, ante situaciones y circunstancias probables o hipotéticas que se sienten bien como placenteras o bien como dolorosas. Todo sentimiento y todo pensamiento son resultados, utilidades o inutilidades, del sentir placer y dolor. Emoción y cognición son las dos caras de la misma moneda de la mente y de la conciencia, mejor dicho, lo que sentimos, somos y hacemos. De este asunto es mucho lo que hay que decir todavía y, según se me ocurre, es sobre ellos sobre los que las psicologías podrán decir algo científico y original, pero ya hablaremos de ello.
En pocas palabras, ese juego es una actividad por medio de la cual se desarrollan e integran en el funcionamiento de cerebro y cuerpo las acciones y las actividades físicas, motoras, instintivas, emocionales, imaginativas, intelectuales, por medio de las cuales somos y seleccionamos cómo y por qué estar en el mundo que sentimos, deseamos, imaginamos, pensamos, expresamos y conservamos como memoria (simples datos) y recuerdos (datos con emociones). Algo así como un puente de unión entre lo genético, lo epigenético y lo cultural.
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Las emociones, además de ser buenos mecanismos activadores del recuerdo, también son fijadores y trasformadores del sentido y del contenido del conocimiento y del recuerdo.
Los sentimientos están separados de los pensamientos porque los primeros son procesos de la carne y los segundos son palabras, sistemas de códigos, que funcionan en y con la carne.
Una cosa es conocer con la carne y otra es saber con el pensamiento.
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"El lenguaje apenas necesita la consciencia como una más entre las importantes habilidades por las que los humanos debieran agradecerle. Las glorias del lenguaje se hallan en otra parte: en la habilidad de traducir pensamientos en palabras y frases precisas, y palabras y frases en pensamientos; en la capacidad de clasificar económica y rápidamente conocimientos bajo el alero protector de un vocablo; y en la capacidad de expresar construcciones imaginarias o abstracciones remotas con una palabra simple y eficaz. Pero ninguna de estas notables habilidades -que permitieron a la mente humana crecer en saber, inteligencia y creatividad, y consolidaron las sofisticadas modalidades de consciencia ampliada que hoy poseemos tiene que ver con la fábrica de consciencia nuclear, ni con la producción de emoción o percepción" (Antonio Damasio, Sentir lo que sucede. Cuerpo y emoción en la fábrica de la conciencia, Andrés Bello, Santiago de chile, 2000, pp. 129-130).
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"Los sentimientos, en el sentido que se emplea en este libro, surgen de cualquier conjunto de reacciones homeostáticas, no únicamente de las emociones propiamente dichas. Traducen el estado de vida en curso en el lenguaje de la mente" (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos, Crítica. Barcelona, 2009, p. 85).
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Y aquí es donde ese juego se integra con el arte. El arte que es la expresión de lo que se siente y se piensa pero que no es posible expresarlo con los sentidos y significados de y por los lenguajes o los códigos establecidos. Eso es lo que se llama poético que vendría a ser la manifestación y expresión del sentido y significado de lo que se siente y se piensa de manera sensual y lógica, mejor dicho, lo dionisiaco y lo apolíneo, de lo que hablaba Nietzsche, pero re-interpretado por Giorgio Colli. En otras palabras, lo que se siente en la carne y lo que ordena y organiza la mente con los códigos de los sentimientos, del pensamiento y de la imaginación. En otras metáforas menos antiguas: lo lúdico y lo poético, en el lugar de lo dionisiaco y lo apolíneo.
Y damos otro paso o salto, no lo sé. En ese contexto aquí vuelven y se juntan todos los elementos: juego, arte, ensoñación y mística, para entenderse y conectarse entre sí como fuentes "del conocimiento" y del saber:
"[...] el éxtasis mistérico, en la medida en que se llega a él despojándose completamente de las condiciones individuales, es decir, en la medida en que en él el sujeto que conoce no se distingue del objeto conocido, debe considerarse como el presupuesto del conocimiento más que como conocimiento propiamente dicho. En cambio, el conocimiento (en este punto prefiero decir el saber) y la sabiduría se manifiestan mediante la palabra, en Delfos es donde se pronuncia la palabra divina, Apolo es quien habla a través de la sacerdotisa, no precisamente Dionisos" (Giorgio Colli, El nacimiento de la sabiduría, Tusquets, Barcelona, 1977, p. 15).
Para insistir sobre lo "del conocimiento" y del éxtasis, o sea, lo místico, en Nietzsche y en Giorgio Colli, otra cita:
"En torno al éxtasis
La filosofía y el arte son técnicas del éxtasis; éste es un conocimiento no condicionado por la individuación. El término «éxtasis» aparece en Grecia en el siglo cuarto antes de Cristo y significa «anomalía» fisiológica en cuanto alejamiento y separación de las reglas naturales. Una distorsión de las articulaciones, en el lenguaje hipocrático, o bien una alienación de la mente, un estar fuera de sí del cerebro. En la forma verbal, los dos sentidos de locura y de separación aparecen mucho antes, a partir de Pindaro. Una fusión originaria de tales significados en el lenguaje mistérico es una hipótesis posible, por la utilización de la forma verbal en la parte del Fedro platónico pululante de expresiones esotéricas. Más adelante, en la literatura neoplatónica, la utilización de «éxtasis» sigue siendo ambigua, y el término indica un movimiento hacia el exterior, o incluso una fragmentación. Sólo excepcionalmente designa en Plotino la cima del conocimiento místico, e incluso en este caso no como estado o quietud, sino como salida de sí mismo, abandono de sí mismo, junto a la expresión «anhelo de contacto». Lo que Plotino insinúa está «más allá del ser», y sin ser no hay objeto, de modo que la alusión se refiere a la realización de un impulso. El recipiente de cinc, de cuya visión surge el éxtasis de Jacob Böhme, alude a una desviación análoga, y decisiva, hacia el exterior, a un abandono totalmente conseguido —de improviso, por una milagrosa fragmentación— de la propia individualidad. Lo mismo puede decirse de aquel pensamiento de Nietzsche, que se le ocurrió en el lago de Silvaplana, cuando, procedente del bosque, se le apareció un peñasco enorme en forma de pirámide. Algo exterior a nosotros nos libera de nosotros mismos. Y puesto que nuestra individuación no es más que un nexo de conocimientos, y lo que emerge, por encima de la individuación, sigue siendo conocimiento, aunque un conocimiento diverso, he ahí entonces que, arrancado el velo de la persona, aparece la ocasión del éxtasis, el conocimiento que está en el origen, el instante, el primer recuerdo de lo que ya no es conocimiento" (Giorgio Colli, Después de Nietzsche, Anagrama, Barcelona, 1978, pp. 43-44).
Para distinguir las cosas, una cosa es ese "conocimiento" que se siente y obtiene desde la entrañas y otra cosa es el saber, ese que se manifiesta, se expresa, se memoriza, se conserva, se integra y se desarrolla en palabras, lenguajes, códigos, o sea, en los sistemas de comunicación, conservación e integración de la memoria, es decir, el saber.
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[... Sistemas hacedores de sentido y sentido quiere decir ordenar, organizar, que, a su vez, dan sentido a cada orden y organización que, a su vez, dan sentido a ... los códigos de orden y organización que sirven para signar y designar las cosas que se ordenan y organizan y al sistema de orden y organización signado y significado en la metáfora sin fin del signar y significar].
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Dicho ya algo sobre la mística y el éxtasis, queda pendiente decir también algo sobre la ensoñación, así que, y por el momento, me conformo con reproducir la cita de Gaston Bachelard que te mandé en un correo anterior que bien se puede tomar como un aperitivo para hablar del asunto y llamo la atención a lo que él dice de las ensoñaciones profundas, "Esas soledades de hoy nos devuelven a nuestras soledades primeras".
Las ensoñaciones que tienden a la infancia
"Cuando, en la soledad, soñamos largamente, alejándonos del presente para revivir los tiempos de la vida primera, varios rostros de niños vienen a nuestro encuentro. Fuimos varios durante ese ensayo de nuestra vida, en nuestra vida primitiva. Sólo hemos conocido nuestra unidad por los cuentos de los demás. Siguiendo el hilo de nuestra historia contada por ellos, terminamos, año tras año, por parecemos. Reunimos nuestros seres en torno a la unidad de nuestro nombre.
Pero la ensoñación no cuenta. O al menos hay ensoñaciones tan profundas, ensoñaciones que nos ayudan a descender tan profundamente en nosotros que nos desembarazan de nuestra historia, nos liberan de nuestro nombre. Esas soledades de hoy nos devuelven a nuestras soledades primeras. Éstas, soledades niño, dejan en algunas almas marcas imborrables. Toda la vida está sensibilizada por la ensoñación poética, por una ensoñación que sabe el precio de la soledad. La infancia conoce la desdicha gracias a los hombres. En la soledad puede distender sus penas. El niño se siente hijo del cosmos cuando el mundo de los hombres lo deja en paz. Y es así como en la soledad, cuando es señor de sus ensoñaciones, el niño conoce la dicha de soñar que será más tarde la dicha de los poetas. ¿Cómo no sentir que hay una comunicación entré nuestra soledad de soñador y las soledades de la infancia? Por algo en la ensoñación sosegada seguimos con frecuencia la pendiente que nos devuelve a nuestras soledades infantiles.
Dejemos al psicoanálisis el cuidado de curar las infancias maltratadas, y los pueriles sufrimientos de una infancia indurada que oprime la psiquis de tantos adultos. Hay una tarea abierta a un poético‐análisis que podría ayudarnos a reconstruir en nosotros el ser de las soledades liberadoras. El poético‐análisis debe devolvernos todos los privilegios de la imaginación. La memoria es un campo de ruinas psicológicas, un revoltijo de recuerdos. Toda nuestra infancia debe ser imaginada de nuevo. Al reimaginarla tendremos la suerte de volver a encontrarla en la propia vida de nuestras ensoñaciones de niño solitario.
De ahí que las tesis que pretendemos defender en este capítulo terminen todas haciendo reconocer la permanencia en el alma humana de un núcleo de infancia, de una infancia inmóvil pero siempre viva, fuera de la historia, escondida a los demás, disfrazada de historia cuando la contamos, pero que sólo podrá ser real en esos instantes de iluminación, es decir en los instantes de su existencia poética.
Mientras soñaba en su soledad el niño conocía una existencia sin límites. Su ensoñación no es simplemente una ensoñación de huida. Es una ensoñación de expansión.
Hay ensoñaciones de infancia que surgen con el brillo de un fuego [...]" (Gaston Bachelard, La poética de la ensoñación, Fondo de Cultura Económica, México, 1982, pp. 150-151).
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En medio de todos estos asuntos que hacen humano al Homo-Humano, quedan abiertos un par de asuntos que son los que abren las puertas a que esa humanidad sea posible, algo así como un par de procesos que la evolución ha seleccionado en exclusivo para los los Homo-Humanos: el asunto de la emoción y el asunto de la cognición, un territorio en el cual las ciencias ya están haciendo exploraciones reveladoras y que tal y como han empezado a descubrir, no son dos procesos sino un proceso con dos caras: sentir que se siente y dar sentido a lo que se siente (sentido se usa aquí en todas las acepciones del concepto tanto biológicas como conceptuales y existenciales, así como en todos aquellos usos que se hacen de la palabra y el concepto).
Y dicho todo lo anterior, hay que ver como todas esas cosas están conectadas entre sí, pero será en otra ocasión que hablaremos de ello.
Salud y alegría,
Iván Rodrigo.

Cartas Abelardinas – 10 Pietro Citati, charlando entre amigos sobre la y algunas novelas del siglo XIX

Lectura en grupo. https://elpais.com/elpais/2014/12/12/album/1418422523_273005.html Cartas Abelardinas – 10 Pietro Citati, ch...