2 de octubre de 2008

LECTOR LUDI-63

El amor y otros asuntos de Malcolm Lowry a Juan Rulfo y a Gabriel García Márquez


Por Iván Rodrigo García Palacios

En la literatura, como en la materia de los seres vivos, nada es ni inocente ni ingenuo; todo tiene causa y efecto, conexión y correspondencia, nexo y relación; a lo más, entropía y evolución, reproducción y mutación. Pero, lo mejor de todo, es que la literatura es el juego que explora, con los lenguajes de la imaginación, aquellos misterios de la naturaleza humana para los cuales los lenguajes de la razón todavía carecen de explicación.

Es por todo ello que la escritura y la lectura de la literatura son actividades que al LECTOR LUDI le permiten tanto especular como analizar... jugar. Dejo a los críticos el enmarañar los misterios de "La Santísima Trinidad" con toda su metafísica literaria.

Jugar. De eso se trata en lo siguiente.


Al final del capítulo IX de la novela de Malcolm Lowry, Bajo el volcán, en tres breves párrafos, Lowry crea una poderosa imagen literaria que, como toda la materia de esa novela, está revestida de tal poder simbólico, el que no viene al caso exponer ahora en la exploración que emprendo. Mi atención está enfocada a otros asuntos.

Comienzo por transcribir esos tres párrafos:

"Ahora en la plaza sus propias sombras se dirigían hacia las puestas gemelas de la taberna Todos Contentos y Yo También: bajo las puertas advirtieron lo que parecía ser el extremo inferior de una muleta: alguien que se marchaba. La muleta no se movía; su propietario discutía tras la puerta. Tal vez una última copa. Luego, desapareció: tiraron de una de las puertas y algo salió.

Doblado, gimiendo bajo el peso, un indio viejo y cojo llevaba sobre las espaldas, mediante una correa que pasaba por la frente, a otro pobre indio aún más viejo y decrépito que él. Llevaba al anciano con sus muletas, y cada uno de sus miembros temblaban bajo este peso del pasado; llevaba la carga de los dos.

Los tres permanecieron contemplando al indio que desapareció con el anciano al girar en una curva del camino, adentrándose en la noche y arrastrando en el polvo gris y blanco sus míseras sandalias" (BV: p. 316) (1).

En el cuento de Juan Rulfo, No oyes ladrar los perros, publicado por primera vez en la primera edición de El llano en llamas, de 1953, se relata el viaje de un viejo con el cuerpo de su hijo Ignacio a las espaldas buscando un pueblo en la oscuridad de la noche a la luz de la luna, la primera descripción ambiental que hace Juan Rulfo, es la siguiente:

"La sombra larga y negra de los hombres siguió moviéndose de arriba abajo, trepándose a las piedras, disminuyendo y creciendo según avanzaba por la orilla del arroyo. Era una sola sombra, tambaleante.

"La luna venía saliendo de la tierra, como una llamarada redonda" (2).

Muchos años después diría Juan Rulfo:

"[...] un cuento, Luvina, me dio la clave" (3).

Se refería a la clave que le permitiría escribir Pedro Páramo. Luvina apareció, al igual que No oyes ladrar los perros, por primera vez en la primera edición de El llano en llamas de 1953.

En septiembre de 1953, Juan Rulfo, quien, por su anterior desempeño laboral, debió tener un manejo suficiente del inglés, ingresó como becario al Centro Mexicano de Escritores:

"Hacía años que trabajaba en una novela y esperaba que su incorporación al Centro en calidad de becario le ayudara a sacarla adelante.

El Centro Mexicano de Escritores nació por iniciativa de la novelista norteamericana Margaret Shedd, quien consiguió dinero de la Fundación Rockefeller para apoyar mediante becas a los escritores mexicanos" (4).

Juan Rulfo, que según sus propias palabras y para rechazar una crítica que le hiciera uno de sus compañeros becados en el Centro cuando leyó allí los primeros manuscritos de Pedro Páramo, quien le recomendó que, antes de escribir novelas primero tendría que leer muchas novelas, dijo:

"Leer novelas es lo que [he] hecho toda mi vida" (5).

Juan Rulfo fue un lector exhaustivo de novelas y novelísticas. Leyó, en el inglés original, buena parte de la mejor literatura y narrativa de los escritores estadounidenses e ingleses: James Joyce, William Faulkner, John Steinbeck y quién sabe cuantos más en un largo etcétera. Además, en versiones al español, otras literaturas y narrativas de todo el mundo que no viene al caso mencionar.

Lo cierto es que, dada la íntima relación con México, Juan Rulfo debió haber leído, para esa época, Bajo el volcán, de Malcolm Lowry, publicada en inglés en 1947 que "fue un éxito de la crítica en Estados Unidos y se encaramó a las listas de best-sellers" (6). La primera versión en español sólo fue publicada por Ediciones Era en 1964.

Para tener en cuenta y sin intención de ofender, el que Juan Rulfo fuera alcohólico como lo fuera Malcolm Lowry, debió haber sido un motivo de curiosidad para el primero. Quizás una casualidad cuya importancia se juzgará por los resultados y no por el chisme.

Hasta el momento y por más que he buscado, no he encontrado ningún testimonio directo que me confirme que Juan Rulfo hiciera esa lectura. Sin embargo y dadas las circunstancias de proximidad e importancia, es imposible que no hubiera leído Bajo el volcán por aquella época. Son inextricables los motivos por los cuales los escritores ocultan o niegan algunas de sus lecturas primordiales. Juan Rulfo no es la excepción.

Lo que si me he encontrado y así sea poco, son algunas referencias sobre las posibles conexiones, correspondencias, nexos y relaciones de la obra de Juan Rulfo con Bajo el volcán, de Malcolm Lowry.

La primera y más significativa, de Octavio Paz, en Corriente alterna, 1967:

"JUAN RULFO: REGRESO AL PARAÍSO

Si el tema de Malcolm Lowry es el de la expulsión del paraíso, el de la novela de Juan Rulfo (Pedro Páramo) es el del regreso. Por eso el héroe es un muerto: sólo después de morir podemos volver al edén nativo. Pero el personaje de Rulfo regresa a un jardín calcinado, a un paisaje lunar, al verdadero infierno. El tema del regreso se convierte en el de la condenación; el viaje a la casa patriarcal de Pedro Páramo es una nueva versión de la peregrinación del alma en pena.

Simbolismo -¿inconsciente?-del título: Pedro, el fundador, la piedra, el origen, el padre, guardián y señor del paraíso, ha muerto; Páramo es su antiguo jardín, hoy llano seco, sed y sequía, cuchicheo de sombras y eterna incomunicación. El Jardín del Señor: el Páramo de Pedro. Juan Rulfo es el único novelista mexicano que nos ha dado una imagen -no una descripción- de nuestro paisaje. Como en el caso de Lawrence y Lowry, no nos ha entregado un documento fotográfico o una pintura impresionista sino que sus intuiciones y obsesiones personales han encarnado en la piedra, el polvo, el pirú. Su visión de este mundo es, en realidad, visión de otro mundo (Octavio Paz, Corriente alterna, 1967).

La segunda es la de Óscar Brando, en su artículo El otro Juan Rulfo:

"Pero si se quiere un caso próximo a Rulfo en el tiempo y en el espacio piénsese en Malcolm Lowry y su novela Bajo el volcán. El ingreso al mundo de los muertos, que tenía una larga tradición literaria (sobre todo por La divina Comedia) estaba prefigurado en el extenso drama del capítulo 15 de Ulises" (7).

Y, la tercera, es de Sonia Mattalía Alonso, en su ensayo: Contigüidad de los textos: Juan Rulfo/Malcolm Lowry, publicado en el número especial sobre Juan Rulfo de la revista española Cuadernos Hispanoamericanos, No. 421-423 (1985), pp. 205-214, pero del cual no he podido encontrar una copia.


Mientras tanto, es del caso examinar esa literatura en la que los personajes son los muertos...

Para Juan Rulfo, los muertos fueron personajes primordiales desde su misma infancia, pero fue ya en su narrativa y poesía que se transformaron en personajes esenciales. Quizás inspirado por Dante y algunos otros grandes maestros de la literatura universal. Sin embargo, me gusta pensar que fue en Bajo el volcán, de Malcolm Lowry, también él un devoto dantiano, donde descubriera que en la literatura los muertos podrían ser protagonistas, habitantes simultáneos en ambos mundos que, al parecer, es uno y el mismo.

Eso es exacto lo que hizo Malcolm Lowry en Bajo el volcán. Geoffrey Firmin, El Cónsul, e Ivonne, vuelven, un años después de muertos, para relatar las tragedias de sus existencias durante las últimas doce horas de su vida, mientras se desplazan en aquel dantesco, desolado y onírico escenario mexicano, poblado por seres que devienen, ellos mismos, entre vivos y muertos. O, como M. Laruelle, testimonio de la tragedia.

Los muertos y los dantescos y desolados escenarios de Malcolm Lowry y de Juan Rulfo, les son propios y originales, sin embargo, como los de Dante, están conectados por ese hilo de sangre evolutivo que recorre toda la vida y la literatura universal desde el primordial y mítico origen.

Geoffrey Firmin, El Cónsul, e Ivonne, QUAUHNÁHUAC, como Pedro Páramo y Comala, nacieron para la literatura en ese río heraclitiano en cuyas aguas, siempre las mismas, siempre otras, fluye la historia de la vida y las artes del Homo-Humano.


Una historia que fluye hacia otras historias.

En 1962, Gabriel García Márquez descubre asombrado y fascinado los cuentos y la novela de Juan Rulfo, hasta el punto de aprendérsela de memoria.

Dos años después, en 1964, según lo cuenta Gabriel García Márquez:

"Más tarde, Carlos Velo y Carlos Fuentes me invitaron a hacer una revisión crítica de la primera adaptación de Pedro Páramo para el cine" (8).

Tanto Carlos Fuentes como Carlos Velo, eran amigos cercanos a Juan Rulfo, a su familia y a su casa, lo que permite pensar que fue en aquel tiempo de 1964 cuando Gabriel García Márquez conoció personalmente a Juan Rulfo y que, con plena seguridad, en sus conversaciones intercambiaron confidencias literarias, de las cuales no debió ser ajena la obra de Malcolm Lowry, de quien por esos días se publicó la primera versión al español de Bajo el volcán y aquel número especial dedicado a él, su obra y su vida, por la Revista de la Universidad de México, provocando revuelo en el ámbito intelectual y cinematográfico mexicano.

Las consecuencias de estos y otros eventos sobre el origen y el "nacimiento" de Cien Años de soledad, ya las he presentado en mi libro: Desde las entrañas de Bajo el volcán al "furor" de Cien años de soledad (9).

Así que doy un salto hasta El otoño del patriarca, publicada en 1975.

En 1982 Gabriel García Márquez le dijo a Plinio Apuleyo Mendoza:

"- Me has dicho que todos tus libros tienen como punto de partida una imagen visual. ¿Cuál fue la imagen de El otoño del patriarca?"

"- Es la imagen de un dictador muy viejo, inconcebiblemente viejo que se queda sólo en un palacio lleno de vacas" (10).

El Pedro Páramo, de Juan Rulfo, un cacique mexicano, dueño de la vida, honra y bienes, en Comala:

"Pedro Páramo estaba sentado en un viejo equipal, junto a la puerta grande de la Media Luna, poco antes de que se fuera la última sombra de la noche" (Toda la obra, p. 296).

El patriarca de Gabriel García Márquez:

"La segunda vez que lo encontraron carcomido por los gallinazos en la misma oficina, con la misma ropa y en la misma posición, ninguno de nosotros era bastante viejo para recordar lo que ocurrió la primera vez, pero sabíamos que ninguna evidencia de su muerte era terminante, pues siempre había otra verdad detrás de la verdad" (11).

Y, así, ese patriarca, a quien lo habían encontrado una primera vez y lo volverán a encontrar en otras ocasiones hasta su muerte... definitiva, se conecta y corresponde con la segunda vez que aparece Pedro Páramo sentado en el viejo equipal:

"Allá atrás, Pedro Páramo, sentado en su equipal, miró el cortejo que se iba hacia el pueblo. Sintió que su mano izquierda, al querer levantarse, caía muerta sobre sus rodillas; pero no hizo caso de eso. Estaba acostumbrado a ver morir cada día alguno de sus pedazos. Vio cómo se sacudía el paraíso dejando caer sus hojas" (Toda la obra, p. 302).

Ambos, cacique y patriarca, muriéndose a pedazos.

Retrocediendo hasta aquel otro dictador, para Malcolm Lowry su dictador es aquel que recuerda el señor Bustamante en el capítulo I, una especie de "Gran Hermano" criollo:

"El señor Bustamante, que era mayor de lo que parecía, recordaba los tiempos de Porfirio Díaz, la época en la cual en los Estados Unidos cada pueblecillo de la frontera mexicana tenía un "cónsul" [...] mantenidos por Días. Claro está que no eran cónsules sino espías" (BV: cap. I, p. 51).

Claro que en los demás capítulos de Bajo el volcán, Malcolm Lowry denuncia los terrores de esa peste universal que los fascistas extienden desde Europa y a la que se propone combatir Hugh, el hermanastro de El Cónsul, en España, de ahí la reiterada mención de:

"La batalla del Ebro".

Denuncia que se vuelve delirante en el capítulo XII y que conduce al trágico desenlace de las muertes de El Cónsul e Ivonne.

Además de un modelo de dictador, Malcolm Lowry se propuso desvelar los terrores ideológicos del fascismo.


Y, un segundo salto, hasta 1985, para establecer las conexiones, correspondencias, nexos y relaciones entre los trágicos amores de Bajo el volcán, Pedro Páramo y El amor en los tiempos de cólera.

Para Malcolm Lowry, en Bajo el volcán, la tragedia del amor esta signada por un verso de Fray Luis de León: el poeta-sacerdote ascético español del siglo XVI quien fuera condenado por la Inquisición por traducir al español el Cantar de los Cantares:

"No se puede vivir sin amar" eran las palabras escritas en la casa" (BV: cap. I, p. 26 y cap. VII, p. 242).

El mismo verso que permite también establecer las conexiones, correspondencias, nexos y relaciones con el incesto, pero esa es otra historia.

En 1980, cuando el homenaje nacional a Juan Rulfo, Gabriel García Márquez escribió:

"El otro problema -inseparable del anterior- era el de las edades. En toda su obra, Juan Rulfo ha tenido el cuidado de ser muy descuidado en cuanto a los tiempos de sus criaturas. Narciso Costa Ros ha hecho hace poco una tentativa fascinante de establecerlos en Pedro Páramo. Yo siempre había pensado, por pura intuición poética, que cuando Pedro Páramo logró por fin llevar a Susana San Juan a su vasto reino de la Media Luna, ella era ya una mujer de sesenta y dos años. Pedro Páramo debía ser unos cinco años mayor que ella. En realidad, el drama me parecía más grande, más terrible y hermoso, si se precipitaba por el despeñadero de una pasión senil sin alivio. Las edades establecidas para ambos por Costa Ros no son las mismas, pero no están muy lejos de las que yo había supuesto. Semejante grandeza poética era impensable en el cine. En las salas oscuras, los amores de ancianos no conmueven a nadie" (12).

Ese amor senil de Pedro Páramo por Susana San Juan, será reivindicado por Florentino Ariza y Fermina Daza en El amor en los tiempos del cólera.

Prefiero creer que lo que Gabriel García Márquez reivindica es el truncado amor de Susana San Juan y Florencio.

Acepto que el erotismo y los amores literarios de Malcolm Lowry y Juan Rulfo son diametralmente opuestos a los narrados por Gabriel García Márquez y, quizás por ello, comparables.

Mientras que para Susana San Juan, la erótica de su amor es una dulce y tierna calidez, tal y como lo expresan sus inaudibles murmullos frente al padre Rentería y dirigidos al asesinado Florencio:

"Tengo la boca llena de ti, de tu boca. Tus labios apretados, duros como si mordieran oprimiendo mis labios..." (Toda la obra, p. 292).

"Él me cobijaba entre sus brazos. Me daba amor" (Toda la obra, p. 293).

Para el caso de los amores de Florentino Ariza y Fermina Daza, estos están dominados por un violento pero lánguido erotismo, ardiente y sexual, pero ya impotente, tal y como lo expresa Florentino Ariza:

"Demasiado amor es tan malo para esto como la falta de amor" (13).

Y, por supuesto, Malcolm Lowry, Juan Rulfo y Gabriel García Márquez, comparten en las tres novelas el triángulo amoroso y algo más, como el incesto, que las conectan y corresponden. Geoffrey Firmin, El Cónsul, Ivonne y M. Laruelle, en Bajo el volcán; Pedro Páramo, Susana San Juan y Florencio, en Pedro Páramo y, Juvenal Urbino, Fermina Daza y Florentino Ariza, en El amor en los tiempos del cólera. Los dos primeros amores trágicos y macabros, el último, como diría su autor, desmadrado.

En fin, imágenes literarias, dictadores, amores, para jugar a desentrañar aquellos otros misterios de la literatura que la crítica, tan seria ella, desecha por considerarlos poco académicos. Allá ellos, así como me interesan sus mecánicos ensayos, por mi parte, gozo mucho más inventando hipótesis descabelladas.

Y, para dejar abierto el juego, se me ocurre preguntarme si podrían existir conexiones, correspondencias, nexos o relaciones entre ese rompecabezas estructural que es Pedro Páramo con ese otro rompecabezas extraordinario que será Rayuela, de Julio Cortázar.

Me parece extraño que en sus escritos críticos, políticos, conferencias, cartas, etc., Julio Cortázar mencione reiteradamente a los mismos escritores de los considerados del "boom" y, por ninguna parte, mencione para nada a Juan Rulfo, aún y cuando se refiera específicamente a la narrativa contemporánea mexicana. Por algo fue.

Otra aventura para LECTORES LUDI.

NOTAS

(1) Malcolm Lowry, Bajo el volcán, Tusquets, Barcelona, 1997. Todas las citas corresponden a esta edición.

(2) Juan Rulfo, Toda la obra: No oyes ladrar los perros, ALLCA XX / Fondo de Cultura Económica, Colección Archivos: 2a edición; 17, 1996, p. 134. Todas las citas corresponden a esta edición.

(3) Juan Rulfo: La literatura es una mentira que dice la verdad. Una conversación con Ernesto González Bermejo. En: Juan Rulfo, Toda la obra, LLCA XX / Fondo de Cultura Económica, Colección Archivos: 2a edición; 17, 1996, p. 462.

(4) Sergio López Mena, Así nacieron El llano en llamas y Pedro Páramo. En: Juan Rulfo, Toda la obra, ALLCA XX / Fondo de Cultura Económica, Colección Archivos: 2a edición; 17, 1996, p. 510.

(5) Juan Rulfo, "Pedro Páramo, treinta años después", Cuadernos Hispanoamericanos 421-423 (1985), p. 6. Citado por: Samuel Gordon en Juan Rulfo: una conversación hecha de muchas. Diálogo entre textos, pre-textos y para-textos. En: Juan Rulfo, Toda la obra, ALLCA XX / Fondo de Cultura Económica, Colección Archivos: 2a edición; 17, 1996, p. 514.

(6) Conrad Knickerbocker, San Malcolm entre los pájaros, Revista Quimera, No. 53, p. 12.

(7) Encontrado en:
http://www.diarioelpais.com/suplementos/cultural_00_10_13/index.phtml?3

(8) Gabriel García Márquez, Nostalgia de Juan Rulfo. En: Juan Rulfo, Toda la obra, ALLCA XX / Fondo de Cultura Económica, Colección Archivos: 2a edición; 17, 1996, p. 902 (publicado por primera vez en: Juan Rulfo, Homenaje nacional, México, Instituto Nacional de Bellas Artes / S. E. P., 1980, pp. 31-33).

(9) Iván Rodrigo García Palacios, Desde las entrañas de Bajo el volcán al "furor" de Cien años de soledad:
http://lowry-garciamarquez.blogspot.com/

(10) Plinio Apuleyo Mendoza, El olor de la guayaba. Conversaciones con Gabriel García Márquez, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 1998 (primera edición, 1982), p. 121.

(11) Gabriel García Márquez, El otoño del patriarca, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 1996, p. 53.

(12) Gabriel García Márquez, Nostalgia de Juan Rulfo. En: Juan Rulfo, Toda la obra, ALLCA XX / Fondo de Cultura Económica, Colección Archivos: 2a edición; 17, 1996, p. 903 (publicado por primera vez en: Juan Rulfo, Homenaje nacional, México, Instituto Nacional de Bellas Artes / S. E. P., 1980, pp. 31-33).

(13) Gabriel García Márquez, El amor en los tiempos del cólera, Oveja Negra, Bogotá, 1985, 1a. edición, p. 462.

2 de agosto de 2008

De Malcolm Lowry a Gabriel García Márquez

LECTOR LUDI-62

Desde las entrañas de Bajo el volcán
al “furor” de Cien años de soledad



INTRODUCCIÓN



El enigma de Cien años de soledad: ¿Quién es Melquíades?


El discurso que Carlos Fuentes leyó en el homenaje a Gabriel García Márquez en Cartagena el 24 de abril de 2007, con motivo de cumplir los 80 años y los 40 de la publicación de Cien años de soledad, podría haber sido sólo eso, un emotivo texto para una emotiva ocasión (el texto completo del discurso se puede leer en el Apéndice 1).

Por los sucesos que rodearon esa ocasión y por el juego de lectura lúdica que de allí se derivó resultó ser todo menos inocente e ingenuo, lo que allí ocurrió tenía que ser "algo más".

Considerados lo eventos de esa manera, viendo la forma de lectura del discurso por parte de Carlos Fuentes y la simultánea actuación de Gabriel García Márquez y su esposa, Mercedes Barcha, las historias que Carlos Fuentes contaba, podían tomarse por una provocación o el lanzamiento de un desafío o una indiscreción calculada, o las tres cosas a la vez, asumiendo que, dado el hermetismo del texto y lo sagrado del secreto que ellos compartían y allí se exponía, no sería fácil desvelarlo.

O, para ser más garciamarquiano, aquellos sucesos era un motivo de diversión rejuvenecedora en la que "los tres alegres compadres" se burlaban picarescamente del mundo en su propia cara.

Fuera lo que fuera, nada de lo anterior hubiera sido posible si aquel discurso no hubiera sido, como voy a demostrarlo, la historia de una confabulación en la que se "urdió la estratagema" y se fabuló la trama de engaños, imposturas, ocultamientos, magias y alquimia literaria, tras la que se ocultaba, hermético y codificado, el gran secreto del origen y el "nacimiento" de Cien años de soledad.

Sí, aquel discurso resultó ser un hermético texto de alquimia en el cual un maestro de alquimia literaria le recordaba al otro, con gracia y sentimiento, los viejos buenos tiempos, cuando ambos eran iniciados y desarrollaban su proceso de transmutación descifrando el Opus Magnun, La Gran Obra: Bajo el volcán, la novela del maestro alquimista Malcolm Lowry, así como de otras obras de maestros alquimistas.

Al mismo tiempo que allí se recapitulaban los pasos de aquel proceso alquímico literario que culmina en la Gran Obra que es Cien años de soledad.

Por alguna razón, que voy a tratar de demostrar, Carlos Fuentes llamaba a Gabriel García Márquez, al final de su discurso:

"[...] mago iniciático de un exorcismo sin fin".

Como en cuestiones de literatura y hermetismo todo es posible, voy a contar los descubrimientos a los que me condujo ese juego de lectura lúdica acuciado por el daimón de la certeza/duda que me habita desde siempre, con la única seguridad de que los descubrimientos de mi exploración de alquímica literaria son sólo transmutación de materia que me transmuta a mí mismo y al LECTOR LUDI que así lo desee.

En un principio, del discurso de Carlos Fuentes, sólo atrajo mi atención aquello que podía conectar con el asunto de la alquimia y el ocultismo, a partir de una anotación realizada por Gustavo Arango sobre Melquíades y el tema, lo que me permitió relacionar lo del "Cañón del Zopilote" con Malcolm Lowry, su correspondencia y su novela Bajo el volcán.

Así fue como una cosa fue llevando a otra. De allí salté a la mención de Kafka y a lo del viaje a Acapulco de Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, con otro viaje de Malcolm Lowry, también a Acapulco.

De ahí, Gustavo Arango me comentó lo de la correspondencia que intercambiaron Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes durante el período de escritura de Cien años de soledad, la cual se encuentra secreta y reservada en la Universidad de Princeton hasta 2015.

Esa era toda la información de la que disponía hasta ese momento, así que me concentré en desvelar esas conexiones y correspondencias, porque, a partir de ellas tendría que emprender la labor de descifrar el código encriptado en el texto de Carlos Fuentes.

A medida que avanzaba en mis demostraciones, como una piedra de Rosetta, el jeroglífico iba revelando sus secretos y lo que era un simple código, se convirtió en "un mural de sombras", un teatro de sombras proyectado sobre un muro de "la cantina" de Bajo el volcán y, desde allí, a las páginas de Cien años de soledad.

El discurso comienza con el relato de cómo se conocieron Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes para trabajar juntos en guiones del cine mexicano de los años 62 a 64. Así como el reconocimiento a la experiencia existencial y literaria obtenida en Europa por Gabriel de García Márquez, pero de forma notoria enfatizaba en la magia narrativa de sus cuentos y de su primera novela.

Mediante esta colaboración y por su amistad íntima, el maestro, Carlos Fuentes, inicia un proceso de enseñanza con el alumno Gabriel García Márquez, quien, como la esponja de aprender que era, absorbió las claves de la escritura para cine, los experimentos y las novedades de la literatura latinoamericana y europea y descubrió la cultura y magia del pueblo mexicano, así como las de su literatura: Juan Rulfo y un largo etc.

Es también la época en la cual trabajaba con los directores y productores españoles exiliados en México, quienes aportaron materias de enseñanza fundamental para el proceso de iniciación de Gabriel García Márquez, puesto que por exigencia de ellos le tocó re-escribir para el cine las obras de los novelistas españoles de finales del siglo XIX: Ramón María del Valle-Inclán, Benito Pérez Galdós, etc.

Con estos datos se desvelaron las pistas y claves para establecer otras conexiones y correspondencias de aquellas materias ocultas que participaron en la escritura de Cien años de soledad.

El texto se extiende en un largo reconocimiento a las calidades y cualidades de la narrativa que de Gabriel García Márquez conocía Carlos Fuentes y que este había publicado antes de que él llegara a México en 1962, por lo cual su ferviente deseo de conocerlo en persona.

En ese punto, cita al presidente François Mitterrand, quien exalta la naturaleza de la imaginación de Gabriel García Márquez y el poder embrujador de Cien años de soledad.

Luego narra el periplo del exilio y formación que realiza Gabriel García Márquez desde Aracataca a México y que culmina con el viaje iniciático a través de los desiertos mágicos del norte de México y su inmersión, mediada por una Venus renacentista y, a la vez, azteca, en la identidad mexicana a la que él "se acomodó con la sabiduría de hechicero que le atribuía Mitterrand".

Se iba reuniendo un aquelarre de "magos y hechiceros".

Le seguían los tres apartes del discurso que me habían llamado la atención y que había descifrado con cierta facilidad: el kafkiano viaje de Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes a Acapulco, la anécdota del "nacimiento" de Cien años de soledad y la correspondencia entre ellos, Europa-México, durante la escritura de la novela.

Luego de esos tres apartes viene la narración del viaje a Europa de Carlos Fuentes, la cual se divide en dos relatos bien marcados y codificados:

El primero, relacionado con el primer viaje europeo de Carlos Fuentes en los años cincuenta, su encuentro con la ruina y desesperación que dejó la II Guerra Mundial y el renacimiento de las cenizas en París. Allí, en La Ciudad Luz:

"En un apartamento vasto y congelado de la avenida Víctor Hugo vivían la pareja literaria de Octavio Paz y Elena Garro, siempre acompañados de otra pareja, esta argentina, formada por Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo: fuego graneado de citas poéticas, juegos surrrealistas del cadáver exquisito y correrías nocturnas por Sain-Germain-des-Prés" (1).

En este punto, emergen como protoplasmas las vidas y las obras de Jorge Luis Borges y de Julio Cortázar.

Fue Octavio Paz, quien puso a Carlos Fuentes en contacto con la materia del surrealismo, con Max Ernst y su exposición de "un solo cuadro, titulado Europa después de la lluvia" y, por supuesto, con la materia primordial del "realismo mágico", emanada del surrealismo alemán y español y la postura asumida en 1930 por Miguel Ángel Asturias, Arturo Uslar Pietri y Alejo Carpentier frente al surrealismo francés para nominar "lo real maravilloso", el padre del "realismo mágico".

Para complementar ese primer relato, Carlos Fuentes cuenta la estancia de 1957 de Gabriel García Márquez en París a donde van, como él lo había dicho, "los buenos latinoamericanos a escribir".

El segundo relato se inicia en 1966 cuando Carlos Fuentes regresa a Europa y se instala en un palazzo veneciano "para ver que se sentía ser Henry James", que conduce a otra pista y clave del código secreto del discurso: a una novela de Henry James: Los papeles de Aspern y, de ella, a la inclusión de Mercedes Barcha, con los que así pude desvelar, al leer el primer párrafo de la novela, la "estratagema" que urdieron Mercedes y los alegres conspiradores y, de cómo, el resto de la novela de Henry James, opera como el sustento de una trama de imposturas y enmascaramientos que revela la intención y la trama de esa "estratagema" y del discurso, en general.

Le sigue la cita de un fragmento de una de las cartas de Gabriel García Márquez a Carlos Fuentes y se revela el misterio final, los motivos y la confirmación de la ocultación: crear un mito o leyenda que no permitiera que todo aquello se relacionara con Malcolm Lowry, ocultándolo pero no negándolo y desviar la atención hacia Rabelais y hacia muchos otros asuntos y temas. Lo cual tuvo el mayor de los éxitos.

Pero, además, en esta carta Gabriel García Márquez comenta con su maestro las luchas y aspiraciones del alumno en su proceso de realización de la Gran Obra.

Al final, los fragmentos de la exaltada carta que Carlos Fuentes le envía a Julio Cortázar al momento de recibir y leer el manuscrito de Cien años de soledad.

Esa carta si que es un texto hermético, el cual me permite una especulación de detective literario y, lo más portentoso, leer el texto que une, en simpatía de alquimia literaria, a estos tres "magos y hechiceros".

En esos fragmentos, tras el evidente festejo de un maestro alquímico de la literatura con los logros de un aprendiz que ha logrado culminar su Opus Magnun, se oculta toda esta historia y la seña de que todo lo escrito es la recapitulación de ese proceso de maestros y alumnos.

Antes de concluir, quiero llamar la atención sobre otra clave, la de la historia de Julio Cortázar en Francia, sobre la cual y al no tener referencia alguna, se me ocurrió conectarla con Rabelais.

Finalmente, en la carta a Julio Cortázar se hace mención a uno de los Aurelianos de cruz de ceniza en la frente, que como demostraré, establece una conexión de Remedios, la Bella e Yvonne, la esposa de Geoffrey Firmin, el Cónsul.

Hecha esta lectura del discurso de Carlos Fuentes, era también el momento de festejar la feliz culminación de mi obra. Era el momento de desvelar el enigma por el cuál se había iniciado este juego el 16 de abril de 2007:

¿Quién es el personaje real y concreto que inspiró al personaje de Melquíades en Cien años de soledad?:

¡Era Malcolm Lowry!

No podía ser otro. Era un homenaje codificado, casi anagramático, a Malcolm Lowry, en cuya novela, Bajo el volcán y en sus cartas, se encuentran inscritos, no escritos, los pergaminos que profetizan la genealogía de los Buendía y la historia de Macondo.

Así se presenta a Melquíades en Cien años de soledad:

"Aquel ser prodigioso que decía poseer las claves de Nostradamus, era un hombre lúgubre, envuelto en un aura triste, con una mirada asiática que parecía conocer el otro lado de las cosas". (CAS: p. 105).

(En el capítulo 5 adjunto foto de Malcolm Lowry para hacer la verificación de esa mirada asiática).

Pero, en esa demostración será necesario también absolver y demostrar otra pregunta:

¿Quiénes son los Buendía que se empeñan en descifrar los pergaminos de Melquíades?:

Cada uno de ellos representa la descripción del proceso de alquimia literaria al que se sometió Gabriel García Márquez en su lectura de Bajo el volcán y de las cartas de Malcolm Lowry para su escritura de Cien años de soledad. Algo así como un Proteo que se transforma a necesidad.

El proceso de esos descubrimientos y los procesos implícitos en ello, es lo que voy a contar en este libro.

Los capítulos de la primera parte están dedicados a demostrar como se desvelaron y descifraron las pistas y claves que el discurso de Carlos Fuentes expone de la historia secreta del origen y "nacimiento" de Cien años de soledad.

Los capítulos de la segunda parte se empeñan en demostrar que, además de las conexiones y correspondencias establecidas entre Malcolm Lowry, Bajo el volcán y su coincidente lugar y momento de "nacimiento" con Cien años de soledad, existen otras tan asombrosas que no teniendo otro concepto, las llamo palimpsestos o intertextualidades.

Los cuatro apéndices son complemento y un par de lecturas de otras obras de Gabriel García Márquez, con las que pretendo dar por zanjado mi ajuste de cuentas con mis cuarenta años de la lectura de todas sus obras.

Los dos primeros apéndices corresponden, el primero, al texto completo del discurso de Carlos Fuentes y el segundo, a las citas en las cuales se menciona "paraíso" o "jardín" en Cien años de soledad por su orden de aparición dentro de la novela.

En el tercer apéndice la emprendo con mi lectura de Memorias de mis putas tristes, la última de sus novelas, la cual me correspondió reseñar cuando era lector profesional del suplemento literario de El Colombiano, y la que, ahora, he convertido en otro de mis juguetes de aspirante a Maestro LECTOR LUDI.

El cuarto apéndice esta dedicado a filosofar "a vuelo de zopilote", para sugerir una reflexión sobre la metafísica de la imaginación en Gabriel García Márquez, explorando la posible conexión de su lectura de las obras de Fernando González.

En fin, este libro es la narración de las aventuras exploratorias, interpretativas y búsquedas de nuevos sentidos, de un LECTOR LUDI y sugerir un juego de lecturas, un poco menos académicas o mediáticas, pero sí más lúdicas e intrigantes, a las obras involucradas en este proceso alquímico.

Medellín, 16 de mayor de 2007 a 2 de agosto de 2008.


NOTAS

(1) Carlos Fuentes, Para darle nombre a América, edición conmemorativa de Cien años de soledad, RAE, 2007, p. XX.G

28 de mayo de 2008

Lector Ludi-61

Sin la lectura... ¿Quién soy yo?


Capítulo 2


¿Cómo y por qué se lee?

La creación de los lenguajes hace parte del largo proceso de la evolución que se inicia en la simplicidad del primer organismo vivo y alcanza su mayor complejidad en el Homo-Humano.

El cuerpo humano es el lector biológico más completo y complejo que haya desarrollado la Naturaleza. Es una especie de escáner que se lee a sí mismo, lee a todo lo que rodea y hasta lee en "el más allá" que él mismo se ha creado.

Esa lectura que es la que hace al Homo-Humano, es también la que lo dota de conciencia y, a su vez, de ser consciente de sí mismo, de los otros y de la totalidad de la Naturaleza. De poder interpretar, dotar de sentido, explicar y proyectar, lo que lee.

La función primordial biológica de leer, hace parte de la naturaleza original de los seres vivos desde la simplicidad del primer microorganismo hasta la suprema complejidad del Homo-Humano, porque de ella depende su supervivencia, su reproducción y su adaptación en el mundo. Complejidad que en el Homo-Humano se manifiestas por su capacidad de descubrir conocimiento y transmitir, compartir, transformar y memorizar información.

Todo organismo vivo, por necesidad, percibe, reconoce y memoriza aquello que en su ámbito le hace sentir y diferenciar lo que le causa placer y dolor. Lo placentero le provoca atracción y deseo y, lo doloroso, repulsión y miedo, una ley fundamental de la física en operación. Y es, a partir de estas primarias reacciones sensoriales que los organismos vivos han desarrollado el proceso evolutivo desde el principio y hasta ahora.

Como lector biológico o escáner, el cuerpo del Homo-Humano lee o percibe la realidad por medio de los cinco sentidos: visión, tacto, oído, olfato y gusto. Los sentidos son sistemas independientes que se conectan e integran entre sí en grados de intensidad y precisión variables de acuerdo con las circunstancias.

Los sentidos son los mecanismos de percepción del cuerpo a través de los cuales, al entrar en contacto con la realidad tanto interna como externa, son excitados y esas excitaciones son convertidas por el sistema nervioso en sensaciones que, a su vez, son transmitidas al cerebro, el cual las organiza y distribuye como circuitos neuronales por todos los sectores cerebrales para que, por medio de los fenómenos mentales, sean analizadas, interpretadas y transformadas en respuestas motoras y sensibles, así como, simultáneamente, en información para la imaginación, el pensamiento, la memoria, etc.

Esa información es, por una parte, transformada en respuestas que motivan, organizan, dirigen y proyectan en, el espacio y en el tiempo, los actos, acciones y actividades del Homo-Humano.

Por la otra parte, esa información es acumulada y conservada en los sectores cerebrales especializados de la memoria como fuente de la experiencia para también ser permanentemente analizada, interpretada y comprendida y para ser proyectada en toda situación, o bien para modificar las sensaciones, reacciones, acciones y actividades o bien para ser utilizada en el descubrimiento de conocimiento.

Para que esa información sea funcional, acumulable y conservable, el cuerpo y la mente desarrollaron las capacidades y habilidades de simbolizar, metaforizar y comunicar, mediante las cuales se generaron códigos complejos de signos y símbolos, sonoros, táctiles, gestuales y gráficos, los cuales, articulados, sirven para archivar en la memoria tanto las sensaciones mismas como la totalidad del proceso realizado y los resultados obtenidos, lo que podría llamarse pensamiento lingüístico, o sea, la lectura y escritura de signos, imágenes, sonidos y movimientos, así como también sirven para la interpretación y articulación de lo que quiera que sean las sensaciones y las emociones.

Esta memoria que se actualiza, amplia y funciona permanentemente, es la parte fundamental de lo que se llama experiencia. Experiencia que es, a su vez, la actividad mediante la cual se analiza, interpreta, comprende y se dota de sentido y acción, tanto a la nueva información que se percibe como a la información archivada, en un proceso de renovación y confirmación permanente.

Es, en esa actividad de renovación y confirmación de la información, cuando se descubre el conocimiento, el que, consecuentemente, se convierte en nueva información para ser archivada y con la que se actualiza y amplia la experiencia en una espiral sin fin de acciones, renovaciones y proyecciones espacio temporales. Esto es lo que hace posible la comunicación.

La comunicación se usa para dar a conocer lo que se siente y piensa, pero, más importante, para saber y conocer lo que los otros sienten o piensan. La comunicación instintiva se define como la forma por medio de la cual se obtiene información del ámbito para poder sobrevivir, reproducirse y adaptarse.

Dadas las condiciones mismas del ser Homo-Humanos, la comunicación que este crea, es, entre otras consideraciones, de dos cualidades: formal e informal.

Con la comunicación formal el Homo-Humano organiza y dirige sus empresas de supervivencia, desde los primitivos que realizaban sus actividades de caza y recolección unidos tanto por los lenguajes y los códigos establecidos como por la información acumulada sobre la localización de los lugares, las especies, etc. y sobre las variaciones y condiciones en los cotos de caza y recolección. Con esta comunicación regían sus migraciones y demás actividades comunales. Igual hoy que en el pasado.

Con la comunicación informal los Homo-Humano se conocen entre ellos y pueden establecer los lazos de solidaridad con la cual enfrentar y resolver el miedo y la necesidad. Ese miedo y esa necesidad que, compartidos, son menos azarosos y atemorizantes. Ello, sólo para mencionar, la importancia que esta comunicación tiene para el saludable desarrollo de tantas otras actividades fundamentales de vida colectiva, como por ejemplo la formación y desarrollo de las familias entre sí y las relaciones con las demás.

Tanto o más importante que la comunicación formal para la supervivencia, reproducción y adaptación del Homo-Humano, es ese otro fenómeno de la comunicación conocido como "cotilleo" o "chismorreo" o de comunicación informal.

Si una comunidad ha establecido una comunicación formal adecuada para el desempeño y desarrollo de sus empresas de supervivencia, la comunicación informal será tanto más positiva y productiva para la comunidad en general, porque, de lo contrario, terminará por destruir los lazos solidarios que los unen.

Cuando la comunicación formal es deficiente, como sucede en las dictaduras y las revoluciones, la comunicación informal será el único refugio en el cual se puedan proteger los Homo-Humanos, pero, al mismo tiempo será una comunicación caótica, de desconfianza, etc. que reduce los grupos a un número mínimo de integrantes que se enfrentarán por la supervivencia con todos los demás grupos.

Independiente de polémicas neurocientíficas, psicológicas y filosóficas, el anterior cuadro es, de manera muy simplificada, la descripción de los procesos y actividades de la mente y el cerebro del Homo-Humano para la generación de los lenguajes y la comunicación.

De manera simple, pero consecuente, esos procesos cerebrales y mentales y las actividades que generan, son los mismos que se desarrollan en la lectura. O, para decirlo de manera más parcializada: el Homo-Humano es un lector, es decir, es quien descubre conocimiento a partir de la LECTURA y la ESCRITURA, lo que no es otra cosa que el resultado de interpretar y dotar de sentido y expresión a algo que antes no lo tenía y que hace posible su comunicación, acumulación y conservación.

10 de mayo de 2008

LECTOR LUDI-60

Sin la lectura... ¿Quién soy yo?

Capítulo 1

La lectura del origen

o el origen de la lectura


Excepto la Naturaleza, todo lo demás es invención del Homo-Humano, incluso cualquier explicación sobre la creación de la Naturaleza.

Hijo de la Naturaleza, la mente del Homo-Humano se imagina a imagen y semejanza de su madre.

El Homo-Humano -un Homo dotado de mente (1)- es humano porque descubre conocimiento, lo convierte en información para acumularlo, memorizarlo y transmitirlo a otros para continuar descubriendo conocimiento, trasformar sus realidades y transformarse a sí mismo, porque cualidad primordial de los seres vivos es percibir y expresar, comunicar.

El primer invento comunicativo del Homo-Humano, el lenguaje, lo desarrolló a partir de sus órganos de comunicación: la fonetización de los sonidos y los gestos de su cuerpo, para responder a la necesidad de interpretar, dotar de sentido, permanencia y proyección a lo que se leía, a lo que sus sentidos percibían, lectura posible a partir de la articulación organizada o sistematizada de sonidos, signos y señas, en códigos.

Eso son los lenguajes: sistemas articulados de signos fonéticos y gráficos o, para decirlo más filosóficamente como lo hace George Santayana:

"[…] el lenguaje, un verdadero arte de la sustitución" (2).

Mucho más tarde, se inventó la escritura.

Los primeros lenguajes como tales, tuvieron que estar vinculados a la solución y satisfacción de las necesidades básicas de la supervivencia, la reproducción y la adaptación.

Luego, la evolución hacia una mayor complejidad del cerebro y de la mente, generaron nuevas necesidades: explicar, interpretar, dar sentido, recordar y expresar, las experiencias más allá de sí mismo y conectadas con su percepción, con el espacio y el tiempo, con la materia y la energía. Se podría decir que comenzó a formularse preguntas y a buscar respuestas: a descubrir conocimiento.

¿Qué es y de dónde surge la vida? ¿Qué es y cómo funciona el mundo? ¿Qué son y qué producen los fenómenos que lo afectan? ¿Qué es ser humano? ¿Qué es el hombre? En fin, todo lo relacionado con el Homo-Humano y con la Naturaleza en la cual habita.

Obvio, en ese entonces como ahora, la mente trata de interpretar, de dotar de sentido y explicación a todo aquello que le es desconocido y lo considera un misterio, un misterio que es todo aquello que se localiza "más allá" de cualquier explicación práctica o evidente, pero que sucede y es real.

Es así como nacen los mitos y las religiones, los primeros lenguajes de la solidaridad con los cual enfrentar unidos el miedo y las necesidades. Lenguajes de signos, señales y símbolos concretos, una escritura natural que señalaba y trazaba lugares sagrados con signos, señales y símbolos comunes y articulados que explicaban, estaban dotados de sentido, transmitían y conservaban la experiencia.

Lo demás, es historia ya contada.

En otros capítulos explico los mecanismos genéticos, biológicos y culturales, que dan origen a la mente del Homo-Humano y a sus funciones en la lectura y en la escritura.

Desde el instante en el cual el Homo-Humano se percibió y luego creó las nociones de espacio y tiempo, materia y energía, supo que estaba en el mundo. Sólo que, todavía hoy, no ha podido descubrir qué es él mismo y esa es su tragedia. La búsqueda de la respuesta a esa pregunta fue el origen del concepto de lo humano (la mente) y esa es también la historia de la humanidad.

En ese mismo instante primordial en el cual el Homo-Humano supo que era un sujeto, también, supo que estaba en el mundo, se supo objeto, obligado a cumplir las leyes de su biología: sobrevivir, reproducirse, adaptarse y evolucionar, sin saber cómo y por qué.

Todo lo que existe en el universo está constituido por la misma materia y la misma energía, está en el mismo espacio y tiempo y todo ello, se forma y transforma de acuerdo con las mismas leyes.

Todos los seres vivos están constituidos por los mismos materiales y se comportan de acuerdo con las mismas leyes biológicas, físicas y químicas.

El Homo-Humano, es un ser vivo y se diferencia de los otros seres vivos porque es capaz de descubrir conocimiento y compartirlo con otros y porque con ese conocimiento es capaz de transformarse a sí mismo y a sus circunstancias, al igual que a descubrir, interpretar y deducir las leyes del universo para intervenir y manipular la materia y la energía.

El conocimiento se descubre, no se crea. Todo hace parte de la Naturaleza. Por ello, el hombre ha inventado todo, salvo la Naturaleza que es el ámbito a descubrir.

Humanidad es aquello que resulta de la aplicación de esas capacidades de descubrir y transformar del Homo-Humano sobre sí mismo y sobre la Naturaleza.

Por necesidad, el Homo-Humano, aprendió a conocerse y a conocer al mundo y en consecuencia a leerse y a leerlo y, a partir de allí, desarrolló los lenguajes para explicarse y explicar lo que leía, pues necesitaba interpretar y dotar de sentido a esa lectura como el espejo en el que se interpretaba y se daba sentido a sí mismo, al igual que a todo lo demás.

Es sólo por su deseo y voluntad que el Homo-Humano pasa de leer biológica y mecánicamente y se convierte en lector y en escritor, es decir, descubridor de conocimiento y acumulador de información. Conocimiento que es descubrir y descifrar las leyes de la Naturaleza, sus acciones y funciones; información que es la acumulación y conservación de lo descubierto y lo descifrado.

Se lee por necesidad pero se es lector por deseo y voluntad. Todo Homo-Humano, por condición, lee, pero sólo los Homo-Humanos que lo desean y lo hacen, se transforman en lectores. El que lee, sabe, pero sólo el que es lector descubre conocimiento.

El Homo-Humano descubre conocimiento por medio de los fenómenos mentales de la imaginación y de la razón. Por la imaginación proyecta los sentidos de su mente en el misterio y lo desconocido, en el espacio y en el tiempo. Por la razón organiza y conserva en su mente y en sus herramientas, con sus propios tiempos y espacios, lo imaginado.

Por medio de los fenómenos y los mecanismos de su mente, las percepciones y visiones de la imaginación y de la razón, son transformadas en imágenes, símbolos y metáforas, con las que, a su vez, crea los signos y los lenguajes con los cuales las explica tanto a sí mismo como a los demás y es capaz de acumularlas y conservarlas para su uso y aprovechamiento posterior.

La evolución desarrolló los órganos anatómicos necesarios y correspondientes para que el Homo-Humano fuera posible.

De esos elementos anatómicos que hacen posible el que el Homo-Humano sea humano y se diferencie de los demás seres vivos, dos son fundamentales para el descubrimiento de conocimiento y la posibilidad de compartirlo:

1- El cerebro del Homo-Humano y los además órganos del sistema nervioso:

El cerebro está compuesto por tres partes: la corteza cerebral, el cerebelo y el tronco cerebral, las cuales, evolutivamente y en su orden, corresponden al cerebro propiamente humano, al cerebro de los mamíferos y al cerebro de los reptiles, cada una de ellas con sus características propias, pero funcionando de manera interconectada, interrelacionada e integrada, bajo condiciones establecidas, pero, a su vez, cambiantes y cambiables.

La actividad cerebral y la del resto del cuerpo generan la mente, la cual, a su vez, dota al Homo-Humano de la capacidad de descubrir conocimiento y descubrirse a sí mismo: conciencia e inteligencia.

2- El sistema fonético, es el sistema para la producción de sonidos modulados y articulados, exclusivo de los Homo-Humanos y, a partir del cual, se elaboran y desarrollan complejas formas de expresión: lenguajes orales, gestuales y escritos, las herramientas fundamentales para desarrollar y organizar las actividades necesarias para su supervivencia, reproducción, adaptación y bienestar: todas las ciencias y todas las artes.

Entre los seres vivos, toda percepción provoca una reacción, expresión, conducta o comportamiento, percepción y expresión se convierten en acciones y actividades comunicativas. A toda percepción o impresión responde y corresponde una expresión o respuesta, este es el proceso básico de la comunicación.

Estas actividades comunicativas son de tres clases:

1. Biológicas:

Ante cualquier percepción o impresión o estímulo, el organismo produce una reacción y una acción o expresión automática.

2. Mecánicas o de aprendizaje-entrenamiento:

Son las acciones y reacciones que los organismos de cierta complejidad fisiológica producen y reproducen ante ciertos estímulos o impresiones o percepciones, desarrollando un repertorio determinado y repetitivo de reacciones, expresiones y acciones que se adquieren y desarrollan por entrenamiento y aprendizaje.

3. Culturales:

Son acciones y actividades que desarrollan los organismos dotados de cerebros más complejos en respuesta a aquellas interacciones con la realidad en las cuales se interpreta, se dota de sentido y se descubre conocimiento, mediante el cual se inventa, desarrolla y transforma, un método de acción, actividad y comunicación que, a su vez, remite a nuevas interpretaciones, sentidos y actividades, con las cuales se transforman tanto al organismo como al sector de la realidad con el que se interactúa.

Las actividades comunicativas culturales son aquellas impresiones y expresiones que el Homo-Humano inventa, desarrolla y articula, las cuales, por estar dotadas de significante y significado, son interpretables, están dotadas de sentido, producen y reproducen sentido. Esos son los procesos que se suceden en la lectura y en la escritura.

Lo anterior conduce a plantear una teoría evolutiva de la información y de la comunicación:

La información y la comunicación no tienen sentido por sí mismas. La información es producida y transmitida, por impresiones, estímulos e impulsos, articulados o no, pero sólo será información cuando se la interprete, se la dote de sentido y sea transmisible y compartible.

La información sólo se convierte en información cuando un emisor, por cualquiera sean los medios, codifica y articula, mediante un código establecido, esos estímulos e impulsos con la intención de dotarlos de un sentido específico y cuando un receptor los decodifica y rearticula, interpretándola y dotándola de un sentido propio. Todo lo demás es información mecánica: estímulo y reacción.

Por ejemplo, las abejas o los computadores reciben, leen y transmiten información, pero esta carece de sentido, los estímulos e impulsos, cualquiera sea el código utilizado que portan esa información, son impresiones físico-mecánicas preprogramadas para producir y reproducir respuestas automáticas, cuyo único y posible fin es causar una respuesta, igualmente, físico-mecánica, siempre repetida, siempre la misma.

En principio, el cerebro humano, por complejo y poderoso que sea, sólo procesa impulsos y estímulos físico-mecánicos, pero la totalidad de esos procesos producen la mente o, para decirlo más filosóficamente, de allí emana la mente, la cual convierte, esos impulsos y estímulos, primero, en información y, segundo, en comunicación.

Información y comunicación que son, primero, íntima o sujetiva y, segundo, externa y colectiva. La información y comunicación íntima o sujetiva es diferente de aquella información y comunicación externa y colectiva.

Y, todavía así, para que, tanto la información como la comunicación, sean concretas y eficaces, es necesario que exista un código articulado de signos y símbolos y que este código y los sentidos de cada signo y símbolo, sean comunes para quienes participen en el proceso, para que, de esa manera, ese proceso se complete y realice.

A partir de esos elementos y en conjunción con su cuerpo, el Homo-Humano ha desarrollado los lenguajes de la imaginación y de la razón: los lenguajes estéticos para la imaginación y los lenguajes científicos para la razón.


NOTAS

(1) John R. Searle, La mente, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2006, p. 365:

"Nuestra presentación de la mente en todos sus aspectos -conciencia, intencionalidad, libre albedrío, causalidad mental, percepción, acción intencional, etc.- es naturalista en este sentido: en primer lugar, trata de fenómenos mentales como parte de la naturaleza. Debemos concebir la conciencia y la intencionalidad en cuanto partes tan legítimas del mundo natural como la fotosíntesis o la digestión".

(2) George Santayana, Diálogos en el limbo, Tecnos, Madrid, 1996, p. 50.

5 de abril de 2008

Lector Ludi-59

Sin la lectura... ¿Quién soy yo?

INTRODUCCIÓN

La lectura y la escritura,

cuestión de supervivencia

El conocimiento está ahí, por siempre.

La lectura y la escritura, que hasta hace algún tiempo fueran territorios sagrados y que ahora parecen obsoletas banalidades, son en realidad manifestaciones de la Naturaleza a través de las cuales, como con todo lo demás que lo determina, el Homo-Humano evoluciona, se adapta y sobrevive y como tales se las debe estudiar.

La lectura y la escritura, más que actividades estéticas, son las máximas habilidades con las que la Naturaleza dotó al Homo-Humano para su evolución, supervivencia, reproducción y adaptación.

O, parodiando la célebre frase de Descartes: Existo porque soy lector y escritor.

O, si así lo desea, para lograr alcanzar la verdadera realización de Ser Humano.

Leer es una acción natural y propia de todo organismo biológico necesaria para su supervivencia, reproducción y adaptación. Leer es un acto biológico y mecánico de todos los organismos vivos. La lectura, por su parte, es una función que, al desarrollarse, se convierte en la habilidad de descubrir conocimiento, propia del Homo-Humano. Es de esa habilidad y su desarrollo sobre lo que tratan las páginas de este libro.

Lectura y escritura son el resultado de la evolución biológica y cultural de procesos cerebrales y mentales que funcionan con los circuitos de neuronas, organizados y articulados, que reaccionan ante la excitación que les producen, por medio de acciones orgánicas, químicas y físicas, los signos y códigos de los lenguajes, tal y como lo han venido demostrando las neurociencias.

La lectura es el proceso mediante el cual el cerebro y la mente perciben, analizan, interpretan y dan sentido a las realidades, internas y externas, para luego memorizar y reproducir el resultado como información y experiencia, a partir de lenguajes y códigos establecidos, los cuales han sido inventados, desarrollados y articulados, para mejorar las condiciones de supervivencia y adaptación. Este es el proceso mediante el cual se descubre conocimiento.

La escritura es un proceso más elaborado y complejo mediante el cual el cerebro, la mente y el cuerpo, comparten o transmiten o comunican a otros la información y las experiencias propias para ser confrontadas, conservadas y utilizadas en el desarrollo de nuevos descubrimientos de conocimiento, a partir de lenguajes y códigos establecidos y con la intervención de sectores específicos del cerebro y el cuerpo.

Sobre estos presupuestos se fundamenta la actividad comunicativa. Entre los seres vivos, toda impresión, reacción, expresión, conducta y comportamiento, se convierte en acciones, actividades y habilidades comunicativas. A toda impresión o estímulo, responde y corresponde una expresión, este es el proceso básico de la comunicación.

La finalidad original y natural de la comunicación fue, primordialmente, la de conocer las reacciones, el pensamiento y las emociones de los otros y, en segundo lugar, dar a conocer el propio pensamiento y las propias emociones. Era y es cuestión de supervivencia.

Antes de continuar, es necesario advertir que considero como escritura, también y para los efectos de estas reflexiones, a la elaboración, transmisión y comunicación oral, gestual y dinámica, de emociones, gestos, pensamientos e ideas, debidamente articulados y organizados para ser transmitidos, compartidos, confrontados y recordados por los otros, porque de esta manera se podría decir que se hace una escritura para ser comunicada y, al mismo tiempo, conservada en la memoria y en la experiencia.

Como trataré de explicarlo en los capítulos de este libro, la lectura y la escritura, más que una herramienta son habilidades con las que la Naturaleza dotó al Homo-Humano para su evolución, adaptación y supervivencia.

Los lenguajes se inventaron por la necesidad de expresar y darle sentido, permanencia y proyección, a lo que los sentidos percibían, a lo que se leía. Luego, se inventó la escritura.

Para ser irónico y satírico, si no cree en las anteriores afirmaciones, el que así lo quiera, puede realizar una mínima observación y reflexión sobre el destino que espera a los millones de alfabetos funcionales -aquellos que saben leer y escribir y poco más nada de la lectura ni de la escritura- quienes son reproducidos sistemática, económica, mecánica y periódicamente, por las incontables instituciones educativas de todo el planeta, para que se den cuenta de la clase de rebaño de cuasi-bestias en el que se está convirtiendo a la humanidad.

Estos alfabetos funcionales son el resultado de un proceso de degeneración cultural que cada año se manifiesta en la pobreza decreciente de las habilidades de la lectura y la escritura, tal como son evaluadas por los sistemas educativos de los países del mundo.

Situación crítica para la humanidad que, al igual que la crisis ecológica, es el resultado de la intervención humana y la promoción de ideologías de estupidización por parte de los poderes económicos, políticos, religiosos, etc., a través de los medios masivos de comunicación, convertidos y utilizados por esos poderes en aparatos del "show business", en eso que llaman industria del espectáculo.

La búsqueda de la Sabiduría dejó de ser un asunto vital de la existencia del Homo-Humano, para convertirse en una mercancía de moda con la que trafican inescrupulosos hechiceros y gurús, así como miles de profesionales de las profesiones que se han inventado, para mercadear, como supuestas fórmulas infalibles y mágicas, productos con los cuales se promete que es posible alcanzar la felicidad, por medio de las ilusiones y mentiras de la publicidad.

¡Proféticas resultaron las reflexiones de Walter Benjamín sobre la banalización del arte!

No se requiere saber leer y escribir, aun cuando ayuda, para ser un buen lector y escritor, así como para ser un evolucionado y adaptado Homo-Humano. Para ello se cuenta con una dotación evolutiva: la de tener las capacidades y las habilidades de la lectura y de la escritura natural.

A partir de esa dotación natural y como consecuencia del proceso evolutivo del mismo Homo-Humano, así como de la evolución de la cultura y de las tecnologías, se desarrollaron esas otras lecturas y escrituras que se conocen hasta la actualidad:

1. Lectura y escritura natural con las que la evolución dotó al Homo-Humano para percibir, analizar, interpretar y dar sentido a sus realidades, internas y externas y para descubrir y conservar conocimiento. Esta es la lectura fundamental de la supervivencia.

2. Lectura y escritura de signos, códigos y símbolos o lectura y escritura visual / simbólica, resultantes de la evolución cultural y tecnológica del Homo-Humano.

3. Lectura y escritura virtual, esas que están en proceso de desarrollo como respuesta al veloz y saturante desarrollo de las tecnologías informáticas.

En fin, la lectura y la escritura que son esas cualidades naturales que diferencian al Homo-Humano de los demás seres vivos y que debe ser condición indispensable para el desarrollo de niños, jóvenes y adultos saludables.

El recién nacido, por naturaleza, lee lo que lo rodea y, en consecuencia él mismo será, por el resto de su existencia, como la lectura que ha realizado, es decir, como ha interpretado y dado sentido a las realidades y relaciones en las que se desarrolló el "imprinting" y conformación de los circuitos de neuronas. Por ello, será responsabilidad de los padres y de quienes lo rodean, el que se convierta en un buen lector y en un buen escritor de sí mismo y de sus circunstancias:

Un Homo-Humano capaz de descubrir conocimiento y de comprender y manejar su destino en solidaridad con los demás y con el universo.

Negarle a un niño el pleno derecho de ser un buen lector y un buen escritor, es un crimen cuya condena y castigo ya han sido dictados y ejecutados: la estupidez colectiva.

-0-

Esos son los temas sobre los que voy a reflexionar en este libro, amparándome en el precepto de Charles Darwin: sin temor a formular hipótesis, así sean descabelladas, como me gusta llamarlas.

Los capítulos de la primera parte los he dedicado a analizar, interpretar y dar sentido, a las conexiones, correspondencias y nexos de la lectura y la escritura con la evolución, la biología, la antropología y las neurociencias.

Los capítulos de la segunda parte se proponen responder a las preguntas clave: ¿Qué es la lectura? ¿Qué es ser lector? y ¿Qué es la escritura? ¿Qué es ser escritor?, y, en consecuencia, ¿Cómo podrían formarse buenos lectores y escritores?

Una tercera parte está dedicada a reflexionar sobre la lectura y la escritura virtual, su desarrollo y aplicación en Internet y en las nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (TIC).

La finalidad que me he propuesto es la de exponer los resultados de mis reflexiones, experiencias y lecturas como LECTOR Y ESCRITOR LUDI, es decir, desde la naturaleza misma del juego infantil, esa actividad tan seria del Homo-Humano por medio de la cual conoce, se adapta y adapta sus realidades internas y externas para sobrevivir y adapatarse en este planeta y, quizás, en el resto del universo...

Los invito a jugar.

7 de marzo de 2008

LECTOR LUDI-58


Título: La evolución de la cultura

Autor: Luigi Luca Cavalli Sforza

Anagrama, Barcelona, 2007 (204 p.)

Por Iván Rodrigo García Palacios

Cuando hace unos cinco o seis años Guillermo Sánchez Trujillo proponía un "genoma dostokafkiano" para mostrar el parentesco entre Crimen y castigo y El proceso y, a partir de esa idea, un poco después yo proponía mi hipótesis descabellada de un genoma literario universal, el especialista en diversidad genética, Luigi Luca Cavalli Sforza, apenas estaba publicando en italiano su libro La evolución de la cultura, traducido al español y editado en 2007 por Anagrama.

Cuento lo anterior para darme el gusto de ver respaldadas científicamente nuestras intuiciones sobre genética literaria, las que, como todo en la historia de la humanidad, "no existe nada nuevo bajo el sol", seguramente fueron inspiradas por las modas y polémicas desatadas, a partir del siglo XIX, por las ideas de la herencia y la genética aplicadas a la cultura que así como sirvieron para descubrir conocimiento maravilloso, también han sido pretexto para las más horrorosas ideas y masacres racistas, xenófobas y fundamentalistas.

O, para ser más literario, fuimos inspirados por influencias de la crítica literaria moderna y posmoderna, tan platónicas e idealistas ellas. Por mi parte yo prefiero aplicar esta interpretación materialista y en consecuencia voy a revisar mis anteriores hipótesis descabelladas sobre genética literaria.

Por otra parte, no hace muchos días me hacía la pregunta de sí la información genética de un individuo puede evolucionar naturalmente durante su período de vida y que esta información pueda ser transmitida, en un momento dado, a cada uno de sus hijos, haciéndolos mucho más diferentes de sus hijos anteriores o posteriores. Algo así como una reflexión sobre si es posible, desde la influencia sobre nuestra propia genética, podríamos engendrar mejores hijos, ya que desde la influencia cultural es un hecho cotidiano.

Aun cuando el libro de Luigi Luca Cavalli Sforza no responde directamente mi pregunta, si me ofreció elementos para confirmar que la cultura puede influir en la evolución genética, por supuesto, sin que todavía se sepa todo al respecto. Me permitió pensar que es posible que los seres humanos puedan madurar (en el buen sentido) su información genética, lo que con una maduración cultural... En fin, otra utopía eugenésica, quizás menos aterradora que las que actualmente se están aplicando.

Para los interesados en los temas antropológicos, culturales e históricos, este libro es una fuente de asombros.

De manera acertada y sencilla ofrece información e interpretaciones actualizadas sobre las teorías evolutivas y genéticas a partir de Mendel y Darwin y sobre los avances en las investigaciones biológicas, genéticas y particularmente, sobre las características que hacen humano a los humanos, en el desarrollo de su cerebro y mente.

Esto tiene que ver con el desarrollo, evolución o historia de la cultura, en términos que él asimila y compara, tanto con la evolución genética como con la evolución cultural, para lo que, en palabras del propio autor:

"[...] consideramos que la palabra "evolución" se corresponde con la de "historia". Estamos convencidos de que la historia y, por tanto, la evolución son la clave para comprender el presente. La evolución es incluso mejor que la historia, al ser una teoría muy relacionada con un número cada vez mayor de disciplinas".

Luigi Luca Cavalli Sforza (Genova, 1922), es autoridad internacional en el campo de la diversidad genética, profesor titular en la Universidad de Stanford y fue director de su Departamento de Genética, además ha publicado amplia información de sus investigaciones sobre la evolución cultural, especialmente sobre los aspectos lingüísticos.

Cartas Abelardinas – 10 Pietro Citati, charlando entre amigos sobre la y algunas novelas del siglo XIX

Lectura en grupo. https://elpais.com/elpais/2014/12/12/album/1418422523_273005.html Cartas Abelardinas – 10 Pietro Citati, ch...