28 de mayo de 2008

Lector Ludi-61

Sin la lectura... ¿Quién soy yo?


Capítulo 2


¿Cómo y por qué se lee?

La creación de los lenguajes hace parte del largo proceso de la evolución que se inicia en la simplicidad del primer organismo vivo y alcanza su mayor complejidad en el Homo-Humano.

El cuerpo humano es el lector biológico más completo y complejo que haya desarrollado la Naturaleza. Es una especie de escáner que se lee a sí mismo, lee a todo lo que rodea y hasta lee en "el más allá" que él mismo se ha creado.

Esa lectura que es la que hace al Homo-Humano, es también la que lo dota de conciencia y, a su vez, de ser consciente de sí mismo, de los otros y de la totalidad de la Naturaleza. De poder interpretar, dotar de sentido, explicar y proyectar, lo que lee.

La función primordial biológica de leer, hace parte de la naturaleza original de los seres vivos desde la simplicidad del primer microorganismo hasta la suprema complejidad del Homo-Humano, porque de ella depende su supervivencia, su reproducción y su adaptación en el mundo. Complejidad que en el Homo-Humano se manifiestas por su capacidad de descubrir conocimiento y transmitir, compartir, transformar y memorizar información.

Todo organismo vivo, por necesidad, percibe, reconoce y memoriza aquello que en su ámbito le hace sentir y diferenciar lo que le causa placer y dolor. Lo placentero le provoca atracción y deseo y, lo doloroso, repulsión y miedo, una ley fundamental de la física en operación. Y es, a partir de estas primarias reacciones sensoriales que los organismos vivos han desarrollado el proceso evolutivo desde el principio y hasta ahora.

Como lector biológico o escáner, el cuerpo del Homo-Humano lee o percibe la realidad por medio de los cinco sentidos: visión, tacto, oído, olfato y gusto. Los sentidos son sistemas independientes que se conectan e integran entre sí en grados de intensidad y precisión variables de acuerdo con las circunstancias.

Los sentidos son los mecanismos de percepción del cuerpo a través de los cuales, al entrar en contacto con la realidad tanto interna como externa, son excitados y esas excitaciones son convertidas por el sistema nervioso en sensaciones que, a su vez, son transmitidas al cerebro, el cual las organiza y distribuye como circuitos neuronales por todos los sectores cerebrales para que, por medio de los fenómenos mentales, sean analizadas, interpretadas y transformadas en respuestas motoras y sensibles, así como, simultáneamente, en información para la imaginación, el pensamiento, la memoria, etc.

Esa información es, por una parte, transformada en respuestas que motivan, organizan, dirigen y proyectan en, el espacio y en el tiempo, los actos, acciones y actividades del Homo-Humano.

Por la otra parte, esa información es acumulada y conservada en los sectores cerebrales especializados de la memoria como fuente de la experiencia para también ser permanentemente analizada, interpretada y comprendida y para ser proyectada en toda situación, o bien para modificar las sensaciones, reacciones, acciones y actividades o bien para ser utilizada en el descubrimiento de conocimiento.

Para que esa información sea funcional, acumulable y conservable, el cuerpo y la mente desarrollaron las capacidades y habilidades de simbolizar, metaforizar y comunicar, mediante las cuales se generaron códigos complejos de signos y símbolos, sonoros, táctiles, gestuales y gráficos, los cuales, articulados, sirven para archivar en la memoria tanto las sensaciones mismas como la totalidad del proceso realizado y los resultados obtenidos, lo que podría llamarse pensamiento lingüístico, o sea, la lectura y escritura de signos, imágenes, sonidos y movimientos, así como también sirven para la interpretación y articulación de lo que quiera que sean las sensaciones y las emociones.

Esta memoria que se actualiza, amplia y funciona permanentemente, es la parte fundamental de lo que se llama experiencia. Experiencia que es, a su vez, la actividad mediante la cual se analiza, interpreta, comprende y se dota de sentido y acción, tanto a la nueva información que se percibe como a la información archivada, en un proceso de renovación y confirmación permanente.

Es, en esa actividad de renovación y confirmación de la información, cuando se descubre el conocimiento, el que, consecuentemente, se convierte en nueva información para ser archivada y con la que se actualiza y amplia la experiencia en una espiral sin fin de acciones, renovaciones y proyecciones espacio temporales. Esto es lo que hace posible la comunicación.

La comunicación se usa para dar a conocer lo que se siente y piensa, pero, más importante, para saber y conocer lo que los otros sienten o piensan. La comunicación instintiva se define como la forma por medio de la cual se obtiene información del ámbito para poder sobrevivir, reproducirse y adaptarse.

Dadas las condiciones mismas del ser Homo-Humanos, la comunicación que este crea, es, entre otras consideraciones, de dos cualidades: formal e informal.

Con la comunicación formal el Homo-Humano organiza y dirige sus empresas de supervivencia, desde los primitivos que realizaban sus actividades de caza y recolección unidos tanto por los lenguajes y los códigos establecidos como por la información acumulada sobre la localización de los lugares, las especies, etc. y sobre las variaciones y condiciones en los cotos de caza y recolección. Con esta comunicación regían sus migraciones y demás actividades comunales. Igual hoy que en el pasado.

Con la comunicación informal los Homo-Humano se conocen entre ellos y pueden establecer los lazos de solidaridad con la cual enfrentar y resolver el miedo y la necesidad. Ese miedo y esa necesidad que, compartidos, son menos azarosos y atemorizantes. Ello, sólo para mencionar, la importancia que esta comunicación tiene para el saludable desarrollo de tantas otras actividades fundamentales de vida colectiva, como por ejemplo la formación y desarrollo de las familias entre sí y las relaciones con las demás.

Tanto o más importante que la comunicación formal para la supervivencia, reproducción y adaptación del Homo-Humano, es ese otro fenómeno de la comunicación conocido como "cotilleo" o "chismorreo" o de comunicación informal.

Si una comunidad ha establecido una comunicación formal adecuada para el desempeño y desarrollo de sus empresas de supervivencia, la comunicación informal será tanto más positiva y productiva para la comunidad en general, porque, de lo contrario, terminará por destruir los lazos solidarios que los unen.

Cuando la comunicación formal es deficiente, como sucede en las dictaduras y las revoluciones, la comunicación informal será el único refugio en el cual se puedan proteger los Homo-Humanos, pero, al mismo tiempo será una comunicación caótica, de desconfianza, etc. que reduce los grupos a un número mínimo de integrantes que se enfrentarán por la supervivencia con todos los demás grupos.

Independiente de polémicas neurocientíficas, psicológicas y filosóficas, el anterior cuadro es, de manera muy simplificada, la descripción de los procesos y actividades de la mente y el cerebro del Homo-Humano para la generación de los lenguajes y la comunicación.

De manera simple, pero consecuente, esos procesos cerebrales y mentales y las actividades que generan, son los mismos que se desarrollan en la lectura. O, para decirlo de manera más parcializada: el Homo-Humano es un lector, es decir, es quien descubre conocimiento a partir de la LECTURA y la ESCRITURA, lo que no es otra cosa que el resultado de interpretar y dotar de sentido y expresión a algo que antes no lo tenía y que hace posible su comunicación, acumulación y conservación.

10 de mayo de 2008

LECTOR LUDI-60

Sin la lectura... ¿Quién soy yo?

Capítulo 1

La lectura del origen

o el origen de la lectura


Excepto la Naturaleza, todo lo demás es invención del Homo-Humano, incluso cualquier explicación sobre la creación de la Naturaleza.

Hijo de la Naturaleza, la mente del Homo-Humano se imagina a imagen y semejanza de su madre.

El Homo-Humano -un Homo dotado de mente (1)- es humano porque descubre conocimiento, lo convierte en información para acumularlo, memorizarlo y transmitirlo a otros para continuar descubriendo conocimiento, trasformar sus realidades y transformarse a sí mismo, porque cualidad primordial de los seres vivos es percibir y expresar, comunicar.

El primer invento comunicativo del Homo-Humano, el lenguaje, lo desarrolló a partir de sus órganos de comunicación: la fonetización de los sonidos y los gestos de su cuerpo, para responder a la necesidad de interpretar, dotar de sentido, permanencia y proyección a lo que se leía, a lo que sus sentidos percibían, lectura posible a partir de la articulación organizada o sistematizada de sonidos, signos y señas, en códigos.

Eso son los lenguajes: sistemas articulados de signos fonéticos y gráficos o, para decirlo más filosóficamente como lo hace George Santayana:

"[…] el lenguaje, un verdadero arte de la sustitución" (2).

Mucho más tarde, se inventó la escritura.

Los primeros lenguajes como tales, tuvieron que estar vinculados a la solución y satisfacción de las necesidades básicas de la supervivencia, la reproducción y la adaptación.

Luego, la evolución hacia una mayor complejidad del cerebro y de la mente, generaron nuevas necesidades: explicar, interpretar, dar sentido, recordar y expresar, las experiencias más allá de sí mismo y conectadas con su percepción, con el espacio y el tiempo, con la materia y la energía. Se podría decir que comenzó a formularse preguntas y a buscar respuestas: a descubrir conocimiento.

¿Qué es y de dónde surge la vida? ¿Qué es y cómo funciona el mundo? ¿Qué son y qué producen los fenómenos que lo afectan? ¿Qué es ser humano? ¿Qué es el hombre? En fin, todo lo relacionado con el Homo-Humano y con la Naturaleza en la cual habita.

Obvio, en ese entonces como ahora, la mente trata de interpretar, de dotar de sentido y explicación a todo aquello que le es desconocido y lo considera un misterio, un misterio que es todo aquello que se localiza "más allá" de cualquier explicación práctica o evidente, pero que sucede y es real.

Es así como nacen los mitos y las religiones, los primeros lenguajes de la solidaridad con los cual enfrentar unidos el miedo y las necesidades. Lenguajes de signos, señales y símbolos concretos, una escritura natural que señalaba y trazaba lugares sagrados con signos, señales y símbolos comunes y articulados que explicaban, estaban dotados de sentido, transmitían y conservaban la experiencia.

Lo demás, es historia ya contada.

En otros capítulos explico los mecanismos genéticos, biológicos y culturales, que dan origen a la mente del Homo-Humano y a sus funciones en la lectura y en la escritura.

Desde el instante en el cual el Homo-Humano se percibió y luego creó las nociones de espacio y tiempo, materia y energía, supo que estaba en el mundo. Sólo que, todavía hoy, no ha podido descubrir qué es él mismo y esa es su tragedia. La búsqueda de la respuesta a esa pregunta fue el origen del concepto de lo humano (la mente) y esa es también la historia de la humanidad.

En ese mismo instante primordial en el cual el Homo-Humano supo que era un sujeto, también, supo que estaba en el mundo, se supo objeto, obligado a cumplir las leyes de su biología: sobrevivir, reproducirse, adaptarse y evolucionar, sin saber cómo y por qué.

Todo lo que existe en el universo está constituido por la misma materia y la misma energía, está en el mismo espacio y tiempo y todo ello, se forma y transforma de acuerdo con las mismas leyes.

Todos los seres vivos están constituidos por los mismos materiales y se comportan de acuerdo con las mismas leyes biológicas, físicas y químicas.

El Homo-Humano, es un ser vivo y se diferencia de los otros seres vivos porque es capaz de descubrir conocimiento y compartirlo con otros y porque con ese conocimiento es capaz de transformarse a sí mismo y a sus circunstancias, al igual que a descubrir, interpretar y deducir las leyes del universo para intervenir y manipular la materia y la energía.

El conocimiento se descubre, no se crea. Todo hace parte de la Naturaleza. Por ello, el hombre ha inventado todo, salvo la Naturaleza que es el ámbito a descubrir.

Humanidad es aquello que resulta de la aplicación de esas capacidades de descubrir y transformar del Homo-Humano sobre sí mismo y sobre la Naturaleza.

Por necesidad, el Homo-Humano, aprendió a conocerse y a conocer al mundo y en consecuencia a leerse y a leerlo y, a partir de allí, desarrolló los lenguajes para explicarse y explicar lo que leía, pues necesitaba interpretar y dotar de sentido a esa lectura como el espejo en el que se interpretaba y se daba sentido a sí mismo, al igual que a todo lo demás.

Es sólo por su deseo y voluntad que el Homo-Humano pasa de leer biológica y mecánicamente y se convierte en lector y en escritor, es decir, descubridor de conocimiento y acumulador de información. Conocimiento que es descubrir y descifrar las leyes de la Naturaleza, sus acciones y funciones; información que es la acumulación y conservación de lo descubierto y lo descifrado.

Se lee por necesidad pero se es lector por deseo y voluntad. Todo Homo-Humano, por condición, lee, pero sólo los Homo-Humanos que lo desean y lo hacen, se transforman en lectores. El que lee, sabe, pero sólo el que es lector descubre conocimiento.

El Homo-Humano descubre conocimiento por medio de los fenómenos mentales de la imaginación y de la razón. Por la imaginación proyecta los sentidos de su mente en el misterio y lo desconocido, en el espacio y en el tiempo. Por la razón organiza y conserva en su mente y en sus herramientas, con sus propios tiempos y espacios, lo imaginado.

Por medio de los fenómenos y los mecanismos de su mente, las percepciones y visiones de la imaginación y de la razón, son transformadas en imágenes, símbolos y metáforas, con las que, a su vez, crea los signos y los lenguajes con los cuales las explica tanto a sí mismo como a los demás y es capaz de acumularlas y conservarlas para su uso y aprovechamiento posterior.

La evolución desarrolló los órganos anatómicos necesarios y correspondientes para que el Homo-Humano fuera posible.

De esos elementos anatómicos que hacen posible el que el Homo-Humano sea humano y se diferencie de los demás seres vivos, dos son fundamentales para el descubrimiento de conocimiento y la posibilidad de compartirlo:

1- El cerebro del Homo-Humano y los además órganos del sistema nervioso:

El cerebro está compuesto por tres partes: la corteza cerebral, el cerebelo y el tronco cerebral, las cuales, evolutivamente y en su orden, corresponden al cerebro propiamente humano, al cerebro de los mamíferos y al cerebro de los reptiles, cada una de ellas con sus características propias, pero funcionando de manera interconectada, interrelacionada e integrada, bajo condiciones establecidas, pero, a su vez, cambiantes y cambiables.

La actividad cerebral y la del resto del cuerpo generan la mente, la cual, a su vez, dota al Homo-Humano de la capacidad de descubrir conocimiento y descubrirse a sí mismo: conciencia e inteligencia.

2- El sistema fonético, es el sistema para la producción de sonidos modulados y articulados, exclusivo de los Homo-Humanos y, a partir del cual, se elaboran y desarrollan complejas formas de expresión: lenguajes orales, gestuales y escritos, las herramientas fundamentales para desarrollar y organizar las actividades necesarias para su supervivencia, reproducción, adaptación y bienestar: todas las ciencias y todas las artes.

Entre los seres vivos, toda percepción provoca una reacción, expresión, conducta o comportamiento, percepción y expresión se convierten en acciones y actividades comunicativas. A toda percepción o impresión responde y corresponde una expresión o respuesta, este es el proceso básico de la comunicación.

Estas actividades comunicativas son de tres clases:

1. Biológicas:

Ante cualquier percepción o impresión o estímulo, el organismo produce una reacción y una acción o expresión automática.

2. Mecánicas o de aprendizaje-entrenamiento:

Son las acciones y reacciones que los organismos de cierta complejidad fisiológica producen y reproducen ante ciertos estímulos o impresiones o percepciones, desarrollando un repertorio determinado y repetitivo de reacciones, expresiones y acciones que se adquieren y desarrollan por entrenamiento y aprendizaje.

3. Culturales:

Son acciones y actividades que desarrollan los organismos dotados de cerebros más complejos en respuesta a aquellas interacciones con la realidad en las cuales se interpreta, se dota de sentido y se descubre conocimiento, mediante el cual se inventa, desarrolla y transforma, un método de acción, actividad y comunicación que, a su vez, remite a nuevas interpretaciones, sentidos y actividades, con las cuales se transforman tanto al organismo como al sector de la realidad con el que se interactúa.

Las actividades comunicativas culturales son aquellas impresiones y expresiones que el Homo-Humano inventa, desarrolla y articula, las cuales, por estar dotadas de significante y significado, son interpretables, están dotadas de sentido, producen y reproducen sentido. Esos son los procesos que se suceden en la lectura y en la escritura.

Lo anterior conduce a plantear una teoría evolutiva de la información y de la comunicación:

La información y la comunicación no tienen sentido por sí mismas. La información es producida y transmitida, por impresiones, estímulos e impulsos, articulados o no, pero sólo será información cuando se la interprete, se la dote de sentido y sea transmisible y compartible.

La información sólo se convierte en información cuando un emisor, por cualquiera sean los medios, codifica y articula, mediante un código establecido, esos estímulos e impulsos con la intención de dotarlos de un sentido específico y cuando un receptor los decodifica y rearticula, interpretándola y dotándola de un sentido propio. Todo lo demás es información mecánica: estímulo y reacción.

Por ejemplo, las abejas o los computadores reciben, leen y transmiten información, pero esta carece de sentido, los estímulos e impulsos, cualquiera sea el código utilizado que portan esa información, son impresiones físico-mecánicas preprogramadas para producir y reproducir respuestas automáticas, cuyo único y posible fin es causar una respuesta, igualmente, físico-mecánica, siempre repetida, siempre la misma.

En principio, el cerebro humano, por complejo y poderoso que sea, sólo procesa impulsos y estímulos físico-mecánicos, pero la totalidad de esos procesos producen la mente o, para decirlo más filosóficamente, de allí emana la mente, la cual convierte, esos impulsos y estímulos, primero, en información y, segundo, en comunicación.

Información y comunicación que son, primero, íntima o sujetiva y, segundo, externa y colectiva. La información y comunicación íntima o sujetiva es diferente de aquella información y comunicación externa y colectiva.

Y, todavía así, para que, tanto la información como la comunicación, sean concretas y eficaces, es necesario que exista un código articulado de signos y símbolos y que este código y los sentidos de cada signo y símbolo, sean comunes para quienes participen en el proceso, para que, de esa manera, ese proceso se complete y realice.

A partir de esos elementos y en conjunción con su cuerpo, el Homo-Humano ha desarrollado los lenguajes de la imaginación y de la razón: los lenguajes estéticos para la imaginación y los lenguajes científicos para la razón.


NOTAS

(1) John R. Searle, La mente, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2006, p. 365:

"Nuestra presentación de la mente en todos sus aspectos -conciencia, intencionalidad, libre albedrío, causalidad mental, percepción, acción intencional, etc.- es naturalista en este sentido: en primer lugar, trata de fenómenos mentales como parte de la naturaleza. Debemos concebir la conciencia y la intencionalidad en cuanto partes tan legítimas del mundo natural como la fotosíntesis o la digestión".

(2) George Santayana, Diálogos en el limbo, Tecnos, Madrid, 1996, p. 50.

5 de abril de 2008

Lector Ludi-59

Sin la lectura... ¿Quién soy yo?

INTRODUCCIÓN

La lectura y la escritura,

cuestión de supervivencia

El conocimiento está ahí, por siempre.

La lectura y la escritura, que hasta hace algún tiempo fueran territorios sagrados y que ahora parecen obsoletas banalidades, son en realidad manifestaciones de la Naturaleza a través de las cuales, como con todo lo demás que lo determina, el Homo-Humano evoluciona, se adapta y sobrevive y como tales se las debe estudiar.

La lectura y la escritura, más que actividades estéticas, son las máximas habilidades con las que la Naturaleza dotó al Homo-Humano para su evolución, supervivencia, reproducción y adaptación.

O, parodiando la célebre frase de Descartes: Existo porque soy lector y escritor.

O, si así lo desea, para lograr alcanzar la verdadera realización de Ser Humano.

Leer es una acción natural y propia de todo organismo biológico necesaria para su supervivencia, reproducción y adaptación. Leer es un acto biológico y mecánico de todos los organismos vivos. La lectura, por su parte, es una función que, al desarrollarse, se convierte en la habilidad de descubrir conocimiento, propia del Homo-Humano. Es de esa habilidad y su desarrollo sobre lo que tratan las páginas de este libro.

Lectura y escritura son el resultado de la evolución biológica y cultural de procesos cerebrales y mentales que funcionan con los circuitos de neuronas, organizados y articulados, que reaccionan ante la excitación que les producen, por medio de acciones orgánicas, químicas y físicas, los signos y códigos de los lenguajes, tal y como lo han venido demostrando las neurociencias.

La lectura es el proceso mediante el cual el cerebro y la mente perciben, analizan, interpretan y dan sentido a las realidades, internas y externas, para luego memorizar y reproducir el resultado como información y experiencia, a partir de lenguajes y códigos establecidos, los cuales han sido inventados, desarrollados y articulados, para mejorar las condiciones de supervivencia y adaptación. Este es el proceso mediante el cual se descubre conocimiento.

La escritura es un proceso más elaborado y complejo mediante el cual el cerebro, la mente y el cuerpo, comparten o transmiten o comunican a otros la información y las experiencias propias para ser confrontadas, conservadas y utilizadas en el desarrollo de nuevos descubrimientos de conocimiento, a partir de lenguajes y códigos establecidos y con la intervención de sectores específicos del cerebro y el cuerpo.

Sobre estos presupuestos se fundamenta la actividad comunicativa. Entre los seres vivos, toda impresión, reacción, expresión, conducta y comportamiento, se convierte en acciones, actividades y habilidades comunicativas. A toda impresión o estímulo, responde y corresponde una expresión, este es el proceso básico de la comunicación.

La finalidad original y natural de la comunicación fue, primordialmente, la de conocer las reacciones, el pensamiento y las emociones de los otros y, en segundo lugar, dar a conocer el propio pensamiento y las propias emociones. Era y es cuestión de supervivencia.

Antes de continuar, es necesario advertir que considero como escritura, también y para los efectos de estas reflexiones, a la elaboración, transmisión y comunicación oral, gestual y dinámica, de emociones, gestos, pensamientos e ideas, debidamente articulados y organizados para ser transmitidos, compartidos, confrontados y recordados por los otros, porque de esta manera se podría decir que se hace una escritura para ser comunicada y, al mismo tiempo, conservada en la memoria y en la experiencia.

Como trataré de explicarlo en los capítulos de este libro, la lectura y la escritura, más que una herramienta son habilidades con las que la Naturaleza dotó al Homo-Humano para su evolución, adaptación y supervivencia.

Los lenguajes se inventaron por la necesidad de expresar y darle sentido, permanencia y proyección, a lo que los sentidos percibían, a lo que se leía. Luego, se inventó la escritura.

Para ser irónico y satírico, si no cree en las anteriores afirmaciones, el que así lo quiera, puede realizar una mínima observación y reflexión sobre el destino que espera a los millones de alfabetos funcionales -aquellos que saben leer y escribir y poco más nada de la lectura ni de la escritura- quienes son reproducidos sistemática, económica, mecánica y periódicamente, por las incontables instituciones educativas de todo el planeta, para que se den cuenta de la clase de rebaño de cuasi-bestias en el que se está convirtiendo a la humanidad.

Estos alfabetos funcionales son el resultado de un proceso de degeneración cultural que cada año se manifiesta en la pobreza decreciente de las habilidades de la lectura y la escritura, tal como son evaluadas por los sistemas educativos de los países del mundo.

Situación crítica para la humanidad que, al igual que la crisis ecológica, es el resultado de la intervención humana y la promoción de ideologías de estupidización por parte de los poderes económicos, políticos, religiosos, etc., a través de los medios masivos de comunicación, convertidos y utilizados por esos poderes en aparatos del "show business", en eso que llaman industria del espectáculo.

La búsqueda de la Sabiduría dejó de ser un asunto vital de la existencia del Homo-Humano, para convertirse en una mercancía de moda con la que trafican inescrupulosos hechiceros y gurús, así como miles de profesionales de las profesiones que se han inventado, para mercadear, como supuestas fórmulas infalibles y mágicas, productos con los cuales se promete que es posible alcanzar la felicidad, por medio de las ilusiones y mentiras de la publicidad.

¡Proféticas resultaron las reflexiones de Walter Benjamín sobre la banalización del arte!

No se requiere saber leer y escribir, aun cuando ayuda, para ser un buen lector y escritor, así como para ser un evolucionado y adaptado Homo-Humano. Para ello se cuenta con una dotación evolutiva: la de tener las capacidades y las habilidades de la lectura y de la escritura natural.

A partir de esa dotación natural y como consecuencia del proceso evolutivo del mismo Homo-Humano, así como de la evolución de la cultura y de las tecnologías, se desarrollaron esas otras lecturas y escrituras que se conocen hasta la actualidad:

1. Lectura y escritura natural con las que la evolución dotó al Homo-Humano para percibir, analizar, interpretar y dar sentido a sus realidades, internas y externas y para descubrir y conservar conocimiento. Esta es la lectura fundamental de la supervivencia.

2. Lectura y escritura de signos, códigos y símbolos o lectura y escritura visual / simbólica, resultantes de la evolución cultural y tecnológica del Homo-Humano.

3. Lectura y escritura virtual, esas que están en proceso de desarrollo como respuesta al veloz y saturante desarrollo de las tecnologías informáticas.

En fin, la lectura y la escritura que son esas cualidades naturales que diferencian al Homo-Humano de los demás seres vivos y que debe ser condición indispensable para el desarrollo de niños, jóvenes y adultos saludables.

El recién nacido, por naturaleza, lee lo que lo rodea y, en consecuencia él mismo será, por el resto de su existencia, como la lectura que ha realizado, es decir, como ha interpretado y dado sentido a las realidades y relaciones en las que se desarrolló el "imprinting" y conformación de los circuitos de neuronas. Por ello, será responsabilidad de los padres y de quienes lo rodean, el que se convierta en un buen lector y en un buen escritor de sí mismo y de sus circunstancias:

Un Homo-Humano capaz de descubrir conocimiento y de comprender y manejar su destino en solidaridad con los demás y con el universo.

Negarle a un niño el pleno derecho de ser un buen lector y un buen escritor, es un crimen cuya condena y castigo ya han sido dictados y ejecutados: la estupidez colectiva.

-0-

Esos son los temas sobre los que voy a reflexionar en este libro, amparándome en el precepto de Charles Darwin: sin temor a formular hipótesis, así sean descabelladas, como me gusta llamarlas.

Los capítulos de la primera parte los he dedicado a analizar, interpretar y dar sentido, a las conexiones, correspondencias y nexos de la lectura y la escritura con la evolución, la biología, la antropología y las neurociencias.

Los capítulos de la segunda parte se proponen responder a las preguntas clave: ¿Qué es la lectura? ¿Qué es ser lector? y ¿Qué es la escritura? ¿Qué es ser escritor?, y, en consecuencia, ¿Cómo podrían formarse buenos lectores y escritores?

Una tercera parte está dedicada a reflexionar sobre la lectura y la escritura virtual, su desarrollo y aplicación en Internet y en las nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (TIC).

La finalidad que me he propuesto es la de exponer los resultados de mis reflexiones, experiencias y lecturas como LECTOR Y ESCRITOR LUDI, es decir, desde la naturaleza misma del juego infantil, esa actividad tan seria del Homo-Humano por medio de la cual conoce, se adapta y adapta sus realidades internas y externas para sobrevivir y adapatarse en este planeta y, quizás, en el resto del universo...

Los invito a jugar.

7 de marzo de 2008

LECTOR LUDI-58


Título: La evolución de la cultura

Autor: Luigi Luca Cavalli Sforza

Anagrama, Barcelona, 2007 (204 p.)

Por Iván Rodrigo García Palacios

Cuando hace unos cinco o seis años Guillermo Sánchez Trujillo proponía un "genoma dostokafkiano" para mostrar el parentesco entre Crimen y castigo y El proceso y, a partir de esa idea, un poco después yo proponía mi hipótesis descabellada de un genoma literario universal, el especialista en diversidad genética, Luigi Luca Cavalli Sforza, apenas estaba publicando en italiano su libro La evolución de la cultura, traducido al español y editado en 2007 por Anagrama.

Cuento lo anterior para darme el gusto de ver respaldadas científicamente nuestras intuiciones sobre genética literaria, las que, como todo en la historia de la humanidad, "no existe nada nuevo bajo el sol", seguramente fueron inspiradas por las modas y polémicas desatadas, a partir del siglo XIX, por las ideas de la herencia y la genética aplicadas a la cultura que así como sirvieron para descubrir conocimiento maravilloso, también han sido pretexto para las más horrorosas ideas y masacres racistas, xenófobas y fundamentalistas.

O, para ser más literario, fuimos inspirados por influencias de la crítica literaria moderna y posmoderna, tan platónicas e idealistas ellas. Por mi parte yo prefiero aplicar esta interpretación materialista y en consecuencia voy a revisar mis anteriores hipótesis descabelladas sobre genética literaria.

Por otra parte, no hace muchos días me hacía la pregunta de sí la información genética de un individuo puede evolucionar naturalmente durante su período de vida y que esta información pueda ser transmitida, en un momento dado, a cada uno de sus hijos, haciéndolos mucho más diferentes de sus hijos anteriores o posteriores. Algo así como una reflexión sobre si es posible, desde la influencia sobre nuestra propia genética, podríamos engendrar mejores hijos, ya que desde la influencia cultural es un hecho cotidiano.

Aun cuando el libro de Luigi Luca Cavalli Sforza no responde directamente mi pregunta, si me ofreció elementos para confirmar que la cultura puede influir en la evolución genética, por supuesto, sin que todavía se sepa todo al respecto. Me permitió pensar que es posible que los seres humanos puedan madurar (en el buen sentido) su información genética, lo que con una maduración cultural... En fin, otra utopía eugenésica, quizás menos aterradora que las que actualmente se están aplicando.

Para los interesados en los temas antropológicos, culturales e históricos, este libro es una fuente de asombros.

De manera acertada y sencilla ofrece información e interpretaciones actualizadas sobre las teorías evolutivas y genéticas a partir de Mendel y Darwin y sobre los avances en las investigaciones biológicas, genéticas y particularmente, sobre las características que hacen humano a los humanos, en el desarrollo de su cerebro y mente.

Esto tiene que ver con el desarrollo, evolución o historia de la cultura, en términos que él asimila y compara, tanto con la evolución genética como con la evolución cultural, para lo que, en palabras del propio autor:

"[...] consideramos que la palabra "evolución" se corresponde con la de "historia". Estamos convencidos de que la historia y, por tanto, la evolución son la clave para comprender el presente. La evolución es incluso mejor que la historia, al ser una teoría muy relacionada con un número cada vez mayor de disciplinas".

Luigi Luca Cavalli Sforza (Genova, 1922), es autoridad internacional en el campo de la diversidad genética, profesor titular en la Universidad de Stanford y fue director de su Departamento de Genética, además ha publicado amplia información de sus investigaciones sobre la evolución cultural, especialmente sobre los aspectos lingüísticos.

28 de febrero de 2008

LECTOR LUDI-57

El enamoramiento perpetuo de Friedrich Nietzsche.

Las claves: Eros, sexualidad y sensualidad

- Zaratustra, Dionisios, Ariadna

Por Iván Rodrigo García Palacios

La concepción erótica y sexual que Friedrich Nietzsche tenía de sí mismo, de los hombres y de las mujeres, salvo porque era rígida y extrema, poco más difiere del modelo idealista y romántico de su época perpetuado por la moral cristiana.

Para él, el sexo y la lujuria, eran asuntos de burdeles y prostitutas; denigrantes y degradantes formas de satisfacer las obligantes necesidades biológicas. La sexualidad era asunto para la reproducción institucionalizada, sobre la que expresó paradójicas posturas.

El Eros nietzscheano tiene más conexiones con el mito platónico y, en las relaciones que establecía con los hombres y las mujeres que admiraba, se expresaba por el deseo de integrar con ellos comunidades de amistad pasional en las cuales convivir, al mismo tiempo que crear un sistema existencial compartido, pero, la mayor parte de las veces, sus deseos eran los de imponer su propia visión.

Otra muy distinta y revolucionaria, con relación a esa moral cristiana, fue su concepción de la sensualidad: un combate vital por el disfrute de sí mismo, del que hablé en el LECTOR LUDI-56 (1).

Aunque en varias ocasiones quiso, sin lograrlo, fundar comunidades de alumnos a imagen y semejanza del Jardín de Epicuro, su idea de estas comunidades se regía por su propia interpretación del modelo erótico, sensual o hedonista y sexual epicúreo y coincidía con su deseo de compartir con ellos los logros de su pensamiento y en convertirlos en divulgadores de su obra.

Uno de esos jardines epicúreos fue el que Nietzsche le ofreció a Lou Andreas Salomé, en el segundo semestre de 1882, como parte de sus propuestas de matrimonio, las que ella rechazó y que ella, para evitar el rompimiento violento de la amistad, le propuso realizar, a cambio, como la formación de una comunidad filosófica en la que participarían Nietzsche como "Maestro", ella y sólo algunos otros, selectos y privilegiados.

Ese proyecto comunitario alternativo fracasó dadas las aspiraciones divergentes de ambos. Sin embargo, en el breve lapso de los seis meses del segundo semestre de 1882 y enero de 1883, generó las condiciones favorables para la gestación y nacimiento del Zaratustra que Nietzsche había concebido un año antes en Sils María y frente a "la roca de Surlei" (2) y que, al parecer, requería de una madre de una naturaleza tal como la de Lou (3).

Cuando propuse mi hipótesis descabellada sobre la maternidad inmanente que Lou Andreas Salomé significó para Zaratustra, lo hice a partir de las abducciones obtenidas de la lectura de la correspondencia de aquella época entre Friedrich Nietzsche, Lou Andreas Salomé, Paul Rée y otros (4). De la parte dedicada a la relación con Nietzsche de la biografía de Lou Andreas Salomé, de H. F. Peters (5). Y de Así habló Zaratustra, de Friedrich Nietzsche, con la introducción y traducción de Andrés Sánchez Pascual (6).

Me extrañó, eso sí, el hecho de que los biógrafos y estudiosos de la vida y la obra de Nietzsche consideraran insignificante esta situación y los eventos que la rodearon, cuando no era que los descalificaban despectivamente como la aventura de una joven y hermosa aristócrata rusa en busca de fama y notoriedad que coleccionaba hombres famosos.

En ese momento también desconfié de la información autobiográfica suministrada por el mismo Nietzsche, específicamente, en Ecce Homo, su obra autobiográfica y explicativa de su pensamiento, escrita en los últimos meses de su lucidez, así que no la tuve en cuenta para sustentar mi hipótesis descabellada.

Estaba equivocado. Era necesario volver a aprender a leer esa y las demás obras de Nietzsche, si se quería desentrañar o, mejor, descifrar y desvelar los misterios y enigmas que se escondían tras el extraordinario estilo de su escritura y los, aparentemente, complejos procesos de su mente. Complejos si se les estudia con los pedantes modelos académicos de los historiadores de la filosofía y de los profesionales de los estudios críticos, los exegetas prejuzgantes y los biógrafos utilitaristas.

La luz de esa verdad se hizo patente en el momento en que descubrí que era necesario considerar, en primer lugar, la mitomanía y la necesidad enfermiza de mentir que Nietzsche compartía de manera entrañable con su hermana Elizabeth.

Y, en segundo lugar, quizás conectado con lo anterior, la profundidad y originalidad creativa que alcanza Nietzsche al crear una propia mitología a partir de las experiencias de su propia vida, mezcladas, fusionadas y sintetizadas, con los elementos obtenidos de todos sus estudios y lecturas, hasta crear, así sea con los mismos nombres y situaciones, figuras, personajes y motivos mitológicos, propios e intercambiables, pero herméticos.

Era necesario entonces encontrar las claves encriptadas en los mismos escritos de Nietzsche, tal y como él mismo lo sugiere muchas veces y como lo haré más adelante, después de transcribir una amplia cita de la biografía de Nietzsche que escribió la inglesa Lesley Chamberlain (7), en la que, con un propósito parecido al mío, expone algunas de las claves de la mitología nietzscheana relacionadas con las dos versiones de Dionisios que Nietzsche utilizaba como representaciones o máscaras, entre otras cosas, de la "alegría de vivir", las transfiguración, la sensualidad, Eros o la sexualidad y la reproducción o fecundidad (el primer Dionisios, es el clásico y el segundo, es Dionisios Zagreo).

Dice Lesley Chamberlain:

"Ciertamente [Nietzsche], concebía este libro [Así habló Zaratustra] en conjunción con Ecce Homo, cuando le dijo a Deussen que Ecce Homo iluminaría Así habló Zaratustra dando un paso más adelante: "Este libro se refiere solamente a mí; en él por fin yo aparezco con mi misión histórica universal" (carta desde Turín, el 26 de noviembre de 1888). El "yo" que aparece aquí establece claramente la diferencia: Nietzsche asume él mismo los rasgos de Zaratustra, así ese Dionisios (el primero) se metamorfosea en piedra, en agua y en cielo y está enamorado de la eternidad. Nietzsche se pintaría así mismo en el paisaje".

[...]

"La concepción de Dionisios Zagreo (el segundo) por obra de Zeus y Perséfona puede compararse particularmente con una de las más oscuras y más feroces imágenes de Así habló Zaratustra; al comenzar el libro III, una serpiente se desliza dentro de la boca de un pastor dormido. Zaratustra encuentra al atormentado pastor y le pide que arranque con los dientes la cabeza de la serpiente; cuando el pastor así lo hace queda transfigurado en una figura sobrehumana cuya risa excita en Zaratustra el anhelo de la eternidad. La sonrisa y la risa son instrumentos dionisiacos. Así el pastor aparece transformado por Dionisios en un penoso, pero extraordinariamente fértil, acto de unión. El pastor se hace "übermenschlich" y dionisiaco. Nietzsche llama a este capítulo "Visión y enigma". La transformación del pastor explica "la visión". En cuanto al "enigma", evidentemente tiene algo que ver con el marco que suministra Nietzsche a su historia, que refleja la muerte de su propio padre. Zaratustra en cuenta a un hombre tendido en el suelo y en mortal peligro y a un perro que ladra. ¿Se trataba del propio Nietzsche nacido, como Dionisios, de esa visión de agonizar que es al mismo tiempo una imagen de copulación? Zaratustra es reacio a la sexualidad y su gran interés en la "fecundidad" es irremisiblemente frío y cósmico. Zaratustra habla enfáticamente de quienes fecundo en "Los siete sellos", la sección que termina el libro III. El placer de la reproducción impulsa a Zaratustra a ser fecundo con el resplandeciente futuro. Este es un pasaje difícil de interpretar, pero tiene un importante contenido psicológico. Nietzsche encontró una fórmula para expresar la procreación sin un elemento femenino. En efecto, Zaratustra continúa cantando: "Nunca conocí a una mujer con la que quisiera tener hijos, salvo a ti, oh, Eternidad". En la imagen de la serpiente que penetra en el pastor, el elemento femenino está desplazado hacia el progenitor mortal. La parodia cristiana es aquí evidente. Dios entra en la boca del amoroso pastor y engendra un hijo. El "enigma" es el propio renacimiento de Nietzsche como Dionisios Zagreo".

Un poco más adelante, Lesley Chamberlain, anota, además, una de las figuras mitológicas que Nietzsche, entre otras figuras, personajes y situaciones, asociaba con Lou Andreas Salomé:

"Nietzsche se imaginaba a Lou como una serpiente, una serpiente que llegó a ser amiga de Zaratustra cuando éste resistió su mordedura" (8).

Es necesario buscar e interpretar las numerosas ocasiones en que aparece en sus escritos y la importancia que Nietzsche le da al motivo de la serpiente.

Por ejemplo y específicamente relacionado con los asuntos que trato de explicar, la serpiente y el águila, dice Zaratustra, en La canción del noctámbulo, son sus dos animales heráldicos, los cuales aparecen en las primeras líneas del prólogo de Nietzsche a Así habló Zaratustra y sobre los que anota Andrés Sánchez Pascual:

"Los dos animales heráldicos de Zaratustra representan, respectivamente, su voluntad y su inteligencia. Le harán compañía en numerosas ocasiones y actuarán incluso como interlocutores suyos, sobre todo en el importantísimo capítulo de la tercera parte titulado El convaleciente" (9).

La serpiente es para Nietzsche una figura de su mitología con muchos más sentidos y usos de los que pretendo aquí desentrañar.

Lo que me interesa ahora es descifrar su conexión con Lou, a quien Nietzsche encripta como un enigma, no sólo en Así habló Zaratustra, sino también, en Ecce Homo, obra en la que, se supone, están las claves para que tal enigma sea descifrando, sólo que, estas claves, han sido tratadas también de manera enigmática, hermética, porque Nietzsche conecta a Lou con otras figuras de su mitología, dándole un nombre propio, tal el caso de Ariadna, al igual que la conecta con información propiamente autobiográfica.

Pero también hay que establecer otras conexiones como la de "el laberinto", que establece las correspondencias entre Zaratustra, Ariadna, Teseo y junto con ellos, Bruno y Dostoievski, para no mencionar a Spinoza que no está tan claramente relacionado en estos puntos.

Es necesario anotar que en algunos de sus escritos de finales de 1888 y enero de 1889, cuando su mente entraba en estados alternados de lucidez y delirio, también atribuyó a Cósima Wagner la figura de Ariadna y hasta quiso desposarla como el Dionisios "renacido" que creía ser. Es el juego de su delirio en el cual, Lou y Cósima, como sus dos grandes amores pasionales, en su mente las asume como la mujer ideal que él mismo se creó y describió.

Esto demuestra la libre o arbitraria utilización que Nietzsche hacia de su propia mitología. Pero lo que ahora me interesa en establecer las conexiones y correspondencias de Lou con Ariadna y establecer que el mismo Nietzsche reconoció y sintetizó en su mitología la importancia que para su vida y obra significó su enamoramiento por Lou.

Comienzo por Ecce Homo y en el aparte donde narra el nacimiento de Así habló Zaratustra, titulado, Un libro para todos y para nadie y en donde explica la concepción y gestación de Zaratustra. Allí Nietzsche hace una anotación incidental sobre Lou:

"Asimismo corresponde a este período intermedio aquel Himno a la vida (para coro mixto y orquesta) cuya partitura ha aparecido hace dos años en E. W Fritzsch, de Leipzig, síntoma no insignificante tal vez de la situación de ese año (*), en el cual el pathos afirmativo par excellence, llamado por mí el pathos trágico, moraba dentro de mí en grado sumo. Alguna vez en el futuro se cantará ese himno en memoria mía. El texto, lo anoto expresamente, pues circula sobre esto un malentendido, no es mío: es la asombrosa inspiración de una joven rusa con quien entonces mantenía amistad, la señorita Lou von Salomé. Quien sepa extraer un sentido a las últimas palabras del poema adivinará la razón por la que yo lo preferí y admiré: esas palabras poseen grandeza. El dolor no es considerado como una objeción contra la vida: «Si ya no te queda ninguna felicidad que darme, ¡bien!, aún tienes tu sufrimiento.»

(*) Anoto de mi parte que corresponde a 1882, año de su enamoramiento por Lou.

Tomada literalmente la referencia que Nietzsche hace de Lou, pareciera apenas el reconocimiento a una amiga, una joven a la que admiraba, pero sin establecer relación alguna, aparente o real, con Zaratustra.

Pero en la mente y en la escritura de Nietzsche nada es literal.

Así que, sí se continúa leyendo el mismo aparte de Ecce Homo, un poco más adelante, Nietzsche transcribe un extenso poema, el mismo que en Así habló Zaratustra se titula: La canción de la noche y en cuyo último verso y en la explicación que le sigue, adquiere pleno sentido la historia del enamoramiento por Lou, su conexión con el Himno a la vida y hasta el anhelo de redención y reconciliación:

"Es de noche: ahora se despiertan todas las canciones de los amantes. Y también mi alma es la canción de un amante".

8

"Nada igual se ha compuesto nunca, ni sentido nunca, ni sufrido nunca: así sufre un dios, un Dionisos. La respuesta a este ditirambo del aislamiento solar en la luz sería Ariadna... ¡Quién sabe, excepto yo, qué es Ariadna! De todos estos enigmas nadie tuvo hasta ahora la solución, dudo que alguien viera siquiera aquí nunca enigmas. - Zaratustra define en una ocasión su tarea –es también la mía con tal rigor que no podemos equivocarnos sobre el sentido: dice sí hasta llegar a la justificación, hasta llegar incluso a la redención de todo lo pasado".

Evidente, las claves comienzan a tener sentido y es posible empezar a decodificar el enigma, labor para la que el mismo Nietzsche lanza una provocación y un desafío a que sea desvelado, pero con notorio escepticismo y pretensión de que este pueda ser descifrado, razón por la cual él mismo ofrece una evidente pista que remite a la historia original.

El enigma debe ser desvelado en las páginas de Así habló Zaratustra, que es donde Nietzsche ha encriptado la historia de su exploración íntima de su enamoramiento por Lou, así como de las consecuencias de lo que tal enamoramiento significó para él y su pensamiento.

Retornando a la lectura de Así habló Zaratustra, es ya posible empezar a guiarse por el laberinto con el hilo de Ariadna, porque es a ella la que inspira y a quien Nietzsche dirige sus versos, sus quejas y reclamos amorosos.

La siguiente conexión se encuentra en el apartado titulado El mago, compuesto inicialmente con otros títulos y que además de ser insertado en Así habló Zaratustra, también fue incorporado a los Ditirambos de Dionisos, bajo el título de Lamento de Ariadna, donde dice:

"Pero al fin, tras muchos temblores, convulsiones y contorsiones, comenzó a lamentarse de este modo (470):

«Quién me calienta, quién me ama todavía?».

Nota de Andrés Sánchez Pascual:

“(470) El largo «lamento» de El mago que viene a continuación fue compuesto por Nietzsche en el otoño de 1884 y llevaba entonces el título de El poeta, El tormento del creador. En otra copia manuscrita le puso estos dos títulos: De la séptima soledad, luego borrado, y El pensamiento. De hecho este poema no se hallaba destinado originalmente a Así habló Zaratustra, pero Nietzsche lo insertó en él al componer la cuarta parte. De la importancia que este poema tenía para Nietzsche da idea el hecho de que más tarde lo incorporase a los Ditirambos de Dionisos, bajo el título de Lamento de Ariadna. Allí lleva al final una «respuesta» de Dionisos, quien, tras un rayo, «se hace visible con una belleza de esmeralda». La citada respuesta dice así:

"¡Sé inteligente, Ariadna!...

Tienes oídos pequeños, tienes mis oídos:

¡Introduce en ellos una palabra inteligente! –

¿No tenemos que odiarnos primero a nosotros mismos cuando

debemos amarnos a nosotros mismos?...

Yo soy tu laberinto...".

(Esta y las citas siguientes han sido tomada de la edición de Así habló Zaratustra, traducida y comentada por Andrés Sánchez Pascual y al citar mantengo la numeración de sus notas de pie de página)

El hilo de Ariadna salva a Teseo del laberinto, en este caso, a Dionisios/Nietzsche, para conducirlo de nuevo hasta ella, la Ariadna de Nietzsche que no puede ser otra que Lou.

Nietzsche, en el apartado titulado Del gran anhelo, encripta este retorno, que se inicia con el siguiente verso:

"Oh alma mía, yo te he enseñado a decir «Hoy» como se dice «Alguna vez» y «En otro tiempo» y a bailar tu ronda por encima de todo Aquí y Ahí y Allá".

Véase lo que anota Andrés Sánchez Pascual en su nota (425), sobre el título Del gran anhelo, que conecta la intimidad de Zaratustra y Ariadna:

"(425) Otro título anotado por Nietzsche en sus manuscritos para este apartado era el de Ariadna, al que correspondía más adelante otro apartado titulado Dionisos (que ahora es Los siete sellos)".

Esa intimidad se establece más específicamente en un verso más adelante Del gran anhelo:

"- hacia el áureo prodigio, hacia la barca voluntaria y su dueño: pero éste es el vendimiador, que aguarda con una podadera de diamante" (428).

A lo que anota Andrés Sánchez Pascual:

"(428) De manera encubierta hay en estas palabras una alusión a Dionisos. Este, en efecto, es representado en ocasiones como un viñador que viene en barco con una podadera en la mano para podar sus vides (así está representado en la copa de Exekias, del siglo VI, que se conserva en Munich). La vid, cargada de racimos, que anhela la llegada del viñador, es Ariadna (alma de Zaratustra). El viñador con la podadera es imagen que aparece también en el Apocalipsis. Véase Apocalipsis, 14, 18: «¡Echa tu afilada podadera y vendimia los racimos de la viña de la tierra, pues llegaron a sazón sus uvas!» Es posible que en el ánimo de Nietzsche se fundiesen ambas evocaciones".

Con lo anterior he mostrado las conexiones que Nietzsche establece, en su propia mitología, entre él, bien como Dionisios o como Zaratustra, y con la presencia que Lou, como Ariadna, tuvo en la gestación y nacimiento de Así habló Zaratustra.

Voy a mostrar ahora, quizás la conexión más concreta y evidente entre Nietzsche, Zaratustra y Lou, porque esta vez se trata de un evento real y biográfico. Se trata de una fotografía tomada en algún momento de ese verano de 1882 cuando se conocieron.

Esta fotografía, que forma parte de la leyenda de Nietzsche y Lou, fue evidentemente coreografiada en un escenario diseñado. En ella aparecen Paul Rée y Nietzsche jalando de un pequeño carro de tiro como de juguete, sobre el que se encuentra Lou con un látigo en la mano en la posición de estar fustigando a los dos hombres.

Es necesario anotar, además, que la historia de esta fotografía tiene mayores significados, porque fue unas de las causas de gran disgusto para la madre de Nietzsche y su hermana Elizabeth y de los graves conflictos de Nietzsche y Lou con ellas dos por sus relaciones.

Lo que quiero enfatizar es la presencia de ese látigo que aparecerá como importante motivo en los apartados de Así habló Zaratustra titulados: De viejecillas y de jovencillas y La otra canción del baile, como a continuación mostraré.

En las dos últimas líneas del apartado De viejecillas y de jovencillas, Zaratustra pregunta:

«¡Dame, mujer, tu pequeña verdad!», dije yo. Y así habló la viejecilla:

«¿Vas con mujeres? ¡No olvides el látigo!» (109).

A lo que también anota Andrés Sánchez Pascual:

“109 En la tercera parte, La otra canción del baile, Zaratustra usará este látigo para hacer que la vida -«una mujer»- baile”.

Lo que aquí quiere implicar Nietzsche, es con toda seguridad tanto el disgusto que tuvieron su madre y su hermana por la fotografía como a los conflictos que se sucedieron durante la visita de Lou a las dos mujeres.

El motivo del látigo se complementa y hace más específico en los dos primeros apartados de La otra canción del baile.

En la primera, Nietzsche hace referencia específica a la fotografía:

"1

¡Al compás de mi látigo debes bailar y gritar para mí! «Acaso he olvidado el látigo? - ¡No!» (430).

Y no sobra citar también la anotación de Andrés Sánchez Pascual:

“430 Aquí reaparece el «látigo» al que se alude en la primera parte, al final del capítulo De viejecillas y jovencillas”.

Es en la segunda parte de La otra canción del baile en donde Nietzsche incluye numerosas claves sobre su enamoramiento por Lou, al establecer las conexiones autobiográficas con sus días felices con ella en Tautenburg, como mostraré más adelante.

Transcribo a continuación esa segunda parte de La otra canción del baile:

"2

Entonces la vida me respondió así, y al hacerlo se tapaba los graciosos oídos:

«¡Oh Zaratustra! ¡No chasquees tan horriblemente el látigo! Tú lo sabes bien: el ruido asesina los pensamientos - y ahora precisamente me vienen pensamientos tan gráciles.

Nosotros somos, ambos, dos haraganes que no hacemos ni bien ni mal. Más allá del bien y del mal hemos encontrado nuestro islote y nuestro verde prado - ¡nosotros dos solos! ¡Ya por ello tenemos que ser buenos el uno para el otro! (*).

Y aunque no nos amemos a fondo -, ¿es necesario guardarse rencor si no se ama a fondo?

Y que yo soy buena contigo, y a menudo demasiado buena, eso lo sabes tú: y la razón es que estoy celosa de tu sabiduría. ¡Ay, esa loca y vieja necia de la sabiduría!

Si alguna vez se apartase de ti tu sabiduría, ¡ay!, entonces se apartaría de ti rápidamente también mi amor.» -

"En este punto la vida miró pensativa detrás de sí y en torno a sí y dijo en voz baja: «¡Oh Zaratustra, tú no me eres bastante fiel!

No me amas ni mucho menos tanto como dices, yo lo sé, tú piensas que pronto vas a abandonarme."

"Hay una vieja, pesada, pesada campana retumbante (431): ella retumba por la noche y su sonido asciende hasta tu caverna:

- cuando a medianoche oyes dar la hora a esa campana, tú piensas en esto entre la una y las doce -

- tú piensas en esto, oh Zaratustra, yo lo sé, ¡en que pronto vas a abandonarme!"

«Sí, contesté yo titubeante, pero tú sabes también esto.» - Y le dije algo al oído, por entre los alborotados, amarillos, insensatos mechones de su cabello.

«¿Tú sabes eso, oh Zaratustra? Eso no lo sabe nadie.»

"Y nos miramos uno a otro y contemplamos el verde prado, sobre el cual empezaba a correr el fresco atardecer, y lloramos juntos. - Entonces, sin embargo, me fue la vida más querida que lo que nunca me lo ha sido toda mi sabiduría".

(*) Me pregunto si Nietzsche podría estar refiriéndose aquí a la isla de San Guiulio, lugar en donde se dio origen a la leyenda de "El secreto de Monte Sacro”, por lo que sucedió cuando Nietzsche y Lou dieron un paseo a solas, para referirse a continuación a los conflictos suscitados por su enamoramiento, con las palabras de la vida sobre el amor.

La clave que conecta el enigma con la autobiografía está en la palabra "campana", la cual, según Andrés Sánchez Pascual, remite:

"(431) Esta campana de medianoche reaparecerá en la cuarta parte, La canción del noctámbulo".

Aun cuando la palabra "noctámbulo" aparece varias veces en Así habló Zaratustra con especiales significados y motivaciones, sólo me interesa aquí para conectarla con los recuerdos de los días felices que Nietzsche vivió en Tautenburg con Lou, sólo ensombrecidos por la presencia y los conflictos que su hermana Elizabeth significó para Lou y que terminaron por precipitar el distanciamiento entre ellos.

Véase la conexión que establece Andrés Sánchez Pascual con la palabra "campana", en la siguiente cita de la segunda parte de La canción del noctámbulo y lo autobiográfico de Nietzsche.

Así dice La canción del noctámbulo:

"Y al punto se hizo el silencio y la calma en derredor; de la profundidad, en cambio, subía lentamente el sonido de una campana. Zaratustra se puso a escuchar, lo mismo que los hombres superiores; luego volvió a llevarse el dedo a la boca y volvió a decir: «¡Venid! ¡Venid! ¡Se acerca la medianoche!» - y su voz estaba cambiada. Pero continuaba sin moverse del sitio: entonces se hizo un silencio más grande y una mayor calma, y todos escucharon, también el asno, y los dos animales heráldicos de Zaratustra, el águila y la serpiente, y asimismo la caverna de Zaratustra y la luna redonda y fría y hasta la propia noche. Zaratustra se llevó por tercera vez el dedo a la boca y dijo:

¡Venid! ¡Venid! ¡Caminemos ya! Es la hora: ¡caminemos en la noche!"

Sobre la conexión de La canción del noctámbulo, con los tiempos felices, evocados aquí por Nietzsche, véase ahora lo que escribe Curt Paul Janz (10), sobre las interminables y noctámbulas conversaciones de Nietzsche con Lou en Tautenburg:

"A pesar de ello fue un tiempo, para ambos, filosóficamente fructífero. Elizabeth, naturalmente, no significaba nada al respecto. Se la trató como si no existiera. La mayoría de las veces hubo de dar sola sus paseos, y si se llegaba a una conversación, o bien le resultaba incomprensible o bien se horrorizaba por los juicios morales, críticos y provocativos. Nietzsche y Lou, por el contrario, vagaban horas y horas por los bosques, continuando sus conversaciones, a menudo, hasta bien entrada la noche. En su diario, que escribió en Tautenburg para Paul Rée, Lou escribe al respecto: «En estas tres semanas hemos conversado hasta el agotamiento; curiosamente él aguanta ahora cerca de diez horas diarias de charla. En nuestras veladas, cuando la lámpara, vendada como un inválido con un paño rojo para que no dañe sus pobres ojos, arroja sólo un débil resplandor por el cuarto, siempre llegamos a hablar de trabajos en común... Sorprendente que en nuestras conversaciones aboquemos involuntariamente al borde de abismos, a aquellos lugares de vértigo adonde alguna vez se ha subido en solitario para mirar desde allí a lo profundo. Siempre hemos elegido los caminos de gamuzas, y si alguien nos hubiera escuchado, habría creído que eran dos diablos los que conversaban.» Compusieron juntos aforismos que Lou inventaba y Nietzsche corregía o completaba. El 14 de agosto Lou escribe a Rée: «Nietzsche, en general de una consecuencia férrea, es en lo particular una persona tremendamente versátil. Yo sabía que cuando admitiéramos lo que, en principio, en la tormenta del sentimiento, ambos evitábamos, rápidamente nos habríamos de encontrar en nuestras naturalezas profundamente semejantes, más allá de todo charloteo pedante... Él subía hasta aquí de continuo, y por la noche tomó mi mano y la besó dos veces y comenzó a decir algo que no terminó. Los días siguientes estuve en cama, él me metía cartas en la habitación y me hablaba a través de la puerta. Ahora ya amainó mi vieja fiebre catarral y me he levantado. Ayer pasamos juntos todo el día... Elizabeth estuvo en el Dornburg con personas conocidas. En la pensión... se nos considera tan emparejados como a ti y a mí, cuando llego con mi gorro y con Nietzsche, sin Elizabeth... Un estímulo especial resulta de la coincidencia en pensamientos, sentimientos e ideas; nos podemos entender casi con medias palabras. El dijo una vez, impresionado por ello: 'creo que la única diferencia entre nosotros es la edad. Hemos vivido y pensado lo mismo'.»

El 14 de agosto, Nietzsche escribe a Kösselitz: : «'lo mejor posible para mí', he tenido que superar una dura prueba, y la he superado. -Lou se queda aquí 14 días todavía: en el otoño volveremos a encontramos (¿en Munich?) -Tengo mi ojo para las personas; lo que veo existe, aunque otros no lo vean. Lou y yo somos demasiado semejantes, 'consanguíneos' (¡por eso ni siquiera se la puedo alabar a Usted!).»

Para cerrar esta historia, se me ocurre una última hipótesis descabellada.

Nietzsche escribía como los verdaderos filósofos, los médicos del alma, en quienes el sistema y el método son la vida misma, la autobiografía y la obra son la descripción de sus exploraciones y la exposición de sus descubrimientos de manera propia y original.

Y, como la vida misma, cambiante con cada gran revelación, la obra de Nietzsche da testimonio de todo ello, así como de las no menos importantes transfiguraciones que le significaron los enamoramientos que sufrió y lo hicieron lo qué fue:

Primero, Richard y Cósima Wagner que le representaron el descubrimiento de Dionisios y lo dionisiaco, lo que daría paso, tras su rompimiento, a su transformación en Humano, demasiado humano y las obras que antecedieron a Zaratustra. Pasión amorosa que lo marcará hasta sus últimos días y que él hizo pública en libros dedicados a ellos y en muchos de sus escritos, incluida su correspondencia

Segundo, el enamoramiento por Lou Andreas Salomé, a quien considero como madre inmanente de Zaratustra y como motivo de un intrincado laberinto de conexiones y referencias, enigmas y claves encriptadas en Así habló Zaratustra, como he tratado de mostrar, porque este fue un enamoramiento condenado al silencio y al misterio, no sé si por decisión del propio Nietzsche o por mediación de la censura de la mano oscura y la mitomanía de su hermana Elizabeth.

El enamoramiento por Lou se salvó de ser borrado de la historia gracias a los testimonios de muchas personas y a la abundante correspondencia tanto entre los testigos como en muchas de las cartas entre Nietzsche y Lou, en las que se tratan o con admiración o con rabia y, a veces, con ternura, porque en sus libros sólo le dedica una formal mención en Ecce Homo, como ya cité antes.

Sin embargo, el fruto de ese enamoramiento y de la más aguda exploración sobre la naturaleza del enamoramiento, fue lo que logró Nietzsche en Así habló Zaratustra (11), así como las consecuencias de lo que de allí surgió para su propia existencia y el resto de la obra que escribiría. Lo anterior, independiente de haber creado una obra maestra de la literatura y fundamental para la filosofía.

Nietzsche escribió en 1883 las dos primeras partes de Así habló Zaratustra, la primera, entre el 1 y el 10 de febrero y la segunda entre el 26 de junio y el 6 de julio. En ellas inicia su propia e íntima exploración a sus estados del enamoramiento (12).

Estas dos primeras partes las escribe aun con el dolor y la rabia de su rompimiento con Lou, lo cual pesa y marca el estilo, tono y contenido del poema.

La otras dos partes las escribió Nietzsche en 1884 y 1885, respectivamente, lejos ya de aquellas primarias emociones, lo cual le permite tratar en perspectiva no sólo a Lou y su relación con ella, sino también para explorar la transfiguración que el enamoramiento le había generado.

Son de tal magnitud tales trasfiguraciones que para 1886 ha escrito Más allá del bien y el mal, la primera obra con la que pretende explicar y profundizar el impacto de Zaratustra tanto en él mismo como en su pensamiento.

En este mismo sentido escribirá otras obras fundamentales: La genealogía de la moral (1887), El caso Wagner (1888), El crepúsculo de los ídolos y El anticristo (ambas de 1889), Nietzsche contra Wagner (1889). Cada una de estas obras están destinadas a explicar y profundizar la misión que Zaratustra propone a los hombres y a la humanidad.

Publicada póstumamente, Ecce Homo, escrita durante el segundo semestre de 1888 y hasta poco antes de caer en su delirio y silencio, fue la obra en la cual se propuso exponer los motivos y aspiraciones vitales, existenciales y filosóficas de su misión y obra.

Pero y más importante para los exploradores de misterios, en Ecce Homo ocultó las claves y el hilo de Ariadna que permitiría resolver sus misterios y enigmas y acceder a su laberinto y, al mismo tiempo, con la finalidad de ofrecerles a sus lectores la posibilidad de retornar al mundo ya iluminados y vencedores en el combate amoroso por el disfrute de sí mismos. Esa misión que Nietzsche supone deben emprender, con esfuerzo, sufrimiento y gozo, sus verdaderos lectores y discípulos.

Creo que hasta aquí he dado suficiente ilustración sobre el asunto y, aun cuando sé que es apenas una mirada a los laberintos de Friedrich Nietzsche, su vida y su obra, reconozco que ya ese negocio es asunto para los especialistas y a ellos se los dejo.

Al fin y al cabo, mi propósito de LECTOR LUDI siempre es provocar la alegría de vivir y de leer de los LECTORES LUDI y espero haberlo cumplido.

NOTAS

() Iván Rodrigo García Palacios, LECTOR LUDI-56. Puede leerse en el blog:

http://lectorludi.blogspot.com/

(2) Friedrich Nietzsche, Ecce Homo.

(3) Iván Rodrigo García Palacios, LECTOR LUDI. Manual de iniciación a la alquimia de la lectura, capítulo 1: Nietzsche: La vida como literatura. Así nació Zaratustra en los tiempos del amor. Puede leerse en el blog:

http://lectorludi.blogspot.com/

(4) Friedrich Nietzsche, Lou Andreas Salomé, Paul Rée, Documentos de un encuentro, Laertes, Barcelona, 1982, p. 71.

(5) H. F. Peters, Mi hermana, mi esposa. La vida de Lou Andreas Salomé, Plaza & Janés, Barcelona, 1980, pp. 77 y ss.

(6) Friedrich Nietzsche, Así hablo Zaratustra, Alianza, Madrid, 1998.

(7) Lesley Chamberlain, Una biografía íntima. Nietzsche en Turín, Gedisa, Barcelona, 1998, pp. 230 a 232.

(8) Lesley Chamberlain, Una biografía íntima. Nietzsche en Turín..., pp. 244-245.

(9) Friedrich Nietzsche, Así hablo Zaratustra..., p. 444.

(10) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Biografía, 3. Los diez años del filósofo errante (1879-1888), Alianza, Madrid, 1985, pp. 118-119.

(11) Iván Rodrigo García Palacios, LECTOR LUDI. Manual de iniciación a la alquimia de la lectura, capítulo 1: Nietzsche: La vida como literatura. Así nació Zaratustra en los tiempos del amor. Puede leerse en el blog:

http://lectorludi.blogspot.com/

(12) Iván Rodrigo García Palacios, Beso Rico o el Eros alquímico. Hipótesis descabelladas obre la mente, el enamoramiento, el soñar y el imaginar, Segunda parte. Puede leerse en el blog:

http://lectorludi.blogspot.com/

Cartas Abelardinas – 10 Pietro Citati, charlando entre amigos sobre la y algunas novelas del siglo XIX

Lectura en grupo. https://elpais.com/elpais/2014/12/12/album/1418422523_273005.html Cartas Abelardinas – 10 Pietro Citati, ch...