12 de enero de 2011

Las imposturas de Freud (1a. parte)
Iván Rodrigo García Palacios

- La expoliación de fuentes e ideas ajenas.
- La génesis del Proyecto de psicología (1950-1895) (1).


"[...] los que hablan de Cualidades ocultas, Especies intencionales, Formas substanciales y mil otras necedades" (Carta de Spinoza a Hugo Boxel) (2).


Introducción
Freud se aprovechó bien de sus habilidades y del Proyecto de psicología (1950-1895), para desarrollar su única y gran originalidad: ser el hombre de las teorías y de las interpretaciones anamorfósicas sin principio ni fin: el psicoanálisis.
De sus habilidades (y de Nietzsche), Freud toma, entre otras cosas: "Todo es interpretación. Todo es interpretable".
En el Proyecto de psicología escribió todas y sus únicas hipótesis con pretensión de cientificidad, las mismas que convertirá en ese truco (o, ¿será método?) del teorizar e interpretar anamorfósicamente que es el psicoanálisis...
... frente a cualquier dificultad, obstáculo, confusión, inconsistencia o incongruencia, teórica o práctica, Freud siempre los obvió inventándose o trasformando una teoría, pero no una nueva teoría que explique, corrija o sistematice a la anterior, sino una teoría que se hace cada vez más compleja, ininteligible, ¿absurda?, como en el cuento del gallo capón. Freud fue un hábil maestro de la anamorfosis... sin principio ni fin, porque en el psicoanálisis todo es apariencia: ninguna verdad qué demostrar porque no existe un objeto qué mostrar.
De ese legado, sólo Lacán fue igual o superior al Maestro en esas habilidades, quizás inspirado en la tradición barroca y, en particular, en su paisano Cyrano de Bergerac y en su obra El otro mundo o Los Estados e Imperios de la Luna y Los estados e Imperios del Sol, obra anamorfósica sin parangón. Por ello, Lacán fue condenado a "la expulsión" en ese Tribunal de la Inquisición que es la Asociación Psicoanalítica Internacional.
Hay que reconocer que en esa obra de Cyrano de Bergerac y en las de los barrocos franceses, no son pocas las ideas de las que luego se apropiará, aprovechará y tergiversará, el psicoanálisis, tal el caso de las relaciones entre realidad y sueño.
De esa expoliación de fuentes e ideas ajenas, Freud se inventó la existencia de un Aparato psíquico, un Aparato mental y una energía mental a partir de numerosas fuentes e ideas ajenas que no reconoció y que por el contrario negó haber utilizado:
Freud se apropia, se aprovecha y hasta tergiversa, de las ideas de aquella tradición que consideraba a la Naturaleza, al mundo y a la vida como espíritu y energía, del que todo emanaba: esas ideas de Spinoza, las de Schelling, las de Schopenhauer, las de los románticos, las de Carus, las de Janet, las de von Hartmann, etc.
También se apropia y se aprovecha de aquellas ideas de la cultura china sobre el "Qì" ó "Kì" ("flujo de energía vital"), tan cercanas al mesmerismo, de las cuales y con una similitud asombrosa, Freud interpretará y propondrá la única y la más ficticia de sus formas de medición: "Q" y "Qη": "la cantidad".
Con todas esas ideas y muchas otras más, Freud inventará sus Teorías de las pulsiones, primero, sexuales y yoicas; luego, de vida y muerte, Eros y Tánatos, para "asustar al burgués", así como su Teoría del inconsciente, "yo, superyó y ello" y, por supuesto, esas interpretaciones de la pulsión de muerte, tan cara al judeocristianismo, porque niega la pulsión de vida, tan poco rentable. Y, con todo ello y mucha ficción más, él trata de explicarlo, justificarlo y legitimarlo todo.
Tal es el caso del más celebrado y anamorfósico de sus inventos: "El inconsciente", ese, "el gran fundamento", del que se apropió, entre otros, de Schopenhauer: esa fuerza de la voluntad oculta tras los motivos ignorados de los actos. De Carl Gustav Carus: eso que es subjetividad y naturaleza. De Eduard von Hartmann: amor y placer, deseo y razón, energía y espíritu. Y de Pierre Janet: su teoría del inconsciente y su escritura automática, entre otras, de las que se apropia para su "libre asociación", "la interpretación de los sueños". Así como del libro: La interpretación de los sueños y hechicería y de otras obras de su amigo, el filólogo y filósofo vienes, Theodor Gomperz. Y un largo etc.
Con todo ello, Freud se inventará sus propias anamorfosícas teorías, las que se convertirán en las puertas de acceso al "inconsciente" y a la sexualidad dominante, cuyas cerraduras son abiertas por las llaves de las palabras: "ello piensa / ello trabaja".
Por supuesto, para que todo aquello encaje es necesaria la anamorfosis, porque así Freud interpretará y teorizará, una y otra vez, sobre la distinción del "inconsciente", en primera instacia, del sistema "preconsciente-consciente, del primer tópico. Y luego, cuando las cosas no ecajaban, el yo, el superyó y el ello, presentes en "el inconsciente" del segundo tópico.
Igual con todo lo demás: la sexualidad infantil, el complejo de Edipo, el narcisismo y el erotismo femenino, estos dos últimos asuntos, naturalizados dentro del psicoanálisis por Lou Andreas Salomé.
Todo ello sostenido en el anacronismo de un dualismo disimulado, ambiguo y eufemístico; cristiano / cartesiano: cuerpo / alma; cuerpo / mente; cerebro / pensamiento; objeto / sujeto; etc., lo que se asimila al dualismo consciente / inconsciente que opera en aquellos improbables aparatos psíquico y mental, mediante unas energías mentales.
Es innegable que Freud se aprovechó de las ideas de Spinoza, pero nunca se sintió aludido por aquello que él le escribió a Hugo Boxel sobre
"[...] los que hablan de Cualidades ocultas, Especies intencionales, Formas substanciales y mil otras necedades" (Carta de Spinoza a Hugo Boxel) (1).
Así como tampoco le parecieron útiles las saludables proposiciones spinozianas sobre la Alegría y la Tristeza y con ellas, el manejo de los afectos o pasiones, tan contrarias a los ideales judeocristianos y a las utilidades económicas de los psicoanalistas.
Freud sí que anticipó desde el principio el potencial de su negocio, razón que se explica por el rechazó a la denominación y práctica del autoanálisis, tan antiguo como "la Sabiduría de la medicina del alma", así como spinoziano. Autoanálisis del que él mismo había partido, en primera instancia, para de allí desarrollar su práctica y terapia de psicoanálisis, asistida, dirigida y remunerada.
Ese autoanálisis que Freud desarrolló a partir del análisis de aquel sueño del 25 de julio de 1895, luego de que el día anterior "le fue revelado al Dr. Freud el secreto de los sueños", según su carta a Fliess.
Ese autoanálisis bien pudo haber tenido unos antecedentes más nobles tanto en los antiguos sabios como, de manera evidente, en Plotino, sus sueños y despertares, pero en particular la interpretación plotiniana del consciente / inconsciente:
"Como dice Plotino retomando una expresión homérica, "nuestra cabeza está fija por encima del cielo" (Enéadas IV, 3,12,5; cf. Homero: Iliada, IV, 43; y Platón, Timeo 90a). Pero a continuación surge una duda:
"Si albergamos en nosotros tan grandes cosas, ¿por qué no tenemos conciencia de ello, por qué la mayor parte del tiempo permanecemos sin ejercer estas actividades superiores? ¿Por qué algunos hombres no las ejercen jamás?" (V, 1,12,1.).
Plotino responde a esto inmediatamente:
"Lo que sucede es que no todo cuanto se encuentra en el alma está consciente, sino que nos llega a 'nosotros' al llegar a la conciencia. Cuando una actividad del alma se ejerce sin que se comunique nada a la conciencia, esta actividad no llega al alma por entero. Así pues, 'nosotros' no tenemos noticia alguna de esta actividad, puesto que 'nosotros' estamos vinculados a la conciencia y 'nosotros' no somos una parte del alma, sino el alma entera" (V, 1, 12, 5.) (Pierre Hadot: Plotino o la simpliciad de la mirada).
Nobles antecedentes también de los místicos mediterráneos, orientales y del Norte de Europa, del francés Pierre Charron y de tantos otros que habían considerado a los sueños y a "todo lo que se mueve en uno mismo" (...) como punto de partida del "conocer qué somos para saber qué podemos y qué debemos hacer", ambas citas de Pierre Charron, tomadas de Michel Onfray. Onfray también encontró en la antigüedad a un no tan noble antecedente, precursor del psicoanálisis, Antifón de Atenas, quien practicó una terapia y un negocio iguales al  de Freud, pues usó los mismos métodos de propaganda y explotación de sus pacientes que luego usarán el vienes y sus secuaces (Ver: Michel Onfray, Las sabidurías de la antigüedad, Contrahistoria de la filosfía, I, Anagrama, Barcelona, 2007, pp. 94-95).

 Y en especial, antecedentes de aquella extensa tradición que trata del poder y de los peligros del alma en los sueños eróticos y proféticos que el cristianismo teorizó y combatió, y en la que ya se advierte del poder de la sexualidad tal y como la interpretará Freud:
"En la cristiandad primitiva la ascesis parece estar compuesta de dos elementos esenciales (Wake, 1998: 6): la anachoresis o aislamiento, y la enkrateia o autocontrol". El primero (el “exilio voluntario” como lo llamaba Evagrio Póntico) corresponde al distanciamiento de todo lazo humano, pues muy pronto, desde san Antonio, se descubrió que este combate espiritual era imposible en las condiciones de la vida cotidiana. El segundo, el control de sí mismo, significa que el solitario buscaba recobrar el poder sobre aquello que convulsionaba su vida: sobre las pasiones que agitan sus sentidos, y sobre los pensamientos que acosan su mente. Este autocontrol tiene un propósito definido: alcanzar un estado de paz interior, la imperturbabilidad que los cristianos, siguiendo a los filósofos estoicos, llamaban apatheia (justamente, “ausencia de pasiones”). (Sergio Pérez Cortés, Sueños eróticos y ejercicios espirituales entre los hombres del desierto. Los sueños de san Jerónimo, Sociológica, México, Departamento de Filosofía, Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa, año 24, número 69, enero-abril de 2009, pp. 13-42 ).
Ese ascetismo fue exactamente lo que practicó Freud en 1895, en lo que él llamó, no por coincidencia, "esplendido aislamiento", y durante el cual produjo el Proyecto de psicología y, luego, La interpretación de los sueños, no propiamente buscando la paz interior, sino la liberación de sus culpas, la reorientación de sus pasiones y el triunfo de sus ambiciones.
En consecuencia y también en una extensa tradición, con Freud ese conocimiento de sí mismo y la interpretación y análisis de los sueños, terminó siendo mercancía de curanderos, adivinos y charlatanes.
Si Freud hubiera permitido la desviación hacia el autoanálisisi en el seno de su secta, este se hubiera convertido sólo una actividad de salud mental al alcance y manejo de quien así se lo propusiera y de la misma naturaleza de la que hoy se denomina filosofía práctica, esa filosofía que, como medicina del alma, habían propuesto desde la antigüedad todos los sabios y filósofos a los que les interesaba más responder a las preguntas: ¿Qué es el hombre aquí y ahora? ¿Cómo se logra y se disfruta el bienestar temporal y terrenal?, al contrario de aquellos otros que divagan sobre la improbable existencia de mundos, almas y bienestares, sobrenaturales. Pero Freud no estaba dispuesto a renunciar a la riqueza, a la fama, al poder... a la inmortalidad.
A todas estas, ¿estaría Freud buscando una forma de aliviar sus propias culpas y se encontró con un buen negocio?
Un buen negocio que se mantiene, pero del que, gracias a los avances de las neurociencias y a una actitud más critica de los intelectuales, ya se están demostrando las imposturas de Freud y de su psicoanálisis, así la cultura popular se empeñe en mantenerlo, persistiendo en su propio autoengaño y perjuicio. Afortunadamente, de esas imposturas ya poco queda por rescatar.
Desafortunadamente, esa mentira seudocientífica de Freud, mediante la cual sólo se busca demostrar que nadie es culpable de sus actos, tan conveniente y que se ha sostenido por tantos años, es muy difícil de erradicar.
Dos historias:
Las historias que voy a contar se refieren a las siguientes imposturas de Sigmud Freud, en primer lugar, la vehemente negación/afirmación de las fuentes e influencias de las que se apropió para la formulación de su psicoanálisis, las que, no sólo nunca reconoció, sino que, como San Pedro, negó más de tres veces. Pero, como él mismo lo intuyó, las palabras siempre mienten, pero el cuerpo nunca miente y estas y éste lo traicionan y lo denuncian.
Y, en segundo lugar, contaré la historia de la génesis del Proyecto de Psicología (1950-1895), ese extraño escrito en el que, por ironía más que merecida y por estar ambicionando otras glorias, él no se percató que había intuido algunos importantes asuntos científicos, tal el caso de la teoría de las neuronas que Wilhelm von Waldeyer presentaría un año después.
Fue en el Proyecto de psicología en donde Freud se planteó las hipótesis científicas que le exigían para su psicoanálisis y sobre las que trabajó toda su vida:
1. La existencia de un Aparato Psíquico.
2. La existencia de una energía mental que recorre ese Aparato Psíquico ("Q" y "Qη"= "cantidad", lo cual explico más adelante).
3. El funcionamiento del Aparato Mental.
Para comprender lo anterior, estas son las abreviaturas que utilizó Freud en el Proyecto de psicología para justificar lo científico de sus propuestas:
Q = Cantidad (en general, o aquella que tiene el mismo orden de magnitud que las cantidades del mundo externo).
Qη = Cantidad (cuyo orden de magnitud es el intercelular).
φ = Sistema de neuronas pasaderas.
ψ = Sistema de neuronas impasaderas.
ω = Sistema de neuronas de percepción.
W = Percepción (Wahrnehmung) .
V = Representación (Vorstellung).
M = Imagen motriz
Estas hipótesis y los desarrollos que con posterioridad Freud hizo de ellas, aún para las ciencias de su tiempo, eran ya una impostura teórica y experimental y mucho más ahora cuando las neurociencias actuales están explorando y descubriendo los procesos cerebrales y mentales que desvirtúan por completo el anacrónico dualismo de cuerpo y alma, cuerpo y mente, objeto y sujeto. Dualismo que ya, para la época de Freud, era un concepto superado por filósofos como Nietzsche y por muchos científicos, pero que era todavía asumido por aquellos que temían las censuras y represalias de la sociedad y la poderosa moral cristiana de las iglesias, a las que Freud prefirió no provocar, manteniéndolo, eufemísticamente, en la existencia dual de esa energía y de esos aparatos psíquico y mental.
Por supuesto, no son las únicas imposturas y malabares teórico-científicos de los que Freud se valió para armar la gran impostura de su psicoanálisis (igual para el psicoanálisis de C. G. Jung), tales los casos de la interpretación de los sueños, del "inconsciente" o el de las pulsiones, primero, sexual y "yoica", luego, vida y muerte, Eros y Tánatos; en particular, esa de la pulsión de muerte que marcará su teoría y su celebridad, no sólo como psicólogo popular, sino también como sociólogo y filósofo.
Sin embargo, tanto brillo es sólo oropel, como puede deducirse de lo que dice Giorgio Colli en su libro La sabiduría griega, III:
"Nadie puede echar una mirada alegre sobre la existencia mientras esté convencido de que la muerte es algo real, aun desde el puntos de vista metafísico, o si se considera el mal como objeto en sí mismo. La experiencia contemporánea contrapone el principio de la vida al principio de la muerte. Sin embargo, para la sabiduría antigua, la muerte es una sombra alargada y vacilante que proyecta la vida, expresión de esa finitud que es el núcleo central de la realidad inmediata. Eso significa la alusión de Heráclito al hecho de que Dionisios y Hades son la misma divinidad {14[A 60]}. Freud contra Heráclito: ¿quién es el más sabio?" (Giorgio Colli, La sabiduría griega, III, Trotta, Madrid, 2010, p.196).
Lo que hace pensar que Freud interpretó a su conveniencia sus lecturas tanto de los antiguos griegos y muchos sabios posteriores, así como de Nietzsche.
Pero estos son asuntos que ameritan otros desenmascaramientos.
Así pues que, para aquellos ingenuos que inocentemente creen que Sigmud Freud inventó la psicología y que su psicoanálisis era una panacea para explicar y sanar todos los males psicosomáticos de la humanidad, además de una filosofía con la cual explicarse todo lo humano, me permito aclarar sólo ese par de imposturas: la negación/afirmación de sus fuentes e influencias y el Proyecto de psicología.
La primera:
Las fuentes de las que se apropió Freud
Es necesario reconocer que Freud era astuto, un individuo de brillante e intuitiva inteligencia y un hábil lector, lo que utilizó para la realización y logro de sus desmedidas ambiciones e insaciable afán de reconocimiento, hasta el punto de querer ser el fundador y profeta de una seudo religión científica institucionalizada, la que él y sus sumisos sectarios instituyeron y mantuvieron como una de las novedades más llamativas e influyentes durante buena parte del siglo XX.
Ahora bien y en primer lugar, voy a mostrar, sin entrar en un análisis detallado y crítico, que Freud se apropió de ideas importantes de las obras de Spinoza, Schopenhauer, Nietzsche, Carl Gustav Carus, Eduard von Hartmann, Pierre Janet y Lou Andreas Salomé, entre muchas otras, para la formulación de algunos aspectos fundamentales de su psicoanálisis, lo mismo que hizo C. G. Jung, para el suyo, pero ese es otro asunto.
Nótese que digo se apropió y no digo se inspiró, porque de haber sido así no hubiera tenido problema alguno en reconocer tan prestigiosas influencias, como "lo reconoce" (en cursiva y entre comillas, porque según el mismo Freud, es imposible mentir) con sus sucesivas negaciones/afirmaciones y sus curiosas evasivas al referirse a ellas.
Además, esa apropiación que hizo Freud de las ideas ajenas no se corresponde, de su parte, con una juiciosa investigación y un análisis crítico de los autores fagocitados, con la cual él hubiera elaborado una nueva y avanzada propuesta personal, sino que se limita a trasponerlas, trasformarlas, reinterpretarlas y hasta tergiversarlas, a su conveniencia, a veces con relativo éxito y otras, burda y toscamente, como se muestra más adelante.
Pero es que Freud tenía un grave y oscuro motivo para no haber reconocido tales expoliaciones: él, como ya lo dije, fue un inteligente, hábil e intuitivo lector que fagocitaba las ideas con las que formulaba sus propuestas a partir de sus lecturas, pero no fue un investigador estudioso, disciplinado y profundo, de filósofos y filosofías, motivo por el cual se puede afirmar que, al momento de enfrentar el análisis y la interpretación crítica de los autores y libros que leía, carecía de los fundamentos críticos e interpretativos necesarios para respaldarlos, aspectos estos para los que recurría, también sin otorgar el menor reconocimiento, a sus más cercanos amigos y admiradores, a los que obligaba a guardar silencio, tal el caso de Lou Andreas Salomé, a quien utilizó, no sólo para sintetizar adecuadamente aquello que de Spinoza y Nietzsche se apropió para el psicoanálisis, sino a la que también explotó para ese oscuro tratamiento y la extraña relación íntima en la que la comprometió con su hija Ana Freud. Ya que a él nunca le fue posible seducir a Lou, concluyó por considerarla una hija adoptiva hasta el final de su vida. Una incestuosa relación con explicación muy psicoanalítica que, como para todo, le permitía justificar sus pecados y perdonarse sus culpas.
Pero no es eso lo más grave de las apropiaciones y abusos que cometió Freud, varios y variados fueron los casos y escándalos de plagio y robo de ideas y manuscritos, además de otros abusos, en los que estuvo comprometido, tal el de la joven judía Sabina Spielrein, de quien Freud y Jung, no sólo abusaron y "disfrutaron" sexualmente, sino de la que también expoliaron sus ideas. Esto, junto con otros escándalos, lo denuncia John Kerr en su libro La historia secreta del psicoanálisis (Drakontos, Barcelona, 1995), al que remito a los interesados. Pero, esa es otra historia.
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Freud concibió el psicoanálisis como una especie de religión científica según la cual los individuos estaban sometidos por un "inconsciente" y los posteriores "yo, superyó y ello", y quienes se debatían en las tensiones del choque entre las fuerzas de Eros y Tanatos, y a lo cual sólo le era posible expresarse y ser accedido por medio de las palabras, pero no las palabras como tales, sino consideradas como señales y síntomas, "lapsus", a las que, por medio de la "libre asociación", el psicoanalista desata, provoca e interpreta, en una forma de terapia que busca establecer la armonía entre tales fuerzas y el equilibrio de la salud psicosomática.
Fue por ello que Freud nunca presentó ni un marco filosófico ni unas bases científicas para el psicoanálisis, pues este se regía sólo por las doctrinas, los dogmas y las normas que él dictó y que la sociedad de sus sectarios se encargaba de mantener, aplicar y difundir, en su total integridad con la misma acuciosidad y violencia de la Inquisición.
Tal fue el caso de Jacques Lacan, no el único, pero si el más célebre. El mismo Lacan lo expuso en su conferencia inaugural de 1964 en la École Normle Supérieure, referida a la influencia de Spinoza y que tituló: "La excomunión", para explicar cómo la Asociación Psicoanalítica Internacional intentó evitar que enseñara psicoanálisis, expulsándolo de su seno. Lacan comparó esta expulsión con aquel castigo al que el consejo de ancianos de la sinagoga y la comunidad judía holandesa condenó a Spinoza el 27 de julio de 1656.
La lista de los herejes del psicoanálisis y los motivos de sus expulsiones, es larga y profunda... y también, inspiradora y divertida.
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Freud se apropio de reconocidas ideas y conceptos de importantes filósofos y científicos, a los que dijo admirar o a los que ni siquiera mencionó.
Los estudiosos y críticos de Freud y del psicoanálisis lo han relacionado con variadas y numerosas fuentes filosóficas y científicas de las que él se apropió. Entre ellas: Spinoza, Carl Gustav Carus, Eduard von Hartmann, Pierre Janet, Schopenhauer, Nietzsche y Lou Andreas Salomé.
Sobre estas fuentes expoliadas por Freud, citaré los conceptos expresados por personas de autoridad, para que a partir de allí, quienes estén interesados se entusiasmen a desarrollar su propio estudio crítico.
- Spinoza:
La conferencia de Lacan tocaba un punto sensible para Asociación Psicoanalítica Internacional: Spinoza. Y se explica porque de la relación de Freud con Spinoza, escribe y hasta justifica el neurobiólogo Antonio Damasio:
"Aparentemente Spinoza tuvo una influencia importante en Freud. El sistema de Freud necesita del aparato de autopreservación que Spinoza propuso en su conatus, y hace un uso abundante de la idea de que las acciones de autopreservación se activan de manera inconsciente. Pero Freud no citó nunca al filósofo. Cuando se le preguntó sobre esta cuestión, se tomó mucho trabajo para explicar la omisión. En una carta a Lothar Bickel en 1931, Freud escribía: "Confieso sin dudarlo mi dependencia de las enseñanzas de Spinoza. Si nunca me preocupé de citar directamente su nombre es porque nunca extraje los principios de mi pensamiento del estudio de este autor, sino de la atmósfera que él creó". En 1932, Freud cerró la puerta de una vez por todas a cualquier reconocimiento. En otra carta, esta vez a Siegfried Hessing, decía: "He tenido, durante toda mi vida, una estima extraordinaria hacia la persona y el pensamiento de este gran filósofo. Pero no creo que esta actitud me confiera el derecho de decir públicamente nada sobre él, por la buena razón de que no tendría nada que decir que no hayan dicho otros". Siendo justos con Freud, hemos de recordar que Spinoza no reconoció ni a Van den Enden ni a Da Costa. Quizás si se le hubiera preguntado sobre esta omisión su respuesta podría haberse parecido a la de Freud" (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos, Drakontos, Barcelona, 2009, p. 242).
- Carl Gustav Carus, Eduard von Hartmann y Pierre Janet:
De la relación de Freud con Carl Gustav Carus, quien con Eduard von Hartmann y Pierre Janet, se consideran los precursores del concepto de "inconsciente", escribe Luis Montiel:
"Carl Gustav Carus es uno de los creadores de una doctrina acerca del inconsciente que resulta interesante desde la perspectiva actual por cuanto no es solamente "psicológica" sino que se fundamenta en los conocimientos biológicos de su tiempo. El "inconsciente" postulado por Carus posee una condición biológica, material, a la vez que psicológica. De este modo, la historia de psiquismo --la "historia del alma"-- se vincula a la historia biológica tanto del individuo como de la especie. En esta perspectiva el inconsciente se reconoce como fundamento indispensable del pensamiento racional. Esta teoría que recuerda en muchos de sus puntos a la de Jung, permite el estudio médico de la vida "psíquica" tanto como una revalorización de los factores inconscientes del psiquismo, habitualmente denostado por los antropólogos y moralistas de la modernidad" (Luis Montiel, Materia y espíritu: El inconsciente en la Psicología de Carl Gustav Carus (1779-1868 ).
El libro más influyente de Carl Gustav Carus, Psyché, el mismo que Dostoievski reclamara con insistencia poco antes de empezar a escribir sus grandes novelas, también fue lectura para Nietzsche, Freud y Jung, quienes, igualmente, fueron atentos lectores de la obra de Eduard von Hartmann y Pierre Janet.
Una crítica comparativa de la concepción de "inconsciente" de Carus, von Hartmann y Pierre Janet, con la de Freud, mostraría con mejor detalle qué fue de aquello de lo que Freud se apropió y reinterpreto a su conveniencia.
Esta, por ejemplo, es la concepción del inconsciente de Eduard von Hartmann, de cuya "desilusión de la voluntad de vivir", Freud, además, toma su más célebre "pulsión de muerte":
El inconsciente aparece como una combinación de la metafísica de Hegel y la de Schopenhauer. El inconsciente es a la vez deseo y razón y la base omnipresente de toda existencia. Von Hartman combina de esta forma el panteísmo con el panlogismo de manera similar a lo realizado por Schelling en su filosofía positiva. Sin embargo el deseo y no la razón es el aspecto principal del inconsciente, cuyo carácter melancólico está determinado por la primacía del deseo y la servidumbre de la razón. Precósmicamente, el deseo es potencial y la razón latente, y el deseo está vacío de razón cuando pasa de la potencialidad al deseo real, que es miseria absoluta, y, para curarla, el inconsciente evoca su razón y con su ayuda crea el mejor de los mundos posibles (Spinoza), que contiene la promesa de su redención de la existencia real por la emancipación de la razón de su subyugación al deseo en la razón consciente del pesimismo iluminado. Cuando la mayor parte del deseo está tan iluminado por la razón como para percibir la inevitable miseria de la existencia, se hará un esfuerzo colectivo por desear la no existencia, y el mundo deseará recaer en la nada, el inconsciente en la inactividad.
Por más que Freud se lo propone, en el primero y en el segundo tópico, así como en todas sus demás explicaciones para "su inconsciente", al tratar de formular una teoría verdaderamente científica de este, propia y fundamento de su psicoanálisis, sus esfuerzos no pasan de ser vanos intentos por acomodar y trasponer, a veces de manera tosca, las ideas, conceptos y propuestas del inconsciente natural y biológico como lo proponen Schopenhauer, Carus, von Hartmann y Pierre Janet, para convertirlo en "su inconsciente" y sus "formaciones del inconsciente", de presencias, fuerzas y energías inhibidas o reprimidas: una anamorfosis sin fin.
Hasta tal punto y como Thomas Man lo ha subrayado en las analogías entre la metafísica de Schopenhauer y la doctrina de Freud, en la que los conceptos de voluntad y de intelecto, propios del primero, son similares con los de yo y superyó del tópico freudiano.
A lo que habría que agregar que Freud también se apropia y reinterpreta para el beneficio de sus teorías de los sueños, la teoría que Schopenhauer propone en los Parerga, según la cual y como lo dice Giorgio Colli en Ellenismo e oltre :
"Los sueños estarían determinados por un sistema de ganglios en el cerebro, que determina a su vez las representaciones, una vez que esté libre de las excitaciones externas de los sentidos y de sus mismos pensamientos".
En el caso de Pierre Janet (1859-1947), contemporáneo de Freud, la expoliación es tan evidente como vehemente es la negativa de Freud de haber conocido tanto su tesis de 1889 sobre el automatismo psicológico y sus otras obras, así como el trabajo clínico del psicólogo y neurólogo francés y sus experiencias con la escritura automática como parte de su práctica curativa de la histeria, las fobias y otros comportamientos anormales, a partir de la cual desarrolló su teoría del inconsciente como origen de comportamientos físicos y psíquicos, disociaciones e ideas fijas, etc.
- Friedrich Nietzsche:
El temprano contacto de Freud con la obra y el pensamiento de Nietzsche, lo explica Mazzino Montinari:
"Otro encuentro (de Nietzsche) que sólo duró un par de semanas con el joven doctor Joseph Paneth, de Viena, es interesante porque - como lo ha observado en primer término E. F. Podach - establece una especie de relación entre Nietzsche y el psicoanálisis. Paneth, en efecto, no es otro que el “amigo José” de Freud, conocido a través de la Interpretación de los sueños. Paneth ha registrado en un diario de gran interés sus encuentros con Nietzsche. Es también el testimonio de la influencia subterránea de Nietzsche durante esos años. Es completamente probable, por lo tanto, que Freud haya tenido noticias de Nietzsche y de sus ideas muy tempranamente, por medio de Paneth" (Mazzino Montinari, Nietzsche, p. 63).
Ahora bien, Nietzsche también fue intuitivo lector de Carl Gustav Carus y de Eduard von Hartmann, así que no es extraño que de Nietzsche, al que reconoció admirar, Freud se apropiara de no pocos de sus pensamientos, ideas y conceptos, los que traspuso y redefinió, también, toscamente.
Son varios y variados los ejemplos que se pueden mencionar:
Tal el caso de correspondencia realmente notable entre el concepto de Super yo y la exposición de Nietzsche sobre el origen de la "mala conciencia", en La genealogía de la moral:
"Todos los instintos que no se desahogan hacia fuera se vuelven hacia dentro - esto es lo que yo llamo la interiorización del hombre: únicamente con esto se desarrolla en él lo que más tarde se denomina su “alma”. Todo el mundo interior originariamente delgado, como encerrado entre dos pieles, fue separándose y creciendo, fue adquiriendo profundidad, anchura, altura, en la medida en que el desahogo del hombre hacia fuera fue quedando inhibido. Aquellos terribles bastiones con que la organización estatal se protegía contra los viejos instintos de la libertad -las penas sobre todo cuentan entre tales bastiones- hicieron que todos aquellos instintos del hombre salvaje, libre, vagabundo, diesen vuelta atrás, se volviesen contra el hombre mismo. La enemistad, la crueldad, el placer en la persecución, en la agresividad, en el cambio, en la destrucción -todo esto vuelto contra el poseedor de tales instintos: ése es el origen de la “mala conciencia”. El hombre que falto de enemigos y resistencias exteriores, encajonado en una opresora estrechez y regularidad de las costumbres, se desgarraba, se perseguía, se mordía, se roía, se sobresaltaba, se maltrataba impacientemente a sí mismo, este animal al que se quiere “domesticar” y que se golpea furioso contra los barrotes de su jaula, este ser al que le falta algo, devorado por la nostalgia del desierto, que tuvo que crearse a base de sí mismo una aventura, una cámara de suplicios, una selva insegura y peligrosa -este loco, este prisionero añorante y desesperado fue el inventor de la “mala conciencia”. Pero con ella se había introducido la dolencia más grande, la más siniestra, una dolencia de la que la humanidad no se ha curado hasta hoy, el sufrimiento del hombre por el hombre, por sí mismo, resultado de una separación violenta de su pasado de animal, resultado de un salto y una caída, por así decirlo, en nuevas situaciones y en nuevas condiciones de existencia, resultado de una declaración de guerra contra los viejos instintos en los que hasta ese momento reposaban su fuerza, su placer y su fecundidad" (Friedrich Nietzsche, La genealogía de la moral, Tratado segundo: "Culpa", "mala conciencia" y similares, 16).
Como cita, explica y hasta justifica, Adolfo Vásquez Rocca:
"Nietzsche describe así el proceso en unos términos filogenéticos que Freud hubiera suscrito y que vislumbró en Tótem y tabú, pero en el libro al que nos referimos (Libro de actas de la Sociedad Psicoanalítica de Viena), Freud se ocupó de este concepto en un nivel profundamente ontogénico, señalando cómo la comunidad de la forzada vida social está representada en la temprana infancia por el ejemplo de los padres. Freud hubiera sostenido la continuidad de las dos fuentes: la heredada y la adquirida, que por su naturaleza siguen un curso parejo. Hitschmann había leído un trabajo de este libro de Nietzsche en octubre de 1908, en la Sociedad de Viena, que dedicó a su discusión dos noches. Es improbable que esto no haya dejado ninguna impresión en la mente de Freud, si bien pasaron muchos años antes de que tal impresión diera algún fruto".
De igual forma, Freud se apropió de otros conceptos de Nietzsche, tales como "sublimación", "conversión", "transformación", los que traspone y redefine para explicar las energías y fenómenos del instinto sexual, tal y como lo critica Karl Jasper en Psicopatología general (Buenos Aires, Beta, 1963, p. 424). En Psicopatología general (1913), Jaspers denunció las pretensiones científicas de la psicoterapia tachándolas de engañosas y deterministas.
Estos son sólo algunos ejemplos para ilustrar, porque el asunto amerita una más amplia investigación crítica. Pero existe otro que merece una mayor atención:
- Lou Andreas Salomé:
Lou Andreas Salomé fue una filósofa de fina y amplia formación que tomó a Spinoza como inspiración existencial y que de Nietzsche recibió un notable influjo, formación y conocimientos, y quien en 1910 entró en contacto con Freud y fue aceptada en el íntimo y cerrado círculo psicoanalítico de Freud en Viena y que allí recibió la formación psicoanalítica que ella utilizó de manera propia, no sólo como actividad profesional, sino para proponer originales y contrarias ideas sobre muchos asuntos, las que están contenidas en sus numerosos escritos, ideas que Freud no sólo tuvo que aceptar sino de las que también llegó a apropiarse, como en los asuntos del "narcisismo" y el erotismo femenino.
La relación de Lou con Freud y el psicoanálisis está ampliamente documentada y son reconocidos los aportes teóricos que ella hizo al psicoanálisis, así como sus relaciones, amistad y el apoyo que brindó a algunos de los primeros "herejes" del psicoanálisis.
Lo que si no se ha demostrando con claridad es su participación en la disimulada naturalización de las ideas de Spinoza y de Nietzsche en el psicoanálisis, asunto que todavía quedará pendiente.
La segunda:
Génesis del Proyecto de psicología (1950-1895)
Introducción
El único y desesperado intento de Freud por establecer una base científica para su psicoanálisis lo constituye el Proyecto de psicología (1950-1895), un texto especulativo, casi de ciencia ficción para su época, en el que, a partir de la intuición de una teoría de las neuronas, de cuya originalidad e importancia no se dio cuenta, expone algunas de las ideas que luego desarrollará por el resto de su vida.
Ateniéndome a la biografía, se puede decir que para 1895, Freud se enfrentó a la gran crisis de su existencia: estaba a punto de cumplir los 40 años y como profesional de la medicina había fracasado, en primer lugar, porque no había sabido valorar ni apropiarse de su gran descubrimiento: el uso de la cocaína como anestésico ocular y, en segundo lugar, porque se había quedado aislado con su familia y sin amigos, pues no sólo había roto su relación con Josef Breuber, tras el fracaso y mentiras de sus Estudios sobre la histeria, sino que los demás colegas se habían distanciado a causa de la postura de Freud con relación a la incidencia sexual y el tratamiento de la histeria y la neurosis, punto que rechazaba no sólo la comunidad científica sino también la sociedad vienesa.
En esas circunstancias, lo único que de algún valor científico tenía Freud entre manos era su teoría de la seducción, la que, por el contenido de sus mismas propuestas, de haberla presentado públicamente, le hubiera acarreado un mayor rechazo y aislamiento. Teoría de la seducción que luego descartó por el miedo a las consecuencias sociales que le acarrearían el desnudar la hipócrita actitud moral, ética, legal y política, de la sociedad frente al generalizado abuso sobre los niños.
Sobre estos asuntos, muchos años después, denunció Jeffrey Moussaieff Masson las causas por las qué Freud renunció a la teoría de la seducción en su libro El asalto a la verdad (Seix Barral, Barcelona, 1985). A lo que debe agregarse lo que la psicoanalítica renegada, Alice Miller, demostró sobre la perversidad de la violencia institucionalizada y el abuso sexual contra los niños en sus libros El drama del niño dotado (Tusquets, Barcelona, 1985), El saber proscrito (Tusquets, Barcelona, 1990) y Por tu propio bien (Tusquets, Barcelona, 1998).
Como hombre desesperado, astutamente, Freud tomó en aquel momento de crisis lo mejor de su experiencia y lo peor de sus intenciones y escribió el Proyecto de psicología, un texto extraño, para decir lo menos, en el cual proponía lo que él consideraba los fundamentos científicos de la psicología:
"El propósito de este proyecto es brindar una psicología de ciencia natural, a saber, presentar procesos psíquicos como estados cuantitativamente comandados de unas partes materiales comprobables, y hacerlo de modo que esos procesos se vuelvan intuibles y exentos de contradicción" (Sigmund Freud, Obras Completas de Sigmund Freud. Standard Edition. Ordenamiento de James Strachey, Volumen 1 (1886-99). Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Freud, Proyecto de psicología. (1950 [1895]).
Como siempre le sucediera con sus verdaderos descubrimientos y aciertos, Freud no se dio cuenta de la importancia y trascendencia de lo que había intuido y que verdaderamente era lo más importante de su Proyecto: la teoría de las neuronas.
Sobre ello escribe Ronald W. Clark:
"Más avanzado el año (después de julio de 1895), escribió en pocas semanas un elegante artículo en el que intentó describir los procesos psíquicos en términos de fuerzas mensurables, intento en que faltó poco para que esbozase la teoría de las neuronas, que Wilhelm von Waldeyer presentó al año siguiente, y describiera el sistema nervioso en término de neuronas, nombre dado (por el mismo von Waldeyer en 1891) a las células nerviosas individuales y sus prolongaciones" (Ronald W. Clark, Freud: El hombre y su causa, Planeta, Barcelona, 1985, p. 84).
Por lo extraño de este proyecto y por las circunstancias en las que fuera concebido, amerita el que se cuente su historia con mayor amplitud en la segunda parte de este texto.


NOTAS
(1) Sigmund Freud / Obras Completas de Sigmund Freud. Standard Edition. Ordenamiento de James Strachey / Volumen 1 (1886-99). Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Freud / Proyecto de psicología. (1950 [1895]).
(2) Carta LVI, Spinoza Opera (ed. Carl Gebhardt) vol. IV, pag. 260 (trad. cast. J.D. Sánchez Estop de la Correspondencia Completa, Madrid, Hiperión, 1.988, pp. 151-152).




24 de diciembre de 2010




Carta eleusina No. 5

Iván Rodrigo García Palacios

"Si el físico puede llegar a conocer aquello que hemos llamado un fenómeno primigenio, queda entonces aliviado, y el filósofo con él. El primero porque está convencido de haber llegado a los límites de su ciencia, de que se encuentra en las alturas empíricas, desde donde, hacia atrás, puede vislumbrar la experiencia en todos sus niveles, y, hacia adelante, el reino de la teoría, donde puede penetrar. El filósofo queda aliviado porque toma del físico algo último, que para él se convierte en algo primero".

J. W. Goethe, Teoría de los colores.



Apreciado Lucilio, "te saludo"

Continuando con mis juegos de gaya ciencia:

***

Nunca estará perdido aquel que siempre sabe qué y cómo siente, sabe quién es y sabe dónde está, porque siempre sabrá qué quiere, cómo lograrlo y a dónde ir.

"Conocer qué somos para saber qué podemos y qué debemos hacer" (Pierre Charron citado por Michel Onfray).

***

El gran Anhelo:

Nunca nadie está contento con lo que tiene. Los humanos siempre quieren "algo más", pero nunca saben qué.

La perpetua insatisfacción tiene dos caras: es El Gran Anhelo, la gran motivación que nos impulsa a viajar a las estrellas, pero también es el infierno al que nos condenan la impotencia y la ambición.

***

Tres paradojas:

1. El Homo-Humano es más de lo que piensa qué es, pero menos de lo se cree qué es.

2. Todos los organismos vivos son determinados. El Homo-Humano es más libre de lo que piensa, pero menos de lo que él se cree.

3. Mujeres y hombres son diferentes, más de lo que piensan, pero menos de lo que ellos se creen.

***

El cuerpo ya existía como un todo desde antes que el Homo-Humano inventara la palabra para nombrarlo y escindirlo.

***

Todo organismo vivo depende, necesariamente, de la comunicación para cumplir los imperativos básicos: supervivencia, reproducción y adaptación.

***

Los Homo-Humanos dependen, necesariamente, de la comunicación para lograr Ser, desarrollarse en todo sentido, inventar la cultura y, con ella y en el mundo, lograr todo lo que son y hacen.

"La cultura (...) llega incluso a ser capaz de influir en la evolución genética" (Luigi Luca Cavalli Sforza, La evolución de la cultura, Anagrama, Barcelona, 2007, p. 19).

***

La definición, finalidad, efectos y resultados, de la comunicación, referida a esos imperativos básicos, estará determinada por las circunstancias y condiciones biológicas, ambientales y genético-culturales de los individuos y de los grupos de individuos, bien sea por su naturaleza o bien por la asociación predeterminada o deliberada entre ellos.

***

La comunicación de los Homo-Humanos, además de por los imperativos anteriores, está determinada por las culturas propias y por la genética. Las culturas, como la genética, evolucionan y esa evolución cultural se genera dentro del mundo y en el ámbito de cada cultura y en las relaciones entre las culturas.

***

Se podría decir, a manera de hipótesis descabellada, que las culturas y cada cultura en particular, es el desarrollo y evolución de los modos, maneras e inventos, mediante los cuales el Homo-Humano y los grupos asociados de Homo-Humanos, Son y Están en el mundo.

Como lo propuso Marshall McLuhan: todo lo que inventa el Homo-Humano es una extensión de su propio cuerpo. El primer invento: la cultura.

***

Las palabras siempre mienten. El cuerpo nunca miente.

***

Si se acepta como válido que todo acto de expresión y de comunicación humana es el resultado y la expresión organizada de un proceso biológico, cerebral, neuronal, mental y cultural, se podría proponer, entonces, que entre los propósitos de las investigaciones y estudios de la neurocomunicación (neuropropaganda, neuropublicidad, neuropolítica, neuromarketing, etc.), deben estar los siguientes:

- Desentrañar los procesos neurobiológicos y culturales por medio de los cuales se provocan y producen las reacciones, síntomas, gestos, señales e imágenes, en los procesos de comunicación y cómo se desarrollan los códigos articulados y sistematizados y, a partir de estos, identificar los propósitos y significados, particulares y universales, con los cuales los Homo-Humanos expresan y comunican sus necesidades, intenciones, deseos, etc, al mismo tiempo que deciden y realizan sus acciones, bien por imperativa naturaleza (actividad pre-reflexiva, automática e involuntaria) o bien por deliberada decisión (actividad reflexiva).

- Desentrañar el funcionamiento y los procesos y con ellos las reacciones, síntomas, gestos, señales, imágenes y efectos, neurales y virtuales, que provocan y producen las expresiones de comunicación a través de las palabras, imágenes, sonidos, etc. y cualquiera otro sistema articulado de señales, signos, símbolos, palabras, etc., así como determinar los efectos y las consecuencias que estas significan para las decisiones, actuaciones y comportamientos de los individuos. Este ha sido el campo de investigaciones y estudios de la neurolingüítica, la psicolingüítica, etc.

- Dotar, deliberada y específicamente, de significados y del poder de generar reacciones, síntomas, gestos, señales e imágenes, neurales y virtuales, a las señales, signos, símbolos, palabras, imágenes, sonidos, etc., de los lenguajes e idiomas articulados, con un propósito previamente definido, establecido, evaluable y controlable. Este ha sido el campo -no teorizado- de la acción de las artes y de los artistas.

***

(Escribí para mí, para ti, para quien sea),

"Que sigas bien"

Iván Rodrigo García Palacios.

20 de noviembre de 2010



Carta eleusina No. 4

Iván Rodrigo García Palacios



Espíritu - es la vida que muerde en la propia carne ¡en su padecimiento acrecienta su saber!” (Nietzsche).



Apreciado Lucilio, "te saludo"

Como me sucede siempre que concluyo la escritura de alguno de mis divertimentos: al terminar la escritura de "Nietzsche: El enigma de Ariadna", estoy pasmado, apenas siento y pienso en breves imágenes.

Así que para sentir con la frase de Nietzsche y mientras se me pasa esta depresión posparto, me entretengo jugando a la gaya ciencia y escribo las notas que ahora guardo aquí para recordarlas luego, pues sé que en ellas están el germen y las semillas de mis próximos juegos de Lectura Lúdica.

***

La Naturaleza es la Ley.

***

Del punto de partida y de la meta, nada sé. Sólo el camino me pertenece.

***

El universo se nos hace más viejo cada vez que descubrimos un nuevo conocimiento.

***

Los cuerpos sienten. Todo lo demás, se piensa.

***

Definía Spinoza: mente y cuerpo son atributos paralelos, manifestaciones de la misma sustancia (Ética, parte I), para luego agregar:

"La mente humana es la idea del cuerpo humano".

(Spinoza, Ética, parte II).

Cuerpos que sienten, porque:

"Los sentimientos de dolor o placer, o de alguna cualidad intermedia, son los cimientos de nuestra mente" (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobilogía de la emoción y los sentimientos, Crítica, Drakontos, Barcelona, 2009, p. 9.).

***

El cuerpo es un compuesto organizado de materia y energía que procura el mantenimiento de tal organización para sobrevivir con bienestar a partir de las imágenes neurales y virtuales permanentes y continuas de su estado de forma.

***

Para el cuerpo no existen adentro ni afuera, es la mente el mediador que organiza al mundo.

***

La mente es la gestora y gestionadora del archivo dinámico y virtual de las imágenes, neurales o virtuales, placenteras o dolorosas, del cuerpo, el mundo y los otros, las que el cuerpo y el cerebro procesan para informarse de sus estados y reaccionar a aquello que los afecta.

***

A la mente le repugna el desorden e inventa códigos para facilitar, mantener, imaginar, pensar y proyectar el orden.

***

La imaginación es la trasformación de las imágenes neurales en imágenes virtuales para su manejo, memorización y comunicación.

***

El pensamiento es la verbalización que producimos de las imágenes, neurales o virtuales, placenteras o dolorosas, del cuerpo, del mundo y de los otros para su manejo, memorización y comunicación.

***

Las palabras siempre mienten. Los cuerpos nunca mienten.

***

¿Qué debe hacer el filósofo cuando la ciencia disuelve la solidez de sus certezas?

***

Las filosofías y las ciencias nacieron de la antigua Sabiduría griega. Al principio como hermanas siamesas, luego, las ideologías las hicieron enemigas irreconciliables... hasta el sol de hoy.

***

Filosofías y ciencias son la misma cosa: pensamientos.

***

Las artes son la expresión de las sensaciones de las imágenes de la vida.

***

Las ciencias son el estudio de lo que Es. Las filosofías son las propuestas de lo que debe Ser. Las artes son las expresiones de la vida.

***

Todo lo que tiene limite es determinado. El límite del Homo-Humano es la Naturaleza.

***

Cuando el Homo-Humano emergió del laboratorio de la Naturaleza, ese compuesto organizado de materia y energía ya había acumulado más de tres mil millones de años de experiencia evolutiva. ¡Una impresionante sabiduría!

***

Esa Gran Sabiduría es la que da lugar a la Gran Inteligencia del Homo-Humano y es de ella que emergen todas sus otras inteligencias:

- Inteligencia reactiva.

- Inteligencia genética.

- Inteligencia de los sentidos.

- Inteligencia de los instintos.

- Inteligencia de las emociones.

De las cuales, a su vez, se derivan las siguientes:

- Inteligencia de los apetitos y las motivaciones.

- Inteligencia de los deseos.

- Inteligencia de las pasiones o afectos (ver Spinoza, Ética, para los afectos).

- Inteligencia de los sentimientos.

Pero y lo más asombroso, de todo ello emana aquello que eleva lo humano por sobre la materia y la energía original:

- La carne que anhela: El Gran Anhelo: El Espíritu.

***

Es de ese cuerpo y de esa mente de los que los neurocientíficos Antonio Damasio y Marco Iacoboni investigan los procesos que nos distinguen como humanos y de los que emergen todas esas inteligencias que se desarrollan en las culturas: las inteligencias múltiples que investigara Howard Gardner.

En fin, asuntos temas y Lecturas Lúdicas que hacen arder mi carne como estrellas en la bóveda de mi cráneo y que mantienen el furor de mi viaje por las constelaciones de lo desconocido.

(Escribí para mí, para ti, para quien sea),

"Que sigas bien"

Iván Rodrigo García Palacios.

2 de octubre de 2010


Carta eleusina No. 3

Iván Rodrigo García Palacios

Apreciado Lucilio, "te saludo"
En respuesta a mi anotación:
Todo lo que existe es pasado. Todo es eterno retorno. El futuro no existe, todavía, y el futuro que imaginamos o pensamos, ya es pasado. Y, ¿el presente?: ¿necesidad?

Me propones:
Pensar es una actualización de la memoria. El pasado es profético. El presente es una mística. El futuro es un deseo de perdurar.

Ahora sí que Somos y Estamos en esos territorios que, por más que se los explore y cartografié, no dejan de deparar asombros, pareciera que permanecen como territorios siempre por conocer: el laberinto dionisiaco y el enigma apolíneo.
Como cada uno de esos territorios es en sí un mundo, ahora sólo voy a elaborar algunas consideraciones sobre la conexión que se establece entre lo que pienso sobre "la necesidad, el espacio y el tiempo" y lo que interpreto en "ese deseo de perdurar", en los que yo contemplo la emergencia del cuerpo, la mente y el espíritu: "la Necesidad, el Espacio y el Tiempo".
Para ello y sin salirme, por el momento, del ámbito de los misterios eleusinos o, lo que para mí, es la Lectura Lúdica, la que bien puede considerarse como acción previa o simultánea o complementaria con la Terapia dialógica en el Tercer mundo del diálogo, voy a explorar algo a la manera de las arqueologías genéticas de Michael Onfray.
Si estoy en lo cierto y como ya lo expuse en las cartas anteriores, las celebraciones eleusinas se proponían la "sanación" del espíritu colectivo e individual por medio las sabidurías dionisiaca y apolínea, tal y como lo hiciera Epiménides en Atenas para purificarla y restaurar, en el ánimo de los atenienses, la tranquilidad y la sabiduría del gozo primitivo.
Al igual que aquellos atenienses, habitamos la ciudad del tiempo y el espacio convencionales y, simultáneamente, Somos y Estamos inmersos en el universo "del tiempo que no envejece" y el espacio sin espacio de lo místico. En el tiempo y el espacio convencionales, la memoria se actualiza y reorganiza para interpretar el pasado, enfrentar el presente y proyectar en el futuro. En "el tiempo sin tiempo" y en el espacio sin espacio de lo místico, se habita en el tiempo de Ananke (la Necesidad) y en el espacio de su idéntica por naturaleza, Adrastea:
"La [teogonía] trasmitida por Jerónimo y Helánico -si es que no se trata de una misma persona- se expresa así: Desde el principio existía el agua, y la materia, de donde tomó cuerpo la consolidación de la tierra... Después de estos dos principios, agua y tierra, y a partir de ellos, se originó un tercero, un dragón con dos cabezas, una de toro y otra de león, y con la figura de un dios en el medio cuerpo; tenía también alas en los hombros, y su nombre era Tiempo que no envejece y, también, Heracles. Con él iba unida Ananke, idéntica por naturaleza a Adrastea, incorpórea y con los brazos extendidos sobre todo el ámbito del mundo, hasta tocar sus confines" (Damascio, Sobre los principios, 123 bis).

Esos son también la ciudad y el universo de "el tiempo sin tiempo" y el espacio sin espacio de Mnemosine:
"Mnemosine nos enseña que lo que tenemos que recuperar es precisamente el origen de todos nuestros recuerdos, ese punto en el que todavía no ha comenzado el tiempo. Y ésta exactamente es la enseñanza mistérica: el camino que hay que remontar para llegar al tiempo sin tiempo, la sucesión de generaciones de dioses y de hombres, la suma de los mitos de Orfeo, no son más que juegos de apariencias" (Giorgio Colli, La sabiduría griega, I, Trota, Madrid, 2008, p. 45).

Voy a comenzar por "el tiempo que no envejece", la Necesidad y "el ámbito del mundo" (Ananke = Adrastea).
Sobre el asunto de la Necesidad y a diferencia de los imperativos naturales, que explico más adelante, es también necesario considerar una Necesidad existencial imperativa: para poder Ser y Estar, sentirse y explicarse, el Homo-Humano necesita a "los Otros" y, para complicar las cosas, necesita "un Otro", único y específico que lo sienta y complemente en su destino.
He ahí el origen de la tragedia y la Sabiduría de los sabios más antiguos que los más antiguos de los sabios griegos. Ellos encarnaron en Dionisios, en Apolo y en Eros, a la Sabiduría y a la tragedia, la vida y el Logos:
Dionisios Baco, el que festeja en alegre compañía de los humanos. Dionisios Zagreo, el que en su soledad se contempla y contempla el mundo -creándolo- en el espejo, permitiendo así que los Titanes lo desmiembren para que sus miembros sean repartidos por el mundo en búsqueda de compañía. Y Dionisios Iakchos, el que resucita: "La estrella naciente "portadora de la luz de los misterios nocturnos" (Aristófanes, Las ranas), el dios por-venir".
Dionisios: la sabiduría de la vida. Apolo: la sabiduría del conocimiento, pero del conocimiento del futuro. Y Eros: el que, para el Sócrates del Banquete, es "el deseo de engendrar en lo bello" (Platón, Banquete, 180 c-e y 199 c - 212 c).
Ahora sí y en el ámbito de la Naturaleza. Por imperativo natural, toda la materia orgánica dotada con la vida, tal y como la conocemos en este planeta, responde a tres condiciones imperativas y a dos reacciones básicas: las primeras: sobrevivir, reproducirse y adaptarse; las segundas: atracción y rechazo, las que, en términos biológicos, son placer y dolor, la reactividad. Eso es lo que llamo "la Necesidad, el Tiempo y el Espacio" y es a lo que considero como el punto de partida de todo lo que, hasta ahora, ha sido y ha realizado el Homo-Humano y su presente.
Es de ese presente donde Son y Están el cuerpo, la mente y el espíritu y donde se manifiestan todas las necesidades: tiempo y espacio:
"(...) en realidad, el punto de arranque de las representaciones sensibles -o sea, su principio- puede pretender, con razón, denominarse "tiempo", igual que el punto de arranque de las representaciones abstractas -es decir, su principio- puede pretender, con la misma razón, denominarse "necesidad". Y, ¿quién podría negar que las representaciones abstractas están íntimamente "asociadas" con las sensibles?" (Giorgio Colli, La sabiduría griega, I, Trota, Madrid, 2008, p. 45).

Eso es lo moderno de los más antiguos sabios griegos y de lo que ahora algunos de los modernos disfrutan.
Para no complicarme con un análisis crítico extenuante e innecesario, por el momento, sólo voy a proponer, en el Tercer mundo del diálogo, el asunto sobre ese futuro que propones como "un deseo de perdurar", junto a lo que, por mi parte, propongo como la emergencia del espíritu, que son territorios comunes a nuestras exploraciones, coincidencias y divergencias.
Pero, en este ámbito, ¿que es el espíritu?
Simplificando, para los sabios griegos los asuntos de materia y espíritu, así como sus respectivas representaciones y sus conexiones, eran bien claros: lo sensible y lo abstracto; pero ese asunto se volvió complejo y complicado a partir de Platón y Aristóteles, lo que, casi todos sus epígonos, por diversidad de intereses personales, se han encargado de revolverlo en un galimatías, todavía sin fin.
Lo cierto es que, a diferencia del alma y el espíritus idealizados, el espíritu como manifestación sensible es mucho más real y poderoso, sin que por ello se pierda un ápice de su concepción maravillosa, porque, el espíritu como emanación de la vida natural, como lo propone George Santayana o, como otros antes que él, que lo consideraban una manifestación de la Naturaleza, es una fuerza real, concreta y poderosa de la naturaleza vital del Homo-Humano y eso es algo sobre lo que es posible actuar.
Antes, quiero precisar eso que llamas deseo y a lo que prefiero considerar anhelo -puede que sólo se trate de una diferencia semántica y que ambos estamos diciendo lo mismo-. Sin embargo, prefiero precisarlo, porque, tal y como lo explica el neurocientífico, Antonio Damasio, el deseo es todavía un impulso más cercano a la fisiología, mientras que el anhelo, como lo citaré más adelante, es un rasgo profundo o superior de la mente humana.
Atrás planteé el imperativo natural de la vida en el cual opera el deseo. Según la escala de complejidad de ese imperativo natural, todas las manifestaciones y expresiones de los organismos vivos están dirigidas imperativa y automáticamente hacia la supervivencia con bienestar (homeostática), la reproducción y la adaptación, a partir del mecanismo biológico de la reactividad: la reacción automática ante estímulos internos y externos de placer y de dolor: atracción-rechazo, lo cual funciona por medio de la acción de mecanismos y procesos que van de lo simple a lo complejo y que actúan simultáneamente según la sencillez o complejidad del organismo.
Estas reacciones, de lo simple a lo complejo, son:
"1. Respuestas inmunes, reflejos básicos, regulación metabólica.
2. Comportamientos de placer y dolor.
3. Instintos, apetitos y motivaciones.
4. Emociones, deseos, pasiones o afectos (ver Spinoza, Ética, para los afectos).
5. Sentimientos".
(Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobilogía de la emoción y los sentimientos, Crítica, Drakontos, Barcelona, 2009, p. 40).

Como se puede ver, el deseo, como tal, es todavía un mecanismo que, por su complejidad, necesariamente funciona entre lo fisiológico y lo mental.
Por su parte, el anhelo, como el mismo Antonio Damasio lo propone, es algo "más allá", por sobre y superior a esta escala:
"El anhelo es un rasgo profundo de la mente humana. Esta implantado en el diseño del cerebro humano y en el acervo genético que lo engendra, no menos que los rasgos profundos que nos conducen con gran curiosidad hacia una exploración sistemática de nuestro propio ser y del mundo que lo rodea; los mismos rasgos que nos impulsan a construir explicaciones para los objetos y situaciones de este mundo" (Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobilogía de la emoción y los sentimientos..., p. 249).

En este punto, la propuesta de Antonio Damasio se adapta, conecta y corresponde con mi idea:
El espíritu es un anhelo de futuro

Es de la carne (materia y energía organizadas) de donde emergen los anhelos y las obras de los Homo-Humanos, pero sólo será del espíritu su bondad o perversión: ángel y demonio.
Las ciencias del "más acá", las del "más allá" y las del "punto medio", exploran lo desconocido en su afán por desvelar el enigma de la vida y el sentido de ser humanos. Las primeras, desde la carne, las segundas, desde el alma y las terceras, desde el espíritu del mundo. Esas búsquedas, al parecer, se orientan en direcciones contrarias en ese eterno cíclo en el que al fin se reunirán ante el portón que Nietzsche llamó "instante" y es ese momento del que Santayana dice que el espíritu emana de la vida natural (Georges Santayana: Platonismo y vida espiritual, Trotta, Madrid, 2006, p. 57).
Hasta entonces y hasta que esas ciencias recorran sus caminos y se produzca el encuentro, he aquí unas miradas a los paisajes del espíritu.
Desde los remotos tiempos de la humanidad, los Homo-Humanos se han asombrado ante aquellas fuerzas y poderes que los superan y a las que han llamado espíritus.
Espíritus han sido las manifestaciones extraordinarias de la Naturaleza y sus criaturas, así como de todos aquellos fenómenos para los que, en ese momento, se carece de explicaciones y se las considera sobrenaturales.
Pero, también, espíritu se ha denominado a aquellos estados en los cuales los Homo-Humanos, individual o colectivamente, superan su débil y frágil condición. La historia de la humanidad es un extenso catálogo de actos de superación heroica. Pueblos e individuos que, desde casi la nada, han alcanzado metas y objetivos supremos o macabros.
De griegos y romanos y de aquellos que heredaron su espíritu, para localizarnos en Occidente, se sabe que espíritu fueron aquellas manifestaciones, numen o "soplo", de fuerzas y poderes superiores al común de los humanos y a las que asociaron con posesiones de dioses y demones. Héroes y "maniáticos" poseídos por una locura sagrada que los impulsaba a realizar actos supremos de bondad o perversión y es por ello que el espíritu ha sido considerado, desde antes y desde entonces, un poder y una fuerza moral. Moral que sólo me interesa considerar en su aspecto de superación de la condición humana y no de las confusiones del bien y mal.
A manera de lectura ilustrativa, sugiero la Paideia, de Werner Jaeger, sobre el origen y desarrollo del espíritu griego.
Y es en esa "locura sagrada", matriz de la sabiduría que explica Sócrates en Fedro, en la que el anhelo se trasforma en espíritu. Anhelo que es ese impulso y deseo vehemente por lograr algo y en el que se involucran y superan todas las energías y habilidades del cuerpo y de sus estados mentales.
Anhelo que, para las ciencias del "más acá", es lo ya citado atrás del neurocientífico Antonio Damasio.
Anhelo que, para las ciencias del "más allá", unas veces más cercanas a la carne y otras a lo que se llama alma, pero que es y continúa siendo espíritu, es esa fuerza y poder extraordinarios.
Ese espíritu fue claro y trasparente para griegos, romanos y orientales. Sin embargo, se complicó en el territorio de las religiones monoteístas con sus mundos sobrenaturales, que hicieron difíciles y peligrosas las manifestaciones y creencias en aquel espíritu, en ese espíritu que ellos sentían arder en su cuerpo y mente.
Por ejemplo, para Dante y el espíritu del enamoramiento, el de la necesaria compañía:
"Y digo en verdad que a la sazón el espíritu vital, que en lo recóndito del corazón tiene su morada, comenzó a latir con tanta fuerza, que se mostraba horriblemente en las menores pulsaciones. Temblando, dije estas palabras: "He aquí un dios más fuerte que yo, que viene a dominarme" (Ecce deus fortior me, veniens dominabitur mihi). En aquel punto, el espíritu animal, que mora en la elevada cámara adonde todos los espíritus sensitivos del hombre llevan sus percepciones, empezó a maravillarme en gran manera, y dirigiéndose especialmente a los espíritus de la vista, dijo estas palabras: Se ha mostrado vuestra felicidad" (Apparuit jam beatitudo vestra). Y a su vez el espíritu natural, que reside donde se elabora nuestro alimento, comenzó a llorar, y, llorando, dijo estas palabras: "Ay de mí, que en adelante seré entorpecido a menudo" (Heu miser! quia frequenter impeditus ero deinceps!)" (Dante, Vida nueva).

De Dante a Giordano Bruno y el "espíritu de todas las cosas":
"El intelecto produce el espíritu; éste emana del intelecto como el fulgor emana de la luz. Y este fulgor colma de sí al universo, se difunde totalmente en todas las cosas y, así como el intelecto entiende todo en todo, así el espíritu ama y opera todo en todo. Lo definimos por tanto alma del mundo y espíritu de todas las cosas... Inicia, cumple y afina la propia obra, no según un movimiento local y como si procediera por fases sucesivas, sino según la naturaleza del propio ser presente por todas partes e íntimamente unido a las cosas, que pone a los entes en una sucesión ordenada según a la condición de éstos... Así este artista perfectísimo y eterno produce todo con una simple mirada, sin tener que aplicarse con diligencia" (Giordano Bruno, La lámpara de las treinta estatuas).

De Bruno a Spinoza, en los territorios del alma (mens), es el "conatus":
"PROPOSICIÓN IX
El alma, ya en cuanto tiene ideas claras y distintas, ya en cuanto las tiene confusas, se esfuerza por perseverar en su ser con una duración indefinida, y es consciente de ese esfuerzo suyo" (Ética, II).

Lo que se explicaría, también y según Spinoza, que el hombre se defina por su anhelo y, en general, todas las cosas por su conatus.
Esta ley del conatus es general para toda la naturaleza, aunque sólo en el hombre alcance la dimensión «psicológica» que la palabra «esfuerzo» parece conllevar.
Y de Spinoza, a Nietzsche, el filósofo del instinto:
"Basta amar, odiar, anhelar, o simplemente sentir, para que enseguida nos sobrevengan el espíritu y la fuerza del sueño y subamos por los más peligrosos caminos"(Friedrich Nietzsche, Gaya ciencia, Aforismo 58).

Y así sucesivamente, en la alternancia simultanea y permanente, eterna e infinita, del laberinto dionisiaco y el enigma apolíneo.
Esto es lo aterrador, hoy como hace 2.500 años, continuamos inmersos en la misma pesadilla: O un hombre producido y programado en los talleres de la naturaleza. O un hombre engendrado y dotado por Ideas en y hacia un lugar sobrenatural.
Lo uno y lo otro, laberinto y enigma, que se resuelven, tal como lo propone Aristóteles, en el espíritu y en la amistad:
108 Aristóteles, Fís. Γ 4, 203 b 7
"... lo infinito no tiene principio..., sino que parece ser ello el principio de los demás seres y que todo lo abarca y todo lo gobierna, como afirman cuantos no postulan otras causas fuera de lo infinito, tales como el espíritu o la amistad; el infinito, además, es un ser divino, pues es inmortal e Indestructible, como afirman Anaximandro y la mayoría de los físicos teóricos" (C. S. Kirk, J. E. Raven Y M. Schofield, Los Filósofos Presocráticos, I).

Eternidad e infinito aquí y ahora, instante del eterno retorno.
Es necesario "recuperar el pasado ... y dirigir la atención hacia el futuro", para aprehender, de nuevo, las Sabidurías de los sabios. Te repito esta cita de mi Carta eleusina -1:
"La salvación consiste en recuperar el pasado, porque precisamente ahí es donde se disipan todas las apariencias y se nos da la posibilidad de ver al dios y, en consecuencia, de trasformarnos a nosotros mismos en seres divinos. Y ese es Dionisios. A eso alude la profecía que subyace en Epiménides. En cambio, Apolo dirige la atención hacia el futuro, pues su instrumento es la palabra; y la palabra saca a la luz ciertos aspectos de lo oculto mediante una difusión clarificadora -donde la palabra que interpreta es a su vez, interpretada- y en la dirección que manifiesta lo abstracto. Pero para Epiménides -y para los griegos que alcanzaron el conocimiento- el futuro entero está ya contenido en el pasado primigenio, de modo que la comprensión que se puede obtener sobre el futuro lejano depende de la visión del pasado divino que en él se manifiesta". (Giorgio Colli, La sabiduría griega, II, Trotta, Madrid p. 16).

Ya habrá oportunidad para que miremos en ese "pasado primigenio y divino" que condiciona "el futuro lejano", tal y como me lo planteo en lo que llamo Lectura Lúdica.
(Escribí para mí, para ti, para quien sea),

"Que sigas bien"
Iván Rodrigo García Palacios.





9 de septiembre de 2010




Carta eleusina No. 2

Por Iván Rodrigo García Palacios

Apreciado Lucilio, "te saludo"
Despertó mi interés el que, de la serie de asuntos que de manera introductoria te expuse en mi primera Carta eleusina, privilegiaras el aspecto "casi mitológico" de la iniciación en lo mistérico de las celebraciones eleusinas, por sobre el contenido de lo vital, de lo saludable y de lo cognoscitivo, de lo individual y de lo colectivo, ya que por ello eran consideradas fuente de sabiduría y de "experiencias de satisfacción y de felicidad" en "el aquí y el ahora" y "del pasado para el de ahí en adelante", que era por y para lo que se festejaba.
¿Será, acaso, lo que Nietzsche intuyó tras el misterio y lo que sintió del "eterno retorno de lo mismo"? ¿Será ese "el conocimiento" del que él habla?
Creo que sí, basta con leer en los fragmentos póstumos el primer proyecto: El retorno de lo mismo, el que Nietzsche escribiera a los pocos días de concebir el "eterno retorno" en la roca de Surlei.
Sé que a través de los siglos ese es el aspecto que ha fascinado, por su enigma, secreto y misterio, a aquellos que miran la historia de los antiguos griegos y la mitifican. Sin embargo, "a la luz" de las recientes investigaciones, la cosa era misteriosa porque el acceso a los estados místicos del éxtasis estaba sólo reservado a los "iniciados", quienes debían guardar absoluto secreto a costa de sus vidas. Era algo así como lo que hacen las sectas, organizaciones y mafias secretas: cátaros, masones, "Cosa Nostra" y tantas otras mafias de toda clase y motivos que sus razones elitistas y de compromiso tenían.
Lo cierto es que la experiencia íntima de los estados místicos y de éxtasis, es inefable, inexpresable y un "conocimiento incomunicable" y que, el enigma de ese "conocimiento" presupone una condición del éxtasis, pero sé que no es tan misterioso el método por el cual acceder a tales estados y poder "conocer". La sola "búsqueda" de tal método, es ya una labor que depara salud y gozo.
Es un asunto de "cosa" y "palabra", como te lo escribí en mi primera carta.
Los griegos lo tenían claro:
"Nosotros no revelamos a quien se nos acerca las cosas que son , sino las palabras, que son cosas distintas de las cosas reales" (Georgias).

Plotino, con quien Nietzsche comparte intereses sobre los asuntos del cuerpo, lo expresa como experiencia mística:
"Muchas veces, despertándome de mi cuerpo a mí mismo, saliéndome de las otras cosas y entrando en mí mismo, al contemplar entonces una belleza maravillosa y convencerme de que pertenezco a lo más alto en el mundo superior, habiendo vivido la vida más noble, habiéndome convertido en idéntico a lo divino y fijado en él, ejercitando esta actividad suprema y situándome por encima de cualquier otra realidad espiritual, cuando luego, tras esa estancia en la región divina desciendo del Intelecto al raciocinio, me pregunto cómo ha sido posible, y también esta vez, descender de este modo, cómo es posible que mi alma haya llegado jamás a estar dentro de un cuerpo si ya, desde que está en un cuerpo, el alma es tal como se me manifestó" (Plotino, Eneadas, IV, 8, 1,1.).

Vico, siguiendo a Aristóteles, lo explica en su Ciencia nueva:
"(...) los primeros hombres, como niños del genero humano (...) tuvieron una necesidad natural de fingir los carácteres poéticos que son géneros o universales fantásticos, para reducir a ellos, como modelos ciertos, o retratos ideales, todas las sabidurías particulares a sus géneros semejantes" (Giambattista Vico, Ciencia nueva).

Qué decir de los filósofos y místicos al-Andaluses y musulmanes cuyas obras son guías detalladas para recorrer ese "camino justo" de preparación para el "iniciado" hacia la experiencia mística y la búsqueda del "conocimiento": Avempace, Avicena, al-Farabi, al-Gazali, Ibn-Tufayl y otros.
Tal es lo que se propone Ibn-Tufayl, en su libro El filósofo autodidacto, al explicar el éxtasis, en el que también incluye las opiniones de Avenpace y Avicena:
"Motivo ocasional de este libro: el éxtasis
Me pediste, hermano sincero (Dios te dé la inmortalidad eterna y te haga gozar la perpetua felicidad), que te comunicase aquellos misterios de la Sabiduría iluminativa que me fuera posible divulgar, los cuales menciona el maestro y príncipe [de los filósofos] Abu Ali b. Sina. Has de saber, pues, que el que quiera alcanzar la verdad pura, debe estudiar estos secretos y esforzarse por conocerlos. Tu pregunta ha sugerido en mi ánimo una noble idea, que me ha conducido a la visión intuitiva de un estado [místico o éxtasis], que antes no experimenté, y me ha llevado a un término tan maravilloso, que ni lengua alguna podría describir [su naturaleza] ni razonamiento alguno demostrar [su existencia], porque es de una categoría y de un mundo completamente distinto de ellas; sólo que la alegría, contento y placer que este estado lleva consigo, no permiten que la persona que a él llega o que alcanza algunos de sus grados, pueda ocultarlo y guardarlo secreto, sino que, dominado por la emoción, el entusiasmo, la alegría y la satisfacción, se inclina a manifestarlo, de una manera vaga e indistinta. Si es hombre inculto, habla de él sin tino, hasta llegar a decir alguno, a propósito de este estado: «¡Glorificado sea yo! ¡Cuán grande es mi condición!». Otro dijo: «Yo soy la Verdad». Y otro: «No hay, bajo estos vestidos, sino Dios».
El maestro Abu Hamid al-Gazali [Algazel], cuando alcanzó este estado, aplicóle el verso siguiente:
Sea lo que quiera (que yo no he de decirlo), cree tú que es un bien y no pidas de él noticias.
Pero este [filósofo] era experto tan sólo en los conocimientos racionales y estaba versado únicamente en las ciencias" (Ibn Tufayl, El filósofo autodidacto, Trotta, Madrid, 1995, p. 31).
Por supuesto, tampoco hay que olvidarse de los Upanishads y otros referentes orientales que el mismo Nietzsche ya cita en aquellos primeros apuntes de 1881.
Por ejemplo, esto dice el Kena Upanishad:
"¿Animada e impulsada por quién la mente se eleva? ¿Dirigida por quién la vida se mueve por primera vez? ¿Animados por quién dicen esta palabra? ¿Qué dios controla la vista y el oído?
Es del oído el oído, de la mente la mente, de la palabra la palabra, del aliento el aliento, de la vista la vista. Los sabios renunciando, al dejar este mundo, devienen inmortales.
No llega allí el ojo, no llega allí la palabra y tampoco la mente. No sabemos, no entendemos como puede esto ser enseñado.
Diferente es en verdad a lo conocido y superior aún a lo desconocido. Así escuchamos de los antiguos quienes esto nos explicaron.
Aquello no expresado por la palabra sino por lo cual la palabra se expresa: Eso es en verdad Brahman ¡Entiéndelo! No lo que aquí reverencian.
Aquello que no se piensa con la mente sino por lo cual, dijeron, la mente piensa: Eso es en verdad Brahman ¡Entiéndelo! No lo que aquí reverencian.
Aquello que con el ojo no se ve sino por lo cual los ojos ven: Eso es en verdad Brahman ¡Entiéndelo! No lo que aquí reverencian.
Aquello que con el oído no se oye sino por lo cual el oído oye: Eso es en verdad Brahman ¡Entiéndelo! No lo que aquí reverencian.
Aquello que la vida no anima sino por lo cual la vida es animada: Eso es en verdad Brahman ¡Entiéndelo! No lo que aquí reverencian" (Kena Upanishad, Sección I).
No son los únicos autores y antecedentes, la lista es extensa, pero sustanciosa, y en ella se debe incluir los solares místicos del Mediterráneo, los oscuros místicos del Norte de Europa, los místicos del desierto persa, así como a Zaratustra y Gilgamesh.
Todo esto y mucho más, lo intuyó Nietzsche desde temprano, como citaré más adelante.
Por otra parte y ya en los territorios del "más acá", habrá oportunidad para revisar las lecturas literarias, filosóficas, científicas, teológicas, políticas, sociales, etc. que Nietzsche devoró, unas veces con método, pero, la mayor parte, con gula descontrolada. Nietzsche fue un Lector Ludi, apolíneo y dionisíaco, trágico y voraz.

***

Vistas las cosas de esa manera y explorando y frivolizando un poco la nueva información, se sabe que aquellas celebraciones eleusinas eran una fiesta de fin de verano en la que se celebraba a la vida como sabiduría y ese era el gran misterio: el poder de la música, la danza, la poesía, la "contemplación", para provocar la "visión suprema": el juego en el que los dioses, sin negar el dolor, lo minimizan, le anteponen un rival que le proporciona alegrías a la vida:
"El juego no es únicamente sueño, sino vigilia, no es apariencia más de cuanto lo sea la violencia del dolor, es un aspecto positivo de la vida que emerge de las islas griegas, es vida triunfante que consigue equilibrar el peso de la necesidad y del esfuerzo" (Giorgio Colli, Después de Nietzsche, pp. 116-117).

Lo que bien explica aquello que Nietzsche escribió sobre el juego en su primer proyecto: El retorno de los mismo, un poco después de su experiencia extraordinaria en la roca de Surlei, el 6 de agosto de 1881:
"¿Qué aspecto toma esta vida respecto a su suma de bienestar? Un juego de niños, hacia el que el ojo del sabio dirige la mirada y que consiste en tener control sobre éste y aquel estado - y sobre la muerte, si algo así no resultara posible" (Nietzsche, Fragmentos póstumos (traducción de la edición crítica de Giorgio Colli y Mazzino Montinari), Grupo Editorial Norma, Bogotá, 1992, p. 164).

El festival eleusino se trataba de una celebración colectiva de experiencias individuales. Una fiesta en el sentido nietzscheano: expresión de gratitud a los dioses de la vida y la sabiduría; el equilibrio de la vida, la muerte y la resurrección, en el éxtasis: Dionisios y Apolo.
Estas fiestas o festivales tenían dos escenarios, el uno público, en el que participaban todos los que querían asistir y un recinto privado, reservado a los "iniciados", a aquellos que se sometían a un proceso de preparación y selección y para la realización, en total secreto, de los actos mediante los cuales era posible alcanzar el estado de éxtasis. El secreto y el misterio se explican porque tales estados debieron ser manejados de manera controlada para evitar consecuencias peligrosas o, simplemente, por esa necesidad de misterioso secretismo, pertenencia, importancia y solidaridad de pares que tenemos los humanos. En fin, un asunto para tratar en otra oportunidad.
Lo que me interesa ahora es insistir en los aspectos vital, saludable y cognoscitivo de esas celebraciones eleusinas.
Vital y saludable, porque allí se celebraba la sabiduría de la vida, porque, luego de un año de trabajos y esfuerzos, era necesario que las gentes recobraran la alegría de vivir, expresaran su gratitud y se prepararan para el encierro del invierno.
Y es cognoscitivo, porque "el conocimiento" que allí se manifestaba y obtenía, era la fuente de esa sabiduría que los griegos desarrollaron y la que luego, Platón y sus descendientes, volvieron filosofía, por los motivos que la historia explica con amplitud, tal y como podrás notar más adelante en la cita que te transcribo.
Aquí tenemos dos asuntos que es necesario explorar. El uno, el de lo vital y saludable, que desborda el motivo de esta segunda carta y que todavía es motivo de trabajos y esfuerzos en progreso, por lo cual, apenas lo voy caminando, como dijera el poeta: "se hace camino al andar".
Para el otro, el cognoscitivo, me atrevo a trascribir uno de los aforismo de Giorgio Colli en su libro Después de Nietzsche -me gusta escuchar a los maestros- y que, como podrás notar, explica mejor ese asunto del conocimiento y la sabiduría de los más antiguos griegos:
"El gran pensamiento
Reconocer la animalidad en el hombre, no sólo eso, sino afirmar en la animalidad la esencia del hombre: ése es el pensamiento grave, decisivo, precursor de tempestades, el pensamiento frente al cual todo el resto de la filosofía moderna queda reducido a hipocresía. Lo enunció Schopenhauer, y Nietzsche fue el único exégeta auténtico, verificándolo en el campo de los acontecimientos humanos. La oscura raíz de la animalidad, la ciega voluntad de vivir se trasluce de los mitos de las religiones antiguas. La matriz india es evocada por Schopenhauer; el símbolo de aquella intuición total, unitaria, de la vida es el dios reivindicado por Nietzsche. Dionisios tuvo una representación taurina (como Osiris se identificó con Apis), fue el "señor de los animales feroces", el devorador de carne cruda, el lacerador de las criaturas, el cazador Zagreus; su séquito estuvo compuesto por seres mitad hombres, mitad caballos, por ménades delirantes, vestidas con pieles de leopardo, que descuartizaban cervatillos y cabritos. Y en su origen la máscara simboliza el animalizarse del hombre: en los "komoi" primitivos los seguidores de Dionisios aparecían disfrazados de animales. El "pathos" dionisíaco es lo contrario de la compasión cristiana: mientras en ésta la participación en el sufrimiento conserva íntegra la individualidad de quien experimenta la piedad, aquél se desencadena a través de la ruptura de la individuación, y entonces el tiaso de Dionisios vive directamente, y no desde fuera, la unidad entre hombre y animal. La íntima laceración de la voluntad de vivir se manifiesta en la perenne fragilidad, en el tejido trágico de los impulsos animales en lucha; el poseído por el dios vive consecutivamente la angustia de la víctima acosada y la crueldad del sanguinario perseguidor: las dos partes se entrelazan en la pasión dionisíaca. Nietzsche conocía con lagunas los testimonios históricos sobre la religión de Dionisios, pero integró, extrajo de manera exhaustiva el significado del Dios, con adivinación deslumbrante. Combatiendo al cristianismo combatía la falsa religión, la religión racionalista, antropocéntrica, que concedió al hombre una posición aislada en el mundo, y para poder hacerlo negó la animalidad en el hombre. Durante muchos siglos los filósofos estuvieron sometidos a la maldición de este juicio -y todavía lo están- y soñaron con soluciones segregacionistas, racionalistas (basadas en lo que nos pertenece sólo a nosotros), "humanas". Descartes nos dijo que los animales sólo son pedacitos de espacio. Por eso Nietzsche, que utilizó todos los medios a su alcance para que los hombres escucharan de su boca esta verdad (divulgando a Schopenhauer, que desdeñosamente se había mantenido aparte), aparece ante nosotros como un "liberador", para usar un epíteto con el que los griegos designaban a Dionisios" (Giorgio Colli, Después de Nietzsche, Anagrama, Barcelona, 2000, pp. 76-77).
Me imagino, con justificada intuición, que esto era lo que se ocultaba tras el velo de los misterios de Eleusis: ese "instante" apolíneo y dionisíaco, el éxtasis en el cual "se contempla y se siente" la total "ausencia" del espacio-tiempo, de la necesidad y de la acción, y se accede a ser "uno con todo", como, mucho después, lo expresara Hölderlin:
“Ser uno con todo, esa es la vida de la divinidad, ese es el cielo del hombre. Ser uno con todo lo viviente, volver, en un feliz olvido de sí mismo, al Todo de la Naturaleza, ésta es la cima de los pensamientos y alegrías, esta es la sagrada cumbre de la montaña, el lugar del reposo eterno donde el mediodía pierde su calor sofocante y el trueno su voz, y el hirviente mar se asemeja a los trigales ondulantes.
¡Ser uno con todo lo viviente!
(...)
Formar un solo ser con todo lo que vive, ¿no es vivir como los dioses y poseer el cielo en la tierra?” (Hölderlin, Hiperión, segunda carta de Hiperión a Belarmino).
O, para ser tan aventurero como mis hipótesis descabelladas, es "contemplar" ese único "instante" en el que hombres y mujeres son Uno y lo mismo. Ese "instante" en el cual el estado místico del éxtasis y el enamoramiento son una y la misma cosa, que los hace ser iguales sin dejar de ser Uno y Otro, como puede comprobarse en las "experiencias" de Teresa de Jesús y Juan de la Cruz:
"Búscame en ti", escribe Teresa de Jesús; "Búscate en mí", escribe Juan de la Cruz. Lo que no es lo mismo, pero ese es otro tema.
Porque el enamoramiento, como el estado místico del éxtasis, es ese estado natural de trasformación que por necesidad se desata en el campo fértil y abonado del cuerpo, de la mente y del espíritu, del Homo-Humano, al impacto de una visión maravillosa que inflama con "ferino furor" y cuya contemplación hace Ser y Estar al sí-mismo más cercano a trasmutarse en un dios, como intentan expresarlo, atónitos, místicos, poetas y filósofos y que ahora, las neurociencias, exploran con temor y temblor. Los "sabios" lo "conocen", cada cual a su manera.
El enamoramiento es ese momento en el que el Homo-Humano se hace, en cuerpo, en mente y en espíritu, original, total y, tal como lo fuera en el principio, vuelve a contemplar las maravillas de la vida y del universo como la primera vez: el enamoramiento, así como el estado místico del éxtasis, son una hierofanía, una revelación que provoca un renacimiento. O, ¿será resurrección?, como prefería decir Nietzsche.
Sin llamarlo enamoramiento, místicos, filósofos y poetas hablan de un estado en el cual, extática, dolorosa y maravillosamente, le es permitido al Homo-Humano contemplar y acceder a la Sabiduría.
Así se explica el que Platón denominara "doctrina del amor" a la "iniciación" eleusina, porque los más antiguos griegos habían "conocido" que era posible provocar tanto el enamoramiento como el estado místico del éxtasis, lo mistérico.
Ese debió haber sido el gran misterio y secreto de Eleusis: el poder y el conocimiento capaz de inducir el retorno, por un instante, al "instante" de ese estado primordial y emerger de él sano en cuerpo, mente y espíritu.
Porque es necesario sanar cuerpo, mente y espíritu antes de proceder a organizar de nuevo el pensamiento. Esto es lo que enseñan Hölderlin y Nietzsche: Zaratustra con velado pragmatismo y, quizás, con menor intensidad que el Empédocles y el Hiperión de Hölderlin, más poéticos, herméticos y esotéricos.
¿Será posible, con toda la información ahora disponible, redescubrir ese poder y ese conocimiento, esa fuente de salud corporal, mental y espiritual que no requiere de consumir drogas o sustancia psicotrópica alguna?
Por lo que se ha investigado, las sustancias que se consumían en las celebraciones eleusinas no tenían la capacidad de producir estados alterados y que estos debieron producirse como consecuencia de la preparación a la que eran sometidos los "iniciados".
Creo que si es posible y como te lo escribí de manera introductoria en mi primera carta, es necesario hacerlo y para lograrlo se debe cumplir la misma recomendación de Platón a Sócrates:
"... -con tal de que se siga el camino justo-" (Platón, Banquete, 209e).

He ahí el problema. Ni "el camino justo" ni la "experiencia" ni el "conocimiento", son algo que se pueda revelar, vulgarizándolos o comercializándolos, como, en su momento se acusó a Esquilo de hacerlo o como luego trataron de hacer religiones, filosofías, falsos profetas y curanderos. O como hoy lo hacen los charlatanes vendedores de auto-ayudas, místicas y angelologías, entre tantos otros productos que sólo buscan satisfacer las novelerías del consumismo y llenar las arcas de los mercaderes.
Sin embargo y como lo dije antes, si la mente humana lo ha inventado, la mente humana puede desvelarlo, reproducirlo, comunicarlo, sólo que, para ello, dependerá de las cualidades y calidades de aquellos qué lo hagan y de los medios que utilicen.
De eso se trata todo esto: es arqueología y es Lectura Lúdica. Esa Lectura Lúdica que es mística, que extasía y enamora; esa que provoca las cuatro "manías" socráticas (Platón, Fedro: 265 a-b); esa que es la fuente de la salud que sólo a la condición humana le es dado "contemplar". Lectura Lúdica que es: "Ser uno con todo", entrar en el sí-mismo"; "visión intuitiva"; lectura de y con todos los sentidos, con la mente y con el espíritu; esa que revela las cosas; esa que otorga sentido a la palabra poética... en fin: "contemplar".
Lograr esa "contemplación" es lo que Nietzsche propone y "grita" con su Superhombre, su "eterno retorno de lo mismo", su "Dios ha muerto", y de lo cual, Zaratustra, es "el Señor" y "El Maestro".
Él lo intuía desde sus ya remotas lecciones de Basilea sobre la retórica, que aquel "conocimiento" era y estaba en el sí-mismo y sólo era posible comunicarlo por medio de la poesía:
"No son las cosas quienes entran en nuestra consciencia, sino la manera en que estamos frente frente a ellas, lo que los griegos llamaban el pitzanon. El lenguaje es retórica, pues quiere trasmitir sólo una doxa, no una episteme".
(...)
Todas las palabras son, en sí y en relación con su significado, tropos, representan en vez del proceso real una imagen sonora que se apaga en el tiempo (...) Los tropos no se suman a las palabras de vez en cuando, sino que son su naturaleza más propia. No hay un significado auténtico que sólo se transfiere en casos especiales" (Nietzsche, Retórica).
En consecuencia y consciente del esotérico conocimiento que iba a trasmitir, Nietzsche -ya "maduro e iniciado"-, recurrió al hermético lenguaje de la música y de la poesía para que Zaratustra "anunciara" esa mistérica doctrina, la que los hombres tendrán que aprender
"(...) a oír con los ojos?" (Z, I, Prólogo, 5).

¿No son, acaso, música y poesía, el portal de acceso a lo inefable?:
"Nosotros somos notas vivas sonando conjuntamente en tu armonía, ¡oh, naturaleza" (Hölderlin, Hiperión, Libro 4, ultima carta a Belarmino).

Por esto, y por mucho más, es por lo que considero a Así habló Zaratustra la inexplorada Guía de "iniciados" a Superhombres que, con mi método de Lectura Lúdica y, aprovechando el acompañamiento espiritual que me ofreces con tu poema (descifrar lo que está oculto, este es el sentido de la vida), voy desvelando en un juego, en una fiesta eleusina, en una "experiencia" de gozo y místico éxtasis.
Y, porque esto es así y para que me "escuches con tus ojos", repito, recito y canto, como mías, las palabras de Zaratustra, con lo que voy a llamar: La canción del "iniciado":
"Cuando Zaratustra tenía treinta años abandonó su patria y el lago de su patria y marchó a las montañas. Allí gozó de su espíritu y de su soledad y durante diez años no se cansó de hacerlo. Pero al fin su corazón se transformó, - y una mañana, levantándose con la aurora, se colocó delante del sol y le habló así:
«¡Tú gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!
Durante diez años has venido subiendo hasta mi caverna: sin mí, mi águila y mi serpiente te habrías hartado de tu luz y de este camino.
Pero nosotros te aguardábamos cada mañana, te liberábamos de tu sobreabundancia y te bendecíamos por ello. ¡Mira! Estoy hastiado de mi sabiduría como la abeja que ha recogido demasiada miel, tengo necesidad de manos que se extiendan.
Me gustaría regalar y repartir hasta que los sabios entre los hombres hayan vuelto a regocijarse con su locura, y los pobres, con su riqueza.
Para ello tengo que bajar a la profundidad: como haces tú al atardecer, cuando traspones el mar llevando luz incluso al submundo, ¡astro inmensamente rico!
Yo, lo mismo que tú, tengo que hundirme en mi ocaso, como dicen los hombres a quienes quiero bajar. ¡Bendíceme, pues, ojo tranquilo, capaz de mirar sin envidia incluso una felicidad demasiado grande!
¡Bendice la copa que quiere desbordarse para que de ella fluya el agua de oro llevando a todas partes el resplandor de tus delicias!
¡Mira! Esta copa quiere vaciarse de nuevo, y Zaratustra quiere volver a hacerse hombre.»
- Así comenzó el ocaso de Zaratustra" (Z, I, Prólogo, 1).
Esta es la misma canción que deberá empezar por cantar todo aquel que aspire a las "experiencias" "de satisfacción y de felicidad" que ofrecen los misterios eleusinos o, para el caso, zaratustrinos: águilas y serpientes, trasformaciones en camellos, leones y niños, visiones y enigmas, canciones y todo lo demás.
Para respaldar lo dicho, de nuevo la escritura del maestro. Otro de los aforismos de Giorgio Colli:
"Una indicación reveladora
En un fragmento escrito en 1883, Nietzsche declara haber descubierto el secreto del universo griego. Los griegos creían en el eterno retorno, porque la fe en los misterios significa precisamente eso. La observación es importante sobre todo como testimonio de la relampagueante penetración histórica de Nietzsche (aunque no considere oportuno divulgar dicha intuición): el vértice de lo griego habrá que buscarlo en el éxtasis colectivo, en el conocimiento místico de Eleusis. Y se puede tener la certeza de que al establecer semejante relación Nietzsche no pensaba en los ritos agrarios y en el ritmo cíclico de la vegetación. Pero más importante todavía es la revelación personal, algo similar a la séptima carta platónica: la doctrina suprema de Nietzsche es una fulguración mística, una visión que libera de cualquier aflicción y de cualquier deseo, incluso de la individuación. Después de esa experiencia todas la ideas, discusiones, doctrinas de Nietzsche no serán más que una comedia de la seriedad" (Giorgio Colli, Después de Nietzsche, Anagrama, Barcelona, 2000, p. 151).
Ese es el secreto del universo griego que Nietzsche descubrió e interpretó cabalmente en ese primer proyecto: El retorno de lo mismo, que te cité atrás.
En fin, ya habrá oportunidad de otras cartas y charlas y antes de despedirme y por ahora, quería decirte:
En tus poemas pre-siento el camino que sigues hacia "la cima de los pensamientos y la cumbre de la inefable montaña", allí en donde el cielo y la tierra, el poeta y el filósofo, "son Uno con Todo".
La alegría de tu lectura es para mí, porque, como también te lo dije, es un gozo escribir con los amigos.
Y, como el asunto es un camino que se hace, seguiré escribiendo mis cartas y gozaré como un niño cuando estemos juntos tomándonos ese tinto, no por mi sabiduría, sino por la alegría de una rica charla entre amigos.
(Escribí para mí, para ti, para quien sea),

"Que sigas bien"
Iván Rodrigo García Palacios.

3 de septiembre de 2010

PS. Carta eleusina No. 1


Por Iván Rodrigo García Palacios


Apreciado Lucilio, "te saludo"

Estando en la escritura de mi Carta eleusina No. 2, me "asaltaban" asuntos sobre lo ya escrito, lo que escribía y lo por escribir y sentí la necesidad imperiosa de expandir sobre lo escrito, aunque no estoy seguro de si con ello se expandía claridad, porque en los asuntos sobre filosofía y filósofos son tan complicadas las cosas con eso de la interpretación de lo qué se dice, lo qué se quiere decir o lo qué significan las palabras y conceptos, así como lo qué interpretan los exégetas.
Por eso y consultando sobre lo qué significa y quiere significar Nietzsche con algunas de sus palabras y lo que yo creo qué significan, me dedico a explorar y repasar los libros de los maestros, que es lo que ahora te trascribo.
Tal es el caso con la lectura del Nietzsche de Heidegger, ese libro en el que se recopilaron las lecciones en la Universidad de Friburgo de 1936 a 1940, libro y lecciones con las cuales hay que tener especial cuidado, pues no debe olvidarse que ellas fueron dictadas en el período del pleno apogeo del régimen Nazi y en el momento en el que Elizabeth Foster-Nietzsche, con su Archivo Nietzsche, logró que Hitler aceptara las ideas y la figura del Nietzsche que ella se había confeccionado a su medida: antisemita y profeta de la supremacía aria, convirtiéndolo en paradigma del nazismo del que Heidegger todavía cargaba con la marca de la cruz gamada en su frente que él se había ungido en 1933. Y, por supuesto, el libro fue compuesto y editado para su publicación luego de la caída del régimen.
Sin embargo y aun así, es interesante lo que en ese momento Heidegger dijo e interpretó de Nietzsche, su vida y su obra, cernidas las ideologías, porque con ello, el "gran maestro de Alemania", "casi" determinó y "casi" determina todavía las interpretaciones que se hacen de la vida y la obra de Nietzsche.
Pero, en lo que a mi concierne y por el momento, sólo me interesaba, ahora y específicamente, consultar en lo que se relaciona con los asuntos de "trasformarse en niño", "inocencia", "juego" y "olvido", en De las tres trasformaciones de Así habló Zaratustra y en los textos de los proyectos y notas (rescatadas póstumamente) que Nietzsche escribió en sus cuadernos a partir de agosto de 1881 sobre el eterno retorno de lo mismo y antes de escribir Así habló Zaratustra y que te trascribo a continuación:
"El segundo proyecto invierte el orden de los pensamientos principales al comenzar con el del eterno retorno. Dice así (XII, 426):
«1) El conocimiento más poderoso.
2) Las opiniones y los errores transforman al hombre y le dan las pulsiones, o bien: los errores incorporados.
3) La necesidad y la inocencia.
4) El juego de la vida.»
Este proyecto también proporciona algunas indicaciones en otro respecto: «La necesidad» no se refiere a cualquier necesidad sino a la del ente en su totalidad. «El juego de la vida» nos recuerda inmediatamente una sentencia de Heráclito, el pensador al que Nietzsche se σεία más próximo: αιών παΐςέστι παίδων, πεσσεύων ποαδοςή βασιΛηίη (fr. 52). «El eón es un niño que juega, jugando con fichas sobre un tablero; de un niño es el dominio» (sobre el ente en su totalidad).
Con eso se indica: el ente en su totalidad está dominado por la in-nocencia [Un-schuld]. La totalidad es αιών. Es prácticamente imposible traducir esta palabra de manera adecuada. Alude a la totalidad del mundo, pero, a la vez, tomada como tiempo y referida por medio de éste a nuestra «vida», alude al transcurso vital mismo. Se suele determinar el significado de αιών del siguiente modo: Eon alude al «tiempo» del «cosmos», es decir de la naturaleza, que se mueve en el tiempo que mide la física. De este tiempo se distingue el tiempo de nuestras «vivencias». Pero lo que se nombra con αιών está más acá de ese tipo de distinciones. Asimismo, se piensa el κόσμος muy pobremente cuando se lo representa de modo cosmológico.
El uso que hace Nietzsche de la palabra «vida» es ambiguo. Nombra la totalidad del ente y, al mismo tiempo, nuestro modo de estar «entremezclados» en esa totalidad. Una ambigüedad análoga se da al hablar de «juego» (cfr. la primera de las «Canciones del Príncipe Vogelfrei»: «A Goethe»; apéndice a la segunda edición de La gaya ciencia, 1887; v. t. II, págs. 380 s.)".
Martin Heidegger, Nietzsche, Vol. I, Destino, Barcelona, 2000, pp. 272-273.
(Añado y aclaro: las citas que hace Heidegger corresponden a la «edición en gran octavo» de las obras completas de Nietzsche, basada en los trabajos de Peter Gast y en el Archivo Nietzsche-Foster-Nietzsche y que fuera la oficial hasta 1964, cuando comienza a aparecer la edición crítica de G. Colli y M. Montinari, que la remplazó).

Esa es una interesante interpretación sobre esas palabras que considero primordiales, para mi propósito, en el discurso de Zaratustra: De las tres trasformaciones: niño, inocencia y juego. Queda pendiente: olvido:
"Lo bello es ese movimiento en sí mismo antagónico que se compromete en la apariencia sensible más cercana y, al hacerlo, se eleva al mismo tiempo hacia el ser: es lo que cautiva y arrebata [das Berückend-Entrückende]. Es lo bello, por lo tanto, lo que nos arranca del olvido del ser y nos proporciona la mirada a él" (Martin Heidegger, Nietzsche,Vol. I, pp. 186-187).

Otro de los asuntos de mi atención inmediata y el que apenas voy cartografiando paso a paso, es el relacionado con el propósito que, entre tantos que tiene, yo le atribuyo a Así habló Zaratustra como Guía de "iniciados" a Superhombre, es decir, qué, cómo, porqué, etc., esa guía funciona, según se lo pregunta Nietzsche:
"¿Qué haremos con el resto de nuestras vidas, nosotros que hemos pasado la mayor parte de ella en la ignorancia mas esencial?"

Y tal y como él lo expresa en el punto quinto del proyecto que a continuación trascribo en la cita con la que Heidegger lo interpreta, y que, a su vez, conecta con el ya trascrito.
Sobre los tantos propósitos que Heidegger interpreta del eterno retorno de lo mismo nietzscheano de antes de Así habló Zaratustra, así como sobre lo relacionado con lo de mi Guía y lo que Nietzsche incorpora en Así habló Zaratustra, que expurgo porque, después de Así habló Zaratustra, Nietzsche fue variando y ampliando el propósito del eterno retorno, dice Heidegger, en las páginas 269-271 y antes de la anterior cita, lo siguiente:
"Las cuatro notas de agosto de 1881
Consideremos ahora las cuatro notas referentes a la doctrina del eterno retorno de agosto de 1881. Estas notas constituyen a la vez esbozos para una obra, con lo que ya resulta visible el alcance que Nietzsche le otorga al pensamiento del eterno retorno de lo mismo. Las notas datan de un año antes de su primera comunicación en la Gaya ciencia y señalan ya el camino que seguirá en lo sucesivo todo el tratamiento de la doctrina del eterno retorno. De este modo se confirma al mismo tiempo lo que dice el propio Nietzsche sobre Así habló Zaratustra en Ecce homo: que el pensamiento del eterno retorno es «la concepción fundamental de la obra». El primer esbozo reza así (XII, 425):
«EL RETORNO DE LO MISMO
Proyecto
1) La incorporación de los errores fundamentales.
2) La incorporación de las pasiones.
3) La incorporación del saber y del saber que renuncia. (Pasión del conocimiento) .
4) El inocente. El individuo como experimento. El aligeramiento de la vida, rebajamiento, debilitamiento: transición.
5) El nuevo peso: el eterno retorno de lo mismo. Infinita importancia de nuestro saber, nuestro errar, nuestras costumbres, nuestros modos de vida, para todo lo venidero. ¿Qué haremos con el resto de nuestras vidas, nosotros que hemos pasado la mayor parte de ella en la ignorancia mas esencial? Enseñaremos la doctrina, es el medio más fuerte para incorporarla nosotros mismos. Nuestro tipo de bienaventuranza como maestros de la mayor doctrina.
Comienzos de agosto de 1881 en Sils-Maria, a 6.000 pies sobre el nivel del mar y mucho más alto sobre todas las cosas humanas.»
(Añado esta nota que considero importante: Este proyecto está notado como 11 [141], primavera-otoño 1881, en la edición crítica de las obras de Nietzsche de G. Colli y M. Montinari, según la publicación: Fragmentos póstumos que hiciera el Grupo Editorial Norma en su colección Cara y Cruz, Bogotá, 1992, p. 163).

Ya el hecho de que Nietzsche registre explícitamente la fecha de la nota es un indicio de lo inusual de su contenido y de su propósito. La doctrina es comprendida desde su enseñanza y desde aquel que la enseñará.

El título del «proyecto» refiere inmediatamente al conjunto. Y sin embargo, sólo se habla del eterno retorno en el punto 5, e incluso allí no se dice nada sobre su contenido, ni siquiera en forma de esbozo. Por el contrario, la palabra directriz del proyecto es «incorporación» [Einverleibung], La doctrina es llamada «la mayor doctrina» y «el nuevo peso». Entonces aparece súbitamente la pregunta: «¿Qué haremos con el resto de nuestra vida?». Se trata, por lo tanto, de un corte decisivo de la vida, que separa lo anterior (lo transcurrido) del «resto» que aún queda. Evidentemente, el corte es provocado por el pensamiento del eterno retorno, que todo lo transforma. No obstante, lo que se encuentra antes de este corte y lo que le sigue no están separados de manera cuantitativa. Lo ocurrido antes no queda apartado. El punto 5 está precedido de otros cuatro y el 4 termina con la indicación: «transición». Por muy nueva que sea, la doctrina del eterno retorno no sale del vacío sino que está sujeta a una «transición». Cuando esperamos que se explicite ante todo el contenido esencial de la doctrina y, sobre todo, que se la fundamente y que se aporten indicaciones en ese sentido, de lo único de que se trata es, podríamos decir, del efecto que tiene la doctrina sobre los hombres y, en especial, o exclusivamente, sobre el propio maestro que la enseña; de la «incorporación» del nuevo saber y de su enseñanza como un nuevo tipo de bienaventuranza. De Así habló Zaratustra ya sabemos lo esencial que es la cuestión de la «incorporación» del pensamiento del eterno retorno y que Zaratustra sólo se vuelve un convaleciente después de haber incorporado lo más importante de él. Si seguimos el significado de la palabra, llegamos a la idea de «comer», ingerir y digerir. Lo incorporado es lo que hace que el cuerpo —el vivir corporalmente [das Leiben]— esté más firme, erguido y seguro, es al mismo tiempo aquello con lo que hemos acabado y que nos determina en el futuro, la sabia de la que extraemos las fuerzas. Incorporar el pensamiento quiere decir aquí: llevar a cabo el pensar del pensamiento de manera tal que se convierta de antemano en la posición fundamental respecto del ente en su totalidad y, en cuanto tal, domine por anticipado a todo pensamiento singular. Sólo si el pensamiento se ha convertido en la actitud fundamental de todo pensar, se ha tomado posesión de él en conformidad con su esencia, es decir, se lo ha incorporado.

La decisiva meditación del proyecto titulado «El retorno de lo mismo» se dirige inmediatamente a la «incorporación».
Martin Heidegger, Nietzsche, Vol. I, Destino, Barcelona, 2000, pp. 269-271.
Como lo puedes notar, el asunto, como lo plantea Heidegger, también me habla de tu Terapia dialógica y del Tercer mundo del diálogo.

En fin, "el camino es largo y culebrero". Heidegger no es el único de los interpretes de Nietzsche que han visto, sin revelarlo como "conocimiento" para la "contemplación" y el funcionamiento práctico de la existencia, eso que Nietzsche "incorpora" en Así habló Zaratustra, así y luego lo hubiera desarrollando hasta perderse en la complejidad y en la imposibilidad.
Por fortuna y a partir de esas visiones, es posible saber que el asunto está allí y que es posible proponer una solución del enigma.
Por cualquiera sean los motivos, es lo que voy tratando de hacer y para lo que estas cartas eleusinas son poderosa motivación que estimulan, precisan y concretan mis averiguaciones, estudios y escrituras. Ahí está la alegría de escribir con los amigos.

(Escribí para mí, para ti, para quien sea)

"Que sigas bien",
Iván Rodrigo García Palacios.

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